Siento muchisimo la tardanza, pero en mi defensa, tuve miles de cosas que hacer y aunque ya tenia el capitulo escrito, no había podido subirlo. Espero que les este gustando esta historia porque ya esta llegando a su final y les quiero preguntar:¿Quieres otra historia SQ? Se que el final de la serie esta proximo y por esto mismo no se que les paresca una historia más, así que diganme si voy a seguir contando con su apoyo si decido hacer esta nueva historia.
Tambien quiero comentarles que estoy empezando a subir mis historias a Wattpad, así que si tienen cuenta por favor dejen sus votos, se los agradeceria mucho. Mi nombre de usuario es el mismo (F. R. Loaiza)
Gracias por leer. xo.
Regina estaba sentada con la vista clavada en el suelo y los ojos llenos de lágrimas. Se estaba tomando las manos como si su vida dependiera de ello. La actitud de Emma al verle le había hecho sentir como si fuera la peor persona en la faz de la tierra.
Después de unos segundos de pensarlo a fondo, la morena se levantó de la silla e hizo sus manos puño encajándose las uñas en las palmas de las manos. Zelena le había mandado un texto diciéndole que en veinte minutos pasaría por ella, así que tenía que ver a Emma por última vez, era ahora o nunca.
Regina camino hasta la habitación y se ocultó detrás de la pared asomando la cabeza por el marco de la puerta, solo un poco. Escucho la voz de Killian y observo como el movía la cabeza para verla. La morena no hizo un solo movimiento, pero su rostro debió provocar lastima en el chico porque le dedico una sonrisa de medio lado.
—Sabes Swan. — Habló él. — Regina se va ir de aquí… Se va a ir para protegerte. — Killian observo como los ojos de su amiga se abrían un poco más de lo normal. — Cuando despertaste, ella se estaba despidiendo de ti, y creo que tú también deberías hacerlo. — La rubia parpadeo dos veces. — Sé que es difícil toda esta situación, pero en verdad ¿No quieres verla?... ¿Aunque sea por última vez? — Nuevamente, dos parpadeos. — ¿Estas segura? Sé que la quieres y no creo que quieras dejarla ir así… — Killian fue interrumpido por un leve quejido de parte de Emma y después la observo parpadear dos veces.
El chico levanto la cabeza y volvió a mirar a la morena. El observo los ojos llorosos de Regina y después negó con la cabeza. Segundos después, Regina ya estaba corriendo hacia la salida del hospital.
Zelena estaba llegando y estaba estacionando el auto cerca de la acera cuando observo a su hermana acercarse a toda prisa. La pelirroja detuvo el auto y en un parpadeo Regina ya estaba subiéndose al asiento de copiloto dando un fuerte portazo.
—¡Oye!, Tranquila, aun no termino de pagar el auto. — Se quejó Zelena.
—Conduce — Regina estaba molesta, triste y se sentía impotente y todo eso le causaba dolor en la cabeza. — Quiero irme de aquí ahora mismo.
—¿Qué fue lo que paso?
—Solo conduce.
—Como tu ordenes.
Mary Margaret estaba estática y con los ojos llenos de lágrimas, mirando a su hija que ya estaba despierta. Emma miraba a su madre y quería decirle que todo estaba bien, que ella estaba bien aunque no lo pareciera.
La rubia se sentía impotente y enojada por estar en aquella situación, por dejar que un tipo le disparara y la dejara en ese estado. Pero ella sabía que su situación física no sería ningún impedimento para continuar viviendo, ella lograría salir de eso y aunque no pudiera ser la misma de antes, trataría de ser lo más parecido. Ver a sus padres y a Killian frente a ella le daba la motivación para seguir y aunque Regina debería de estar entre esas personas, Emma aún no estaba preparada para verla; no la culpaba por lo que había pasado, pero no toleraba las mentiras y la morena no sería la excepción por mucho que la amara. Por qué si, la amaba, ella lo sabía y lo sentía en su pecho.
La entrada del doctor interrumpió sus pensamientos y sus ojos se concentraron en el hombre de cabello oscuro y ojos azules que se acercaba a ella.
—Muy bien Emma, vamos a hacerte unos cuantos estudios para poder preparar tus sesiones de terapia. — El doctor Shepard miro a los padres de Emma — Es importante que durante la etapa de terapia Emma reciba mucho apoyo, no va a ser nada fácil.
—Vamos a hacer todo por nuestra hija, doctor. — Respondió David.
—Me gusta que sean positivos, eso va a ayudar mucho a Emma a recuperarse. — El doctor volvió a mirar a la rubia. — Entonces, vayamos a hacerte los estudios Emma.
El doctor se acercó a la puerta y llamó a las enfermeras; segundos después dos mujeres estaban empujando la cama de Emma hacia la puerta para llevarla a las salas de estudios. Una vez que la rubia estuvo ausente, el doctor Shepad miro a los padres de Emma y se cruzó de brazos.
—Tengo algunas malas noticias. — Habló él — Pero quería esperar a que Emma se fuera, no quiero desmotivarla en su recuperación.
—¿Qué es lo que pasa doctor? — Preguntó Mary Margaret con preocupación en su rostro y la voz temblorosa.
—Como ya sabemos, los daños en el cuerpo de Emma son muy grandes y, en base a lo que hemos observado hasta ahora, me temo que Emma no va a poder recuperarse por completo.
—¿Eso qué quiere decir? — Preguntó Killian con el rostro inexpresivo y los brazos cruzados.
—Es muy probable que Emma no pueda volver a caminar, así como también es muy probable que ella no pueda hablar con tanta fluidez como antes.
Los ojos de Mary Margaret se llenaron de lágrimas y sintió la mano de su esposo acariciarle la espalda. Killian clavo la vista en el suelo y se maldijo nuevamente por no haber llegado antes y evitar que Emma estuviera en esa situación. La rubia había perdido su vida y ya no la iba a poder recuperar.
Emma estaba recostada en una superficie de fría y dura que la pondría dentro de la máquina para una resonancia magnética. Estaba asustada, y no por los estudios, sino por los resultados de estos; ella sabía que aunque ya estuviera fuera de peligro, su salud física no era para nada buena y que no se recuperaría de la noche a la mañana, pero ¿Qué pasaría si no se recuperaba nunca?
La rubia cerró los ojos y soltó el aire que había estado conteniendo tratando de tranquilizarse. Sintió una mano sobre su cabello y abrió los ojos lentamente para encontrarse con el rostro del doctor Hunt.
—Tranquila Emma, todo va a estar bien. — El pelirrojo sonrió y Emma trato de hacer lo mismo. El doctor la miro con detenimiento, nunca había visto a una chica tan hermosa. — ¿Estas lista?
La rubia parpadeo una vez y Hunt le acaricio el cabello por última vez antes de que Emma entrara a la máquina.
Una semana después…
Regina se estaba adaptando a su nueva vida, no del modo que le gustaría, pero lo estaba intentando. Su rutina consistía en ser niñera de su pequeña sobrina mientras su hermana y su esposo trabajaban. No era nada difícil, la bebe era demasiado tranquila y no requería mucho de su tiempo, así que siempre terminaba divagando y pensando en aquella rubia de ojos lindos que una vez había salvado su vida. Todos los días, se preguntaba si Emma estaría bien, si ya la abría perdonado y si alguna vez la volvería a ver.
—¿Estás pensando en la rubia de nuevo? — Preguntó su hermana mientras se quitaba la chaqueta. Había llegado a casa y Regina ni siquiera lo había notado.
—Para nada. — Respondió la morena sacudiendo la cabeza y su hermana rodo los ojos.
—¿No has tenido noticias de ella?
—Killian no me contesta el teléfono.
—No debe de extrañarte, el policía es su mejor amigo…
—Dejemos de hablar de eso, por favor — Suplico Regina.
—Está bien… ¿Has hablado con mamá?
—Vendrá a cenar mañana. — Respondió la morena encogiéndose de hombros.
—Nunca pensé tener estas cenas familiares. — Comentó la pelirroja — Supongo que ahora todo esto es parte de la dinámica familiar.
—Supones bien… no te quitaras a mamá de encima por un buen rato. Trata de aliviar su remordimiento de haberte abandonado.
—Sabes que me alegro de que lo haya hecho. — Admitió Zelena — Creo que me dio una mejor vida de esto modo.
—Por lo menos tú fuiste libre de hacer lo que quisiste, y no tuviste un padre que te tenía prácticamente prisionera… — Regina bajo la mirada al suelo y su hermana le tomo la mano.
—Hey, ya no tienes que preocuparte por eso. Ya nadie te hará daño, ahora tienes una nueva vida, Roni.
La morena sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa ante la mención de su nuevo nombre. Tener a su hermana con ella era bastante reconfortante, y la idea de tener una pequeña familia no le desagradaba.
—¡Hey Swan! — Saludó Killian entrando a la habitación del hospital. —¿Cómo te sientes el día de hoy?
—Bien. — Respondió con dificultad la rubia.
Dos días atrás, había avanzado con su terapia y ahora podía responder con frases cortas.
—No lo parece. — Bromeó su amigo — Te ves terrible. — Emma rodo los ojos y el chico soltó una carcajada mientras se sentaba al lado de su amiga. — Hablé con el doctor Hunt, y se ve bastante optimista con tu recuperación. — Emma esbozo una pequeña sonrisa — Parece que le agradas bastante. — Killian arqueo una ceja y la rubia volvió a rodar los ojos — Veámoslo por el lado amable, si puedes seducirlo estando de esta manera, no imagino lo que pasa cuando te recuperes.
—I-d-i-o-ta — Dijo ella.
—Emma, esa boca — La reprendió Mary entrando a la habitación con un vaso con agua en las manos.
Killian levanto ambas cejas y en su rostro apareció una sonrisa maliciosa y orgullo, a lo que la rubia respondió con una mirada fulminante.
—¿Estas lista para iniciar tu terapia física? — Preguntó su madre acariciándole una mejilla.
Emma parpadeo una vez y Mary le sonrió. El corazón se le achicaba al ver a su hija de esa manera, pero sabía que era una mujer fuerte que saldría adelante, y aunque no pudiera volver a caminar, ella no se detendría.
Los tres voltearon hacia la puerta por donde entraban el doctor Hunt y la doctora Torres, que se encargaría de ayudar con su rehabilitación, seguidos por un par de enfermeras.
—Es tiempo de comenzar la rehabilitación. — Informó Hunt.
Killian y Mary asintieron y ambos salieron de la habitación. Una vez que la puerta estuvo cerrada, ambos morenos se miraron con preocupación
—¿Crees que debemos decírsele? — Preguntó Mary Margaret.
—No creo que sea conveniente arruinar las pocas esperanzas que tiene ahora.
—¿Pero que pasara cuando después de meses de terapia, probablemente años, se dé cuenta de que no podrá caminar?
—Dejémosle eso a los doctores Mary. — Killian puso una mano en el hombro de la mujer.
—No puedo creer que mi hija este pasando por todo esto…
—Tenemos que ser fuertes, por ella. — El chico le dedico una pequeña sonrisa a la morena y ella asintió.
—¿Sabes algo de Regina? ¿Por qué ya no regreso?
—No, aun no sé nada. — Killian se aclaró la garganta y desvió la vista al suelo.
—Es todo tan extraño… Regina no quería despegarse de Emma ni un segundo y ahora ni siquiera aparece por aquí. — Mary se cruzó de brazos. — Le pediré a David que la busque, tal vez el sí pueda encontrarla…
—No creo que sea conveniente — Se apresuró a decir Killian.
—¿Y qué tal si le paso algo?... David podría averiguar qué fue lo que paso y donde esta ella.
Killian no respondió nada, simplemente miro a la mujer. Sabía que la idea no se le iría de la cabeza, y si ella y su esposo descubrían la verdad sobre Regina, no sería nada bueno.
—Necesito hablar contigo. — Dijo Cora mientras dejaba los platos en el fregadero.
Regina y su madre estaban en la cocina limpiando los rastros de la cena mientras Zelena y Robín acostaban a su pequeña hija para que durmiera.
—¿Ahora que pasa madre? — Respondió ella con algo de cansancio en la voz.
—Quiero que te vayas de aquí. — Cora fue directa y sin rodeos, como siempre solía hacerlo y a Regina le tomó por sorpresa la respuesta de su madre.
—¿Por qué? Estoy bien aquí con Zelena…
—Sé que lo estas. Y tal vez lo estés por un poco más de tiempo… Pero mientras no salgas del alcancé de tu padre nunca estarás segura.
—No quiero seguir huyendo mamá…
—Tienes que hacerlo. — Cora hizo una mueca y se acercó a su hija para acariciarle la mejilla. — No quiero que te pase nada cariño. Sé que no debo de temerle a tu padre porque ahora está en prisión, pero viví tantos años bajo su yugo, que se lo que es capaz de hacer y cuanto alcance tiene…
—Ella va a estar más segura si se queda con su familia. — Interrumpió Zelena entrando en la cocina.
—No te metas en esto Zelena… — Advirtió Cora.
—Claro que me voy a meter en esto. — Respondió la pelirroja — No puedes hacer esto… No puedes jugar con las personas de esta manera mamá. Primero me haces conocer y ayudar a esta chica. — Ella señalo a Regina. — Me haces quererla y querer protegerla y después quieres quitármela… No nos lastimes más con tus decisiones.
—Regina nunca estará segura…
—Y tampoco tendrá una vida si sigue huyendo.
—Zelena tiene razón mamá… No puedo vivir con temor, eso nunca va a ser vida — Comentó Regina con los ojos llenos de lágrimas.
—Pero vas a vivir. — Insistió Cora
—El tema no está a discusión, Regina se queda aquí.
Cora miro a sus hijas, observando el gran parecido que había entre ellas a pesar del color de sus cabellos. Por un momento se sintió orgullosa al notar que ambas habían heredado su obstinado carácter, pero segundos después se dio cuenta de que ese sería el principal obstáculo para ella. Cora sabía que pronto tendrían noticias de Gold y no serían para nada buenas.
