Enserio, enserio, enserio lamento mucho la tardanza pero estoy atravesando por el final de mi semestre en la universidad y no había tenido tiempo. Espero que les guste el capítulo y que me dejen sus comentarios.
Quiero agradecer a las nuevas lectoras que se han ido sumando y también a las que ya leían pero apenas se han animado a comentar. Sigan dejando sus reviews diciéndome lo que piensan.
Gracias por leer.
Zelena se metió las manos a los bolsillos del abrigo tratando de calentar sus manos. Vaya que hacia frio. Después de unos segundos busco su teléfono en su bolso. Sintiendo los dedos entumecidos marco rápidamente una serie de números y pego la bocina a su oído.
—Hola, soy yo — Habló ella — Se dónde está, y creo que tienes que hacer algo pronto — La pelirroja miro hacia arriba del edificio mientras escuchaba a la otra persona hablar — Te enviare la dirección en un mensaje. Tienes que darte prisa.
Abrió los ojos lentamente sintiendo que su cabeza daba vueltas. Regina no había podido dormir más de dos horas; había estado dando vueltas por su cama pensando en lo que había pasado la noche anterior.
El beso que le había dado a Emma había sido un impulso pero con eso había comprobado que sus sentimientos hacia ella eran verdaderos, se estaba enamorando. Aunque al parecer, para la rubia ese no era el caso.
La morena sabía que había cometido un error, y que el que Emma saliera corriendo la noche anterior solo le estaba dando una respuesta que no le gustaba para nada. Tal vez había malinterpretado las señales o simplemente había visto señales cuando no las había.
Regina se levantó de la cama sintiéndose mareada y se pasó las manos por la cara varias veces. Salió de la habitación esperando que Emma aun estuviera en el departamento, pero en el fondo sabía que sus esperanzas se iban a quedar en solo eso. Ella suspiro mirando a ambos lados del pasillo y camino hasta el baño para darse una ducha.
Al llegar al trabajo se propuso una cosa solamente: concentrarse en atender clientes y limpiar la cafetería, no pensar en Emma Swan ni en lo que había pasado entre ellas. El trabajo ocuparía su mente y le daría unos momentos de tranquilidad.
—¿Qué pasa chica? — Preguntó Lorna acercándose a ella — Traes una cara de perro que no puedes con ella.
Regina la fulmino con la mirada y resopló mientras volvía la vista hacia la mesa que estaba limpiando como si fuera a dejarla como nueva.
—No es nada, solo tuve una mala noche — Respondió ella.
—Creo que es más que eso — Lorna puso las manos en su cadera y la miro inclinando la cabeza hacia un lado — Ahora dime, y dime la verdad, ¿Qué es lo que pasa?
La chica cerró los ojos y aventó el trapo con el que limpiaba a la mesa. La insistencia de Lorna no ayudaba mucho con su objetivo.
—Anoche bese a Emma y ella salió corriendo.
—Creo que tenemos que llevar esto a la oficina — Lorna apenas pudo pronunciar las palabras ante el asombro que la confesión de Regina le había provocado. Ambas caminaron hacía la pequeña oficina y la mujer cerró la puerta mientras Regina se sentaba en la pequeña silla frente a ella — ¿Qué hiciste qué?
—Lo que escuchaste; La bese y ella salió corriendo dejando muy claro sus sentimientos hacia mí — La morena respondió sintiendo un nudo en la garganta ante la tristeza que le provocaba pensar que Emma no la quería de esa manera.
—¿Por qué piensas que ella no siente lo mismo?
—Tal vez porque salió corriendo — Regina respondió como si fuera obvio.
—Chica, la besaste. Eres una chica y la besaste, ¿Cómo esperabas que reaccionara?
—No lo sé — Regina se encogió de hombros — Tal vez solo esperaba que se quedara conmigo.
—Regina, no puedes esperar que Emma reaccione de otra manera. Tienes que hablar con ella.
—No puedo — Se apresuró a responder la morena — Tengo que irme de aquí.
—¿De que estas hablando? — Lorna arqueo una ceja y cruzó los brazos.
—Tengo que moverme o me encontraran — Regina negó con la cabeza — No puedo estar más aquí. Solo pondré a todos a mí alrededor en peligro.
—Chica, no creo que esa sea la solución…
—¡¿Entonces cuál?! — Preguntó Regina desesperada.
—Deja de huir… Habla con Emma y deja de huir — Lorna se acercó a la chica y se hinco para quedar a su altura y que sus ojos cafés se encontraran con los suyos — Necesitas confiar en ella y decirle lo que está pasando. Ella puede ayudarte.
—Si se entera de la verdad solamente la pondré en peligro — Los ojos de la morena se llenaron de lágrimas — Solo la voy a poner en peligro…
—Déjala decidir, ella tiene derecho a decidir si se arriesga por ti o no.
—Su decisión no será difícil, ella es policía y yo no significo nada para ella. Simplemente soy una chica a la que ayudo y que ahora está enamorada de ella. No tardara en echarme de su departamento.
—Creo que estas muy equivocada.
Regina miro a Lorna rogando internamente que la mujer tuviera razón y liberando las lágrimas.
Emma entró a la comisaria como un torbellino que tenía bien claro su objetivo. La rubia entro a la oficina de Killian sin siquiera llamar a la puerta y él solo levanto la vista hacía la apresurada mujer.
—No te ves nada bien Swan…
—No vine para consultarte mi apariencia — Respondió ella irritada.
Killian levanto una ceja y volvió a mirar los papeles sobre su escritorio escondiendo una pequeña sonrisa.
—Y entonces, ¿A que debo el honor?
—Quiero saber si ya tienes algo sobre Regina.
—Aun no nada Swan. Entiende que el nombre y una cara no es suficiente para encontrar a alguien. Sobre todo si no tiene antecedentes penales… Necesito algo más.
—¡No hay nada más Killian! Necesito que encuentres algo ya — Insistió la rubia.
—Lo estoy intentándolo.
—¡Entonces inténtalo más!
—Emma tranquilízate — Él se levantó de su asiento apoyando las manos sobre el escritorio — No puedes venir a gritarme porque no encuentro a la chica que dejaste entrar a tu casa sin saber nada de ella — La rubia se cruzó de brazos frunciendo el ceño y Killian enderezó su postura — No voy a encontrar nada solo porque vengas a gritarme.
—Olvídalo, pedirte ayuda fue un error.
Emma salió de la habitación molesta y arrepentida. Sabía que no tenía derecho a gritarle a Killian, él era su amigo y su superior, pero estaba desesperada.
Regina la había besado la noche anterior y se estaba volviendo loca. No solamente le había provocada miles de descargas eléctricas y cosquillas en el abdomen, sino que le había confirmado que esa chica estaba cambiando algo dentro de ella.
Cuando la morena volvió al departamento, resopló al encontrar el lugar vacío. Estaba casada, y el dolor de cabeza no la dejaba utilizar sus sentidos con claridad. Se quitó la chaqueta y el bolso y los dejo sobre el respaldo del sofá. Se soltó el cabello de la coleta y sacudió un poco la cabeza, estiro los brazos hacia arriba y se arqueó hacia atrás sintiendo como sus músculos se estiraban.
La chica ladeo la cabeza pensando en hacer algo para cenar; esa noche no había llevado nada de la cafetería pero tampoco tenía muchas ganas de cocinar. Se acercó al refrigerador y abrió la puerta buscando algo que pudiera comer sin que implicara una larga preparación. Había un poco de fruta picada con granola, pero seguramente era de Emma. Regina hizo una mueca al observar que el refrigerador estaba casi vacío.
El timbre resonó en el silencioso apartamento y la morena miro hacia la puerta frunciendo el ceño. ¿Se le habrían olvidados las llaves a Emma? Regina cerró la puerta del refrigerador y camino hasta la puerta sintiendo sus manos temblorosas. Cuando abrió la puerta se quedó con la boca abierta al ver a la madre de Emma frente a ella. La mujer sonreía y hacia que se marcaran las pequeñas arrugas de su rostro. Mary Margaret llevaba un par de bolsas de papel canela en los brazos y Regina de repente recordó la cena familiar mensual.
—Hola — Saludo la chica — Emma aún no está en casa.
—Lo sé linda — La mujer entro al departamento y camino directo hacia la barra de la cocina — Pero esperaba encontrarte aquí. Quiero que me ayudes a preparar la cena.
—No soy muy buena cocinando — La morena se encogió de hombros y cerró la puerta a sus espaldas para después caminar hacia la madre de la rubia.
—No te preocupes. Yo haré todo y tú serás mi linda asistente — Mary no dejaba de sonreír y en cierto modo era algo irritante — Ahora, ven acá y comencemos para tener todo listo cuando lleguen Emma y David.
Resignada, Regina caminó hasta la mujer y la observo sacar demasiadas cosas de las bolsas que ella había llevado. Mary se movió por la cocina como si fuera la suya y comenzó a preparar lo que ella llamaba "Su famosa pasta con pimientos y pollo". La verdad, la chica se moría de hambre y todo en ese momento sonaba deliciosos para ella.
Después de varios minutos de ajetreo, Regina se escapó a su habitación para cambiarse el uniforme por unos jeans y una blusa básica blanca sobre la que se puso una camisa a cuadros. Cuando regreso a la cocina, Mary la llamo haciéndole una seña con la mano para que se acercara a ella.
—Me gusta mucho cocinar — Comentó ella sin levantar la vista del sartén — David dice que así fue como lo enamore completamente.
—Se nota que él la ama muchísimo — Regina se colocó al lado de Mary y miro el sartén con pimientos y cebollas cocinándose.
—Es lo que se logra después de tantos años — La mujer se encogió de hombros — Nos conocimos muy jóvenes y nos enamoramos al instante, ya sabes, amor a primera vista, como dicen por ahí — Mary sonrió y levanto la vista hacia la chica — Todo fue maravilloso y cuando nos casamos fue aún más… No entiendo lo que dicen las personas, que cuando te casas todo cambia para mal. Para nosotros no fue así.
—Tienen suerte… Muchos quisieran tener lo que ustedes tienen.
—Lo sé, me lo han dicho. Y la verdad me siento orgullosa de tener a David a mi lada, es un grandioso esposo y padre.
—También tiene suerte en tener una hija como Emma — Regina sonrió de medio lado — Es una chica maravillosa.
—Lo es — Mary removió un poco con una cuchara lo que estaba cocinando — Aunque creo que Emma lo vea. Ella se exige demasiado y muchas veces se refugia en el trabajo olvidándose que hay un mundo ahí afuera.
—Creo que es inspirador el compromiso que tiene con su trabajo…
—Y no lo discuto — Se apresuró a decir Mary — Es increíble su dedicación… Cuando estaba en la academia de policías era la mejor de su clase e incluso hasta se cambió el apellido por Swan para que nadie supiera que era hija de David y la trataran diferente por eso. — Ambas mujeres sonrieron — Ella estaba tan emocionada de entrar a la academia, que incluso meses antes entrenaba horas junto con David. Estaba llena de vida y alegría — Es rostro de la madre de Emma cambió su semblante y sus labios se hicieron una línea recta — Todo cambió cuando perdió a Neal.
—¿Neal? — Preguntó Regina confundida.
—Su prometido… Murió hace dos años en un accidente de auto.
—Yo… no lo sabía — La chica sintió una presión en su pecho y dificultad para respirar.
—Emma casi nunca habla de eso… Se siente culpable — Mary apago el fuego del sartén y se cruzó de brazos poniéndose de frente a Regina — Ambos estaban juntos en la academia, se enamoraron y tuvieron un noviazgo largo. Después demudarse juntos, se comprometieron y meses después se enteraron de que tendrían un bebe. — Los ojos de Mary se llenaron de lágrimas y tomó un respiro para evitar que se le escaparan — Iban en camino a escoger la comida que servirían en la boda y ambos discutían, no se sobre qué, pero el asunto es que Neal no vio la luz roja y un coche los golpeo. Neal recibió todo el impacto y murió de camino al hospital, Emma perdió al bebé y pude ver como la vida se le escapaba de los ojos en ese momento.
Regina sintió ganas de llorar y se sintió estúpida por no haber sabido todo aquello antes.
Ambas mujeres voltearon hacia la puerta y observaron a Emma entrar al departamento. La rubia frunció el ceño al ver el rostro de ambas mujeres y caminó con cautela hacia ellas.
—¿Pasa algo? — Preguntó ella.
—Solamente estábamos hablando — Respondió su madre — ¿Cómo estuvo el trabajo?
—Todo tranquilo — Emma se quitó la chaqueta y la aventó sobre el sofá. Miro a Regina queriendo decir algo pero no pudo y a cambio recibió una pequeña sonrisa de la morena — ¿Dónde está papá?
—Atorado en el trabajo, dijo que nos alcanzaba más tarde — Mary le sonrió a su hija y le dio un beso en la mejilla cuando la rubia se acercó a ella — Pero, la cena ya está casi lista, así que si tienes mucha hambre podemos comenzar a cenar.
Después de una deliciosa cena, los padres de Emma habían dejado él departamento y la rubia había huido a su habitación con la excusa de estar cansada. Regina no podía tolerar que Emma tuviera esa actitud hacia ella y después de casi una hora de caminar por el pasillo se decidió a entrar a la habitación de la rubia.
—¿Podemos hablar? — Preguntó ella asomando la cabeza por el marco de la puerta.
Emma la miro con ojos confundidos y enderezo su postura para quedar sentada sobre la cama.
—Claro, pasa.
Regina camino con pasos titubeantes hacia la cama y se sentó con calma como si temiera que la rubia fuera a salir corriendo.
—Necesito decirte algo importante… Y quiero que me escuches. — Emma asintió y miro hacia el suelo sabiendo hacia donde iba la plática de Regina — Lamento haberte besado de esa manera, pero no me arrepiento. — La morena apretó las manos formando puños y respiro profundamente. No sabía de donde, pero había reunido todo el coraje para confesarle a Emma lo que sentía por ella — Emma, siento algo por ti, y estoy segura que es mucho más que gratitud y amistad. Me gustas y me gusta estar contigo y muero lentamente cada segundo que te tengo cerca y que tú finges que no existo.
—Regina….
—Escúchame — La interrumpió la morena — Dijiste que me escucharías. Sé que tal vez es difícil, y que todo esto sea complicado, pero ya no puedo callar más Emma.
Hubo varios segundos de silencio después de aquellas palabras y Regina lo tomó como su respuesta. Ella se levantó de la cama y camino hacia la puerta de la habitación sintiendo como las lágrimas que estaba luchando por contener ardían en su garganta.
—Regina, yo te quiero — Habló Emma con la vista aun en el suelo. Regina se detuvo a centímetros de la puerta y se quedó parada con la vista clavada en el picaporte — Y tengo sentimientos hacia ti que sé que no debería tener… Pero a pesar de esto, no puedo estar contigo de esa manera. Simplemente no puedo.
—¿Por qué? — Susurró la morena dando media vuelta lentamente.
—Es demasiado para mí, demasiados cambios — Emma negó con la cabeza — Eres una chica.
—¿Tienes algún problema con eso? — Regina se cruzó de brazos.
—A mí no me gustan las chicas — Emma levanto la vista sintiendo como sus mejillas se encendían coloreándose de rojo.
Regina sonrió débilmente y negó con la cabeza. La cabeza dura de Emma estaba renuente a ella solo por ser una chica.
—Olvídalo Emma… No sé qué estaba pensando al decírtelo.
La morena dio media vuelta y salió de la habitación lo más rápido que pudo. Emma se dejó caer en la cama y clavo su vista en el techo mientras las palabras de Regina resonaban en su mente. La rubia cerró los ojos y negó con la cabeza; claro que quería a Regina, claro que le gustaba y claro que estaba enamorándose de ella, pero nada de eso era tan fácil, era demasiado para ella.
Nunca antes se había interesado por una chica o sentido atraída y ahora llegaba aquella chica de cabello rebelde y ojos profundos para volverla completamente loca. Su mundo se estaba poniendo de cabeza y no sabía qué hacer para evitarlo. La rubia abrió los ojos pensando en el beso de la noche anterior y en lo estúpida que había sido al salir corriendo y aún más estúpida al haber rechazado a Regina minutos atrás. Emma realmente estaba confundida pero sabía que sus sentimientos hacia Regina no cambiarían. Cuando alguien se metía a su corazón, ya no había vuelta atrás. Así era ella, amaba poco pero con intensidad.
Regina tenía ganas de gritar, de gritarle a Emma que era una estúpida, pero sabía que no tenía motivos para hacerlo. La rubia tenía derecho a rechazarla, pero lo que más le molestaba era que primero le había dicho que la quería y después que no quería nada con ella. ¿Acaso esa mujer estaba loca? ¿Cómo podía hacer eso? Sentía que iba a enloquecer, esa mujer la enloquecía.
La morena se armó de valor y se dijo mentalmente "ahora o nunca". Llevaba bastante tiempo pensando en la efectividad de lo que quería hacer y había llegado a la conclusión de que necesitaba hacerlo. Al fin de cuentas, ella se iba a marchar de ahí dentro de poco y solo necesitaba hacerlo para liberarse a sí misma.
Camino hasta la habitación de la rubia y esta vez no llamó antes de entrar. Vio a Emma recostada sobre su cama y se deleitó con la mirada de confusión que ella le regalaba al encontrarla de frente. Regina llevaba una bata de baño sobre su cuerpo y miraba a Emma fijamente.
—Soy tuya Emma Swan, lo quiera o no lo soy. — Susurró la morena con la voz ronca. La rubia se incorporó sintiendo que la cabeza le daba vueltas. Regina se desabrocho la bata dejándola caer al suelo y mostrando todo su cuerpo desnudo — Tómame y has lo que quieras conmigo.
