Hola personitas bellas. Espero que esten bien porque les traigo un nuevo capítulo. Espero no haber tardado tanto en actualizar porque enserio lo intente jajaja. Se que a muchas no les gusta la actitud de Emma pero tengan paciencia con nuestra rubia. Como siempre, es un placer leer lo que tienen para decirme así que sigan dejando sus comentarios. Les recuerdo que ya pueden encontrar esta historia en Wattpad así que si les gusta y tienen cuenta, les agradeceria que pasaran a votar.
Gracias por leer.
—¿Qué fue lo que paso? — Zelena se acercó preocupada a su hermana quien había llegado a casa hecha un mar de lágrimas.
Regina se dejó caer en el sofá sintiendo dificultad para respirar y con el rostro mojado de tanto llorar.
—Emma… — Logró susurrar la morena.
—¿Qué pasa con ella? — Preguntó su hermana mientras le tomaba el rostro con las manos.
—Hable con ella y… me dijo que me fuera. Que ella no me amaba.
La morena enterró su cara en sus manos y su hermana la abrazó mientras lloraba. Regina tenía un dolor en el pecho y sentía que solo se detendría llorando.
—Esa rubia es una idiota.
—Ella tiene razón. — Regina levantó la cara y se limpió las lágrimas de con las yemas de los dedos. — Tiene razón al ya no amarme, yo… yo destruí su vida.
—¡Escúchame! — Zelena tomo de nuevo la cara de su hermana en sus manos y la miro a los ojos. — Tú no tuviste la culpa de nada. Entiéndelo… Y si Emma cree que sí, es una estúpida y no merece tenerte a su lado, ni merece tu preocupación o tu sufrimiento.
—Soy un desastre Zelena, solo hago daño… — Regina rompió en llanto de nuevo pero la pelirroja la obligo a seguir mirándola.
—Tal vez lo seas, pero a las personas que en verdad te amamos no nos importa eso.
—Tengo que irme de aquí para protegerlos a todos… Mamá tenía razón.
—Deja de decir tonterías… deja de decir tonterías — Repitió Zelena pegando su frente a la de su hermana — No puedes irte. — Susurró ella. — No puedes dejarme cuando apenas te encontré. Eres mi hermana.
Regina rodeo a la pelirroja con los brazos y ambas se fundieron en un abrazo con lágrimas corriéndoles por las mejillas.
—¿Estas bien Swan? — Preguntó Killian mirando a su amiga.
Emma tenía la vista fija en el parabrisas del auto mientras estaba sentada en el lugar del copiloto. Ambos estaban dentro del auto de Killian, estacionados en la acera del parque. La rubia había visto a Regina correr lejos del parque y si Emma hubiera podido hacerlo, hubiera corrido tras de ella.
—Hiciste lo correcto. — Volvió a hablar el chico.
—La destroce. — Susurró ella.
—Fue por su bien. Algún día ella podrá comprender y va a pegar todas las piezas…
—¿Y quién va a pegar las mías?
—¡Es que no te entiendo Regina! — Exclamó Zelena levantando las manos al aire. — Ayer estabas destrozada porque la rubia estúpida te dijo que no te amaba y ahora ¿Quieres ir a buscarla?
—¡Necesito verla! — Respondió la morena igual de alterada que su hermana.
—¿Quieren bajar la voz? — Interrumpió Robín bajando las escaleras. — La bebé se acaba de dormir.
Las hermanas miraron al hombre y asintieron ante el regaño de este.
—Tienes que estar demente. — Susurró la pelirroja acercándose a su hermana.
—Necesito que me lo diga de nuevo. — Explico Regina en el mismo tono. — No le creo Zelena, algo me dice que no me dijo la verdad.
—Es que enserio no te entiendo… ¿Cómo puedes cambiar de humor de la noche a la mañana? — Zelena se pasó las manos por el cabello. — La chica de dejo prácticamente destrozada y ahora quieres ir a que te pisotee de nuevo, ¿Cómo puedes ser tan masoquista?
—No necesito que me entiendas. — Regina tomo su chaqueta. — ¿Me acompañas o no?
Zelena rodo los ojos y maldijo en su cabeza mientras se acercaba al perchero para tomar su abrigo.
—Solo iré contigo para evitar que cometas otra estupidez aparte de ir a buscarla. ¿Sabes dónde está?
—No, pero se dónde comenzar a buscarla. — Regina se encogió de hombros y reprimió una sonrisa al observar como su hermana rodaba los ojos antes de salir de casa.
—¿Cómo te has sentido Emma? — Preguntó el doctor Hunt poniéndose en cuclillas frente a la rubia.
—Bastante bien. — Respondió ella con una pequeña sonrisa. — Parece que cada…vez puedo hablar… mejor.
—Eso es excelente. — Sonrió él. — La doctora torres no debe tardar en llegar. Pero por mientras, tú y yo podemos platicar un poco.
—¿Sobre qué? — Emma arqueo las cejas y observo a Hunt morderse el labio.
—Emma, creo que no es ningún secreto que me atraes. — Confesó el mirándola a los ojos. — Quiero invitarte a salir. A cenar o si lo prefieres a tomar un helado.
—Pensé que los… doctores no podían salir… con sus pacientes.
—Tú ya no eres mi paciente. — Se apresuró a decir el pelirrojo. — así que no hay ningún impedimento, al menos que tu no quieras.
¿Cómo era aquel dicho? Un clavo saca a otro clavo. Emma sonrió de medio lado y se planteó en su cabeza los diferentes escenarios de esa propuesta. El doctor era muy apuesto, y no le caería mal hacer nuevos amigos.
—Me agrada la idea doctor Hunt. — Respondió ella.
—Owen, dime Owen. — Hunt se incorporó y le tomo la mano a Emma con una sonrisa. — Ahora somos amigos.
—Esta bien, Owen.
Emma sonrió y Owen se inclinó para besar su mejilla con lentitud.
—Es una cita.
Regina no podía creer lo que había visto. Cuando preguntó en la recepción por Emma Swan y le dijeron que ella estaba en la sala de terapias, agradeció a la suerte por estar de su parte. Pero en el momento en el que había visto a aquel doctor pelirrojo besar la mejilla de Emma, se cuestionó si su suerte era buena.
Lo que destrozo a Regina, no fue el beso que el pelirrojo le había dado a Emma, sino la manera en que la rubia había sonreído antes y después de eso.
La morena apretó los puños y dio media vuelta lo más rápido que pudo. Quería salir de ahí lo antes posible; espero el elevador y presiono varias veces el botón del elevador para bajar hasta la planta baja. Cerró los ojos al sentir que el elevador descendía y soltó un gruñido de furia diciéndose mentalmente que era una estúpida por haber ido hasta allá para encontrarse con una chica que ya la había olvidado cuando apenas ayer le había destrozado el corazón.
—¿La encontraste? — Preguntó Zelena cuando su hermana subio al auto.
—Si. — Respondió la morena colocándose el cinturón de seguridad.
—¿Y?
—Conduce.
—¿No fue nada bien cierto?
Regina fulmino con la mirada a la pelirroja y ella levanto las palmas en señal de paz. Zelena comenzó a conducir y a mitad de camino, la morena habló por si sola contándole lo que había visto en el hospital. Ninguna de las dos habló el resto del camino, Regina no tenía más que decir y Zelena no sabía que decir. Así eran las chicas Mills, de pocas palabras.
Cuando aparcaron en la cochera de la casa, ambas bajaron del auto y caminaron hacia la puerta.
—No sufras por esa rubia tonta. — Habló Zelena. — Ella no te merecé.
Regina miro a su hermana y sonrió de medio lado cuando sintió que su hermana le pasaba un brazo sobre los hombros. La morena recargo su cabeza en el hombro de Zelena pero se detuvo en seco al ver la puerta de la casa entre abierta.
—Detente. — Le advirtió a su hermana poniéndole su brazo como barrera.
—¿Qué pasa? — Preguntó la pelirroja con preocupación.
—La puerta está abierta. — Susurró Regina.
—Robín.
Zelena entro corriendo a la casa y grito el nombre de su esposo sin obtener respuesta. Regina entro tras ella y observo como los muebles estaban de cabeza y había vidrios y objetos tirados por todo el suelo. Ambas chicas corrieron escaleras arriba en donde todo estaba igual que en la planta baja. Zelena se apresuro a entrar al cuarto de la bebé y la morena tardo unos segundos en seguirla.
Cuando entró a la habitación, observo al esposo de su hermana tirado en el suelo y a ella hincada a su lado.
—Robín — Susurró Zelena.
El hombre abrió los ojos con lentitud y muy apenas se podía incorporar. Estaba golpeado y sangraba por la nariz y la boca.
—Cariño. — Respondió el poniéndose una mano en el estomago.
—Tengo que llevarte a un hospital. — Zelena trató de levantar a su esposo pero fue inútil.
—Estoy bien. — Respondió él
—La bebé… — Regina corrió hacia la cuna y pudo ver a la bebé Robín en perfectas condiciones y manoteando al aire.
—Ella está bien. — Robín se recargo en la pared para poder sentarse. — No le hicieron nada, ni siquiera se le acercaron… Estaban buscando algo.
—¿Qué cosa? — Preguntó la pelirroja frunciendo el ceño.
—No es una cosa lo que buscaban. — Respondió Regina. — Me querían a mí… Todo esto es culpa mía.
Antes de que Zelena pudiera protestar, observo a su hermana salir corriendo de la habitación y segundos después escucho la puerta de la casa.
—Búscala. — Le dijo Robín. — Yo estoy bien, solo son golpes.
—No quiero dejarte solo amor…
—Si no vas tras ella, puede cometer una locura. Ambos lo sabemos.
—Voy a llamar a mi madre, para decirle lo que paso.
Robín asintió y Zelena camino fuera de la habitación mientras marcaba el número de Cora. Al no obtener respuesta, bajo las escaleras para ir en busca de su hermana; Regina no podía haber ido muy lejos.
Cuando Zelena salió de la casa no pudo ver ni rastro de su hermana. Ella tomó el teléfono y marco su número para contactarla. No la buscaría por todos los alrededores en botas de tacón. Nadie contesto la llamada y al realizar el segundo intento, la pantalla de un teléfono brillando a través del pasto llamo su atención. Cuando lo tomo con su mano, pudo ver su nombre en la pantalla y el pánico comenzó a recorrerle el cuerpo.
—¿Cómo te fue en la terapia cariño? — Preguntó Mary mientras veía a su hija entrar por la puerta junto con Killian quien empujaba la silla de ruedas.
—Bastante bien se podría decir. — Respondió el chico. — Parece que Emma tiene un nuevo admirador.
—Callate. — Reprendió Emma rodando los ojos.
—¿Cómo que un admirador? — Cuestiono David mientras salía de la cocina sosteniendo un platón con ensalada.
—No es nada… papá. — Respondió la rubia. — Killian y sus ideas… estúpidas.
—Emma… — Su madre la miro con ojos fulminantes y la rubia negó con la cabeza pensando en que aun con 26 años, su madre aun la regañaba por decir groserías. — Basta ya de charlas, tomen asiento que la cena está casi lista.
Killian llevo a Emma hasta la mesa y el tomo asiento al lado de ella. Mary llevo los cubiertos a la mesa y David descorchaba la botella de vino. El sonido del timbre atrajo la atención de todos hacia la puerta.
—¿Esperamos a alguien? — Preguntó David frunciendo el ceño.
Su esposa y su hija negaron con la cabeza y Killian se encogió de hombros antes de que David caminara hacia la puerta. El hombre abrió la puerta y del otro lado se encontró con una mujer de cabello desordenado y pelirrojo que parecía bastante agitada.
—Necesito hablar con Emma. — Pidió ella con rapidez.
—¿Quién es usted? — Preguntó David cruzándose de brazos.
—¿Emma esta aquí? — insistió ella.
—Digame quien es usted.
La rubia estiro la cabeza para poder observar quien se encontraba a la puerta y pedía verla con tanta urgencia.
—¿Zelena? — Emma movio su silla de ruedas y comenzó a avanzar hacia la puerta.
—Emma, tienes que ayudarme…
David observo a su hija sin comprender lo que pasaba mientras Emma seguía en su camino hacia la puerta; Killian se levantó y siguió a su amiga observando a la mujer.
—¿Quién es esta mujer Emma? — Preguntó Mary reuniéndose con ellos.
—Es la hermana de Regina. — Respondió la rubia. — Bueno, su media… hermana. ¿Qué es lo que… sucede? — Preguntó ella mirando a la pelirroja.
—Es Regina, ha desaparecido.
