Siento mucho la tardanza pero no había podido actualizar y a modo de compensación les voy a dejar dos capítulos. Así que espero dos comentarios (sin presión jajaja). Espero les este gustando esta historia, todavía tenemos un poco por delante.

Gracias por leer


—Desátenla. — Ordenó Graham entrando a la habitación. Marco y Agust se miraron por unos segundos — ¿Qué no me escucharon? Desátenla.

Agust caminó hasta una esquina de la habitación en donde estaba la cadena que sostenía los brazos de Regina. Con un movimiento, quita la cadena del soporte y la morena cayó al suelo de golpe emitiendo un quejido.

—¿Qué quieres que hagamos con ella? — Preguntó Marco señalando a la chica.

—Déjenla descansar un poco. Tiene que ser capaz de decir "acepto" — Graham se acercó a Regina y se puso en cuclillas frente a ella. — Anímate hermanita, vas a tener tu gran día.

Regina abrió un poco los ojos y observo a Graham quien tenía una sonrisa de medio lado en el rostro. La morena cerró los ojos sintiendo que ya nada importaba, estaba débil y había perdido toda fuerza que le quedaba en el cuerpo. Sentía el suelo frio en su mejillas y en su cuerpo a través de la ropa hecha jirones; su cuerpo estaba ardiendo y sentía la garganta tan seca que parecía que nunca más iba a pronunciar palabra alguna.


—¿Regina va a estar bien? — Preguntó Robín con ese acento británico que tanto le gustaba a Zelena.

La pelirroja sostenía a su bebé en brazos mientras su esposo la observaba recargado en la barra de la cocina. Robín había ido al departamento de Emma para llevar a la bebé Robín con su madre y estar con su esposa. El hombre solo tenía unos cuantos moretones en el rostro y un corte en el labio.

—Esperemos que sí, cariño. — Respondió Zelena mirando a su hija.

Emma observaba la escena con algo de nostalgia, la bebé hacia que recordara al hijo que nunca pudo sostener en sus brazos. La pelirroja notó la mirada de Emma sobre ella y su hija y la miro de vuelta.

—¿Quieres sostenerla? — Preguntó ella acercándose a la rubia.

—¿Puedo?

El rostro de Emma se encendió cuando Zelena deposito a la bebé en sus brazos. La pequeña Robín balbuceo un poco mientras miraba el rostro desconocido de Emma y la pelirroja soltó una pequeña risita.

—Le agradas. — Comentó Zelena. — Esta sonriéndote.

Efectivamente la bebé está sonriendo y agitando sus manitas al aire con sus pequeños ojos verdes concentrados en el rostro de la rubia.

—Emma. — La rubia levanto la vista para observar a Zelena. — Van a encontrar a Regina, ¿Verdad? — Zelena tenía lágrimas en los ojos y podía sentir un nudo formándose en su garganta.

—Todo va a salir bien. — Emma estiro su brazo para tomar la mano de la pelirroja y darle un pequeño apretón. — Todo va salir bien.


—¿Cómo puedes estar tan calmada? — Preguntó Mary Margaret mientras ella y Cora entraban al edificio con bolsas de papel en las manos. — Quiero decir, tu hija está en dios sabe dónde y tu simplemente me ayudas con las compras.

—No malinterpretes mi aparente calma, querida. — Respondió Cora mientras entraban al elevador. — Estoy conteniéndome lo más que puedo de salir y matar a ese bastardo que tengo por esposo con mis propias manos.

—¿Fue difícil? — Mary arrugó la frente y después presiono el botón del elevador. — Vivir una vida que en realidad no querías, sentir miedo todo el tiempo.

—Al principio lo era… El miedo era paralizante, el no querer decir una sola palabra por temor a que el me apuntara con un arma o simplemente me golpeara. — Cora negó con la cabeza — Pero cuando vino Regina, mi valentía apareció y hacia todo por proteger a mi hija… Ella es lo único bueno que tengo de ese hombre.

—No puedo imaginarme como debió ser tu vida…

—Un infierno.

—Ellos la van a encontrar Cora, yo lo sé. — La pequeña morena sonrió ligeramente tratando de darle ánimos a la madre de Regina. Podía imaginarse lo que estaba pasando, ella había pasado lo mismo cuando Emma estaba tendida en una cama de hospital luchando por su vida.

Cora le sonrió con lágrimas en los ojos y rogo porque aquella mujer tuviera razón. No podía perder a su hija en manos de Gold, jamás se lo perdonaría.


—Despierta princesita. — Canturreó Agust mirando a Regina tendida en el suelo.

Regina intento abrir los ojos pero sus parpados se sentían demasiado pesados para hacerlo. Segundos después, sintió agua helada caerle encima y comenzó a toser intentando no ahogarse.

—Levántate. — Le ordeno Agust. — Es el día de tu boda.

Regina abrió los ojos sintiéndose empapada y agitada. Agust estaba frente a ella con una sonrisa maliciosa y Marco los observaba desde un rincón de la habitación.

—Desnúdala. — Le dijo Marco a su hijo haciendo un gesto con la cabeza.

Agust la miro relamiéndose los labios y Regina solo recargo su espalda en la pared sintiéndose demasiado agotada para luchar.

—No la toques. — Le advirtió Graham entrando a la habitación. El chico miro a su hermana y ella lo observo caminar hacia ella con una bolsa en las manos. — Lo hare yo.

—Como quieras. — Agust se levantó y le mostro las palmas de las manos.

Graham se hinco frente a su hermana y de la bolsa saco un vestido blanco y bombacho. Regina miro a su hermano y sintió ganas de llorar mientras su cuerpo temblaba por frio.

—Coopera conmigo. — Le dijo él de una manera suave — No hagas esto más difícil. — La morena siguió mirándolo mientras se abrazaba a sí misma. — Vamos Regina, quítate la ropa. — Ella siguió mirándolo. — ¡Ahora! — Grito él provocando que Regina saltara del susto.

Las lágrimas volvieron a sus ojos y sintió como rodaban por sus mejillas; con las manos temblorosas se quitó lo que quedaba de su blusa y sintió su espalda arder debido a las heridas que habían abierto los golpes. Bajo la mirada al suelo sintiendo el estómago revuelto ante la idea de que estuvieran mirando su cuerpo.

—Apresúrate. — Le pidió Graham levantándose y tomando el vestido para bajarle la cremallera — Tenemos poco tiempo.


Regina sentía el vestido ajustarse a su cuerpo adolorida y quería arrancárselo al sentirlo ardiendo en sus heridas. Sus manos estaban atadas a su espalda y Graham la estaba obligando a caminar. La morena caminaba con los entrecerrados debido a la gran luz que había en el ambiente; no sabía hacia donde iba, pero podía oler el océano y sentir el sol sobre su piel.

Después de lo que le parecieron horas de caminar, los tres hombres y ella llegaron a una pequeña elevación sobre el nivel del mar; se podía escuchar el chocar de las con las rocas y la brisa marina se hacía presente. Regina se quedó paralizada cuando observo las decoraciones frente a ella y justo a unos metros de la orilla de la vertiente, estaba un arco de flores blancas y de tonos pastel. Un hombre vestido con una sotana estaba dejaba y al lado de él otro hombre vestido con un traje color beige. El hombre era alto y de cabello castaño, tenía un cuerpo atlético y estaba de pie en posición de descanso mirando fijamente a Regina.

Graham tomó el brazo de su hermana y lo enlazó con el suyo para después caminar hacia el hombre que no le quitaba la vista de encima. Cuando estuvieron frente a él, el hombre sonrió ampliamente mirando a Regina.

—Como mi padre lo prometió. — Habló Graham — Mi hermana se casara contigo en cuanto firmes los contratos.

—Soy un hombre de palabra. — Respondió Daniel sin borrar la sonrisa de su rostro y extendió el brazo.

Un hombre apareció por uno de sus costados entregándole un sobre amarillo para después regresar a su puesto en donde era prácticamente invisible.

Daniel tomó una pluma de la mesa que estaba frente al sacerdote y se recargo en esta para firmar los papeles dentro del sobre. Segundos después, los papeles estaban de vuelta en el sobre y Daniel se giró para entregárselos a Graham.

—Espero que esta no sea solo una relación comercial. — Habló él — Después de todo, vamos a ser cuñados.

Regina sintió ganas de vomitar y desmayarse, aunque no estaba segura cual vendría primero. Daniel la tomo por el brazo y la acerco a él para colocarse delante del sacerdote. Lo único que mantenía a la morena de pie era el fuerte agarre del hombre. Graham estaba detrás de ellos, observando la escena en silencio y con el rostro sin expresión alguna, el chico sabía que Marco y Agust estaban a unos metros de distancia y de alguna manera pudo sentir las miradas sobre él.

El sacerdote comenzó a hablar de una manera calmada y en italiano. Regina no entendía nada de lo que estaba diciendo, solo estaba ahí mirándolo mover los labios pero en realidad no escuchaba lo que decía. Sentía los oídos tapados y un pillido llegarle al centro de su cerebro; manchas negras comenzaron a nublar su visión y después cayó al suelo sin que nadie lo pudiera evitar.

Graham avanzó con rapidez hacia su hermana intentando sostenerla y Daniel solo la observo tendida en el suelo.

—No es nada. — Dijo él dirigiéndose al sacerdote. — Ella acepta.

—Yo creo que no.

Daniel giró para observar a dos hombres apuntando con sus armas hacia él y de pronto todo el lugar estaba lleno de hombres armados apuntando a sus lacayos y a los de Gold. Daniel comenzó a dar un par de pasos hacia atrás pero se detuvo al escuchar el cargador de un arma a su lado.

Él desvió la mirada y pudo ver a Graham apuntándole con una pistola en la sien. Daniel sonrió divertido y pequeñas carcajadas comenzaron a escapar de su boca.

—Todo era una trampa. — Dijo él.

—¡Eres un hijo de perra! — Graham desvió la vista hacia Agust quien tenía la cara roja de coraje.

Los agentes armados hicieron que él y su padre se hincaran en el suelo y en ese momento, en ese minuto y medio en el que Graham se distrajo, Daniel saltó del risco a toda velocidad. El chico pudo sostenerlo del saco evitando que Daniel callera pero en un abrir y cerrar de ojos, el hombre levanto los brazos y miro a Graham antes de caer al océano.