Se que no tengo excusas por esta terrible tardanza pero había estado demasiado ocupada para escribir. Finalmente, aquí esta el capitulo y espero que les guste mucho porque es un capitulo importante.
Como siempre, he leido sus comentarios y espero complacer a todos los que leen esta historia.
Gracias por leer
—No voy a abrir este sobre hasta que me digas de que se trata — Emma tiro el sobre en el escritorio de su amigo y se cruzó de brazos.
—Es algo que necesitas saber, es importante. — Insistió Killian — Necesitas ver todo lo que está ahí…
—¿Qué es Killian? — Interrumpió ella.
—Es sobre Regina… Es la verdad.
—Te pedí que no siguieras con eso — Emma sintió un nudo formarse en su garganta.
—No puedes pedirme que ignore el hecho de que estas con una chica de la que no sabes nada. — Killian tomo el sobre y camino hasta estar frente su amiga — Aquí… esta todo lo que necesitas saber, y en verdad necesitas saberlo.
La rubia sintió la garganta y los ojos arder, estaba conteniendo sus lágrimas a pesar de que no había un motivo aparente por el cual llorar. Emma extendió lentamente su mano para tomar el sobre.
—Quiero protegerte Emma — Killian coloco sus manos sobre las de su amiga — Pero no puedo hacerlo si no conoces la verdad.
Con las manos temblorosas, Emma abrió el sobre y metió la mano para encontrarse con varios papeles. Sus ojos se abrieron como platos cuando observo el contenido y sintió el alma caerle hasta los pies. Regina le había estado mintiendo todo el tiempo, le había ocultado la verdad y se había dejado engarñar. La furia comenzó a invadirla y sin pensarlo dos veces salió de la comisaria haciendo caso omiso a los llamados de Killian tras ella.
Su amigo se rindió de perseguirla cuando la observo subirse a su pequeño auto amarillo que se alejó velozmente.
Regina llego al departamento deseando quitarse los zapatos y beber un gran vaso de agua. Caminó hasta el refrigerador para tomar una botella de agua helada, se dio media vuelta y se sobresaltó al ver a Emma sentada en el sofá con la cabeza baja y sin hacer ningún ruido.
—Llegaste temprano a casa. — Dijo la morena caminando hacia ella — ¿Todo bien?
Emma seguía sin levantar la vista y entre sus manos apretaba un sobre amarillento.
La morena se sentó a su lado y alargo su brazo para tomar a Emma de la mano pero en cuanto sintió el contacto, la rubia se levantó del sofá.
—Emma, ¿Qué es lo que pasa?
La rubia dio media vuelta y Regina se quedó con la boca abierta al observar las profundas sombras debajo de sus ojos verdes que tanto le gustaban. Emma había estado llorando, sus ojos y su nariz estaban rojas, sus rasgos mostraban un rostro destrozado y furioso al mismo tiempo. Del sobre que tenía en las manos, la rubia tomo su contenido y lo dejo caer sobre la mesa de centro frente a Regina.
—¿Me quieres explicar que es todo esto? — Habló Emma, sintiendo el nudo en su garganta que no se había ido. Su voz era firme pero le faltaba el aire y se podía notar.
Regina se inclinó para tomar lo que la rubia había puesto sobre la mesa y en su rostro se pudo observar la sorpresa y el terror mesclados.
—Emma… — Fue lo único que la morena pudo pronunciar en un apenas audible susurro.
—Dime la verdad Regina. No quiero más mentiras… Sé quién eres, pero quiero saber porque hiciste todo esto. ¿Por qué me mentiste?
Regina no levanto la vista de los papeles que tenía en sus manos y sobre todo de las fotos que los acompañaban. Era ella a unas cuantas cuadras del restaurante discutiendo con un chico de unos veintitantos.
—Se quién eres ahora. — Continuó la rubia — Sé que eres Regina Mills, la hija de uno de los narcotraficantes más buscados en el continente, Rumplestilkin le llaman, por su manera de hacer tratos. — Regina seguía sin levantar la vista y cada palabra de Emma le taladraba la cabeza. En cambio, para Emma, cada palabra que salía de su boca le dolía como un disparo en el pecho —Sé que te estas escondiendo, probablemente de él, pero ¿Por qué?... ¡Contéstame! — La rubia alzó la voz y Regina se sobresaltó, levantando la vista para mirar a Emma — ¿De qué huyes? ¿Quién es ese hombre?
Regina volvió a mirar las fotos, recordaba perfectamente lo que había pasado dos días antes y lo que Graham, el chico de las fotos le había dicho.
—Es Graham… Mi hermano.
*Flashback*
Regina se apresuró al salir del restaurante, quería estar en casa lo antes posible. Extrañaba a Emma, tenerla a su lado, besarla, estar entre sus brazos. Estaba oscureciendo y el viento se hizo más frio, el sonido de un auto pasando velozmente por la calle la distrajo y segundos después sintió que alguien la tomaba por el brazo jalándola hacia un callejón y pegándola en la fría pared de adobes.
El rostro asustado de la morena se encontró con un rostro tan conocido y a la vez atemorizante que le aseguraba que el peor de sus temores se había hecho realidad. La habían encontrado.
Sin intenciones de lastimarla, el chico la tomo de los brazos solo para evitar que se escapara y debido a que su altura era bastante superior y su musculatura probaba su fuerza, Regina no pudo hacer nada para escapar. Graham estaba frente a ella, con el cabello castaño despeinado y su desalineada barba a penas en crecimiento; sus ojos color chocolate, miraban a la morena repasando su rostro una y otra vez y su respiración agitada salía de entre sus delgados labios.
—¿Cómo me encontraste? — Fue lo primero que ella pudo decir.
—Eso no importa, si yo lo hice, sabes que pronto él lo hará — Respondió él.
—¿Qué es lo que quieres? — Preguntó la morena con la voz temblorosa, tratando de contener las lágrimas.
—Quiero que regreses, ya basta de este juego de esconderte.
—No voy a regresar, no voy a ser una más de sus marionetas.
—Todos lo somos, ¿No lo has entendido? — La voz de Graham se llenó de desesperación — Estas poniéndonos en peligro a todos, y a esa rubia con la que te paseas.
—No te atrevas a dañar a Emma — Amenazó Regina apretando su mandíbula y señalándolo con el dedo índice.
—Entonces deja de enfadar a papá y regresa.
—Escúchame bien Graham. — La morena sacudió sus brazos soltándose del agarré del chico — No voy a volver, ni en sueños, ni muerta, no pienso volver a ese infierno.
—El infierno que siempre te dio todo como la niña consentida que eres… Si no fuera por esa chica rubia y Zelena estarías perdida ahora.
—¿Cómo sabes sobre Zelena? — Regina alzó una ceja y Graham maldijo en su mente apretando los puños y los labios ante su descuido — Fue ella la que te dijo que estaba aquí… ella me traiciono.
—Lo hizo porque se preocupa por ti. Ella se puso en contacto con Cora y le dijo dónde estabas. Tu madre por supuesto no dijo nada, y le hizo prometer a tu media hermana que te ayudaría a escapar. Cora le envió dinero para ayudarla a ella y a su familia y para que pudiera proporcionarte todo lo que necesitaras para seguir huyendo.
—¿Mi madre hizo todo eso? — Preguntó la morena con gran sorpresa en su voz y en su rostro.
—Ella te ama, y no quiere que sufras su mismo destino… De hecho, ella fue la que me envió a buscarte, dijo que ella sabía que tratándose de ti la ayudaría a que estuvieras a salvo.
—Entonces, ¿Por qué quieres que regrese?
—Porque no hay lugar seguro para ti y lo sabes. Por más que intentes huir, nunca podrás huir de él.
—Entonces ayúdame, ayúdame a esconderme… Ayúdame a que él no me encuentre. — La morena puso sus manos sobre los hombros de su hermano — Graham, no me hagas volver, por favor.
Graham observo las suplicas en los ojos de su hermana y con sus manos enmarco sus pequeño rostro para mirarla a los ojos y pego sus frentes.
—No voy a permitir que te haga daño. — Le dijo él — Pero si él descubre que Cora y yo sabemos algo, es capaz de todo y no sé qué pueda hacer para protegerte si estoy muerto.
—Él no va a hacerte nada. — Regina despego su frente para poder mirarlo a los ojos — Él te adora.
—No estoy seguro de que eso signifique algo. — Graham bajo sus manos por los brazos de la morena y la tomo de las manos — Tienes que irte de aquí, tienes que seguir moviéndote si quieres que no te encuentre.
—No puedo irme…
—Si es por esa rubia, entonces llévala contigo, o déjala detrás, pero no dejes que perjudique tu seguridad. Tienes que irte de aquí, antes de que sea muy tarde.
Regina estaba a punto de responder cuando el sonido de un teléfono sonando los interrumpió. Graham metió su mano al bolsillo de su pantalón y su rostro se desfiguro al observar quien lo llamaba. La morena lo supo solo al verle la cara y antes de responder el teléfono, su hermano se acercó y le dio un beso en la mejilla.
—Vete, y se cuidadosa. Piensa en lo que te dije.
La morena asintió y le dio un abrazo a Graham antes de irse y solo se detuvo para observar por última vez a su hermano. No se había dado cuenta de cuanto lo había extrañado hasta ese momento.
*Fin del Flashback*
—¿Tu hermano? — La rubia frunció el ceño.
—Bueno, técnicamente lo es… Graham era huérfano y deambulaba por las calles. Mi padre lo adopto cuando tenía ocho años y crecimos juntos.
—No puedo creerlo… — Emma puso las manos en su cadera y negó con la cabeza mirando al techo — ¿Qué más me estas ocultando?
—Te lo voy a explicar todo. — La morena levanto sus manos indicándole a Emma que se calamara — Solo necesito que me escuches y que te tranquilices.
La rubia asintió y se cruzó de brazos mirando fijamente a Regina esperando las explicaciones que merecía escuchar. La morena respiro profundo y cerró los ojos intentando tranquilizarse. Lo que estaba a punto de decir tal vez alejaría a Emma de ella para siempre.
—Como sabes, mi padre es muy poderoso en América, pero un continente no es suficiente para él. Él quiere que me case con Daniel Horselini, un joven italiano y poderoso traficante de armas y algunas otras cosas… Por supuesto yo me opuse pero no sirvió de mucho. Sabes, en ese mundo, ellos son como reyes y reinas y se casan por alianzas y poder. Mi padre estaba dispuesto a entregarme sin pensarlo con tal de tener una manera de llegar a Europa. — Emma sintió el estómago arder ante la idea de Regina al lado de alguien más y sobre todo de que ella fuera vendida como si fuera un objeto — Así que decidí escaparme, tome un poco de dinero y unas cuantas cosas y me fui; transportes públicos, lugares aislados, nada de lujos y sobre todo nada de llamar la atención. Una vez que estuve lo suficientemente lejos contacte a Zelena, creí que ella podría ayudarme y ella fue la que me trajo hasta aquí. Iba en camino a verla cuando me asaltaron y ahí es donde entras tú.
—¿Y porque no pudiste decirme todo esto antes? — La rubia estaba molesta, se le podía ver en el rostro e hizo que el nudo que se había formado en el estómago de Regina durante la historia, se hacía cada vez más grande.
—Eres policía Emma, ¿Crees que eso hacía fácil decirte quien era yo?... Podías meterme a la cárcel en un abrir y cerrar de ojos.
—Te hubiera ayudado…
—¡¿A sí?! — Regina se levantó del sofá — ¿Cómo?... No lo niegues Emma, ni siquiera me conocías, no hubieras dudado ni dos segundos antes de meterme en una celda. — La rubia se quedó callada y bajo la mirada a sus zapatos sabiendo que la morena tenía razón — Cuando tú me encontraste, no pensé que fueras a ofrecerme tu casa o tu ayuda, pero la acepte para poder reunir los medios y encontrarme con mi hermana para poder seguir avanzando. Pero, tu amabilidad y tu preocupación, tus gestos, tu forma de abrirle tu casa a una desconocida, me hizo querer quedarme.
—¿Querías usarme? — Emma trago con dificultad.
—Eso jamás… Iba a pagarte todo lo que me habías dado e iba a irme para no causarte ningún problema…
—¿Por qué te quedaste?
Regina sonrió de medio lado y camino a pasos lentos y titubeantes hasta quedar frente a la rubia.
—¿No es obvio?... Me enamore de ti, de la mujer fuerte y valiente pero delicada a la vez, de esos ojos lindos que me hacían querer lanzarme hacia ti y besarte cada vez que te tenía cerca. — Emma no pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro — Iba a irme, pero no pude hacerlo, Zelena me dijo que quedándome a tu lado lo único que hacía era ponerte en peligro, pero no pude soportar la idea de perderte.
—Zelena. — Susurró Emma — Zelena me dijo varias veces que debía cuidarme de ti, que no eras quien yo creía y que destruías todo a tu paso.
—No me sorprende. — Regina negó con la cabeza — Supongo que lo hacía con la intención de que me echaras de tu vida.
—Pero no funciono… — La rubia bajo la mirada y metió sus manos a los bolsillos traseros de sus jeans.
—Supongo que te hizo dudar y por eso tienes toda esa información.
—Esa información me la dio Killian. Cuando te encontré, le pedí que te investigara; luego le dije que no lo hiciera más pero no me hizo caso…
—Supongo que solo estaba preocupado…
—Con justa razón. Me engañaste — Le recordó la rubia.
—Emma, no era mi intención… Pero debes entender que no podía contarte todo esto… — Regina tomo las manos de la rubia y Emma la miro a los ojos — La noche en que entre a tu habitación, lo hice para saber si era correspondida en mis sentimientos. Tenía planeado marcharme al día siguiente y no volverías a saber nada sobre mí. Pero…
Emma se soltó del agarre de Regina y caminó lejos de esos ojos cafés que la derretían. La morena bajo la vista al suelo y dio vuelta lentamente para mirar a la rubia caminar hasta la cocina. Emma recargo sus manos en la barra y frunció el ceño mirando fijamente el claro mármol.
—No puedo creer que me hayas ocultado todo esto… Y no puedo creer que yo haya sido tan estúpida como para olvidar que no te conocía para nada.
—Emma…
—Nada cambia el hecho de que mentiste…
El sonido del teléfono interrumpió las palabras de Emma y ella arrugo la frente al darse cuenta que no era su teléfono el que sonaba. Regina metió la mano es el bolsillo de su chaqueta y observo un número desconocido llamarla; la morena termino la llamada y miro a Emma.
—Tienes que entender mis razones…
—No puedo… no puedo si quiera imaginar cómo una persona que dice amarme me oculto prácticamente toda su vida. Tal vez, todo esto solo fue un acto tuyo para enamorarme y dejarte libre a ti y a tu familia…
Regina sintió las lágrimas arder en sus ojos y cuando abrió la boca para responder ninguna palabra salió. El sonido de su teléfono la distrajo nuevamente, esta vez mostrándole un mensaje de texto muy corto y especifico
"Él lo sabe"
Regina abrió los ojos como platos y no pudo evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas. Emma frunció el ceño, sabía que algo había pasado fuera de la acusación que había hecho, pero antes de que pudiera preguntar lo que pasaba, el estruendo de la puerta siendo derribada las hizo saltar del susto.
Un hombre robusto y con un arma en las manos entro en el departamento con la vista fija en Regina.
—Es tiempo de volver a casa princesita.
Regina retrocedió conforme el hombre se acercaba apuntándole con el arma. Emma no lo dudó ni un segundo y adorno el rostro robusto del hombre con un puñetazo en la nariz. El hombre que quejó llevando su mano libre hacia su sangrante nariz y dejo escapar un grito de furia para después patear las piernas de Emma haciéndola caer al suelo y apuntándola con el arma.
—¿Cómo te atreves? Rubia tonta.
—Tal vez seré rubia, pero no tonta
Emma sonrió de medio lado y pateo la entrepierna del hombre haciéndolo gritar de dolor. La rubia se levantó del suelo y con la rodilla golpeo la cara del hombre. Harto de ser golpeado, el hombre levanto su arma y le disparó a Emma, dándole justo en el costado derecho, a la altura de la cintura. La rubia dejó escapar un grito ahogado y se dobló por la mitad ante el dolor. Con una sonrisa en el rostro, el hombre se tomó la libertad de darle una patada y aventarla hasta la barra de la cocina. Emma cayó de rodillas ante su dolor y sintió la sangre escurriéndole entre los dedos de sus manos y debilitándose cada vez más. Ella levantó el rostro solo para recibir una patada más que hizo que se golpeara con la barra de la cocina y callera inconsciente en el suelo.
Los gritos de Regina se hicieron presentes en la habitación y se apresuró a correr junto a Emma, pero antes de que pudiera acercarse, el hombre le apunto con el arma y ella se congelo instantáneamente con los ojos inundados de lágrimas.
—Ahora, te llevare con tu padre niña bonita.
