Siento mucho la demora pero entenderán que se atravesaron todas estas fechas festivas y me fue imposible subir el capitulo. Además me desanime un poco porque el capitulo pasado no tuvo la respuesta que yo esperaba, pero espero recibir sus comentarios.
Espero y les guste este capitulo. Gracias por leer.
Felices fiestas y prospero año nuevo.
Regina entro al departamento deseando ver a Emma. Había tenido un día duro en el trabajo, había estado distraída y le había costado varios clientes molestos, malas propinas y el rostro de desaprobación de Lorna. Su cabeza seguía dando vueltas y estaba segura que la decisión que había tomado no era la mejor, pero no iba a dejar a Emma, no después de la promesa que le había hecho la noche anterior.
Cuando levanto la vista, la morena se encontró con Emma sonriéndole desde la cocina.
—Hola. — Sonrió la rubia mientras recargaba los brazos sobre la barra de la cocina — Te estaba esperando.
—¿Para algo en especial? — Regina sonrió juguetonamente mientras caminaba hacia Emma.
—Pues… Quería prepararte algo rico de cenar, para sorprenderte. Pero, recordé que la cocina no es mi fuerte y conseguí una pizza.
Regina soltó una pequeña carcajada y la rubia se incorporó cuando la tuvo enfrente. La morena deslizó sus brazos por la cintura de Emma y deposito un dulce beso en los labios de su rubia de ojos lindos.
—Perfecto.
Emma volvió a besar a la morena pasando un brazo por su espalda y dedico un largo tiempo a saborear lentamente los labios de Regina. La rubia sonrió cuando el beso se vio interrumpido por la falta de aliento y Regina dejo caer lentamente su frente en la de Emma.
—¿Tienes algo que hacer mañana? — Preguntó la rubia.
—¿Qué tienes planeado? — Regina arqueó una ceja.
—Killian nos invitó a cenar a su casa con su esposa… Pensé que sería una buena idea que se conocieran un poco.
—¿Enserió crees que sería buena idea?
—Pues me parece un buen gesto de parte de Killian. Él quiere conocerte porque sabe que eres importante para mí.
Regina sonrió ante las palabras de Emma y miro a la rubia quedándose en silencio por unos segundos.
—Está bien.
Emma sonrió y le dio un dulce beso en los labios a la morena. Ambas chicas se perdieron en el beso y sus cuerpos temblaron cuando estuvieron tan cerca que no había espacio alguno entre ellas.
Estaban viviendo algo que ninguna de las dos había estado esperando. Para Emma, la llegada de Regina había sido reveladora y sin duda había cambiado muchas cosas en su vida. Para Regina, encontrar a Emma había sido lo mejor que le había pasado en ese momento de su vida y había encontrado en la rubia de ojos lindos a su salvación. Ambas estaban enamorándose la una de la otra y aunque quisieran negarlo, ya no podían ocultarlo más.
Regina se movió entre las sabanas buscando el calor del cuerpo de la rubia. La chica abrió los ojos al darse cuenta que estaba en una cama vacía. Ella se incorporó lentamente y se pasó las manos por el cabello mientras repasaba la habitación con los ojos. Se levantó de la cama y dejó escapar una pequeña sonrisa al recordar que había dormido entre los brazos de Emma.
La morena salió de la habitación y logró olfatear el aroma de café recién hecho. Regina camino hasta la cocina y descubrió a Emma cocinando un par de huevos. La rubia le sonrió a manera de saludo y en cuando estuvieron cerca, deposito un pequeño beso en los labios de Regina.
—Buenos días. — Dijo Emma sin dejar de sonreír — ¿Dormiste bien?
—Mejor que nunca — Respondió la morena, y se mordió el labio juguetonamente.
—Te estoy preparando el desayuno para que comas algo antes de irte al trabajo — Informo la rubia — Espero que te gusten los huevos y los waffles.
—Suena delicioso.
—Entonces, come… Yo voy a darme una ducha porque se me hace tarde.
Regina asintió y sonrió después de recibir un rápido beso en los labios por parte de la rubia. Emma caminó rápidamente hasta el baño y abrió las llaves de la regadera buscando la temperatura perfecta del agua.
En la cocina, la morena tomo un trozo de waffle y lo metió a su boca. Después de varios segundos de pensarlo, concluyó que no tenía mucha hambre, al menos no de waffles. Ella caminó por pasillo que llevaba hasta la puerta del baño y no lo dudó ni un segundo antes de entrar.
Las puertas de la ducha estaban comenzando a empañarse por el calor del agua, pero aun podía ver perfectamente la esbelta silueta de Emma. La morena se apresuró a deshacerse de su ropa y caminó a la ducha para deslizar la puerta de cristal. Sobresaltada, Emma dio media vuelta y se cruzó de brazos intentando cubrirse el cuerpo; pero al ver que se trataba de Regina, la rubia bajo los brazos y observó el cuerpo desnudo frente a ella.
Regina entró a la ducha y sintió el agua caer sobre su cabeza y acarició las curvas de la rubia sintiendo su suave y húmeda piel bajo las yemas de sus dedos. La morena comenzó a recorrer con sus labios el cuello de Emma y fue trazando con su lengua el camino hasta los pechos de la rubia para poder jugar con los erectos pezones. Emma gimió echando la cabeza hacia atrás y tomo a la morena por las caderas para pegarla a su cuerpo y apoderarse de sus carnosos labios
Los gemidos de la rubia se hicieron más intensos cuando Regina se puso de rodillas ante ella y con sus labios se apodero de la entrepierna de Emma. La morenas deslizó sus manos para tomar lo firmes glúteos de Emma y evitar que se moviera un solo centímetro de sus labios, ella la estaba devorando.
Cuando Regina se detuvo, después de sentir que las piernas le temblaron a la rubia después de su orgasmo, ya no sabía si la humedad alrededor de su boca era de Emma o del agua que corría por sus cuerpos. La morena se incorporó lentamente trazando un camino de pequeños besos por el cuerpo de Emma hasta alcanzar sus delgados labios. La rubia sonrió y tomo la cara de Regina entre sus manos.
—Creo que llegare tarde al trabajo — Susurró Emma con una pequeña sonrisa, sin dejar de mirar los bellos ojos cafés que tenía frente a ella.
—Creí que te vendría bien empezar el día más relajada — Respondió la morena con una sonrisa de medio lado, sabiendo que había logrado su cometido.
—Bueno… — La rubia se encogió de hombros — Supongo que no habrá ninguna diferencia si llego una hora más tarde.
Regina levanto una ceja preguntándose porque Emma habría de llegar una hora tarde cuando solo le había robado quince minutos, pero la morena comprendió todo segundos después cuando la mano de la rubia se deslizó hasta su entrepierna.
—Cariño, ¿Aun te falta mucho? — Preguntó Emma desde la sala mientras se acomodaba uno de sus pendientes.
—¡Ya voy! — Gritó Regina desde su habitación.
Emma se acomodó su rubio cabella detrás de las orejas y se estiro la chaqueta de cuero roja para asegurarse de que todo su atuendo estuviera en su lugar. Cuando la morena salió de la habitación, se detuvo en seco al levantar la vista hacia Emma.
—¿Qué pasa? — Preguntó la rubia arrugando la frente.
—Estas hermosa… Y muy elegante.
Emma llevaba un vestido negro, que se le ajustaba hasta la cintura y caía en varios volantes, a juego con medias y zapatillas del mismo color que hacían resaltar su chaqueta roja.
—Solo es un vestido — Respondió Emma mirándose.
—Si pero yo estoy en estas fachas y tu estas hermosa — Se quejó Regina señalándose a sí misma.
La morena llevaba unos jeans ajustados y algo desgastados acompañados de una blusa de gasa color blanco y su chaqueta y botas de cuero negras.
—Estas perfecta cariño — La rubia se acercó a su chica y la miro con una pequeña sonrisa — Tu siempre eres hermosa, siempre.
Regina sonrió no muy convencida de que su atuendo fuera el adecuado, pero Emma se aseguró de que no hubiera más protestas dándole un beso en los labios.
Cuando las chicas llegaron a la casa de Killian, su esposa Belle se encargó de abrir la puerta y recibirlas. Era una mujer muy bella, joven y esbelta, de una estatura promedio y con el cabello castaño cobrizo que resaltaba su tez pálida.
—Bienvenidas — Les saludo con una gran y bella sonrisa — Las estábamos esperando.
—¿Cómo estas Belle? — Saludo Emma — Tenía tiempo sin verte.
—Lo mismo digo — Se saludaron con un beso en la mejilla — Tenías bastante tiempo sin venir… Pero ahora creo saber el motivo — Belle observó a Regina — Y viéndolo ahora es un motivo muy bonito — Ella se acercó a la morena y le extendió el brazo para saludarla — Tu debes ser Regina, la novia de Emma.
Regina miro de reojo a la rubia sintiendo incomodidad ante la palabra "novia", pues no habían hablado de eso aun. La morena sonrió y tomo la mano de Belle para saludarla.
—Es un gusto conocerte.
—El gusto es mío. Pero adelante, pasen.
Las tres mujeres entraron a la casa y Belle las guió hasta el comedor en donde Killian se encontraba al teléfono, caminando de un extremo de la habitación al otro.
—Has lo que te digo — Dijo él en voz baja, pero aun así audible — Es una orden.
Emma frunció el ceño al escuchar las palabras de su amigo y segundos después Killian termino su llamada y guardo su teléfono en el bolsillo.
—Al fin llegaste Swan — Dijo Killian a manera de saludo.
—Había algo de tráfico — Respondió la rubia — ¿Con quién hablabas?
—De la oficina… sobre un caso.
—¿Qué caso? — Emma arqueo una ceja.
—No por favor — Interrumpió Belle — Trabajo no. Ahora solo nos vamos a concentrar en cenar y hablar de cosas más agradables que criminales.
—Lo que digas cariño — Killian depósito un beso en la frente de su esposa y ella sonrió.
—La cena ya está lista, así que tomen asiento y enseguida les sirvo.
Belle dio media vuelta y camino hasta la cocina, Killian se sentó a la mesa y Emma y Regina hicieron lo mismo.
—Es bueno verte Regina — Kilian sonrió de medio lado — No sé si me recuerdas, nos vinos antes en la estación de policías. Además Swan me ha hablado mucho de ti.
Regina miro de reojo a Emma quien se sonrojo al instante y bajo la mirada a su regazo.
—Yo también he escuchado mucho sobre ti. Y si recuerdo haberte visto, en ese momento no sabía que eras amigo de Emma.
—No soy solo su amigo… Soy su mejor amigo, prácticamente su hermano. Mary Margaret y David son como mis padres.
La actitud de Killian era claramente defensiva y lo hizo notar aún más cuando se cruzó de brazos mientras miraba a la morena fijamente. Él alzo una ceja y Regina se sintió incomoda por la actitud del amigo de la rubia al que claramente no le caía nada bien. Emma observo el juego de miradas entre ambos, pero justifico la actitud de Killian con su instinto sobreprotector hacía ella.
Cuando Belle apareció con la ensaladera y los platos en la mano, los tres voltearon a mirada hacia ella y Killian se levantó rápidamente para ayudarla. La cena estaba a punto de comenzar y Regina pedía en su cabeza que todo transcurriera rápidamente y que ese momento de tensión se acabara.
Para disgusto de Regina, Emma decidió alargar su reunión para tomar un trago junto su amigo. Belle los acompañaba y se reía de las historias que Killian estaba contando. La morena también estaba ahí, pero no ponía atención a nada de lo que decían; simplemente su cabeza estaba en otro lado, sobre todo en el hecho de que no había recibido ninguna noticia de Zelena después de haberle dicho que su plan había cambiado.
—¿Te pasa algo Regina? — Preguntó Belle mirándola con curiosidad.
—Si. — Respondió la morena sacudiendo la cabeza — Es solo que estoy un poco cansada. Ya sabes, el trabajo y todo eso.
—Bueno, entonces creo que lo mejor será que las dejemos que se vayan cariño — Dijo la chica mirando a su esposo.
—Supongo que todos tenemos que descansar. — Respondió Killian encogiendo los hombros — Además tenemos un largo día de trabajo por delante.
—Reuniones y más reuniones — Comentó Emma levantándose de la silla.
Regina se levantó siguiendo a la rubia y los esposos Jones hicieron el mismo gesto. Killian estiro la mano hacia la morena y le dedico una pequeña sonrisa.
—Fue un gusto.
—Igual — Regina tomó la mano del chico y segundos después se despidió de la misma manera de Belle.
Emma se acercó a ellos y se despidió de ambos con un beso en la mejilla para después indicarle a Regina que caminaran hacia la puerta. Killian y Belle las siguieron y las observaron irse.
—Es linda — Comentó Belle una vez que la puerta se cerró.
—Nada sinigual — él se encogió de hombros — No hay nadie más hermosa que tú.
Belle sonrió y le dio un beso en los labios a su esposo.
—Voy a recoger la mesa.
—No cariño. — La detuvo Killian tomándola de la mano — Yo lo hago. Tú ya hiciste toda esta deliciosa cena, así que vete a descansar y yo me encargo de recoger todo.
—Está bien. — Respondió ella arrugando la frente extrañada — No sé qué te pase pero voy a aprovechar tu propuesta y me voy a dar una ducha.
Killian sonrió y su miro a su esposa subir por las escaleras. Después camino hasta la mesa y tomo una bolsa hermética de evidencias del bolsillo de su pantalón. Se acercó hasta el lugar en donde Regina se había sentado y con la bolsa tomo el vaso con cuidado y se aseguró de cerrar bien la bolsa.
—Voy a averiguar quién eres. — Susurró mirando el vaso — Estas ocultando algo y yo voy a descubrir qué es.
Dos días después…
Mary Margaret subía las escaleras escuchando en su cabeza una y otra vez las palabras que su esposo le había dicho esa misma mañana. La mujer iba en camino al departamento de su hija, pasaban de las 7pm y sabía que Emma ya estaría en casa. "Esas dos tienen algo. Te aseguro que están enamoradas, se les nota" Le había dicho David.
Mary se detuvo frente a la puerta del departamento y dio un par de golpecitos en ella. Se cruzó de brazos ante la espera y levanto la mano para volver a golpear la puerta, pero antes de que pudiera hacerlo la puerta se abrió y su hija apareció ante ella con una bata cubriéndole el cuerpo, el cabello despeinado y la respiración agitada.
—Mamá — Saludó la rubia sorprendida — ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Es hoy cuando vienen a cenar? Lo olvide completamente…
—La cena no es hoy. — La interrumpió su madre — Simplemente quería saber cómo estabas, venir a verte, ¿Es un mal momento?
—No…
—¿Quién es cariño? — Regina apareció detrás de la rubia acomodándose una bata de baño.
La morena levanto la vista y se detuvo sorprendida al ver a Mary Margaret en a puerta. Mary dejo escapar una pequeña sonrisa y negó con la cabeza.
—No puedo creer que tu padre tenga razón…
—¿De qué hablas? — Preguntó Emma con curiosidad levantando una ceja.
—De ustedes dos. — la mujer señalo a amabas chicas con el dedo.
—Solo estábamos durmiendo — Intervino Regina.
—Si claro, juntas.
—Mamá…
—Tranquila Emma. — Mary entro al departamento y volvió a sonreír sacudiendo la cabeza — No me lo esperaba, pero tampoco me disgusta. Solo esperaba que si sucedía algo así en tu vida me lo contarías.
—Es algo complicado mamá… — Respondió Emma.
—No tiene nada de complicado, ustedes dos se quieren y por eso están juntas… Tu padre me lo dijo pero ahora que las veo también es evidente para mí… Me alegra que estén juntas, y que sean felices juntas — La mujer miró a Regina con una pequeña sonrisa — Te agradezco que le hayas regresado la felicidad a mi hija Regina, tu llegada le ha hecho mucho bien.
Regina solo sonrió y Emma hizo lo mismo al ver que su madre aceptaba lo que estaba pasando entre ambas. Y por su padre, no tenía que preocuparse, él siempre la había comprendido más que nadie y por lo que le había dicho Mary, él ya lo sabía.
—Swan, ven a mi oficina.
Emma levantó la vista y observo a Killian frente a su escritorio. La rubia asintió y se levantó lentamente con el presentimiento de que algo estaba a punto de pasar. El rostro de su amigo estaba serio y apretaba los labios como cuando algo le molestaba. Emma camino detrás de Killian y ambos entraron a su oficina.
Killian caminó hasta la silla de su escritorio pero no se sentó, se colocó las manos en la cadera y clavo la vista en su escritorio.
—¿Te pasa algo? — Preguntó Emma titubeando.
—Tienes que ver esto.
Él tomó un sobre color manila del escritorio y estiro el brazo para dárselo a Emma. La rubia dudo un par de segundos pero después tomó el sobre.
—¿Qué es esto?
—La verdad.
