Se que no merezco perdon por el tiempo que me tarde en actualizar y la verdad no esperaba tardar tanto en hacerlo. Sin nada mas que decir les dejo el capitulo y les informo que esta historia esta llegando a su fin en unos cuantos capitulos más. Así que espero que les haya gustado y me gustaria saber si les gustaria otra historia.
Gracias por leer y espero leer sus comentarios.
Regina estaba sentada en una incómoda silla de hospital, tenía las piernas pegadas al pecho y se abrazaba las rodillas mientras recargaba su barbilla en ellas. Estaba frente a la habitación de Emma, pero aun no la dejaban verla; solo podía ver la puerta cerrada y las persianas tapando la ventana de la habitación.
Según los doctores, Emma aún no estaba en condiciones de recibir visitas y ni siquiera sus padres habían podido verla. Había pasado una semana desde el incidente y no se había movido de ahí por más de 5 minutos para ir al baño. Regina comía solo lo que David y Mary Margaret le llevaban y se cambiaba de ropa solo porque sabía que debía hacerlo. Una de las enfermeras que cuidaba a Emma, la ayudaba a que tomara cortas duchas en los baños de las habitaciones desocupadas y así ella no se movía ni un solo segundo del hospital.
—Cariño. — La dulce voz de Mary Margaret la saco de sus pensamientos — Creo que necesitan descansar un poco. Ve al departamento y yo me quedare aquí con Emma. Te prometo que te avisare cualquier cosa.
—No me voy a mover de aquí — Respondió Regina sin apartar la vista de la habitación.
—Necesitas descansar o tú también terminaras en una cama de hospital.
"Yo debería estar ahí en lugar de Emma" Pensó la morena. Sus ojos se llenaron de lágrimas y su vista fue hacia Mary quien le dedicaba una pequeña sonrisa. El estómago de la morena hirvió al pensar que por su culpa Emma estaba en toda esa situación.
—Estoy bien — Susurró ella tratando de contener las lágrimas.
—No lo estas — Mary acaricio el cabello de la morena y sintió un nudo formarse en su garganta.
—Mary tiene razón. — Intervino Killian acercándose a las chicas — Necesitas despejarte un poco. Emma está estable…
—Por ahora. — Regina enderezó su posición y miro a Killian.
Recordo el incidente de hace dos días cuando los doctores y las enfermeras habían entrado a toda prisa a la habitación de Emma porque se estaba convulsionando.
—Killian tiene razón. — Mary le tomo la mano para hacer que se relajara un poco — Esta bien si no quieres irte de aquí, pero por lo menos vamos a la cafetería a que comas algo. Necesitas estar bien para cuando Emma despierte.
Regina se quedó en silencio unos segundos con la mirada clavada en el suelo y después asintió. Una taza de café no le caería nada mal y la ayudaría a mantenerse despierta un poco más. Además, no quería seguir discutiendo con Killian; no podía soportar la manera en que la miraba, de una manera que la hacía recordar que todo era su culpa.
Ambas mujeres se levantaron de las sillas y Mary Margaret camino sin soltar de la mano a Regina para que la chica la siguiera. La morena sentía el cuerpo pesado, probablemente por el cansancio, y sentía que en cualquier momento caería al piso de lo débil que se sentía.
El camino a la cafetería se sintió eterno para Regina pero sus sentidos volvieron a ella cuando el aroma de café inundo sus pulmones. Mary le indico a la morena que se sentara mientras ella iba por los cafés. Regina se dejó caer en la silla como si los hilos que sostenían sus extremidades hubieran sido cortados.
Minutos después, Mary regreso a la mesa con una pequeña sonrisa y las manos vacías.
—¿Dónde está el café? — Preguntó Regina frunciendo el ceño.
—Un joven amable se ofreció a traerlos cuando estuvieran listos. — Respondió la madre de la rubia con una pequeña sonrisa — Que bueno que existan empleados tan amables. — Regina no dijo nada y se pasó las manos por la cara y el cabello — Aun creo que deberías ir a descansar un poco…
—No es un tema que se esté a discusión — Regina se apresuró a decir. No quería seguir discutiendo algo que claramente no iba a hacerla cambiar de opinión.
Mary apoyo los codos sobre la mesa y resopló; la chica era bastante testaruda. Un hombre, de unos treinta y tantos apareció frente a ellas con dos tazas de café en las manos y una sonrisa de medio lado. Mary le agradeció y le sonrió con satisfacción. El hombre solo asintió y comenzó a caminar hacia otro lado.
Regina tomo la taza entre sus manos y cerró los ojos al sentir el vapor que emanaba el líquido de la taza; olía bastante bien. La morena dio un pequeño sorbo y miro a Mary quien estaba haciendo lo mismo
Segundos después, Regina sintió su garganta arder y un calor subiéndole desde la boca del estómago. El pequeño cuerpo de la morena cayó al suelo y comenzó a convulsionarse bruscamente; Mary Margaret corrió hacia ella y comenzó a gritar pidiendo ayuda. Los ojos de Regina estaban en blanco y sus extremidades se golpeaban contra el piso una y otra vez.
Regina abrió los ojos con dificultas y parpadeo un par de veces antes de que sus pupilas pudieran adaptarse a la luz. Ella estaba recostada y sentía la boca seca y la lengua hinchada; tardo un par de segundos en asimilar que estaba en una habitación del hospital y cuando ladeo la cabeza hacia su lado derecho pudo ver a su madre sentada junto a ella en una silla de madera.
—Mamá… — Susurró ella.
—No te esfuerces cariño — Se apresuró a decir Cora mientras acariciaba el cabello de su hija.
—¿Qué fue lo que paso? — Preguntó con dificultad la morena.
—Te envenenaron… Y creo que ambas sabemos por órdenes de quien sucedió eso. — Cora negó con la cabeza y se cruzó de brazos — No puedo creer que aunque tu padre este en la cárcel siga siendo igual de peligroso.
—¿Cómo es que estas aquí? Pensé que estarías en…
—¿La cárcel? — Completó su madre — Graham, él le dijo a la policía que yo nunca tuve nada que ver, que yo solo era un rehén de tu padre al igual que tú y que no sabíamos nada acerca de sus negocios… En cuanto lo que hago aquí, en el hospital, me llamaron cuando pasó todo.
—Debio haber sido Killian — Comentó la morena.
—¿Killian? — Preguntó Cora arqueando una ceja. Cuando hacía ese gesto, ella y Regina se parecían mucho.
—El amigo de Emma.
—Emma, la chica de la que estas enamorada. — Regina miro a su madre mostrando un poco de incomodidad — Siempre pensé que no querías casarte con Daniel solo porque no lo querías, pero nunca pensé que te gustaran las chicas cariño.
Regina rodó los ojos y Cora sonrió de medio lado. La morena trato de incorporarse lentamente y negó con la cabeza ante el comentario de su madre.
—No puedo creer que Graham te haya salvado — Dijo ella tratando de cambiar el tema.
—¿Por qué no? El solo dijo la verdad. Yo nunca participe en ningún negocio de tu padre.
—Pero si lo encubrías, nunca dijiste nada…
—Tu tampoco. — Regina clavo la vista en las sábanas blancas que cubrían sus piernas — Tu padre nos hizo mucho daño, a todos… Y la verdad me duele saber que Graham termino pagando parte de esas consecuencias.
—No tienes que fingir que te importa mamá. Sé que tú nunca lo quisiste.
—Te equivocas cariño. —Cora se tomó las manos con nerviosismo y miro al suelo — Graham es muy importante para mí, le llegue a tomar cariño.
—¿Y entonces porque siempre lo tratabas de una manera tan cruel? — Preguntó Regina mirando a su madre.
—Fue su idea… Para que tu padre pensara que ambos nos llevábamos mal y así el pudiera estar cerca de él. Para protegernos a ambas. — Regina frunció el ceño mientras trataba de comprender lo que su madre le decía. —Graham es hijo de tu padre; es fruto de una aventura que tu padre tuvo años antes de que tu nacieras… La madre de Graham murió y tu padre quiso hacerse cargo de él, así que lo adopto como si lo hubiera recogido de la calle. Yo lo supe desde el momento en que lo vi entrar a la casa, los dos eran tan iguales… Al principio, debo admitir que el que Graham estuviera ahí no me causaba ninguna alegría, pero él solo era un niño y le fui tomando cariño, pero me hacía odiar más a tu padre. Graham sabía que nunca estaríamos a salvo aunque intentáramos escapar, así que por el amor que te tenía y por el cariño que sentía por mí, él se acercó a tu padre y a todo su mundo para impedir que alguna vez nos hiciera daño… De hecho él te ayudo a escapar.
—¿De qué hablas?
—La noche en que te fuiste, ¿En realidad crees que los hombres de tu padre desaparecieron por coincidencia? — Cora sonrió de medio lado — Graham los convenció de ir a tomar unos tragos y eso les costó la vida cuando tu padre se enteró de que habías escapado. Graham se encargó de ir limpiando tus huellas mientras Zelena y yo te ayudábamos a esconderte.
—Él quiso que yo regresara… — Regina estaba confundida, sus ojos se movían de un lado a otro tratando de unir los puntos.
—Tenía que ser convincente. Él sabía que los hombres de tu padre le estaban pisando los talones… Por eso fue que te encontraron, tuvimos un descuido.
—Hay algo que aun no entiendo… ¿Qué fue lo que paso con Zelena? ¿Por qué decidiste darla en adopción?
—Yo no lo decidí. — Cora sintió un nudo formarse en su garganta — Antes de que me casara con tu padre, yo estaba enamorada de alguien más; íbamos a escapar juntos pero tu padre se enteró. A él no le gustó nada el hecho de que la mujer que él quería no lo quisiera a él, así que lo mato… Yo quede embarazada y cuando Zelena nació tu padre me hizo darla en adopción porque, en sus palabras, le hacía recordar mi traición. — Cora hizo una mueca — Aun así, me las arregle para para que Zelena estuviera con una buena familia y yo desviaba algo del dinero de tu padre para que ella tuviera una buena vida. Siempre estuve en contacto con ella y ella conocía toda la situación.
—¿Entonces por qué ella no me dijo nada de eso?
—Ambas sabíamos que confiarías más en ella si Zelena fingía que me odiaba. Confiarías más en alguien que estaba "fuera" de todo este lio.
Regina sonrió porque sabía que su madre tenía razón y tenía que reconocer que había sido un plan bastante cuidadoso.
—¿Por qué me dejaron ir si sabían que nunca estaría segura?
—Pensamos que lo lograrías, que lograrías escapar de la sombra de tu padre. Y lo estabas haciendo bastante bien hasta que la rubia apareció…
—Y ahora ella está entre la vida y la muerte por mi culpa — Interrumpió Regina sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas.
Cora tomo la mano de su hija y le dio un leve apretón. La morena miro a su madre y dejó que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
—Todo va a estar bien cariño… Pero debes irte de aquí, debes resguardarte bajo una nueva identidad. — Regina negó con la cabeza — Escúchame. Emma estará más segura contigo lejos de ella.
Después de un par de días en cama, por fin dieron de alta a Regina, y lo primero que hizo fue correr a la habitación de Emma. Como siempre, la puerta estaba cerrada y Mary Margaret y Killian estaban sentados en la hilera de sillas de enfrente.
—Regina, cariño. — Mary se levantó y se apresuró a darle un pequeño abrazo — ¿Cómo te sientes? ¿Estas mejor?
Regina hizo una mueca de incomodidad y se separó un poco del abrazo de la mujer. La vista de Mary cambio a la mujer que estaba detrás de Regina y la miro con curiosidad.
—Cora Mills — Se presentó ella con una pequeña sonrisa y extendiendo la mano hacia Mary Margaret.
—¿Usted es la madre de Regina? — Preguntó Mary notando el parecido de ambas. Cora asintió y la vista de Mary volvió a Regina — El doctor nos dijo que habías sufrido de un colapso nerviosos, por el cansancio…
—Así es. — Se apresuró a responder Cora antes de que Regina abriera la boca — Mi hija necesita descansar un poco así que voy a llevarla al departamento de su hija, si no le molesta. Nosotros no tenemos en donde quedarnos aquí.
—Para nada… Yo ya le había dicho a Regina que necesitaba ir a descansar un poco, pero ella no quería hacerlo.
—Pues ahora lo va a hacer quiera o no. Y disculpe si mi hija le causo alguna molestia, es demasiado testaruda…
—Madre. — La interrumpió Regina fulminándola con la mirada y Cora solo le dedico una pequeña sonrisa. La morena negó con la cabeza y miro a Mary Margaret — Solo voy a ir a tomar un baño y cambiarme de ropa, regresare para estar con Emma.
—No tienes que preocuparte, lo importante es que estés bien. Si algo pasa con Emma tú serás la primera en saberlo.
Regina le dedico una triste sonrisa y su mirada se fue directo a Killian quien seguía sentado y con la vista clavada en el suelo.
—Killian, ¿Podemos hablar?
El chico levanto la vista y asintió mientras se levantaba de la silla. Ambos caminaron un par de metros lejos de las dos mujeres quienes habían comenzado una animada conversación de la que Regina estaba segura que era sobre ella.
Killian se recargo en la pared y metió las manos a los bolsillos de su chaqueta mientras miraba a Regina.
—Le dije a Mary Margaret que había sido cansancio y no un envenenamiento lo que te mantuvo en cama. No creo que quieras explicarle porque te intentaron matar.
—Te lo agradezco. — Respondió la morena — Pero eso no es de lo que quiero hablar.
—¿Entonces qué es? — Killian arqueo una ceja.
—Me voy a ir Killian, y no solo por hoy. — La morena clavo su vista en el suelo y trago sintiendo como un nudo se formaba en su garganta.
—¿Me estás diciendo que vas a dejar a Emma en esta situación? — La molestia del chico se hizo notar cuando sus mejillas comenzaron a enrojecer.
—No quiero hacerlo. — Se defendió ella — Pero tú viste lo que acaba de pasar… Emma va a estar más segura conmigo lejos.
—En eso, reconozco que tienes razón. Si tu propio padre intento matarte a ti y a tu hermano, no me imagino que le haría a Emma…
—Espera, ¿Qué? — Interrumpió Regina alzando una mano — ¿Qué le paso a Graham?
—Intentaron matarlo en la prisión… Él está bien ahora. Lo trasladamos a una prisión más pequeña en donde comprobamos que tu padre o sus lacayos no puedan herirlo.
Regina sintió una presión en el pecho y las lágrimas arder en sus ojos. Sabía que Graham se había puesto en demasiado peligro para protegerla pero la idea de que su hermano muriera por ella la hacía odiarse a ella misma. ¿Cuánta más gente saldría lastimada por su culpa?
—Entonces no hay más que hablar… Solo voy dejando destrucción a donde voy, así que es mejor que me aleje de aquí.
