Hola gente linda! Les traigo un nuevo capítulo que espero les guste y espero tener una buena serie de comentarios por no haberme tardado tanto en actualizar jajaja. Enserio quiero agradecerles a los que se toman el tiempo de comentar en cada capítulo porque hacen más lindos mis días con sus comentarios, me encanta leerlos porque así se lo que piensan y aunque se que a veces quieren matarme, les agradezco su apoyo.
Gracias por leer.
David colgó el teléfono después de varios minutos de conversación. Varios pares de ojos expectantes estaban centrados en él y tuvo que aclararse la garganta antes de hablar.
—No van a ayudarnos a menos que les de pistas concretas — Habló él.
Emma hundió su rostro en sus manos y Killian aventó su cabeza hacia atrás mientras Zelena seguía caminando de un lado a otro de la sala.
—No tenemos nada más que el testimonio de esa mujer. — Dijo Killian mirando a David.
—Tenemos que seguirla buscando. — Siguió David mientras desviaba la vista al sofá donde se encontraban Cora y Mary Margaret.
—Tienen que interrogarlo. — Insistió Cora — Gideon es el único que puede saber dónde está.
—No podemos interrogarlo Cora. — Repitió Killian. — Si pongo un pie frente a él, me pueden suspender…
—Yo puedo ir. — Interrumpió Emma.
—¿De qué estás hablando Swan? — Preguntó su amigo arrugando la frente.
—Yo no estoy en… Servicio en este mo-momento. — Explicó la rubia — Sería solo una… visita más.
—No puedes ir tu sola. — Se adelantó a decir su madre levantándose del sofá.
—Estoy de acuerdo con tu madre. — David se cruzó de brazos mirando a su hija.
—Tú y Killian no pueden… entrar ahí. Si Cora va conmigo… Gold la reconocerá. — Emma se encogió de hombros
—Yo puedo acompañarla. — Sugirió Zelena deteniendo su caminata. — Él no me conoce. — Esto último lo dijo mirando a su madre.
—Pero sabrá quien eres en cuanto te vea. — Respondió Cora.
—Déjenla ir… — Intervino la rubia — Yo entrare so-sola y Zelena pueda… esperar y asegurar de que… que nada salga mal.
Mary y David compartieron miradas mientras Killian hacia lo mismo con Cora y Zelena. Era un plan bastante arriesgado y sin duda nada garantizaba que funcionara, pero se estaban quedando sin opciones.
—¿Estas segura de esto? — Preguntó Zelena deteniendo el auto en el estacionamiento.
Emma asintió mirando por el parabrisas el gran edificio gris frente a ella; tenía un nudo en la garganta y las manos le temblaban. En su cabeza repasaba cada una de las preguntas que le haría a Gold y rogaba porque pudiera entrar a verlo.
Zelena bajo del coche y saco la silla de ruedas de la cajuela del carro y dándole una sacudida para que se ensamblara de nuevo. La pelirroja llevo la silla de ruedas hasta la puerta del copiloto la cual Emma ya había abierto. Zelena se inclinó para tomar a la rubia entre sus brazos y levantarla para trasladarla a la silla de ruedas; no fue difícil, Emma era delgada y Zelena era más alta que ella y se ejercitaba. Emma se sintió caer en la silla y cerró los ojos sintiéndose impotente ante la idea de ni siquiera poder moverse sola.
La pelirroja empujo la silla hasta las puertas de la prisión agradeciendo el poder caminar un poco después de una hora y media de viaje. En la puerta, los policías que la custodiaban las observaron atentamente hasta que ellas llegaron a la ventanilla donde debían pedir la visita.
—Estoy aquí para ver a… a Gideon Gold. — Habló Emma atrayendo la vista del policía detrás de la ventanilla.
—Tiene prohibidas las visitas. — Respondió de mala gana el hombre.
—Tengo permitido visitarlo. — Insistió ella — Debió haber recibido un documento de la jefatura de policías de New York diciendo que vendría.
El hombre miro a ambas chicas por encima de sus gafas y resoplo antes de caminar hacia el fondo de la pequeña habitación en la que se encontraba. Zelena sintió un nudo formarse en la garganta haciéndole difícil respirar. Emma se encajó las uñas en las palmas de sus manos y rogo porque Killian hubiera podido mandar por fax el documento. En cuanto ella y Zelena habían dejado el departamento, su amigo se había apresurado a ir a la comisaria para realizar un documento no oficial que le permitiría a Emma entrar. Sabía que Killian se estaba arriesgando demasiado falsificando un documento con la firma de Booth, pero era la única opción que tenían para hacerla entrar.
—Aquí solo menciona a una persona. — Dijo el policía mientras miraba la hoja de papel. — ¿Quién de ustedes dos es Emma Swan?
—Soy yo. — Respondió la rubia tratando de curvear sus labios en una sonrisa pero en su lugar hizo una mueca.
—¿Puedo ver una identificación?
Emma asintió y Zelena busco en su bolso la cartera de la rubia para entregársela. Con las manos temblorosas, Emma se apresuró a tomar su identificación y entregársela al oficial.
—Entre por la puerta de al lado. — Le indico él — Usted tendrá que esperar aquí. — Dijo mirando a Zelena.
La pelirroja asintió y Emma llevo las manos a las ruedas de su silla para comenzar a avanzar por sí misma. El oficial camino delante de ella llevándola hasta una de las mesas del fondo de la sala de visitas y removió la silla para que Emma pudiera acomodar su silla frente a la mesa. El policía se fue dejando a Emma con el estómago revuelto y palmas sudorosas.
—Vaya, vaya. — Emma levanto la vista para encontrarse con un hombre de estatura baja, cabello largo y castaño, y dientes torcidos, vestido con el característico uniforme color caqui de las prisiones — No esperaba visitas.
Los guardias que lo sujetaban lo hicieron sentarse frente a la rubia y se quedaron de pie a cada lado del hombre.
—Supongo que es su día de suerte. — Respondió Emma tratando de que el nerviosismo no se viera reflejado en su voz.
—¿Y a que debo el honor de su visita? Emma Swan. — Gold sonrió de medio lado mientras analizaba a la rubia con los ojos.
—¿Sabe quién soy?
—Por supuesto que se quién eres querida. Eres la policía que estaba ayudando a Regina a esconderse. — Gold la recorrió con los ojos y sonrió mostrando sus dientes torcidos — Y veo que recibiste tu castigo por eso.
Emma decidió ignorar el comentario pero apretó sus manos sobre sus piernas. Sin tan solo pudiera levantarse de esa silla, tomaría a ese bastardo por la cabeza y lo azotaría en la mesa.
—¿Sabe porque estoy aquí?
—Ilumíname…
—Regina, ¿Dónde está ella?
—Creí que estaba escondida con la chica pelirroja, la que dice ser su hermana. — Respondió él recargando la espalda en la silla.
—Sabes muy bien que no es así. — Emma se inclinó hacia enfrente apoyando sus brazos en la mesa — Dime donde esta ella, Gold.
—No lo sé. — Respondió él con una sonrisa de medio lado — No sé si puedes notarlo, pero yo he estado encerrado aquí por bastante tiempo, no hay forma de que yo pueda saber dónde está mi hija.
Emma lo miró fijamente y Gold le respondió de la misma manera. Ella sabía que no obtendría nada de aquel hombre, pues el confesar algo haría que más cargos se sumaran en su contra. La rubia tomo las ruedas de su silla y la giro para comenzar a avanzar lejos de la mesa.
—¿Se va tan rápido? — Habló Gold haciendo que Emma se detuviera.
—No voy a desperdiciar más… mí tiempo. — Respondió ella mirando por encima de su hombro.
—Bueno, si Regina no esta, tal vez solo tenga un boleto de ida. — Gideon Gold sonrió de una manera que hizo arder el estómago de Emma.
La rubia tardo unos segundos en volver a empujar las ruedas de su silla para salir del lugar y Gold solo la observo con una pequeña sonrisa en los labios mientras era levantado por los guardias que lo llevarían a su celda.
—¿Nada? — Preguntó Killian al ver entrar a las chicas al departamento.
—Nada. — Confirmo la rubia con gran molestia.
Zelena soltó la silla de la rubia para poner las manos en sus caderas y resoplan.
—Viajamos tres horas para que el idiota de Gold no dijera nada. — Se quejó ella.
—Tenemos que seguir buscando. — Sugirió David — Ya hemos arriesgado demasiado para dejarlo así.
—No podemos dejarlo así. — Habló Cora apresuradamente — No podemos…
—No lo haremos. — Dijo Emma mirando a Cora.
Ambas se miraron por unos segundos y Cora asintió con lágrimas en los ojos. Sabía que esa chica haría todo por encontrar a su hija.
—Bueno, si tenemos que buscar en cada rincón de esta ciudad, lo vamos a hacer. — David miro a su hija y la rubia le dedico una pequeña sonrisa a manera de agradecimiento.
Las miradas de todos en la habitación se concentraron en el suelo como si la alfombra fuera de lo más interesante. Cuando decían que dos cabezas pensaban mejor que una, no sabían a lo que se referían. En ese momento había seis personas tratando de resolver la situación y nadie podía tener una idea razonable.
—Espera un momento. — Habló Cora frunciendo el ceño. Las miradas de todos se concentraron en ella. — Dijiste que buscarías cada rincón de esta ciudad… Pero, qué tal si ella no está en esta ciudad.
Emma entornó los ojos mirando a Cora y la mujer supo que ambas estaban teniendo la misma idea.
—Claro. — Respondió la rubia.
—¿Qué nos estamos perdiendo? — Preguntó Killian mirando a su amiga.
—Regina… Ella me hablo so-sobre un tipo en Italia. — Respondió Emma. — Si ella no está aquí…
—La boda. — Interrumpió Killian — Se la llevaron para que se casara.
—Aun no entiendo nada. — Dijo Mary levantando una ceja.
—Gideon quería casar a Regina con un hombre Italiano. — Explicó Cora — Era como una clase de acuerdo de la mafia… Por eso Regina decidió escapar.
—¿Creen que se la llevaron a Italia? — Preguntó David sin poderlo creer.
—Puede ser una… opción. — Respondió Emma haciendo una mueca — Un momento. — La rubia entorno los ojos — Un boleto de ida. — Susurró ella.
—¿De qué hablas? — Preguntó su amigo.
—Gold, él me dijo que… Si Regina… se había ido ella… ella solo tenía un boleto… de ida.
Las miradas se intercalaron entre cada uno de los presentes en esa habitación.
—No estamos seguros de que te esté diciendo la verdad, Emma. — Dijo su padre cruzándose de brazos.
—Tengo el presentimiento de que… fue una pista. — Respondió la rubia.
—Solo hay una manera de averiguarlo. — Apoyó Killian.
—¿Crees que encontremos algo? — Preguntó Killian arqueando una ceja.
—Espero que sí. — Respondió David mirando al chico — Si no perderé mi trabajo.
Ambas estaban de pie frente al escritorio de la recepción del aeropuerto central de la ciudad. David había usado sus credenciales del FBI para pedir los videos de vigilancia de los últimos días. El encargado había accedido a entregárselos al instante en que vio la credencial de David y les había pedido que esperaran ahí.
El encargado regreso con una pequeña laptop y un disco duro portátil en las manos.
—Aquí está lo que pidieron, pero lamento informales que tendrán que verlos aquí, no puedo dejar que se lleven el disco duro sin una orden.
David miro al hombre y maldijo en su cabeza que se le hubiera escapado ese detalle. Él había hecho miles de órdenes de cateo y lo había olvidado en una ocasión tan importante.
—No hay problema. — Respondió él.
El hombre asintió y colocó la computadora, que ya estaba encendida, frente a ellos. Killian se adelantó y comenzó a presionar un par de teclas haciendo que en la pantalla se reprodujeran varias imágenes dividiendo la pantalla en cuatro. Killian presiono otro botón para que las imágenes pasaran rápido. Ambos movían los ojos observando la fecha y la hora en que las imágenes habían sido captadas y fue entonces, cuando la fecha de hace dos días vino a la pantalla mostrándoles que a media noche el rostro de Regina había sido captado junto al de dos hombres, una mayor que el otro.
Killian presiono una tecla haciendo que la imagen se pausara y él y David se miraron con cierta sorpresa.
—Creo que vamos a necesitar bastante ayuda para esto.
—¡Déjenme ir! — Gritó Regina sintiendo la garganta arderle.
Ella ya no sentía sus brazos y su cuerpo temblaba debido a al frio que se colaba por su ropa. Marco se acercó a ella y le dio un golpe en la espalda con un fuete haciendo que la morena soltara un chirrido de dolor.
—He dicho que te calles. — Le ordeno el entre dientes.
—Deberíamos de amordazarla. — Dijo otro hombre, mucho más joven, acercándose a Marco.
Agust, el hijo de Marco, le sonrió a Regina con una mueca divertida. Él chico era alto y fornido, con cabello castaño y corto, bastante atractivo y de ojos claros. Regina lo miro sintiendo las lágrimas recorrer su rostro; había perdido la cuenta de las horas que llevaba llorando, y justo cuando pensaba que sus ojos se habían secado, más lagrimas salían.
—Me gusta oírla suplicar. — Dijo Marco. — Tal vez la grabe para mostrársela a su padre.
Ambos hombres rieron y Regina sintió el fuete golpear su espalda baja y rasgar su blusa. Una vez más la morena grito con todas sus fuerzas pero nadie, aparte de esos dos hombres, podía escucharla.
—¡Son unos hijos de puta! — Dijo Regina entre dientes tratando de contener su dolor.
Ambos hombres soltaron una carcajada y Agust se acercó a Regina quedando a centímetros de su rostro.
—La princesita tiene carácter. — Dijo él — Eso me gusta.
La sonrisa retorcida del chico volvió a aparecer en su rostro y deslizó las manos por el cuerpo de la morena. Regina se retorció tratando de zafarse del contacto del chico pero no tuvo éxito. Las manos de Agust se deslizaron hasta el trasero de la chica y le apretó los glúteos.
—Tienes un lindo trasero. — Susurró cerca de su boca y después volteo a ver a su padre — ¿Por qué no vemos que tan firme es?
Marco sonrió sabiendo lo que su hijo quería que hiciera y segundos después el fuete estaba impactándose sobre los glúteos de Regina. Esta vez, la chica reprimió el grito de dolor apretando los dientes tanto que se mordió la lengua sintiendo el propio sabor de su sangre, pero no les daría el gusto de escucharla gritar una vez más. Después de aquel golpe, ella se sintió débil, a punto de desvanecerse. No había comido nada desde que la habían raptado, tampoco le habían dado de beber y había estado colgada todo ese tiempo. Habían comenzado a torturarla desde hace tiempo, y aunque no podía decir cuánto tiempo había pasado desde que estaba ahí, ella sabía que tenía varios días cautiva.
Los ojos de Regina comenzaron a cerrarse lentamente, estaba completamente segura de que iba a desmayarse, el dolor era demasiado intenso y su cuerpo ya no estaba en condiciones para soportarlo. Los ojos de la morena se abrieron como platos al sentir una bofetada que la dejo desorientada.
—¡¿Qué creen que están haciendo?!
Marco y Agust voltearon hacia la puerta de la habitación que dejaba entrar un halo de luz.
—¿Qué estás haciendo aquí? — Preguntó Marco avanzando hacia el hombre en la puerta.
—Asegurándome de que estén haciendo bien su trabajo.
Regina parpadeo varias veces antes de poder observar claramente al hombre, pero había reconocido su voz. Graham estaba caminando hacia ella y de pronto algo en ella se encendió dándole esperanza.
—¿Quién te dijo que estábamos aquí? — Cuestionó Agust.
—Mi padre me mando a supervisarlos. — Respondió Graham mirando al hombre.
—Creí que estabas en la cárcel por haberlo delatado. — Marco frunció el ceño.
—Todo era parte del plan. — Graham sonrió de medio lado — Pronto saldrá de la cárcel, y nos recompensara bastante bien.
—Bueno, por lo pronto, podemos seguir divirtiéndonos. — Agust miro a Regina quien estaba casi inconsciente.
—No la golpees en el rostro. — Le advirtió Graham — Tiene que verse bien para la boda.
—¿Qué? — La voz de la morena era un susurro y sus ojos apenas podían mantenerse abiertos.
—¿Creíste que escaparías de tu destino?— Graham se acercó a su hermana mirándola a los ojos.
En ese momento, toda esperanza que Regina tenía se desvaneció como cuando el viento apagaba una vela y supo que todo estaba perdido cuando Graham salió por aquella puerta.
