¡Hola chicos! Aquí les traigo el epilogo editado y ahora sí… ¡Llegamos al final! Espero sea de su agrado y como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Aclarado esto, comencemos…
Seré la Luz que te guíe.
Epilogo – Luz en mi vida
Cuatro años después
—Bien, la cena está casi lista.
Apagué la cocina para dejar reposar la salsa boloñesa. Kero no me perdía de vista y me imaginaba que era por el delicioso aroma que se expandía por todo el apartamento.
Debido a mis clases en la universidad, que cada vez eran más exigentes, y al trabajo de Shaoran, no habíamos tenido mucho tiempo para estar juntos, por eso, cuando cumplimos tres años de novios, oficialmente me pidió que me mudara con él. Eso hace ya un año.
Fue una decisión difícil de tomar, pero al final ambos concordamos en que era lo mejor para nuestra relación. Mi padre me apoyó en todo momento, pero mi hermano… Touya fue otra historia. Menos mal, Nakuru intercedió por nosotros y nos ayudó a convencerlo y ahora… vivíamos como una pareja.
Sonreí al recordar cuan feliz había estado Shaoran cuando accedí a vivir con él. Había sido una locura y más cuando me llevó de compras para que le imprimiera "mi esencia" al apartamento y se sintiera como nuestro. Eso había sido muy tierno y adorable de su parte y por esa y otras cosas, no me arrepentía de esto.
No podía mentir diciendo que estos cuatro años habían sido fáciles. Shaoran y yo habíamos tenido muchas cosas con las cuales lidiar, pero logramos salir airosos. Para nosotros, lo más importante era lo que sentíamos el uno por el otro y nuestro deseo de estar juntos. Posiblemente, ese era nuestro secreto para seguir adelante.
—Kero, no me mires así. No te daré cena hasta que llegué Shaoran.
El travieso de la casa se echó a mis pies y comencé a rascarle la panza para que se estuviera quieto. Días como hoy, Shaoran acostumbraba a dejar a Kero en casa para que me hiciera compañía en las tardes, ya que Eriol solía pasar por él para llevarlo a la empresa de su familia. Ciertamente, a Shaoran no le gustaba la economía, pero le entretenía y le agradaba pasar tiempo con su primo.
Obviamente, la madre de Shaoran deseaba que el se involucrara mucho más con la empresa, pero era algo que él no estaba dispuesto a hacer… por mucho que insistiera.
Al principio, creímos que su madre iba a rechazarme, pero sorpresivamente, fue todo lo contrario. La señora Ieran me recibió con los brazos abiertos, diciendo que su casa y su corazón estarían siempre abiertos para la joven que había salvado a su hijo de tanta oscuridad y amargura. Eso había sido un poco vergonzoso, pero era feliz al saber que contábamos con su apoyo.
Una notificación en mi celular me avisó de un nuevo mensaje. Al revisarlo, no pude evitar rolar los ojos y sonreír.
«Dile a tu novio que libere al mío… estoy aburrida y Hitomi salió con Kai… a veces odio a mi cuñadito»
Un año después de anunciar nuestro noviazgo, Eriol le pidió a Tomoyo que fuera su novia y ella por supuesto aceptó sin dudarlo… y hace un mes, en el cumpleaños catorce de Hitomi, Kai oficialmente se convirtió en su novio, aunque tuvo que soportar las amenazas de Tomoyo, Shaoran y Eriol… por mucho que lo conocieran desde hace años. Posiblemente, la única que no lo amenazó fui yo… más bien, hasta los felicité… y por eso me gané el apodo de celestina alcahueta.
«En dado caso dile a tú novio que libere al mío ¡Fue él quien lo buscó! Y no seas mentirosa que amas a Kai con locura» le respondí.
«¡Maldición! Tienes razón… ¿Cómo resistirme a esos ojitos azules tan bonitos? Ese mocoso va a ser mi modelo en un futuro ¡He dicho!»
«Pídele permiso a tu hermanita»
«Ya se lo dije y me dijo que sí :D Nos repartiremos las ganancias de sus desfiles»
Reí tanto que algunas lágrimas se salieron de mis ojos. Tomoyo seguía igual de loca y apasionada por la moda, como siempre… No había logrado conseguir la beca en Paris, pero quizás eso había sido lo mejor. Estudiábamos juntas en la misma universidad y Eriol la había apoyado para abrir una pequeña boutique donde exhibía sus propias creaciones y hasta había participado en varios desfiles que le habían ayudado a hacerse de una reputación. Estaba súper orgullosa porque mi prima era una estrella en ascenso.
Por mi lado, la universidad iba muy bien. Amaba mi carrera y me emocionaba que pronto comenzaría mis prácticas en la primaria donde estudié hace tantos años. Amaba a los niños y Shaoran me ayudaba y me apoyaba mucho, en especial cuando tenia que quedarme despierta hasta tarde por algún trabajo o por algún examen. Siempre se quedaba conmigo haciéndome compañía y me ayudaba en lo que podía ¡Dios! ¿Cómo no amarlo cuando tenía ese tipo de detalles conmigo?
El sonido del timbre me hizo brincar del susto. No podía ser Shaoran porque obviamente tenía llaves… y Tomoyo recién me había dicho que aun estaba con Eriol. Los ladridos de Kero no se hicieron esperar y cuando la persona tocó por segunda vez, salió disparado hacía la puerta. Con cuidado, lo aparté y miré por el ojito y me llevé una enorme y grata sorpresa.
—¡Meilin! —grité cuando abrí la puerta.
—¿Cómo está mi prima favorita? —Soltó su bolso y brincó hacia mí para abrazarme.
—Teníamos dos meses sin saber de ti.
—Xiao Lang y Eriol ya me regañaron… —dijo resoplando—. La expansión a Europa me tomó demasiado trabajo, pero todo fue un éxito.
—Jiang nos tenía al tanto, pero no es lo mismo —le dije sonriendo y me hice a un lado para dejarla pasar—. Shaoran debe estar por llegar en cualquier momento. Fue a la empresa con Eriol.
—En realidad, es mejor así —dijo desviando su mirada—. Debo hablar contigo de algo muy importante… sin que el oiga.
Meilin se sentó en el mueble y comenzó a acariciar a Kero con insistencia. Parecía nerviosa y eso no era normal en ella.
—¿Pasó algo malo en Hong Kong? —pregunté preocupada.
—Tranquila, tranquila —dijo resoplando—. No es nada malo… pero mi tía me envió para tratar esto directamente contigo.
—Déjame preparar té y me explicas con más calma —dije dirigiéndome a la cocina.
Encendí la tetera para calentar el agua y mientras esperaba me asomé para mirar a Meilin. Aun se veía nerviosa y eso me llevaba a preguntarme ¿Qué sería tan importante para que la madre de Shaoran la enviara? No podía ser algo relacionado con la empresa porque… quería discutirlo conmigo y no con él. El zumbido de la tetera me sacó de mis pensamientos y rápidamente preparé todo en una bandeja. Me dirigí a la sala nuevamente y comencé a servir todo bajo la atenta mirada de Mei.
—Muchas gracias, Sakura.
Mei tomó su taza y bebió un sorbo. No quería presionarla, pero ya estaba demasiado nerviosa y necesitaba saber porque tanto misterio.
—Bien… mi tía me envió para hablar contigo, Sakura… —Ya eso me lo había dicho, pero, aun así, permanecí callada dándole su espacio—. Lo que sucede es que mí tía le entregó la historia médica de Shaoran a un gran médico especialista cuando estuvimos en Londres.
—¿Y?
Mei permaneció callada y yo ya estaba que me mordía las uñas.
—El doctor dijo que en su centro de investigación han logrado desarrollar una técnica muy novedosa y probada que puede ayudar a Xiao Lang con su problema.
—Eso quiere decir que…
—Que si convencemos a Xiao Lang de operarse… puede que vuelva a ver —dijo sonriendo.
Ver. Shaoran podría ver de nuevo. Poco a poco una sonrisa se fue formando en mis labios y no sabía realmente si reír o llorar.
—Es… maravilloso —dije reteniendo las lágrimas que se habían formado.
—El doctor dice que Xiao Lang es un gran candidato para esta técnica y que hay un 85% de probabilidades de éxito —dijo, pero luego dio un largo suspiro y desvió su mirada—. El problema será convencerlo… es aquí donde tú entras al juego, Sakura.
—¿Yo?
—Mi primo solo te escucha a ti… quizás si tú se lo pides… él acceda a verse con el doctor Sheng que vendrá a Japón la próxima semana y Xiao Lang ya tiene planificada su cita para el próximo lunes… solo falta… que él quiera ir.
Ahora lo entendía. Si Mei o la señora Ieran se lo decían… Shaoran iba a negarse rotundamente. Una que otra vez lo habíamos hablado y él siempre había sido muy tajante al no considerar una cirugía que derrumbara las esperanzas de los demás… porque él las había perdido hace muchos años.
—Yo… lo intentare, Mei —dije suspirando—. No puedo prometer nada, pero… tratare.
—Eso es lo único que queremos, Sakura. Después de todo, es él quien tiene la ultima palabra —dijo apretando mi mano—. Gracias por el té, estuvo delicioso.
—¿Ya te vas?
—Estaré en Japón todos estos días, pero me quedaré en el hotel Royal Park.
—¿Por qué no te quedas aquí?
—Prefiero que… hables con él a solas… quizás si yo estoy aquí se pone más cabezota —dijo riendo mientras avanzaba a la salida.
—Te mantendré informada de la decisión que él tome —dije despidiéndola en la puerta.
—Está bien… entonces nos vemos mañana —dijo y se despidió de Kero acariciando su cabeza—. Un consejo… no estés nerviosa y no recurras al chantaje emocional… eso puede empeorar las cosas.
—Lo sé…
—Hasta mañana, Sakura. Mucha suerte —dijo despidiéndose y yo solo pude agitar mi mano.
Mis sentimientos estaban todos revueltos y hasta sentía nauseas. Estaba feliz al saber que Shaoran tenía altas probabilidades de volver a ver, pero… debía convencerlo primero y eso iba a estar difícil. Me había costado mucho que Shaoran dejara de menospreciarse y si le hablaba ahora de esta oportunidad no estaba segura de cómo reaccionaría. Soltando un suspiro, volví a la cocina y cuando estaba por probar la salsa, escuché la puerta abrirse.
—Pude detectar el delicioso aroma desde que salí del ascensor.
¡Oh por Dios! Las nauseas se intensificaron.
«Creo que perdí mi voz»
—¿Ninfa? ¿Estás allí?
—Sí… sí, amor. Estoy en la cocina.
Mierda. Tenía años que no tartamudeaba y venía a hacerlo justo hoy.
—¿Sucedió algo? Te escuchas nerviosa.
Era pedir mucho que no notara eso. Shaoran no necesitaba verme para saber mi estado de animo, oír mi voz era más que suficiente.
—No pasa nada, lobito —dije, asomándome en la sala.
Apenas lo vi, mis nervios se dispararon ¡Dios! ¿Cómo iba a decirle? Debía pensar muy bien las cosas para que no malinterpretara todo. Me acerqué con cuidado y lo abracé por sorpresa, elevándome sobre la punta de mis pies para darle un beso.
—La cena esta casi lista —dije sobre sus labios—. Dejé ropa encima de la cama para que te cambies y estés más cómodo.
—¿Y si pasamos directo al postre?
Shaoran movía sus cejas sugestivamente y no pude evitar reír. Ojalá esas ganas se mantengan intactas luego de nuestra conversación.
—Me esforcé mucho cocinando, lobito —le dije usando un tono de voz que sabía que le encantaba—. Pero puede que luego obtengas ese postre.
—Estas matándome… lo sabes ¿Cierto?
—Anda a cambiarte mientras sirvo la comida.
—Bien… —dijo resoplando, y dejando un beso en mis labios fue a la habitación.
Mientras él se cambiaba, yo iba sirviendo la cena y pensando la mejor forma de decirle lo del médico. Necesitaba ser sutil y comprensiva, pero, sobre todo, hacerle saber que la decisión era suya y nos atendríamos a ella.
—Huele delicioso y estoy seguro de que sabe igual de bueno —dijo cuando llegó al comedor.
Me acerqué y le tomé la mano para guiarlo hasta la mesa. Estaba demasiado nerviosa y mi mano me delataba, estaba temblando, aun así, Shaoran no preguntó nada, me estaba dando mi espacio para decirle cuando me sintiera cómoda, demostrando con ese pequeño gesto cuan comprensivo era.
Como siempre que me tocaba cocinar, alagó mi comida. Shaoran me había demostrado en este tiempo lo importante que era para él mi felicidad, haciéndome sentir en todo momento amada y respetada. Solo esperaba estar haciendo lo mismo por él y que las cosas no cambiaran después de esto.
—Sakura… —La voz de Shaoran me sacó de mis pensamientos
—Lo siento, amor ¿Qué decías?
—Ninfa, estás muy distraída hoy ¿Qué sucede?
Bien, había llegado el momento. Ciertamente me había dado mi espacio, pero lucía preocupado y no podía seguir alargándolo.
—Meilin estuvo hoy aquí —dije sin anestesia.
—¿En serio? ¿Por qué no me esperó? Esa desconsiderada me va a oír.
—Seguramente pasará mañana por la escuela para visitarte… pero en realidad… ella vino a hablarme de algo en especial…
—¿Sucedió algo en Hong Kong? —preguntó preocupado.
—Shaoran… ¿Qué pensarías si te dijeran que… hay posibilidades de que recuperes la vista?
Su cuerpo se tensó inmediatamente y sus labios se fruncieron en una línea… mala señal.
—Los médicos me dijeron que jamás volvería a ver.
—Tu madre… Mei vino a decirme que la señora Ieran contactó a un doctor muy bueno y luego de revisar tu historial médico, él… dice que, si te operas bajo una nueva técnica que él desarrolló, hay buenas probabilidades de que vuelvas a ver…
No levanté mi mirada. No quería ver sus ojos furiosos por esto, pero por lo menos había cumplido.
—Pensé que ya habíamos hablado de esto… y que no te importaba —siseó y sentí mi corazón apretarse.
—¡Y lo mantengo! —dije desesperada. No quería que esto ocasionara un problema entre nosotros—. Te amo tal y como eres…
—No parece… cuando me pides esto.
—La última decisión es tuya… pero si existe la posibilidad quizás debemos inten… -
—¡Dije que no Sakura! ¡No me arriesgare y gastare una fortuna en una operación cuando ya sé que no funcionara! —gritó levantándose y huyó hacia nuestra habitación.
Aun no comprendía cómo lograba transmitir tanto sentimiento en sus ojos, aunque no pudiera ver. Ira, molestia, tristeza, angustia, miedo… todo eso lo vi reflejado en ellos. Shaoran estaba terriblemente asustado y era ahora cuando debía demostrarle cuán importante era para mí.
Me levanté con lentitud y lo seguí. Estaba sentado en la cama con la cabeza entre sus manos, como si con eso pudiera resguardarse del mundo entero. Me dolía verlo así y más sabiendo que yo era responsable en parte. Con cuidado, caminé hacia él y pasé una de mis manos por su cabello. Shaoran me sorprendió agarrando mi mano para jalarme y obligarme a sentarme en sus piernas.
—No fue mi intención gritarte —dijo, escondiendo su rostro en mi cuello.
—Lo sé. —A pesar de intentar disimularlo, mi voz salió quebrada.
—Siempre termino haciéndote llorar…
—Soy muy llorona.
—No… es mi culpa. No mido mis palabras cuando estoy molesto.
—Ya teníamos mucho tiempo sin discutir, debíamos inyectarle un poco más de sabor a la relación —dije tratando de aligerar el ambiente, pero causé el efecto contrario cuando lo sentí tensarse.
—Si te soy sincero… mi mayor deseo es poder ver… en especial poder verte a ti, pero también debo admitir que me da miedo… —dijo apretando su abrazo—. Someterme a una operación y que nada pase… que todo siga igual y todos se decepcionen… en especial tú…
Su cuerpo estaba temblando. Shaoran estaba siendo sincero al revelarme su peor pesadilla, mostrándose completamente vulnerable y lo único que pude hacer fue apretarme aún más contra él, que sintiera de alguna forma que yo estaba aquí, que estábamos juntos en esto.
—No importa lo que pase, lobito —dije acariciando su espalda—. Somos un equipo… tú y yo… Además, no tenemos nada que perder. Si la operación no resulta entonces todo seguirá igual y no me quejo de esto, créeme —dije dándole un suave beso en los labios—. Cada día que pasa agradezco a los Dioses por ponerte, literalmente, en mi camino. Te amo y eso no cambiara… pero si la operación es un éxito… piénsalo ¿Sí? Son más las ganancias que las perdidas… aunque, en realidad, no perdemos nada con intentarlo.
Shaoran se quedó pensativo por un rato, evaluando sus opciones y pacientemente esperé. Luego de unos diez minutos soltó un largo y cansino suspiro.
—¿Cuándo podemos ver a ese médico?
Aceptó. Shaoran había aceptado y yo no cabía en mí de la felicidad.
—Mei… Mei y tu madre planificaron una cita para el lunes.
—No me gusta que decidan las cosas por mi… pero he de suponer que sabían que tú me convencerías…
—¿Entonces? —Tenía que escucharlo de su boca.
—Está bien, iremos a ver al médico a ver que dice —respondió y no pude controlar el impulso de abrazarlo con toda mi fuerza, tanto así que caímos acostados en la cama.
Aun no podía creer que lo había logrado. Lo había convencido y eso me llenaba de una felicidad absoluta y quería demostrárselo de la mejor forma posible. Lo besé. Le di un beso deliciosamente profundo, tratando de transmitirle toda la alegría que sentía y todo mi amor… mi alma entera.
Esa noche hicimos el amor. Ambos teníamos miedo de lo que podría pasar y nuestros cuerpos lo demostraron con un ligero temblor que no se debía a la excitación, pero a medida que íbamos entregándonos el uno al otro, ese miedo fue pasando para darle cabida al éxtasis puro que solo podía sentir con él. Mientras estuviéramos juntos no había nada que temer, podríamos superar cualquier cosa.
Esa noche también recordé aquel viejo deseo que me llevó a buscarlo. Ciertamente lo había cambiado, pero si había una mínima posibilidad de que se volviera realidad, estaría feliz de poder presenciar como la luz volvía a esos ojos que tanto amaba.
.
.
.
.
.
.
.
En un abrir y cerrar de ojos, la semana había pasado y por fin iríamos a la cita con el doctor Sheng. Según me había comentado Meilin, la decisión de Shaoran alegró mucho al médico, quien era un viejo amigo de la señora Ieran.
Mei y Eriol habían decidido acompañarnos y mostrar su apoyo a Shaoran. Para todos era notorio su miedo y los nervios, aunque tratara de drenar todo eso en su música… pero, como siempre, todo lo que salía de sus manos hacia el piano o el violín denotaba su estado de ánimo, desconcierto, miedo y frustración.
—Ya llegamos —anunció Eriol, estacionando el auto.
—Bien… llegó la hora, Xiao Lang —dijo Mei—. Estoy segura que todo saldrá bien.
Shaoran trataba de disimular sus nervios sonriendo, pero era obvia su agonía interna. Si hubiera sabido que iba a sufrir tanto, me habría negado a esto desde un principio, pero ya no había marcha atrás. Tomé su mano con fuerza, tratando de diciéndole con ese gesto que estaba y estaría con el en todo momento, y como si fuera magia, su mano dejó de temblar.
—Gracias, ninfa —susurró en mi oído y comenzamos a caminar hacia el interior de la clínica.
Meilin se acercó a la recepcionista y a los pocos minutos nos indicaron el lugar al que debíamos ir, pues el doctor ya nos estaba esperando.
Mientras más nos acercábamos al consultorio más fuerte podía sentir el agarre de Shaoran en mi mano. Los nervios estaban volviendo poco a poco.
—Lobito… —le llamé con suavidad y el detuvo su andar a mi lado—. Pase lo que pase, yo estoy contigo. No lo olvides —Le di un beso en los labios, suave y tierno. No buscaba profundizarlo… solo quería demostrarle que estaba aquí para él.
—Gracias —Tomó mi mano nuevamente, pero esta vez estaba más relajado.
Cuando entramos en el consultorio pude ver un señor mayor de lentes, algo bajito y gordito. Parecía un abuelito tierno de esos que aparecen en las películas de navidad.
—Buenas días, soy el doctor Wang Sheng. Tú debes ser Xiao Lang —dijo tomando la mano de Shaoran.
Su sonrisa se veía sincera y me causaba una buena impresión. En todo momento, el doctor Shen se expresaba de forma sencilla, buscando que lográramos entender todo lo que nos estaba explicando acerca de la lesión de Shaoran y los diferentes exámenes que le realizarían hoy. En resumen, esta consulta era para evaluar si la condición de Shaoran había sufrido cambios.
—Como ya les dije, solo evaluaremos su condición y si no ha variado, será usted un excelente candidato para esta cirugía.
—Me pongo en sus manos entonces… —dijo Shaoran, apretando mi mano.
—Le aseguro que cuando pueda ver se va a sorprender por el hermoso ángel que tiene a su lado —dijo y enseguida mis mejillas ardieron.
—No necesito verla para saber eso —dijo Shaoran sonriendo y eso me hizo sonrojar aún más.
—Bueno, vamos a comenzar. Esto puede tardar todo el día, pero hoy mismo me darán los resultados y daré mi diagnóstico. Ustedes pueden esperar en la sala de espera.
Shaoran en seguida frunció el ceño y apretó mi mano. Esto no era lo que queríamos pues habíamos esperado estar juntos durante todo el proceso y no necesitaba que me lo dijera, el ligero temblor en su mano me indicaba que los nervios estaban regresando. Con decisión y sin importarme quien nos viera, me acerque a él y le di un beso en los labios, necesitaba hacerle saber que esperaría por él. Al separarnos, Shaoran me mostró una pequeña sonrisa y antes de partir, le di un pequeño colgante que tenía la forma de una flor de cerezo que era mi más grande tesoro, pues era un recuerdo de mi madre.
—Tenlo contigo, así podrás sentir que estoy a tu lado —le dije y su sonrisa se amplió, porque él sabía cuán importante era ese colgante para mí.
Las predicciones del médico habían sido acertadas. Eran más de las dos de la tarde y aun no sabíamos nada de Shaoran. Tomoyo había llegado hace media hora para hacernos compañía y Kai y Hitomi acababan de llamar para preguntarnos donde estábamos porque ya venían en camino.
—Estoy muy preocupada —dije mirando al piso.
—No te preocupes, cariño. Ya verás que pronto regresarán y traerán buenas noticias —dijo Tomoyo, apretando mi mano.
—Siempre me has apoyado y has estado a mi lado… Muchas gracias.
—Para eso estamos las primas —dijo Tomoyo.
—Deberíamos comer algo —dijo Meilin.
—Ya me parecía raro que no te quejaras de hambre… —resopló Eriol.
—¿Algún problema, cuatro ojos?
—Ninguno, primita. Ninguno.
—Eri, deberíamos ir a comprar algo. Ninguno de ustedes ha almorzado.
—Sí, Eri. Ve y cómpranos algo.
Meilin nunca perdía la oportunidad de hacer rabiar a Eriol cuando escuchaba a Tomoyo decirle así y más porque él no se quejaba, pero ¿Quién le decía que no a mi prima? ¡Nadie! A veces, hasta podría jurar que le encantaba ese sobrenombre porque cada vez que Tomoyo se lo decía en "privado" los ojos de Eriol parecían brillar… pero solo en "privado".
—Compraré comida para mi princesa y para Sakura. Tú, querida prima, paga.
—Eres un avaro.
—Debiste pensarlo antes de burlarte de mí —dijo sonriendo con cinismo.
—Eri… no seas malo con Mei.
—Pero… ella empezó.
—Y tú eres un hombre maravilloso, por eso compraras comida para las tres.
Al resoplar, Mei y yo tratamos de aguantar la risa porque ahora quedaba demostrado que mi prima hacía lo que le diera la gana con su novio. Eriol asintió bufando y dejando un beso en los labios de Tomoyo, caminó hacia el ascensor diciendo que por lo menos sería él quien elegiría la comida.
—Comprara comida china —dijo Tomoyo y Mei asintió. Lo conocíamos demasiado bien.
Miré mi reloj y ya eran casi las tres. Solté un suspiro y me quedé viendo a la nada. Ahora estaba más preocupada, no entendía porque tardaban tanto si eran solo unos estudios.
—Tranquila, ya verás que todo estará bien —dijo Mei, colocando su mano en mi hombro—. Tenemos mucha confianza en el doctor Shen, sé que él nos traerá buenas noticas. —Después de darme una linda sonrisa, Mei me ofreció un fuerte abrazo y Tomoyo se le unió.
Internamente se los agradecí, por esto y por su compañía porque si hubiera estado sola esperando… me hubiera vuelto loca de la desesperación. Intentaron animarme cambiando de tema, hablando de un sinfín de cosas, en especial Mei. Nos habló de la expansión de la empresa a Europa, sobre su novio que ya le había pedido matrimonio, pero ella se había negado diciendo que aun sentía que tenía muchas cosas que hacer antes de dar ese paso. También me habló de mis queridas cuñadas… las cuatro hermanas de Shaoran estaban algo locas, pero eran lindas y agradables. Siempre se preocupaban y estaban al pendiente de su "pequeño lobo", como ellas solían llamarlo y de donde copié mi mote cariñoso.
—Miren a quien me encontré. —La voz de Eriol se escuchó con fuerza y cuando levantamos la mirada vimos que venía acompañado de Hitomi y Kai.
—Nos encontramos cuando iba entrando al restaurante chino y obviamente también nos invitó —dijo Hitomi sonriendo.
Mi pequeña prima se había convertido en una hermosa señorita, pero aún conservaba su mirada dulce y su actitud de "gánster" según Shaoran. Era una chica muy popular en su secundaría, pero Kai se encargaba de mantener a todos los chicos a raya… aunque él también era muy popular… y cómo no iba a serlo cuando se había estirado tanto que ya me pasaba en estatura… ¡Y seguía creciendo!
—Ten, Sakura. Hitomi lo pidió especialmente para ti —dijo Kai y le agradecí con una sonrisa.
Al abrí el recipiente, mi estómago gruñó de hambre, todo se veía delicioso, pero de repente… el olor… el olor era demasiado…
—Oh Dios… —murmuré y tapé la comida con rapidez para alejarla de mí.
Mi estómago estaba completamente revuelto. Comencé a respirar profundamente para calmar las asquerosas náuseas y cuando vi a Hitomi sacar su agua, prácticamente se la arrebaté de las manos y me la bebí completa.
—¿Qué pasó Sakura? ¿Te sientes bien? Estás algo pálida —dijo Meilin bastante preocupada.
—Apenas me llegó el olor de la comida… se me revolvió el estómago —les dije, aun pasando la asquerosa sensación.
Tomoyo y Mei se miraron mutuamente y después sin decir nada, me tomaron de los brazos y me arrastraron por el pasillo.
—¿A dónde me llevan? Tenemos que esperar por Shaoran.
—Vamos a que te realicen un examen de sangre —dijo Tomoyo.
—¿Y eso por qué? Ya les dije que estoy bien.
—¿Desde cuándo no te viene tu periodo, primita? —preguntó Mei, mirándome con seriedad.
«¿Qué diablos?» pensé y comencé a hacer cuentas… en realidad si estaba un poco retrasado, pero yo era terriblemente irregular y eso era normal en mí.
—Vamos a salir de dudas —dijo Tomoyo, mientras me llevaban hacia el laboratorio de la clínica.
La analista se quedó sorprendida al vernos llegar, no todos los días se veía a dos chicas arrastrando a otra para hacerse un examen de sangre.
—¿En que… en que puedo ayudarlas? —pregunto la chica, nerviosa.
—Una prueba de embarazo para la señorita por favor —dijo Tomoyo sonriendo y… un segundo.
—¡¿Qué?! —grité.
¿Qué rayos estaban pensando ellas? Sí, tenía náuseas y últimamente me estaba agotando más de la cuenta, pero eso no significaba que estuviera embarazada… además, Shaoran y yo nos cuidábamos... a menos que…
—Diablos…
—¿Sucede algo señorita?
—Yo… yo… creo que sí necesito una prueba de embarazo…
Hace como tres semanas… habíamos estado juntos y bueno… no habíamos usado protección. No lo creí realmente importante porque tomaba la píldora… pero también había estado terriblemente enferma por aquellos días y había tomado antibióticos… Mierda… era una locura.
—Venga por aquí, por favor.
En estos momentos no estaba pensando en Shaoran, solo sopesaba la posibilidad de que un pequeño ser estuviera creciendo dentro de mí. La chica fue bastante dulce y amable al tomarme la muestra y me dijo que intentaría darme los resultados lo más rápido posible, ya que era notoria mi ansiedad.
—¡Oh Dios! ¿Te imaginas, Sakura? Shaoran se volverá loco de la emoción —dijo Tomoyo.
—La que se morirá de la emoción será mi tía… ¡Un nuevo Li!
—Chicas… necesito pedirles algo… —dije y ambas se detuvieron para mirarme—. Si… si el resultado es positivo, por favor no le digan a nadie. Yo… Dios… necesito pensar qué le diré a Shaoran… Él esta pasando por un momento difícil y si le digo esto así no más… no sé cómo reaccionará.
—¿Cómo reaccionará? Obviamente enloquecerá de la felicidad ¡Tendrá un motivo más por el cual recuperar la vista! —dijo Mei.
—Sí, pero… es mejor que se lo diga después… No quiero estresarlo más de lo que ya está.
Las tres callamos cuando vimos a Eriol corriendo hacia nosotras.
—Sakura, el médico nos esta esperando en su consultorio.
Sin esperarlos, corrí por los pasillos hasta dar con el consultorio del doctor Sheng. Toqué varias veces y luego de escuchar un suave "adelante" abrí la puerta y pasé.
—¡Oh! ¡Los estábamos esperando! Pasen, pasen.
Me adentré en el consultorio, seguida de Meilin y Eriol. Shaoran estaba sentado frente al escritorio del doctor, se veía sereno y cuando sintió mi mano tomar la suya, sonrió con confianza y me entregó el colgante de mi madre.
—Bueno, ya que estamos aquí podemos hablar de los resultados de los análisis —dijo y todos asentimos algo nerviosos—. A pesar del tiempo que ha transcurrido, la lesión no ha empeorado, joven Li. Es decir, lo que leí en su informe médico anterior es lo mismo que puedo ver hoy, por eso mantengo mi diagnóstico y digo que usted es un candidato perfecto para este tipo de operación. Gracias a esta técnica, su problema puede ser corregible. Sus probabilidades de volver a ver oscilan alrededor del 85%, si decide operarse.
Mei y yo sonreímos a más no poder y entonces miramos a Shaoran, expectantes. Se veía algo pensativo, pero luego, como si fuera magia… la determinación apareció en sus ojos.
—Si usted dice que hay altas probabilidades de éxito… entonces me pongo en sus manos doctor.
Al pronunciar esas palabras, no pude contenerme y lo abracé con fuerza. Había valido la pena todo el esfuerzo de hoy. Shaoran podrá ver pronto.
—Planificare la operación para dentro de cinco días, así haremos todo lo reglamentario. El papeleo va por mi parte, usted solo mentalícese en que dentro de algunos días podrá ver nuevamente —dijo sonriendo sinceramente.
—Gracias, doctor —dije casi con lágrimas en los ojos y él solo asintió.
Cuando salimos del consultorio le comunicamos la noticia a Hitomi, Tomoyo y Kai, quienes casi gritan de la felicidad y propusieron que fuéramos a comer para celebrar. Obviamente, todos estuvimos de acuerdo, en especial yo que no había logrado comer nada.
—¡Señorita Kinomoto! ¡Señorita Kinomoto! —escuché a lo lejos.
Cuando me giré, vi que era la analista quien me llamaba. Solté la mano de Shaoran, disculpándome, y me alejé un poco para darle alcance a la chica.
—Pensé que no la alcanzaría… aquí están los resultados. Espero que sea lo que usted espera —dijo con una sonrisa, entregándome el sobre de papel para luego volver sobre sus pasos.
Tomoyo y Meilin se habían acercado y aguardaban a que yo revisara el sobre. Con manos temblorosas, comencé a abrirlo lentamente y saqué el papel perfectamente doblado que tenía el resultado. Lo desdoblé y cuando vi el resultado, llevé mis manos a mi boca para acallar el grito que quería salir.
—Oh por dios… —murmuró Mei a mi lado.
Ambas me arrastraron hasta un baño cercano y yo las dejé ser. Aún estaba en shock y no me di cuenta del lugar en el que estaba hasta sentir los brazos de mis primas a mi alrededor.
—Vas a ser mama —dijo Tomoyo, llorando.
—¡Dios! ¡Vamos a ser tías! —gritó emocionada Meilin.
Ambas lloraban y sin darme cuenta, yo también comencé a llorar.
—Voy a… voy a ser mama.
¡Era una locura! Estaba sonriendo, pero no podía parar de llorar. La hoja de papel tenía la palabra "POSITIVO" en mayúsculas y negritas ¡Dios! ¡En mi vientre había un pequeño ser que crecía día con día! ¡Era la prueba viviente del amor que Shaoran y yo sentíamos! Un hijo… un hijo de Shaoran y mío… a pesar de estar asustada, me sentía feliz.
—¿Cuándo se lo dirás? —preguntó Mei.
—Después de la operación —respondí con una sonrisa.
Limpiamos nuestras lágrimas y salimos juntas del baño. Apenas lo vi, no pude contenerme las ganas que tenía de abrazarlo y besarlo, por eso corrí hacia él y le di rienda suelta a mi sed por sus labios. Cuando colocó sus manos en mi cintura, el mundo completo desapareció, solo éramos él, nuestro bebé y yo.
—No me quejo, pero ¿Puedo preguntar el motivo de tan maravilloso beso? —me preguntó sobre mis labios.
—Nada en especial —dije, dejando otro pequeño beso—. Solo quería decirte que te amo. —Con una enorme sonrisa, tomé su mano y salíamos juntos de la clínica.
Esa noche, a Shaoran le costó mucho quedarse dormido. Me contó acerca de sus exámenes y de lo nervioso que estaba… no porque tuviera miedo de la cirugía… Shaoran tenía miedo de la decepción que podríamos sentir si las cosas no salían como se esperaban. Estuve tentada a decirle acerca de mi embarazo para que se animara, para que tuviera un motivo por el cual sentirse optimista… pero luego pensé que eso podría presionarlo aún más. Si las cosas no salían bien, la decepción sería demasiado grande para él si le decía ahora acerca del bebé, por eso, tuve que morderme la lengua para guardar mi secreto
Muy entrada la noche, se quedó dormido y mientras el descansaba plácidamente, me dediqué a admirarlo. Pasaba la mano por mi vientre y me preguntaba si nuestro hijo heredaría algunas de sus facciones o sería una copia perfecta de él… aunque en realidad no importaba, lo único interesaba era que fuera un bebé sano y feliz.
Los días siguientes pasaron extremadamente lento. La madre de Shaoran vino para estar presente en su cirugía y ahora Mei no tenía excusa para negarse a quedarse en casa.
Intentamos por todos los medios guardar el secreto de mi embarazo de la señora Ieran… pero de nada valió. No sabíamos cómo, pero se dio cuenta de inmediato y cuando se lo confirmé, lloró de diciendo que, a pesar de ya tener nietos por parte de sus hijas, un hijo de Shaoran era el mejor regalo que podía recibir ¡Hasta comenzamos a pensar en nombres! Pero apenas Shaoran aparecía, cambiábamos de tema rápidamente. Ella no estaba de acuerdo en que se lo ocultáramos, pero respetaba mi decisión y se lo agradecía enormemente.
El día por fin llegó y partimos a la clínica muy temprano en la mañana. El doctor había planificado la operación para las diez de la mañana, pero debíamos estar máximo a las ocho para el ingreso. Al llegar, una de las enfermeras nos llevó directamente a la habitación donde Shaoran seria hospitalizado por dos largas semanas. No solo se trataba de la recuperación sino también los exámenes posteriores y algunos ejercicios visuales que el doctor en persona se encargaría de dirigir… todo eso si al tercer día, cuando retiraran los vendajes, Shaoran volvía a ver.
—Estoy un poco nervioso —murmuró Shaoran, mientras lo ayudaba a vestirse para la cirugía.
—Todo estará bien, lobito —dije, dándole un beso—. Estaré esperando por ti en todo momento.
—Ninfa, luego de la operación… hay algo que quiero decirte… o más bien, preguntarte —dijo acariciando mi mejilla—. No importa lo que pase, te hare esa pregunta.
—Yo también debo decirte algo después de la operación… —dije y enseguida sus hombros se tensaron—. No es algo malo… espero.
Estaba nerviosa. No solo se trataba de la operación, también estaba el miedo que sentía y la incertidumbre acerca de cómo reaccionaría cuando supiera del bebé. Respiré profundo y traté de calmarme, recordándome a mí misma que todo lo que sentía lo sentía el bebé también.
—¡Buenos días, familia Li! Ieran un placer verte de nuevo —dijo el doctor Sheng, al entrar a la habitación.
—Gracias por esto, Sheng. Pongo a mi hijo en tus manos.
—No te preocupes, mujer. Todo saldrá bien, además mi esposa estará asistiéndome. Creo que confías más en ella que en mí —dijo riendo con fuerza.
—Doctor, es hora de comenzar —dijo una enfermera.
—Cierto, cierto. Bueno, es hora. Nos vemos en unas dos horas —dijo despidiéndose y salió de la habitación siendo seguido de la enfermera.
Su objetivo al venir aquí había sido darnos calma a todos e internamente se lo agradecí. Era un lindo gesto de su parte y eso demostraba que el doctor Sheng era muy buena persona.
—Te estaré esperando aquí, lobito. Rezare para que todo salga bien. —Le di un beso, tratando de disimular todo el miedo que me abordó de repente.
—Nos vemos después, mi ninfa.
Era la primera vez que lo escuchaba decir algo así y, a pesar de la sorpresa, sonreí y volví a besarlo. Shaoran estaba dando como un hecho que volvería a ver y eso me daba mucha felicidad.
—Estaremos rezando por ti, hijo—dijo la señora Ieran, mientras lo abrazaba.
—Estaré bien, madre. Cuide de Sakura mientras no estoy, por favor.
Una enfermera lo ayudó a sentarse en una silla de ruedas y luego de eso, salió de la habitación, dejándome sumergida en un miedo que no podía controlar, pero no estaba sola. La madre de Shaoran se acercó y posó su mano sobre mi hombro y me dio una cálida sonrisa, tratando de decirme con ello que todo estaría bien… y le creí.
—Vamos, hija. Debes comer algo. Recuerda que debes cuidarte mucho por tu bebé —dijo sin borrar su sonrisa.
—Me gustaría rezar un poco primero.
—Iremos a la capilla luego de comer.
No iba a poder llevarle la contraria, en eso Shaoran era igual a su madre.
Comí una ensalada de frutas ya que lo demás me causaba repulsión por el olor. La señora Ieran me comentó que lo mismo le había ocurrido cuando estaba embarazada de Shaoran, así que no debía preocuparme. Seguramente, este niño sería idéntico a su padre en todo.
Al terminar, fuimos a la capilla a rezar para que todo saliera bien y Shaoran tuviera la oportunidad de recuperar la vista. Sabía que existían infinidad de personas invidentes en el mundo y muchas deseaban tener el mismo milagro de poder ver en algún momento de sus vidas… y cada una de ellas merecía tener esa oportunidad… pero Shaoran… ¡Dios! ¡Él merecía poder ver! Merecía ver a su hijo y por eso rogaba con tanto fervor, para que Dios me escuchara y que guiara las manos del médico durante la operación.
Cuanto más pasaba el tiempo, más me desesperaba. No quería desprenderme de aquel banco donde estaba rezando, pero la señora Ieran me recomendó que me acostara un rato en la cama de la habitación de Shaoran mientras esperábamos.
—No es bueno para tu bebé que estés tan preocupada.
Sin poder objetar, accedí a su pedido. No pasó mucho tiempo, cuando unos suaves toques se escucharon en la puerta y luego Tomoyo apareció por ella.
—Hola, cariño —saludo, dándome un fuerte abrazo—. ¿Saben algo de él? —preguntó y yo negué con la cabeza.
—Aún no sabemos nada, pero ya debe estar por terminar la operación —respondió Mei.
—Eriol fue a buscar a Hitomi y a Kai, deben estar por llegar.
—Gracias por el apoyo, Tomoyo —dije apretando su mano.
—No tienes por qué agradecer, prima. Sabes que Shaoran es muy importante para todos ¡Ah! ¡Antes de que se me olvide! De camino para acá, pasé por el centro comercial y vi unas ropitas de bebé preciosas. Luego de esto deberíamos ir de compras. —La cara de Tomoyo se iluminó y Mei también comenzó a decir que debíamos comprar un montón de cosas.
—Más importante que la ropa es que vayas al médico para comenzar los controles de tu embarazo, hija —intervino la señora Ieran y tenía toda la razón.
—Es lo primero que haré después de esto, señora Ieran. Quiero que… Shaoran pueda ver a su hijo en el eco —dije sonrojada.
—¡Debemos tener confianza! El día que le quiten los vendajes traeré mi cámara de video para grabar ese momento épico —dijo Tomoyo.
—Será un momento histórico para la familia… después de tanto dolor, Shaoran merece dos alegrías tan grandes como estas. —Mei no pudo retener las lágrimas y la atraje hacia mí para abrazarla.
La entendía perfectamente. Shaoran había pasado por muchas cosas y había logrado superarse a sí mismo y a muchos de sus complejos… realmente merecía volver a ver.
No pasaron ni cinco minutos, cuando la puerta volvió a abrirse y el doctor Sheng ingresó a la habitación con una enorme sonrisa acompañado de una hermosa señora de cabellos canosos.
—Bien, familia Li, todo ha salido muy bien. Dentro de poco lo traerán, pero quise adelantarme con la noticia.
—Tu hijo es muy fuerte, Ieran. Te aseguro que sanará perfectamente y que, en tres días, cuando retiremos los vendajes, podrá ver sin problemas —dijo la mujer.
—¡Que modales los míos! —dijo el doctor, carcajeándose—. Ella es Lian, mi esposa. Mira cariño, ella es la novia del joven Li —dijo señalándome—, a Meilin ya la conoces y ella… a ella no la conozco —dijo viendo a Tomoyo.
—Tomoyo Daidoji. Es un placer, soy prima de Sakura.
—¡Oh! Entonces estamos todos en familia —dijo la señora Lian.
—Les agradezco mucho lo que han hecho por Shaoran, independientemente del resultado —dije con lágrimas en los ojos.
—No hay que agradecer, jovencita. Es nuestro trabajo y le aseguro que el joven Li podrá ver ¡Me tengo mucha confianza! —Me guiñó el ojo y se dirigió a la puerta.
—Ya deben estar por llegar los enfermeros con el joven Li, más tarde pasaremos a revisarlo —dijo la señora Lian y haciendo una leve inclinación siguió a su esposo.
Al poco tiempo, llegaron dos enfermeros que traían a Shaoran en una camilla.
—Lobito… —Quise acercarme, pero ellos no me dejaron.
—Aun esta sedado, lo mejor será dejarlo descansar —dijo uno de ellos y a regañadientes me alejé.
Entre los dos, pasaron a Shaoran a la cama y lo acomodaron para que pudiera descansar cómodamente. A penas se retiraron un poco, me acerqué y tomé su mano y la besé. El tiempo total de la cirugía habían sido dos horas y treinta y cinco minutos, pero para mí había sido una eternidad entera. Tenerlo aquí conmigo era como volver a respirar luego de haber estado privada del valioso oxígeno por todo ese tiempo.
—Por favor, solo pueden estar dos personas en la habitación —escuché decir al mismo enfermero.
—Tía, usted quédese con Sakura —dijo Mei.
—Nosotras les avisamos cualquier cosa —les indicó la señora Ieran mientras ellas salían.
Le colocaron vías intravenosas a Shaoran y luego graduaron el flujo. Shaoran tenía sus ojos vendados y se veía algo pálido, pero estaba bien y estaba a mi lado.
—Estoy aquí contigo, lobito —le dije a su oído. Aunque estuviera dormido, algo me decía que podía oírme.
—Tranquila, señorita. Solo está bajo los efectos de la anestesia, pronto se le quitará esa palidez, ya verá —dijo el enfermero y luego salió de la habitación junto a su compañero.
—Ahora solo nos queda esperar a que despierte —dijo la señora Ieran, soltando un suspiro—. Mi hijo estará bien, estoy segura. —Me regaló una cálida sonrisa y se sentó al otro lado para tomar la mano libre de Shaoran—. Eres un Li y eres fuerte por naturaleza. Un lobo. Recuérdalo.
Esas palabras me conmovieron y no pude evitar que algunas lágrimas cayeran por mis mejillas.
Aproximadamente, media hora después, Shaoran comenzó a despertar y lo primero que hizo fue decir mi nombre.
—Aquí estoy, amor. Aquí estoy —le dije mientras besaba su mano.
La señora Ieran se levantó y fue a buscar al doctor Sheng que vino a revisarlo y mientras lo hacía, le iba hablando de cómo había salido la operación. Ahora solo quedaba esperar los tres días para saber si la operación de verdad había sido un éxito.
Los días fueron pasando lentamente, pero nos obligábamos a mantenernos optimistas, a pesar de los dolores de cabeza fuertes que sentía Shaoran, pero que gracias a Dios fueron menguando a medida que pasaba el tiempo.
Mi padre y mi hermano habían venido a visitarlo y le hablaron de varios libros que mi papá había logrado reunir para Shaoran y que estaba seguro le gustaría leerlos cuando recuperar la vista.
Shaoran ya no se veía tan nervioso, era como si no le importara el resultado final.
—En realidad… estoy desesperado por salir de aquí y que me quiten estos malditos vendajes que me aprietan tanto… —dijo resoplando.
—Ya mañana por fin te los quitaran, amor —le dije riendo y luego le di un beso en los labios—. Mañana sabremos el resultado… ¿No estas ni un poco ansioso?
—Me importa más la pregunta que debo hacerte cuando salga de aquí que el resultado de la operación —dijo con un poco de nerviosismo—. ¿Eriol no ha venido?
—Debe estar por…
—¡Mi lobo feroz!
—Venir… —susurré, completando la frase que Eriol había interrumpido cuando entró por la puerta.
—Ahora que Eriol está aquí, podemos ir a tomarnos algo en la cafetería —dijo la señora Ieran y aunque quisiera negarme… no iba a poder hacerlo cuando ella usaba esa mirada firme.
Resoplando, le di un beso a mi novio y la seguí. Al llegar a la cafetería, pidió un jugo y sándwich para mí… obviamente, tampoco podría negarme a comerlo.
—He hablado con un buen obstetra que es amigo de Sheng para que te atienda —dijo de repente.
—Pero…
—Tranquila, he pedido la cita para después que Shaoran salga de todo esto, como tú querías —dijo sonriendo.
—Gracias…
—No quiero que pienses que me estoy inmiscuyendo en sus asuntos… —dijo suspirando y yo enseguida fruncí mi ceño—. Solo quiero apoyarlos en lo que pueda…
—Lo entiendo, jamás pensaría que usted se está "inmiscuyendo" en nada. Somos una familia… no legalmente, pero lo somos.
—Eso no se mantendrá así por mucho… —murmuró, pero pude escucharla claramente y luego negó con su cabeza y cambió de tema, dejándome con la curiosidad.
Esa noche, no pude dormir de los nervios, mientras que Shaoran y su madre durmieron como unos bebés. Realmente los envidié por eso ¿Acaso no estaban nerviosos?
Traté por todos los medios de calmarme y relajarme para poder dormir, aunque fuera un poco, pero de nada valió. Cuando me di cuenta ya había amanecido y faltaba poco tiempo para que el doctor viniera.
Cuando dieron las siete, todos aparecieron por la puerta y Shaoran despertó poco a poco al escuchar el ajetreó. En realidad, no era hora de visita, pero el doctor Sheng sabía cuán importante era esto para nosotros e hizo una gran excepción.
A las ocho en punto, el doctor Sheng apareció por la puerta acompañado de su esposa y una enfermera.
—Buenos días, familia Li y amigos —dijo animado—. ¿Listo para quitarle los vendajes, Xiao Lang?
Shaoran asintió con lentitud y yo apreté su mano con fuerza, a pesar del ligero temblor que no podía controlar. Shaoran me regaló una linda sonrisa y comenzó a masajear mi mano con su pulgar, eso logró calmarme un poco y deje de temblar.
«¿Cómo puede estar tan relajado?»
El médico comenzó a quitar los vendajes poco a poco, hasta que solo quedaron las gasas que cubrían sus ojos. Las retiró con cuidado y por fin, el rostro de Shaoran estaba libre.
—Bien, Shaoran. Ahora, abra sus ojos muy lentamente. Quizás sienta molestia, pero no se preocupe. Eso se debe al tiempo que ha estado sin procesar la luz en sus ojos. Lo mejor será que use los lentes de sol que le trajo su madre, pero se los colocará dentro de una hora —dijo el médico.
Shaoran obedeció y poco a poco fue abriendo sus ojos. Parpadeó varias veces y abrió su boca para decir su veredicto.
—No puedo ver —dijo cerrando sus ojos de nuevo.
El suspiró de decepción fue general y aunque no quisiera, realmente me sentí defraudada… ¿Por qué? ¡¿Por qué no había funcionado?! Tanto esperar… tanto dolor… tantas preocupaciones para nada…
Suspiré de nuevo y esta vez me regañé. No debía pensar así, si yo decaía, Shaoran estaría mucho peor. Era él quien debía sentirse decepcionado, no yo. Yo debía estar bien para poder apoyarlo…
Sentí una mano acariciar mi mejilla y al levantar mi mirada vi que Shaoran estaba llorando… ¡Oh Dios!
—Eres… eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, mi ninfa de ojos verdes.
—¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! —grité y me acerqué a besarlo una y otra vez.
El vitoreo fue general. Todos estaban felices y yo estaba que podía gritar hasta quedarme sin voz de la alegría. Shaoran podía ver ¡Podía ver! Y me había dicho que era hermosa, para él era hermosa… mis lágrimas no dejaban de brotar… ¡Dios! Estaba tan feliz.
—Gracias, doctor ¡Muchas gracias! —dije llorando.
—Me alegra que todo saliera bien. Los dejaré porque tengo otro paciente que revisar ¡Felicidades, Shaoran!
—Gracias, doctor.
Shaoran se veía diferente… se veía completamente radiante y sus ojos… sus ojos eran tan hermosos, brillaban de una forma tan especial que jamás me cansaría de mirarlos. Ahora estaban llenos de luz.
—Hijo, no sabes lo feliz que estoy —dijo la señora Ieran, llorando de la alegría.
—Lamento haberla preocupado, madre —respondió, recibiendo el abrazo de su madre.
—¡Mi sexy lobo! ¡Bienvenido a la luz de nuevo! —dijo Eriol, acercándose para abrazarlo y Mei se acercó llorando también.
—¡Dios! ¡No sabes lo feliz que estoy! —dijo en sus brazos, mientras yo veía la escena enternecida—. Después de tanto tiempo puedes apreciar lo hermosa que soy ahora ¿Cierto?
—No importa si tienes quince o setenta, Mei. Siempre has sido hermosa.
—No digas esas cosas que me harás llorar aún más, idiota.
Eriol y Shaoran se miraron y se dieron una sonrisa cómplice para luego decir al mismo tiempo "Esa es la idea". Seguramente, solían decir eso cuando eran adolescentes. Lo sabía por la complicidad que se notaba en sus miradas.
—Shaoran, oficialmente me presento. Soy Tomoyo y ella…
—Yo no necesito presentaciones ¿Cierto? —dijo Hitomi levantando una ceja.
—Cariño, aun estando entre un mar de personas podría reconocer esa pose de gánster.
—Eres un tonto ¿Lo sabias? Nos asustaste al principio —dijo Hitomi, tratando de disimular las lágrimas.
—Las chicas rudas no lloran, pero aun así te ves hermosa —dijo Kai, abrazándola—. Lo malo es que ahora podrá pillarnos cuando estas copiando mi tarea.
—El que se copia la tarea de música eres tú, Kai. No necesitaba ver para saberlo —dijo Shaoran con una sonrisa arrogante y Kai le respondió con una igual.
A pesar de estar bromeando y riendo, Shaoran se veía cansado y cada cierto tiempo parpadeaba bastante. Iba a pedirles que lo dejaran descansar, pero fue la señora Ieran quien habló y todos salieron de la habitación. Inmediatamente, Shaoran cerro sus ojos y se dejó caer en la cama.
—¿Te sientes bien? ¿Quieres que llame al médico? —pregunté preocupada.
—Me cuesta enfocar y eso me marea un poco…
—El doctor dijo que sentirías molestias… Descansa tranquilo. Tu mamá y yo estamos aquí para ti.
—Ahora que puedo verte… no quiero dejar de hacerlo.
—Tienes una vida para verme, lobito…
—Cierto… una vida…
.
.
.
.
.
.
Las dos semanas pasaron extremadamente rápido y gracias a los ejercicios que el doctor le había indicado a Shaoran, ahora podía enfocar mucho mejor y no se mareaba tanto. Como le había aconsejado, usaba los lentes de sol en todo momento, así protegería sus ojos mientras se acostumbraban de nuevo a la luz.
Al salir del hospital, Shaoran estuvo de reposo en casa, pero igual lo veía nervioso y… estaba preparando algo con Eriol, estaba segura. La señora Ieran y Meilin ya se habían ido, rogándome para que le diera la noticia de mi embarazo a Shaoran lo más pronto posible… y no se lo había dicho porque no quisiera ¡Lo había intentado un montón de veces! pero… siempre pasaba algo que me lo impedía…
Hoy en particular me sentía cansada y un poco abatida. Había tenido un día pesado en la universidad y solo quería llegar a casa, comer algo y dormir… si era posible.
—Bebé… ¿Cuándo podré decirle a tu papa que estas aquí? —dije acariciando mi vientre.
Fui caminando poco a poco hasta la puerta del apartamento y cuando entre… me encontré con la mayor sorpresa de mi vida.
—Bienvenida, ninfa.
Shaoran estaba vestido con un traje elegante chino color negro. Se veía tan atractivo… tan… apetecible… Sacudí mi cabeza un poco para despejarme, no era hora de pensar en eso…
El departamento estaba adornado por completo con rosas rojas… se veía todo tan romántico y… hermoso.
—¿Qué… sucede? —pregunté confundida, recibiendo una rosa que él me estaba ofreciendo.
—Hoy es un día especial, por eso quiero celebrarlo contigo —respondió sonriendo.
—¿Cuál es el motivo?
—Tú —solo dijo eso y mi pulso se disparó.
Me guío hasta la mesa donde ya estaba servida la cena y todo se veía delicioso y ligero. Seguramente, Tomoyo había estado involucrada en esto y debía agradecérselo. No hubiera querido que las cosas se arruinaran con mis nauseas.
Abrió una botella de vino y la sirvió para nosotros.
—Hoy… brindaremos por nosotros.
Chocamos nuestras copas y él bebió un poco, mientras yo disimulaba que bebía, mojando mis labios. Comimos con calma, contándonos lo que había pasado en el día, lo hermoso que todo había quedado y de nosotros…
—Ninfa… te había dicho antes de la operación que quería hacerte una pregunta —comenzó a decir y podía ver los nervios en sus ojos ¿Qué podría tenerlo tan nervioso? Solo lo había visto una vez así y fue cuando me propuso vivir con él.
—Sí, lo recuerdo…
Shaoran se levantó y con lentitud, caminó hasta estar en frente de mí y luego se arrodilló a mi lado.
—Desde hace tiempo lo he estado pensando y… no hay mujer como tú en el mundo. Agradezco a Dios por haberme atravesado en tu camino aquel día y también por tu perseverancia… si no fuera por eso… probablemente no estaríamos hoy aquí…
—Yo creo que de una u otra forma hubiéramos terminado juntos —dije sonriendo.
—No lo sé… pero el hecho es que estamos aquí… juntos… Eres la mujer que amo, la única que ha sabido aguantar mis rabias, con quien he compartido mis tristezas y mis preocupaciones… con quien comparto mis alegrías todos los días… la única mujer con la que haría el amor… lo eres todo para mí, Sakura… Es por eso que yo quiero… deseo que todo esto sea permanente… que sea para toda la vida y es por eso que…
Sacó una pequeña caja de terciopelo verde de su bolsillo y cuando la abrió me quedé impactada… ¡Oh Dios! ¿Él realmente estaba haciendo lo que yo creía?
Era el anillo más hermoso que había visto en mi vida, debía valer una fortuna. Era de puras esmeraldas y como siempre cuando me emocionaba, mis lágrimas comenzaron a caer…
—¿Quieres ser mi ninfa para toda la vida?
—Shaoran… este anillo es muy costoso, yo no… yo no necesito algo tan caro. Tan solo con esta maravillosa cena y teniéndote aquí conmigo, tengo suficiente… ¡Por supuesto que quiero ser tu esposa! —le dije llorando.
—Este anillo es el que el jefe de mi familia le da a su prometida. Puede que no me encargué de las empresas, pero mi madre estuvo de acuerdo en dármelo para ti… y cuando llegué el momento, si tenemos un hijo algún día, se lo dará a su prometida también.
Shaoran colocó el anillo en mi dedo y luego beso mi mano. No pude resistir más y me lancé a sus brazos para besarlo con todo el ardor que sentía por él. Shaoran me cargó y me llevó hasta nuestra habitación sin dejar de besarnos.
Había velas por todos lados y pétalos de rosas en nuestra cama. Él había planificado todo esto solo para pedirme matrimonio y yo no paraba de llorar por la enorme felicidad que sentía. Hicimos el amor varias veces esa noche, entregándonos… sintiéndonos… y fue maravilloso.
En la mañana, las suaves caricias de sus dedos recorrían mi espalda. Abrí mis ojos con pereza y lo primero que vi fue una enorme sonrisa contagiosa.
—Buenos días, mi ninfa.
—Buenos días, lobito —dije, estirándome.
—Si ese estúpido sobrenombre sale de tus labios no suena tan mal —dijo, dejando un suave beso en mis labios.
—Te encanta que te diga a sí, no puedes negarlo —dije riendo.
—¿Quieres tomar un baño?
—Me encantaría… pero hay algo que debo decirte antes —dije sentándome en la cama, cubriendo mi cuerpo con su camisa que estaba en el piso.
—¿Te he dicho lo sexy que te ves con mi ropa?
—No… y aunque me encante que me digas eso… realmente debo hablarte de algo, así que quita esa cara —dije sonrojada al notar su mirada llena de deseo.
—¿Sucedió algo? —preguntó preocupado…
—En realidad, sí —dije, soltando un largo suspiro—. Yo… bueno… no sé cómo decirte esto…
—¿Es algo malo? —dijo sentándose en la cama también.
Diablos, esa imagen no me ayudaba a concentrarme.
—No lo es… o eso espero…
—Ninfa, estas asustándome…
—Shaoran… conocerte ha sido lo más maravilloso que me ha pasado en la vida. Eres el sueño de cualquier mujer… y me siento feliz de haber sido yo la elegida para estar a tu lado…
—Sakura… —su tono era de impaciencia.
—Dios… no sé qué vas a decir cuando te diga esto, pero… bueno… Shaoran… Amor yo… estoy embarazada…
Bien, ya lo había dicho y como la cobarde que era, cerré los ojos. No quería ver su reacción, estaba aterrada. No quería ver decepción o una mirada de miedo… o cualquier cosa negativa… y no podía culparlo de sentir algo así. Había sido algo repentino, pero yo ya amaba mucho a mi bebé…
—¿Estas… segura? —escuché su voz y temblando, asentí.
—Hace tres semanas me hice una prueba de embarazo… cuando conocimos al doctor Sheng.
—Sakura… esto es… ¡Dios! ¡Voy a ser papá!… ¡Es una maldita locura! —gritó de repente y me abrazó con tanta fuerza, que caímos acostados en la cama.
Shaoran me besó con un frenesí que jamás me había demostrado y luego bajó su cabeza hasta mi vientre para susurrarle palabras a nuestro bebé, palabras que demostraban cuanto lo amaba a pesar de no conocerlo aún.
—Hay que comprar todo, la cuna, la ropa, pañales… ¿Fuiste al médico?
Negué con mi cabeza y sonreí. Nunca lo había visto tan emocionado y su alegría era tan contagiosa que no podía evitar reír y llorar al mismo tiempo.
—Quería que fueras conmigo.
—Por eso te amo tanto, ninfa —dijo dándome un beso en la frente—. Llamare a la clínica para pedir una cita…
—Tu mamá nos pidió una consulta para dentro de dos días —le interrumpí y sonrió aún más.
—Aun no puedo creerlo ¡Voy ser papá! Tengo que decírselo a alguien… ¿Quién no lo sabe?
—Solo Mei, Tomoyo y tu madre.
—Llamare al maldito de Eriol para contarle… —dijo poniéndose un pantalón con rapidez y tomó su celular. Estaba tan feliz que, si fuera posible caminar por las paredes, lo haría—. No me importa la hora, cuatro ojos. Despiértate bien y escucha ¡Voy a ser papá y tú serás el maldito padrino…
Negué con mi cabeza cuando se perdió por el pasillo hablando y riendo como un niño. Shaoran estaba feliz y yo también, las cosas no podían ser mejor.
Al comenzar el control de mi embarazo, el doctor nos dijo que todo marchaba bien y eso nos hizo muy felices. Apenas tenía ocho semanas de embarazo, pero nuestro bebé estaba creciendo en mi vientre sano y fuerte.
Dos meses después de haberme pedido matrimonio, nos casamos. Fue una boda bastante sencilla, pero hermosa. Mi vestido de novia había sido diseñado por Tomoyo y Meilin nos había ayudado con la decoración de la iglesia y la fiesta. Cuando les dijimos a todos que nos íbamos a casar y que estaba embarazada fue una gran alegría ¡Hasta mi hermano se alegró! Llegué a pensar que mataría a Shaoran al enterarse de mi embarazo, pero fue todo lo contrario. Touya había cambiado mucho desde que se casó con Nakuru.
Nuestra luna de miel fue en Italia. Shaoran quería que fuera especial y me dijo que me llevaría a donde yo quisiera y pues… siempre quise conocer Italia.
Y bueno… a la semana treinta y ocho de mi embarazo, nació nuestro pequeño Hien. Era idéntico a su padre, pero había heredado mis ojos verdes. Era un pequeño muy inteligente, como Shaoran y le fascinaban los números, pero también tenía inclinación por la música. Cuando veía a su padre tocar el piano, se quedaba embelesado y por eso, cuando cumplió los cuatro años decidió por si solo que quería aprender a tocarlo y, aunque fuera difícil de creer, yo le estoy enseñando. Ahora con cinco años había mejorado muchísimo.
Por mi parte, terminé la universidad y ahora era maestra en la primaria de Tomoeda, mientras que Shaoran seguía dando clases en la escuela de música, pero de vez en cuando ayudaba a Eriol en lo que podía con la empresa, más que todo para pasar tiempo con él. La arqueología seguía siendo su hobby y de vez en cuando se fugaba con mi padre a alguna conferencia… pero la música seguía siendo su pasión.
La profesora Mitsuki aún seguía enseñando y de vez en cuando venía a casa a ver como progresaba Hien. Ella decía que verlo tocar el piano era como ver a un mini Shaoran mientras tocaba las melodías que le había enseñado.
La señora Ieran nos visita cada vez que podía y nosotros íbamos a Hong Kong para algunas fiestas, otras las pasamos en casa de mi papá. Mi hermano y Nakuru también se reunían con nosotros y traían a la pequeña Nadeshiko, mi sobrina que era una réplica de su papá, pero con el carácter de su madre. Era todo un caso y cuando ella se juntaba con Hien hacían desastre…
Meilin por fin había dado el paso con su novio de toda la vida hace dos años, pero aun no tenían hijos. Aunque no me extrañaría que pronto llegara la noticia.
Tomoyo y Eriol se casaron un año después de nosotros y tenían dos hijos, la pequeña Aoi de cuatro años y el pequeño recién nacido Takumi. Estaba muy orgullosa de mi prima porque había logrado crear su propia marca de ropa, la cual ya era bastante famosa alrededor del mundo y sus modelos principales eran nada más y nada menos que Hitomi y Kai. Esos dos, a pesar de tantas peleas, seguían juntos y por mucho que Hitomi dijera que no lo soportaba, todos sabíamos que eran puras patrañas porque sus ojitos brillaban cuando Kai hacía acto de presencia y, cuando alguna chica osaba a posar su mirada sobre él, ardía Troya. Obviamente, a Kai le fascinaba verla celosa.
De lejos, observaba a mi esposo jugar con nuestro hijo y nuestro viejito peludo. Shaoran podía ser serio en su trabajo y en la empresa, pero aquí… cuando estábamos solo nosotros tres, podía ver al verdadero Shaoran… siempre con una sonrisa, siempre con sus ojos brillantes y siempre… se podía ver el amor que sentía por nosotros reflejados en sus ojos. Era capaz de dejar su trabajo si se enteraba de algún problema en casa con Hien o conmigo. Shaoran siempre estaba allí para nosotros, siempre nos cuidaba y no podía estar más agradecida con los Dioses por haberlo puesto en mi camino.
Lo vi alzar a Hien y luego caminaron hasta mí con una mirada traviesa.
—¿Te he dicho que te amo? —me preguntó bajando a Hien.
¿Cómo no amarlo?
—Hace como treinta minutos —dije riendo.
Hien me dio un beso y salió corriendo para jugar con otros niños en compañía de Kero. En eso si se parecía a mí, era un niño muy sociable.
—Ha pasado mucho entonces… Te amo, ninfa —dijo acariciando mi mejilla y enseguida sentí el calor acumulándose en ellas.
Aun después de tantos años, Shaoran todavía causaba ese efecto en mí.
Al ver sus ojos brillantes, pensé en mi viejo deseo. Por fin se había cumplido. El camino había sido largo y aún no terminaba, porque aún faltaban muchas cosas por vivir y otras por contar, pero siempre podría decir que Li Shaoran era esa luz que iluminaba mi camino hoy… mañana… y siempre.
FIN
Ahora sí chicos… esfuerzo titánico y treinta hojas de largo o.o Ha sido un placer para mí editar esta historia y traérselas de esta forma… Estoy muy agradecida con todos por seguirla y espero que fuera de su agrado… Leí la promesa que hicieron varias XD Me sentí muy alagada :D y espero haber cumplido sus expectativas :)
Quería preguntarles a aquellas personas que usan Wattpad si les gustaría leer la historia en esa plataforma, a ver si me animo a subirla allá y dependiendo de cómo me vaya suba la versión de Shaoran también XD
Pronto tendrán noticias mías pues espero comenzar un nuevo fic dentro de una semana, máximo dos. Ahora que he terminado, esta historia, puedo dedicarme de lleno a mi próximo proyecto y espero les guste :) les dejaré información valiosa y algunas imágenes en mi Fanpage :) Espero que también sea de su agrado y cause tanto revuelo como esta haha ¡Muchas gracias por su apoyo a lo largo de esta historia!
Los quiero y los aprecio un montón
Amatista1986.
