Les traigo un nuevo capítulo que espero que les guste mucho y me lo demuestren en sus reviews! jejeje. Espero poder actualizar con más frecuencia.

Gracias por leer.


—Killian, que sorpresa tenerte por aquí. — Habló David cuando observo al chico entrar a su oficina — ¿A qué se debe esta visita? ¿Pasa algo con Emma que yo no sepa?

—No, para nada. — Se apresuró a responder él — Todo está bien con Emma.

—Entonces, ¿Qué te trae por aquí? — El rubio arqueo una ceja y recargo un codo sobre su escritorio.

Killian tomo asiento frente a él y respiro profundo antes de comenzar a hablar.

—Es sobre tu esposa.

—¿Mi esposa? ¿Qué pasa con ella? — David frunció el ceño.

—Sé que ella te pidió que buscaras a Regina…

—Lo hizo, hace algunos días me pidió que lo hiciera, pero no he encontrado rastro de ella.

—Y no vas a encontrar nada. — Respondió el chico.

—¿De qué hablas? — La confusión de David se hacía cada vez más grande y se podía notar en su rostro.

—Regina es una testigo protegida. Nos encargamos de cambiar su identidad para que no pudiera ser encontrada. — Explico Killian.

—No estoy entendiendo nada…

—No sé cómo vas a tomar todo esto, pero tengo que decírtelo, porque necesito que le mientas a Mary Margaret, por Emma. Sé que ella no querría que su madre se enterara de esto.

—Killian, me estas preocupando en verdad.

—Regina Mills, es la hija del narcotraficante al que se le conoce como Rumplestilskin…

Mientras Killian hablaba, la mandíbula de David se iba abriendo un milímetro. El chico le contó sobre la descendencia de Regina, el motivo por el que ella huía y que gracias a todo lo anterior, Emma estaba en el hospital luchando por recuperar su vida normal.

Durante unos segundos, David no pudo pronunciar palabra alguna; estaba intentando asimilar toda la información que Killian le había proporcionado y al mismo tiempo estaba conteniendo las ganas de levantarse he ir a buscar a Regina para gritarle en su cara que ella era la culpable de todo lo que le estaba pasando a su hija.

—¿Por qué la dejaste ir? — Preguntó él en un susurró.

—Ella no cometió ningún crimen. — Respondió Killian con tranquilidad.

—Debiste hundirla en la cárcel. — Dijo David entre dientes, apretando tanto la mandíbula que las venas en su cuello se marcaban.

—David, sabes que ella no realizo ningún crimen, solo fue el motivo de este…

—¡Casi matan a mi hija por su culpa! — Gritó el rubio mientras se levantaba bruscamente de su asiento.

—David, por favor cálmate. — Killian se levantó extendiendo los brazos hacia él. — Tienes que prometerme que Mary jamás se va a enterar de esto.

—No puedo creer que nos hayas ocultado esto Killian… — Le reprocho el hombre apretando los puños.

—Si lo hice fue por Emma, porque sabía que ella no quería meterlos en nada de esto. — Killian bajo los brazos cuando observo que David comenzaba a tranquilizarse. — Tienes que prometerme que Mary no se va a enterar. — Repitió él — Solo dile que no la encontraste, o que ella se fue lejos…

—Está bien, pero solo por Emma.


—Vas progresando muy rápido Emma. — Informó la doctora Torres con una pequeña sonrisa.

La rubia estaba sentada en su cama de hospital, dejando que la doctora moviera uno de sus brazos de arriba abajo.

—Gra…Gracias — Respondió ella.

—Tal vez puedas mover los brazos antes de lo esperado… ¿Puedes apretar mi mano?

La rubia miro la mano de la doctora, que estaba sobre la suya, y le dio un leve apretón, apenas podía sentirse, pero ya era un avance.

Hace un par de días, había podido mover los dedos de la mano derecha y podía mover el cuello unos centímetros para ambos lados. Comenzaba a hablar con más claridad, pero se sentía cansada cada vez que realizaba alguna de estas actividades.

—Mañana, vamos a intentar unos ejercicios para tu cuello, para que puedas moverlo mejor. — Volvió a hablar la doctora.

—Veras que pronto recuperaras la movilidad de tu cuello. — Interrumpió el doctor Hunt entrando en la habitación.

—Es una chica fuerte. — Comentó Torres levantándose de la silla que estaba al lado de la cama de la rubia.

—Y bastante bella.

El doctor Hunt sonrió y Emma trato de hacer lo mismo a pesar de la incomodidad que le causaba el comentario. La doctora Torres frunció el ceño mientras miraba a su colega el cual no se dio cuenta pues tenía la vista fija en Emma.

—Nos vemos mañana Emma. — Se despidió ella.

Hunt espero a que la doctora se fuera y se acercó a la cama de la rubia, sentándose al lado de Emma.

—Lo estás haciendo muy bien. — Emma intento sonreír nuevamente y sintió la mano del doctor sobre la suya. — Me sorprende que en tan solo dos semanas hayas avanzado tanto, eres una gran mujer.

—Gra-cias — Respondió la rubia.

—Yo voy a hacer todo porque te recuperes Emma. — Hunt se inclinó hacia ella y le dio un pequeño beso en la frente — Te lo prometo.

Emma se sorprendió ante el gesto del doctor


—¿Qué crees que estás haciendo? — Preguntó Zelena mientras observaba, cruzada de brazos, como su hermana se colocaba su chaqueta de cuero negro.

—Tengo que verla. — Respondió Regina. — Tengo que saber si está bien.

—Sabes que no puedes irte.

—Solo son cuarenta minutos en tren, no tardare mucho.

—Eso no importa…

—Por favor Zelena. — La morena suplico con desesperación. — No puedo seguir así, necesito saber de ella.

—Eres imposible Regina. — Se quejó Zelena rodando los ojos. — Vamos, te llevare para asegurarme que no hagas ninguna locura.

Regina sonrió de medio lado sintiéndose victoriosa y a la vez aliviada. Serian menos de cuarenta minutos si su hermana la llevaba y podría ver a Emma. Zelena tomo a la bebé Robín en brazos y las hermanas caminaron hasta el auto.

Zelena conducía bastante rápido, así que en menos de media hora ya estaban aparcando en el estacionamiento del hospital.

—Tienes veinte minutos. — Le recordó su hermana — Si no regresar iré por ti.

Regina asintió y bajo del auto sintiendo que las manos y las piernas le temblaban. Subió al elevador y su vista se concentró en la pantalla que le indicaba el piso en donde se encontraba; cuando por fin la puerta se abrió, salió del elevador con pasos temerosos y mirando hacia ambos lados en busca de alguien que pudiera detener su excursión secreta a la habitación de Emma.

Tardo solo cinco minutos en estar en el marco de la puerta, y cuando la observo ahí, acostada en la cama, con la vista en el techo, se paralizo recordando el último encuentro que habían tenido. Tratando de no hacer ruido, se acercó lentamente sin dejar de mirar a la rubia y susurró su nombre.

—Emma…

La rubia giro lentamente la cabeza y la miro mostrando sorpresa.

—Re… Regi… Regina.

La morena sonrió al escuchar su voz y sus ojos se llenaron de lágrimas al darse cuenta que Emma podía hablar de nuevo.

—Sé que no quieres verme. — Se apresuró a decir ella. — Y sé que tienes toda la razón en no querer hacerlo pero necesitaba saber cómo estabas… Necesitaba verte de nuevo. — Regina extendió la mano acomodando el cabello de Emma detrás de su oreja. — Me alegra ver que estas mejor… No tienes idea de lo mal que me siento porque estés en esta situación. — La rubia desvió la mirada y Regina le tomo la mano. — No tengo palabras para disculparme Emma; sé que todo esto es mi culpa y sé que tal vez nunca me perdones, pero solo quiero que sepas que te amo y que siempre voy a estar esperándote.

—Re – gina — Volvió a decir Emma, y la morena sonrió ante la mención de su nombre. — Ve – te.

Regina dejo escapar las lágrimas que estaba conteniendo ante las palabras de la rubia y negó con la cabeza.

—Lo siento… — Repitió ella en un susurró y observo como Emma movía los ojos rápidamente entre ella y un costado.

—Vete — Repitió Emma.

Regina la miro y acaricio su mejilla, sabía que sería la última vez que la vería y quería grabar su bello rostro y sus ojos bonitos en su memoria.

—¿Qué estás haciendo aquí? — Cuestiono la voz firme y molesta de un hombre.

Regina se levantó de la cama de un salto y dio media vuelta para encontrarse con David.

—¡David! — Exclamo ella. — Solo quería ver como se encontraba Emma…

—No tienes porque estar aquí. — Interrumpió él — Por tu culpa Emma esta en este estado y aun así te atreves a venir…

—¿Qué…? — La morena fruncio el ceño

—Ya lo sé todo — Recalcó David — Y tú no tienes por qué estar aquí.

David se acercó a la morena y Emma abrió los ojos como platos. Ella sabía que su padre se había enterado porque Killian se lo había confesado; su amigo se lo había dicho para que no la tomara por sorpresa. Pero en ese momento su padre lucia tan molesto que quiso gritarle que dejara ir a Regina cuando la tomo bruscamente por el brazo.

—Quiero que salgas de aquí y no regreses. — Dijo David arrastrando a la morena por la habitación con gran fuerza.

—Regina. — Susurró Emma cuando la vio atravesar la puerta.

La morena podía sentir la mano grande y pesada de David lastimándole el brazo y las lágrimas comenzaron a brotar de sus mejillas.

—David, por favor… — Suplico ella.

—Entiende una cosa niñita. — Habló él — Si no he hecho nada, es por Emma y porque le prometí que su madre no se enteraría de esto… Pero si vuelves a poner un pie en este hospital o intentas acercarte a mi hija, la prisión tendrá una celda reservada específicamente para ti.

David soltó el brazo de Regina con un movimiento brusco provocando que la chica casi callera al suelo y por unos instantes Regina se quedó observando como el hombre la miraba con odio, antes de dar media vuelta y caminar al elevador. Una vez que Regina desapareció de la vista de David, él regreso al cuarto de su hija y se acercó a ella con una pequeña sonrisa.

—Re – gi – na — Dijo ella.

—Tranquila cariño, ella no volverá a hacerte daño.

Emma lo miro con pánico y quiso levantarse y salir corriendo tras ella. Regina tal vez la hubiera lastimado al mentirle, pero no quería que ella sufriera ningún daño, después de todo, esa chica había cambiado su vida.