¡Hola chicos! Aquí les traigo el capítulo número doce de esta versión… Como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Aclarado esto, comencemos…
Seré la luz que te guíe.
Capítulo 12 – Mi luz
Un molesto frío se coló por mis pies, recorriendo todo mi cuerpo. Abrí mis ojos poco a poco y pestañeé varias veces, una maña inútil que tenía desde el accidente, como si con eso fuera a regresar la luz a ellos. Me removí inquieto y estiré la mano tratando de buscar la fuente del calor que me había mantenido durmiendo como un bebé durante toda la noche… pero ella no estaba.
—¿Dónde estará?
Con pereza, me levanté en la cama y a los segundos percibí dos deliciosos aromas que me fascinaban, hot cakes y chocolate.
—La cocina es el rumbo —dije sonriendo.
Fui hasta el closet y saqué un pantalón deportivo y ropa interior para vestirme… no tenía ni remota idea de donde había caído la que tenía anoche y tampoco perdería tiempo buscándola. Tomé un baño rápido y me vestí.
Aun no podía creer lo que había pasado anoche. Ella… ella era… solo había una palabra para describirla, perfecta. Sakura había mandado al demonio todas sus inhibiciones para hacerme sentir cómodo, para dejarme "verla" y "leerla" a mi antojo. Mierda, ese fue el momento más erótico y sensual de toda mi vida y no me arrepentía de nada, por Dios que no me arrepentiría nunca.
Su cuerpo era hermoso y se amoldaba al mío a la perfección y… cada una de las sensaciones que sentí habían sido… ¡Dios! Sakura hizo vibrar mi alma de tal forma que jamás podría olvidarla, ninguna mujer podría igualarla ¡Nunca!
La conexión que sentí con ella había sido maravillosa, excepcional, única… estaba seguro que no volvería a sentir tal cosa con otra mujer. No estaba seguro si había sido por su entrega total o quizás fue su sensualidad natural… pero me había vuelto loco. Tuve que recurrir a todo mi autocontrol para no joder la mejor experiencia de mi vida y lo había logrado como todo un maldito campeón. Para nadie era un secreto que si un hombre estaba un buen tiempo en abstinencia podían ocurrir… vergonzosos accidentes, por eso estaba orgulloso de mi mismo y de cómo había logrado controlar mi instinto para ser suave con ella. Sakura merecía una primera vez lo más perfecta y memorable posible y esperaba haber cumplido esas expectativas.
Caminé con lentitud, siguiendo el suave aroma de la comida. Escuché el rugido de mi estómago y me toqué la barriga como si con eso fuera a acallarlo. Cuando estuve cerca del comedor, escuché el suave tarareó de Sakura.
Me quedé en el marco del pasillo escuchando su voz. Podía imaginarla moviéndose de aquí para allá mientras cocinaba, vistiendo alguna prenda mía. Una imagen muy tentadora si me lo preguntaban y difícil de olvidar una vez instalada en mi cerebro. Escuché sus pasos acercarse y luego percibí que estaba colocando cosas sobre la mesa, probablemente los deliciosos hot cakes.
¿Cómo debía anunciarme? ¿Debía solamente acercarme y abrazarla? No, eso solo funcionaria si pudiera apreciar cuando estaba distraída para darle la sorpresa. Resoplé y consideré que lo mejor era llamarla para evitar accidentes, siendo ella tan despistada, probablemente causaríamos un accidente.
El suave tarareó se alejó de nuevo y sonreí. Podía acostumbrarme a esto, me agradaba el sonido en casa, le daba más vida y la hacía más acogedora, pero más que todo, se debía a que ella estaba allí.
—Oye, con calma, Kero —dijo de repente—. Luego te atragantas.
Bien, ya había retrasado mucho el momento y también teníamos una importante conversación pendiente.
—Ninfa.
—Buenos días —dijo y aunque me costara creerlo, la voz inocente de Sakura había cambiado por una sensual y provocativa… o quizás solo eran mis ganas—. Espero no te moleste que haya hecho el desayuno, imagine que tendrías hambre.
—Ahm… no, la verdad tengo bastante hambre, pero… creo que debemos hablar primero —dije soltando un suspiro.
Ayer lo menos que hicimos fue hablar. No me quejaba, obviamente, pero Sakura no se merecía eso. No quería que pensara que me había aprovechado de la situación y mucho menos que malinterpreta las cosas, por eso necesitábamos aclarar nuestra situación actual.
—Creo que eso puede esperar un poquito…
El tono bajo de su voz encendió mis alarmas. No quería que pensara mal y precisamente era lo que estaba haciendo. Debíamos aclararlo ahora para evitar problemas y por eso negué con mi cabeza.
—Necesitamos… no… necesito explicarte algo… lo que pasó anoche…
—Shaoran… —me interrumpió y fruncí mi ceño—. Por favor, no me pidas que olvide lo de anoche porque no lo haré y mucho menos digas que fue un error, porque para mí fue… una noche hermosa. Si realmente no quieres darnos la oportunidad… esta bien, pero no me quites eso.
«¿Qué mierda estás pensando, ninfa?» pensé preocupado. Las cosas estaban comenzando a salirse de control de nuevo y esto era lo menos que quería que pasara.
—No me estás entendiendo, Sakura —dije cerrando mis ojos, tratando de no molestarme—. No me estas dejando explicarme y estas asumiendo cosas.
—¿Asumiendo cosas? —preguntó alzando un poco su voz. Estaba completamente a la defensiva—. Discúlpame, Shaoran. El tono de voz que estas usando y tu lenguaje corporal habla por sí solo. Eso que estoy "asumiendo" es tan malo que no puedes decirlo sin desviar tu rostro… pero no te preocupes. Ayer te dije que no te obligaría a estar conmigo de ninguna forma y hoy lo mantengo.
Si desviaba mi rostro era porque estaba nervioso ¡No tenía nada que ver con lo que ella imaginaba!
Maldición. Debí usar otra maldita frase… ¿Por qué al escuchar las palabras "tenemos que hablar" todos pensaban que era algo malo? Bien, siempre la usaban para terminar relaciones ¡Pero también podía usarse en un buen contexto!
—Sakura…
—No estoy molesta, de verdad no lo estoy. —Bien, la había hecho llorar de nuevo y ni siquiera teníamos un día juntos—. El desayuno lo tienes servido. Buscaré mi ropa y me iré para no seguir molestándote.
La sentí pasar a mi lado con rapidez, sin darme chance a reaccionar ¿Qué diablos había pasado?
«Todo es mi culpa» pensé frustrado. Esto solo era una reacción a todo lo que yo le había hecho antes. Era mi culpa.
—¡Sakura! ¡Espera!
Traté de seguirla, pero al caminar con rapidez perdí el mapa mental que tenía de mi casa y quizás di uno o dos pasos de más a los que debía y por eso, me caí al chocar con la mesa de la sala, llevándome conmigo los adornos que allí tenía. Un dolor punzante se extendió en mi mano izquierda al tantear la zona a mi alrededor, un maldito vidrio había sido el culpable ¡Diablos! ¿Acaso no podía hacer algo bien?
Escuché los pasos de Sakura acercándose. No quería… esto no era lo que yo quería. Sakura no debía ser testigo de mi debilidad de esta forma, eso solo me hacía sentir más patético.
—¿Estás bien? —escuché su voz a mi lado, más no contesté.
No quería salirle con algún mal comentario que empeorara la situación. El menosprecio que sentía hacia mí mismo no tomaría el control esta vez, aunque me costara horrores, aunque tuviera que morderme la lengua para no decir nada. No la heriría de nuevo.
Con cuidado, tomó mi mano lastimada y la envolvió en un paño y luego me ayudó a sentarme en el mueble. Escuché sus pasos rápidos alejarse de mí una vez más y al poco tiempo, regresó y comenzó a tratar mi herida. Impotencia, miedo, dolor, ira… eso lo que sentía ahora, pero en esta ocasión estaba dispuesto a luchar contra todo, no dejaría que Sakura saliera lastimada una vez más, no después de haberme jurado protegerla hasta de mí mismo si fuera necesario.
—¿Estás bien? ¿Necesitas algo? —preguntó, sentándose a mi lado después de limpiar la sala.
Y sí necesitaba de su ayuda o, más bien, la necesitaba a ella. Apreté mi puño con fuerza y entonces asentí. Esta era una batalla que no podía librar yo solo, necesitaba que ella estuviera a mi lado para ser mi apoyo.
—Necesito que me golpees.
—¿Qué?
—Necesito que me despiertes, Sakura —dije, sincerándome con ella. No me importaba en lo más mínimo verme y sentirme débil, no si era con ella. Ya no más—. Estoy nadando en el autodesprecio de nuevo por no poder hacer nada por mi mismo. Todo me sale mal, yo solo…
—¡No pienso golpearte! —gritó y luego sentí como me envolvía en un abrazó fuerte que no estaba dispuesto a rechazar.
La apreté contra mi cuerpo mientras ella acariciaba mi espalda de arriba abajo, una y otra vez. Este abrazo no era un abrazo ordinario, estaba cargado de muchos sentimientos abrumantes. Sakura quería decirme con esto que ella estaba aquí para mí y siempre lo estaría.
Segundos, horas… en realidad no importaba el tiempo mientras ella estuviera entre mis brazos.
—Te amo —susurró en mí oído y su cálido aliento hizo que mi piel se erizara entera.
—¿Aun si no puedo verte? ¿Aun si nunca podré apreciar lo hermosa que eres? ¿Aun si no puedo ayudarte en nada?
Sabía la respuesta, pero, aun así, necesitaba escucharlo una vez más de sus labios. Necesitaba cargarme de su energía y de su seguridad para poder continuar.
—Te amo aun si no puedes ver, oír o hablar. Dices que no me ayudas en nada, pero no has dejado de ayudarme desde que nos conocimos. Soy yo quien no te he ayudado en nada.
—No es cierto.
—Si lo es —dijo, ahogando un sollozo—. Me duele que hables así de ti, pero no he hecho nada para ayudarte a salir de ese pozo de tristeza.
Ciertamente, ver solamente mi lado negativo era algo con lo que tenía que lidiar y superar, pero era gracias a ella que había tomado la decisión de hacerle frente y dejar la autocompasión atrás. Fue gracias a ella que decidí tomar riesgos y… vivir.
—Ninfa, gracias a ti es que he comenzado a "ver" la vida como lo que es, un tiempo finito que debía ser disfrutado al máximo.
—También has aprendido a verme. Anoche lo hiciste —dijo riendo.
—Sabes de cual tipo de "ver" estaba hablando —dije, aspirando su suave aroma.
Mierda, podía pensar que era un maldito pervertido, pero su aroma ya se había vuelto una droga para mí.
—Eso no me importa —dijo, separándose un poco para acariciar mi mejilla—. Lo que importa es que estamos juntos, Shaoran… Lo que pasó anoche fue lo más lindo que me ha pasado, siempre lo voy a recordar así, no importa lo que pase. Por eso no quiero que digas que fue un error, eso me mataría.
—Nunca diría que fue un error, Sakura —resoplé y la miré frunciendo el ceño—. Por eso te dije que estabas asumiendo cosas… Tal ves usé mal la frase "debemos hablar", pero tienes que admitir que si debíamos hacerlo.
—Lo sé… —murmuró y podía verla en mi cabeza con un pequeño mohín y sus mejillas sonrojadas.
Necesitaba calmarme y despejar ese tipo de imágenes tiernas de mi cabeza o terminaría saltándole encima.
Sacudí un poco mi cabeza. Debía enfocarme en la conversación para llevar esto a un buen término y para eso necesitaba todos mis sentidos enfocados. Levanté mi mano y la coloqué sobre su mejilla para asegurarme que me estaba mirando y entonces continué.
—Mi intención era hablar sobre lo que pasara con nosotros de ahora en adelante…
Sakura retuvo el aire y luego la sentí bajar su mirada. Mi intención no era recriminárselo, porque el único culpable de su actitud defensiva era yo y necesitaba que lo entendiera así. No iba a dejar que ningún malentendido la alejara de mí otra vez.
—Hey… no te lo estoy reprochando —dije, levantando su cabeza hacia mí—. Mi actitud te ha llevado a pensar eso, puedo entenderlo.
—Entonces…
—Estoy cansado de esto… —dije, cerrando mis ojos y pegando mi frente a la suya, dispuesto a sincerarme—. No quiero seguir negándome la oportunidad de ser feliz con alguien. Había pensado que enamorarme era condenar a esa persona a vivir con un lisiado… pero, tú cambiaste mi forma de pensar y percibir la vida. Solo te pido que me tengas un poco de paciencia… cosas, como la que acaba de pasar, pueden hacerme flaquear un poco.
—Seré tus ojos de ahora en adelante —dijo con suavidad, pero eso no era lo que yo quería oír de ella.
No necesitaba que ella "mirara" por mí, lo único que quería era su compañía y su apoyo, nada más. Si estaba a mi lado, podría lidiar con mi lado oscuro porque ella era mi ninfa de luz.
—No, Sakura —susurré sobre sus labios—. No quiero que seas mis ojos, quiero que seas mi apoyo. He vivido todos estos años sin ellos… solo necesito de una persona lo suficientemente valiente para estar a mi lado, que quiera compartir sus días conmigo y también que no tema devolverme a la realidad cada vez que lo necesite.
—Estás pidiendo una novia —dijo, tratando de contener su risa.
—Sí, estoy pidiendo una novia con esas características —dije con una sonrisa ladeada. Esa que la hacía suspirar—. ¿Quieres ese trabajo?
—Creo que debería ponerte sobre aviso de nuevo —dijo riendo—. ¿Recuerdas?... soy una caja de Pandora.
—Sí, ya lo sé y la respuesta sigue siendo la misma. —Dejé un beso en su cabeza y tomé sus mejillas para acercar su rostro al mío—. Asumo el riesgo. Además, fuiste lo suficientemente tenaz para ganarte mi corazón, eso es admirable.
—Oye, ahora que nos estamos sincerando… Ayer la profesora Mitsuki me hizo escuchar una canción nueva tuya.
—Metiche…
¿En qué momento me había grabado? Ya mañana me encargaría de reclamarle por esto.
—¿Compusiste esa canción por mí? —dijo, pasando suavemente uno de sus dedos por mi pecho desnudo.
—Sí… fue la única forma de sobrellevar todo esto —dije, aclarando mi garganta para que mi voz no se notara ronca.
«Estás matándome, ninfa»
—Es triste, pero muy hermosa. —Dejó un pequeño beso en mis labios y obviamente quedé con ganas de más—. Es la primera vez que compones para mí.
—También eres despistada, pero eso es lo que más me gusta de ti… —dije rolando mis ojos y por eso me gané un pequeño golpe en el brazo—. Ya había compuesto algo para ti antes, tú misma tocaste esa canción.
¿Cómo estaría su cara ahora? ¿Boca abierta? ¿Ojos sorprendidos? En realidad, no me importaba, podía saberlo si me acercaba y así lo hice. La "vería" a mi modo.
—Siempre has sido tú, ninfa —Dejé un besó en sus labios y apreté su cintura para hacerle saber de mi hambre por ella—. Llegaste a mi vida, la revolviste toda y te quedaste en ella. Eres mi musa.
Le sonreí y comencé a acercarme con la intención de besarla, pero ella me ganó al lanzarse sobre mí para devorar mi boca ¡Dios! Sakura lograba encenderme con tan solo un beso, así de grande era su poder sobre mí cuerpo y mi alma. Era capaz de hacer desaparecer todo a mi alrededor con una sola caricia.
Ejercí presión sobre ella y comencé a inclinarme hacia adelante para terminar acostados sobre el sofá. Me apreté a ella lo más que pude y logré sentir contra mi pecho lo que quería, sus hermosos senos… aunque esa maldita camiseta no me dejaba sentirla en todo si esplendor. Estaba completamente drogado de ella.
—Sabes… una vez, Eriol me dijo algo que no me agrado mucho, pero… si lo modificamos puede que comience a gustarme… —dije al separarme un poco con la clara idea de alejar la maldita tela que no me dejaba sentir su piel contra la mía.
—¿Y que será eso? —preguntó extasiada y deseosa de más.
Sonreí con arrogancia porque yo era el responsable de tal deseo. Era hombre, no podía negar que eso elevaba mi ego.
—Dijo que tener sexo era mejor que la música… —bajé la cabeza hasta enterrarla en la curva de su cuello. Iba a llevarla al límite esta vez—. Yo lo modificaría de esta forma… hacer el amor con la mujer que amas, es mejor que cualquier cosa.
—¿Incluida la música? —preguntó riendo, mientras me dedicaba a sacarle incontables gemidos.
Sakura era el mejor instrumento que podía tocar y su "música" era la mejor para mis oídos.
—Estoy haciendo música con tu cuerpo, ninfa —dije, dándole un beso profundo que la hizo suspirar y no pude evitar sonreír sobre sus labios, satisfecho—. Esos sonidos y los gemidos que haces son la mejor música que he escuchado en mi vida.
¿Estaría sonrojada? Estaba seguro que sí y eso solo incrementaba mi hambre y sed por ella. Arremetí de nuevo contra su boca y logré sacarle más de un gemido. Estaba loco por ella, la amaba, la adoraba… estaba decidido a darle todo de mí a ella.
—Shaoran… el desayuno se enfría —dijo cuando dejé libre su boca para volver a consentir su cuello.
—Creo que en estos momentos tengo otro tipo de hambre.
Sakura comenzó a frotarse contra mí y eso casi me hace perder el control. Mierda ¡La necesitaba ahora!
—Te dejaré libre solo para que llames a Tomoyo y le digas que estás bien… Y también le dirás que no te dejaré salir de aquí hoy.
Moví mis cejas arriba y abajo y sentí de nuevo un golpe en mi brazo. No era mi culpa, ella había comenzado y yo era débil contra su cuerpo. Además, el mío todavía no estaba completamente satisfecho… aunque probablemente un no estaría satisfecho de ella nunca.
—¡Li Shaoran! ¡No sabia que eras tan pervertido!
—No se que estas pensando tú, ninfa, pero yo estaba pensando en un día tranquilo en casa de tu novio. —No pude evitarlo y Sakura era tan inocente que posiblemente se lo creería—. ¿Estás sonrojada?
—Un poco… —dijo bufando y eso me encantó.
—Bien, lo admito. Estaba hablando de algo mucho más divertido —dije, dándole un beso en su hombro y comencé a subir su camiseta, poco a poco, revelando su deliciosa y caliente piel que esperaba por mis besos—. Quizás si me he vuelto un pervertido.
—Lo sabía.
Sakura comenzó a soltar pequeños suspiros a medida que mis besos comenzaban a descender de su cuello hacía mi destino favorito.
—A mi favor, debo decir que no lo era hasta anoche, cuando descubrí lo que era hacer el amor contigo —dije a su oído—. ¿Llamaras a Tomoyo?
Ultima oportunidad, porque luego no me detendría hasta que ambos quedáramos saciados una vez más. Cuando mi mano llegó al límite de sus cimas su aliento llegó a mi oído en un largo y glorioso suspiro.
—Creo que… creo que puedo llamarla luego. —Esa era la respuesta que quería.
Me lancé a sus labios de nuevo y comencé a besarla, derrochando el más puro e intenso deseo.
Mi cuerpo necesitaba fundirse con ella una vez más. La necesitaba a ella y había demasiada tela entre nosotros.
—Me interesa leer de nuevo este hermoso libro —dije jadeante—. ¿Me dejas hacerlo?
—Solo si me dejas esta vez "verte" como me viste a mí anoche.
Mierda, eso me calentó aún más.
—Soy todo tuyo, ninfa. Puedes hacer lo que quieras.
Mis manos fueron a donde querían ir y consentí sus preciosos senos. Sakura era deliciosa y nunca me saciaría de ella, jamás. Esta vez, no me contuve, toqué, saboreé y "miré" todo su cuerpo, marcándolo como mío. Quité la primera prenda que me fastidiaba y aproveché ese momento para levantarme del incomodo mueble y cargarla para llevarla de nuevo a mi habitación.
La acosté con delicadeza en la cama y comencé a besarla de nuevo, dispuesto a dar rienda suelta a mi deseo por ella, pero una vez más, Sakura me sorprendió al darse la vuelta y posicionarse sobre mí. Obviamente, no me molestó el cambio y mucho menos cuando fue ella quien dejó atrás sus inhibiciones para recorrer mi cuerpo entero y marcarlo como suyo. Sí, sus caricias eran inexpertas, pero eso hacía que mi cuerpo ardiera aún más de placer. Así como yo había "visto" su cuerpo, ella "vio" el mío y eso fue aún más erótico y sensual.
Como se lo había dicho, no la dejé salir de mi casa en todo el día. Solo nos dedicamos a amarnos, a conocer nuestros cuerpos una y otra vez y también a revelar nuestras almas.
Quité el velo que no le permitía verme como ella quería y entonces la dejé entrar en mi interior. Hablamos de mi familia, de mi madre, de mis hermanas y… de mi padre. De lo que sentí ese día cuando lo perdí y cuando quedé sumido en esta completa oscuridad.
Solo había hablado de esto con Eriol y Mei, nadie más. Eso solo era una prueba de cuán importante era Sakura para mí y cuanto confiaba en ella. Le hable de mis inseguridades, de mi lado negativo y oscuro y de cómo había tenido que lidiar con eso para seguir adelante.
Cada episodio, cada bache en el camino me había hecho madurar de cierta forma y me había hecho más fuerte. Por eso creía firmemente en que estaríamos bien de ahora en adelante, porque una vez aprendía algo, no lo olvidaba jamás.
Lo que había pasado entre nosotros, la pelea y el afloramiento de mis inseguridades solo era un vistazo de lo que podía pasar si no me controlaba. Podía perder a la persona más importante para mí y no estaba dispuesto a hacerlo. Ahora lo tenía claro y usaría eso como norte.
Una vez más, Sakura y yo dormimos juntos y se sintió como… como si su lugar fuera estar entre mis brazos. Esta vez, fui yo quien se despertó primero y si hubiera podido ver, la hubiera contemplado mientras dormía, pero en vez de deprimirme, lo que hice fue "verla" a mi modo. Recorrí su espalda desnuda una y otra vez con mis dedos y luego acaricié su largo y suave cabello. Pasé mi mano por sus cejas, por su nariz y luego, mi droga preferida, sus labios. Mi intención era solo acariciarla, pero no pude detener el impulso de besarla y obviamente mis ganas la despertaron.
—Si no tuvieras que ir a la preparatoria te juro que tampoco te dejo salir hoy.
Sakura rio al sentir mis besos en su cuello y luego alargó su mano hasta la mesita, seguramente para ver la hora.
—Debemos alistarnos ya. Tú también debes trabajar.
—Entonces, debemos tomar un baño juntos para ahorrar tiempo.
—Tiempo y agua.
—Sí, ninfa. Tiempo y agua —dije riendo y me levanté de la cama trayéndola conmigo.
No era muy complicado para mí imaginar lo que sería una vida así. Despertar con ella a mi lado, posiblemente hacerle el amor antes de salir de casa y luego rogar a que el tiempo pasara rápido para volver a casa y amarla una vez más.
«Estoy mal…» pensé mientras desayunábamos juntos.
Realmente me había vuelto un pervertido que solo pensaba en hacerle el amor una y otra vez. Ya lo sabía, era un completo adicto a su cuerpo y no me molestaría en negarlo.
Sakura quiso irse primero, pero no la dejé. Había quedado en encontrarse con su prima y lo menos que quería era que pensara que me había aprovechado de ella y de su tristeza. Sakura era mi novia ahora y me encargaría de protegerla, siempre.
Al sentir que pronto tendríamos que separarnos… sentí un frio en mi cuerpo, a pesar de ir en medio de Sakura y Kerberos. Después de haberla tenido conmigo por un día entero… no quería dejarla ir.
—Esto va a ser complicado.
—¿Qué será complicado?
Apreté un poco más el agarré en su mano y entonces le sonreí.
—Dejarte ir, luego de tenerte un día entero.
No necesitaba que me lo confirmaran, estaba deliciosamente sonrojada.
—No será la última vez —dijo a mi oído, aguantando la risa.
—En definitiva, no quieres que te deje salir de mi casa nunca —respondí, negando con la cabeza. Sakura estaba jugando con el poco autocontrol que tenía.
—Eres un pervertido.
—No es mi culpa, tú me convertiste en esto, ninfa —dije, dándole un beso en la sien y la jalé con suavidad para acercarla a mí y poder abrazarla.
Sakura recostó su cabeza en mi hombro y continuamos caminando. Los sonidos del parque habían regresado con mayor intensidad, podía escuchar los arboles danzando por la brisa, los pájaros volando a nuestro alrededor y a las personas conversando. Había dejado de ser un grinch y no quería volver a serlo nunca más.
—¡Se ven preciosos! —La voz de Tomoyo se escuchó a lo lejos y sonreí.
Me alegraba saber que, a pesar de todo, aun me guardaba estima y confiaba en mí. Otra persona hubiera alejado a Sakura de mí al verla sufrir, pero Tomoyo no solo la había alentado, había servido de apoyo y también de cubierta para poder mantener a mi ninfa conmigo.
—Su primera fotografía como novios —dijo riendo.
Típico de ella. Era predecible saber que nos tomaría una fotografía juntos. Más bien, había esperado un video.
Negué con mi cabeza y saqué mi celular para dárselo ¿Quién mejor que ella para tomar una foto perfecta?
—Toma una fotografía y colócala de fondo de pantalla, por favor.
Su pequeño chillido de emoción me hizo reír, Tomoyo nunca cambiaría. Aproveché para atraer aún más el cuerpo de Sakura hacía el mío y luego bajé mi cara hasta posar mis labios sobre su mejilla. No le di oportunidad de reaccionar, de posar o de quejarse, solo actué y esperaba que Tomoyo hubiera tomado la foto. A veces las mejores fotografías eran las que no se planificaban.
—Una fotografía preciosa —dijo.
—¡No! ¡Es horrible! ¡Por favor bórrala!
Sakura se soltó de mí y fue tras su prima.
—¡No es tu celular! ¡Y ni siquiera la has visto!
Esperé tranquilo. Estaba seguro que, al ver la foto, no podría borrarla. No importaba como hubiéramos salido, la amaría simplemente porque estábamos juntos en ella.
—Ten.
—¿Te gustó la foto? —pregunté con una sonrisa burlona.
—No es la mejor foto que me han tomado… pero es una foto contigo. Me encanta.
—Ustedes dos son demasiado tiernos —dijo Tomoyo—. Es una lástima que tengamos que irnos… ¡Maldita preparatoria! Menos mal quedan tres meses.
—En realidad me preocupa que ayer faltaras a la escuela por mi culpa —dije acariciando su mejilla.
Ayer no lo había pensado hasta muy pasado el día. Había sido muy irresponsable de mi parte pedirle que se quedara conmigo porque no solamente había faltado a clases, también le había mentido a su familia.
—Ayer no te importó mucho eso, Romeo.
Mis mejillas se calentaron y estaba seguro que Sakura estaba peor.
—Es tar…tarde —tartamudeé. Ahora también tenía que preocuparme de Tomoyo… y las cosas serían peores cuando Eriol viniera a vivir a Japón—. Lo mejor será que vayan avanzando, yo también debo ponerme al día hoy.
Sakura se acercó a mí y dejó un pequeño beso en mi mejilla. Esos besos ya no eran suficientes, pero entendía que no podíamos aspirar a más delante de su prima.
—¿Me esperas en la tarde?
—Siempre.
Los labios de Sakura se posaron sobre los míos en una simple y delicada caricia que disparó mis latidos. Sakura todavía no era consciente del poder que tenía y pobre de mí el día que lo descubriera.
—Kerberos, escuela —dije suspirando, cuando las chicas se fueron.
Tomoyo tenía razón… ¡Maldita preparatoria!
Mi fiel amigo me condujo por el parque hasta que llegamos a la escuela. No sabía que decirle a Kaho porque no había avisado que faltaría, ni siquiera llamé y tampoco me parecía conveniente decir la verdad, no cuando ponía en riesgo a Sakura.
Me acerqué con cuidado hasta el puesto de Rika y le pregunté por Kaho, gracias a Dios, todavía no llegaba. Caminé hasta mi salón y saqué todo lo necesario para mis clases. Estaba por escuchar mis notas de voz cuando mi celular sonó.
—¿Cómo está mi emo favorito?
—Cuatro ojos… —Ya me parecía extraño que no me hubiera llamado.
—¡Ha! Esa voz me indica que has dejado de ser un emo.
—Eso no se debe a mi tono de voz, primo. Se debe a que una chica de cabello negro seguramente te aviso o ¿Me equivoco? —Su silencio fue la mejor respuesta—. ¿Cuándo le dirás que estas babeando por ella?
—Ahora como tienes novia quieres que todos los demás tengamos pareja… El amor, el amor.
—No lo digo por eso, primo. Lo digo porque Tomoyo es una chica muy hermosa y quizás en tres meses alguien logre conquistarla.
—Eso no pasara… y adelanté mi viaje para dentro de un mes y ella ya lo sabe.
Esa notica no me sorprendió. Eriol podía llegar a ser bastante impaciente y ya sabía que no iba a resistir los tres meses.
—¿Conseguiste apartamento?
—¿Me recibirás en el tuyo?
—Ya te había dicho que no y mucho menos ahora que tengo novia.
—¡Eres un bastardo! ¡Me cambiaste por un par de piernas!
—Unas piernas mucho más hermosas que las tuyas, idiota.
—Me alegro escucharte así… se nota que estas feliz.
Sí, estaba malditamente feliz y le debía eso a mi novia. Sakura había tenido la entereza de enfrentarme en mi modo oscuro y había salido airosa. Tenía una tenacidad fuerte y era capaz de lograr todo lo que se proponía. Por eso, el llamarla "mi novia" me llenaba de orgullo y jubilo.
Finalicé la llamada, prometiendo llamar a mi madre la semana que viene para contarle la noticia. Era algo inminente que debía hacer, además, según Eriol, todavía seguía buscándome un "buen prospecto" … Mi madre iba a pegar el grito al cielo y seguro tomaría el primer vuelo a Japón para conocer a Sakura.
—A pesar de ese suspiro, te notó más descansado y de buen humor.
¡Rayos! Aun no estaba preparado para enfrentarla.
—Ahm… sí, lamento haber faltado ayer sin avisar.
—No te preocupes, estoy segura que valió la pena ¿Cierto?
¿Qué si había valido la pena? Cada maldito segundo que pasé con mi novia valió la pena, no me arrepentiría nunca de eso… aunque no fuera lo correcto.
—Sí… —murmuré cohibido y seguramente sonrojado.
—Bueno, te dejaré prepararte para tu clase. Espero que tu día sea muy productivo.
—Cla…claro.
Sus pasos se alejaron del salón, dejándome solo de nuevo. A veces Kaho me sorprendía. Podía ser malditamente fastidiosa y metiche, como mis hermanas, pero en momentos como este, respetaba mi privacidad. No me quejaba, pero si me asombraba.
El día pasó en extremo lento por mis ganas de estar con ella de nuevo, pero me obligué a prestarle atención a mis estudiantes. Muchas personas podrían decir que se trataba de la novedad, pero estaba seguro que esta necesidad por ella no se me pasaría nunca.
Por fin, mi tan ansiado té de la tarde llegó y eso era un indicativo del poco tiempo que faltaba para estar con ella de nuevo. Salí a la recepción y comencé a conversar con Rika, cuando sentí un jalón en mi camisa.
—Quiero odiarte… —La voz de Kai sonaba molesta y eso era extraño.
—Buenas tardes, Kai.
—¡Nada de buenas tardes! ¡Ayer fue la peor clase de piano de mi vida! —gritó—. Ni cuando estabas molesto las clases se me hicieron tan horribles como la de ayer.
—¿Quién les dio clase, Rika?
—La profesora Matsumoto, era la única disponible.
Un escalofrío me recorrió la espalda al escuchar ese apellido. Esa mujer era un maldito demonio sin paciencia… y conociendo a mis gánsters, seguramente se armó una guerra.
—Si sigo con esa mujer me retiro de la escuela ¡Lo juro! ¡Y no te rías porque todo eso fue culpa tuya!
No podía evitar reír cuando se expresaba de esa forma. Estaba seguro que esos niños le habían dado una batalla formidable a esa mujer y también estaba seguro que ellos habían salido victoriosos.
Me acerqué a él y llevé mi mano hacía su cabeza para revolverla.
—Tranquilo, mocoso. Hoy estarán conmigo de nuevo.
—¿De verdad? —Su voz llena de esperanza me sacó una sonrisa y asentí contento—. ¿Arregló sus asuntos con Sakura?
—Solo te diré que ahora tengo novia —le guiñé un ojo y volví a revolver su cabello.
—¿Ya tienes novia, Shaoran?
¡Maldición! Si Kaho lo sabía mis hermanas no tardarían en enterarse.
—Sakura es su novia y está alardeando, profesora Mitsuki.
—Eso está mal, muy mal, Shaoran ¿Debo avisarles a tus hermanas para que te reprendan?
—¡Ni se te ocurra!
—Está bien, pero cuando decidas contarles dame el gusto de poder llamarlas primero.
—Trato.
Nos dimos la mano y sellamos esa promesa. Por lo menos eso me daba un tiempo para poder prepararme para lo que se me venía encima.
—Suertudo… —murmuró Kai y le di una sonrisa socarrona.
—Quince, niño.
—¡Hey! ¡Era catorce! ¡Catorce!
—Quince, catorce, es lo mismo.
—¡Es un año más de tortura!
No aguanté la risa y ellos se unieron a mí. Tenía tiempo que no me sentía así, completamente relajado. Antes de toda la pelea, ciertamente era feliz, pero mis inseguridades estaban al asecho y me hacían dudar de vez en cuando. Ahora era diferente porque estaba dispuesto a darles pelea y no dejarlas influenciarme, nunca más.
—Hola ¿Cómo están?
¡Por fin! Parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que escuché su voz. Ahora si estaba condenadamente feliz.
—Hola, ninfa —dije tendiendo mi mano hacía ella.
Tardó un poco en responder, seguramente porque estábamos rodeados de personas, pero aun así tomó mi mano. La apreté con ligereza y la jalé hacia mí. Necesitaba sentirla y que supiera cuanta falta me había hecho.
—Te extrañé —susurré en su oído.
A pesar de sentir el estremecimiento de su cuerpo, su respuesta no era la que esperaba.
—Hay alguien con quien debes hablar.
Al principio, no entendí lo que quería decir, pero al no escuchar la voz de mi gánster número uno, lo supe.
—Estás allí ¿Cierto, pequeña gánster?
No hubo respuesta. Solté un suspiro y tendí mi mano hacia adelante, esperando que ella la tomara. No estaba seguro de cuánto tiempo pasó, pero cuando estaba a punto de bajar mi mano, decepcionado, sentí su pequeña manita tomar la mía.
—Danos diez minutos, Kai. Luego de eso entra al salón para comenzar la clase.
—¿Serás de nuevo nuestro profesor? —preguntó mi gánster con voz partida.
Un nudo se formó en mi garganta y al no encontrar mi voz para responderle, revolví su cabello y asentí.
Caminamos juntos en total silencio hasta que llegamos al salón y le pedí que nos guiara hasta el piano para poder hablar con ella. Ya había arreglado las cosas con Sakura, ahora me tocaba enmendar el dolor que le había causado a esta tierna niña que se había ganado mi corazón.
—Quiero que sepas que tenías razón, Hitomi —empecé y ella apretó mi mano en respuesta—. Me comporté como un cobarde y por eso herí a personas que son muy importantes para mí.
—No debí decirte eso —dijo con voz partida.
—Si debiste y te lo agradezco… eso me demuestra cuán importante soy para ti.
—¡Eres muy importante! —dijo apretando mi mano con tanta fuerza, que estaba comenzando a temblar—. No quería perder esto… no quería que te alejaras de nosotras.
—Ya no lo haré… y si lo intentó te autorizo para que me golpees.
—No me des ese poder porque lo usaré.
La atraje hacía mí y la abracé. No solo había recuperado a mi ninfa, también había recuperado a mis pequeños gánsters.
—¿Ya puedo pasar?
—¡Todavía no! —gritó Hitomi y reí porque por fin había recuperado su sonrisa.
—¡Oye! ¡Ya tú tienes una novia! ¡No abraces tanto a la mía!
—No soy tu novia —resopló Hitomi y se abrazó más a mí—. Shaoran, protégeme de ese niño.
—Cariño, espero que mantengas eso hasta los veinte por lo menos.
—¡Dijo catorce!
—Y si sigues así lo subiré cinco años más.
Extrañaba esto. Nuestras clases divertidas y llenas de risas. Los niños se mostraron aplicados y prestaban atención a todo lo que decía y les enseñaba. Retomamos una vez más el Gavotte y dimos por finalizada la clase. Estaba seguro que en un par de semanas estarían listos para unirse a mis violinistas. Sería una música digna de escuchar y apreciar.
Salimos juntos hacia la recepción y cuando Hitomi soltó mi mano para alejarse corriendo, supe que mi ninfa estaba allí, esperándonos.
—Saliste primero.
—¿Qué les parece retomar nuestra vieja costumbre? —dijo Sakura y recordé nuestro primer encuentro, riendo.
—Tengo una novia con un serio problema con los helados.
—No hablemos de adiciones, Li Shaoran, que tú tienes problemas con el chocolate.
—Sí, ninfa, tengo un problema serio con los chocolates y con otras cosas más ¿Cierto? —dije guiñándole un ojo.
Ella sabía muy bien de que estaba hablando. El chocolate era un delirio para mí, pero Sakura era mi perdición y no me molestaba perderme en ella. Buscando mi droga, me acerqué a ella y posé mis manos en su cintura, uno de mis sitios favoritos de su cuerpo. Acerqué mi cara a la suya y dejé un pequeño beso en su mejilla, aunque muriera por devorar su boca una vez más.
—Salieron temprano hoy —escuché la voz de la madre de Kai y enseguida, escuché sus pasos rápidos hacia ella.
—¡Mamá! ¿Puedo ir a comer helado con ellos?
—Ahm… no creo que…
—Es una costumbre entre nosotros. Por favor, déjelo venir —dijo Sakura y más atrás se le unió Hitomi.
A pesar de todos los intentos, la madre de Kai estaba un poco renuente… así que me tocaría a mi dar el golpe de gracia para poder obtener su permiso.
—Puede acompañarnos si gusta y a partir de mañana puede buscarlo en la heladería del parque —dije acercándome—. Le prometo que Kai estará en buenas manos y lo cuidaremos. Además, no tendrá que venir corriendo del trabajo para buscarlo.
Por unos segundos se mantuvo callada, quizás sopesando los pro y contras… pero luego terminó accediendo y juntos caminamos al parque.
Los helados llegaron y con ellos se instaló un buen ambiente. Hablamos de todo y de lo que les esperaba a los chicos en mi clase especial. La madre de Kai se escuchaba muy orgullosa y quizás por eso volvió a aceptar que lo dejaría en mis manos de ahora en adelante para que no se perdiera de tan amena reunión.
Internamente, agradecí su confianza hacía mí, porque esa mujer estaba depositando en mis manos a su preciado hijo a pesar de mi ceguera. Eso valía mucho para mí.
Al final de la tarde, nos despedimos de todos y Sakura y yo fuimos caminando juntos. Una nueva despedida se aproximaba y no quería dejarla ir… pero ni modo. Algún día la secuestraría por una semana entera… una idea muy tentadora, pero necesitaba hacer algo primero antes de eso. Necesitaba ganarme la confianza de su familia para que supieran que ella estaría bien conmigo sin importar qué.
—Tengo un serio problema con las despedidas —dije, acercándome para dejar un beso en sus labios.
—Yo también tengo el mismo problema —Sakura soltó un suspiró sobre mis labios y tuve que contenerme para no besarla como realmente quería hacerlo.
—Ninfa… sé que te has arriesgado mucho al quedarte conmigo ayer —dije pegando mi frente a la suya—. Por eso, creo que debo acompañarte hasta tu casa.
—Tomoyo me cubrió con eso. No tendré problemas.
—De igual forma… lo más conveniente es que hable con tu familia. Quizás no les agrade mucho que estés con alguien que es mayor que tú.
—Solo por tres años —dijo bufando—. ¿Podemos dejarlo para el fin de semana? Dame ese tiempo para preparar el terreno. Debo hablar con ellos primero antes de que vayas a casa.
—¿Crees que tengan problemas conmigo? —pregunté preocupado.
Una cosa era ella… y otra muy diferente era su familia. No estaba seguro si les parecería bien que ella estuviera con alguien como yo.
—Si estás hablando de tus ojos, no tendrán ningún problema —Sakura se acercó a mí y me envolvió en un dulce abrazo—. El problema será Touya… Es muy celoso y… como que te odia sin conocerte por lo que pasó.
—Yo también me odiaría si estuviera en su lugar —dije riendo—. Pero lo arreglaremos juntos.
Volví a besarla, dejando mis labios un poco más de tiempo sobre los suyos. No quería dejarla ir… pero era necesario. La solté y comenzó a alejarse de mí, pero a los pocos segundos regresó y dejó otro beso en mis labios.
—Ahora sí, hasta mañana.
—Hasta mañana, ninfa.
Suspirando, le di la orden a Kerberos para volver a casa. No me molestaba en lo más mínimo conocer a la familia de Sakura, solo esperaba que ellos me aceptaran… y aunque no lo hicieran me esforzaría porque en algún momento lo hicieran.
Mi casa se sentía fría y vacía sin ella. Me había acostumbrado en tan solo un día a tenerla corriendo de un lado al otro y a su voz llamándome.
—Esto es una mierda…
Sí, era una basura, pero debía acostumbrarme. Mis noches estarían plagadas de suspiros y anhelos por ella, así que debía plantearme una rutina que me ayudara a quemar el tiempo que estaría solo en casa… quizás no era tan mala idea tener al cuatro ojos un tiempo aquí… pero si Eriol estaba aquí, perdería la intimidad con Sakura y eso estaba fuera de discusión. Idearía la mejor rutina para acostumbrarme a estar solo, prefería eso a perder en definitiva la oportunidad de estar con ella de nuevo. En eso pasé la mayor parte del tiempo y cuando menos lo pensé, me quedé dormido.
Al día siguiente, pude estar con ella de nuevo, pero al preguntarle si había hablado con su padre de nosotros, respondió que no. No dudaba de ella y tampoco deseaba presionarla, pero debíamos hacer lo correcto. Ya entrada la noche, justamente cuando estaba cocinando, Sakura me llamó para decirme que su padre había estado de acuerdo en que fuera a su casa a cenar el sábado.
—Estoy feliz… pero me preocupa un poco que mi padre estuviera muy serio.
—Es normal, ninfa. Eres su hija y los padres son celosos… yo lo sería.
—Siempre he pensado que serás un gran padre…
Ese pequeño comentario me hizo sonrojar, pero también me hizo sentir una calidez enorme porque ella me había proyectado a futuro… Maldición, estaba jodido.
—Se cuán importante son para ti, por eso insistí en esto. Quiero que confíen en mí y sepan que estás segura cuando estás conmigo. Además, ya eres mía, ninfa. Nadie podrá separarnos, ni siquiera tu hermano.
—Shaoran… ahora soy yo quien te diré que estas matándome…
Sakura era única y especial. Podía enternecer mi corazón con su inocencia y dulzura, pero también era capaz de llevarme al borde de la locura y encenderme con una sensualidad tan natural que me hacía perder toda noción de mí mismo. Probablemente, Sakura no era consciente de eso, pero eso lo hacía más apasionante para mí.
Los días pasaron y por fin el sábado llegó. Ya había perdido la cuenta de las llamadas y mensajes de Sakura, preguntándome si estaba seguro de esto y la respuesta siempre era "Sí". Era obvio que jamás había llevado un novio a casa… aunque el único "novio" que había tenido era el imbécil que gracias a Dios no se había atrevido a molestarla de nuevo.
Al llegar a su casa, el taxista muy amablemente me condujo hasta la entrada de su hogar y hasta insistió en no cobrarme, pero obviamente rechacé su ofrecimiento y le pedí que registrara su número en mi celular para llamarlo más tarde y viniera por mí. El hombre me había caído bien y contaba historias muy interesantes acerca de su viaje de mochilero por Europa.
Bien, había llegado la hora. Extendí mi mano hacia el frente y toqué el timbre, no pasó mucho tiempo para que la puerta se abriera y el aroma delicioso de Sakura se filtró por mi nariz. No decía nada, pero sabía que me estaba observando, haciendo que mi ego subiera a niveles incalculables. No me consideraba un hombre especialmente atractivo, pero era agradable saber que la chica que te gustaba te devoraba con la mirada.
—Ahm… sé que estas allí, ninfa, pero necesito una confirmación —dije sonriendo.
—Lo… lo siento —Adoraba escuchar esos pequeños tartamudeos y saber que yo era el responsable de ellos—. Pasa, por favor.
Con cuidado, di un paso al frente y atravesé el umbral de su hogar. Un olor delicioso llegó hasta mí y lo identifique con rapidez.
«Estofado de carne»
Era uno de mis platillos favoritos… pero más importante que eso, necesitaba hacerme una imagen perfecta de mi novia.
—Sin que suene mal… ¿Puedo preguntar que traes puesto?
La melodiosa risa de Sakura inundó mis oídos y me sentí pleno. Era una risa hermosa que no me cansaba de escuchar. Fue muy específica al describir lo que llevaba puesto y con eso cumplí mi objetivo. Le guiñé un ojo y le hice saber que me encantaba… pero era obvio que no me importaba lo que usara porque siempre estaba preciosa, aun con una simple camiseta mía… Mierda, mal momento para imaginarla así.
Sakura tomó mi brazo y me guio hacia adelante hasta detenernos en un sitio. No necesitaban decírmelo porque podía sentir las miradas de las personas sobre mí. El cuerpo de Sakura comenzó a temblar un poco y con lentitud y calma, coloqué mi mano sobre la de ella, tratando de calmarla con ese gesto. El que debía estar nervioso era yo y no lo estaba porque mis sentimientos por ella eran reales y solo quería que su familia lo supiera.
—Familia, les presento a mi novio, Li Shaoran.
—Es un placer conocerlos y les agradezco la invitación —dije, haciendo una reverencia delante de ellos.
Por largos segundos, nadie dijo nada y Sakura comenzó a temblar de nuevo. No quería que ella se sintiera mal por esto… era normal que la familia estuviera rehacía a lo que pasaba con nosotros y más cuando no me conocían, pero necesitaba demostrarles que estaba seguro de lo que sentía por ella.
—El placer es nuestro, joven Li —escuché la voz de un hombre y luego sentí como tomaba mi mano para estrecharla—. Le agradezco que se tomara su tiempo de venir a conocernos.
—Es lo menos que podía hacer.
—Vamos a pasar a la mesa para comer y allí hablaremos con más calma. Sakura, ayúdame a servir, por favor.
No me gustaban los extraños, eso era un hecho, pero no debía depender de Sakura todo el tiempo. Aunque me sintiera ansioso, tenía que demostrarle a Sakura que podía lidiar con esto sin salir con alguna respuesta ácida como solía hacerlo. Ella necesitaba de un novio que lograra compenetrarse con su familia y yo estaba dispuesto a hacerlo por ella.
—Anda, cariño. Yo me quedo con mi cuñado —dijo una voz femenina—. Shaoran, mi nombre es Nakuru Akisuki y soy la novia del hermano de Sakura. Te aseguro que estas en buenas manos.
—Ve con tu padre, ninfa. Yo estaré bien con la señorita Akisuki —dije sonriéndole.
—¡Nada de señorita! Na-ku-ru ¿Entiendes? Somos prácticamente familia.
Se notaba que la chica era impulsiva y ocurrente. Ya me agradaba.
—Deja de fraternizar con el enemigo —Esa voz masculina debía pertenecer al hermano de Sakura.
—¡Y tu deja de ser tan idiota!
—¡Oye! ¡Yo soy tu novio!
—Y Shaoran es nuestro invitado.
—Ni siquiera vives aquí.
—¡Oh! ¡Cierto! ¡Yo también soy una invitada! —definitivamente estaba loca y no sabía cómo había terminado con un novio como Touya Kinomoto, pero ¿Quién era yo para criticarla? —. Cuñadito, somos los invitados estelares ¡Debemos disfrutarlo! Y no le prestes atención a Touya, esta celoso.
Nakuru tomó mi mano con suavidad y me indicó que la siguiera hacia el comedor. No era común en mí dejar que alguien extraño me guiara, pero la chica era divertida y hacia explotar al hermano de Sakura, con eso se había ganado mi respeto.
En muy poco tiempo, Nakuru me contó cómo había logrado hacerse novia del gruñón y prepotente Touya Kinomoto, sus palabras, no mías. Según su historia, prácticamente lo había acosado en la preparatoria hasta que se hizo "indispensable" para él… una interesante forma de lograr conquistar a alguien… y quizás ahora entendía que esa chica le había dado consejos a Sakura de "cómo conquistar a un chico". Eso me hizo reír, porque Sakura no me había "acosado" del todo, pero sí que había sido insistente en un principio.
Mientras hablábamos, la potente mirada de Kinomoto no me abandonaba, a pesar de saber que no era capaz de verlo. Quizás sabía que podía sentir aquella mirada, pero intentaba disimular que no estaba ni enterado de la mejor forma posible.
Cuando la cena estuvo servida, agradecimos juntos por la comida y comenzamos a comer. Todo estaba delicioso y felicité al señor Kinomoto cuando comentó que él era el responsable de tan buen estofado. Todo mejoró cuando me contó que era profesor de arqueología en la universidad y yo era un fanático de la arqueología. Sí, amaba la música, pero la arqueología era mi deseo frustrado de vida.
—Entonces ¿Le interesa la arqueología, joven Li?
—De niño me llamaba mucho la atención, señor Kinomoto.
Aun podía recordar la emoción que sentía cuando mi padre me llevaba a los museos. Muchos niños preferían los parques, yo, por mi lado, prefería un buen lugar lleno de historia y momias de ser posible.
—Desgraciadamente mi situación no me permite hacer algunas cosas, pero sacio mi curiosidad buscando noticias nuevas y leyendo libros de arqueología que estén en braille —dije con una sonrisa pequeña.
Esos momentos que pasé con mi padre en los museos iban a estar en mi memoria para siempre. Siempre insistió en que debía estudiar economía, pero sabía de mi pasión por la historia y trataba de cultivar eso llevándome a las mejores bibliotecas y museos de China.
Podía recordar una vez que fuimos a una exhibición del antiguo Egipto donde mostraban algunas momias, joyas… y hasta una réplica de la máscara mortuoria de Tutankamón. Eso había sido en mi cumpleaños número diez, mi padre era un asco dando obsequios, pero me conocía perfectamente y sabía que amaría esa exhibición con mi vida. Ese había sido el único obsequio bueno que me dio… y lo recordaría toda la vida.
—Lamentablemente, no tengo libros en braille, pero le preguntaré a mis colegas si saben de ello para traerte algunos —dijo el padre de Sakura, trayéndome de regreso.
—Se lo agradecería mucho, señor Kinomoto. En realidad… si no hubiera tenido ese accidente, quizás la arqueología hubiera terminado por seducirme. Mi padre estaba empeñado en que estudiara economía, pero eso nunca fue lo mío.
—Puedes llamarme Fujitaka, hijo. No tengo problema. Y déjame decirte que nunca es tarde, leer un jeroglífico es como leer un libro en braille. Quizás no puedas hacer algunas cosas, pero otras si podrías hacerlas muy bien. Volverte un traductor sería una de ellas.
—No lo había pensado…
Realmente no había pensado en eso y era una buena posibilidad. Quizás no podía ir a excavaciones y cosas como esas porque seguramente sería poca la ayuda que podría brindar… pero ser un traductor de jeroglíficos era interesante y podía mantenerme cerca del mundo histórico que me apasionaba tanto.
A pesar de finalizar la cena, continúe hablando con el padre de Sakura un rato más. Era como una fuente infinita de conocimiento y estaba dispuesto a aprovecharlo al máximo. De vez en cuando, Nakuru aportaba cosas y fue cuando me enteré que era una historiadora y trabajaba en la misma universidad que el señor Kinomoto. Nunca creí que alguien como ella le gustara la historia, era como… simplemente no lo entendía ¡Ella era demasiado explosiva para estar sumergida entre libros!
—No juzgues a un libro por su portada —dijo riendo y debía darle la razón.
Sakura y el otro Kinomoto no estaban por ningún lado. Podía darme una idea de lo que estaban hablando y eso me involucraba, pero les daría su espacio, después de todo, no había recibido ningún golpe y eso era un gran avance.
Cuando la alarma de mi reloj me indicó que eran las nueve, anuncié que debía irme. Realmente, había sido una velada amena y agradable y esperaba poder volver… grata fue la sorpresa cuando el señor Kinomoto me hizo prometerle que vendría a cenar el próximo sábado sin falta para seguir nuestra platica. Obviamente, no me negué, estar con Sakura y poder hablar de arqueología era un sueño hecho realidad.
Los brazos de Sakura rodearon el mío y me acompañó hasta la puerta, mientras llamaba al taxista quien dijo que estaría aquí en cinco minutos. Seguramente me esperaba una buena historia de regreso a casa.
Todo había salido muy bien, incluso mucho mejor de lo que habíamos esperado y no podía quejarme. No cuando la familia de mi novia me había aceptado y ahora éramos libres de estar juntos sin problemas.
—Tu familia te adora, ninfa.
—Lo sé. Es difícil no amarme —y le daba toda la razón.
¿Cómo no amarla cuando era tan… ella? La jalé hacia mí y la envolví en un abrazo protector.
—En eso estamos de acuerdo.
—Y mi padre también te adora. Creo que mejor yerno no podía conseguir —dijo riendo y entonces no pude resistirme a besarla… aunque seguramente su hermano estuviera espiándonos por alguna de las ventanas.
«Nakuru podrá controlarlo. Así que no importa»
Coloqué mi barbilla sobre su cabeza y seguí abrazándola en la fría noche. No todo había sido color de rosa entre nosotros y sabía que así sería en un futuro. En una pareja siempre habían altibajos, pero lo importante era saber valorar la relación y aprender de los errores para hacerla más sólida. Sakura todavía era una niña de dieciocho años y yo tampoco podía considerarme un adulto completo porque apenas cumpliría los veintidós… aun teníamos un largo camino que recorrer, pero estaba seguro que lo haríamos juntos.
Daría lo mejor de mí mismo para que Sakura se sintiera plena a mi lado porque ella se había convertido en la luz que iluminaba mi oscuridad. Las sombras habían desaparecido de mi vida porque ella estaba a mi lado. Me había rescatado de un mundo lleno de oscuridad y había llenado cada rincón de luz y color… y estaba seguro de poder retribuirle todo eso. Estaba dispuesto a convertirme en su mejor amigo, un buen novio, el amante que necesitaba y que conocería hasta el último rincón de su cuerpo y también… en su guía. Así como ella era la luz que me guiaba en mi oscuridad, yo me convertiría en la luz que la guiaría en todo momento. Jamás, nunca me cansaría de decirle al mundo… que Sakura Kinomoto me había salvado de las penumbras y era la mujer que amaría, hoy, mañana y siempre.
Sí, ya sé. Me tardé un día más y espero que valiera la pena xD Les agradezco mucho por leer este lado de la historia de SLQTG y espero que fuera de su agrado :)
Muchos han dicho que les encanta la versión Shaoran de mis historias xD espero que este final haya cumplido sus expectativas :) porque en lo personal me gustó mucho y quedó mejor de lo que esperaba. Espero comentarios y muchas gracias a toooooooooooodas las personas que han seguido esta historia.
Nos leemos en el epilogo xD
