Hola hola gente bella. Les traigo un nuevo capítulo que espero les guste. Espero ya no tardarme tanto en actualizar y estoy cocinando la nueva historia para dejarles la sinopsis y que me digan si les gusta. Espero sus comentarios y sugerencias, como siempre son bien aceptadas.

Gracias por leer.


—Vas muy bien Emma. — Escucho decir a la doctora Torres.

La rubia tenía la vista fija en su brazo, observando cómo se levantaba lentamente y sintiendo punzadas de dolor a través de toda la extremidad.

Habían pasado semanas desde el accidente, y según los doctores, Emma se estaba recuperando satisfactoriamente. Y aunque la rubia había recuperado la movilidad de su cuello, su habla estaba agilizándose y sus brazos ya podían sentir y moverse un poco, ella sabía que algo andaba mal. En todo el tiempo que llevaba en el hospital, los doctores no se habían molestado por empezar la terapia con sus piernas y le realizaban múltiples radiografías a su columna. Definitivamente algo no andaba bien, y podía asegurarlo por los ojos vidriosos de su madre cada vez que los doctores se acercaban a hablarle.

Emma desvió la mirada hacia el doctor Hunt y el doctor Shepard, quienes hablaban con Mary y Killian y se aclaró la garganta.

—¿Esta… pasando algo… malo? — Preguntó la rubia — Lo… se.

—No debes preocuparte por eso. — Respondió la doctora Torres.

—Sé que… me… ocultan… algo.

—Tu solo debes concentrarte en tu recuperación, Emma. Es lo único importante.

—Estoy… Ca – cansada

—¿Quieres que continuemos mañana? — Torres arqueo una ceja mientras miraba a la rubia y esta negaba con la cabeza.

—De las… mentiras — Complementó Emma.

—Deja de agobiar a la doctora, Swan. — Le dijo Killian entrando a la habitación.

—¿Qué es… lo q – que… pasa? — Insistió Emma.

—¿Quieres saber la verdad? — La doctora Torres miro al morena y Emma asintió — La verdad es que… tu recuperación va bastante bien, eres una en un millón. Te estas recuperando a un tiempo record y todos aquí sabemos que es porque eres una mujer excepcional. — Killian sintió una presión invadirle el pecho por no poderle decir la verdad a su amiga, pero no quería que ella se dejara caer. Sabía que ese abismo sería demasiado hondo para sacarla.

—Tienes que ser fuerte Emma. — Agregó la doctora — Todos aquí creemos mucho en ti y en lo que puedes lograr… Solo mírate, en menos de un mes has logrado muchísimo.

La rubia sonrió de medio lado y observo a su madre secándose las lágrimas desde el marco de la puerta y de nuevo pudo sentir, que esas palabras de aliento, eran solo para cubrir lo que en realidad estaba sucediendo.


—¿Crees que deba buscar un empleo? — Preguntó Regina mientras leía la sección de clasificados del periódico.

Estaba sentada a la mesa, desayunando con su hermana y su esposo mientras la bebe Robín jugueteaba con los cereales en su mesita.

—Creí que estabas bien con cuidar a Robín. — Respondió Zelena antes de dar un sorbo a su café.

—Lo estoy, pero siento que debo contribuir a los gastos de la casa. — La morena bajo el periódico y lo puso de lado para mirar a su hermana. — No quiero ser ningún estorbo o ninguna mantenida.

—No pienses en eso. — Habló Robín. — Para nosotros no es ninguna molestia el tenerte aquí. Nos gusta que Ro-ro este con alguien de nuestra confianza, y ¿Quién mejor que su tía?

—Robín tiene razón. — Apoyó la pelirroja. — Además, lo que ahorramos en la niñera es mucho más de lo que piensas.

—Es solo que me siento un poco inútil quedándome en casa… — Insistió Regina.

—Nunca pensé que la niña mimada tuviera tanta urgencia por trabajar. — Bromeó su hermana.

—Zelena… — La reprendió Robín dándole una mirada inquisitiva a su esposa

—¿Qué? Es la verdad.

—Para tu información, se valerme por mi misma. — Se defendió la morena.

—Se me olvida que trabajaste en un restaurante como por dos segundos.

—No tienes que ser tan pesada. — Se quejó Regina. — Solo estoy intentando contribuir con algo. — Ella se levantó de su asiento y tomo a su sobrina en brazos. — Tal vez mamá tenga razón, y sería mejor si buscara mi propio lugar.

Regina salió de la cocina y Zelena rodo los ojos ante el drama de su hermana.

—Creo que estas siendo muy dura con ella. — Dijo su esposo.

—Solo estoy tratando de ser una hermana mayor. — Protesto Zelena encogiéndose de hombros.

—Pues no lo haces con mucho excito, cariño. — Robín se levantó de su asiento y beso a la pelirroja en la frente. — Trata de apoyarla más, tal vez un pasatiempo no le caria nada mal.

Zelena observo a su esposo marcharse y le dio un último sorbo a su café mientras reflexionaba las palabras de Robín.


—No puedo seguirle mintiendo Killian. — David se pasó las manos por el cabello.

—Prometiste que no dirías nada, por Emma. — Le recordó el chico.

—Entiéndelo, ella no para de preguntarme por Regina…

—Yo haré algo para que pare. — Dijo el moreno tratando de tranquilizar a David.

—Parece que no conoces a Mary. — El rubio negó con la cabeza y se cruzó de brazos. — Ella no descansara hasta averiguar lo que paso con la chica y algún día averiguara que Regina salió huyendo después de dejar a nuestra hija en una cama de hospital.

—¿Qué es lo que acabas de decir? — Preguntó Mary Margaret acercándose a los hombres.

Killian y David voltearon hacia ella con los rostros tan sorprendidos que parecía que los ojos se les saldrían de las orbitas.

—Cariño… — Fue todo lo que pudo pronunciar el rubio.

—¿Regina es la responsable de todo esto? — Preguntó ella mientras señalaba hacia la habitación de Emma.

—Para ser justos, las intenciones de Regina nunca fueron lastimar a Emma. — Intervinó Killian. — Emma solo estaba en medio de toda la situación…

—¿Estas defendiéndola? — Mary se sentía decepcionada, y no solo por lo que había descubierto, sino porque se lo habían ocultado durante un mes completo mientras ella vivía preocupada no solo por su hija, sino también por Regina.

—No estoy defendiéndola. — Respondió Killian. — Pero toda esta situación es bastante complicada como para señalar a un solo culpable.

—Quiero saberlo todo. — Exigió la mujer.

—Entonces creo que debemos hablar con Emma. — Sugirió David. — Nadie mejor para narrar la historia que una de sus protagonistas.

Mary asintió y Killian se pasó una mano por el rostro. Si Emma pudiera moverse de esa cama, definitivamente lo mataría por dejar que su madre se enterara de todo. Cuando los tres entraron a la habitación, los ojos de la rubia fueron automáticamente a su madre quien se acercaba a ella con los brazos cruzados.

—Muy bien Emma, queremos saber toda la verdad.

Los ojos de la chica pasaron con rapidez hasta su amigo quien movió los labios para decir un "lo siento". Emma rodo los ojos y se acomodó un poco en su cama apoyándose en sus brazos.

—Se los… diré — Respondió la rubia. — Pero tienen… que… prometer que… me dejaran… hablar.

Sus padres asintieron y la miraron en espera de la explicación que creían merecer. Emma sabía que en algún momento sus padres se enterarían de quien era Regina en verdad y que el accidente no había sido un simple asalto.


Graham caminaba con las manos esposadas en la espalda y el traje de la prisión le picaba por todos lados. La barba le había crecido bastante al igual que el cabello y no había podido ducharse en varios días. La prisión en la que lo tenían era bastante deplorable, pero sabía que ahí, su padre no podría tocarlo. Aun le dolía la cicatriz que le había quedado después de ser apuñalado.

Cuando él salió a la sala de visitas, se sorprendió al ver a Cora Mills sentada frente a una de las mesas de madera. La mujer le dedico una pequeña mueca tratando de formar una sonrisa y el frunció el ceño.

—¿Pasa algo? — Preguntó él sentándose frente a ella mientras los guardias que lo acompañaban se alejaban.

—Necesito de tu ayuda. — Respondió Cora recargando sus brazos sobre la mesa. — Tengo que sacar a Regina de aquí.

—¿Le paso algo? — La preocupación de Graham se hizo evidente.

—Aun no… Pero ambos sabemos que Gold no se quedara tranquilo.

—Adivinare… ¿No quiere irse por la rubia?

—No te equivocas. — Respondió Cora asintiendo. — A pesar de que tiene semanas sin verla o saber de ella, sigue aferrada a esa chica como un perro a su hueso… La chica apenas se está recuperando del disparo.

—Tal vez ahí está el problema. Mientras Regina tenga una razón para quedarse, lo va a hacer. No la vas a poder alejar mientras su corazón siga empecinado con la rubia.

—¿Qué es lo que tengo que hacer? — Preguntó Cora alzando una ceja.

—Creo que ambos sabemos cuál es la solución.


Emma sonrió cuando las enfermeras la dejaron sobre la silla de ruedas. Estaba a punto de salir de ese lugar y solo tendría que regresar al hospital tres veces por semana para continuar sus terapias. Su madre había insistido en que se mudara con ellos mientras recuperaba más su movilidad y aunque se había negado, no le había servido de nada.

Las enfermeras se despidieron de ella y la rubia colocó los brazos en las ruedas de la silla para intentar moverse hacia la puerta. Su madre estaba firmando los papeles del alta y Killian las estaba esperando abajo en el auto.

La rubia cerró los ojos cuando sintió que sus brazos le dolían al mover tan solo unos centímetros la silla.

—No es bueno que te esfuerces tanto. Puedes lastimarte.

Emma levanto la vista hacia la mujer que estaba en la puerta mirándola y frunció el ceño al no reconocerla.

—¿Quién es… usted? — Preguntó ella.

—Soy… — La mujer dio un par de pasos dentro de la habitación. — Soy la madre de Regina… y necesito hablar contigo.