¡Hola chicos! Aquí les traigo el capítulo número once de esta versión… Como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Otra cosita, la canción que me inspiró esta vez (cuando lean que Shaoran está tocando el piano) se llama Shibai del soundtrack de Hellgirl, pero pueden usar cualquier canción de piano que les guste y que refleje tristeza. Aclarado esto, comencemos…

Seré la luz que te guíe.

Capítulo 11 – Demostración de Amor

Un infierno. Eso era lo que esta semana había sido para mí, un auténtico infierno. El haber alejado a Sakura de mí había sido lo más difícil y desgarrador que había hecho, y luego de pensarlo tanto… me había arrepentido.

En primer lugar, le había dado el gusto al maldito del exnovio al alejarla de mí y, en segundo lugar, me había equivocado al dejar que mis dudas e inseguridades me dominaran.

Había pensado disculparme apenas volviera a la escuela, pero al pasar los días, me di cuenta que la había herido demasiado y no merecía su perdón. Me sentía avergonzado, apenado y destrozado porque la había perdido antes de tenerla.

No había hablado con nadie acerca de esto porque no valía la pena. Todos seguían pensando que yo quería mantenerla lejos por mi autocompasión, pero en realidad quería mantenerla lejos porque no merecía estar a su lado y punto.

Los primeros eran Eriol y Meilin. Había tenido que botarlos, literalmente, de mi casa para que regresaran a Hong Kong. Me había sentido como una completa basura al hacerlo, pero no me dejaron opción. Este calvario debía atravesarlo solo. Sin abrazos de consuelo, sin palabras de ánimo, completamente solo.

Los segundos eran Hitomi y Kai que no dejaban de preguntarme qué había pasado para mandar todo al demonio y, evidentemente, Hitomi me fusilaba con palabras y miradas hostiles que sentía perfectamente sobre mí. Ciertamente, desviaba su atención a las clases y gracias a Dios lo dejaban allí, pero el tema salía a relucir al día siguiente. Así había sido toda la maldita semana y debía prepararme mentalmente para poder enfrentar a ese par hoy y salir ileso.

Estaba por salir de casa cuando mi celular sonó. Resoplando, contesté la llamada y la voz de Eriol se escuchó con potencia.

¿Aun estas emo?

—¿Aun eres un idiota?

Eso me dice que sí.

—¿Para qué diablos estas llamando?

Obviamente me estoy asegurando que sigues respirando.

Era una completa mierda que mis primos no confiaran en mí y pensaran que iba a acabar con mi vida por algo como esto. Sí, la había cagado enormemente, pero iba a tener que vivir con ello.

—Seguiré respirando por un buen tiempo, Eriol. No tienen que preocuparse por eso.

No has hablado con…

—Déjalo, Eriol —le interrumpí—. Es algo que no tiene arreglo.

Lo tendría si no fueras tan terco.

—Es lo mejor para ambos, ya te lo dije.

Xiao Lang, estas dejando pasar la oportunidad de ser feliz…

—Te equivocas, primo —dije apretando mi celular con fuerza—. No la dejé pasar, la eché de mi vida como si fuera basura.

Todos cometemos errores —dijo y no me sorprendí al entender que Eriol sabía todo perfectamente sin necesidad de contarle nada—. Lo que diferencia a los cobardes de los valientes son las pelotas bien puestas para admitirlo y pedir perdón.

Era increíble cómo podía hacerme reír aun cuando estaba en esta situación tan patética. Era un maldito sabelotodo, pero era el mejor primo y amigo que se podía tener.

—Lamentablemente, parece que no las tengo bien puestas entonces.

Aun no lo sabes, no la has enfrentado todavía.

—No creo que eso llegué. No ha vuelto a la escuela.

Solo prométeme que lo intentaras cuando la tengas en frente.

—No te prometeré nada porque no merezco la oportunidad, Eriol.

Por favor… déjame asesinar a tu parte emo para que salga a la luz el verdadero Xiao Lang.

Negué con la cabeza y volví a reír.

—Tendrás que convivir con mi lado emo… quizás pinte mi cabello de negro y comience a vestirme con ropas negras.

Deja de hablar idioteces y ve a trabajar.

—Tu empezaste, primo —dije riendo—. Dile a Mei que estoy bien y ya encontraré la forma de avanzar por mi propia cuenta… como siempre lo he hecho.

Espero que esos pasos te lleven a tu felicidad de ojos verdes, primo.

Eriol colgó la llamada y realmente consideré su consejo ¿Estaba dispuesto a dejar ir a Sakura? La respuesta egoísta era un rotundo no, pero si pensaba en su bien… el sí ganaba más poder. Ya no se trataban de mis inseguridades, se trataba de lo que a ella le convenía, de lo que ella merecía… y obviamente Sakura Kinomoto merecía a un hombre mucho mejor que yo… y no estaba hablando de mi invidencia.

Solté un suspiro y salí de casa junto a Kerberos. Mierda, estaba tan deprimido que ya ni las caminatas por el parque me relajaban. Sí, había un montón de sonidos que anteriormente podrían haberme llamado la atención, pero ahora el cantar de los pájaros me parecía común, el sonido del viento al pasar por las ramas de los árboles ya no se me hacía audible y las conversaciones de las personas a mi alrededor me fastidiaban. Me había vuelto un maldito grinch.

Llegué a la escuela y dejé a Kerberos en su sitio habitual. Repasé las notas de voz que había tomado para recordar las asignaciones de mis estudiantes y preparé todo para recibir a mi primer grupo.

Esto era lo que había estado haciendo todos estos días para poder distraerme, trabajar y componer como loco. Consulté la hora y me di cuenta que aún tenía unos veinte minutos libres, eso sería suficiente para poder tocar un poco y tratar de despejarme.

Me senté frente al piano y activé la grabadora del celular para poder registrar los cambios que podrían surgir en mi nueva composición. Nuevamente, había creado algo para ella.

Esta había sido la única forma de sobrevivir esta semana. La música había sido la única aliada en mi agonía, permitiendo que mi alma se regocijara al componer música para mi musa. Sakura seguía siendo mi fuente de inspiración, a pesar de estar lejos de mí.

La melodía transmitía un profundo sentimiento… lo que en mi causaba su perdida. Kaho había escuchado una parte el viernes pasado, no había sido intencional, solo pasaba por allí cuando yo estaba tocando y me di cuenta de su presencia cuando escuché sus sollozos.

En ese momento, comprendí que mi alma estaba despedazada. Aunque no hubiera vuelto a llorar de nuevo, no podía negarlo porque lo que salía de mi hacia el piano, era una profunda tristeza.

Mis dedos acariciaban las teclas con suavidad. A pesar de estar inspirada en la misma persona, esta vez, mi música estaba llena de ahogo, desconsuelo y tristeza profunda.

No estaba componiendo para que alguien la escuchara, estaba haciéndolo como un simple desahogo para mi alma. No podía evitar que se formara un nudo en mi garganta a medida que avanzaba, recordando todo lo que había pasado, antes y después de aquel maldito día ¡Maldición! ¡La extrañaba horriblemente! Ansiaba poder tocarla, sentirla, abrazarla… Extrañaba su aroma y sobre todo… Me hacía falta como el aire escuchar su voz.

—La terminaste…

La voz de Kaho se oyó a mi lado cuando toqué la última nota. Solté un suspiro entrecortado y me giré hacia ella, asintiendo con lentitud.

—¿Estás bien?

—Todos me preguntan lo mismo… —dije haciendo una mueca—. Sí, lo estoy.

—¿Quieres hablar al respecto?

Negué con mi cabeza y apreté mi puño. No se trataba de un autocastigo, ni mucho menos de desconfianza… pero no quería hablar, no quería que esto llegara a oídos de Sakura y albergara algún tipo de esperanza. Sí, estaba arrepentido, pero también estaba decidido a continuar… aunque las personas a mi alrededor estuvieran en desacuerdo… aunque yo mismo estuviera en desacuerdo, debía hacerlo porque no estaba seguro de mí mismo. No sabía si en algún otro momento podría herirla de nuevo y eso no me lo perdonaría.

—Querido, no sé qué ha pasado, pero quiero que sepas que eres un hombre maravilloso, lleno de virtudes y sobre todo… Eres un hombre como ningún otro, Shaoran.

—¿A qué viene eso? —dije, frunciendo mi ceño.

—A que me duele verte y sentirte triste. Eres como un hermano menor para mí… y lo último que quiero es verte en este estado ¡Vales muchísimo! Como hombre, como músico y como persona… no dejes que una mala experiencia marque tu destino. Eres demasiado testarudo e inteligente para dejarte vencer tan fácilmente.

Kaho palmeó mis manos y salió del salón. Ella tenía razón en varias cosas, pero en otras no estaba tan seguro. Era una buena persona, un buen músico y no me consideraba un mal hombre… pero había dejado que mis inseguridades y mis miedos dominaran mi juicio y había herido a la persona más importante para mí… eso me hacía un idiota.

—¡Hola, profesor Li!

La voz de Aoi me sacó de mis pensamientos. Debía enfocarme en el ahora… ya luego pensaría si debía o no arriesgarme a buscarla, en la tranquilidad de mi casa. Las clases fueron avanzando y con ellas el tiempo fue corriendo.

El delicioso té de Rika llegó puntual a las tres de la tarde y eso marcaba mi pequeño descanso de quince minutos, antes de que Hitomi y Kai llegaran. Solté aire cansado… el día había sido bastante tranquilo y solo esperaba que los niños no fueran muy insistentes hoy.

Estaba preocupado por mi pequeña gánster. Quería demasiado a esa enana y más que preocupación, tenía miedo de perderla también. De todos mis estudiantes, Hitomi y Kai se habían ganado mi aprecio y sabía que también estaban siendo lastimados por mis acciones, más que todo, por mi distanciamiento.

Era algo inconsciente, probablemente era el mecanismo de defensa que había creado para protegerme y… yo solo reaccionaba. Habíamos pasado de tener clases divertidas y llenas de risas a clases insulsas y frívolas.

La alarma sonó y suspiré de nuevo. Ya era hora.

Caminé hacia la recepción, pero en ningún momento los escuché. Eso se me hacía extraño porque generalmente eran ellos los que se acercaban a mí.

—Rika ¿Ves a Hitomi y a Kai?

—Sí, profesor Li. Están justo al frente, a unos veinte pasos.

—Gracias.

—Profesor Li… Sakura también está allí.

Tragué grueso y cerré mis ojos. Mi ninfa había regresado y yo no estaba preparado aún para enfrentarla.

—Gracias, Rika —le dije sonriendo y me encaminé hacia ellos.

«Esto va a ser muy jodido de hacer» pensé, apretando mis puños.

Fruncí mi ceño al notar como mis manos temblaban. No estaba listo, no sabía que hacer o cómo reaccionar… pero debía mantenerme firme ¡No podía flaquear ahora!

«Ella merece una persona que no la hiera, Shaoran. Merece un hombre que no dude de sí mismo» con ese pensamiento, seguí avanzando hasta contar los veinte pasos que me había dicho Rika.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes, profesor Li —dijeron ambos.

Asentí en respuesta y esperé. No quería ser yo quien diera el primer paso, porque no estaba seguro de sí ella quería hablarme o no. En realidad, si fuera yo, estaría furioso conmigo y hasta me hubiera mandado al mismo infierno, pero siendo Sakura… no estaba seguro.

—Buenas tardes, Shaoran.

¡Maldición! Tuve que controlarme muy bien para evitar suspirar al escuchar su voz ¿Cómo había podido aguantar todo este tiempo sin oírla? Su voz devolvía el color a mi vida, aunque fuera por unos pequeños instantes.

Solo pude asentir con la cabeza en respuesta a su saludo, porque si hablaba, probablemente notaría mi voz temblorosa. Me giré y caminé hacía el salón, pero no escuchaba los pasos de los niños atrás de mí.

—Niños, se hace tarde y no los escuchó caminando —dije sin detenerme.

Entré al salón y en esos cortos segundos, dejé que el suspiro que había retenido todo este tiempo fuera libre. Ahora que la había escuchado, luego de tantos días, me hacía consiente de cuanto la había extrañado. Su aroma no había cambiado, seguía siendo el mismo aroma a cerezos que me volvía loco. Lo único diferente, había sido su tono de voz. Demasiado serio, fuerte… y no estaban los pequeños tartamudeos que me encantaban escuchar.

—¿Está bien?

—Eres la segunda persona que me lo pregunta hoy —dije suspirando. Había bajado mi guardia—. Estoy bien, Kai.

—Estoy preocupado por usted.

—Ya te dije que estoy bien. Vamos a comenzar, mientras Hitomi se despide de su prima.

—No tiene que esperar mucho y mi prima se llama Sakura ¿Acaso se olvidó de su nombre?

La voz de Hitomi sonaba furiosa y la entendía. Podía comprender su molestia y su dolor, pero no podía dejar que eso me dominara o me hiciera cambiar de parecer.

—No lo he olvidado —dije, tratando de sonreír—. Vamos a comenzar donde quedamos el viernes, y espero que hayan practicado este fin de semana.

Kai dejó sus cosas en la mesa y se sentó a mi lado para comenzar a tocar el acompañamiento de piano del Gavotte. Había estado planeando unir algunos estudiantes de violín con los de piano para poder armar dúos y Kai y Hitomi eran mis mejores opciones.

—¡Estoy cansada de esto!

La voz estridente de Hitomi nos asustó a ambos. Sentí como Kai se levantaba y caminaba hacia ella. No sabía que estaba pasando, pero no era nada bueno.

—No lo hagas… —murmuró Kai, tratando de que no lo escuchara.

—Estoy cansada, Kai. No quiero seguir viendo esto —dijo con voz partida y eso me desmoronó.

Esta no era mi pequeña gánster. Hitomi estaba llorando y estaba seguro que era mi culpa. Apreté mis puños con fuerza y me levanté.

—Nos brincaremos la clase de hoy —dije, tratando de sonreír y fui hacia la mesa para guardar mis cosas.

—¡Deja de hacer esa estúpida mueca, Shaoran! ¡No engañas a nadie!

—No estoy tratando de engañar a nadie, Hitomi.

—Estas tratando de engañarte a ti mismo y estoy harta de esto. Estoy harta de verte sufrir y de ver sufrir a mi prima. No quiero que siga llorando.

Me detuve por unos segundos al escucharla. Ya lo sabía, pero que ella me lo confirmara fue… desgarrador. Una vez más me sentí como una basura por herir, no solamente a Sakura, sino a todos a mi alrededor.

—Tu prima es una chica fuerte, Hitomi. Lo sabes.

—¿No vas a reconsiderarlo? ¡Dios! ¡Estas dejando que tu maldito miedo destruya todo!

—No se trata de miedo…

—Hitomi…

—No, Kai. Alguien debe decírselo —dijo ella—. ¡Eres un cobarde!

—Ya me lo han dicho —dije, aparentando estar tranquilo, aunque por dentro estuviera desesperado por salir de allí.

—¡Pues ojalá Sakura logré conseguir a alguien que esté dispuesto a luchar por ella! ¡Alguien que no la haga llorar! ¡Te odio!

Escuché sus pasos alejarse de mí, mientras lloraba. Eso estaba bien, era bueno que drenara todo lo que sentía para que no se ahogara, aunque me hiriera en el proceso. Hitomi solo era una niña de diez años y sabía que su "odio" no era real, pero escucharla decir eso me había dolido mucho.

—No es cierto…

—Lo sé, Kai —dije suspirando y luego tanteé hasta colocar mi mano sobre su cabeza—. ¿Puedes cuidarla por mí?

—Debo cuidarla, será mi novia cuando tengamos catorce ¿Recuerda? —dijo riendo y eso me hizo reír a mí.

—Hablaré con Rika para que la cambien con otro profesor —dije y él se tensó a mi lado—. Si quieres le digo para que te cambie también, no quiero que sigan estando incomodos conmigo.

—No estoy incomodo con usted… y ella tampoco, solo esta dolida y no sabe qué hacer para que las cosas vuelvan a ser como antes.

—Hitomi no debe preocuparse por esas cosas —dije suspirando—. Y por cómo está todo, no creo que las cosas vuelvan a ser como antes, Kai. Ella debe entenderlo.

Kai asintió y me acompañó hasta la recepción. Mientras Kai iba por Kerberos, hablé con Rika para que buscara la forma de cambiarlos con otro profesor. Un poco desconcertada, dijo que intentaría buscar un horario conveniente para ellos.

—Aquí esta Kero.

Kero… solo a Sakura podía ocurrírsele un diminutivo como ese. Tomé el asa y me giré para hablar con Kai.

—¿Podrías informarle a Hitomi del cambio de profesor?

—¿Lo ha pedido? —preguntó con voz ahogada y asentí.

Me atreví a dar unos cuatro pasos lejos de él, cuando volví a escuchar su voz a mi lado.

—Shaoran… por favor quédate —dijo Kai con voz vacilante—. El cambio, huir, la lejanía… nada de eso arreglará las cosas. Tú y Sakura necesitan hablar. Esto nos está afectando a todos, por eso Hitomi y yo lo sentimos tan personal… sentimos que debemos hacer algo.

—Pero no deben involucrarse, Kai —dije agachándome a su altura—. Si tu fueras malo… ¿Querrías que Hitomi estuviera contigo?

—Tú no eres malo —dijo seguro de sus palabras—. Eres una gran persona y un gran ejemplo a seguir. Te lo he dicho muchas veces.

—Te lo agradezco —dije son una sonrisa sincera, la primera en mucho tiempo—. Cuida a Hitomi y dile que lo siento.

Me levanté y le di la orden a Kerberos para avanzar.

—¡Shaoran!

La voz de Hitomi me detuvo solo por unos segundos. Se notaba que estaba llorando y era mi culpa. No solo le había causado dolor a Sakura con mis acciones, sino a todos a mi alrededor.

Mi cuerpo se tensó y se negaba a avanzar. Solo deseaba poder abrazar a esa enana y decirle que todo estaría bien, pero era darle alas a sus ilusiones y no estaba dispuesto a volver a herirla. Me giré hacía donde creía que venía su voz y le di una pequeña sonrisa triste y me despedí con la mano.

—Kerberos, casa.

Mi perro comenzó a caminar de nuevo y el pequeño jalón que sentí fue el impulso que necesitaba para ordenarle a mis pies que avanzaran. El recorrido de regreso me resultaba tan insulso como el de venida. Nada llamaba mi atención, nada me reconfortaba… el trayecto se me hacía interminable y vacío.

—Solo espero que esta maldita tortura pase pronto —murmuré.

Al llegar a casa, le quité a Kerberos su arnés y fui hasta mi cuarto para cambiarme de ropa. Regresé a la sala y me senté en el mueble, siendo recibido por mi perro que colocó su cabeza sobre mi pierna. Un trueno a lo lejos me avisó que una tormenta se aproximaba, quizás por eso Kerberos estaba tan inquieto. Suspirando, me dirigí al balcón y sentí la brisa fría en mi rostro. Pronto caería la lluvia.

Cerré las puertas corredizas y encendí la calefacción. El frío seguía sin gustarme y menos ahora…

—Quizás un buen chocolate caliente ayude.

Busqué todo lo necesario y cuando estaba por hacerlo, el timbre sonó. Eso era extraño, no esperaba visitas y mis vecinos eran bastante herméticos, al igual que yo. Dejé las cosas en la encimera y me acerqué a la puerta a paso lento. El único que se me ocurría que podría venir era el vigilante para avisarme alguna cosa o entregarme un paquete.

—¿Quién es? —pregunté pegando mi oreja a la puerta.

—Soy Sakura. Necesito hablar contigo, Shaoran.

¡Mierda! ¿Sakura me había seguido hasta aquí? Esto no era bueno, nada bueno. No podía dejarla pasar… no confiaba en mí mismo y como prueba de eso, mis manos estaban temblando y apretaban el pomo de la puerta con fuerza ¡Mi maldito cuerpo me estaba traicionando! Estaba deseoso por abrir la maldita puerta y abrazarla, pero eso solo complicaría las cosas.

—¡No seas idiota, Shaoran! ¡Abre de una buena vez! —me gritó—. ¡Maldición! ¡Hazlo, aunque sea por educación!

De un tirón, mis manos abrieron la puerta al escucharla maldecir. El frío entró de nuevo a mi casa y me di cuenta que estaba lloviendo al escuchar las gotas de agua caer. Esto no podía empeorar…

—¿Qué es lo que quieres? —pregunté molesto.

—Solo quiero hablar contigo. —Su voz me decía que estaba a punto de desmoronarse en mi puerta.

Maldición. No podía hacerlo, no podía dejarla ir así.

«Sí debes hacerlo Shaoran, por su bien debes hacerlo ¡Recuérdalo!»

—Vuelve a casa… Kinomoto.

Decir su apellido, en vez de su nombre, era como intentar tragar arena. Insípido, áspero y ahogante. Diablos, si no se iba ahora iba a terminar cediendo.

—¡No te estoy pidiendo que respondas a mis sentimientos! Solo quiero que hablemos ¿Es muy difícil de entender eso, Shaoran? —No respondí… ¿Cómo diablos iba a responder a eso? ¿Qué podía decirle? ¡Para mi si era difícil hablar con ella! —. ¡Si quieres vuelve a cerrar la maldita puerta! ¡No me moveré de aquí hasta que hablemos como es debido! ¡Aun si me enfermo por estar mojada y por estar pasando frío aquí afuera!

Mojada. Solo a Sakura se le ocurriría venir hasta aquí bajo esa lluvia torrencial. Eso fue lo que me hizo terminar por ceder. Sí, era un maldito debilucho, pero no podía dejarla en el pasillo pasando frío.

—Sígueme —dije, haciéndome a un lado.

Cuando la sentí entrar, cerré la puerta y caminé directo a mi habitación ¿Podía ser más bizarra esta situación?

—Por aquí está mi habitación —dije y al entrar encendí las luces para ella—. Puedes usar el baño que está aquí para darte una ducha caliente. Buscaré algo de ropa para que te cambies y la dejaré encima de la cama.

Sakura dijo un suave "Sí" y la sentí entrar con rapidez al baño. Solté una ligera maldición y me senté en mi cama, tomando mi cabeza con las manos. Esto era increíble, ilógico… había tratado de evitar esto y prácticamente había sido atrapado en mi casa.

Suspiré y me dije que ya no podía hacer nada, más que enfrentar la situación de la mejor manera posible. Me dirigí a mi closet y busqué entre mi ropa algo que pudiera servirle.

—Cualquier cosa mía le quedara grande —murmuré y me decidí por una camiseta y un short que tenía un cordón que podía amarrar para ajustarlo.

Escuché la regadera abrirse y entonces me hice consiente de un pequeño detalle… Sakura estaba a pocos metros de mí, en mi baño… y sin ropa. Tragué en seco y moví mi cabeza para tratar de olvidar la maldita imagen que se fijó en mi cabeza, pero era imposible.

—Mierda —dije entre dientes y tan rápido como pude, salí de mi cuarto.

—Bañarme ya no será lo mismo…

Me sentía como un maldito pervertido por pensar así y más cuando sentí mis mejillas calentarse. En todo momento había criticado a los malditos que hablaban de ella y ahora me había vuelto uno de ellos al pensar en Sakura de esa forma.

—Todo esto me está afectando más de la cuenta —murmuré.

Debía pensar en otra cosa para relajarme porque, desgraciadamente, no podía tomar una ducha fría para poder calmar el calor que recorría mi cuerpo al estar ella en mi baño.

«¡Deja de pensar que ella está en tu baño!»

Bien podría tomar una ducha rápida en el baño del pasillo, pero no era conveniente ni se vería bien. Además, ella debería estar por salir del…

—Hola, cariño —escuché su voz suavizada por la distancia—. Yo también te he extrañado un montón.

«Perro traidor»

Kerberos había preferido ir hacia ella que quedarse aquí en la sala conmigo.

Era el momento de la verdad y no sabía cómo enfrentarla. Debía tomar una decisión, mantener mi máscara fría para ahuyentarla o contarle toda la verdad para que entendiera mejor las cosas y desistiera. Ambas me llevaban a la misma meta, perderla, pero una funcionaría mejor que la otra.

—Ahm… gracias por la ropa —dijo cerca de mí, más no respondí para evitar que notara mi voz agitada—. ¿Te molestaría si hago un poco de té?

«No, Sakura, no me importa que hagas un maldito té» pensé frustrado por no poder conseguir mi voz para responderle.

Escuché un suave suspiro desganado y luego sus pasos se dirigieron a la cocina. Debía tomar una condenada decisión si quería que esto se resolviera de una buena vez.

Volví a sentir sus pasos en la sala y de nuevo se dirigieron a la cocina. Aun no podía creer que tuviera a Sakura en casa dando vueltas y merodeando por ahí ¡Era absurdo! ¡Tanto batallar para terminar los dos encerrados aquí!

Un suave y delicioso aroma se filtró por mi nariz, podría identificar ese aroma donde fuera.

—Maldición, hizo mi chocolate.

Me levanté y fui caminando hacia la cocina, siguiendo el delicioso aroma. No podía evitarlo, mi adicción al chocolate era más poderosa que mis ganas de alejarme de Sakura.

«¿Qué vas a hacer ahora?» me pregunté cuando estuve en la cocina.

Ya no podía seguir huyendo, debía enfrentarla… aunque no quisiera hacerlo.

—A veces me pregunto quién es la madura de las dos —murmuró. Seguramente había hablado con su prima.

—¿Por qué estás aquí, Sakura?

Escuché claramente como retenía el aire.

—¡Dios! Shaoran, casi me matas de un susto.

A pesar de lo que había pasado, Sakura había utilizado un tono de voz familiar, como si realmente no hubiera pasado nada.

«Ojalá yo pudiera hacer lo mismo»

—No me has respondido —dije frunciendo el ceño.

Era injusto. A pesar de querer sonar sereno, era claro que estaba alterado y eso me ponía en completa desventaja. No tenía control alguno sobre mis emociones y todo era culpa de ella. Su aroma, su presencia y su voz no me dejaban atrincherarme para volver a escudarme.

—Creía que eso ya te había quedado claro cuando llegué —dijo sin titubear—. Solo quiero hablar.

—En realidad, no tenemos nada de qué hablar —dije, esta vez sonando un poco más seguro.

—Pues yo creo que es todo lo contrario. Tenemos mucho de qué hablar…

¡Pero que terca era!

—¿Por qué me has estado evitando? —preguntó.

¡Hasta podía imaginarla mirándome de brazos cruzados! No necesitaba que alguien me lo confirmara, con tan solo escuchar su voz podía hacerme una imagen bastante precisa de ella. Era algo que solo me pasaba con Sakura.

¿Debía decirle la verdad? ¿Debía decirle que era cierto? No, si se lo decía ella llegaría a la conclusión acertada de que mi autocontrol estaba flaqueando. Por eso, tomé la decisión más viable, mentir.

—No te he estado evitando, simplemente no creo que tengamos algo en común como para charlar.

—Ahm… pues charlar es lo que hacen los amigos y… a pesar de lo que pasó, pensé que eso éramos…

Pasó lo mismo que aquel día. El decir la palabra "amigos" era demasiado difícil para ella y seguramente a mí me pasaría lo mismo si lo intentaba.

—Creo que sabes mejor que nadie que tú y yo no podemos ser amigos.

—¿Por qué?

¡Diablos! ¡No me iba a obligar a decirlo!

—Lo sabes muy bien.

—¿No podemos ser amigos porque estoy enamorada de ti y tú de mí?

Claro… al no decirlo yo, lo decía ella. Sentí envidia de Sakura, ella podía aceptarlo libremente mientras yo me sentía retenido de pies y manos. Arrugué mi ceño y desvié mi cara hacia otro lado, con tal y no enfrentar su mirada.

—No necesito de esto —murmuré—. Solo se trataba de una ilusión que nos engañó a ambos.

Le pedía al cielo que se lo creyera y se marchara, pero estaba seguro que Sakura jamás creería una mentira tan vacía y carente de sentido.

—¡Vaya! ¡Pues es una ilusión muy convincente! —Ya me lo esperaba—. Dime, Shaoran, si se trata de una ilusión ¿Por qué tienes en tu mesa de noche la bufanda y los guantes que te regale en tu cumpleaños?

Apreté mis puños con fuerza al verme descubierto. Esa bufanda y esos guantes eran como pequeños alicientes para sobrellevar lo que estaba pasando… pero si debía deshacerme de ellos para hacerle creer que esto ya no me importaba, entonces lo haría. Aunque con ello también estuviera pisoteando mi propio corazón.

—Puedes hacer con eso lo que tú quieras.

—Eso es tuyo, Shaoran… Independientemente de lo que ocurra entre nosotros, eso es tuyo —dijo con voz entrecortada.

«Bien hecho, Shaoran. La has herido de nuevo y lo seguirás haciendo»

—No lo quiero conmigo.

—Bien. Entonces, bótalo tú, porque yo no echaré a la basura algo que hice con todo mi amor para ti.

—Bien. Lo hare más tarde —dije y me maldije al notar que mi voz se había quebrado—. Ahora te pido que llames a tu prima para que venga por ti, por favor. No creo que tengamos más nada que decirnos.

Necesitaba alejarme. Necesitaba que Sakura saliera de mi casa. Si no lo hacía, mandaría todo al demonio y volveríamos a entrar en este maldito circulo vicioso donde siempre terminaría haciéndole daño debido a mis malditas inseguridades.

—Bien, Shaoran, tú ganas —dijo atrás de mí—. No tienes de que preocuparte, no te molestare más. No puedo obligarte a estar conmigo ni como hombre, ni como amigo.

—Es lo mejor —dije, aunque eso no me lo creyera ni yo mismo.

—¿Lo mejor para ti?

—Para ambos.

— Ryuu tenía razón en ese aspecto… Que estúpida fui.

—¡No hables de ese imbécil, Sakura! ¡Y mucho menos le des la razón! —Exploté.

¿En qué diablos podía tener razón ese maldito imbécil? En nada ¡Absolutamente nada! ¿Por qué diablos Sakura creía que sí?

Intenté acercarme a ella y mi mano buscó su cuerpo, pero ella manoteó mi mano lejos.

—No quiero tú lastima… —dijo con una voz que me mostraba cuan devastada estaba.

No pude seguir resistiéndolo. Era inútil luchar contra algo que mi cuerpo sentía tan natural. Jalé su frágil cuerpo hacía mí y la encerré entre mis brazos. Sakura se retorcía con fuerza, pero la cárcel que había armado con ese abrazo no la dejaba escapar.

—¿Cómo rayos quieres que sienta lastima por ti? —dije, apoyando mi barbilla sobre su cabeza—. Deja de moverte tanto.

—¡No dejare de moverme hasta que me sueltes! —gritó.

—Bien, me lo merezco —dije soltando un suspiro—. Pero antes de soltarte necesito que entiendas algo.

Sakura detuvo sus movimientos y se quedó completamente quieta. La opción de mentir y alejarla de mí no había funcionado, más bien, me había causado más problemas, así que optaría por la segunda opción esta vez… decir la verdad.

—Primero, entiende que no puedo sentir lastima por ti, ni ahora, ni nunca —dije seguro de mis palabras—. Fuiste tú quien decidió dar un paso adelante, viniste hasta aquí sabiendo que podía herirte y aun así… viniste.

—De nada valió…

—Segundo —le interrumpí—. Nunca más vuelvas a decir que ese idiota tiene razón. Tú eres una mujer muy valiosa, Sakura.

—Al parecer, no tanto.

El exnovio no era responsable de esto. Sakura había perdido su fe en sí misma y eso era mi culpa. Mi maldita culpa.

—No dejes que nadie te haga creer lo contrario, Sakura ¡Nadie! —dije, apretando mi abrazo a su alrededor—. Quien no vale mucho soy yo.

—Shaoran…

—No lo valgo no porque este ciego, Sakura —dije y la sentí tensarse—. Lo pensé mucho… y me sentí demasiado avergonzado. Dejé que la situación me abrumara, te herí y te aparté de mi lado. —Estaba abriéndole mi corazón para que entendiera el por qué no podíamos estar juntos—. ¡Maldición! ¡Te hice a un lado como si fueras algo desechable en mi vida pensando que estarías mejor sin mí! ¡No luché! ¡Dejé que mis inseguridades me ganaran y eso tú no lo mereces!

—Tú no fuiste el único —dijo contra mi pecho—. Yo también lo pensé mucho… y me di cuenta que tampoco me había esforzado realmente en verte más allá de lo que muestras.

—En realidad no tengo mucho que mostrar —dije haciendo una mueca.

—¡Claro que sí! ¡Tienes muchísimo que mostrar! —Sentí que alzó su rostro y continuo con voz llorosa—. Pero yo me conformé con lo que tú estabas dispuesto a darme, a mostrarme… tienes mucho más que dar y mostrar Li Shaoran. Quizás tú mismo no lo has descubierto, pero podemos descubrirlo juntos.

Posiblemente, tuviera razón en eso, pero, aun así, ella merecía un mejor hombre que yo.

—Aun si las cosas fueran así… hay muchas cosas que yo no puedo hacer por mi cuenta.

—Pero podemos hacerla juntos —Sentí sus manos sobre mis mejillas—. Shaoran yo puedo convertirme en tus ojos.

—Sakura…

—No, Shaoran. Ya admitiste que no querías alejarme, no lo hagas de nuevo. —Suspiré derrotado. Sabía que, si tomaba este camino, ella lo vería como una oportunidad para nosotros—. No me salgas con cosas como "Te cansaras" o "Te aburrirás algún día" porque estarías menospreciando mis sentimientos.

Cerré mis ojos con fuerza y mi ceño se frunció ¿Era posible? ¿Realmente podíamos dejar atrás toda esta basura y continuar?

—Shaoran… Solo… déjame intentarlo, por favor…

La voz de Sakura se había enronquecido de repente y eso activo mis alarmas. Su cuerpo comenzó a acercarse cada vez más.

—Yo… no creo que sea… lo más correcto…

¿Desde cuándo los papeles se habían invertido? ¿Por qué diablos estaba tartamudeando? El calor en mis mejillas delató mi sonrojo y me maldije por no poder controlar mis emociones a tal punto de hacerse tan evidentes.

—Solo… déjame… hacerlo…

Su aliento chocó contra mi cara. Mi cerebro daba órdenes a mi cuerpo para alejarse, pero el muy idiota no hacía caso, más bien, anhelaba lo que Sakura estaba dispuesta a darme… y esta vez no había nadie que nos interrumpiera. Por fin, sus labios estuvieron sobre los míos.

Nuestro cuerpo no hacía ninguna participación de ese inocente beso. Solo se trataba de una caricia exploratoria, nuestros labios estaban conociéndose. Al fin podía darle forma en mi cabeza a esos labios que tanto había querido saborear. Obviamente quería profundizarlo, quería devorar su boca con la mía… pero debía controlar el viejo y deseoso instinto.

No podía creer cuan deseoso podía ponerme un beso tan inocente como ese. Una llamarada ardiente me recorría entero y debía prestar especial atención a mis manos para controlarlas y no fueran más allá de su cintura. Deseo, pasión, amor, calor, fogosidad… todo eso estaba despertando en mí con esa simple caricia.

Sakura se separó y casi gruñí por eso. No deseaba que se alejara de mí. No le había dado tal permiso. Mis ojos se mantuvieron cerrados, esperando que ella tomara de nuevo la iniciativa… porque si yo lo hacía, el beso no sería tan pausado como el anterior.

Sentí su cuerpo aún más lejos cuando ¿Por qué se alejaba? ¿Acaso no había sentido lo mismo? La sentí bajar su cabeza y se movió un poco para romper mi abrazo.

«No te alejes» fue el último pensamiento coherente que tuve cuando el instinto se apoderó de mi cuerpo.

Llevé mis manos hasta su mejilla y la obligué a levantar su cabeza. Murmuró mi nombre, pero no me importó y esta vez… abordé su boca como había querido hacerlo desde un principio. Ya no era un beso inocente. Este beso estaba cargado de todo mi deseo y mi amor por ella.

Las llamas consumieron mi cuerpo y mi sentido común se evaporó de mi cabeza. Solo existíamos nosotros. Nuestros cuerpos rozándose y las sensaciones que me recorrían una y otra vez. Era un beso deseoso, apasionado y febril.

Mis labios se movían con posesión sobre los de ella y en eso la escuché soltar un gemido que fue como música para mí. Sonreí satisfecho y seguí arremetiendo contras sus suaves labios. Sabía que Sakura no tenía mayor experiencia con hombres, por eso era increíble como su beso inexperto podía encenderme tanto. Sakura estaba logrando que ardiera de deseo por ella. Aun así, debía controlarme. No sabía de donde saqué tal autocontrol, pero logré aminorar el ritmo del beso y pude separar así nuestros labios, no sin antes dejar un pequeño beso final sobre mi nueva adicción.

—Será mejor que… paremos —dije agitado.

¡Dios! ¡Daría mi alma por poder verla en este momento! Podía imaginarla con sus labios rojos, hinchados y deseosos de más contacto. Su largo cabello color miel alborotado y sus mejillas rojas completaban la imagen. Sí, era una imagen que deseaba poder ver.

—¿Por… qué? —preguntó agitada y eso me enterneció.

—Porque si seguimos haciendo esto… —Mierda, no podía decirle lo que mi cuerpo estaba pidiendo a gritos. Pegué mi frente a la de ella y aspiré su aroma—. Lo mejor es detenernos ahora.

—Estuvimos esperando por esto mucho tiempo —dijo y sentí como fruncía su ceño—. ¿Acaso no te gustó?

«Ninfa… me gustó más de la cuenta»

—Sakura, precisamente ese es el problema —dije sonriendo—. Nos gustó demasiado y por eso debemos detenernos o… probablemente no podremos detenernos luego.

—No quiero detenerme…

¿Había escuchado bien? Sacudí mi cabeza y traté de escuchar algo… un atisbo de risa que me dijera que estaba bromeando, pero el tono de voz que había usado y el silencio que se formó después me decían que Sakura estaba hablando totalmente en serio.

—No creo que sea lo mejor… —dije acariciando sus mejillas—. No necesitas demostrarme nada…

—No lo hago por eso —murmuró contra mis labios—. Deseo estar contigo, con nadie más. En realidad, nunca lo había considerado hasta ahora.

Sentí su sonrisa sobre la mía y eso relajó mucho el ambiente.

—Posiblemente porque nadie te había inspirado tanto, pequeña pervertida —dije guiñándole un ojo.

¿A quién engañaba? El pervertido entre los dos era yo. Sakura rebasaba el deseo que podía haber sentido antes por cualquier mujer.

—Puede ser —dijo, pasando sus brazos por encima de mis hombros, haciéndome ver que no le había afectado lo que había dicho.

—Estas usando mis enseñanzas en mi contra —le dije orgulloso, sonriendo.

—Aprendí del mejor. —Sentí un pequeño e inocente beso sobre mis labios y mi deseo por ella se incrementó.

—Me estas matando.

—Es la idea —dijo riendo—. Oye, estoy segura de esto. Nunca me arrepentiré si es contigo… Eres la persona más valiosa para mí y lo que más deseo es… poderte demostrar mis palabras con acciones. —Acarició mis mejillas y antes de poder decirle algo, continuo—. Permíteme mostrarte lo mejor del mundo y… permíteme amarte como nadie lo ha hecho.

Sakura volvió a besarme y, a pesar de intentar por todos los medios mantener el ritmo del beso pausado, ella mandó al infierno mi autocontrol y todo se descontroló. Sus manos me recorrieron temblorosas y las mías también se unieron a la acción. Intensifiqué el agarré en se cintura y luego colé mis dedos por debajo de la camiseta. El contacto de su piel contra mis manos fue glorioso… y el ardor que sentía desechó el poco sentido común que me quedaba.

Podía sentirla entregada a mí, con cada toque, con cada caricia su deseo creía como el mío. Habíamos llegado a un punto de no retorno donde la pasión nos dominaba y nos obligaba a estar más unidos, a sentir más piel contra piel. Necesitaba tocar mucho más, necesitaba sentir más de ella. Era irracional, completamente adictivo.

—Ven —susurró, separándose un poco y tomó mi mano.

Sabía hacia dónde íbamos y no puse objeción. No sentía dudas en ella, estaba decidida a que esto pasara. Sí hubiera sentido un poco de vacilación en Sakura, a pesar de la dolorosa excitación que tenía, me detendría, por ella lo haría, pero ella estaba igual de segura y deseosa que yo.

Comenzamos a besarnos nuevamente y ella, usando su magnético cuerpo, me obligó a descender hacía la cama para no romper el beso. Maldición, no era la primera vez que estaba con una mujer, pero estaba temblando como si lo fuera. Podía sentir a Sakura debajo de mí confiada y completamente entregada y, aunque muriera por tenerla gimiendo y jadeando una y mil veces mi nombre, debía contenerme.

Con delicadeza, rompí nuestro beso y traté de calmar un poco mis ansias. Iba a ser su primera vez y necesitaba enfocarme en ella y sus necesidades en vez de mí propia satisfacción.

—¿Estás segura de esto, ninfa? —le pregunté, acariciando su mejilla.

—Completamente.

Sakura habló sin titubeos, sin dudas ye so avivo mi fogosidad. Volví a besarla, pero esta vez sin restricciones. Aprenderíamos juntos lo hermoso que era amar con nuestros cuerpos.

Mis manos volaron hacia donde querían ir desde hace rato. Comencé a subir poco a poco su camiseta, dejando expuesta su deliciosa piel. A medida que subía la tela, podía sentir su suavidad y su calor ¡Dios! ¡Necesitaba controlarme!

Sakura me ayudó un poco al levantar su cabeza y arrojé la camisera hacia algún lado. Lo sabía, su pecho estaba libre de telas molestas y me sentí frustrado por no poder ver sus preciadas cimas.

—¿Qué sucede? —preguntó y con suavidad acarició mi mejilla.

—Desde que te conocí… no he dejado de anhelar el poder ver… —me sinceré con voz partida—. Quisiera poder apreciar lo hermosa que eres y más en este instante.

¡Maldición! Deseaba ver… deseaba poder verla ruborizada con su cabello extendido sobre mi almohada.

Sakura tomé la mano que no estaba usando de apoyo y la besó con suavidad. Luego, comenzó un tortuoso camino desde su boca hacía abajo y entonces, pude sentirlo.

—En realdad, no son tan grandes y sé que los hombres les encantan… tu sabes… —dijo y no pude evitar sonreír.

Cierto, podía ver con mis manos y esto era mucho mejor. Aproveché su invitación para hacer un "escaneo" de su hermoso seno y lo apreté un poco, escuchándola gemir un poco.

—No soy cualquier hombre, ninfa —dije, sin dejar de sonreír.

Siendo más temerario, fui bajando mi cabeza, poco a poco, hasta lograr sentir sus senos. No me movía, no los tocaba, solo estaba llenándome de mi droga favorita, su aroma. Sakura tenía razón, sus senos no eran grandes, pero tenían el tamaño ideal para ser tocados y atendidos por mis manos.

—Son perfectos para mí —dije y soplé sobre ellos, sintiendo perfectamente como respondían a mi acción.

Dejé un pequeño beso entre ellos y volví a enderezarme. Quería hacerle entender a Sakura que más allá de su físico, lo que yo amaba era su interior y solo me interesaba hacerla sentir especial en este momento.

—Y lo importante es lo que estamos compartiendo aquí y ahora, Sakura.

Volví a besarla con suavidad y pasión. Me estaba dando el placer de sentirla, de grabarme su sabor y de memorizarme su cuerpo mientras ella se entregaba a mí sin reservas.

Repartí besos por toda su cara y pasé a torturar su cuello. Besé, lamí y acaricie esa pequeña sección de su cuerpo y posiblemente mañana tendría un pequeño moretón allí ¿Qué podía decir? La excitación nublaba por momentos mis sentidos y si eso era un pecado ¡Felizmente me declaraba culpable!

Acaricié con devoción cada parte de su cuerpo, haciendo un mapa mental de cuáles eran sus sitios sensibles, pues luego pensaba usarlos a mi favor. Nuestros cuerpos estaban tan pegados, que podía sentir los latidos de su corazón chocar con los míos y mi calor se fundía con el suyo.

Comencé a bajarme el short, poco a poco, y por fin su delicioso cuerpo estuvo al desnudo ante mí ¡Maldición! Mi necesidad de verla era mucho mayor ahora. Ciertamente, me había hecho una imagen mental de ella muy fiel, pero nada podría compararse con su belleza real.

Sakura me empujó un poco haciéndome quedar sentado en la cama. Por unos segundos pensé que se había arrepentido de todo, pero al sentir sus manos temblorosas subir mi camiseta, entendí lo que ella estaba buscando. Más contacto.

Mi camiseta terminó en algún lugar de mi habitación, al igual que la suya. Yo no podía verla, pero ella sí que podía verme a mí y podía sentir su mirada intensa sobre mi pecho. Me sorprendí un poco al sentir sus dedos recorrer mi abdomen, delineándolo con lentitud y no pude evitar soltar un ligero gemido. Sakura tenía un gran poder sobre mí, no podía negarlo.

Dejé de sentir su tacto sobre mí y estuve a punto de quejarme, cuando ella se movió y pegó todo su cuerpo contra mi pecho.

—Tócame, Shaoran… Puedes verme con tus manos.

Mi corazón estaba desbocado y hasta podía escucharlo retumbar en mis oídos. Mis manos temblaron, pero, aun así, hicieron lo que más querían hacer, recorrerla entera. Sakura no se movía, pero si soltaba pequeños suspiros mientras la tocaba. Podía saber ahora, por ejemplo, que tenía una pequeña cicatriz en su rodilla y también pude sentir algo que podía ser un pequeño lunar cerca de su vientre. Era preciosa, gracias a esto podía terminar de conocerla y construir su imagen en mi cabeza.

—Eres… una ninfa muy hermosa —dije, acariciando sus mejillas—. Tu cabello huele a flores de cerezos y tu piel tiene un sabor dulce —dije, dejando un beso sobre su hombro que la hizo suspirar.

—Soy como un libro en braille —dijo riendo.

—El mejor libro en braille que he leído en mi vida —dije y volví a devorar sus labios.

Poco a poco, fui inclinándome llevándomela conmigo hasta terminar acostados en la cama. El beso estaba cargado de ardor y urgencia, la necesitaba como el aire. De repente, sentí que ella llevaba la mano a la liga de mis pantalones, tratando de bajarlos y rompí el beso.

—Tranquila, todo a su tiempo —murmuré en su oído.

Sí, la necesitaba, deseaba sentirla debajo de mí, arqueada de placer, pero como había dicho, era su primera vez y quería satisfacer todas sus necesidades. Me tomé el tiempo de explorarla, de saborearla y de tocarla con cuidado. Puse especial atención a sus senos y podía sentir como se derretía entre mis manos. Eso solo podía incrementar a un más mi propia necesidad y si no lo hacía ahora… las cosas no acabarían bien.

Con rapidez, me quité el pantalón sin despegarme de ella y entonces sentí mi parte más sensible hacer contacto con ella ¡Oh… diablos! Mi urgencia creció nada más sentirla.

Sentí como su cabeza se movía hacia abajo y entendí lo que estaba haciendo. No era que me gustara presumir, pero estaba orgulloso de lo que tenía y por eso fue difícil impedir que una sonrisa llena de confianza se colara en mi boca.

—No pude evitarlo —refunfuñó.

—No me estoy quejando —dije sin borrar mi sonrisa y dejé un pequeño beso en sus labios.

Solté aire y me enfoqué de nuevo en ella. Podía sentirla temblar y eso me hizo sentir un poco inseguro, por eso volví a preguntarle una vez más si estaba segura de todo esto. Sakura no contestó, pero si dejó un beso ardiente en mis labios que me dio su respuesta. Estaba lista.

Alargué la mano hasta que di con la gaveta de la mesita de la izquierda y la abrí, sacando uno de los preservativos que estaban allí.

—No me preguntes por qué… pero Meilin los dejó —dije riendo—. Quizás presentía lo que iba a pasar.

Te dejo un regalito en la gaveta de tu mesa de noche. Úsalos con sabiduría —Eso había sido lo último que me había dicho antes de regresar a Hong Kong y realmente estaba agradecido.

«Pero ni crea que le diré gracias» pensé, mientras escuchaba la melodiosa risa de Sakura.

Me lo coloqué con cuidado y luego abrí un poco sus piernas con mis rodillas para posicionarme entre ellas. La palpitación urgente y apremiante que sentía allá abajo casi oscurecía mi razón, pero la poca lucidez que me quedó fue suficiente para tomar el control de mi apetito por ella. Poco a poco, con mucha lentitud fui adentrándome en ella.

—Quizás te duela un poco, pero intentare que sea lo menos posible —dije, tratando de sonar tranquilo, aunque por dentro me estuviera muriendo de necesidad y de miedo también por no dañar su primera vez.

Pegué mi frente a la de Sakura y la sentí asentir con lentitud, dándome luz verde para continuar. La besé con suavidad y dejé mis labios sobre los suyos al adentrarme de lleno en ella. Ella se contrajo debajo de mí y se tensó completamente. Por muy cuidadoso que fuera, por mucho que tratara de distraerla, sabía que iba a dolerle. No me moví, dejando que su cuerpo se adaptara a mí. Volví a repartir besos por su cara, tratando de que se relajara un poco y noté un sabor salado en mis labios, había dejado caer algunas lágrimas, las cuales limpie con amor.

Probé moverme un poco y ella en respuesta gimió en mi oído. Ese sonido fue glorioso para mí. Nuestras caderas comenzaron a mecerse juntas y por fin di rienda libre a mi propio placer.

Rayos. después de esto, era casi imposible que pudiera estar con otra mujer en igualdad de circunstancias. Me sentía completamente extasiado y posesivo. Era como si la estuviera marcando como mía, mientras ella hacía lo mismo conmigo. Sentirla debajo de mí, gimiendo y susurrando mi nombre de aquella forma tan especial me incitaba a hacerlo también. Gemía su nombre una y otra vez mientras nos entregábamos completamente al otro.

La sentí llegar al éxtasis de forma maravillosa y luego me dejé ir también. Me desmoroné sobre ella, tratando de recuperar el aliento… pero completamente satisfecho.

Había sido, por mucho, la mejor experiencia de toda mi vida. No solo ella se había entregado a mí, pues yo le había dado mi alma entera mientras hacíamos el amor.

Me acomodé a su lado y la atraje hacia mí para abrazarla y consentirla. Sakura acomodó su cabeza en mi pecho y poco a poco sentí como se iba quedando dormida.

—Te amo —susurró y esa pequeña confesión hizo que mi corazón volviera a latir como loco.

Dejé un ligero y delicado beso en sus labios y tomé su barbilla con mis dedos para asegurarme que estaba mirándome para contestarle.

—No más que yo, ninfa.

Sentí sus labios tensarse en una sonrisa y le sonreí igual. Al poco tiempo, Sakura se quedó dormida entre mis brazos mientras yo acariciaba sus brazos con cuidado. Aun teníamos mucho que resolver y hablar… pero me aseguraría de hacer bien las cosas esta vez. No quería que mi ninfa volviera a llorar por mi causa nunca más. Podríamos tener discusiones tontas como todos… pero nunca más volvería herirla a propósito como lo había hecho. El lugar de Sakura estaba aquí, entre mis brazos, y no dejaría que nada volviera a separar a mi ninfa de mí… porque era mía, así como yo era suyo.

Bien, capitulo cargado de muchas cosas. Como dije en la versión Sakura, no acostumbro a escribir lemon, pero déjenme decirles que escribir la versión Shaoran fue mil veces peor… ósea como lo explico… creo que estuve sonrojada desde el primer beso hasta la última letra que escribí XD

Admiro un montón a las personas que pueden escribir escenas como estas y hacerlas lucir bonitas y agradables a la lectura. Espero haber logrado eso… o por lo menos un poco porque, como podrán ver en mis otras historias, es la única vez que he escrito algo como esto XD

Ponerme en los zapatos de un hombre fue como que ¿WTH? Pero ni modo XD me había olvidado de esta escena en específico cuando empecé la versión Shaoran haha espero haberlo hecho bien y si algún hombre lo está leyendo MIS DISCULPAS porque realmente hice un gran esfuerzo para sonar como chico XD

¿Qué les pareció? ¡Ya les había dicho que valdría la pena! Espero sus comentarios y que se encienda el FF XD nos leemos en el siguiente capi. Solo quedan dos más XD

Un beso para todos :D