Hola! Les traigo un nuevo capítulo y espero que les guste. Se que muchas de ustedes están pidiendo porque pare el sufrimiento de las chicas y que me deben estar odiando, pero aun así espero que les siga gustando esta historia. La verdad tenía planeada que fuera más corta pero las ideas han estado viniendo a mí y creo que va a haber varios capítulos más. Por lo pronto les dejare este y otro capítulo más para compensar la tardanza.
Gracias por leer.
—Las heridas en tu espalda son bastante profundas, así que necesitan un poco más de cuidado y observación para prevenir que se infecten. — Explicó el doctor revisando el expediente en sus manos — Estas un poco deshidratada pero la intravenosa va ayudarte a reponer las sales y fluidos que perdiste. La tomografía no muestra ninguna hemorragia o daño cerebral, así que en un par de días podras irte de aquí.
Regina miraba al doctor con los ojos entrecerrados y lo escuchaba hablar pero en realidad no estaba prestándole atención. Era ese doctor pelirrojo, con el que había visto a Emma y estaba segura que él había atendido a la rubia cuando ella había estado ahí.
—¿Usted es el doctor de Emma Swan? — Preguntó la morena sin cambiar su expresión.
El pelirrojo frunció el ceño y cerro la carpeta del expediente sin dejar de mirar a Regina.
—Lo era, sí.
Regina asintió haciendo una mueca.
—¿Ella le gusta?
—No creo que deba discutir eso con usted… — Respondió el doctor Hunt.
—Respóndame. — Insistió Regina — ¿Ella le gusta?
El doctor se aclaró la garganta y abrazó la carpeta del expediente pegándola a su pecho. Desvió la vista por unos segundos y después regreso sus ojos a la chica.
—Así es… Emma, me atrae.
Regina apretó los labios en una línea y sintió varias veces de una forma lenta.
—Cuídela mucho… Emma es una gran mujer y, doctor tal vez usted sea muy bueno en su trabajo, pero nada lo va a salvar del dolor que va a sentir cuando cada uno de sus huesos se rompan si usted llega a lastimar a esa mujer. — Advirtió ella con una mirada decidida finalizando con una pequeña sonrisa malévola.
Hunt abrió la boca para decir algo, pero las palabras no salieron. Él clavó la mirada en el suelo y caminó fuera de la habitación.
—Entonces… — Zelena miro al doctor con una pequeña sonrisa — ¿Te asutó?
La pelirroja dejo escapar una risita al ver el rostro confundido del doctor cuando levanto la vista para mirarla.
—Bueno, supongo que no quiere que lastime a su amiga. — Respondió Hunt.
—No lo entiendes, ¿Verdad? — Zelena arrugó la nariz — La rubia tonta no es amiga de mi hermana. Ella es el amor de su vida. — Hunt frunció el ceño y ella sonrió — Regina ama con todo su ser a Emma, aunque en realidad no sé qué le ven. —Zelena negó con la cabeza e hizo un gesto de disgusto — De todos modos, ellas se aman, tuvieron algo y ahora la rubia está contigo. Así que cuídala o ya la escuchaste.
—Hable con tu amiga. — Comentó Owen para después tomar un sorbo de su copa de vino. — Regina.
Emma entornó los ojos y tosió un par de veces sintiendo como la comida luchaba para bajar por su garganta.
—¿A sí? ¿Cómo estas ella? — La rubia trato de hacerse la desentendida ante la fija mirada del doctor.
—Deberías preguntárselo. — Él apoyo los codos sobre la mesa y Emma solo lo miro — Aunque parece ser que está en perfectas condiciones. Tanto que me advirtió que si me atrevía a lastimarte básicamente rompería cada uno de mis huesos.
—¿Ella dijo eso? — Preguntó Emma un poco aturdida al imaginarse a Regina diciendo aquellas palabras.
—Así es. — Owen se aclaró la garganta — Pero lo más interesante fue lo que después me dijo su hermana.
—¿Zelena?
—Ella me dijo que Regina estaba enamorada de ti… Ella me dijo que ustedes dos tuvieron algo.
—No quiero hablar de eso, Owen. — Se apresuró a decir la rubia.
—Solo quiero saber la verdad. Quiero saber a lo que me estoy enfrentando…
—Owen. — De pronto, Emma se sintió exhausta — Por favor.
—Está bien. — Hunt tomó los cubiertos entre sus manos — No voy a hablar de eso hasta que tú estés lista para decirme que fue lo que paso entre ustedes.
Emma no respondió y solo alargo la mano para tomar su copa de vino, le dio un largo sorbo y agradeció el hecho de que Owen estuviera concentrado en su comida ahora.
Las calles estaban húmedas por la reciente lluvia, los pasos resonaban en el pavimento y el aire se sentía frio y pesado. Owen empujaba la silla de ruedas de Emma en completo silencio mientras avanzaban hacia el estacionamiento del restaurante. Su falta de conversación se había hecho presente desde el momento en que Owen había mencionado a Regina y desde entonces solo unas cuantas palabras fueron pronunciadas.
—¿Tienes frio? — Preguntó él cuando observó que Emma se tomaba los brazos.
—Un poco.
Owen se detuvo y camino unos cuantos pasos para colocarse frente a la rubia mientras se quitaba el saco. Él se inclinó hacia ella colocando el saco en los hombros de Emma y le dedico una pequeña sonrisa.
Se miraron a los ojos y la sonrisa del pelirrojo se hizo más amplia y Emma le respondió con una mueca parecida a una sonrisa. Owen se acercó lentamente a la rubia y deslizó sus labios en los de ella dándole un suave beso. Emma cerró los ojos y dejó el momento pasar. Cuando sus labios se despegaron, Owen la miro con una pequeña sonrisa mientras se mordía el labio inferior y la rubia solo sonrió ligeramente.
—¿Cómo esta ella? — Preguntó Regina mirando a su hermana.
—¿Quién?
La morena rodo los ojos y Zelena sonrió de medio lado. Estaba recargada en la pared frente a la cama de su hermana, a un lado de la puerta observando a Regina.
—Ella está bien. — Respondió la pelirroja — Parece que ya recupero del todo el habla y la movilidad de los brazos, pero aún sigue en silla de ruedas.
—No me sorprende que no haya venido aquí para verme. Debe estar odiándome.
—O es una verdadera tonta.
—Zelena. — La reprendió su hermana.
Un par de golpecitos en la puerta distrajo a las chicas de su conversación y ambas observaron a Mary Margaret entrando a la habitación.
—Hey, ¿Cómo te sientes?
—Estoy bien.
Regina estaba realmente confundida al ver a la madre de Emma frente a ella. Lo último que había sabido de ella era que tanto Mary como David estaban tan molestos con ella por haber arriesgado la vida de su hija que no querían ni verla en pintura.
—Me alegro mucho. — La mujer le dedico una pequeña sonrisa y después miro a Zelena quien asintió con la cabeza a manera de saludo — ¿Sera posible que podamos hablar?
—No pensé que quisieras hablar conmigo. — Respondió la morena frunciendo el ceño.
—Las cosas cambiaron un poco. — Mary se aclaró la garganta — Tu madre aclaro las cosas con nosotros y sabemos que no tienes la culpa de nada de lo que ha pasado.
—En verdad me sorprende que piensen eso… David prácticamente quería meterme a la cárcel…
—Regina. — La mujer se inclinó y tomó la mano de la chica — Estoy tratando de disculparme contigo y no lo estás haciendo nada fácil.
—Lo siento. — Susurró la morena bajando la mirada.
—Las dejare solas. — Interrumpió Zelena para después salir de la habitación.
Mary rodeo la cama para sentarse en la silla de madera permitiéndole de una manera más cómoda observar a Regia.
—Siento mucho que David haya actuado de esa manera. Pero debes entender que para nosotros saber quién era tu padre y que él había lastimado a Emma.
—Por mi culpa…
—No fue tu culpa. — Se apresuró a decir Mary — Lo que paso con Emma no fue tu culpa, tu eres una más de las víctimas de tu padre.
—Creo que Emma no piensa lo mismo.
—Emma está pasando por un momento difícil. — Replicó la mujer — Pero ella no te culpa, nadie lo hacemos.
—Discúlpame si no te creo Mary, pero ella ni siquiera ha venido por aquí.
—Amo a mi hija, pero a veces puede ser tan testaruda como su padre. Ella no está bien Regina, y no habló solamente físicamente. Se está recuperando de una situación difícil, pero no creo que lo esté haciendo de manera correcta.
—¿A qué te refieres? — Regina arqueo las cejas.
—Está saliendo con su doctor. — Explico Mary — O su ex doctor. — Ella agitó la cabeza — Ya no lo sé. Pero lo está haciendo solo para poder superarte. Y esta cometiendo un gran error porque ella te ama a ti.
—Yo no estaría tan segura de eso…
—Ella te ama Regina. Luchó tanto por encontrarte… Ella fue la que descubrió todo el pan. Killian y David prácticamente hicieron lo que ella les dijo. Ella te ama. — Reitero Mary — No lo dudes.
—Me voy, Mary. — Informó Regina sintiendo un nudo en la garganta.
—¿Qué? — La mujer habló en un susurró abriendo como platos sus ojos verdes.
—No voy a quedarme aquí a ver como destruyen lo que amo.
—No puedes irte…
—La decisión está tomada. — Los ojos de Regina se llenaron de lágrimas — Nunca voy a ser libre y no voy a arriesgar a nadie por eso.
