Hola! Les traigo un nuevo capítulo que espero y les guste. Espero no haberme tardado tanto en actualizar y espero poder seguir actualizando rápido. Aunque no se cuantos capítulos queden de esta historia, ya casi llegamos al final y quiero agradecer todo el apoyo que le han dado.
Gracias por leer.
—Sé que mi visita aquí puede sorprenderte. — Habló Cora — pero ya no sé qué más hacer.
—¿Pasa algo… con Regina? — Preguntó la rubia con un dejo de preocupación.
—Regina está en peligro Emma, siempre lo ha estado. — Respondió Cora y observo como la chica fruncía el ceño. — Mientras ella este aquí, nunca va a estar segura.
—Ella… se fue. — Recordó Emma.
—A New Yersi con su hermana. — Explicó la mujer. — Necesita irse del país para poder estar segura.
—Regina es… inteligente. Ella va a… entender que tiene… que irse.
—Ambas sabemos que ella no va a irse de aquí, no mientras este enamorada de ti.
Emma hizo una mueca que estuvo a punto de convertirse en sonrisa. El saber que a pesar de sus rechazos, Regina la seguía amando, le regresaba un poco de luz a su vida. La rubia miró a Cora y en ese momento entendió el motivo de su visita.
—¿Qué es… lo que quiere? — Preguntó ella.
—Quiero que le digas que se vaya…
—Ya lo… hice — Interrumpió la rubia.
—Lo sé. — Cora se inclinó hacia Emma y la miro fijamente a los ojos. — Pero eso no es suficiente. Ella cree que tú la quieres y puedo decir ahora que es verdad. Te brillan los ojos al pronunciar su nombre.
—Eso fue… antes.
—No te engañes querida… Sé que el padre de mi hija te puso en esta situación pero ella no tiene la culpa de la familia en la que creció. A pesar de todo ella es buena y tiene un buen corazón. Ella es un rayo de luz en la oscuridad en la que estaba sumida nuestra vida.
Emma se miró las manos y sintió un nudo formársele en la garganta ante las palabras de Cora. Desde el accidente, ella solo podía pensar en que la mujer a la que amaba la había puesto en esa cama de hospital, pero estaba equivocada y ella lo sabía; pero también sabía que admitir que Regina no era la culpable significaba dejarla entrar a su vida de nuevo y Emma aún no estaba preparada para enfrentarse a aquel problema. Su corazón estaba tan dañado como su cuerpo, pero la recuperación no era tan satisfactoria como le hubiera gustado.
—Sé que es difícil, toda esta situación. — Continuó Cora. — Pero te estoy pidiendo ayuda porque no se a quien más recurrir. No sé qué más hacer para ponerla a salvo. Y sé que por el cariño que tú le tienes vas a ayudarme a protegerla.
—Está bien. — Respondió Emma asintiendo — No quiero… que nada… le pase.
—Tienes un gran corazón. — Cora alargo el brazo y con su mano acaricio la mejilla de la rubia. — Entiendo porque mi hija te ama tanto.
Cora sonrió y Emma movió el rostro para retirarse del contacto de Cora. Aunque la mujer se había portado relativamente amable, era la madre de Regina y no se fiaba completamente de ella. Tantos años al lado de Gold debió de haber dejado rastro en ella. Y aunque reconocía que sus intenciones eran buenas, sabía que habría un alto costo a cambio.
—¿Qué quiere… que yo... haga?
—Quiero que le rompas el corazón… Quiero que le digas que ya no la quieres más. — Emma la miro con preocupación y Cora se apresuró a seguir hablando — Es la única forma en que ella se va a ir lejos.
Emma sintió una presión apoderarse de su pecho ante la idea de lastimar a Regina de esa manera. Antes de que ella pudiera responder la vista de ambas mujeres se desvió hacia la puerta.
—¿Qué estás haciendo tu aquí? — Mary entro a la habitación hecha una furia y se colocó entre su hija y Cora.
—Solo pasaba a ver como seguía Emma. — Respondió Cora levantándose de la silla.
—¿Cómo puedes atreverte a venir aquí después de lo que tu hija le hizo a Emma? — Mary Escupió las palabras con desprecio y Cora comprendió que la verdad había salido a la luz.
—Mama… — Interrumpió la rubia estirando su brazo para tomar la mano de Mary.
—Mi hija no fue la culpable de nada… — Se defendió Cora.
—Pues tal vez no sea toda su culpa, pero si lo es de tu familia. — Contrataco Mary.
—Ya basta. — Pidió Emma captando la atención de ambas mujeres.
—Quiero que te vayas de aquí. — Mary Margaret se cruzó de brazos e hizo una seña con la cabeza indicándole a Cora la puerta.
—Está bien, me iré. Ya dije lo que tenía que decir. — Cora camino hacia la puerta y antes de salir se detuvo. — Emma, si en verdad la amas, piensa en lo que te dije.
Mary Margaret miro confundida a su hija y Emma se quedó con la vista clavada en la puerta. Jamás había querido admitirlo, pero ella sabía que quería a Regina de una manera en la que jamás había querido a alguien, ni siquiera a Neal. Pero, ¿estaba dispuesta a romperle el corazón solo para que estuviera a salvo?
—¿Quieres que haga qué? — Cuestionó Regina frunciendo el ceño.
—Vamos, no es tan mala idea. — Respondió su hermana caminando detrás de la morena.
Ambas estaban levantando los juguetes de la bebé Robín del piso y subían las escaleras hacia el cuarto de la bebé.
—Quieres que me dedique a pasear perros por el parque. — Recalcó Regina
—Dijiste que querías conseguir un trabajo…
—Pero no paseando perros.
—Yo solo estaba sugiriendo algo. — La pelirroja se encogió de hombros y dejó los juguetes sobre el baúl de madera. — Se me ocurrió que podrías trabajar y cuidar a Robín al mismo tiempo.
—Lo que tú quieres es que siga haciendo de niñera. — Regina dejo los juguetes en el baúl y miro a su hermana mientras se ponía las manos en la cadera.
—Está bien, me atrapaste. — Confesó Zelena. — La verdad es que me gusta que Robín este bajo tu cuidado y además no creo que sea conveniente que busques un trabajo mientras todo esta tan reciente.
—¿A qué te refieres? — Regina frunció el ceño.
—Tu padre no se va a quedar tranquilo, y estando en las calles eres blanco muy fácil.
—Mamá ya se metió a tu cabeza, ¿Cierto?
—Solo queremos protegerte…
—¡No necesito protección!
—¿No te das cuenta Regina? — Preguntó con desesperación la pelirroja — Todos estamos poniendo nuestra vida en peligro para que tú puedas vivir… Claro que necesitas protección, ¿O es que acaso no recuerdas tu intento de envenenamiento? Si no te han encontrado los hombres de tu padre es porque tu nueva identidad y nuestra protección están funcionando.
—Yo no pedí que ustedes hicieran eso por mi… — Fue lo único que la morena pudo responder con la vista clavada en el suelo.
—Claro que no lo hiciste. Pero lo hacemos porque te amamos. — Zelena se acercó a su hermano y la tomo por los brazos. — Entiende que no quiero quedarme sin mi hermana cuando la acabo de encontrar.
Los ojos de Regina se llenaron de lágrimas y se dejó envolver en los brazos de su hermana. Estaba tan cansada de la situación que estaba viviendo, que se permitió derrumbarse en los brazos de Zelena. Ya había pasado demasiado tiempo pretendiendo ser fuerte que se había acostumbrado a sentir presión en su pecho.
Killian llevaba a Emma en brazos mientras la rubia se sostenía de su amigo con los brazos en su cuello. El chico dejo a la rubia sobre la cama y le ayudo a ponerse comoda. La rubia recargo la cabeza sobre una de las almohadas y su vista se quedó fija en la pared de color crema de la que antes había sido su habitación.
—¿Estas bien Swan? — Preguntó Killian sentándose a su lado en la cama. — Te ves algo distraída.
—Esta mañana… antes de… salir del hospital. Cora… fue a verme. — Respondió la rubia sin apartar los ojos de la pared.
—Cora, ¿La madre de Regina? — Emma asintió en respuesta. — ¿Qué fue lo que te dijo?
—Quiere que… hable con… Regina. — La rubia sintió que le faltaba el aire al mencionar el nombre de la morena y respiro profundo antes de seguir hablando. — Quiere que le…diga que se… vaya.
—¿Quiere que su hija se vaya? — El chico frunció el ceño y su amiga lo miro.
—Dice que… ella… no va a estar… a salvo. — Explicó Emma.
—Ella está a salvo, la vigilamos las 24 horas y Gold está en una cárcel de máxima seguridad.
—Opino lo mismo… que Cora. — Killian arqueo una ceja y la rubia se encogio de hombros. — Gold no se… quedara tranquilo. Tiene… demasiada gente… trabajando para él. Y nosotros… no conocemos… ni a un tercio de ellos.
—Podemos aislar a Gold en un agujero sin contacto con nadie ni nada. — Sugirió Killian. — Él FBI quiere poner las manos en el cuento antes. Solo están esperando a que su condena sea dictaminada.
—Aún falta… tiempo para eso.
—¿Qué quieres hacer? — Killian arqueo una ceja.
—Necesito tu… ayuda.
—¿Qué? Disculpa no te escuche. — Bromeó Killian colocándose una mano detrás de la oreja. — Hablas en cetáceo y me es difícil entenderte.
Emma fulmino a su amigo con la mirada y le mostro el dedo medio. Killian soltó una carcajada echándose para atrás y después sintió el puño de la rubia clavársele en la pierna.
—¿A dónde vas? — Preguntó Zelena mirando a su hermana mientras se colocaba la chaqueta.
—Al parque de aquí cerca. Necesito despejarme. — Respondió Regina cerrándose la cremallera de su chaqueta. — ¿Me vas a prohibir salir? — La morena se cruzó de brazos y miro a su hermana.
—No te pongas a la defensiva. — La pelirroja rodo los ojos. — Solo ten cuidado, por favor.
Regina asintió y salió de la casa antes de que Zelena pudiera cambiar de opinión. En cuanto la morena sintió el aire frio golpearle la cara, respiro profundo y cerró los ojos por unos segundos. Caminó con tranquilidad con la vista en sus botas mientras miraba de reojo a ambos lados asegurándose de que nadie la siguiera. Se había hecho tan habitual sentirse perseguida que se sentía amenazada hasta por las personas que pasaban a su lado.
Cuando llegó al parque, busco un banca vacía y se sentó cerca de un gran árbol que ya estaba tirando sus hojas. Observo a la personas ir y venir y se preguntó cuánto tiempo más tendría que pasar para poder tener una vida normal, para poder caminar sin preocupaciones o incluso sentarse en una banca del parque sin sentirse observada.
—Regina…
Cuando la morena escucho su nombre, rápidamente volteó hacia su lado derecho con los ojos abiertos como platos. Emma estaba ahí, frente a ella, en una silla de ruedas que la rubia maniobraba con sus brazos.
—Emma. — Susurró Regina levantándose de un salto de la banca.
La rubia estaba tan hermosa, con su chaqueta roja y su cabello suelto; sus piernas estaban cubiertas por una manta pero Regina podía apostar que llevaba Jeans y botas.
—Quiero hablar… contigo. — Regina abrió la boca para hablar pero no pudo decir nada. — Siéntate. No es justo… que solo yo… está sentada.
La morena se sentó con lentitud en la banca sin quitarle los ojos de encima a Emma. Sentía que estaba soñando, al verla ahí frente a ella después de casi dos meses sin verla.
—¿Pasa algo? — Preguntó la morena sintiéndose torpe al realizar aquella tonta pregunta.
—Creo que necesitamos… aclarar las cosas — Respondió la rubia poniendo las manos sobre su regazo.
—Las cosas están bastante claras: Es mi culpa que estés así…
—Deja de culparte. — Interrumpió Emma. — Yo no lo hago.
Regina sintió las lágrimas llenar sus ojos; no sabía si las palabras de la rubia eran sinceras, pero quería creer que sí.
—Entonces, ¿A qué has venido? — La ilusión de la morena se alzó al igual que su ceja.
—Quiero que te… vayas. — Regina estaba a punto de protestar cuando Emma levanto la mano para detenerla. — No estoy culpándote… de nada, pero… debes entender que… mientras estés aquí… todos corremos peligro.
—¿De que estas hablando? — La morena sintió un nudo formarse en su garganta.
—Tienes que irte… Regina. — La rubia desvió la vista al suelo y se encajó las uñas en las palmas de las manos. — Si no lo haces… serás nuestra ruina. De tu madre y… tu hermana. Y tal vez, termines conmigo.
—¿Por qué estás diciéndome esto Emma? — Preguntó Regina con un hilo de voz y lágrimas resbalando por sus mejillas.
—Lastimas a todos… los que estamos cerca…
—Emma… — Regina negó con la cabeza hablando en un tono suplicante. Las palabras de Emma se sentían como puñaladas en el pecho.
—Si en verdad te importa… vete de aquí. — Termino la rubia regresando la mirada al rostro de Regina humedecido por las lágrimas.
—Emma, ¿Por qué me estás diciendo todo esto?
—Eres un problema Regina… desque que llegaste… a mí, yo… yo lo supe. Pensé que podría… manejarlo, que incluso podría… protegerte de ti misma… Pero yo… me equivoque. Por favor… vete.
—No me digas eso. — La morena se inclinó hacia Emma y le tomo la mano mientras buscaba sus hermosos ojos verdes. — Emma, yo te amo…
—Yo no… — La rubia movió la mano para retirarla del contacto de Regina. — Tal vez te haya… perdonado. Pero yo… no te amo.
Regina se echó hacia atrás sintiendo como si alguien la hubiera golpeado en el estómago; sus lágrimas comenzaron a brotar sin que ella pudiera controlarlo y observo como los ojos de la rubia de humedecían. Emma giro la silla con dificultad y comenzó a alejarse de la morena sintiendo como su corazón caía en pedazos al suelo y era aplastado por las ruedas de su silla. Sabía que después de esas palabras había perdido a Regina para siempre.
