¡Hola chicos! Aquí les traigo el capítulo número once editado… Como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Un par de cositas, la canción que me inspiró esta vez (cuando lean que Sakura está escuchando la grabación) se llama Shibai del soundtrack de Hellgirl, pero pueden usar cualquier canción de piano que les guste y que refleje tristeza. Segundo, hago alerta de lemon suave. Aclarado esto, comencemos…

Seré la luz que te guíe.

Capítulo 11 – Demostración de Amor

Ya había pasado una semana desde aquella fatídica pelea y, aunque sonara bastante cliché, habían sido los peores días de mi vida. El día siguiente a la pelea me había pasado llorando en mi habitación, aprovechando que ni mi padre, ni Touya, estaban en casa. Mi único objetivo había sido sacar todo el dolor que tenía por dentro para poder retomar mi vida de una u otra manera.

Era increíble cuan diferente eran las cosas. Cuando terminé con Ryuu, ni siquiera había llorado por él, ni una maldita lágrima, pero con Shaoran, a pesar de no haber llegado a nada, mi alma se sentía devastada.

Tomoyo y Hitomi habían aparecido el domingo muy preocupadas. No tuve más remedio que contarles todo lo que había pasado y del por qué Shaoran había rechazado mis sentimientos. Ambas me mostraron su apoyo incondicional y su comprensión al no preguntar nada más. Estaba segura que había muchas lagunas pendientes en mi relato, pero no quería complicar las cosas y mucho menos que pensaran mal de Shaoran, después de todo, ellas eran mis primas y siempre estarían de mi lado.

Ese domingo, mis primas no solo se aparecieron para entender y escucharme, también trajeron consigo un enorme pote de helado que nos comimos viendo películas románticas que nos hicieron llorar hasta altas horas de la noche.

Había faltado la semana entera a la escuela de música porque no tenía la valentía de enfrentar todavía a Shaoran. La profesora Mitsuki se había preocupado tanto que llamó a mi casa el jueves para preguntar por mí. No quise inquietarla más de la cuenta, por eso preferí mentir y decirle que tenía un resfriado horrible y prometí estar allí el lunes. Necesitaba ganar fuerzas para volver a encarar a Shaoran y no derrumbarme de nuevo.

No quería preocupar a nadie, pero sabía que era inútil disimular que nada estaba pasando. Todos lucían angustiados por mi estado de ánimo, a pesar de siempre decirles que estaba bien y que todo mejoraría.

Eso era lo que estaba pasando ahora. Habíamos acordado visitar juntos a Ayano que estaba de reposo en casa y, ahora que estábamos en su habitación, la atención de mis amigos había recaído en mí.

—No tienes buen aspecto —dijo Ayano.

—Se supone que tú eres la que está convaleciente, no yo —dije un poco cortante y enseguida me arrepentí.

—Ya no somos puras risitas —dijo suspirando—. Chicos… sé que vinieron a verme, pero…

—Lo sé, lo sé… es algo de chicas —dijo Hiro, levantándose y se acercó a ella para dejar un beso en sus labios—. Estaremos afuera.

Hiro y Takeshi salieron de la habitación y nos dejaron solas. En realidad, no quería tener esta conversación, apenas estaba asimilando lo que había pasado y no quería volver a llorar.

—Por tu mirada, sabemos que no quieres hablar al respecto.

—Me conocen muy bien —dije, tratando de sonreír.

—¿Te confesaste?

—Ni siquiera logré decírselo… no me dejó.

—¡Nagano es un imbécil! —explotó Chiharu, furiosa—. ¿Cuál es un maldito problema?

—Más allá de lo que él hizo… el problema somos nosotros —dije, sintiendo como las lágrimas se arremolinaban en mis ojos.

Tomoyo tomó mi mano y la apretó con fuerza. Parpadeé varias veces para evitar que salieran, no quería llorar, me negaba a seguir llorando.

—Eso no te lo discuto, pero Li es un idiota —dijo resentida y yo negué con mi cabeza.

—No, Chiharu. Lo que pasó fue culpa de ambos.

—En realidad, si me preguntaran a mí… yo diría que no hay culpables —dijo Tomoyo—. Solo es un gran malentendido que debe arreglarse.

—¿Y cómo podría hacerlo? —dije con voz partida—. Por favor, díganme que hacer porque yo no tengo ni remota idea.

—Sakura… nosotras no podemos decirte qué hacer —dijo Tomoyo apretando mi mano—. Tú mejor que nadie conoce a Shaoran, así que tú debes saber qué hacer.

—¿Qué les ha dicho Hitomi? —preguntó Ayano.

—No mucho —dijo Tomoyo—. Shaoran ha cambiado drásticamente… ahora es mucho más reservado, incluso con ellos. Cuando ella ha intentado hablar con él, simplemente cambia de tema y se enfoca en la clase.

—Se ha cerrado por completo.

Sentí como mi corazón se estrujaba, porque yo por lo menos tenía a mis amigas y a mi familia para ayudarme y apoyarme. Shaoran estaba completamente solo pasando por esta agonía.

—Sakura, en mi opinión, debes volver mañana a la escuela y encararlo.

—Pero… ¿Cómo voy a hacerlo, Ayano?

—Solo ve y salúdalo, como si nada hubiera pasado. Solo necesitas recuperar de nuevo su confianza y luego tratar de aclarar las cosas.

—No es una buena idea… estando tan cerrado, será muy complicado que Sakura logré acercarse. Él no lo permitirá —dijo Tomoyo con toda razón.

—Y me dañara… —dije, llamando la atención de todas—. Sé que lo hará para alejarme. Ya una vez lo hizo.

Una vez toma una decisión, Shaoran la mantiene. Iba a ser demasiado complicado volver al punto en el que estábamos… era como haber sido reseteada y tenía que empezar desde el principio de nuevo.

—La pregunta es… ¿Estas dispuesta a hacerte de oídos sordos a sus tontos intentos y continuar o simplemente te rendirás sin intentarlo?

A pesar de no contestarle su pregunta, Ayano me dio una sonrisa confiada. Aun después de abandonar su casa, su pregunta no abandonó mi cabeza. Podía simplemente hacerme a un lado y continuar con mi vida, en algún momento dejaría de doler tanto… pero mi corazón se negaba siquiera a considerarlo. Hasta me sentía indignada al considerarlo.

Me levanté y me miré en el espejo. Estaba demacrada y con profundas ojeras. Cerré mis ojos con fuerza y cuando los abrí de nuevo mi mirada había cambiado, estaba llena de determinación. Iba a intentarlo, iba a encarar a Shaoran y no estaba dispuesta a dejarlo ir sin luchar. Haber huido de él había sido un acto cobarde de mi parte y nuevamente había pensado solo en mí. Shaoran estaba solo, amargado y sumergido en un pozo de autocompasión ¡No podía permitir que siguiera así! Aun si debía hacerme de oídos sordos ante sus palabras, no desistiría.

—Prepárate, Li… porque ni siquiera te darás cuenta de lo que pasó.

Le sonreí a mi yo del espejo, mucho más animada y confiada porque había tomado una decisión y no me iba a arrepentir. Si las cosas no salían como esperaba, por lo menos no me recriminaría en un futuro por haber sido una cobarde. Lo daría todo por el todo y con ese pensamiento, me fui a la cama.

Sorprendentemente, pude dormir. Luego de una semana tortuosa llena de pesadillas, mi mente había decidido hacer las paces conmigo y me dejó descansar como era debido.

Me levanté temprano y decidí hacerles el desayuno a mi padre y a mi hermano. Quería demostrarles que no me dejaría vencer por la tristeza y no tenían que preocuparse por mí.

Cuando estaba sirviendo los platos, mi padre se asomó en la cocina. Me dio una mirada inquisitiva, pero luego sonrió y me agradeció por el gesto. No preguntó, no hablo de mi tristeza, simplemente me dejó ser y comenzamos a conversar de cosas triviales mientras comíamos.

Mi hermano fue diferente. Aunque no preguntó nada acerca de mi estado de ánimo, su ceño fruncido me decía que aún estaba preocupado y golpearía a aquel ser que me hubiera hecho llorar. Era como si pudiera leer sus pensamientos y eso me enterneció. Mi hermano podía ser fastidioso y molesto, pero me adoraba y yo a él.

Les di un beso a cada uno y salí de casa. Ya había llamado a Tomoyo para encontrarnos en el puente de siempre e ir juntas a la preparatoria. Mi prima sonrió al notar que mi humor había cambiado drásticamente.

—¿Tomaste una decisión?

—Así es —dije determinada—. Lo intentare, no pienso rendirme sin luchar.

—¡Esa es mi prima! —dijo abrazándome—. Y si Shaoran no logra verte por encima de toda su tristeza, entonces no vale la pena.

Asentí. Haría un último intento, por mí, por él… y por el nosotros que sabía que existía. Si después de esto, Shaoran seguía empecinado, entonces… aunque me doliera el alma, lo dejaría ir.

El día pasaba extremadamente lento y mis nervios estaban a flor de piel. Sentía que no iba a poder aguantar hasta el final de la jornada, no podría. Mordía la borra de mi lápiz repetidas veces para calmar mis ansias sin resultado al notar que justo hoy el profesor de matemáticas se le había antojado extender la clase varios minutos que para mí fueron horas.

Al fin, cuando terminó la clase, salí disparada del salón. No tenía que pasar por Hitomi porque Tomoyo le había mandado un mensaje a mi tía para decirle que saldríamos tarde… por eso corrí con todo lo que daban mis pies para llegar al cambio de hora y así poder sorprender a Shaoran.

La escuela estuvo a la vista y atravesé la puerta sin detenerme, esquivando a varias personas que estaban allí. Observé a mi alrededor, algunas personas se acercaron a saludarme y Rika lo hizo desde su escritorio. No quería ser grosera, pero en ese momento, no me interesaba mucho corresponder saludos… así que solo sonreía y asentía con mi cabeza mientras seguía avanzando.

Suspiré tranquila al notar que Hitomi y Kai estaban sentados en una de las sillas de la recepción. Me acerqué a ellos con rapidez con esperanza, si estaba allí cuando él saliera, por lo menos debía saludarme.

—¡Sakura!

—Hola, chicos —dije sonriéndole a ambos.

—Pensé que… no ibas a volver —dijo Hitomi, con voz queda.

Me acerqué a mi pequeña primita y me agaché a su lado para darle un abrazo. Era notoria su preocupación por mí y eso me conmovió mucho.

—Nunca rendirnos sin luchar ¿Cierto? —le susurré al oído y luego le sonreí.

Los ojos de mi primita brillaron alegres y asintió enérgicamente. Las primas Amamiya, apellido de nuestras madres, no se rendían sin luchar, nunca.

Hitomi abrió sus ojos preocupada y frunció sus labios en una línea... esa era la señal que esperaba. Shaoran venía en camino.

Me levanté a su lado y me giré para encararlo. Sus ojos se veían más apagados y tenía ojeras, obviamente no estaba durmiendo bien. Su cabello estaba más desordenado de lo normal y… ¡Dios! ¡Quería abrazarlo con desesperación! ¡Quería decirle que no había problemas entre nosotros! ¡Hacerle entender que jamás sería una molestia para mí!

Tomé aire varias veces y miré al frente con determinación. Su ceño se había fruncido, ya sabía que estaba aquí.

—Buenas tardes.

Después de haber pasado más de una semana sin escuchar su voz, tuve que morder mis labios con fuerza para evitar soltar un suspiro. Las sensaciones que él provocaba en mí volvieron con violencia. Mi cuerpo temblaba más que una hoja seca, las palmas de mis manos sudaban horrible y no podía hablar de mis mejillas… ¡Las sentía hervir!

—Buenas tardes, profesor Li —dijeron los niños y el asintió en respuesta.

En ningún momento hizo el ademan de buscarme. No giró su cabeza, no tanteó con su mano… había vuelto a ser un fantasma.

«Pues este fantasma te hará dar un brinco» pensé molesta.

—Buenas tardes, Shaoran —dije sin titubear y me sentí orgullosa.

Sus ojos se achicaron un poco más y sus labios se fruncieron. Esa no era la respuesta que esperaba, pero ya estaba preparada para recibir su rechazo inicial. Shaoran solo asintió con su cabeza y se dio la vuelta, ignorándome por completo.

Aunque estuviera preparada para esto… dolía. Dolía horrible que me diera la espalda, como aquel día, y no se girara ni una sola vez hacía mí.

—Niños, se hace tarde y no los escuchó caminando.

Kai me dio una mirada de disculpa y se fue detrás de él. Solté un suspiro y me giré hacia Hitomi, ella estaba inmóvil, mirando con mucha rabia hacia el lugar donde Shaoran había caminado.

—Prima…

—No quiero… —dijo reteniendo las lágrimas—. No quiero seguir con él cuando sé que te está haciendo daño.

—Hitomi… necesito que entiendas algo —dije agachándome a su lado—. Ambos tenemos culpa de lo que pasó y depende de ambos arreglarlo.

—Pero tú lo estas intentando.

—Sí… eso molesta un poco, pero debo darle crédito —dije haciendo una mueca—. Pensé que me gritaría o algo peor.

—Me iré a casa…

—Cariño, necesito que entres allí —dije con voz queda—. ¿Recuerdas? Tu eres mi súper espía.

—No creo resistir mucho sin gritarle o golpearlo, Sakura —dijo soltando un suspiro—. Pero lo intentaré.

Le agradecí y le di un beso en la frente. Hitomi apresuró el pasó y entró en su salón. No iba a ser fácil… pero no imposible.

Al levantarme, me di cuenta que la profesora Mitsuki me miraba desde lejos con una mirada triste. En persona no iba a poder engañarla…

Dirigí mis pasos hacia ella y apenas me tuvo cerca, me dio un abrazo. Caminamos juntas hacía el salón y al estar allí, cerró la puerta tras ella.

—¿Estás bien?

—Esa pregunta me la hacen con bastante frecuencia últimamente —dije haciendo una mueca.

—Todos estamos preocupados por ti.

—No todos…

—Él más que todos.

—Pues no lo demostró mucho allá afuera.

—Sakura, sé de lo que te hablo. Lo conozco desde hace años y nunca lo había visto tan mal… quizás se equipará a lo que sintió cuando perdió la vista.

Bajé mi mirada, avergonzada. No quería llorar, no quería ser débil ahora.

—Shaoran piensa que te está haciendo un bien al alejarte de él.

Ya lo sabía. Eso me había quedado claro aquel día, pero no significaba que dejara de doler igual. Su rechazo, su renuencia, su dolor, su decaimiento… todo eso me hería enormemente y solo quería que esta agonía terminara para ambos.

—¿Quieres escuchar algo interesante? —dijo de repente con una sonrisa y, un poco confundida, asentí—. No está completa porque empecé a grabar después de que inició… pero esto puede ayudarte un poco.

Sacó su celular y entonces comenzó a reproducirse una melodía de piano… ¡Era Shaoran! ¡Estaba segura! La miré y ella asintió dándome la razón. Como siempre, su música estaba impregnada de tanto sentimiento y de tanto… ¡Dios! Mi corazón se había comprimido y sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a correr.

—Shaoran….

Siempre, sin importar lo que pasara, iba a amar su música porque era capaz de transmitir su propio espíritu. Al pasar sus dedos por el piano, Shaoran era capaz hacerle saber a quienes lo escuchábamos cómo se sentía. Podía sentirlo, en cada acorde, en cada nota… su alma estaba tan destrozada como la mía.

—Toca lo que quieras hoy, así como él lo hizo —dijo cuándo la grabación terminó—. Deja que ellas te guíen y que tus verdaderos sentimientos afloren. Eso te dará la respuesta que tanto estas buscando.

Limpiando mis lágrimas, le hice caso. Posé mis manos encima del piano y dejé que mis dedos se deslizaran por él. No tocaba nada en específico, quizás fracciones de melodías que ya me sabía de memoria y luego comencé a tocar Preludio, su música favorita.

Con cada nota, cada acorde, cada arpegio… mi mente se fue aclarando. Estaba dejando que la tristeza saliera victoriosa y solo habíamos tenido un encuentro. Ni siquiera habíamos hablado… podía sentirme mal si luego de conversar las cosas no se daban, pero no antes. No podía darme por vencida cuando no había dado mi mejor esfuerzo.

—Lo estás haciendo bien, querida —me animó la profesora.

No me detuve. Toqué y toqué hasta que mi alma estuvo satisfecha. La profesora Mitsuki me felicitó y me dijo que ya había sido mucho por hoy, además, también entendía que debía montarle cacería a Shaoran en la salida si quería tener una oportunidad de hablar con él hoy.

Le agradecí enormemente por entenderme y salimos juntas a la recepción, pero al llegar… Hitomi y Kai ya estaban afuera. Ambos se levantaron y me miraron con ojos tristes.

—Lo siento, Sakura —dijo Kai—. Quisimos retenerlo, pero…

—¡Fue mi culpa! —gritó Hitomi—. Le grité cosas no muy agradables… y ya ni siquiera me quiere dar clases. No va a perdonarme —dijo llorando.

A pesar de sentirme frustrada y muy enojada, me tragué todo eso y le sonreí a mi prima. Ella no tenía culpa de nada y se lo hice saber, dándole un fuerte abrazo.

—De lo único que eres culpable, es de quererme tanto, primita. —Me separé un poco de ella y le di un beso—. Y yo también me declaro culpable por quererte a ti.

—Yo también soy culpable entonces —dijo Kai sonriendo y colocó su mano encima del hombro de mi prima—. Y ya te dije que Shaoran no te odia. Solo piensa que lo mejor para nosotros es estar con otro profesor… dadas las circunstancias.

Bien, necesitaba arreglar esto de una vez. No quería que nuestros seres queridos se siguieran involucrando en esto y mucho menos que salieran heridos.

—¿Puedes quedarte con ella hasta que llegué mi tía, Kai?

—No tienes ni que pedírmelo.

Le di un beso en la mejilla y salí corriendo de la escuela. Si él pensaba que con esto me iba a quedar tranquila, estaba muy equivocado.

—Espero que estés preparado para lo que se te viene, Li Shaoran.

¡Oh, sí! Iría a su casa, lo enfrentaría y le diría unas cuantas cosas en su linda cara.

Mientras corría, me di cuenta el cielo no estaba de mi parte. Las nubes grises aparecieron con rapidez y a mitad de camino, se desató un diluvio, pero, aun así, no me detuve.

Mi uniforme estaba completamente mojado y se pegaba a mi cuerpo. Hacía un frío del demonio, pero poco me importaba. Llegaría hasta su casa y hablaríamos de una buena vez.

Cuando llegué a su edificio, aproveché el momento justo cuando el vigilante se descuidó y corrí hacia las escaleras. Intentar subir al ascensor era ponerme en evidencia en el estado que estaba mi ropa.

«Unos pasos más, Sakura. Solo unos pasos más y estarás allí» me animé cuando el aliento comenzaba a faltarme.

Llegué al cuarto piso y caminé hasta su puerta. Me apoyé en mis rodillas, intentando recuperar el aliento y entonces levanté mi puño para tocar… pero allí quedó… mi puño en el aire.

Todo el valor que tenía me abandonó ¿Qué iba a hacer si no quería recibirme? No podía obligarlo a hablarme… quizás lo mejor era… dar la vuelta.

«¡No, Sakura! ¡Has llegado muy lejos! ¡No te rindas!»

Cerré mis ojos con fuerza y tomé aire. Al dejar salir el suspiro, abrí mis ojos con determinación y toqué su puerta con suavidad. Pasaron algunos segundos y no obtuve respuesta.

«¿Será que no vino a casa después de la escuela?»

—¿Quién es?

Suspiré tranquila al saber que estaba en casa y entonces respondí.

—Soy Sakura. Necesito hablar contigo, Shaoran.

Ya era la segunda vez que hablaba con él en el día de hoy y gracias a Dios no había tartamudeado.

Shaoran no respondía. Más bien, era como si estuviera esperando que me cansara por su indiferencia y me fuera. Eso me decía cuan poco me conocía…

«Te tengo una noticia, Li Shaoran, Sakura Kinomoto no se da por vencida así de fácil»

—¡No seas idiota, Shaoran! ¡Abre de una buena vez! —le grité—. ¡Maldición! ¡Hazlo, aunque sea por educación!

Menos mal, no estaba recostada contra la puerta porque Shaoran abrió la puerta con ímpetu. La expresión en su rostro era… simplemente no había expresión, estaba completamente indiferente… frío.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó en tono hostil.

—Solo quiero hablar contigo —le respondí en un hilo de voz.

Rayos, no podía desmoronarme ahora, debía mantenerme firme ahora que estábamos frente a frente.

—Vuelve a casa… Kinomoto.

¡Oh, Dios! Escucharlo llamarme por mi apellido fue peor que una patada en el hígado. Bien, ya me había preparado para esto y no estaba dispuesta a perder, por mucho que doliera, estaba negada a perder.

—¡No te estoy pidiendo que respondas a mis sentimientos! Solo quiero que hablemos ¿Es muy difícil de entender eso, Shaoran? —El no respondió y no se movió de su puerta. Fruncí mi ceño y entonces perdí la poca paciencia que tenía—. ¡Si quieres vuelve a cerrar la maldita puerta! ¡No me moveré de aquí hasta que hablemos como es debido! ¡Aun si me enfermo por estar mojada y por estar pasando frío aquí afuera!

Sí, había recurrido al chantaje emocional, pero en la guerra y en el amor todo se valía. Lo vi dudar por unos momentos y apretó la manilla de su puerta con más fuerza, fue entonces cuando se hizo a un lado.

—Sígueme.

Entré en su apartamento y lo seguí en la oscuridad. Era increíble cómo podía ubicarse tan bien, cuando yo apenas lograba ver algo entre la penumbra y daba pequeños pasos insegura. Dejé mi bolso en la mesa y apresuré mis pasos para darle alcance.

—Por aquí está mi habitación —dijo y al entrar encendió las luces—. Puedes usar el baño que está aquí para darte una ducha caliente. Buscaré algo de ropa para que te cambies y la dejaré encima de la cama.

Con un suave "Sí" entré en el baño y cerré la puerta. Comencé a desvestirme y en ese momento me di cuenta que estaba tiritando de frío, ese baño caliente sí que me caería bien. Abrí las llaves del agua hasta que estuvo perfecta para mí y entré… dejando que el agua se llevara todo rastro de tristeza, pues si quería hablar adecuadamente con Shaoran, debía estar tranquila y serena. Había tenido mucho valor para venir hasta aquí, ahora necesitaba hablarle sin llorar y sin que me temblara la voz.

Al salir de la ducha, envolví mi cuerpo en una toalla y tomé mi ropa mojada, realmente iba a necesitar la ropa que Shaoran me prestara porque mi uniforme escurría agua.

Solté un suspiro y abrí la puerta del baño, asomando primero mi cabeza por ella, no había rastro de Shaoran por la habitación. Un poco más confiada, salí y me dirigí hacia su cama, allí estaba un short y una camiseta que seguramente me quedarían grandes, pero era mejor usar eso que mi ropa mojada. Tuve que hacerle un pequeño nudo a la camiseta para que no me quedara tan larga y la liga del short la amarré lo más que pude para evitar que se me cayera.

—Un problema menos —dije soltando un suspiro.

Abrí mis ojos y golpeé mis mejillas con las palmas de mis manos para infundirme valor. No iba a acobardarme ahora, no señor.

Su habitación era bastante ordenada, me imaginaba que debía ser así para que él pudiera ubicar sus cosas por su propia cuenta. En la decoración predominaba el color verde, seguro esto era obra de Meilin. Tenía una pequeña biblioteca en una esquina donde tenía una gran cantidad de libros. Tomé uno de ellos y vi que estaba escrito en Braille.

—Voy a tener que aprender esto si quiero involucrarme en su mundo.

Coloqué el libro de nuevo en su lugar y sonreí al ver en una esquina un precioso violín color verde y una guitarra acústica. La música siempre sería parte de él, pero no era lo único que él podía ofrecer.

Shaoran no solo me había enseñado lo importante que era el sentimiento en la música, también me había ayudado en cada cosa que podía. Se involucraba en mis actividades, en mis intereses… y yo estaba tan feliz que me conforme con eso. Lo único que sabía de él era lo que me había mostrado… pero ¿Realmente me había yo esforzado por saber aún más de él? La respuesta, por muy difícil que fuera aceptarlo… era no.

Me había conformado con lo poco que él me había dejado ver, pero no había querido ir más allá y eso era un problema que debía resolver si quería que esto funcionara.

No se trataba de anteponer las necesidades de Shaoran sobre las mías. Se trataba de involucrarme tanto como pudiera en su mundo, así como él se involucraba en el mío.

Antes de salir de la habitación, detallé algo que me hizo recuperar la confianza y enterneció mi corazón. Al lado de su cama, en una de las mesitas, descansaban los guantes y la bufanda que yo había tejido para él.

—No todo está perdido —me dije y entonces salí de aquella habitación con mucha más determinación.

En el pasillo me conseguí con Kero que venía hacia mí moviendo su cola.

—Hola, cariño —dije acariciando su cabeza—. Yo también te he extrañado un montón.

Me levanté y continué mi camino hacia la sala, allí estaba Shaoran, sentado en uno de los muebles con los ojos cerrados, como si estuviera meditando qué hacer conmigo.

«En estos momentos debe pensar que soy un dolor de cabeza» pensé con pesar, pero no dejaría que eso me desanimara.

—Ahm… gracias por la ropa —dije, pero no obtuve respuesta—. ¿Te molestaría si hago un poco de té?

Shaoran volvió a ignorarme. Esto era demasiado frustrante ¿Cómo íbamos a arreglar las cosas si me ignoraba así?

Solté un suspiro, abatida, y me dirigí a la cocina para hacer un poco de té para ambos. Busqué en las despensas hasta lograr dar con el té, pero al sacarlo, me di cuenta que, al lado de la cocina, estaba todo lo necesario para hacer un buen chocolate caliente.

«Bien, recurriré a un truco sucio» pensé sonriendo.

Mientras el chocolate se hacía, me asomé en la sala y noté que Shaoran estaba sentado en el mismo mueble. Tomé mi bolso de la mesa sin que se diera cuenta y volví a la cocina. Saqué mi celular y entonces llamé a mi casa para decirle a mi padre que me quedaría en casa de Tomoyo. No me gustaba mentirle, pero no podía decirle donde estaba, además, lo más seguro era que terminaría en casa de mi prima más tarde.

A Tomoyo le mandé un mensaje, diciéndole lo que le había dicho a mi padre y explicándole donde estaba. Ella me entendería y me cubriría, estaba segura. No tardo mucho tiempo en llegar su respuesta.

«Yo me encargo. No te portes muy mal ;D»

—A veces me pregunto quién es la madura de las dos.

—¿Por qué estás aquí, Sakura? —La voz de Shaoran me hizo saltar.

Tuve que taparme la boca para no soltar un grito.

—¡Dios! Shaoran, casi me matas de un susto —dije, poniendo mi mano sobre el pecho.

Rayos, mi corazón de por sí ya estaba latiendo rápido… ahora con el susto sentía como si se me fuera a salir por la boca. Apagué el chocolate y me giré para encararlo de frente.

—No me has respondido.

Su ceño fruncido me decía que no estaba muy contento con mi presencia. Respiré varias veces, debía tener control sobre mis emociones si quería salir victoriosa hoy.

—Creía que eso ya te había quedado claro cuando llegué —dije con seriedad y sin titubear—. Solo quiero hablar.

—En realidad, no tenemos nada de qué hablar.

—Pues yo creo que es todo lo contrario —dije, frunciendo mi ceño—. Tenemos mucho de qué hablar…

«¡Vamos, Sakura! ¡Ten valor! Shaoran solo está tratando de intimidarte»

—¿Por qué me has estado evitando? —pregunté directamente, levantando una ceja.

Shaoran dudo. Lo sabía por cómo había arrugado sus labios por unos segundos. Estaba debatiéndose, estaba segura, pero esa pequeña lucha interna se desvaneció cuando su mirada fría volvió a instalarse en sus ojos.

—No te he estado evitando, simplemente no creo que tengamos algo en común como para charlar — ¿Estaba siendo cínico o era mi impresión?

—Ahm… pues charlar es lo que hacen los amigos y… a pesar de lo que pasó, pensé que eso éramos… —dije, tratando de imitar su tono cínico, enmascarando por completo mi dolor.

—Creo que sabes mejor que nadie que tú y yo no podemos ser amigos.

—¿Por qué?

«Vamos… tú mismo has caído en tu trampa ¡Dilo!»

—Lo sabes muy bien.

—¿No podemos ser amigos porque estoy enamorada de ti y tú de mí?

Shaoran arrugó su ceño y desvió su rostro. Estaba molesto, pero yo estaba más molesta con él por disminuir a la nada lo que había entre nosotros.

«Debes calmarte, Sakura. Paciencia… ya sabías que esto iba a ser difícil»

—No necesito de esto —murmuró, pero pude escucharlo perfectamente—. Solo se trataba de una ilusión que nos engañó a ambos.

—¡Vaya! ¡Pues es una ilusión muy convincente! —dije siendo lo más sarcástica que podía—. Dime, Shaoran, si se trata de una ilusión ¿Por qué tienes en tu mesa de noche la bufanda y los guantes que te regalé en tu cumpleaños?

Abrió sus ojos al verse descubierto, pero luego bajó su mirada sin responderme. Tenía el ceño fruncido y apretaba sus puños con fuerza, estaba forzándose a decir lo siguiente y eso… solo podía traducirse en dolor para mí.

—Puedes hacer con eso lo que tú quieras.

Auch. Eso había dolido un montón, aunque él no lo sintiera realmente. Bien, si él quería jugar esa carta, entonces yo jugaría igual.

—Eso es tuyo, Shaoran… Independientemente de lo que ocurra entre nosotros, eso es tuyo —dije, tratando de disimular mi dolor.

—No lo quiero conmigo.

—Bien. Entonces, bótalo tú, porque yo no echaré a la basura algo que hice con todo mi amor para ti.

—Bien. Lo hare más tarde —dijo y en ese momento sentí como su voz se quebraba un poco, aunque su cara no expresara nada—. Ahora te pido que llames a tu prima para que venga por ti, por favor. No creo que tengamos más nada que decirnos.

Shaoran me dio la espalda y salió de la cocina. ¡Oh maldición! Si dolía, dolía muchísimo. Bien, si así iban a ser las cosas, entonces ya no valía la pena seguir intentándolo… pero no iba a dejar que se llevara la victoria. Si alguien iba a dar la última palabra, esa sería yo.

—Bien, Shaoran, tú ganas —le dije, saliendo a la sala—. No tienes de que preocuparte, no te molestare más. No puedo obligarte a estar conmigo ni como hombre, ni como amigo.

—Es lo mejor.

—¿Lo mejor para ti?

—Para ambos.

— Ryuu tenía razón en ese aspecto… —dije sintiendo como las lágrimas comenzaban correr, ya las había retenido por mucho tiempo—. Que estúpida fui.

No podía evitar sentirme menospreciada. Sí, Ryuu era un idiota, pero eso no evitaba que sus palabras hubieran hecho mella en mi orgullo y ahora con esto… pues era la estocada que faltaba.

—¡No hables de ese imbécil, Sakura! ¡Y mucho menos le des la razón!

Shaoran intentó acercarse a mí y colocar su mano sobre mi cabeza, pero, así como había hecho él aquel día, manoteé su mano y lo alejé.

—No quiero tú lastima… —dije con una voz que apenas reconocía como mía, y contrarió a todo lo que había pasado desde que llegué, Shaoran esta vez me jaló hacia él y me abrazó con fuerza.

Intenté zafarme por todos los medios, pero él me tenía bien sujeta entre sus brazos.

—¿Cómo rayos quieres que sienta lastima por ti? —dijo apoyando su barbilla sobre mi cabeza—. Deja de moverte tanto.

—¡No dejare de moverme hasta que me sueltes!

—Bien, me lo merezco —dijo suspirando—. Pero antes de soltarte necesito que entiendas algo.

Detuve mis movimientos y le di la oportunidad de hablar, aunque no se la mereciera porque él no me había dado esa oportunidad a mí.

—Primero, entiende que no puedo sentir lastima por ti, ni ahora, ni nunca —dijo—. Fuiste tú quien decidió dar un paso adelante, viniste hasta aquí sabiendo que podía herirte y aun así… viniste.

—De nada valió…

—Segundo —dijo interrumpiéndome—. Nunca más vuelvas a decir que ese idiota tiene razón. Tú eres una mujer muy valiosa, Sakura.

—Al parecer, no tanto —dije haciendo una mueca.

—No dejes que nadie te haga creer lo contrario, Sakura ¡Nadie! —dijo apretando su abrazo—. Quien no vale mucho soy yo.

—Shaoran…

—No lo valgo no porque este ciego, Sakura —dijo sorprendiéndome—. Lo pensé mucho… y me sentí demasiado avergonzado. Dejé que la situación me abrumara, te herí y te aparté de mi lado ¡Maldición! ¡Te hice a un lado como si fueras algo desechable en mi vida pensando que estarías mejor sin mí! ¡No luché! ¡Dejé que mis inseguridades me ganaran y eso tú no lo mereces!

—Tú no fuiste el único —murmuré contra su pecho—. Yo también lo pensé mucho… y me di cuenta que tampoco me había esforzado realmente en verte más allá de lo que muestras.

—En realidad no tengo mucho que mostrar.

—¡Claro que sí! ¡Tienes muchísimo que mostrar! —Alcé mi rostro hacia él y lo miré mientras mis lágrimas corrían—. Pero yo me conformé con lo que tú estabas dispuesto a darme, a mostrarme… tienes mucho más que dar y mostrar Li Shaoran. Quizás tú mismo no lo has descubierto, pero podemos descubrirlo juntos.

—Aun si las cosas fueran así… hay muchas cosas que yo no puedo hacer por mi cuenta.

—Pero podemos hacerlas juntos —dije, colocando mis manos en sus mejillas—. Shaoran yo puedo convertirme en tus ojos.

—Sakura…

—No, Shaoran. Ya admitiste que no querías alejarme, no lo hagas de nuevo —dije—. No me salgas con cosas como "Te cansaras" o "Te aburrirás algún día" porque estarías menospreciando mis sentimientos.

Shaoran cerró sus ojos y frunció un poco su ceño. Estaba considerándolo, su lenguaje corporal me lo decía. Entonces, era el momento de dar el golpe de gracia para terminar de derrumbar sus defensas, como si se trataran de un vulgar vidrio.

—Shaoran… —murmuré y él abrió sus ojos ciegos hacia mí. Comencé acercarme hacia él, levantándome sobre la punta de mis pies—. Solo… déjame intentarlo, por favor…

—Yo… no creo que sea… lo más correcto…

Después de haber estado a punto de besarnos varias veces ¿Estaba nervioso? Eso me hacía sentir mucho más segura y poderosa. Sonreí al notar sus mejillas sonrojadas y entonces di el paso final.

—Solo… déjame… hacerlo…

Terminé de levantar las puntas de mis pies y borré la poca distancia que faltaba. Por fin, después de tantos intentos había logrado sellar sus labios con los míos.

Ninguno de los dos se movía. Solo era un suave roce entre nuestros labios, pero ese pequeño tacto hacía que mi cuerpo entero temblara. Había extrañado aquella reacción electrizante que solo él provocaba en mí, pero al tener mis labios unidos a los suyos, la multiplicaba cien veces.

Me separé un poco y entonces elevé mis ojos a los suyos. Aún estaban cerrados y su ceño estaba un poco fruncido. En ese momento, empecé a dudar.

¿No le había gustado? Sí, solo había sido un ligero roce, pero no podía pretender que nos diéramos un beso súper apasionado de buenas a primeras cuando ni siquiera habíamos terminado de resolver las cosas entre nosotros.

Comencé a bajar las puntas de mis pies, decepcionada. Para mí ese pequeño beso había sido maravilloso porque había reafirmado que lo que sentía por él era mucho más que atracción, porque esas sensaciones no podían inventarse, no podían fingirse. Todo lo demás dejaba de importar, todo desaparecía. Solo existíamos él y yo, eso fue lo que sentí yo… pero quizás para él… había sido completamente diferente, menos significativo.

Mis pies tocaron el piso y bajé mi cabeza avergonzada. Estaba por romper el abrazo, cuando sentí que sus manos se apoderaban de mis mejillas y me obligaban a mirar hacia arriba.

—Shao…

Eso fue lo único que pude decir… porque enseguida, Shaoran cubrió mi boca con la suya. Esta vez no se trataba de un beso sencillo e inocente, se trataba del beso más intenso e increíble que había recibido en toda mi vida.

Me había equivocado al pensar que las sensaciones que aquel ligero roce de labios había causado en mí eran placenteras ¡Dios! Sentía como si electricidad pura estuviera recorriéndome completa. Intentaba devolverle el beso como podía, pero era difícil. El beso estaba lleno de pasión, de deseo y un sinfín de cosas que no me daba oportunidad de identificar porque… para que negarlo, posiblemente había olvidado cómo diablos me llamaba ya.

Solté un ligero gemido y Shaoran, satisfecho de mi pequeño desliz, sonrió sobre mis labios. Él era el primer chico que besaba de esta forma, eso debía tenerlo más que claro y, posiblemente, ese fuera otro motivo por el cual estaba sonriendo.

Era como una danza. Nuestras bocas encajaban perfectamente y parecían no querer darse tregua alguna. De un momento a otro, Shaoran comenzó a disminuir el ritmo del beso y lo finalizó dándome un ligero beso, como el que yo le había dado en un principio.

—Será mejor que… paremos —dijo, tratando de recuperar el aliento.

Su imagen era hermosa. No sabía en qué momento había llevado mis manos a su cabello, pero lo había despeinado más de la cuenta y sus labios lucían rojos e hinchados. Completamente apetecibles.

—¿Por… qué? —pregunté agitada y un poco desorientada.

—Porque si seguimos haciendo esto… —hizo una larga pausa y luego pegó su frente a la mía—. Lo mejor es detenernos ahora.

—Estuvimos esperando por esto mucho tiempo —dije frustrada—. ¿Acaso no te gustó? —pregunté insegura.

—Sakura, precisamente ese es el problema —dijo sonriendo—. Nos gustó demasiado y por eso debemos detenernos o… probablemente no podremos detenernos luego.

El calor en mis mejillas fue violento. Entendía de lo que estaba hablando, no era tonta, pero tampoco me molestaba. Muchas veces me había hecho la pregunta si podría dar ese paso tan importante algún día con él y la respuesta siempre había sido… "Sí".

Siempre que hablaba con mis amigas, nos decíamos que más allá de la atracción o del "calentón" del momento, era mucho más importante hacerlo con alguien que nos respetara y que demostrara cuán importante éramos.

Independientemente si continuábamos juntos en un futuro, sabía que Shaoran era mi mejor opción, porque había demostrado cuán importante era yo para él al tratar de alejarme pensando que hacía lo mejor para mí, aun si eso significaba un dolor muy grande para él. Ese pequeño y rápido análisis me hizo decidirme, si tenía que pasar, quería que fuera con él. Nadie más.

—No quiero detenerme… —dije sin dudas, pero seguramente sonrojada hasta el tope.

—No creo que sea lo mejor… —dijo acariciando mis mejillas—. No necesitas demostrarme nada…

—No lo hago por eso —murmuré, pegando mis labios a los suyos—. Deseo estar contigo, con nadie más. En realidad, nunca lo había considerado hasta ahora —dije sonriendo.

—Posiblemente porque nadie te había inspirado tanto, pequeña pervertida —dijo guiñándome un ojo.

—Puede ser —dije, no dándole el poder de hacerme sonrojar, como él mismo me había enseñado.

—Estas usando mis enseñanzas en mi contra —dijo, negando con su cabeza, mientras sonreía.

—Aprendí del mejor —dije, dejando un suave e inocente beso en sus labios.

—Me estas matando.

—Es la idea —dije riendo—. Oye, estoy segura de esto. Nunca me arrepentiré si es contigo… Eres la persona más valiosa para mí y lo que más deseo es… poderte demostrar mis palabras con acciones. —Acaricié sus mejillas con devoción y continué—. Permíteme mostrarte lo mejor del mundo y… permíteme amarte como nadie lo ha hecho. —Entonces volví a besarlo.

Shaoran intentaba que el beso no aumentara de ritmo, pero yo no estaba dispuesta a que eso fuera así. A medida que iba aumentando la intensidad, sentía que crecía en mi la necesidad de sentirlo más cerca de mí. Mis manos, aunque temblorosas, comenzaron a participar tocando todo lo que podían y a él le pasaba lo mismo. Primero, su agarré en mi cintura se hizo más poderoso y luego, comenzó a subir poco a poco la camiseta para colar sus traviesos dedos por debajo de ella.

Su toque era suave, cálido… y me estaba volviendo loca. Nunca me había sentido de esta forma. El deseo que estaba emanando de mí, iba incrementando con cada caricia y mi necesidad de él era mayor. Sus manos recorrían mi espalda desnuda y eso producía una sensación electrizante en todo mi cuerpo ¡Dios! Nunca en mi vida creí pensar así, pero necesitaba que me tocara, necesitaba que me siguiera besando hasta el cansancio y necesitaba que el contacto entre nosotros se incrementara. Esto era algo que solo me había pasado con él.

—Ven —susurré, separando mis labios un poco y tomé su mano.

Sintiéndome osada, lo guíe por el pasillo hasta su habitación. No pensaría, no consideraría, solo me dejaría llevar porque estaba dispuesta a hacer de este momento algo memorable.

Muchas personas decían que la primera vez no era importante, pero para mí sí lo era. Quería poder recordarlo con cariño, feliz de haber hecho lo correcto y, sobre todo, no arrepentirme. Todo eso iba a poder lograrlo si era con él… aun si las cosas no se terminaban de arreglar entre nosotros, pero tenía confianza de que así sería.

Comenzamos a besarnos nuevamente y poco a poco fui descendiendo hacía su cama, obligándolo a descender conmigo para no romper aquel beso. No sabía muy bien qué hacer y Shaoran lo sabía. Era una completa inexperta en el área porque jamás había llegado a este punto con nadie.

Shaoran rompió el beso y calmó un poco su agitación. Aunque sabía que no podía verme, estaba segura de que… me estaba mirando. Sí, era estúpido, pero así lo sentía. Su mirada me estaba mostrando demasiado y por un momento me sentí abrumada.

—¿Estás segura de esto, ninfa? —preguntó, acariciando mi mejilla.

—Completamente —dije sin titubear, inclinando mi cabeza hacia su mano.

Mi respuesta fue de su agrado, porque avivó el fuego en sus ojos y comenzó a besarme nuevamente.

Esta vez, Shaoran no se restringió. Sus manos cobraron vida propia y comenzaron a levantar poco a poco la camiseta. A medida que mi piel quedaba expuesta, rozaba con sus dedos cada centímetro de mi cuerpo, haciéndome sentir un hervor repentino que no sabía cómo calmar. Era como si sus dedos quemaran.

No necesitaba que me lo dijeran, estaba ruborizada hasta el tope, podía sentirlo. No estaba segura si se debía a la pena o por el calor repentino que invadió la habitación, pero no me desagradaba para nada.

Por fin la camiseta voló a algún sitio lejos de mi cuerpo y mi pecho quedó al descubierto. Shaoran se quedó quieto delante de mí. No se movía, no decía nada, pero su ceño fruncido y sus labios apretados eran señal clara de su amargura y molestia.

—¿Qué sucede? —pregunté con cariño, acariciando su mejilla.

—Desde que te conocí… no he dejado de anhelar el poder ver… —dijo con su voz partida—. Quisiera poder apreciar lo hermosa que eres y más en este instante.

Con cada acción, con cada gesto, con cada palabra que decía, Shaoran me enamoraba más y más. Podía sentir su frustración como mía, porque sabía cuán importante era para él poder verme y más cuando estábamos en una situación tan íntima.

No tenía un cuerpo escultural, pero él me hacía sentir hermosa y deseada. Tomé aire a profundidad, necesitaba toda la valentía que podía reunir en este pequeño instante para poder ayudarlo a verme. Tomé su mano para besarla con devoción y luego la llevé hasta mi pecho derecho.

—En realdad, no son tan grandes y sé que los hombres les encantan… tu sabes… —dije azorada.

Su cara, por unos cortos y pequeños segundos, se mostró perpleja por mi tenacidad, pero luego, una sonrisa seductora se coló en sus labios y me sentí desfallecer cuando lo sentí apretar mi seno con suavidad.

—No soy cualquier hombre, ninfa —dijo, sin abandonar esa condenada sonrisa.

Agachó su cabeza poco a poco y la colocó entre mis senos. Un escalofrío me recorrió entera, desde mi cabeza hasta la punta de mis dedos. Mis sentidos estaban comenzando a nublarse por el deseo que iba a ascenso. Shaoran no se movía, solo estaba allí… su cabeza reposando en mi pecho, haciendo que su respiración me erizara la piel.

Nunca, jamás, había hecho algo como esto. Por eso, además de desear continuar, también me invadía la pena y la inseguridad.

—Son perfectos para mí —dijo de repente, haciendo que su aliento causara una excitante y embriagadora sensación en mí.

Dejó un ligero beso entre ellos y volvió a enderezarse ¡Dios! Podía jurar que me estaba mirando en este momento. Su mirada era tan profunda y llena de tanto sentimiento…

—Y lo importante es lo que estamos compartiendo aquí y ahora, Sakura.

Shaoran volvió a besarme con delicadeza y suavidad, pero eso no significaba que ese beso fuera menos apasionado que los anteriores. Se estaba dando el gusto de saborear, de sentir y apreciar. Shaoran deseaba que esta noche quedara marcada en la piel de ambos, estaba segura.

Separó su boca y comenzó a repartir pequeños besos por toda mi cara y luego se dedicó a consentir mi cuello. Con cada caricia, con cada roce me demostraba cuánto le importaba y en todo momento intentaba tener el mayor cuidado.

El mundo comenzó a darme vueltas y el instinto tomó el control de mi cuerpo. Me estaba entregando en cuerpo y alma al hombre que amaba y no existía nada mejor que poder sentirlo en su totalidad, cuidarlo y demostrarle sin palabras… cuanto lo amaba.

Comenzó a bajarme el short, poco a poco, y por fin estuve completamente al descubierto ante él. Su deseo por poder verme era mucho mayor ahora y por eso, su frustración volvió con más fuerza.

Existían muchas otras formas de ver, el mismo me lo había dicho y hace poco había usado una de ellas para conocer y "ver" mis senos. Valiéndome de lo mismo y dejando mi vergüenza y mi pudor en el olvido, lo empuje poco a poco hasta que ambos quedamos sentados en la cama. Shaoran me miró confundido, pero al comenzar a subir su camiseta, la sonrisa seductora hizo acto de aparición nuevamente.

«Esto solo está empezando»

Su pecho quedó al descubierto y me deleité, literalmente, con lo que estaba ante mis ojos. Shaoran no era un hombre fuerte, pero su cuerpo estaba trabajado y sus músculos bien definidos. Pasé mis dedos sobre su abdomen y hasta creí escuchar un ligero gemido. No estaba segura si fue real o no, pero me gustaría que fuera así.

Volviendo a mi objetivo inicial, me acerqué lentamente a él y pegué todo mi cuerpo contra su pecho desnudo. Shaoran no podía verme de una forma convencional, pero si podía hacerlo de una forma más especial y mucha más íntima.

—Tócame, Shaoran… Puedes verme con tus manos.

Mi cabeza descansaba sobre su pecho y pude sentir el momento exacto en el que su corazón se aceleró. Un poco inseguro, Shaoran hizo lo que le pedí. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo mientras yo me quedaba completamente quieta entre sus brazos. Estaba construyéndose una imagen de mí de la mejor forma posible.

—Eres… una ninfa muy hermosa —dijo, llevando sus manos hacia mis mejillas para acariciarlas—. Tu cabello huele a flores de cerezos y tu piel tiene un sabor dulce —dijo dejando un beso sobre mi hombro que me hizo suspirar.

—Soy como un libro en braille —dije riendo y él se unió a mí.

—El mejor libro en braille que he leído en mi vida —dijo y volvió a devorar mis labios.

Poco a poco, Shaoran fue inclinándose y terminé acostada sobre la cama, con él sobre mí. El beso, que había comenzado lento y pausado, se llenó de pasión y de urgencia. El instinto volvió a tomar el control de mi cuerpo y mis manos tomaron vida propia… lo supe cuándo me encontré tratando de bajarle los pantalones que tanto me molestaban.

—Tranquila, todo a su tiempo —murmuró suavemente en mi oído.

Shaoran se tomó su tiempo para "ver" mi cuerpo. Sus dedos se deslizaron con cuidado sobre mi piel, dejando una estela de calor incontrolable por donde pasaban.

A pesar de nunca haber llegado a este punto con nadie, me sentía completamente cómoda y me encantaba su forma de conocerme. Eso demostraba que yo era suya y él era mío.

Por fin, él mismo terminó con mi molesta agonía y deslizó su pantalón para estar en igualdad de condiciones. Obviamente, y en contra de mi voluntad, mi vista se dirigió al punto exacto que reflejaba su masculinidad.

«¡Oh por Dios!»

Subí mi mirada con rapidez de nuevo a su cara, sintiendo mis mejillas arder, y me encontré con una estúpida sonrisa socarrona y llena de confianza.

—No pude evitarlo —dije haciendo un mohín.

—No me estoy quejando —dijo sonriendo y dejó un suave beso en mis labios.

Por fin, había llegado el momento. No podía negar que tenía nervios y algo de miedo, pero al ver sus ojos… sus hermosos ojos color ámbar, todo rastro de miedo se evaporó, dejando en su lugar puro deseo y amor por él.

— ¿Estás segura?

No le conteste. A veces, las mejores respuestas son las que no se dan y solo se demuestran, por eso lo besé y esperaba que con ese gesto entendiera que más lista no podría esta. Comenzó a tantear hasta que dio con la mesa de noche al lado de su cama, abrió la primera gaveta y vi como sacaba un paquetito plateado de allí.

—No me preguntes por qué… pero Meilin los dejó —dijo riendo—. Quizás presentía lo que iba a pasar.

«Debo recordar agradecérselo luego» pensé riendo. Al parecer, nuestros primos tenían más confianza en nosotros que nosotros mismos.

Luego de colocárselo, abrió poco a poco mis piernas y se colocó entre ellas, sentí como poco a poco iba entrando en mi, poco a poco iba haciéndome suya.

—Quizás te duela un poco, pero intentare que sea lo menos posible —dijo poniendo una expresión su rostro llena de cariño y ternura.

Pegó su frente a la mía y asentí con lentitud. Entonces, Shaoran me besó tierna y suavemente mientras se adentraba en mi interior. Un ardor comenzó a inundar mi parte más intima y cuando por fin entró por completo sentí un dolor que me hizo sollozar un poco. Shaoran no se movía, quizás esperando que mi dolor pasara. Dejo pequeños, pero significativos besos en mis ojos y trató de borrar con sus labios el rastro de las lágrimas que habían brotado sin mi permiso. Era demasiado tierno, casi irreal… jamás de los jamases me arrepentiría de haberle entregado mi primera vez.

Comenzamos un vaivén entre nuestras caderas una vez le hice saber que el dolor había pasado. Podía ver en su rostro que lo estaba disfrutando y eso me daba confianza porque, a pesar de ser mi primera vez, no lo estaba haciendo mal. Algunas personas decían o escribían en libros que en momentos como estos se podían ver las estrellas y hasta la luna, pero obviamente era una metáfora que quería describir lo que se sentía al unirte en cuerpo y alma con tu persona especial.

Una sensación de pertenencia abordó mi cuerpo, podía sentirme suya, femenina y completa. Podía sentirlo, mi alma lo sabía, Shaoran era mi otra mitad y esperaba que él pudiera notarlo también. Sentir la sensación del éxtasis y de entrega completa era lo mejor que podía ocurrirle a una mujer, como susurrar y gemir su nombre cientos de veces, mientras él gemía el mío.

Ambos terminamos al mismo tiempo, y sentí como se desplomaba sobre mi por el cansancio. Fue… la mejor experiencia que había tenido en toda mi vida… incluido el dolor que sentí.

Shaoran se acostó a mi lado y me atrajo hacia él para abrazarme mientras yo colocaba mi cabeza en su pecho desnudo. Podía escuchar su corazón acelerado y sentir en todo su esplendor su respiración entre cortada. Me sentía satisfecha al saber que yo era la responsable de eso.

Poco a poco sentí como el sueño comenzaba a abordarme y los parpados comenzaron a pesarme. En ese momento, sentí la necesidad de decírselo. Aunque ambos lo supiéramos, quería que escuchara de mis labios lo que le había demostrado con mi cuerpo.

—Te amo —susurré, casi sucumbiendo al sueño.

Shaoran dejo un beso suave y delicado sobre mis labios y levantó mi cabeza hacia él para que pudiera mirarlo.

—No más que yo, ninfa.

Sonreí y me sentí completa. Mi cuerpo se relajó tanto que sucumbí ante Morfeo y quedé sumida en las sombras. No me preocuparía del mañana, por hoy solo me concentraría en dormir a su lado y grabar estos recuerdos en mi memoria para siempre.

Bien, como dije en aquella ocasión cuando publiqué por primera vez este capi… "Este fue mi primer intento de Lemon" y mientras lo leía me di cuenta que tenía varias cosas que cambiar y bue… No soy muy buena escribiendo este tipo de cosas, pero en ese momento creí necesario expresar todo lo que sintieron mientras se amaban. Al editarlo estaba por borrar esta escena… pero una vocecita me dijo que las personas que ya habían leído la vieja versión iban a matarme si lo hacía XD así que la edité de la mejor forma posible, corrigiendo sus errores y mejorándola un poco sin llegar a ser muy gráfica.

En esa ocasión lo que dije fue que quería que se viera como la primera vez de una chica que ama al chico, pero sin idealizarlo y tampoco cayendo en lo explícito.

¿Qué les pareció? ¡Les dije que valdría la pena! ¡Ha! Ojo, dije que no me gusta escribir lemon pero no significa que no pueda leer una buena historia que tenga ese tipo de escenas XD siempre y cuando no llegué a lo explicito, por eso mismo lo he escrito así y aunque no se me da… creo que no quedó tan mal aun si no tengo experiencia con esto XD

Espero sus comentarios y que se encienda el FF XD nos leemos en el siguiente capi. Solo quedan dos más XD

Un beso para todos :D