¡Hola chicos! Aquí les traigo el epilogo editado y ahora sí… ¡Llegamos al final! Espero sea de su agrado y como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Aclarado esto, comencemos…

Seré la Luz que te guíe.

Epilogo – Luz en mi vida

Cuatro años después

—Entonces…

—¿Me ayudaras?

Eriol permaneció callado por varios segundos y luego soltó una maldita carcajada que me hizo fruncir el ceño. Aún no entendía por qué diablos le había pedido ayuda… un segundo, si lo recordaba, estaba ciego y no podía preparar las cosas por mi cuenta. Lamentablemente, Mei no podía ayudarme en esto porque estaba muy lejos debido a la expansión de la empresa por Europa y precisamente eso me había obligado a optar por el único que podía mantener la boca cerrada… y que estaba cerca.

«Quizás debo esperar a que Mei esté disponible»

—Eres un imbécil… —murmuré.

—Pero… pero es que… nunca te había visto tan serio en toda mi maldita vida —dijo, tratando de calmar su risa.

—¡Porque se trata de algo serio!

—Cierto y por eso ni debiste preguntarme. Es obvio que te ayudare.

—Lo repito, eres un imbécil.

—¡Vamos, lobito! ¡Tenía que disfrutar el momento! Pronto serás un lobo casado.

—Si ella dice que sí… —dije soltando un suspiro.

Sakura y yo ya teníamos cuatro años de novios y llevábamos un año viviendo juntos. Aun así, no estaba seguro de su respuesta. Sabía que me amaba y me aceptaba tal cual era… pero siempre estaban los nervios y las malditas dudas cuando ese momento llegaba… y después de tanto meditarlo, consideraba que ese momento era ahora. Le pediría a Sakura que se convirtiera en mi esposa.

Estos años habían sido maravillosos, llenos de salidas románticas, noches de películas, obviamente el sexo era el mejor y mucho más después de una reconciliación. El que dijera que llevaba una vida de pareja perfecta sin peleas era un maldito mentiroso, toda pareja tenía sus peleas y más cuando se están adaptando los unos a los otros. Eso era precisamente lo que nos había pasado a Sakura y a mí, pero habíamos sabido arreglar nuestras diferencias y como ya lo había dicho, las reconciliaciones eran excelentes.

Sabía lo difícil que había sido para ella dejar su casa y por eso me había esforzado al máximo para hacerla sentir en su hogar. Recuerdo haberla llevado a comprar las cosas que ella quisiera para decorar el departamento a su gusto, para que lo sintiera suyo también… y de verdad no quería seguir esperando para que esto fuera permanente.

—¿Hablaste con tía Ieran?

—Mi madre vendrá pronto a visitarnos y traerá el anillo.

—Entonces ella no tiene problemas con esto.

—Sabes que mi madre adora a Sakura.

Mi madre… al principio me daba miedo contarle acerca de Sakura porque ella era demasiado tradicional, pero ella me dio una gran sorpresa al aparecerse en mi casa al día siguiente de contarle acerca de mi novia y aceptarla con los brazos abiertos. Li Ieran era una mujer que no demostraba sus emociones tan fácilmente, pero con Sakura se abría de tal forma que todos nos quedábamos sorprendidos.

—Entonces, solo debes elegir el día y planearemos todo.

—Tengo algo en mente… una cena romántica en casa.

—¿Por qué no un restaurante?

—Porque quiero que sea algo entre nosotros, Eriol. Quiero que sea íntimo.

—Y quieres tener sexo después de eso.

—Eres un maldito que solo piensa en eso —dije negando con mi cabeza—. No sé cómo le haces con la abstinencia o… ya pasaron a la siguiente etapa y no me has contado, maldito cuatro ojos.

—Solo diré que ya no necesito de las duchas frías.

—¡Lo sabía! ¿Desde cuándo? —pregunté con una sonrisa socarrona.

—Desde hace dos meses.

—Eres un imbécil… no me habías dicho nada.

—Ya van tres veces que me dices imbécil hoy.

—Y lo diré las veces que sean necesarias.

Un año después de nosotros y después de varias citas, Eriol le pidió a Tomoyo que fuera su novia y ella sin dudarlo, aceptó. No todo había sido de color rosa entre ellos, pues los padres de Tomoyo no estaban del todo de acuerdo con la relación, pero supieron cómo hacerles frente.

El sonido del celular nos distrajo y claramente escuché un suspiro. No tenía que decírmelo, era Tomoyo quien lo llamaba.

—Hola, preciosa.

Podía imaginármela hablando melosa como siempre lo hacía y llamándolo de esa forma tan "especial" que me hacía doblar de la risa… "Eri". Era tan malditamente cursi y obviamente no perdía la oportunidad de joder a Eriol… tanto que no me importaba que me dijera los mil y un motes que tuvieran que ver con "lobito".

—Sí, Shaoran está conmigo… Sí… Te manda saludos —me dijo.

—Dile que igualmente.

—Sí, también te manda saludos… dentro de poco lo llevaré a su casa y luego me iré al departamento.

—Pensé que me habías invitado unas cervezas… —dije en voz alta con clara intensión de joderle la vida y al escucharlo hablar en voz baja con Tomoyo, justificándose, supe que había resultado.

—Sí… te llamo más tarde. También te amo ¡Eres un maldito!

—Bienvenido a mi jodido mundo cuando tengo que soportar tus bromas —dije riendo.

—Bien, lobito guasón, vamos a llevarte con tu dominatriz.

—A mí no me molesta aceptarlo.

—Siempre y cuando tengas sexo ¿Cierto?

—¿Eres una especie de adicto al sexo? ¿Cómo diablos te soporta Tomoyo?

—Nos complementamos jodidamente bien.

—Entonces también es una adicta… —dije riendo y salimos de la oficina.

A veces, Eriol pasaba por mí a la escuela de música para venir a la empresa. Según él debía velar por mis intereses, pero solo quería compañía y quien era yo para negársela, además me entretenía resolver problemas… no me gustaba la economía, pero nunca le diría que no a resolver algo que tuviera que ver con números y estadísticas.

Eriol me dejó en la puerta del edificio y el vigilante me ayudó a llegar hasta el ascensor. Ya no me desagradaba contar con ayuda para algunas cosas y todo eso era gracias a mi ninfa.

¡Dios! ¡No podía esperar el día que esto fuera de por vida! El despertar a su lado todas las mañanas, comer juntos, cocinar juntos, salir, juguetear como un par de niños, hacer el amor, algún día… un hijo… y envejecer a su lado… eso era lo que deseaba para mi vida y solo con ella lo quería.

El ascensor se abrió y a medida que me acercaba a mi departamento, un delicioso aroma se filtraba por mi nariz. Ese olor venía de mi departamento, lo supe cuando me paré justo al frente. Abrí la puerta y entonces el delicioso olor ahondo mucho más en mi nariz.

—Pude detectar el delicioso aroma desde que salí del ascensor —dije apenas entre.

No hubo respuesta. Eso era extraño.

—¿Ninfa? ¿Estás allí?

—Sí… sí, amor. Estoy en la cocina.

Tartamudeos. No me quejaba de ellos pues adoraba cuando Sakura lo hacía debido a mí… pero tenía tiempo que no lo hacía y eso era muy extraño.

—¿Sucedió algo? Te escuchas nerviosa.

—No pasa nada, lobito —dijo y sentí sus pasos acercándose a mí.

Sentí sus brazos a mi alrededor y luego sus labios se posaron sobre los míos. Su pequeño cuerpo temblaba y eso me decía que mi ninfa estaba ocultándome algo. Obviamente, quería saber que estaba rondando por esa linda cabecita, pero le daría su espacio.

—La cena esta casi lista —dijo sobre mis labios—. Dejé ropa encima de la cama para que te cambies y estés más cómodo.

—¿Y si pasamos directo al postre? —dije moviendo mis cejas.

Quería darle su espacio, pero también podía usar mis tácticas de persuasión y generalmente eran muy efectivas. Maldito Eriol, me había pegado su ninfomanía.

—Me esforcé mucho cocinando, lobito —dijo con su voz dulce y seductora que mandaba a volar todo mi autocontrol—. Pero puede que luego obtengas ese postre.

—Estas matándome… lo sabes ¿Cierto?

—Anda a cambiarte mientras sirvo la comida.

—Bien… —dije resoplando y dejé un beso en sus labios que sabía la dejaría con ganas de más.

Se lo merecía por hacerme desearla de esta forma y no darme mi postre cuando ambos queríamos eso.

Tal y como dijo, dejó ropa para mí en la cama. Tomé una ducha rápida y me vestí. Mi estómago rugió furioso, haciéndome notar cuan hambriento estaba… claro, cuando uno se acostumbra a merendar y no lo haces, el estómago pasa factura. Todo era culpa de mi gánster favorita que me había acostumbrado a comer galletas en las tardes y hoy no había ido a clases porque tenía una cita con Kai.

Ese par de mocosos se habían escapado juntos, aprovechándose de la confianza, pero tendrán que atenerse a las consecuencias ¡Los minaría de tareas teóricas!

Apenas abrí la puerta, el delicioso olor nuevamente hizo rugir a mi estómago y sin poner resistencia, lo seguí hasta el comedor.

—Huele delicioso y estoy seguro de que sabe igual de bueno —dije al escuchar los pasos de aquí para allá.

Los pasos de Sakura se acercaron y luego sentí su mano tomar la mía para guiarme hasta la mesa. A pesar de saber exactamente donde estaban las cosas, a veces la dejaba hacer este tipo de cosas porque a ella le gustaba y a mí me agradaba darle ese poder.

Su mano temblaba nuevamente. Estaba deseoso de saber qué rayos estaba ocultando, pero, aun así, no pregunté nada. Esperaría hasta que ella decidiera decírmelo y seguramente no esperaría mucho.

Como siempre, su comida era deliciosa y se lo hice saber. A pesar de no gustarle ser el centro de atención, no perdía la oportunidad de halagarla, pues me encantaba imaginarla sonrojada y seguramente lo estaba ahora. No importaba cuantos años pasaran, Sakura seguiría siendo la misma mujer inocente y dulce que se ruborizaba con cualquier halago y amaba eso de ella.

—¿Has hablado con Mei? —pregunté y no obtuve respuesta—. Sakura…

—Lo siento, amor ¿Qué decías?

—Ninfa, estás muy distraída hoy ¿Qué sucede?

Bien, podía ser bastante comprensivo, pero algo estaba pasando y estaba afectándola más de la cuenta. Si me lo negaba la dejaría estar, pero… necesitaba hacerle entender que estaba aquí para escucharla si algo malo había ocurrido.

—Meilin estuvo hoy aquí.

—¿En serio? ¿Por qué no me esperó? Esa desconsiderada me va a oír.

La condenada nos había llamado hace dos días después de dos meses sin dar señales de vida y no se atrevió a decirme que venía a Japón ¡Li Meilin me iba a escuchar!

—Seguramente pasará mañana por la escuela para visitarte… pero en realidad… ella vino a hablarme de algo en especial…

—¿Sucedió algo en Hong Kong? —pregunté preocupado.

—Shaoran… ¿Qué pensarías si te dijeran que… hay posibilidades de que recuperes la vista?

Mierda… de todas las cosas que podía preguntar, nunca me esperé que precisamente fuera a preguntarme esto.

—Los médicos me dijeron que jamás volvería a ver —dije, aparentando tranquilidad… pero mi cabeza era un maldito caos… ¿Por qué diablos Sakura me estaba preguntando eso? Y lo peor era que la respuesta seguramente no me gustaría.

—Tu madre… Mei vino a decirme que la señora Ieran contactó a un doctor muy bueno y luego de revisar tu historial médico, —¡No lo digas! —, él… dice que, si te operas bajo una nueva técnica que él desarrolló, hay buenas probabilidades de que vuelvas a ver…

Apreté mis puños con fuerza. No quería pasar por esto, no otra vez y mucho menos con ella.

—Pensé que ya habíamos hablado de esto… y que no te importaba —murmuré… decepcionado.

—¡Y lo mantengo! Te amo tal y como eres…

—No parece… cuando me pides esto.

La opresión que sentía en mi pecho me estaba dejando sin aire. Estaba reviviendo de nuevo el momento exacto en el que mis esperanzas se fueron a la mierda cuando los médicos me dijeron que jamás volvería a ver… ¿Y ahora salía un doctor diciendo que podía ayudarme? ¡No gracias! No iba a someterme una vez más a ese sentimiento de decepción y tristeza desgarradora cuando abriera mis malditos ojos después de una estúpida cirugía para no ver absolutamente nada.

—La última decisión es tuya… pero si existe la posibilidad quizás debemos inten… -

—¡Dije que no Sakura! ¡No me arriesgare y gastare una fortuna en una operación cuando ya sé que no funcionara! —grité levantándome y me alejé de ella.

Entré en la habitación y caminé de un lugar a otro hasta que decidí sentarme en la cama. Alboroté mi cabello con fuerza y luego la apoyé entre mis manos.

Me sentía terriblemente mal y frustrado… en especial porque le había gritado a Sakura. Ella no tenía la culpa de nada y nuevamente había sucumbido al miedo y a la angustia.

Sentí sus pasos cerca de mí y luego pasó sus manos por mi cabello con delicadeza, como si tuviera miedo de mi rechazo, eso me desarmó por completo. Tomé su mano y la jalé hacia mí, haciéndola sentar en mis piernas.

—No fue mi intención gritarte —dije, respirando el aroma de su cuello.

—Lo sé. —Maldición… nuevamente la había hecho sentir triste.

—Siempre termino haciéndote llorar…

—Soy muy llorona.

—No… es mi culpa. No mido mis palabras cuando estoy molesto —dije terriblemente frustrado.

—Ya teníamos mucho tiempo sin discutir, debíamos inyectarle un poco más de sabor a la relación.

«Diablos, Sakura. Eso no me ayuda en nada» pensé tenso. Sabía que estaba buscando la forma de hacerme sentir mejor… pero no lo había logrado. Todo esto se debía a mi miedo y al pavor que me daba revivir ese momento una vez más si la cirugía no funcionaba… Mierda, hasta había olvidado la propuesta de matrimonio…

—Si te soy sincero… mi mayor deseo es poder ver… en especial poder verte a ti, pero también debo admitir que me da miedo… —dije, abriéndome a ella—. Someterme a una operación y que nada pase… que todo siga igual y todos se decepcionen… en especial tú…

¡Maldición! El miedo era tan grande que no podía controlar el estremecimiento de mi cuerpo. No me importaba ser vulnerable… no si era con ella. En respuesta, mi ninfa se apretó aún más a mí y en ese momento me sentí seguro… y en casa.

—No importa lo que pase, lobito —dijo acariciando mi espalda—. Somos un equipo… tú y yo… Además, no tenemos nada que perder. Si la operación no resulta entonces todo seguirá igual y no me quejo de esto, créeme —dijo, dándome un suave beso en los labios… y tenía razón, en parte—. Cada día que pasa agradezco a los Dioses por ponerte, literalmente, en mi camino. Te amo y eso no cambiara… pero si la operación es un éxito… piénsalo ¿Sí? Son más las ganancias que las perdidas… aunque, en realidad, no perdemos nada con intentarlo.

Desde su punto de vista era cierto, no teníamos nada que perder, pero me daba miedo someterme a una operación inútil y que todos sintieran la misma decepción y tristeza que yo sentí hace años… en especial Sakura. Mierda, cuando volví a casa solo tenía que preocuparme por la propuesta de matrimonio… ahora tenía que sumarle esto.

La mano de Sakura no soltaba la mía y su cuerpo estaba completamente tenso. La decisión era mía, podía negarme y evitarles el fiasco del siglo… viviendo con la incertidumbre de qué hubiera pasado o… armarme de valor y hacerlo, precisamente para no vivir en un hubiera… porque eso podría destruirnos a Sakura y a mí. No desconfiaba de ella ni de su amor… pero ese hubiera podría convertirse en un resentimiento que podría separarnos. Solté un largo suspiro y tomé mi decisión.

—¿Cuándo podemos ver a ese médico?

—Mei… Mei y tu madre planificaron una cita para el lunes. —Sakura estaba feliz, podía sentirlo en su voz.

—No me gusta que decidan las cosas por mi… pero he de suponer que sabían que tú me convencerías… —resoplé.

—¿Entonces?

—Está bien, iremos a ver al médico a ver que dice.

Sakura me abrazó con tanta fuerza, que caímos acostados en la cama, ella encima de mí. Aun no estaba muy seguro de la respuesta que había escogido, pero… yo haría cualquier cosa por ella y si mi ninfa era feliz, entonces yo también lo era. La amaba demasiado, Sakura era mi complemento y nada me hacía falta si estaba a su lado, ni siquiera la vista, pero… si ella así lo quería, entonces así sería… después de todo, como ella misma lo había dicho, no perderíamos nada con intentarlo.

Sakura me besó con deseo y pasión y obviamente no me negué a recibirlo. En ese beso estaba transmitiéndome toda la felicidad que sentía y me sentí pleno, porque yo era el responsable de tal felicidad. Había dicho que las reconciliaciones eran deliciosas y, a pesar de no haber tenido una discusión propiamente dicha, nuestros cuerpos se reconciliaron de forma placentera y seductora.

El miedo era palpable en nuestros cuerpos, pero, a medida que íbamos avanzando, la desinhibición y la pasión fueron suplantándolo, haciéndonos llegar un orgasmo puro y delicioso. Podía decirlo millones de veces, el hacer el amor con mi ninfa era algo que me llevaba al borde de la locura y solo con ella podía llegar a esos límites. Solo con ella.

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El día de la cita con el doctor había llegado. Mei y Eriol habían pasado por nosotros temprano, a pesar de decirles que no era necesario. Esos dos estaban adheridos a mí y sin importar lo que les dijera, siempre estarían a mi lado… y se los agradecía porque realmente estaba demasiado nervioso.

Según tenía entendido, el doctor me realizaría varios estudios para constatar mi estado y compararlo con mi antigua historia médica… solté un suspiro y apreté la mano de Sakura, tratando de infundirme valor. Solo quería que este día terminara sin problemas, ni malas noticias.

—Ya llegamos —anunció Eriol.

—Bien… llegó la hora, Xiao Lang —dijo Mei—. Estoy segura que todo saldrá bien.

Traté de sonreírle de la mejor forma posible… pero estaba seguro que me había salido una mueca horrible. No quería pasar por esto de nuevo, no quería que me dijeran otra vez que mis ojos eran inservibles… ya lo había superado y había aprendido a vivir con ello, pero que volvieran a repetírmelo era como revivir aquel maldito momento.

La suave mano de Sakura se posó sobre la mía y la apretó con fuerza. Era su forma de brindarme su apoyo y se lo agradecí. Ese pequeño gesto me infundo el valor necesario para bajar del auto y avanzar.

—Gracias, ninfa —susurré a su oído y comenzamos a caminar hacia el interior de la clínica.

Meilin preguntó por el médico y la recepcionista le indicó donde quedaba su consultorio. Los pasillos de la clínica se me hicieron eternos y posiblemente las náuseas que sentía eran por los nervios, por eso, volví a apretar la mano de Sakura para llenarme de su valor y continuar.

—Lobito… —me llamó con suavidad y me detuve a su lado—. Pase lo que pase, yo estoy contigo. No lo olvides.

Sus suaves labios se posaron sobre los míos y el efecto fue mucho mejor. El miedo se disipó y dejó en su lugar la determinación que necesitaba para enfrentarme a esto. Después de todo, Sakura estaba a mi lado y lo estaría en todo momento.

—Gracias.

Tomé su mano nuevamente, pero esta vez era diferente. Ya no sentía presión y mucho menos miedo. Debíamos enfrentar esto juntos y salir airosos, éramos un equipo.

Eriol tocó una puerta y al escuchar un amortiguado "Pase", la abrió.

—Buenas días, soy el doctor Wang Sheng. Tú debes ser Xiao Lang. —Alguien tomó mi mano y la sacudió con fuerza.

—Es un placer conocerlo —dije—. Espero no le moleste que venga acompañado. Ella es mi novia, Sakura Kinomoto, y mis primos Eriol Hiragizawa y Meilin Li.

—¡Un placer, jóvenes! Sé que este momento es bastante terrorífico, pero les aseguro que pasará pronto y los resultados serán buenos. Siéntense.

Su alegre tono de voz no era fingido. Ese doctor parecía ser sincero y era muy perceptivo. En todo momento, se expresaba de forma sencilla, buscando que lográramos entender todo lo que nos estaba explicando. Habló de mi lesión y trato de explicar el por qué no podía ver y como haría para corregir eso con la cirugía… cosas que en realidad me importaban poco, porque a pesar de usar palabras sencillas, seguían siendo palabrerías técnicas que odiaba escuchar. También habló de los diferentes exámenes que me realizarían hoy para evaluar si mi condición había sufrido cambios.

—Como ya les dije, solo evaluaremos su condición y si no ha variado, será usted un excelente candidato para esta cirugía.

—Me pongo en sus manos entonces… —dije, apretando la mano de mi ninfa.

—Le aseguro que cuando pueda ver se va a sorprender por el hermoso ángel que tiene a su lado.

—No necesito verla para saber eso —dije seguro de mis palabras y sonriendo.

Sabía cuan hermosa era mi ninfa pues la "veía" a mi manera y aunque recuperara la vista podía seguir fingiendo que mis ojos no funcionaban para seguir "viéndola" de esa forma.

—Bueno, vamos a comenzar. Esto puede tardar todo el día, pero hoy mismo me darán los resultados y daré mi diagnóstico. Ustedes pueden esperar en la sala de espera.

En seguida, fruncí el ceño y apreté la mano de Sakura. Había esperado que ella estuviera a mi lado en todo momento y ese pequeño cambio de planes hizo que el miedo volviera. Sakura soltó mi mano y enseguida mi turbación se incrementó, pero al sentir sus labios sobre los míos, mi corazón comenzó a calmarse. Aunque no estuviera a mi lado físicamente, Sakura estaría conmigo, no necesitaba decírmelo porque podía sentirlo en su beso.

Al separarnos, le regalé una sonrisa sincera y cuando estaba por salir del consultorio, ella tomó mi mano para colocar algo en ella. Lo toqué con mis dedos y supe que era… su preciado colgante. Era un valioso recuerdo de su madre y que me lo estuviera dando significaba mucho para mí.

—Tenlo contigo, así podrás sentir que estoy a tu lado —dijo y mi sonrisa se amplió.

—¿Listo, joven Li?

—Listo.

Odiaba el olor a limpio de las clínicas y los hospitales. Me hacían recordar los malditos días que estuve recluido después del accidente… y lo que vino después. Sacudí mi cabeza, tratando de alejar esos recuerdos y enfocarme en el presente. Debía mentalizarme en que hoy sería diferente, hoy escucharía una buena respuesta de parte del médico y todo cambiaría para bien.

Los exámenes abarcaron de todo, desde análisis sencillos de sangre, pasando por evaluaciones cardiológicas… hasta llegar a mis ojos. Ciertamente la ciencia había avanzado muchísimo y los equipos eran más avanzados, pero se basaban en lo mismo.

En todo momento, tenía el colgante de Sakura en mi mano derecha y no dejaba de apretarlo, como si fuera un aliciente para mis nervios. El médico no me abandonó en ningún momento y trataba de explicarme en que se basaban los estudios y cómo repercutirían en su diagnóstico… una tontería si me lo preguntaban porque lo importante sería al final si era o no viable la cirugía.

Después de una ardua y larga jornada de malditos exámenes… volvimos al consultorio, pero el único que estaba cerca era Eriol.

—No estoy seguro… hace rato que no las veo —dijo y mi cuerpo se tensó—. ¿Puede esperar unos minutos, doctor? Las buscaré de inmediato.

—Estaremos en el consultorio esperando por ustedes.

Los pasos de Eriol se alejaron de nosotros y di un largo suspiro. Necesitaba calmarme, lo peor ya había pasado y había pateado lejos los malditos recuerdos que querían joderme la existencia.

Con suavidad, una delicada mano tomó la mía y supe de quien se trataba.

—Todo estará bien —dijo mi pequeña gánster.

—Gracias.

—Estamos contigo en esto, no lo olvides. —Ya no quedaba rastros de la voz infantil de Kai. Ahora era una voz gruesa y potente.

Ambos habían crecido maravillosamente y estaba muy orgulloso de ellos, tanto a nivel musical, como a nivel personal. Eran grandes chicos, aplicados en todo lo que se proponían y siempre estaban juntos… eso me agradaba, aunque no se lo decía a Kai porque estaba a "prueba" en esto del noviazgo con Hitomi, pero sabía que sería un excelente novio para ella. Ambos se complementaban muy bien y se impulsaban a seguir adelante. Sí, estaba muy orgulloso de mis gánsters.

—Vamos al consultorio y esperamos allí, joven Li.

Asentí en respuesta y lo sentí tomarme del brazo para guiarme por el pasillo hasta su consultorio. No pasó mucho tiempo cuando se escucharon unos rápidos golpes en la puerta llenos de desespero… estaba seguro que era Sakura.

—Adelante.

La puerta se abrió y sentí los pasos apresurados de mi ninfa acercarse hasta mí.

—¡Oh! ¡Los estábamos esperando! Pasen, pasen.

Sakura tomó mi mano y en seguida le sonreí. Tendí el colgante hacia ella y lo tomó con suavidad. De verdad la había sentido en todo momento conmigo gracias a esa pequeña joya.

—Bueno, ya que estamos aquí podemos hablar de los resultados de los análisis —dijo—. A pesar del tiempo que ha transcurrido, la lesión no ha empeorado, joven Li. Es decir, lo que leí en su informe médico anterior es lo mismo que puedo ver hoy, por eso mantengo mi diagnóstico y digo que usted es un candidato perfecto para este tipo de operación. —Suspiré tranquilo al escucharlo… por lo menos había un atisbo de esperanza—. Gracias a esta técnica, su problema puede ser corregible. Sus probabilidades de volver a ver oscilan alrededor del 85%, si decide operarse.

85% de probabilidades era un buen número. No debía enfocarme en el escaso 15% que quedaba, ser positivo era mi prioridad. Mi determinación era fuerte, estaba decidido a someterme a esto, sin importar el resultado.

—Si usted dice que hay altas probabilidades de éxito… entonces me pongo en sus manos doctor.

Al pronunciar esas palabras, sentí los brazos de Sakura a mi alrededor. Si mi ninfa estaba feliz, yo también lo estaba.

—Planificare la operación para dentro de cinco días, así haremos todo lo reglamentario. El papeleo va por mi parte, usted solo mentalícese en que dentro de algunos días podrá ver nuevamente.

—Gracias, doctor —dijo Sakura con voz partida.

Escuchar eso fue bastante emotivo para mí, eso demostraba cuán importante era para ella y lo interesada que estaba en mi bienestar. Eso no podía fingirse, no podía actuarse… por eso estaba dispuesto a pedirle matrimonio cuando esto pasara. Sakura era la mujer que deseaba para mí y no estaba dispuesto a dejarla ir.

Cuando salimos del consultorio, Sakura se encargó de contarles todo a Hitomi, Tomoyo y Kai. Estaban tan contentos que tuvieron que controlar los gritos de felicidad y Kai propuso que esto ameritaba una celebración. No sería yo quien se negará y por eso aceptamos gustosos.

—¡Señorita Kinomoto! ¡Señorita Kinomoto! —se escuchó a lo lejos.

—Dame un segundo —dijo Sakura y me soltó de la mano.

—Ya venimos —dijo Mei y ese plural me indicaba que Tomoyo también iba.

—¿Algo que deba saber? —pregunté.

—Nada que yo sepa —dijo Eriol.

—Nosotros tampoco sabemos, pero están hablando con una chica de la clínica —dijo Kai.

—¿Y por qué ahora se alejan? —preguntó Eriol.

—Ustedes los hombres son demasiado despistados para este tipo de cosas…

—¡Ilústranos! ¡Oh gran Hitomi! —dijo Kai y no pude evitar reír.

—¡Nah! Aguántense las ganas. Aunque me parece extraño que tú, cuñadito, no te hayas dado cuenta.

—En mi defensa debo decir que estaba más preocupado por mi lobo.

—¡Hombres!

Hitomi era un caso serio, pero aún seguía siendo la niña que se había ganado mi corazón hace tantos años, por mucho que creciera.

No estaba seguro de cuánto tiempo pasó cuando Eriol anunció que las chicas ya venían de regreso. Pensaba preguntarle a Sakura qué había pasado, pero cuando sentí sus labios sobre los míos en un poderoso y delicioso beso, olvidé el sitio, la fecha y posiblemente hasta mi nombre. Solo éramos ella y yo.

—No me quejo, pero ¿Puedo preguntar el motivo de tan maravilloso beso? —pregunté cuando se separó un poco para recobrar el aire.

—Nada en especial —dijo, dejando un pequeño beso en mis labios—. Solo quería decirte que te amo.

Realmente no me quejaba, pero esa felicidad debía estar ligada a eso que me estaba ocultando. Aunque, si estaba tan contenta, no debía ser algo malo… o eso esperaba.

Esa noche, me costó muchísimo quedarme dormido. Cada vez que lo intentaba, todo me abordaba… la incertidumbre, los nervios, el miedo a la decepción… más que todo era pasar por esa situación. Obviamente, Sakura me obligaba a pensar en positivo, pero ese 15% restante me atormentaba… no por mí, sino por ellos. Yo ya estaba habituado a mi oscuridad… pero que ellos se llevaran una decepción… en especial Sakura y mi madre… era lo que más miedo me daba. Por lo que Mei me había comentado, mi madre tenía mucha fe en ese médico… una nueva desilusión le rompería el corazón.

Ya muy entrada la noche, por fin sentí el sueño abordarme y me quedé dormido cuando menos lo esperé, esperando y rezando por un buen resultado… porque ya no había vuelta atrás.

Los días siguientes pasaron extremadamente lento. Mi madre llegó dos días antes de la cirugía y con ella, Mei también vino para quedarse en casa.

—¿Lo ha traído con usted? —pregunté cuando Sakura y Mei salieron a comprar algunas cosas para la cena.

—Sí, se lo di a Eriol cuando fue por mí al aeropuerto —dijo—. Estoy muy contenta, hijo. No solo has dado este paso para recuperar tu vista… también has decidido esto… estoy muy orgullosa.

—No importa lo que pase después de la cirugía, madre. Quiero que Sakura sea mi esposa.

—Será una excelente esposa y una grandiosa señora Li, estoy segura de ello.

Que mi madre dijera eso, valía mucho para mí. Sus brazos me rodearon y correspondí a ese abrazo. El cuerpo de mi madre había cambiado con los años, ahora era más frágil y delgada, pero su aroma seguía siendo el mismo. El mismo olor a flores que siempre la había acompañado… y que solía arrullarme por las noches cuando me abrazaba para calmar mi ansiedad cuando apenas comenzaba a caminar por esta senda oscura. Así como Eriol y Mei, mi madre era uno de esos grandes pilares que me habían mantenido en pie cuando tuve el accidente… a pesar de perder a su esposo, a pesar de que su hijo había quedado ciego, ella se obligó a ser fuerte para no dejarme decaer y estaría en eterna gratitud con ella.

El día de la cirugía por fin llegó y Eriol vino por nosotros bien temprano en la mañana. La operación estaba planificada para las diez de la mañana, pero debíamos estar dos horas antes para el ingreso. Al llegar, una de las enfermeras nos llevó directamente a la habitación donde estaría hospitalizado por dos largas semanas y nuevamente el olor a limpio se filtró por mi nariz… ¡Como odiaba ese maldito olor!

—Estoy un poco nervioso —murmuré, mientras Sakura me ayudaba a vestirme para la cirugía.

—Todo estará bien, lobito —dijo, dejando un pequeño y suave beso en mis labios—. Estaré esperando por ti en todo momento.

—Ninfa, luego de la operación… hay algo que quiero decirte… o más bien, preguntarte —dije acariciando su mejilla—. No importa lo que pase, te hare esa pregunta.

Había planificado todo con Eriol para dentro de tres semanas. Ese tiempo era más que suficiente para la recuperación y… no importaba cual fuera el resultado, le haría esa pregunta.

—Yo también debo decirte algo después de la operación… —dijo y enseguida me tensé—. No es algo malo… espero.

Su cuerpo temblaba un poco… contradiciendo lo que me había dicho, pero confiaba en ella. Si Sakura decía que no era nada malo, entonces no lo era… Sabía que tenía que ver con lo que había pasado hace varios días y también sabía que mi madre lo sabía porque las notaba muy cómplices… solo esperaba realmente que no fuera algo malo.

—¡Buenos días, familia Li! Ieran un placer verte de nuevo. —Al escuchar la voz del doctor, mis nervios se dispararon a mil.

—Gracias por esto, Sheng. Pongo a mi hijo en tus manos.

—No te preocupes, mujer. Todo saldrá bien, además mi esposa estará asistiéndome. Creo que confías más en ella que en mí —dijo riendo con fuerza.

—Doctor, es hora de comenzar —escuché decir a una mujer y en ese momento mi cuerpo comenzó a temblar.

—Cierto, cierto. Bueno, es hora. Nos vemos en unas dos horas. —Escuché sus pasos salir de la habitación.

Mierda… no podía calmarme. Mi corazón estaba que se salía de mi pecho y automáticamente apreté mis puños para tratar de calmarme.

«Recuerda, Shaoran. No importa el resultado… estás acostumbrado a las penumbras. Si quedas en ellas no será nada nuevo, pero si vuelves a ver podrás verla… podrás cumplir tu sueño de ver a la mujer que está a tu lado. Has tomado una decisión y eso es lo que debe importarte. Sakura será tu esposa»

—Te estaré esperando aquí, lobito. Rezare para que todo salga bien. —Me dio un beso suave y en esa delicada caricia sentí su miedo.

Debía ser fuerte por ambos. Yo estaría en la total oscuridad, pero sería ella quien estaría aquí afuera esperando noticias mías. Ahora era yo quien debía infundirle valor a Sakura y sabía cómo hacerlo.

—Nos vemos después, mi ninfa.

Le dije seguro y le sonreí.

—Estaremos rezando por ti, hijo—dijo mi madre y sentí como me envolvía en un abrazo maternal que no dude en recibir y corresponder.

—Estaré bien, madre. Cuide de Sakura mientras no estoy, por favor.

Alguien me ayudó a sentarme en una silla de ruedas y luego de eso, salí de la habitación, dejando atrás a mis seres queridos llenos de esperanza. A medida que nos acercábamos al quirófano, iba pensando en las cosas que había pasado desde el accidente y me dije que sin importar lo que pasara, no dejaría de ser yo mismo. Había logrado mucho, me había aceptado y no dejaría que el resultado de esta cirugía me cambiara. No me amargaría si las cosas no salían como yo esperaba, solo me enfocaría en seguir adelante, con Sakura como mi compañera.

—¿Listo, joven Li? —preguntó el doctor en perfecto chino cuando llegué y me acosté en la camilla.

—Puede decirme Xiao Lang si así lo desea —le respondí también en chino.

—Entonces, comencemos. Sus ojos estarán en las sombras por última vez.

Así, me sumergí en la inconciencia y la cirugía comenzó.

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No estaba seguro de cuánto tiempo estuve inconsciente, pero al comenzar a volver en mí, lo primero que hice fue preguntar por mi ninfa… Mi voz sonaba áspera y pesada, era como si aún me costara pronunciar las cosas.

—Aquí estoy, amor. Aquí estoy —escuché su voz a mi lado un poco distorsionada.

—Bienvenido, Xiao Lang.

—Debo estar bien… si todavía entiendo el chino.

—Estas muy bien porque lo entiendes y lo hablas —me respondió en japonés, riendo con fuerza—. Vamos a revisarte y luego te dejaremos tranquilo. Dentro de tres días retiraremos los vendajes.

Asentí en respuesta y lo dejé proceder. No estaba seguro si era por la anestesia o eran los efectos de la cirugía, pero me sentía mareado y me dolía mucho la cabeza, aunque el doctor se lo atañó a la cirugía.

Las cosas iban marchando bien y el dolor de cabeza fue menguando a medida que el tiempo fue avanzando, como había dicho el doctor Sheng. Cada cierto tiempo venía a revisarme y aprovechaba para "recordar" su chino, hablando conmigo de cualquier cosa.

El padre de Sakura y mi "adorado" cuñado habían venido a visitarme y, aunque fuera difícil de creer, Touya Kinomoto había sido muy amable. Algo me decía que Nakuru tenía mucho que ver en esto, en especial cuando me decía que debía llamarla para contarle de la visita. Lamentablemente no había podido venir porque su avanzado embarazo no la dejaba, pero me aseguraría de llamarla para hablar con ella, no porque Touya me lo pidiera, sino porque su esposa me caía bien.

El señor Kinomoto me contó acerca de varios libros que había logrado reunir para mí y obviamente los leería si los resultados de la cirugía eran los esperados.

Ya no estaba nervioso por eso, a fin de cuentas, ya no podía dar marcha atrás. La cirugía había pasado y las cosas serían como debían ser, para bien o para mal. Lo que realmente me tenía nervioso era la propuesta de matrimonio…

—¿No estas preocupado? —preguntó Sakura de repente.

—En realidad… estoy desesperado por salir de aquí y que me quiten estos malditos vendajes que me aprietan tanto… —dije resoplando.

—Ya mañana por fin te los quitaran, amor —dijo riendo y luego me dio un beso en los labios—. Mañana sabremos el resultado… ¿No estas ni un poco ansioso?

—Me importa más la pregunta que debo hacerte cuando salga de aquí que el resultado de la operación —dije rascándome la nuca—. ¿Eriol no ha venido?

—Debe estar por…

—¡Mi lobo feroz!

—Ahora que Eriol está aquí, podemos ir a tomarnos algo en la cafetería —dijo mi madre y se lo agradecí.

Cuando salieron de la habitación, Eriol y yo aprovechamos para hablar de las cosas que realmente me importaban… los preparativos para proponerle matrimonio a mi ninfa.

—Ya encargué las flores, contraté una persona que te ayudará a decorar el departamento y Tomoyo se encargó de la comida.

—No dirá nada ¿Cierto?

—Está demasiado emocionada como para arruinar la sorpresa.

—Bien.

—¿No estas nervioso? Mañana te quitaran los vendajes.

—Eriol… no me importa si veo o no y tampoco dejaré que el resultado me afecte. Si no veo ya me lo esperaba y si veo pues… eso sería grandioso.

—Estas siendo muy maduro… ya no queda nada de mi lobo emo.

—El lobo emo está bien sepultado. Espero no lo extrañes demasiado.

—¡Para nada! Prefiero mi lobo sereno.

No sabía si calificarlo como una virtud… pero siempre encontraba un mote nuevo con el cual joderme… "lobo sereno" ¿Qué mierda tenía mi primo en la cabeza?

Cuando todos se fueron, por fin pude descansar y dejé que el sueño me venciera. No quería preocuparme por lo que pasaría, solo deseaba salir de este lugar y poder hacer lo que realmente quería desde hace días y que había tenido que posponer… pedirle a Sakura que fuera mi esposa.

Al escuchar los suaves murmullos de los chicos, supe que por fin el día había llegado ¡Gracias a Dios! Porque estos malditos vendajes me estaban ocasionando una gran presión en mi cabeza.

Todos se escuchaban ansiosos y nerviosos, en especial Sakura. Por eso, tomé su mano con fuerza y le hice saber que, pasara lo que pasara, nada cambiaría entre nosotros. Seríamos ella y yo, siempre.

—Buenos días, familia Li y amigos —dijo animado—. ¿Listo para quitarle los vendajes, Xiao Lang?

Asentí con lentitud y Sakura apretó mi mano con fuerza. Su mano estaba temblorosa, así que, para tratar de calmarla, le di una sonrisa llena de confianza y masajeé su mano con mi pulgar. Eso logró calmarla un poco y dejó de temblar.

El médico comenzó a quitar los vendajes poco a poco y la presión en mi cabeza por fin se iba liberando. Ahora solo quedaban las gasas que cubrían mis ojos. Con delicadeza, el doctor las retiró y por fin mi rostro se sintió libre.

—Bien, Xiao Lang. Ahora, abra sus ojos muy lentamente. Quizás sienta molestia, pero no se preocupe. Eso se debe al tiempo que ha estado sin procesar la luz en sus ojos. Lo mejor será que use los lentes de sol que le trajo su madre, pero se los colocará dentro de una hora —indicó.

Fui abriendo mis ojos poco a poco, y cuando por fin logré abrirlos por completo… no pude ver nada. A pesar de estar preparado para esto, fue bastante decepcionante.

—No puedo ver —dijo cerrando mis ojos de nuevo.

Pude escuchar varios suspiros de desánimo y la mano de Sakura aflojó el agarre un poco. Esto era precisamente lo que no quería, que ella se sintiera de esta forma.

El doctor Sheng no decía nada, quizás estaba asumiendo que su técnica no era tan maravillosa como él creía. Abrí mis ojos de nuevo y una extraña mancha blanca comenzó a formarse… parpadeé varias veces y esa pequeña mancha blanca comenzó a… convertirse… ¡Maldita sea! ¡No era cierto!

«Puedo… ver»

No era una imagen perfecta, porque era como si estuviera viendo una imagen con demasiado brillo… pero no importaba ¡Podía ver!

A mi izquierda, estaba un hombre con una bata blanca, era el doctor Sheng. Sonreía ampliamente y me miraba con confianza, el condenado anciano lo sabía, sabía que podía ver.

Justo al frente, estaba una mujer de cabellos negros con algunos mechones canosos, era mi madre. No había cambiado casi nada, seguía igual de hermosa e imponente, a pesar de la tristeza y la desilusión que reflejaba su mirada.

A su lado, estaban varias personas, entre los cuales reconocí de inmediato a Mei y a Eriol. El maldito seguía usando lentes y Mei… su cabello seguía tan largo y negro como la última vez que lo vi, con la única diferencia que ahora no lo llevaba en dos coletas. Ahora lo llevaba suelto.

Una hermosa chica de cabellos negros estaba abrazando a Eriol, esa debía ser Tomoyo y a su lado, había dos chicos. Me había formado una imagen de ellos y ahora que lograba verlos me dije que no había estado tan equivocado, Kai y Hitomi eran tan cual los había imaginado.

Por último, giré mi cabeza hacia mi derecha y entonces… mis pulmones dejaron ir todo el aire. La maldita emoción fue tan grande que… comencé a llorar. Sí… estaba llorando y lo peor era que ardía como el infierno… pero no importaba, no cuando por fin podía verla. Allí estaba mi ninfa, la mujer más hermosa que mis ojos habían visto. La imagen que me había formado de ella no le hacía justicia. Su largo cabello castaño claro caía por sus hombros, su piel blanca y sedosa que había besado con locura infinitas veces y seguramente sus ojos verdes eran preciosos, pero no me dejaba verlos porque estaba con su cabeza inclinada hacía el suelo. Extendí mi mano hacía su rostro y acaricié con devoción su mejilla, entonces, ella levantó su mirada hacía mí y pude ver las joyas más hermosas del mundo, sus ojos verdes que me miraban con sorpresa.

—Eres… eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, mi ninfa de ojos verdes.

—¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! —gritó y se acercó para besarme una y otra vez.

Al decir esas pocas palabras, mi familia comenzó a gritar de alegría. Se habían dado cuenta de que podía ver… y por fin podía conocer a la mujer que había estado a mi lado todo este tiempo y que me había sacado de la oscuridad en la cual vivía ¡Jamás me cansaría de verla! ¡Jamás me cansaría de recordarle lo hermosa que era!

—Gracias, doctor ¡Muchas gracias! —dijo llorando.

—Me alegra que todo saliera bien. Los dejaré porque tengo otro paciente que revisar ¡Felicidades, Xiao Lang!

—Gracias, doctor.

¡Estaba malditamente feliz! ¡Dios! ¡Después de tantos años! ¡Después de tantas cosas! ¡Por fin podía ver!

—Hijo, no sabes lo feliz que estoy —dijo mi madre, llorando de la alegría y se acercó para abrazarme.

—Lamento haberla preocupado, madre.

Esta vez no estaba consolándola, como aquella vez en el hospital, cuando nos dimos cuenta de mi ceguera… esta vez estábamos compartiendo nuestra felicidad.

—¡Mi sexy lobo! ¡Bienvenido a la luz de nuevo!

El maldito cuatro ojos se acercó para abrazarme, pero Mei le ganó al echarse sobre mí, llorando.

—¡Dios! ¡No sabes lo feliz que estoy! —dijo—. Después de tanto tiempo puedes apreciar lo hermosa que soy ahora ¿Cierto?

—No importa si tienes quince o setenta, Mei. Siempre has sido hermosa —dije pellizcando sus mejillas.

—No digas esas cosas que me harás llorar aún más, idiota.

Como solíamos hacer, Eriol y yo nos dimos una mirada cómplice porque siempre en momentos emotivos intentábamos hacerla llorar aún más, porque nuestra prima era una llorona de primera categoría.

—Esa es la idea —dijimos al mismo tiempo y reímos juntos.

—Son unos idiotas que siempre me hacen llorar… pero los amo.

—Y nosotros a ti, colitas…

Así solíamos llamarla cuando usaba dos coletas en su largo cabello liso y obviamente la hicimos llorar aún más.

—Shaoran —la voz de Tomoyo me hizo observarla. En realdad, era mucho más hermosa de lo que había imaginado—, oficialmente me presento. Soy Tomoyo y ella…

—Yo no necesito presentaciones ¿Cierto? —dijo Hitomi, levantando una ceja.

—Cariño, aun estando entre un mar de personas podría reconocer esa pose de gánster.

Y era cierto ¿Quién mejor que ella para tener ese porte lleno de seguridad y altanería? Solo Hitomi Daidoji.

—Eres un tonto ¿Lo sabias? Nos asustaste al principio —dijo, tratando de retener las lágrimas y eso me enterneció.

—Las chicas rudas no lloran, pero aun así te ves hermosa —dijo Kai, abrazándola—. Lo malo es que ahora podrá pillarnos cuando estas copiando mi tarea.

—El que se copia la tarea de música eres tú, Kai. No necesitaba ver para saberlo —dije con una sonrisa arrogante y Kai me dio una igual.

Maldito mocoso, me había copiado. Eso de que era su modelo a seguir no había sido del todo mentira, porque su actitud era idéntica a la del Shaoran de quince años que recordaba.

A pesar de toda la felicidad que sentía, no podía seguir disimulando la molestia que sentía en mis ojos. Era demasiado brillo y me costaba mucho enfocarlos a todos.

—A pesar de ser un momento memorable, debemos dejar descansar a Xiao Lang —dijo mi madre y se lo agradecí asintiendo—. Mas tardes podemos continuar con la celebración.

Los chicos se despidieron y cuando por fin quedamos Sakura, mi madre y yo en la habitación, me dejé caer en la cama y cerré mis ojos.

—¿Te sientes bien? ¿Quieres que llame al médico? —preguntó Sakura con preocupación y negué con la cabeza.

—Me cuesta enfocar y eso me marea un poco…

—El doctor dijo que sentirías molestias… Descansa tranquilo. Tu mamá y yo estamos aquí para ti.

—Ahora que puedo verte… no quiero dejar de hacerlo —dije sonriendo abriendo un poco mis ojos.

—Tienes una vida para verme, lobito…

—Cierto… una vida…

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Después de dos largas semanas, pude salir del hospital. Por lo menos ya no me mareaba tanto y podía enfocar perfectamente las imágenes, pero con un poco de brillo, por eso debía usar los lentes de sol hasta que ese brillo dejara de joderme y eso iba a ser por un par de semanas más… por lo menos de noche veía genial.

Sakura había regresado a sus clases y aproveche los momentos que no estaba para seguir planeando las cosas con Eriol y Tomoyo. Por fin había llegado el momento de la propuesta de matrimonio y quería que todo saliera perfecto.

Eche un vistazo rápido de la sala y la habitación, todo lucía perfecto, justo como lo había imaginado. Toqué mi bolsillo y allí estaba la caja que guardaba el anillo. La deliciosa comida estaba servida y ya solo faltaba ella.

Había mandado a Kerberos con Eriol porque no quería interrupciones de ningún tipo… y mi peludo amigo era una distracción terrible y más cuando tenía hambre.

Los sonidos de las llaves en la puerta me alertaron y mi corazón se desbocó como loco. Era hora, Sakura ya estaba en casa. Me sentí satisfecho al ver su cara llena de sorpresa cuando apareció en el comedor.

—Bienvenida, ninfa.

Sakura paseaba su miraba por todos lados. El piso lleno de pétalos, la mesa decorada con velas, la deliciosa cena… hasta paseó su mirada por mí y eso levantó mi ego. Amaba esa mirada.

—¿Qué… sucede? —preguntó confundida.

Me acerqué con lentitud y extendí la rosa que tenía en mi mano hacía ella.

—Hoy es un día especial, por eso quiero celebrarlo contigo —le dije sonriendo.

—¿Cuál es el motivo?

—Tú.

La tomé de la mano y la guie hasta la mesa. Abrí la botella de vino y serví las dos copas.

—Hoy… brindaremos por nosotros.

Extendí la copa para ella y luego las chocamos, brindando. Mientras bebía, no dejaba de mirarla ni una vez. A través de mis ojos, quería decirle cuando la amaba, cuanto la deseaba y cuanto quería tenerla a mi lado. Ella había luchado por mí y por mi vista, ella era quien merecía todo esto y mucho más. Comimos con calma mientras ella me contaba lo que había pasado en la universidad y escuché cada una de sus palabras. Aun viéndola, no había sonido más hermoso que su voz.

—Ninfa… te había dicho antes de la operación que quería hacerte una pregunta —le dije cuando consideré que era el momento perfecto… suspiré tratando de relajarme y concentrarme porque en realidad estaba demasiado nervioso.

—Sí, lo recuerdo…

Me levanté con lentitud y caminé hasta ubicarme en frente de ella. Me arrodillé y saqué de mi bolsillo la caja que contenía el anillo.

—Desde hace tiempo lo he estado pensando y… no hay mujer como tú en el mundo —dije, cerrando mis ojos—. Agradezco a Dios por haberme atravesado en tu camino aquel día y también por tu perseverancia… si no fuera por eso… probablemente no estaríamos hoy aquí…

—Yo creo que de una u otra forma hubiéramos terminado juntos —dijo sonriendo.

—No lo sé… pero el hecho es que estamos aquí… juntos… —Volví a suspirar y abrí mis ojos con determinación—. Eres la mujer que amo, la única que ha sabido aguantar mis rabias, con quien he compartido mis tristezas y mis preocupaciones… con quien comparto mis alegrías todos los días… la única mujer con la que haría el amor… lo eres todo para mí, Sakura… Es por eso que yo quiero… deseo que todo esto sea permanente… que sea para toda la vida y es por eso que…

Le mostré la pequeña caja que mantenía oculta detrás de mí y la abrí para que observara el anillo en su interior. El anillo era ostentoso, digno de la prometida del jefe de una familia como la mía, pero más allá de eso, era perfecto para ella porque estaba decorado con esmeraldas tan verdes como sus ojos.

Cuando la miré, Sakura estaba llorando y me miraba con ojos llenos de amor.

—¿Quieres ser mi ninfa para toda la vida?

—Shaoran… este anillo es muy costoso, yo no… yo no necesito algo tan caro. Tan solo con esta maravillosa cena y teniéndote aquí conmigo, tengo suficiente… ¡Por supuesto que quiero ser tu esposa! —dijo llorando y eso me conmovió.

—Este anillo es el que el jefe de mi familia le da a su prometida. Puede que no me encargué de las empresas, pero mi madre estuvo de acuerdo en dármelo para ti… y cuando llegué el momento, si tenemos un hijo algún día, se lo dará a su prometida también.

Deslicé el anillo por su dedo y luego besé su mano con fervor. Sakura me había dicho que sí y no existía algo en el mundo que podría empañar este momento, nada.

De repente se lanzó a mis brazos y me besó con ansias. Como pude, me levanté con ella en brazos y la cargué hasta nuestra habitación, sin dejar de besarnos.

Las cosas salieron mucho mejor de lo que esperaba y más cuando hicimos el amor varias veces esa noche. Después de tres largas semanas, por fin la tenía nuevamente entre mis brazos y por fin pude cumplir uno de mis deseos más profundos, poderla observar mientras dormía después de una noche tan especial.

Recorrí su espalda con mis dedos, memorizando todos los lunares que en ella estaban. Antes la había "visto" con mis manos y complementar esa vista con lo que mis ojos ahora veían era mágico.

Sakura comenzó a moverse y abrió sus ojos con pereza. Sus enormes y preciosos ojos verdes me enfocaron y sonreí.

—Buenos días, mi ninfa.

—Buenos días, lobito —dijo, estirándose.

—Si ese estúpido sobrenombre sale de tus labios no suena tan mal —le dije dándole un beso en los labios.

—Te encanta que te diga a sí, no puedes negarlo.

—¿Quieres tomar un baño? —dije sobre sus labios, tratando de provocarla.

—Me encantaría… pero hay algo que debo decirte antes —dijo sentándose en la cama, dejando a la vista su precioso cuerpo que luego cubrió con mi camisa.

Iba a quejarme por ello… pero ¿Cómo hacerlo cuando esa imagen me encantaba?

—¿Te he dicho lo sexy que te ves con mi ropa?

—No… y aunque me encante que me digas eso… realmente debo hablarte de algo, así que quita esa cara —dijo sonrojada y eso me alertó.

—¿Sucedió algo?

—En realidad, sí —dijo, soltando un largo suspiro—. Yo… bueno… no sé cómo decirte esto…

—¿Es algo malo? —dije sentándome también.

—No lo es… o eso espero…

—Ninfa, estas asustándome…

—Shaoran… conocerte ha sido lo más maravilloso que me ha pasado en la vida. Eres el sueño de cualquier mujer… y me siento feliz de haber sido yo la elegida para estar a tu lado…

—Sakura…

No necesitaba adornos, necesitaba saber que rayos la tenía tan nerviosa.

—Dios… no sé qué vas a decir cuando te diga esto, pero… bueno… Shaoran… Amor yo… estoy embarazada…

¿Qué… rayos? Parpadeé varias veces y la miré… esperando que de repente me dijera "Estoy bromeando", pero eso no pasó ¿Em… embarazada? ¿Sakura estaba embarazada? ¿Un hijo?

—¿Estas… segura? —pregunté y ella asintió sin mirarme.

«¡Oh rayos! La estás asustando, Shaoran» pensé al ver su mirada triste.

—Hace tres semanas me hice una prueba de embarazo… cuando conocimos al doctor Sheng.

—Sakura… esto es… ¡Dios! ¡Voy a ser papá!… ¡Es una maldita locura! —grité y la abracé con tanta fuerza, que caímos acostados en la cama.

La besé con ímpetu y acomodé mi cabeza en su vientre para hablarle a nuestro hijo ¡Era una locura! No estaba seguro de cómo había pasado, pero no me importaba ¡Un nuevo Li venía en camino y era malditamente feliz!

—Hay que comprar todo, la cuna, la ropa, pañales… ¿Fuiste al médico?

Sakura negó con su cabeza y le sonreí emocionado ¡Había mucho que hacer!

—Quería que fueras conmigo.

—Por eso te amo tanto, ninfa —dije dándole un beso en la frente—. Llamare a la clínica para pedir una cita…

—Tu mamá nos pidió una consulta para dentro de dos días —dijo y sonreí aún más.

Mi madre seguramente estaba que bailaba de la felicidad ¡Y me lo había ocultado todo este tiempo!

—Aun no puedo creerlo ¡Voy ser papá! Tengo que decírselo a alguien… ¿Quién no lo sabe?

—Solo Mei, Tomoyo y tu madre.

—Llamare al maldito de Eriol para contarle… —dije poniéndome un pantalón con rapidez

Marqué el número de Eriol. Un repique, dos, tres… «Contesta maldito cuatro ojos»

¿Sabes qué hora es idiota?

—No me importa la hora, cuatro ojos. Despiértate bien y escucha ¡Voy a ser papá y tú serás el maldito padrino!

¿Qué… mierda? ¿Qué diablos te estas fumando? ¿Cómo que vas a ser padre? ¿Cuándo paso?

—Sakura acaba de decírmelo y ya te lo dije, tú y Mei serán los padrinos.

¡Eres un maldito! ¡Por primera vez creo que me harás llorar!

Ese mismo día fuimos a ver cosas para bebés, aunque Sakura no quiso comprar nada todavía y le di la razón, primero debíamos ver que todo estaba bien y gracias a la primera consulta, supimos que nuestro hijo estaba creciendo sano y feliz en su vientre. Apenas tenía ocho semanas de embarazo, pero el tiempo pasaba rápido y teníamos muchas cosas que hacer… como planear la boda, porque deseaba que Sakura fuera mi esposa antes del nacimiento de nuestro hijo.

Obviamente, pedí la mano de Sakura a su padre y fue en ese momento que fijamos la fecha. Dos meses después, nos casamos en una ceremonia bastante sencilla, pero emotiva, a la cual asistieron todos nuestros seres queridos.

Nuestra luna de miel fue en Italia. Ese era el lugar que Sakura deseaba conocer y obviamente la complací. Era mi primera misión como su esposo, cumplir sus sueños.

Y luego de veintinueve semanas, nuestro pequeño Hien nos sorprendió a todos, llegando al mundo dos semanas antes de lo estimado. Mi madre decía que se parecía a mí en todo y eso se constató a medida que fue creciendo. Hien era idéntico al Shaoran de niño que podíamos ver en las fotos, solo que él tenía ojos tan verdes y hermosos como los de su madre.

Era un pequeño muy inteligente, le fascinaban los números, pero también tenía inclinación por la música. Cuando me escuchaba tocar el piano, venía corriendo y me miraba con sus enormes y brillantes ojos verdes. Era una mirada llena de inocencia y dulzura, tal cual era la de Sakura y hablando de ella… mi ninfa era quien se encargaba de enseñarle a nuestro hijo cuando él mismo tomó la decisión de aprender. Ahora, con apenas cinco años tocaba canciones infantiles completas. Era un prodigio… y no lo decía solo porque era mi hijo.

Sakura también había logrado mucho. Era maestra en la primaria de Tomoeda y era una de la más querida por los niños, pero ¿Quién no podía amarla cuando era tan dulce? Yo por mi lado, seguía dando clases en la escuela de música y de vez en cuando ayudaba a Eriol con la empresa… no podía decirle que no cuando me llamaba, pero era más que todo para pasar tiempo juntos.

El señor Kinomoto no perdía oportunidad para invitarme a conferencias a las cuales no me negaba a asistir. La arqueología se había vuelto un hobby adictivo y más la traducción de jeroglíficos, pero la música seguiría siendo mi pasión y con una musa como Sakura, no para de componer.

Kaho venía de vez en cuando a casa porque le encantaba escuchar a Hien tocar el piano… pero sabía que era una espía de mis hermanas y mi madre. Siempre se la pasaba grabándolo y tomándole fotos para enviárselas, ya la había pillado más de una vez y no me molestaba… más bien, me causaba risa.

Gracias al cielo, Sakura y yo habíamos logrado adaptarnos a pasar tiempo con ambas familias. Generalmente pasábamos fin de año en Hong Kong con mi familia y las navidades con los Kinomoto, en especial por los niños que les encantaba jugar juntos… me refería a Hien y la revoltosa hija de Touya y Nakuru que era una copia de su madre en actitud. Esa niña era todo un caso, parecía estar llena de energía y el pobre Hien terminaba envuelto en sus locuras. Cuando Sakura y Touya los regañaban, Hien fruncía el ceño y siempre decía "No puedo decirle que no" … eso me recordaba a los desastres que ocasionaban mis hermanas de pequeñas y siempre terminaba yo involucrado por uno u otro motivo y obviamente… me caía regaño. Por eso no lo regañaba, comprendía el sentimiento de mi hijo.

Otra que había dado el paso hacia la vida familiar era Meilin. Después de tanto esperar, por fin le había dado el sí a Jiang y obviamente fue una boda por todo lo alto. El imbécil estaba tan feliz que lloró en su boda… pero no podía criticarlo porque yo también había llorado en la mía… solo que había disimulado mucho más.

Tomoyo y Eriol también se casaron un año después de nosotros y ya tenían dos hijos. Dos pequeñas copias de Tomoyo, la pequeña Aoi de cuatro años y el pequeño recién nacido Takumi. No paraba de joderle la vida a Eriol, diciéndole que Tomoyo había hecho todo el trabajo y por eso sus hijos eran idénticos a ella… pero la vida me volvió mis bromas en mi contra cuando nos dimos cuenta que Aoi era tan jodidamente sarcástica y bromista como su padre ¡Hasta tenía la misma sonrisa de gato Cheshire que su padre! Y lo peor de todo… ¡La usaba en mi contra y en contra de Hien! Menos mal tenía a mi pequeña gánster que defendía a Hien a capa y espada de todo y de todos, incluida su pequeña sobrina.

Hitomi se había vuelto una mujer preciosa y estaba estudiando administración de empresas, por lo que se la llevaba de maravillas con Eriol, mientras que Kai estaba estudiando medicina. Estaba condenadamente orgulloso de esos dos y esperaba poder seguir viéndolos juntos por mucho tiempo.

—Papi, estas distraído…

La voz de Hien me sacó de mis pensamientos y enseguida lo cargué sobre mis hombros, mientras Kerberos retozaba a nuestro alrededor. A pesar de tener ya once años, parecía un cachorro con exceso de energía.

—Lo siento, estaba recordando algunas cosas.

—Mami, está muy sola allá ¿Vamos por ella?

—Usted manda y yo obedezco.

Hien y Sakura eran mis tesoros. Solo con ellos podía ser yo mismo y no había nada en este mundo que pudiera alejarme de mi ninfa y mi pequeño hijo. Los amaba y al ver en retrospectiva todo lo que había pasado en estos años, no podía hacer más que agradecer a Dios por haberme hecho chocar con Sakura aquel día en este mismo parque. Sakura se había convertido en mi amiga, mi mujer y mi guía… había sido ella quien me había guiado en las penumbras y ahora me guiaba en la luz. Nuestra historia había tenido un particular inicio y todavía no terminaba. Aun teníamos mucho que experimentar y vivir… y todavía no perdía las esperanzas de tener una pequeña niña idéntica a su madre.

—¿Te he dicho que te amo? —le pregunté bajando a Hien cuando llegamos hasta ella.

—Hace como treinta minutos —dijo riendo, mientras observábamos a nuestro hijo ir a jugar con otros niños y a nuestro perro traidor ir con su mejor amigo… bueno, pero que podía decir si era Hien quien le daba golosinas.

—Ha pasado mucho entonces… Te amo, ninfa —dije acariciando su mejilla.

Los ojos de Sakura brillaron con intensidad y sus mejillas se encendieron preciosamente. Me había enamorado de ella estando ciego, si saber cómo era, sin saber cómo lucía, pero su alma me había cautivado y ahora que podía verla… simplemente estaba perdido. Nunca me cansaría de verla y de decirle cuando la amaba. Sakura Kinomoto se había convertido en la luz que me había guiado en la oscuridad y se había vuelto tan intensa que ahora veía gracias a ella. Era mi ninfa, mía y de nadie más…

FIN

Después de un esfuerzo titánico y treinta hojas en arial 12… ¡El final! o.o Esta historia comenzó por una petición de ustedes, pero ha sido un enorme placer escribirla y traérselas… Estoy muy agradecida con todos ustedes por seguirla y espero que fuera de su agrado… Me siento muy alagada por todos sus comentarios y espero haber cumplido sus expectativas :)

Ya les pregunté en la versión de Sakura lo de Wattpad y espero sus respuestas para ver que hago xD y como ya dije también, estoy comenzando un nuevo fic y dentro de una semana, máximo dos, subiré el primer capi :) el cual espero les guste

Les dejaré información valiosa y algunas imágenes en mi Fanpage :) así que si tienen un chance pasen por allí para que sepan de qué va a tratar y espero cause tanto revuelo como estas versiones haha ¡Muchas gracias por su apoyo a lo largo de esta historia!

Los quiero y los aprecio un montón

Amatista1986.