¡Hola! Les traigo un nuevo capitulo que espero y les guste. Perdón la tardanza, estoy intentando actualizar lo más rápido que puedo. Gracias por todo su apoyo y sigan dejando sus comentarios y opiniones. Saben que todas sus opiniones y sugerencias son bien recibidas.

Gracias por leer.


Regina estaba sentada frente a Lorna en la pequeña oficina que era del administrador del restaurante; estaba bastante nerviosa, las manos le temblaban aunque las tenía sobre su regazo.

—Mira chica, no sé qué es lo que paso allá afuera, pero yo no quiero problemas en el restaurante — Hablo Lorna. Regina no respondió y solo bajó la vista al suelo. Lorna le tomo la mano a la morena sintiendo empatía por ella — Yo sé lo que es estar en problemas, toda mi vida prácticamente fue así. Y si tienes que esconderte, debe de ser algo grave.

—Lo siento — Se disculpó Regina — No volverá a pasar algo como eso.

—Si necesitas ayuda… Puedes confiar en mí.

—No puedo confiar en nadie… — Se apresuró a responder la morena — Nadie debe ni puede estar involucrado.

—Necesitas a alguien que te pueda proteger chica. Tal vez no quieras que sea yo, pero si estas en peligro alguien necesita saberlo.

Regina miro a Lorna agradeciendo su preocupación, pero tenía una lucha interna solamente al pensar en pronunciar una sola palabra del porque esos hombres la buscaban.


De camino a casa, Regina no podía evitar mirar a todos lados a cada paso que daba, cerciorándose de que nadie la siguiera o la notaran. Cuando entro al departamento se recargo en la puerta dejando escapar un suspiro. Las luces estaban apagadas y agradeció que Emma no estuviera en casa, así le daría un poco más de tiempo para tranquilizarse y actuar como si nada hubiera pasado.

Ella caminó hacia la barra de la cocina y dejo su pequeño bolso y una bolsa de papel canela. Caminó hasta lo que por el momento era su habitación y se quitó su chaqueta de piel y después se soltó el cabello sacudiendo la cabeza. Caminó hasta el closet y saco la pijama que la rubia de ojos lindos le había prestado; se quitó el uniforme del restaurante y lo doblo sobre la cama, se puso la pijama y camino de vuelta a la cocina

Regina tomó la bolsa de papel y saco un par de recipientes de unicel para meterlos al microondas.

La morena desvió la vista de la luz del microondas hacía la puerta cuando escucho que se abría con un tamborileo de las llaves en la cerradura. Emma entro al departamento buscando a Regina con la vista y cuando la vio en su pijama al lado del microondas, no pudo evitar una pequeña sonrisa.

—Hola — Saludo la rubia

—Hola… ¿Qué tal tu día?

—Nada fuera de lo normal — Emma se acercó a la cocina y se quitó la chaqueta de piel roja dejándola encima de la barra — ¿Qué tal el tuyo?

—Agotador — Respondió Regina con un gesto de cansancio — Rellenar saleros y limpiar mesas es más cansado de lo que parece.

—¿Qué tienes ahí? — La rubia señalo el microondas con un movimiento de cabeza.

—Oh, pues resulta que en el restaurante a cada empleado le tocan un poco de las sobras de ese día — explico Regina poniendo las manos en su cadera — Así que es la cena.

—Huele bien.

—Pastel de carne y puré de papas.

El microondas produjo un sonido que indicaba que la comida ya estaba caliente y Regina saco el recipiente dejándolo sobre la barra para después tomar el recipiente faltante y repetir el mismo proceso.

La morena recargo sus brazos en la barra observando como la rubia recogía su cabello en una coleta. Emma tenía el cabello tan largo que luchaba con el para poder controlarlo con la banda elástica. La vista de Regina se desvió hacía el resplandor a un lado de la chaqueta de Emma y pudo ver su placa de policía con las palabras "Detective Swan" grabadas en la placa de metal.

—Yo pensé que las placas ya no se utilizaban en la policía.

—Es más conmemorativa. La ponemos junto a nuestras credenciales — Respondió la rubia observando su placa, recordando el día en que se la habían dado.

—La cena esta lista.

Regina puso un plato con pastel y carne y papas frente a Emma y después tomo uno para ella. Emma se sentó frente a su plato y tomó un par de cubiertos para comenzar a comer.

—¿Por qué no me cuentas la historia de esa placa? — Dijo la morena sentándose y mirando a Emma — Parece muy especial.

—Lo es.

La rubia sonrió y encajo un par de papas en su tenedor, jugueteando con ella. Regina tomo un bocado de pastel de carne y recargo los brazos en la barra esperando la historia Emma.

La rubia comenzó a platicarle toda la historia. Ese día era su aniversario de trabajo en la estación de policías y sus compañeros habían comprado un pastel y habían puesto globos por todos lados. El jefe Booth había dicho unas palabras y le había entregado la placa dándole un fuerte apretón de manos y una sonrisa de medio lado.

Ambas chicas se quedaron platicando sobre el cómo era ser policía, a Emma se le iluminaba el rostro cada vez que hablaba de su trabajo y Regina no podía evitar sonreír. Al parecer, la rubia de ojos lindos era la única en esa habitación que había logrado sus sueños.

—Creo que es tarde — Comentó Emma recogiendo los platos vacíos y llevándolos al fregadero.

—El tiempo se fue volando — Regina observo el reloj del DVD que estaba bajo el televisor que ya casi daba la media noche.

—Mañana me constara trabajo levantarme temprano.

—¿Por qué despiertas tan temprano si te vas a trabajar al cuarto para las ocho? — Preguntó la morena arqueando una ceja.

—Voy a correr — Respondió Emma encogiéndose de hombros.

—¡¿Tan temprano?!

—Es relajante… Deberías intentarlo. Es relajante

—¡¿Qué?! Hacer algún deporte y yo no vamos en la misma oración.

Emma soltó una pequeña carcajada y Regina hizo una mueca.

—Vamos, inténtalo…

Regina observo la pequeña sonrisa que la rubia le dedicaba y no puedo evitar sonreír. Sabía que necesitaba ejercitarse si quería mantener el cuerpo esbelto y torneado, pero el ejercicio y ella nunca se habían llevado bien, y sabía que la edad le cobraría eso si no se activaba y cuidaba un poco de su cuerpo.

La morena asintió dando un suspiro y Emma solo amplio su sonrisa.


Por la mañana, la rubia entro a la habitación de Regina y le aventó sobre la cama uno de sus conjuntos deportivos.

—Ya salió el sol dormilona — Habló ella en un tono alto — A levantarse.

Regina gimió estirando los brazos y se quejó al observar el reloj despertador marcando las cinco de la mañana. Parpadeo un par de veces antes de poder visualizar a Emma frente a ella. La morena se quedó estática al ver a la rubia con el cabello recogido en una coleta, usando un top deportivo color gris que dejaba ver su abdomen plano y esculpido; llevaba pantalones deportivos negros hasta la rodilla que se le pegaban a las piernas. Regina rogó porque Emma no notara que la había dejado boquiabierta y simplemente se aclaró la garganta.

—Dame unos segundos para cambiarme.

—Claro, te espero en la sala — Informó la rubia para después salir de la habitación.

En ese momento, mientras veía a la rubia salir de su habitación, Regina se dio cuenta que la ropa ocultaba bastante.

La morena se apresuró a salir de la cama y a cambiarse, se recogió el cabello y se cepillo los dientes. Salió de la habitación y Emma la observo con una pequeña sonrisa.

—Creo que tenemos que compararte algo de ropa.

Regina llevaba puesta la ropa de Emma y le quedaba más grande de lo que ambas quisieran. Los pantalones deportivos eran ajustables y por ende le quedaban bien, pero la camiseta le queda floja y le bajaba por un hombro dejando ver el tirante de su sostén. El rostro de la morena estaba aun hinchado y sus ojos apenas se quedaban abiertos.

—Una de las cosas por hacer cuando reciba mi primer pago… Es una ventaja que tenga que usar uniforme en el trabajo porque creo que mis jeans no resistirían tantas lavadas.

—Vamos — Dijo Emma sonriendo ante el comentario de Regina — Se nos va a hacer tarde.

Ambas chicas caminaron un par de cuadras para llegar al parque y a Regina ya comenzaba a faltarle el aire. En cambio a Emma parecía no afectarle ni un poco la caminata que efectuaba como calentamiento.

Cuando llegaron al parque, Emma comenzó a correr y Regina trataba de seguirle el paso. A la segunda vuelta, la morena se detuvo agachándose, poniendo sus manos en sus rodillas para tratar de recuperar el aire. Emma notó que Regina se detuvo y ella dio media vuelta para regresar a la morena.

—¿Estas bien? — Emma no estaba ni agitada y apenas estaba sudando.

Regina negó con la cabeza hecha un mar de sudor y sintiendo que los pulmones le ardían cada vez que quería recuperar el aliento.

—Ya no puedo más Swan — Habló en un susurró.

—Vamos, apenas es la segunda vuelta.

—No entiendo cómo puedes hacer esto todos los días — La morena se incorporó sintiendo como el aire le volvía a los pulmones — Yo me rindo.

—¡Emma! — Ambas chicas voltearon ante la voz grabe que llamaba a la rubia.

Un hombre alto y de cabello castaño claro se acercó a ellas trotando. Era apuesto, con una barba corta y músculos bien definidos que se marcaban a través de su playera blanca pegada a su cuerpo por el sudor.

—Hola Graham — Saludo Emma levantando una mano.

—¿Qué tal te va hoy? — Graham se detuvo al lado de la rubia y le dedico una sonrisa.

—Fantástico.

—Excelente — Graham miro a Emma poniéndose las manos en la cadera — Voy a comprar donas para llevar a la estación, ¿Vas a querer algo más?

—Tal vez un café.

—Shot de expreso y leche de almendras, ¿Cierto?

Emma solo asintió y observo a Regina quien miraba atentamente la conversación de la rubia y el hombre desconocido.

—Entonces, te veo allá — Se despidió Graham con una pequeña sonrisa.

—Es guapo — Comentó Regina.

—Es un compañero de trabajo — Respondió la rubia.

—Pues, creo que él quiere ser más que eso.

—¿De qué hablas? — Emma frunció el ceño

—Es bastante evidente que le gustas. Sobre todo por la sonrisa boba que no se le borraba del rostro.

—Creo que te equivocas.

—Piensa lo que quieras — La morena se encogió de hombros — Regresare al departamento — Su voz sonaba un tanto irritada y Emma pudo notarlo.

—Te acompaño…

—No — Regina la detuvo en seco — Tu termina tu entrenamiento, yo puedo regresar sola.

Emma no tuvo tiempo de decir nada más pues Regina ya había dado media vuelta y caminaba velozmente.


Cuando Regina termino su turno en el restaurante solo quería dormirse, dejarse caer en la cama y cerrar los ojos. Le dolían las piernas por el ejercicio de esa mañana y andar de arriba abajo en la cafetería no le había ayudado mucho. La morena dejo la bolsa con comida sobre la barra de la cocina, si Emma tenía hambre podía calentar la comida en el microondas.

Regina camino a su habitación y cerró la puerta, no quería ver a Emma, se sentía irritada. No tuvo ningún pensamiento en todo el día que no fuera como Emma se estaría divirtiendo comiendo donas junto al tal Graham. No sabía que estaba pasando con ella o porque se sentía tan molesta pensando en que alguien se fijara en la rubia. Sabía que no tenía derecho a enojarse pero Graham parecía un idiota y Emma no se merecía un idiota; Emma era buena persona y alguien muy inteligente y servicial que se merecía a un príncipe azul salido de un cuento de hadas. Tal vez era eso, estaba agradecida con Emma, por todo lo que había hecho por ella y quería que tuviera lo mejor.

Regina se quitó la chaqueta y la aventó sobre la cama notando que había un par de bolsas encima. Ella frunció el ceño y se acercó para mirar su contenido. Claramente era bolsas de centro comercial y dentro había casi diez blusas casuales de colores básicos, cuatro jeans de diferentes estilos y colores y por último, en la bolsa más pequeña había conjuntos de lencería que parecían de su talla. Todo era bastante lindo y de buen gusto.

Una nota estaba al lado de las bolsas con su nombre en ella. Regina abrió la nota y sonrió al leer su contenido.

"Espero que todo sea de tu agrado y de tu talla." –Emma.

No dejaba de sorprenderse con todo lo que Emma era capaz de hacer por ella. La morena se sentía protegida por ella, y la rubia merecía más que mentiras de su parte. Pero ella no podía decirle nada, Emma era policía y no podía arriesgarse. Le gustara o no, necesitaba salir de ahí lo antes posible si no quería que los problemas la alcanzaran.

Pero antes, le regresaría a Emma todo el dinero que en ella había gastado y le daría las gracias para luego irse de su vida esperando que para la rubia de ojos lindos solo fuera un recuerdo de su buena acción social.

Lamentablemente, no vería su sueldo hasta dentro de dos semanas y eso era demasiado tiempo. Y considerando que la ropa que Emma le había comprado era bastante cara, su sueldo se le iría solo en eso y no podría alquilar un departamento propio. Tal vez era momento de pedir ayuda.

Regina caminó a la sala y tomo el teléfono. Era tan raro que Emma tuviera teléfono fijo en esos tiempos en donde el celular dominaba la comunicación. La morena marco rápidamente el número que se había aprendido de memoria y espero a que le respondieran.

—Hola, soy yo… Necesitamos vernos.

¿Qué necesitas? — Dijo la voz al otro lado del teléfono.

—Principalmente, un poco de dinero y algunas de mis cosas que te llevaste la última vez.

Ok, pásame la dirección y nos vemos mañana.