Bien, aquí les traigo el capítulo número cinco de esta nueva versión. Como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Comencemos…

La luz que me guía en la oscuridad.

Capítulo 5 –Un paso más cerca.

La alarma comenzó a sonar y enseguida la suave voz de la locutora de mi programa favorito comenzó a escucharse por toda mi habitación. Tenía tiempo que no dormía tan tranquilo como anoche. Me levanté dando un gran bostezo y fui al baño para asearme y cambiarme de ropa, hoy era un buen día para retomar mi antigua rutina.

Saludé a mi peludo amigo y le dije los grandes planes que tendríamos para hoy, saldríamos a trotar un rato en el parque como lo hacíamos hace algunos meses, lo cual era bueno para él y también para mí.

Salimos de casa y fuimos caminando hasta el parque, donde comencé a prepararme para comenzar a trotar. En el pasado, algunas personas que también trotaban por allí les había causado curiosidad de cómo y por qué me ejercitaba, la respuesta que yo les daba era bastante sencilla y solía usar mí ya acostumbrado tono acido para que me dejaran en paz.

El hecho de tener una incapacidad, no significa que no pueda realizar las cosas que a mí me gustan —Y con eso, solían dejarme tranquilo.

—¡Hey, Li! —dijo una voz que tenía tiempo sin oír.

—Hola, Yamasaki —le respondí sin detener mi estiramiento.

—Tenía tiempo sin verte ¿Cómo has estado?

—Un poco ocupado, pero bien ¿Cómo está tu esposa? ¿Ya dio a luz?

La última vez que habíamos hablado me había dicho que su esposa estaba en el séptimo mes de embarazo y estaba más susceptible de lo normal… así que solía salir a trotar para escapar de ella.

—¡Sí! ¡Gracias a Dios! —dijo colocando su mano en mi hombro—. Hace dos semanas nació mi pequeña y Chiharu ha vuelto a ser la misma de antes… aunque mi jefe me dijo que me cuidara porque aún falta la depresión postparto… —dijo en tono desanimado.

No sabía mucho del tema, pero mis hermanas habían pasado por la tan mencionada "depresión postparto" y todos sus maridos buscaron refugio en casa de sus madres durante esos días… y si ellas habían pasado por eso, muy probablemente fuera algo común en las mujeres…

—Solo… solo no te desanimes —dije tratando de darle ánimo.

—Gracias, amigo —dijo en tono risueño—. ¿Vamos a trotar juntos? Así te cuento unas historias muy interesantes.

No pude negarme y así, junto a Kerberos, comenzamos a trotar. Las historias de Yamasaki eran buenas… pero bastante exageradas, al principio caía muy fácilmente en ellas, pero luego comencé a discernir cuando me decía algo cierto y cuando me mentía para tomarme el pelo… a pesar de eso, me caía bien, era un buen tipo y no me molestaba conversar con él.

Al regresar a casa, tomé una larga y relajante ducha, el día había comenzado muy bien y esperaba que se mantuviera así. Me vestí con calma y después de tomar un buen desayuno, salí junto a Kerberos hacia la escuela.

Mientras caminaba por el parque, aprecié los sonidos diferentes de las aves y del viento meciendo las ramas de los árboles.

—Hoy será un excelente día —me dije a mi mismo y continúe mi camino.

Ya en la escuela, recibí a mis primeros estudiantes y comencé con mi rutina. Volvía a sentir mi burbuja de seguridad envolviéndome, ya no tenía ese sentimiento de ansiedad que me presionaba cada vez más, y todo se debía a la conversación que había tenido con Sakura el día de ayer.

—Recuerda que debes mantener el tempo en todo momento, Haru —dije cuando terminó de tocar la pieza que le había dejado de tarea—. Hay momentos cuando aceleras mucho y luego vuelves a tempo original.

—No me gusta practicar con el metrónomo —dijo desanimado—. Me distraigo mucho…

Reí y le expliqué como utilizar el metrónomo de una manera más sencilla. Haru era un chico con déficit de atención y su madre lo había inscrito en la escuela con la esperanza de que mejorara su situación y vaya que lo había hecho. Al principio, no podía mantenerse enfocado en una actividad más de diez minutos, en especial cuando eran prácticas de ejecución del arco y cuerdas al aire, pero luego de un mes, cuando comenzamos a practicar algunas canciones conocidas, comenzó a interesarse cada vez más en el violín.

La clase terminó y lo acompañe hasta la recepción donde lo esperaba su madre, quien aprovecho la oportunidad para contarme de los avances que había tenido Haru en la escuela. La señora estaba feliz porque ahora, después de seis meses en la escuela, Haru cumplía con las indicaciones de su maestra y hasta hacía las tareas por el mismo. Me sentí muy orgulloso de él y se lo hice saber, revolviendo su cabello con mi mano. Ambos se despidieron de mí y me quede allí, pensando en lo mucho que me agradaba ser profesor y recibir noticias como esta… me agradaba sentirme útil.

—Veo que estas muy contento, Shaoran —dijo la voz de Kaho a mis espaldas, haciéndome brincar del susto.

—Pensé que no ibas a estar aquí hoy, Kaho.

—Dije que no podría darle clases a Sakura, no que no vendría a la escuela. —Buen punto—. ¿Qué tal les fue ayer?

Su pregunta no me tomó por sorpresa, pero aún no ideaba una buena respuesta para evitar que se hiciera ideas erróneas… así que solo me encogí de hombros y me dirigí a mi salón de clases. Muchas personas pensaban que era muy inocente y Kaho era una de ellas, pero en realidad me había vuelto mucho más intuitivo desde el accidente, solo que me guardaba todo para mí mismo… y en esta ocasión tenía la ligera sospecha de que todo ese asunto de la suplencia era una tonta excusa para forzarme a estar con Sakura… aunque debía agradecérselo… solo por esta vez.

—¿Qué opinión tienes de ella? —preguntó a mis espaldas.

«No me va a dejar tranquilo hasta que le dé una respuesta más convincente», pensé soltando aire desganado.

—Es muy aplicada —dije acomodando las carpetas—. Aún le falta imprimirle un poco de sentimiento a la música, pero seguramente lo lograra.

—¿Y cómo persona? —En momentos como estos, Kaho se parecía mucho a mis hermanas…

—Me parece que es una niña muy amable…

—¿Nada más?

—Pues… es muy agradable una vez que se le trata.

—No insistiré más… eres demasiado hermético, Shaoran —dijo en tonó derrotado y por dentro sonreí—. Por cierto, pronto será tu cumpleaños ¿Tienes algo planeado?

—No, pero mis primos suelen venir de visita en esas fechas… así que quizás la pase con ellos.

—Me parece bien, no me gustaría que estuvieras solo en tu cumpleaños —dijo—. Bueno, te dejaré tranquilo para que continúes con tus clases y recuerda que hoy debes ayudarme con Sakura nuevamente.

—Ya lo sé, Kaho. Lo tengo presente —dije resoplando y ella se fue riendo del salón.

Ya no estaba ansioso y mucho menos nervioso, como ayer. Por eso, me tomé el resto de mis clases con calma, disfrutando de cada una. Mis últimas estudiantes, un par de gemelas llamadas Hana y Myo, tuvieron que irse más temprano y decidí aprovechar el tiempo que quedaba hasta que llegara Sakura para poder repasar algunas ideas que tenía en mi cabeza.

Fui hasta el salón de Kaho y me senté en el banco del piano. Mi intención inicial era tocar algunas melodías que quería enséñales a mis estudiantes para la próxima presentación, pero sin darme cuenta comencé a tocar la melodía de la canción de Sakura.

Era una canción dulce y llena de sentimiento, quizás por eso no podía sacarla de mi mente. Ya no escuchaba las voces en el exterior del salón, solo éramos el piano y yo. No sabía la estaba tocando correctamente o la estaba adaptando a mi estilo, pero sonaba perfecta para mí. La armonía, las notas, los acordes, todo se mezclaba de tal manera que el sonido era sublime y me dejé llevar por él… hasta que escuché como la puerta se abría poco a poco a poco, aun así, no me detuve. Esperé a que la persona anunciara, pero no lo hizo y comencé a sentirme un poco nervioso, no me gustaba que las personas asumieran que no me daba cuenta de estar siendo vigilado.

Finalicé mi ejecución y dejé mis manos sobre el piano, dándole oportunidad al extraño para que se identificara, pero al pasar los segundos me di cuenta que esa persona no tenía la intención de hacerse notar. La incertidumbre comenzó a crecer en mí y nuevamente me sentí cohibido y hasta sentí como mis mejillas se calentaban un poco. No me gustaba sentirme así, no me agradaba sentirme inseguro de lo que me rodeaba, por eso, me levanté con rapidez del asiento, mirando en dirección a la puerta donde creí que estaba esa persona y la confronté

—No es bueno espiar a las personas.

Aquella persona retuvo el aire asustada, quizás preguntándose como supe que estaba allí sin mirarla.

—Yo… lo siento mucho. No era mi intención espiar. Es que no quería interrumpirlo —escuché la voz de Sakura y solté el aire un poco más relajado.

«Solo es ella»

—Ayer me dejaste impresionado con esa canción y no pude sacarla de mi cabeza. Por eso la estaba tocando.

—Su forma de tocar es impresionante —dijo y pude sentir su sincera admiración en su voz, al igual que lo hacía con los niños, por eso no pude evitar sonreírle.

—Gracias. Por cierto, llegaste tarde.

—¡Ah! Yo… lo siento mucho. Salí tarde de clases y bueno… De verdad…

Una cosa característica de ella era que siempre balbuceaba o tartamudeaba cuando estaba nerviosa y eso me resultaba condenadamente gracioso y hasta tierno, porque hoy en día las chicas como ella ya no solían avergonzarse o sentirse nerviosas por una simple conversación.

—Sabes, eres muy graciosa, pero debemos empezar con la clase —le dije y me coloqué a un lado del piano para darle espacio para que se sentara.

Volvimos a retomar la melodía que Kaho le había dejado y le iba explicando los diferentes matices de la melodía y los compases donde debía tener cuidado para no desafinar. Repetíamos los acordes complicados individualmente y luego los compases. Cuando creí que ya había tomado la idea general, le indiqué que comenzara a tocar la melodía de principio a fin sin detenerse mientras yo la escuchaba. Todo iba muy bien, Sakura tenía bastante soltura a la hora de tocar, pero aún se sentía su inseguridad y mecanicismo. Por eso, no me extraño que fallara de nuevo en el mismo compás.

—¿Por qué no me sale? —dijo frustrada.

Suspiré y le indiqué que me diera un poco de espacio para sentarme a su lado.

—Debes tener paciencia —le dije tocando el compás donde ella siempre se equivocaba—. Estas muy tensa y seguro no estas usando tus dedos de la forma correcta. Debes hacerlo así —dije colocando mis manos como debía hacerlo ella.

Le di espacio y ella comenzó a tocar de nuevo, pero al llegar al mismo tiempo volvió a fallar, diciendo que su dedo no llegaba hasta la tecla y por eso el acordé sonaba mal.

—No te desanimes —dije levantándome y me posicionen detrás de ella.

Coloqué mis manos sobre sus hombros y de allí descendí mi mano derecha con lentitud hasta llegar a su mano. En realidad, no era necesario que hubiera hecho ese recorrido, con tan solo colocar la mano sobre las teclas del piano y llevarla hasta su mano tenía, pero no pude resistirme a hacerlo de esta manera, Sakura Kinomoto se estaba haciendo magnética para mí y eso no me estaba agradando… pero, aun así, no me aparte de ella. Podía sentir su calor corporal a través de su espalda y su aroma me llenó por completo… tuve que sacudir un poco mi cabeza para enfocarme de nuevo en la clase.

—Debes colocar tu mano así —le dije tomando su mano y colocándola correctamente para que pudiera tocar el acorde como era.

De inmediato, solté su mano y volví a sentarme a su lado.

—Toca de nuevo, pero esta vez ten en cuenta la posición correcta —le dije, intentando sonreír para que no se diera cuenta de lo que ese pequeño acercamiento había causado en mí.me dijo sonriendo.

Su melodía inundo el salón de nuevo. Todo iba bien, nuevamente se escuchaba fluido y su mecanicismo había mermado un poco, ahora se escuchaba mucho mejor. En el compás siguiente venía el acorde que tanto le costaba y esperaba que pudiera superar ese pequeño bache. Llegó el momento y pudo tocarla sin problema, continuando su ejecución hasta el final.

La música cesó y se mantuvo callada, quizás procesando que al fin había logrado su meta de tocar la melodía completa. Sentía el ligero temblor de su cuerpo a mi lado y asumí que se debía a la emoción del momento.

—Lo logré —dijo casi en un susurro—. Por fin, lo logré.

—Y en solo dos días. Deberías estar orgullosa —dije, felicitándola.

A los pocos segundos, sentí cómo sus brazos me rodearon por mi cuello y me apretó contra su cuerpo como si su vida dependiera de ello. Me quedé estático, sin saber qué hacer ¿Debía apartarla? ¿Responderle? ¿Palmearle la espalda? ¡Diablos! No recordaba la última vez que una mujer me había abrazado así, me refería a una mujer ajena a mi familia… o bueno, si lo recordaba, pero prefería no hacerlo porque la experiencia no había sido agradable. A los pocos segundos o minutos, no estaba seguro, me soltó de repente, quizás cayendo en cuenta de lo que había hecho.

—Lo siento… es que yo… me emocione y… —Allí estaba la Sakura de siempre, la que tartamudeaba cuando estaba nerviosa y eso me hizo relajarme—. De verdad gracias por ayudarme —dijo en tono alegre y me sentí orgulloso de su logro también.

—No hay nada que agradecer —le dije sonriendo—. Aun te falta algo, pero sé que lograras entenderlo algún día, estoy seguro de ello.

No solo estaba seguro, estaba convencido de que ella lograría tocar el piano de forma maravillosa. Era una chica perseverante, entregada y en algún momento se daría cuenta que solo necesitaba imprimirle sentimiento a su música y dejarse llevar por ella para tocar preciosas melodías.

Sakura se despidió feliz y salió corriendo, seguramente Hitomi ya estaría esperándola. Comencé a guardar en mi maletín algunas cosas que tenía sobre la mesa cuando mi celular sonó. Extrañado, tanteé dentro hasta conseguirlo y lo llevé hasta mi oreja para que se contestara la llamada e inmediatamente escuché la voz mi madre.

Hola, hijo.

—Madre, me alegra escucharla —dije, tratando de sobrepasar la sorpresa por su llamada.

Tenía tiempo sin hablar contigo. Por eso me he tomado la tarea de llamarte yo —me reprendió.

No era que no me gustara hablar con ella, pero sus conversaciones siempre iban por el mismo camino.

—Lo lamento, madre. Intentaré llamarla más seguido.

Comenzó a preguntarme, o más bien, a interrogarme acerca de mi vida en Japón mientras yo respondía con frases cortas y puntuales. Ella nunca estuvo de acuerdo con mi decisión de apartarme de su lado, más en mi situación y por eso, aun no perdía las esperanzas de verme regresar a Hong Kong para ocupar mi puesto como el presidente de las compañías de mi familia, cosa que me recordaba cada vez que llamaba y por lo visto, esta vez no sería diferente.

Debes entender que es tu deber hacerte cargo de las empresas, hijo.

—Es algo que no está en mis planes, madre. No insista —le dije masajeando el puente de mi nariz.

Necesito que vengas próximamente a Hong Kong —dijo ignorando mi negativa—. Quiero presentarte a alguien especial.

«Esto no me gusta nada»

—¿De quién se trata?

¿Recuerdas a la hija del señor Tao? —dijo en tono risueño… y mi madre jamás había usado un tono así—. Estudiaron juntos en la preparatoria.

—Sí… la recuerdo.

El señor Tao y yo hemos estado conversando y nos gustaría que vinieras a Hong Kong para concertar una cita entre ustedes. Si las cosas se dan bien, podríamos organizar un compromiso que beneficiaría a ambas familias.

Y hasta allí llegó mi paciencia.

—¿Qué diablos?

¡Li Xiao Lang! Cuida tu lenguaje.

«Como si fuera a controlar lo que mi boca dice cuando usted me está buscando esposa» pensé molesto.

—No iré.

No es algo que está en discusión, hijo —dijo con seriedad—. El consejo de ancianos coincidió en que Tao Lin es la mujer indicada para ti y que después de la boda podrás tomar tu lugar como presidente de la compañía.

—¡Dije que no, madre! ¡No puede obligarme a eso! —grité.

Por cosas como esta no me agradaba llamarla. Mi madre siempre buscaba la forma de controlar mi vida. Sus intenciones no eran malas, eso ya lo sabía, pero yo vivía mi vida como mejor me pareciera, ya era un hombre independiente y ella debía aceptarlo.

Es tu deber como el único hijo varón de Hien. No puedes dejar que nuestra empresa se pierda.

Diablos, mi padre era un tema delicado para mí y no me gustaba que lo nombrara para suavizarme.

—Se cuál es mi deber, madre, pero eso era antes de tener ese accidente. Las cosas son diferentes ahora —le dije tratando de no alterarme.

Lo que sucedió no te quita tu derecho, hijo. Nada ha cambiado.

—¡Por supuesto que sí, madre! ¡Todo ha cambiado! —¿Por qué mi madre era tan terca? —. El clan será una burla si yo tomo el control de las cosas —dije resentido—. ¿Cree usted que estando ciego podre hacerme cargo de la compañía? Pues no, madre. Ninguno de los directivos me respetara ni hará lo que yo piense que es correcto. Nadie querrá que un ciego le dé órdenes.

Mierda, tenía años que no me sentía así. Sentía como mi respiración se aceleraba poco a poco y con cada palabra que decía mi madre, apretaba el celular con más fuerza. Frustración, resentimiento, culpa y hasta odio hacia mí mismo… me sentía inútil, completamente inservible.

Hijo, por favor, no digas esas cosas. Tu eres el heredero de Hien, nadie más puedes hacerlo —dijo con voz partida.

—Por supuesto que hay personas más aptas para ello. Eriol podría hacerlo —dije seguro.

Eriol no es un Li directamente.

Sí, tenía razón, pero eso no lo hacía menos competente para un cargo como ese. Él se había preparado para ello en igual medida que yo y ya estaba trabajando en la compañía, él sería una mejor opción por millones de razones.

—Si necesita que un Li tome el mando pues pídale a Fanren que lo haga.

Hijo…

—Mi respuesta es no, madre. No lo hare. No me casaré, ni tampoco tomare el lugar del jefe del clan Li. Busque a otro. Buenas tardes —dije y colgué la llamada sin esperar respuesta de ella.

Siempre era lo mismo. Cada vez que hablaba con mi madre, terminábamos discutiendo y lo peor es que la entendía… entendía porque insistía tanto, pero era ella quien no entendía mis razones para negarme, o más bien, no las aceptaba. Mi madre creía en mí y en mi capacidad para superarme… eso estaba más que claro, pero no por ello los demás iban a aceptarme. Bajo estas circunstancias, me convertiría en el jefe solo porque Li Ieran les daría la orden de subordinarse a mí, no porque realmente me respetaran.

—¡Maldición! —grité frustrado y golpeé con fuerza la pared.

Un pequeño grito ahogado me advirtió que no estaba solo y de inmediato me puse alerta.

—¿Quién está allí? —pregunté tratando de ubicar al invasor.

—Lo siento mucho… —Mierda… ¿Por qué tenía que ser ella? —. Yo olvidé mi cuaderno… No quería interrumpir, ni espiar… De verdad, lo siento.

De entre todas las personas que podían verme en este estado tan deplorable, justamente tenía que ser Sakura Kinomoto. Por su tono de voz se notaba que estaba asustada y eso me hizo sentir peor. Apreté mis puños con fuerza y de inmediato sentí como un hilo caliente corrió por los nudillos de mi mano izquierda, seguramente me los había roto con el golpe.

Sentí sus manos tomar mi mano herida y como un acto reflejo, la alejé con violencia.

—¡No necesito de tu ayuda, ni la de nadie! —espeté furioso, pero no era por ella. Estaba molesto conmigo mismo por dejar que la situación me dominase y me afectara de esta manera.

—¡Me importa en lo mas mínimo si estas molesto Shaoran! —gritó, sorprendiéndome—. ¡Tu mano esta lastimada y la curare! ¡Fin del asunto! Siento gritarte, pero si no quieres que te cure, entonces te llevare al hospital. Tú decides.

Si no estuviera tan sorprendido, me hubiera echado a reír. A parte de llamarme por mi nombre, una chica de dieciocho años, mucho más baja que yo, me estaba regañando como si fuera un mocoso de prescolar ¡Era inaudito! Era como si una pequeña cachorrita estuviera regañando a un lobo.

Sin pedir permiso, tomó nuevamente mi mano y me jalo hasta el banco del piano. Parecía estar examinando mi herida porque movía mi mano de un lado al otro, murmurando una que otra cosa acerca de los hombres resolviendo todo a golpes.

—…Luego uno se preocupa por las tonterías que hacen…

—Siento haberte preocupado —le dije apenado y ella detuvo su acción.

Sentí el ligero temblor de sus manos y el incremento de su agarre alrededor de mi mano lastimada. Al parecer, su balbuceo no había sido del todo intencional.

—Pues… ¿Qué rayos estabas pensando? —dijo simulando estar molesta—. Eres un músico… tus manos son importantes. deberías pensar en eso antes de reaccionar impulsivamente, Shaoran.

—Ya van dos veces que me llamas por mi nombre hoy —dije riendo.

En realidad, debía agradecerle. El enojo se había evaporado por completo y me encontraba de nuevo relajado, todo gracias a ella.

—Lo… lo siento mucho. No me di cuenta…

Era increíble cómo podía relajarme tanto estando a su lado. Sakura era como una brisa refrescante que se llevaba todas mis ansiedades. A su lado, me sentía tranquilo, cosa que solo me pasaba con Eriol y Meilin, y por eso podía reír despreocupadamente.

—No es lindo burlarse de una mujer —dijo y hasta pude imaginarla haciendo un mohín tierno en su cara.

—Sí… tienes razón y lo siento—dije, cuando por fin calmé mi risa—. Pero cuando estas nerviosa siempre comienzas a tartamudear y se me hace gracioso.

—Lo siento —dijo resoplando y tuve que abstenerme de tantear su cabeza para revolver su cabello. Sakura era como una niña tierna a la que provocaba molestar y, a su vez, proteger.

—Hoy debo agradecerte por mejorar mi humor, así que te invito un helado.

—¿En serio? —preguntó emocionada.

—Por supuesto —dije levantándome—. Vamos por Kerberos.

Fui hasta la mesa para buscar mi maletín y después fuimos a buscar a mi perro. Caminábamos en silencio por el parque, pero no era uno incomodo, más bien, era como si estuviéramos en completa sintonía con lo que nos rodeaba, y eso me agradaba. En verdad me sentía en calma y por primera vez, podía ser yo mismo con alguien que no fuera Meilin o Eriol.

Llegamos a la heladería y realicé nuestro pedido a la amable señora que la atendía.

—Bien, señorita no se burlen de mí ¿De qué sabor quiere su helado?

—De fresa, señor aléjate de mi o te muerdo —respondió imitándome.

—Golpe bajo —le dije haciéndome el ofendido.

Muchas personas pensaban que era una persona seria… hasta podría decirse que me consideraban frío, pero mi verdadera personalidad era esta. Me gustaba disfrutar de mis ratos libres, bromear con mis amigos, divertirme… pero después del accidente, esa parte de mí había mermado mucho y solo salía a la luz cuando estaba en confianza con alguna persona, lo que significaba que… Sakura se había vuelto una persona de confianza para mí sin habérmelo propuesto o previsto.

La señora nos tendió nuestros helados usando un tono risueño y hasta pícaro, seguramente pensando que entre Sakura y yo había algo más que una simple amistad, y su comentario después de agradecerle por los helados confirmo mi hipótesis.

.

—Te ves contenta. Al parecer tu novio te consiente mucho —dijo riendo—. No te sonrojes pequeña, ustedes hacen una linda pareja.

Saber que se había sonrojado me hizo sentir un poco cálido… Bien, lo admitía, sentí las malditas cosquillas en mi estómago, pero no estaba dispuesto a dejarlo ver y por eso le seguí el juego.

—Muchas personas nos dicen eso.

—¡Shaoran!

El escuchar mi nombre de sus labios hacía que las malditas cosquillas de mi estómago se incrementaran aún más. Mis señales de alerta se encendieron y mi sentido común me dijo que lo mejor sería cortar la relación de inmediato… pero no quería hacerlo. Ella me hacía sentir bien, me sentía aceptado y, sobre todo, me sentía completamente relajado y en confianza y no quería perder eso.

—Ya van tres veces, Sakura.

—Yo… lo siento. No lo hago a propósito, profesor —dijo apenada.

Caminamos hasta el área del lago y nos sentamos en un banco. Aunque no pudiera verla, podía imaginarla con sus mejillas rosadas y sus ojos verdes brillantes. Sakura era bastante transparente, su voz no mentía, y quizás fuera eso precisamente lo que me mantenía a su lado.

—Puedes hacerlo —le dije.

—¿A qué se refiere, profesor Li?

—Puedes llamarme por mi nombre, si gustas —le dije sonriéndole.

—¿Estás seguro de eso? —preguntó sorprendida—. Aunque yo preferiría "señor no te me acerques o te muerdo"

Eso era lo que me agradaba de ella. Era fresca, sincera y mi verdadero yo afloraba sin proponérmelo. Quizás, por eso reía tanto estando con ella. Le di parte de mi helado a Kerberos y le respondí.

—Preferiría mi nombre, pero si gustas llamarme así, está bien, señorita no se burlen de mí.

—Bien, usare Shaoran. Me gusta más…

«Te tengo»

—Así que te gusta mi nombre —pregunté divertido.

Y allí estaban. Sus nervios la hicieron balbucear y tartamudear sin control. Sakura Kinomoto era una chica única.

—Insisto, eres muy graciosa, pero creo que eso… es lo que te hace agradable —le dije con sinceridad y entrando en confianza le pedí lo que hace tiempo quería hacer desde que nos sentamos en estos bancos—. ¿Te puedo pedir un favor? ¿Podrías… podrías describirme el atardecer?

Esto era lo que más extrañaba, poder apreciar los maravillosos colores de un atardecer. Antes del accidente, cuando necesitaba relajarme, subía al techo de nuestra casa para observarlo. La preciosa mezcla de colores, el lento movimiento del sol ocultándose detrás de los edificios y cómo las estrellas comenzaban a brillar en el cielo… ¡Dioses! Eso era un hermoso espectáculo que siempre había calmado mi ansiedad de inmediato.

—Estamos frente al lago —comenzó a narrar—. Los diferentes matices naranjas del cielo se reflejan allí y a lo lejos, puede verse una franja oscura de color purpura, anunciando que la noche está cerca. Algunos rosados pueden verse también, es muy hermoso.

Sí, debía serlo. Podía verlo a la perfección en mi imaginación.

—Gracias —dije en un susurro y luego me levanté—. Es mejor que regreses a casa, tu familia puede preocuparse.

—Pero… ¿Podrás llegar a tu casa desde aquí?

—Estamos en el lado sur del parque —dije a la defensiva—. Estoy cerca de mi departamento. Soy ciego, pero no inútil. Se los distintos caminos que me llevan a casa.

—No lo decía… por ofender…

¡Rayos! No era mi intención sonar así y mucho menos con ella. Solté un suspiro frustrado. Era algo automático, como un sistema de defensa que había creado para que las personas no me hicieran sentir mal.

—Lo siento, es la costumbre —dije—. Cada vez que alguien me pregunta si necesito ayuda le respondo de esa forma. Siento que lo hacen solo por lastima.

—Yo no siento lastima por ti… Solo estaba preocupada.

Eso me hizo sentir peor, porque podía sentir la sinceridad en su voz. Llevé mi mano hacia ella y logré ponerla sobre su cabeza para palmearla con cariño, como solía hacerlo con mis estudiantes.

—Ya te he preocupado mucho hoy —dije sonriéndole—. Ve a casa, yo estaré bien.

—Pero…

—Estaré bien, Sakura —le interrumpí—. Vamos a hacer algo, dame tu numero de celular y te avisare cuando llegue a casa ¿Te parece?

Ella, no muy convencida, aceptó. Le pasé mi celular y le dije que guardara su número con su nombre.

—No tengo ninguna persona registrada como "Sakura", así será más fácil llamarte —dije.

—Está bien.

—Tranquila. Ya te prometí que te llamaría y un Li cumple sus promesas.

—De acuerdo, pero si se te olvida llamarme, mañana tendrás que invitarme otro helado.

¿Por qué siempre quería resolver todo con helados? Aunque, no se me hacía mala la idea de volver a salir con ella.

—Entonces creo que se me olvidara llamarte —pensé en voz alta y menos mal ella se lo tomó a broma, diciendo que solo quería hacerla sonrojar.

—Me descubriste —dije disimulando un poco—. Bueno, hasta mañana.

—Hasta mañana… Shaoran.

Levanté mi mano con cuatro dedos extendidos. Era la cuarta vez que escuchaba mi nombre de su boca y me agradaba.

El camino a casa fue bastante agradable. Ese agradable sentimiento que te quedaba después de salir con amigos y pasar una tarde agradable… Tenía años que no me sentía así, quizás desde la secundaría. Era algo que había olvidado y que gracias a Sakura había podido recordar.

Llegué a casa y solté el asa de Kerberos. Coloqué mi maletín sobre la mesa y saqué mi celular para cumplir mi promesa.

—Llamar a Sakura —dije y la voz mecánica del celular me indicó que estaba en proceso de realizar la llamada, a los pocos segundos, escuché su voz un poco azorada al contestar.

—Vaya, parece que llamo en un mal momento.

¿Shaoran?

—Estoy cumpliendo mi promesa de llamarte —dije con seriedad, lo último que quería, era interrumpir algo—. Ya estoy sano y salvo en mi casa.

No, no, espera —dijo atolondrada—. No interrumpes nada. Estaba hablando con la novia de mi hermano. Me alegra que llegaras bien a casa.

¿La cuñada? Por su tono de voz, quizás la estaba molestando.

—¡Ah! Entonces ella te estaba haciendo sonrojar cuando llamé —dije riendo y escuché un suave "¿Cómo lo adivino?" —. Eres muy transparente Sakura, puedo saber qué piensas con facilidad.

Yo… yo no soy predecible —dijo aparentando estar enfadada.

—No dije predecible, dije transparente —aclaré—. Son conceptos muy diferentes. Me refiero a que no tienes malicia y es por eso… que me agrada estar contigo.

Sentí mi rostro arder y rememoré mis años de adolescente. No le estaba diciendo que me gustaba ¡Dioses! No tenía porque sentirme así.

A mi… a mi también me agrada pasar tiempo contigo, Shaoran.

Escucharla decir eso, hizo que mis mejillas se incendiaran mucho más y mi sexto sentido se encendió de nuevo. Esta vez, sí le hice caso.

—Bueno, ya cumplí mi promesa. Hasta mañana, Sakura. Cuídate.

Tú también… cuídate. —Y colgué.

¿Qué rayos había sido todo eso? Fue como una llamada entre… no. Deseché la idea de mi cabeza. No arriesgaría la amistad que comenzaba a surgir entre nosotros por una estupidez como esa. Mi mente estaba sugestionada, nada más. Solo estaba imaginando cosas porque era la primera vez, en mucho, mucho tiempo que interactuaba tanto con una persona ajena a mi familia. Era eso. Punto y final.

Fui hasta mi computadora y activé la aplicación para grabar mis composiciones. Necesitaba distraer mi mente y el piano me ayudaría. Comencé a tocar la dulce melodía que venía rondando mi cabeza. La música me invadió y me deje llevar por ella, deje que se llevara mis inseguridades, mis miedos y, sobre todo, mis complejos. Hoy, había sido un día lleno de sensaciones y sentimientos y los deje fluir en el piano. A medida que avanzaba, no pude evitar comparar la frescura que sentía ahora con la que sentí al momento de estar con Sakura. Había dicho que ella era como una suave brisa que se llevaba todas mis incertidumbres, al igual que la música… y cuando por fin llegué hasta el final de mi composición, me di cuenta que ella se había vuelto mi musa. Esta melodía que había creado, era por y para ella… ¿Y ahora qué?

Bien chicos, quinto capítulo listo. Y de verdad que me costó un montón escribirlo porque me ha quedado larguísimo. Pensé en picarlo, pero no conseguí donde hacerlo XD Así que ni modo.

Otra vez, tuve que cambiar varias cosas en los diálogos para darle sentido y mejorarlos… pero la esencia sigue siendo la misma, no vale comparar las versiones. De por sí estoy pensando en editar la primera versión para mejorarla y creo que será esta la primera historia que subiré a Wattpad, aun no estoy segura de hacerlo, pero puede que les llegué la sorpresa por allí xD

Gracias por todo su apoyo chicos y por leer este nuevo capítulo y espero que fuera de su agrado… No olviden dejar reviews ^^