Siento mucho la tardanza pero tuve algunos problemas con mi computadora y ahí tenía todos mis documentos, pero por suerte se salvaron. Espero que les guste este capítulo y que lo disfruten porque ya se viene lo bueno (muajajaja).

Contestando a sus preguntas del capítulo anterior:

Guest y Ruth maria: Esas respuestas están a punto de ser reveladas en los siguientes capítulos, así que no haré spoilers

mayeli85: Tengo 20 años y soy de México (Del estado de Durango)

Espero sus comentarios (porque han sido muy pocos y después no me dan ganas de escribir) y si gustan dejarme sus preguntitas con gusto las responderé.

Gracias por leer.


Emma bebió él último sorbo en su taza de café y la dejo en el fregadero, se acomodó la chaqueta y caminó hasta la puerta y se detuvo para tomar las llaves de su auto. Escucho pasos provenientes del pasillo y abrió la puerta apresurándose a salir.

Cuando Regina llego a la cocina, Emma ya se había ido. La morena soltó un resoplido y camino al sofá para tomar su chaqueta.

Ya eran varios días iguales, Regina y la rubia solo se veían en las noches y compartían un saludo antes de que Emma se encerrará en su habitación. La morena estaba enloqueciendo ante su actitud y no podía evitar pensar en que Emma había descubierto algo acerca de su pasado y que en cualquier momento la echaría de ahí.

Emma subió a su auto y apretó el volante con fuerza, apenas había logrado salir del departamento sin tenerse que topar con Regina. La rubia tenía miedo, miedo de estar con ella a solas y no poder controlar todo lo que aquella chica la hacía sentir. Tenía que seguirlo ocultando mientras averiguaba quien era en verdad Regina, no podía dejarse llevar por sus sentimientos sin saber nada más que el nombre de la morena.

Habían pasado ya varios días desde su plática con Killian, y aunque sabía que él tenía razón, ella aún no estaba segura de todo lo que implicaba que le gustara una chica. La rubia encendió su auto y salió del estacionamiento del edificio, se detuvo en la entrada y miro a ambos lados para asegurarse de que no viniera ningún coche. Al mirar hacía su lado derecho la vio ahí, caminando con el uniforme de la cafetería y el cabello recogido, con sus botas y su chaqueta de cuero negra. Regina era hermosa, y se podía notar incluso a varios metros de distancia.

La rubia sacudió la cabeza al escuchar un claxon detrás de ella. Otro auto quería salir del estacionamiento y ella le estaba impidiendo el paso. Emma se apresuró a salir y condujo hacia la estación de policías con una sola imagen en mente: Regina.


Una semana después…

Regina le había pedido a Lorna salir temprano del trabajo explicándole la situación con Emma y esperando poder verla por unos momentos antes de que decidiera encerrarse en su habitación. Lorna le había sonreído y le había dado un pay de manzana con una sonrisa "Dile que tú lo hiciste para ella" le había dicho la mujer.

La morena coloco el pay sobre la barra de la cocina y desato su cabello de la coleta que llevaba. Se quitó la chaqueta y la aventó sobre el sofá. El tiempo fue justo perfecto, pues segundos después Emma entro distraídamente por la puerta y cuando observo a la morena sonriéndole la rubia se quedó pasmada.

—Hola — Saludó Regina con una sonrisa.

—Hola — Respondió la rubia con incomodidad — Estaré en mi habitación.

—Emma, espera — La morena se acercó varios pasos hacia Emma y la rubia dio media vuelta para regresar hacía ella — No sé qué te está pasando, pero no me gusta esto.

—¿De qué hablas? — Emma se hizo la desentendida y camino hasta la morena.

—Hablo de que has estad evitándome por más de una semana y ni siquiera sé que hice para merecerlo.

—Lo siento, he estado muy ocupada en el trabajo — Emma desvió la mirada hacía el suelo y Regina supo que estaba mintiendo.

—Vamos Emma — La morena le tomo la mano con delicadeza — ¿Por qué no quieres decirme que pasa? — Emma se quedó pasmada y miro esos ojos castaños que le estaban quitando el sueño — Bueno, si no quieres decirme está bien, pero deja de evitarme por favor.

—Lo siento…

—No importa — Interrumpió Regina con una sonrisa — Te hice un pay de manzana, con la receta secreta de Lorna, espero que te guste.

—No tenías que hacerlo — Emma dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Quise hacerlo — Regina extendió el brazo para tomar el pay y deslizarlo por la barra hasta Emma. La morena metió un dedo tomando un poco del relleno y lo acerco a los labios de Emma — Pruébalo, enserio esta rico.

Cuando Emma deslizo sus labios por el dedo de Regina, la sensación de calor fue creciendo en sus cuerpos y los ojos de ambas estaban mirándose como si un imán los atrajera.

—Esta delicioso — Susurró la rubia con la voz ronca.

Regina le sonrió tratando de ocultar sus mejillas enrojecidas y camino a tomar un cuchillo y un par de platos. Ambas chicas se sentaron frente a la barra y comenzaron a comer una rebana de pay, y aunque no hablaron mucho, Regina se sintió complacida al tener a Emma a su lado por más de 5 segundos.


Emma había despertado con una pequeña sonrisa en el rostro y por alguna razón se sentía más relajada. Se levantó de la cama y se pasó las manos por el cabello mientras miraba el reloj despertador en la mesita de noche. Ya era tarde para ir a correr pero alcanzaba a preparar el desayuno antes de irse a la estación.

Salió de su habitación arrastrando sus pies descalzos por la duela del piso y camino hasta la habitación de Regina. La rubia se detuvo en seco cuando encontró la puerta entreabierta y a Regina de espaldas a ella. La morena llevaba un conjunto de ropa interior de encaje color blanco, y se inclinaba sobre la cama para alcanzar su uniforme. Emma se quedó con la boca abierta al ver el cuerpo de Regina, tan perfecto y torneado. Cuando el uniforme de Regina había cubierto su cuerpo, Emma se aclaró la garganta y dio un par de golpecitos a la puerta de la habitación. Regina volteo hacia ella con una pequeña sonrisa.

—¡Buenos días! — La morena caminó hacia Emma — ¿Puedes cerrarme la cremallera? — Preguntó ella dándole la espalda a la rubia mientras se sujetaba el cabello con las manos (aunque no era muy necesario gracias a su corto cabello).

La rubia asintió aunque Regina no pudiera verla y subió la cremallera lentamente conteniendo la necesidad de acariciar la piel olivácea de la morena.

—Voy a preparar tostadas francesas y café, ¿Quieres? — Preguntó la rubia una vez que Regina se dio la vuelta.

—Tengo que llegar temprano al trabajo hoy, vamos a tener inventario y esas cosas — Respondió la morena haciendo un gesto de desagrado — Así que ya me tengo que ir. Emma asintió y Regina le sonrió mientras se paraba en la punta de sus pies para darle un beso en la mejilla a la rubia, un beso que estuvo demasiado cerca de sus labios — Nos vemos en la noche.


La rubia estaba sentada en el sofá con la mirada fija en la televisión y el control remoto en la mano. Estaba concentrada en buscar una buena película en Netflix. Tenía un tazón de palomitas en la mesa de centro y dos copas con vino, solo esperaba a que Regina se le uniera.

La morena había ido a su habitación a quitarse el uniforme. Había llegado más tarde de lo usual debido al trabajo y Emma le había ofrecido la opción de una película y vino para ayudarla a relajarse.

El timbre del departamento sonó un par de veces y Emma frunció el ceño antes de levantarse del sofá y caminar hacía la puerta. Al otro lado de la puerta se encontró con el rostro familiar de la media hermana de Regina quien la saludo con una sonrisa forzada.

—¿Esta mi hermana en casa?

Emma no tuvo tiempo de responder cuando la pelirroja ya estaba dentro del departamento.

—Regina — La rubia la llamó alzando la voz — Parece que tienes visita.

Zelena pasó por la sala observando la televisión y la mesa de centro. Tomó un puño de palomitas con la mano y después camino hasta la barra de la cocina para sentarse en uno de los bancos.

—Parece que llegue en mal momento — Comentó ella mirando a Emma.

—¿Qué estás haciendo aquí? — Preguntó Regina caminando apresuradamente hacia su hermana.

—Necesito hablar contigo — Respondió Zelena despreocupadamente — En privado.

Regina miro a Emma quien las observaba en silencio y con las manos en los bolsillos traseros de sus jeans.

—Podemos ir a la plaza que está a un par de cuadras — Dijo la morena.

—Es tarde — Interrumpió Emma — No creo que sea buena idea que salgan a esta hora.

—No te preocupes, sabemos cuidarnos solas — El tonó de Zelena le dejo claro a Emma que no podía intervenir.

—Tranquila — Dijo Regina acercándose a la rubia — Vamos a estar bien.

Emma asintió y observo como las hermanas salían del apartamento y dejo escapar un suspiro. Camino hasta la ventana de la escalera de incendios y salió observando como Regina y Zelena caminaban hasta la plaza. No podría escuchar nada y muy apenas podía verlas, pero se quedaría ahí por si había problemas.


—¿Qué es tan urgente? — Preguntó Regina mientras se sentaba al lado de su hermana en la fría banca de metal.

—Te siguen buscando — Respondió Zelena sin mirar a su hermana — Llegaron a mi casa ayer un par de hombres preguntando por ti. Por suerte nadie estaba en casa más que yo y simplemente les dije que no sabía nada de ti.

—Pensé que se habían detenido — Susurró Regina bajando la mirada al suelo.

—Nunca se detendrán Regina,.. Tú lo sabes — Zelena miro a su hermana — Necesitas hacer algo o te encontraran, y sabes que no va a terminar bien.

—No puedo irme ahora…

—¿Por qué no? — La pelirroja arqueo una ceja y se acomodó en la banca para poder mirar mejor a Regina. La morena no le respondió pero su hermana lo supo — Es por la rubia, ¿Verdad?

—Creo que me estoy enamorando de ella — Confesó la morena mirando a Zelena.

—¿Estás loca Regina? ¡No puedes hacer eso!...

—¡¿Crees que no lo sé?! — Dijo la morena — No puedo darme el lujo de hacerlo, pero simplemente paso.

—Entonces, si en verdad la quieres, tienes más razones para irte… La estas poniendo en peligro.

—¿Crees que me van a encontrar?

—Me sorprende que aún no lo hayan hecho — Zelena tomo la mano de su hermana — No pongas a más personas en peligro Regina. Yo soy tu hermana y voy a estar contigo y además no creo que sean capaces de hacerme daño. Pero no creo que se detengan en lastimar a la rubia si con eso te pueden encontrar.

—Dame dos semanas… Tengo que arreglar todo — Respondió la morena con un nudo en la garganta — Te llamaré para decirte a donde iré.


Emma observo como las chicas regresaban al departamento y entro por la ventana cuando las observo entrar al edificio. Se sentó en el sofá y tomo el tazón de palomitas para comer algunas. Minutos después la puerta del departamento se abrió y las hermanas entraban aliviadas por el calor dentro de la habitación.

—¿Todo bien? — Preguntó Emma observando a Regina que tenía los ojos rojos.

La morena asintió y le dedico una sonrisa forzada antes de caminar hacía el pasillo para entrar al cuarto de baño.

La habitación se quedó en silencio y la rubia observo como Zelena caminaba para sentarse a su lado.

—No escuchaste mis advertencias — Susurró la pelirroja.

—No estoy segura de que sean advertencias cuando no me dices en que peligro estoy — Le respondió Emma del mismo modo.

—Pensé que eras más inteligente y tomarías un "estas en peligro" como un peligro inminente, pero después de todo eres rubia — Zelena se encogió de hombros.

—¿Por qué no me dices en que peligro estoy? — Insistió la rubia ignorando el comentario sarcástico de Zelena.

—Regina es como un fuego artificial. Es hermosa y brillante, con esos bellos ojos y esa sonrisa cautivadora, pero si estas demasiado cerca cuando se enciende te puede quemar la cara… Es peligrosa, y lastima a las personas que quiere…

—¿De qué hablan? — Preguntó Regina regresando a la sala.

—Solo estaba recomendándole a Emma una buena película para que vean juntas — Zelena se levantó del sofá — Pero creo que es hora de irme.

—Pensé que te quedarías a cenar — La morena frunció el ceño.

—En otro momento… Tengo que volver a casa.

Zelena se acercó a su hermana y se despidió de ella con un beso en la mejilla y le dedico una mirada a la rubia antes de salir del departamento.

Regina caminó para sentarse a un lado de Emma y se miraron, ambas se dedicaron una pequeña sonrisa y enfocaron la vista en el televisor.


Las tres de la mañana, probablemente se arrepentiría cuando llegara la hora de ir a trabajar. Regina estaba sentada en la escalera de incendios con las piernas abrazadas al pecho y su barbilla en las rodillas. Su vista estaba perdida entre las luces de la ciudad y su mente divagaba por las palabras que su hermana le había dicho horas antes. Tenía que irse, lo sabía, pero la idea de dejar a Emma le partía el corazón.

—¿Insomnio? — Regina giro la cabeza al escuchar la voz de la rubia y asintió mientras Emma se sentaba a su lado — ¿Estas bien?

—Necesitaba pensar un poco — Respondió la morena con voz ronca.

—¿Todo bien con Zelena? Desde que hablaste con ella estas un poco extraña.

—Todo bien, simplemente me hizo pensar en algunas cosas — Regina recargo su cabeza en el hombro de Emma y dejó escapar un suspiro.

—Es sorprendente como esta ciudad puede tener un efecto tranquilizador — Comentó la rubia cambiando de tema. Sabría que no obtendría nada interrogando a Regina.

—Yo me siento tranquila cuando tu estas a mi lado — Susurró la morena — Me haces sentir segura.

Emma sonrió de medio lado y Regina levanto su cabeza para mirar a esos hermosos ojos verdes. La morena sonrió y un impulso la llevo a acariciar la mejilla de la rubia, Emma cerró los ojos y sintió como su piel se ponía de gallina. Regina la miro, la observo con vehemencia intentando grabar ese rostro pálido y enmarcado por cabello rubio, con las mejillas encendidas por el frio y los labios rosados entreabiertos, y esos ojos, esos ojos que se movían de un lado a otro mientras ella se acercaba cada vez más y más.

Regina cerró los ojos cuando sus labios impactaron en los de la rubia y sintió como su cuerpo se llenaba de descargas eléctricas. Emma se apartó lentamente rompiendo el contacto entre ellas y la morena puso observar los ojos de la rubia abiertos como platos y la respiración agitada que salía como vapor blanco de su boca.

Emma se levantó rápidamente y entró al departamento sin mencionar palabra alguna. Regina maldijo en su cabeza y dejó caer su rostro entre sus manos mientras maldecía en voz baja.