¡Hola! Les traigo un nuevo capítulo que espero y les guste. Pero antes quiero agradecerles: Gracias por todo el apoyo que ha recibido esta historia, me sorprendió mucho la buena respuesta que tuvieron frente al primer capítulo. Y muchas gracias por todo el apoyo que recibió mi historia anterior "In your eyes"

Así que dejen sus comentarios, en verdad me complace mucho leerlos y me inspiran a seguir creando historias para ustedes.

Gracias por leer.


El departamento de Emma era bastante agradable, limpio, amplio y bastante ordenado. Regina miraba a todos lados tratando de no quedarse boquiabierta ante tanto orden.

—No es muy lujoso pero espero que te sientas cómoda — Comentó Emma.

—Es mejor que la banca de un parque — Respondió la morena con una pequeña sonrisa.

—Hay una habitación vacía. Te puedes quedar ahí, aunque la verdad está un poco descuidada.

—Gracias por dejarme quedar aquí — Regina se metió las manos a los bolsillos de la chaqueta — Te prometo que me iré lo antes posible.

—No tienes por qué apresurarte, no te estoy echando ni nada por el estilo — La rubia pudo notar como Regina se mordía el labio inferior — Puedes quedarte aquí el tiempo que sea necesario, por mí no hay ningún problema.

Regina inclino la cabeza tratando de entender a la rubia de ojos lindos.

—¿Por qué haces esto? ¿No te da miedo que pueda ser una ladrona o una maniática que intente matarte por las noches?

—Te recuerdo que soy policía, si me robas algo te encontrare… Y si eres una maniática que quiere asesinarme, entonces dormiré con al arma bajo la almohada y veremos quien mata a quien primero — Respondió Emma con una sonrisa de medio lado — Vamos, te mostrare la habitación.

La morena camino detrás de Emma y no pudo evitar observar su ligero caminar a pesar de las largas botas. La chaqueta roja contrastaba con su piel pálida y su cabello rubio, los ajustados jeans la dejaban ver sus piernas largas y torneadas y su trasero pequeño pero firme. Regina sacudió la cabeza y levanto la vista cuando escucho la voz de la rubia.

—Te traeré sabanas limpias y una almohada — Informó ella — El baño esta al final del corredor y si necesitas algo mi habitación es esa — Emma señalo la puerta blanca de madera que estaba a unos cuantos metros de la habitación en donde estaban.

—Gracias — Regina entro a la habitación y observo las paredes azul pastel, la cama consistía en un colchón aun con el plástico en él y una pequeña mesa de noche con una lámpara en ella — Si no es mucho pedir, ¿Me podías prestar algo para poder dormir?

—Claro, dame un segundo.

Emma camino hacía su habitación y Regina se quitó la chaqueta lanzándola sobre la cama, engancho sus dedos pulgares en las presillas de sus jean y respiro profundo. La morena cerró los ojos tratando de relajarse; su cabeza era un lio y ahora se había quedado sin nada.

—Espero que esto te sirva — Dijo Emma entrando en la habitación. Regina abrió los ojos y observo a la rubia sosteniendo una pila de almohadas y sabanas.

Sobre las almohadas estaba lo que parecían unos pantalones de franela a cuadros y una blusa holgada con las letras NYPD grabadas en el pecho.

—Gracias — Volvió a decir la morena.

—Te dejare descansar, creo que has tenido un largo día.

La rubia se despidió con una pequeña sonrisa y cerró la puerta detrás de ella.


Emma despertó de golpe y miro al techo parpadeando un par de veces. Observo el reloj en su mesa de noche y apenas eran las tres de la mañana, faltaban 3 horas para tener que levantarse. La rubia se incorporó lentamente y se dispuso a levantarse para ir a la cocina por un vaso con agua. Cuando salió al pasillo, ella no pudo evitar ver hacía la puerta de la habitación en donde se encontraba Regina pero la puerta estaba abierta y ella no estaba ahí.

La rubia siguió caminando con el ceño fruncido hacía la cocina y se detuvo para mirar toda la sala de estar en busca de Regina. Emma entrecerró los ojos cuando vio que la ventana que daba a la escalera de emergencia estaba abierta. Como toda buen policía se acercó con cautela pensando que Regina había escapado del apartamento.

Su pensamiento quedo opacado por la imagen de la morena sentada en la escalera de incendios con un cigarrillo entre los dedos y la vista perdida en las luces de la ciudad.

—¿No puedes dormir? — Preguntó Emma con voz ronca.

Regina movió su cabeza rápidamente para mirar a Emma y la rubia pudo notar que la había asustado.

—Parece que somos dos — Respondió la morena.

Emma se agacho para salir por la ventana y se sentó junto a Regina.

—¿De dónde sacaste un cigarrillo? — Preguntó Emma levantando una ceja.

—Fue lo poco que quedo de mis pertenencias. Lo traía en mis jeans y permaneció intacto… ¿Te molesta?

—Para nada.

Ambas se quedaron en silencio contemplando el movimiento de la gran manzana por la noche. Emma encontraba el olor al humo del cigarrillo como algo familiar e incluso hasta reconfortante

—Vaya primer día en la ciudad — Comentó la morena.

—¿Qué te trajo a New York?

—Escapo.

Regina observo a la rubia de ojos lindos y le dedico una sonrisa de medio lado.

—¿A sí? ¿De alguien o de algo?

—De mi misma… Quería un nuevo comienzo — Explico Regina apagando lo que quedaba de su cigarrillo presionándolo contra el barandal de la escalera.

—Que malo que haya comenzado de esa manera — La rubia se encogió de hombros — Pero New York no es tan malo.

—Lo se… Te encontré a ti... Eso compensa todo.

Emma curvo sus labios en una pequeña sonrisa y la morena desvió la mirada de nuevo hacia las luces de la ciudad.


Emma regresaba al departamento después de haber corrido sus cinco vueltas diarias al parque que estaba cerca. Se quitó los auriculares y apago la música de su teléfono que tenía sujeto al brazo con uno de esos brazaletes deportivos. Dejó las llaves y el teléfono en la barra de la cocina y se dispuso a caminar hacía el baño para darse una ducha.

Pero antes se detuvo frente a la puerta de Regina y dio un par de golpecitos. Al no obtener respuesta abrió la puerta lentamente y observo como la morena estaba envuelta entre las sabanas, con el cabello revuelto sobre la cara y los labios entreabiertos, hundida en un plácido sueño.

Emma solo sonrió y siguió caminando hacía la ducha.


—El trabajo es muy simple… Tomas ordenes, las llevas a la cocina, entregas la comida y limpias cuando los clientes se hayan ido — Regina caminaba detrás de una mujer delgada alta y afroamericana que llevaba un uniforme rosa pastel y un mandil blanco. — El pago no es mucho pero no te morirás de hambre. El horario es de 9 de la mañana a 9 de la noche.

Regina trataba de seguirle el paso a la mujer pero le era bastante difícil. Ella se movía ágilmente recogiendo platos por las mesas y cerciorándose que los clientes estuvieran bien.

La morena había salido a caminar y había vista el anuncio en la pequeña cafetería que estaba aproximadamente a un kilómetro del departamento. Emma le había dejado una nota diciéndole que se iba a trabajar, junto con 50 dólares y una copia de la llave del departamento.

—¿Cuándo puedo empezar? — Preguntó Regina.

La mujer se detuvo dejando la charola sobre la barra que daba a la cocina y puso sus manos sobre su cadera mientras miraba a Regina.

—Puedes empezar mañana mismo — La mujer miro a Regina de arriba abajo — Creo que tenemos un uniforme que puede quedarte.

—Gracias.

—¿Cuál es tu nombre?

—Regina

—¿Cuál es tu apellido?

—Solo Regina — Respondió la morena con nerviosismo.

—Muy bien chica, yo soy Lorna y seré tu jefa inmediata… Te daré el uniforme y más te vale que no llegues tarde mañana.

Regina solo asintió y agradeció que la mujer no le hiciera más preguntas. Supuso que por ser una cafetería pequeña no le pedirían tarjetas o algo que comprobara su identidad.


Emma levanto la vista de la televisión y observo como la morena entraba al departamento; ella llevaba la misma ropa del día anterior y su cabella medio rizado caía en sus hombros.

—Estas en casa — saludo ella con una pequeña sonrisa.

—Quise regresar temprano para que comiéramos juntas — Respondió la rubia apagando el televisor.

—No tenías que hacer eso — Regina dejo su bolso y la bolsa de papel en donde traía su uniforme en la barra de la cocina.

—Creo que sí, porque no hay nada en el refrigerador que puedas comer — Emma se levantó del sofá y camino hacía la morena.

—Bueno, entonces creo que acepto tu propuesta — Regina se quitó la chaqueta y la dejo sobre uno de los bancos frente a la barra — Y así podemos festejar.

—¿Festejar? — La rubia frunció el ceño.

—¡Ya tengo trabajo! — Anunció Regina con una sonrisa — No es un trabajo súper increíble, pero será suficiente.

—Eso es fantástico — Emma sonrió — Así que, para celebrar la noticia, tu decide que quieres comer.

Regina observo a la rubia de ojos lindos y se colocó la mano en la barbilla para indicar que estaba cansada.

—Podemos pedir una pizza y quedarnos aquí.

—Me parece bien.


Regina estaba rellenando un par de saleros y pimenteros sobre la barra. Era su primer día de trabajo y básicamente la habían puesto a limpiar mesas y remplazar botellas vacías de salsa. La morena llevaba el cabello en una coleta y el uniforme rosa le había quedado más grane de lo que esperaba, pero con la ayuda del mandil le había dado un poco de forma.

Regina levanto la vista como si su cuerpo le dijera que necesitaba hacerlo. Observo como dos hombres con traje y gabardinas estaban a punto de entrar a la cafetería y de inmediato se agacho ocultándose tras la barra.

—¿Qué es lo que te pasa niña? — Preguntó Lorna arrugando la frente y mirando hacia abajo para encontrarse con la cara atemorizada de Regina.

—Disculpe señora — Lorna levanto la vista hacía el hombre que le estaba hablando. Llevaba un traje negro y camisa blanca con una gabardina color beige enzima — Estamos buscando a este chica, su nombre es Regina Mills — El hombre le tendió una fotografía a la mujer y ella titubeo antes de tomarla.

Lorna observo la fotografía y miro a una chica de piel olivácea y cabello oscuro largo y levente rizado; la chica sonreía ampliamente y llevaba un bonito vestido negro. Lorna le regreso la fotografía al hombre y se aclaró la garganta.

—No la he visto por aquí — Mintió ella. Claramente, la chica de la foto era la misma escondida bajo la barra.

—Nos dijeron que la vieron hace un par de días por aquí — Habló el otro hombre — ¿Está segura de que no la ha visto?

—La recordaría si la hubiera visto, pero no es así.

Lorna les entrego la foto y miro a los hombres con ojos seguros. Ambos asintieron y dieron media vuelta para alcanzar la salida. Lorna espero a que los hombres salieran y miro hacia abajo poniendo sus manos sobre su cadera.

—¿Me quieres explicar que está pasando?