Bien, aquí les traigo el capítulo número siete editado. Como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Comencemos…
Seré la luz que te guíe.
Capítulo 7 – Un día a tu lado.
—Meiling ¿Qué esta sucediendo? —pregunté, sintiendo cómo los latidos de mi corazón se disparaban.
—Ahm… No estoy segura. La que gritó fue una chica de cabello negro. Y se fue persiguiendo a otra castaña.
—¿Hitomi? Estás cerca ¿Verdad? —alcé la voz a la nada—. Por favor responde.
Silencio. Estaba seguro que esa condenada niña estaba allí y no me respondía.
—¿Estás preguntando por una niña de cabello negro? ¿Cómo de diez? —preguntó Meilin y yo asentí—. Pues te esta ignorando deliberadamente.
—Llévame con ella.
Meilin me tomó del brazo y juntos caminamos hasta donde la niña estaba.
—Eres Hitomi ¿Verdad? —preguntó Meilin, pero ella seguía sin responder.
—Mentiroso… —escuché su murmullo.
«¿Y ahora que le pasa?» me pregunté confundido.
—Hitomi —dije agachándome, para estar a su altura, con la ayuda de Meilin—. ¿Podrías decirme qué le pasó a Sakura?
Otro silencio, pero ¿Qué diablos les pasaba hoy a todos?
—¿Quién es Sakura? —preguntó Mei, pero ya luego le explicaría.
—Hitomi ¿Qué le ocurrió a Sakura? —volví a preguntar, comenzando a perder la paciencia.
—¡Nada! No le ocurrió nada que sea de su incumbencia —¿Pero qué diablos…?—. No tiene que preocuparse por ella cuando… tiene cosas mejores con las cuales distraerse.
Ahora si estaba completamente desconcertado ¿De que rayos estaba hablando?
—No entiendo a qué viene todo esto —dije negando con mi cabeza.
—¡Me refiero a que usted es un mentiroso! —gritó—. Y ya no quiero que me de clases… por muy divertido que sea. Iré a hablar con Rika para que me cambien de profesor.
—¡Alto ahí, enana! —le dije—. ¿Por qué estas diciendo que soy un mentiroso?
—Deberías respeta a tus mayores, pequeña —le regañó mi prima.
—Usted dijo que no tenía novia ¡Y nosotras le creímos! Pero luego, en el día más importante, se le ocurre restregarnos en la cara su mentira.
¿De eso venía toda su molestia? No sabía si sentirme aliviado o preocupado… porque no todos los días una niña de diez años se sentía celosa de que su profesor le presenta a su "novia"…
«¿En que diablos me he metido?»
Meiling comenzó a reír como si le hubieran contado el chiste del año y no era para menos. Hace años que no nos confundían como pareja y todo se debía a su condenada efusividad para conmigo… pero también era así con Eriol y ya nos habíamos acostumbrado a eso… era así desde niña y nunca cambiaría.
—Hitomi… ella no es…
—¿Dónde esta el cumpleañero más sexy de Japón? —Maldito payaso... no estaba para sus bromas ahora—. ¡Feliz cumpleaños, mi querido primo!
Sentí como alguien se me guindaba de los hombros y luego otros brazos más finos me envolvieron también. Mierda, esta sensación de estar atrapado me regresaba en el tiempo. Siempre era lo mismo… ¡Ellos se confabulaban en mi contra!
—Los tres estamos juntos de nuevo —dijo Mei besando mi mejilla—. ¿Verdad, primito? —Al recalcar la palabra "primito" (Y vaya que odiaba cuando me decía así) sabía porque lo estaba haciendo.
—¿Pri… primos? —preguntó Hitomi con voz entrecortada.
Lo que daría por ver su rostro avergonzado. Era la perfecta venganza por todas las penas que me había hecho pasar.
—Ella —dije colocando mi mano sobre la cabeza de Mei—, es mi prima Li Meilin y el sujeto con cara de idiota es mi primo, Eriol Hiragizawa.
—Maldición… —murmuró, pero por los "¡Wow!" que dijeron mis primos, los tres habíamos podido escucharla perfectamente—. ¡No sabe como lo siento, profesor Li!
—No es la primera vez que nos pasa —dijo Mei, restándole importancia.
—¿Ahora si me dirás que le pasó a Sakura?
—¡Oh rayos! ¡Sakura! Por favor, no se vaya a ir —dijo y escuché sus pasos alejándose de nosotros—. ¡Ya regresamos!
—Es una niña muy enérgica —comentó Eriol—. Salió corriendo como si su vida dependiera de ello.
Un problema menos. Ahora solo me quedaba resolver la incógnita que quedaba y era saber qué rayos le había pasado a Sakura para que saliera corriendo de esa manera. Estaba inquieto… mierda, no podía engañarme a mi mismo, tenía una maldita revolución de pensamientos y ninguno era agradable. Necesitaba saber, o más bien, entender lo que estaba pasando… y no pensaba irme de aquí hasta que esas chicas volvieran y me explicaran todo… en especial Sakura.
Había pedido la tarde libre para celebrar mi cumpleaños con Mei y Eriol como siempre lo hacíamos, pero… en un impulso, les pedí encontrarnos en la escuela, usando como excusa una reunión con Kaho. Gruñí molesto y comencé a caminar de un lado al otro.
—¿Estás bien? —escuché a Mei y no contesté.
¡Maldita sea! ¡No! ¡No estaba bien! Solo había venido hoy para coincidir con ella. Y sí, admitía que solo quería recibir un feliz cumpleaños de su parte y podían decirme loco, pero no quería obsequios, solo un… ¡Feliz cumpleaños Shaoran! ¿Que si era extraño? Probablemente, pero no podía seguir ignorando que algo me pasaba con ella. Esa chica tenía mi mundo hecho un completo caos.
—Lo siento, profesor Li —escuché la agitada voz de Hitomi nuevamente tras largos minutos de espera, y mi estómago dio un vuelco—. A Sakura se le había olvidado algo muy importante y salió corriendo a buscarlo.
¿Debía creerle? Porque eso sonaba más a una excusa que a una verdad… Aunque conociendo a Sakura, era probable.
—¿Estás bien? —pregunté, sabiendo que ella captaría que mi pregunta iba dirigida a ella.
Silencio. De verdad, estaba comenzando a odiar que las personas no me contestaran.
—Sí… Lo siento mucho —respondió después de un rato.
La ubiqué con facilidad al oírla, pero también me di cuenta que NO estaba bien. Su voz ronca y llorosa la había delatado y eso hizo que mi preocupación por ella se incrementara.
—¿Estás segura? Porque eso no sonó del todo bien —dije acercándome a ella.
Esta vez, me respondió con un muy bajo "Sí", intentando disimular la ligera afonía de su voz. Suspiré incomodo porque ella no quería decirme la verdad. Estaba ciego, pero mis oídos funcionaban perfectamente y esa voz me decía que Sakura había estado llorando.
—De acuerdo —acepté. Si ella no confiaba en mi lo suficiente como para decírmelo… lo dejaría así—. En realidad, creí que… algo malo te había pasado y me preocupé bastante.
«Por lo menos yo si puedo ser sincero» pensé un poco molesto.
—Sakura… te falta algo —escuché la voz de Daidoji a un lado.
—¿Eh? ¡Oh! ¡Cierto! ¡Feliz cumpleaños, Shaoran! —Alzó su voz azorada—. Ahm… Lo siento, profesor Li.
¿Desde cuando había vuelto a ser el profesor Li? Bueno, eso no era relevante ahora. Lo único que me importaba era que se había cumplido mi deseo. Por fin había podido escuchar ese "Feliz cumpleaños, Shaoran" y eso me hizo sentir feliz.
—Muchas gracias, Sakura.
Eso había sido mejor que cualquier obsequió.
—Sakura… AUN falta algo —escuché la voz de Hitomi.
«¿Hay algo más?»
—¡Es cierto! Lo había olvidado —dijo—. Espero que te guste… que le guste, profesor Li.
En definitiva, algo pasaba, porque se había corregido por segunda vez y eso atacó mi curiosidad.
Ella tomó mis manos con delicadeza y puso una bolsa de papel en ellas. Sus manos eran suaves y calidas, justo como las recordaba. Comencé a abrir la bolsa y metí mi mano en ella. Sentí algo suave, como una tela… No, era algo tejido.
—Son guantes y una bufanda, Shaoran —dijo Mei—. Esta muy lindo todo.
Pasé mis manos por encima de la bufanda y pude sentir los hilos perfectamente tejidos. Hice lo mismo con los guantes.
—Y son verdes. Tu color favorito, primo —dijo Eriol.
Ella… había recordado mi color favorito. Entonces, aquello que debía hacer… no era una tarea.
— ¿Los hiciste tú… verdad? —pregunté, sintiendo un calor agradable en mi pecho.
—Yo… este… sí. No quedaron muy bonitos, pero… —
—No seas modesta —le interrumpió Mei—. Todo quedo precioso, eres muy buena tejiendo.
Podía imaginar su rostro completamente sonrojado porque, si algo había aprendido de ella, era que a Sakura no le gustaba ser el centro de atención y seguramente… se veía hermosa. No podía creer que recordara que odiaba el frío, había sido algo tan… casual que yo se los dijera y ella lo había captado como algo realmente importante. La emoción que sentía en mi pecho era grande, y más cuando se había tomado la molestia de hacerlos usando hilos de mi color favorito, a pesar de que yo no pudiera apreciarlo.
—¡Ah! ¡Te ves preciosa! —gritó Daidoji—. Estás divinamente sonrojada y eso tengo que grabarlo.
Daidoji quizás había leído mis pensamientos, porque eso era lo que quería que me confirmaran, para poder imaginármela sabiendo que era real.
—Shaoran, aun no has dado las gracias — ¡Maldito cuatro ojos! ¿Tenía que sacarlo a relucir usando ese tonito? Bufé incomodo y rasqué mi nuca, cosa que solo hacía cuando estaba nervioso.
—Yo… muchas gracias por el obsequio, Sakura. Me gustó mucho —dije sonriéndole con sinceridad, pero luego me cohibí al recordar que estábamos rodeados de personas a las cuales les gustaba hacernos la vida imposible.
«Y eso que no puedo ver sus malditas expresiones burlonas, porque estoy seguro que las tienen».
— ¡Fue un placer! —dijo con efusividad.
Se notaba que estaba feliz y eso me hizo sentir bien, porque todo rastro de tristeza se había esfumado.
—Bueno, primo. Es hora de celebrar tu cumpleaños —dijo Eriol—. Aunque… se me acaba de ocurrir una idea muy buena. Te llamas Sakura ¿Verdad?
«¡Eso si que no, amigo! Con ella no te metes»
—Kinomoto para ti, Eriol —dije cruzándome de brazos. Podía meterse conmigo todo lo que quisiera, pero con ella si que no.
—Calma, lobo. No pienso hacerle nada —Imbécil ¿Por qué rayos siempre sacaba a relucir el significado de mi nombre? —. ¿Qué tal si nos acompañan?
—Pero… las clases…
—Vamos con ellos, Sakura. Será lindo —dijo Daidoji—. Además, somos amigas del profesor Li. Lo más lógico sería compartir con él en su cumpleaños.
Pues… debía admitir que Eriol había tenido una excelente idea.
—¡Di que sí, Sakura! —rogó Hitomi.
Todos esperábamos su respuesta y ya estaba comenzando a pensar que ella en realidad no quería venir.
«Quizás tiene algo mejor que hacer…»
—Vayan.
La voz de Kaho se escuchó a nuestras espaldas y automáticamente me giré en dirección a ella.
—Pero profesora Mitsuki… las clases…
—Luego recuperaremos la clase, Sakura. Es una fecha especial y la señorita Daidoji tiene razón. Vayan a divertirse.
Ella no solía inmiscuirse en cosas como esta, por eso me extrañó su intervención. No podía verla, pero estaba seguro que Kaho estaba sonriendo… y no sería una sonrisa ordinaria.
—Mi auto esta estacionado cerca —dijo Eriol—. Por cierto, mi nombre es Eriol Hiragizawa.
—Si está haciendo alguna de sus cursilerías inglesas con Sakura, apártalo de ella, Mei —dije frunciendo el ceño.
Debía mantenerlo alejado de ella. Eriol era demasiado peligroso para una chica tan inocente como Sakura.
—Sí, sí… ya lo ato —dijo mi prima con tono fastidiado—. Mi nombre es Li Meilin, por cierto.
—Sakura Kinomoto… un placer.
—Me tratan como si fuera un maldito don Juan —dijo haciéndose el ofendido—. Solo estoy siendo amable.
—Pero a veces te pasas de amable —dijimos al mismo tiempo Mei y yo.
—Ya, ya… no puedo evitarlo. Soy inglés y los ingleses somos así por naturaleza —Si, claro. Yo conocía varios ingleses y ninguno era tan confianzudo como él—. ¿Nos vamos? Por cierto ¿Puedo decirle que sus ojos son muy hermosos? —¿Y eso con quien demonios era? —. No son azules, son como las amatistas.
¿Ahora su victima era Daidoji? ¿En serio?
—¿Podría decirme su nombre? —escuché preguntarle.
—To… Tomoyo Daidoji.
¿Había escuchado mal o… Tomoyo Daidoji había tartamudeado? Eso era nuevo.
—Hermoso nombre.
—Eriol es de padres japoneses, pero nació en Inglaterra —escuché decir a Mei—. Por eso es tan galante.
—Creo que en exceso —acotó Hitomi.
«Eso no puedo discutírtelo…»
Ya estaba acostumbrado a la manera de ser de Eriol. Era como el mismísimo gato Cheshire con un toque de galán que no se lo quitaban ni que le pagaran.
—Bueno, no sigamos perdiendo el tiempo. Tenemos una celebración pendiente.
Escuché pasos alejándose de mí, pero la presencia de Sakura a mi lado no se movía.
—Muchas gracias por haber aceptado la invitación de mis primos —dije sincero.
Sentía mis mejillas calientes, no podía negarlo y eso me desconcertó un poco.
—La que debe agradecer soy yo —dijo.
—¿Por qué me tratabas de usted hace rato? —aproveché de preguntarle, porque era algo que estaba rondándome la cabeza desde hace rato.
—Es que tus primos me miraron raro cuando te llamé por tu nombre —dijo—. Me dio… pena.
Ahora entendía. Me reí suavemente para que no me malinterpretara y pensara que me estaba burlando de ella. Debía aclararle la actitud de mis primos.
—No todo el mundo me llama por mi nombre, Sakura. Solo los más cercanos a mí lo hacen.
—Pero… eso no tiene sentido —dijo—. Yo no soy tan cercana a ti. Solo soy… una alumna más del instituto.
¿En serio? ¿Realmente todavía pensaba eso? Sakura Kinomoto era demasiado despistada si seguía creyendo eso, después de todo lo que había pasado.
—Debo contradecirte en eso —dije tranquilo—. Porque tú sí eres… alguien importante para mí. Por eso deje que me llamaras por mi nombre.
Me acerqué un poco hasta que sentí chocar su hombro con el mío y con algo de dificultad, llevé mi mano hasta su cabeza. Ella se había vuelto no solo mi amiga, era mi musa y eso se lo demostraría algún día cuando tocara para ella la melodía que había compuesto por y para ella.
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—Ahm… bueno… es muy importante para mi saber eso —dijo.
Reí de nuevo porque me había dado cuenta que ese efecto de nerviosismo solo aparecía conmigo. Eriol había sido muy galante con ella… demasiado para mi gusto, pero su voz en ningún momento vaciló como lo hacía cuando hablaba conmigo. Era tonto, pero eso me hizo sentir importante para ella y no importaba de que forma fuera.
—Me gustaría poder seguir hablando a solas, pero si seguimos aquí estoy seguro que nuestros primos nos destrozaran cuando lleguemos —le dije sonriendo.
Caminamos uno al lado del otro y era la primera vez que usaba mi bastón en su presencia. Al saber que iba a salir con mis primos, había dejado a Kerberos en casa… ahora me arrepentía de eso. No me sentía del todo bien al mostrarle esa pequeña debilidad a ella.
Como todo un caballero, dejé que ella se montara primero, por lo que había quedado sentada en el medio. Durante el trayecto, decidimos ir a la pista de patinaje sobre hielo para poder estrenar la bufanda y los guantes que Sakura me había dado. De verdad que Eriol a veces me sorprendía.
Al llegar, Hitomi se ofreció a ser mi pareja de patinaje y acepté gustoso. En ese momento aprovecho para darme obsequio también, un pañuelo que tenía mis iniciales bordadas.
—Es de color azul —dijo—. Hubiera querido bordarlo yo misma, pero soy muy mala para eso y mi hermana me ayudo.
—Te lo agradezco mucho, Hitomi —le dije revolviendo su cabello.
—Bien, es hora de ir a patinar —dijo jalándome—. En realidad, quería que patinara con Sakura, pero ella nunca ha querido aprender.
—Entonces podemos burlarnos de ella cuando le pasemos por un lado —dije riendo y ella se me unió.
Nunca me había gustado el frío. La sensación gélida contra la piel y el temblor del cuerpo en respuesta eran desagradables y molestos, pero el día de hoy era diferente. Al llevar puestos la bufanda y los guantes que Sakura había hecho para mí, me hacían sentir más calido que nunca, en especial porque ella misma me los había colocado. Eso era algo que no olvidaría nunca.
Luego de que ella y Meilin se cayeran millones de veces y que Hitomi me narrara los hechos como toda una profesional, decidimos ir a mi departamento para terminar la celebración con un pastel, cortesía de mis primos.
Meilin y Sakura habían congeniado perfectamente y eso me tenía impresionado, porque no cualquiera se ganaba la simpatía de Li Meilin y más si era una mujer que estaba cerca de mí… por eso muchas veces las personas malinterpretaban nuestra relación y más si ella le lanzaba más leña al fuego diciendo que estábamos prometidos.
No lo iba a negar, hubo un tiempo en que, si lo estuvimos, pero era una tontería, Meilin y yo parecíamos más hermanos que novios y eso fue lo que llevó a nuestros padres a romper el compromiso que habíamos tenido desde nuestro nacimiento.
Por otro lado, Eriol y Tomoyo habían congeniado también y no sabía si alegrarme o preocuparme, porque ambos eran muy parecidos y eso podía significar problemas para Sakura y para mí… y si le sumábamos a Hitomi… era una autentica fórmula para el desastre.
Al final, con un pequeño pastel de chocolate me cantaron cumpleaños. Estaba feliz por haber podido compartir y celebrar con ellos un año más de vida.
El tiempo en el que me había martirizado a mi mismo por lo ocurrido me parecía lejano. Los momentos en los cuales me culpaba por haber sobrevivido, en los que llegué a desear estar muerto se sentían irreales, como si nunca hubieran pasado… pero la verdad era que sí habían existido.
Escuché la risa de Sakura a mi lado y eso barrió con todos esos recuerdos dolorosos. Habían pasado seis largos años desde aquel fatídico accidente y era extraño sentir que… apenas estaba comenzando a vivir. Todo gracias a ella.
Y… ¿Qué tal? Otras cosillas que cambiaron y de nuevo pude evitarlo… a pesar de mantener la esencia, es como si estuviera escribiendo una historia completamente nueva xD Y obvio que aplicara a la edición de la versión de Sakura.
Espero sus comentarios. Nos leemos en el siguiente capi ^^
