Una disculpa enorme por la tardanza, se que no la merezco pero este fin de semestre consumió todo mi tiempo. Espero les guste el capítulo y me dejen sus comentarios que siempre me encanta leer.

Gracias por leer.


—Supongo que las dejare solas. — Habló Zelena.

Ambas chicas la siguieron con la mirada y Emma hizo avanzar un poco su silla para dejar pasar a la pelirroja.

—Emma, ¿Qué estás haciendo aquí? — Preguntó Regina atrayendo la atención de la rubia.

—No dejándote ir.

Emma avanzó un poco más hacia la morena y la observo cruzarse de brazos. Lucia cansada, estaba más delgada y tenía ojeras además de golpes en el rostro. El corazón de la rubia dio un vuelco al observarla de aquella manera.

—Nada que digas me va a hacer cambiar de opinión.

—Cinco dólares. — Se apresuró a decir Emma.

—¿Perdón? — Regina arrugo la frente y dejo que su peso descansara en una de sus piernas.

—Te apuesto cinco dólares a que puedo hacerte cambiar de opinión. — La morena sonrió tímidamente y negó con la cabeza.

—Adelante.

—No te vayas. — Susurró ella haciendo una mueca, sintiendo un nudo en su garganta — No quiero que te vayas… Regina, sé que crees que tienes que hacer esto, sé que crees que es la única manera; sé que estas asustada y yo también lo estoy, pero no puedo dejar que eso nos separe. No puedo dejar que el miedo se interponga.

—Emma… — Susurró la morena.

—Déjame terminar. — Emma colocó su rubio cabello detrás de sus orejas y se relamió los labios — Sé que he sido una completa idiota, sé que debí estar al lado de esa cama desde el momento en que llegaste a este hospital y que debí haber tomado tu mano. Debí haber pasado las noches en vela como tú lo hiciste conmigo, porque te amo, y ese amor, es el mismo que me dice que mientras estemos juntas podemos sortear todos los obstáculos… — Ella avanzó un poco más y se estiro para tomar la mano de la morena. Regina sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. — Mi madre me dijo que al tratar de protegernos estamos haciéndonos más daño y creo que tiene bastante razón, no se lo digas o ella va a creer que siempre tiene la razón y solo a veces la tiene. — Regina sonrió — Mi punto es: No puedo, no quiero, vivir sin ti. Por favor, quédate. — El nudo en la garganta de Emma hizo que las últimas palabras salieran como un susurró.

—Emma, tu viste lo que paso la última vez que me quede, estas sufriendo esas consecuencias ahora. — Regina sintió las lágrimas caer por sus mejillas — No puedo hacerte esto de nuevo, solo voy a traerte más problemas…

—Tú eres mi problema. — Emma interrumpió dándole un apretón a la mano de la morena — Regina, se en lo que me estoy metiendo y por mi mente no hay ni una pisca de duda en que quiero que seas mi problema. — Regina apretó sus labios sintiendo cada vez más lágrimas caer por su rostro y con la mano libre las limpió rápidamente — Di algo.

—Bueno, supongo que te debo cinco dólares.

Ambas chicas sonrieron y se miraron sintiendo como una presión desaparecía de su pecho.

—¿Me vas a besar? — Preguntó la rubia — Yo lo haría pero no puedo levantarme…

Regina se inclinó con rapidez y tomo los labios de Emma entre los suyos mientras colocaba sus manos sobre las mejillas rosadas de la rubia. Emma colocó sus manos sobre los brazos de la morena y se dejó llevar por un placentero y deseado beso que le quitó la respiración.


—Llamare a mamá para darle la noticia. — Informó Zelena tomando su teléfono y caminando hacia la puerta del departamento.

Las tres chicas habían llegado al departamento de los padres de Emma y desde entonces Mary Margaret no podía dejar de mirarlas con una sonrisa boba. Regina estaba sentada en el sofá sosteniendo la mano de Emma quien se encontraba a su lado.

—Creo que vamos a tener a alguien muy molesta tocando a la puerta en cuanto esa llamada termine. — Comentó Emma mirando a la morena.

—Apuesto a que sí.

La puerta se abrió atrayendo la atención de las mujeres y trayéndoles sorpresa al observar a David y Killian entrar al departamento.

—¿Por qué estás en casa tan temprano? — Preguntó Mary dirigiéndose a su esposo.

—¿Killian? — Lo llamó la rubia al darse cuenta del rostro preocupado de su amigo.

—Ha sucedido algo. — Respondió David mirando a su hija. — No esperábamos encontrarte aquí Regina. — Él miro a la morena y esta frunció el ceño.

—¿Qué pasa? — Regina se levantó del sofá y avanzó unos cuantos pasos hacia David sin soltar la mano de Emma.

David y Killian se miraron y después el rubio observo a su hija. Emma soltó la mano de Regina para acomodar su silla de ruedas y mirar a su padre de frente.

—¿Qué es lo que pasa? — Insistió ella.

—Ocurrió un… accidente, — Killian se aclaró la garganta para seguir hablando — en la prisión.

—¿Le sucedió algo a Graham? — Preguntó Regina apresuradamente.

Emma volvió a tomar la mano de la morena tratando de tranquilizarla pero la respiración de Regina se había agitado.

—No, tu hermano está bien. — Respondió David — Tu padre, él… él está muerto.

—¿Cómo paso eso? — Preguntó Emma ante el aparente silencio de Regina.

—Lo apuñalaron en el cuello. Se desangro antes de que pudieran llevarlo a un hospital.

—Él está muerto… — Susurró Regina mirando al suelo.

—Hay algo más. — Agregó Killian haciendo que todas las miradas se concentraran en él. — Graham, él lo hizo… Él mató a tu padre.

La mano libre de Regina se fue hacia su boca abierta y sintió sus ojos inundarse con lágrimas.


—¡¿En qué estabas pensando?! — Exclamó Regina mirando a su madre.

Después de la llamada de Zelena, Cora se había precipitado a llegar al departamento de los Nolan y se había encontrado con la sorpresa de que su esposo había muerto. Su respuesta fue "sabía que lo haría" mientras miraba a su hija. Cora les había confesado que le había pedido a Graham que asesinara a Gold y el caos se había desato en el interior del departamento.

—¡Estaba intentando protegernos! — Respondió la mujer alzando los brazos — Estaba intentando protegerte.

—Arruinaste su vida. — La morena apretó la mandíbula sintiendo las lágrimas escapar de sus ojos. — Él iba a salir, él iba a…

Regina agachó la cabeza mientras sollozaba y Emma tomo su mano apretándola con fuerza.

—Solo quería protegerte… — Susurró Cora sintiendo las lágrimas arder en su garganta.

—Todo va a estar bien. — Habló Emma — Papá.

David miró a su hija y asintió.

—Yo me encargo.


Días después.

—Tienes que tranquilizarte. — Habló Emma desde su silla de ruedas observando como Regina caminaba de un lado a otro en la habitación.

—No puedo estar tranquila sin saber qué es lo que va a pasar con Graham. — Respondió la morena poniendo sus manos en sus caderas.

—Pienso que necesitas descansar. Si no sabemos nada aun quiere decir que nada malo ha pasado. — Regina se detuvo, miro a la rubia y negó con la cabeza. — Durmamos un poco, te prometo que te hará sentir mejor dormir más de tres horas.

Los últimos días, Regina no había dormido bien, deambulaba por la habitación o pasaba bastante tiempo en la cocina mirando por las ventanas hacia la calle. Emma lo notaba, sentía el espacio vacío a su lado y lo que más le desesperaba era no poder moverse por sí sola para poder estar con ella.

La morena resopló y camino detrás de Emma quien con un movimiento colocó su silla de ruedas al lado de la cama. Regina se inclinó tomando a la rubia por la cintura y le rodeo el cuello con los brazos ayudándola a levantarse para después depositarla sobre la cama.

Al principio, para Emma había sido difícil tener que depender de la ayuda de Regina para recostarse en la cama, o para levantarse al día siguiente, incluso para ir al baño o tomar una ducha. Sabía que a Regina no le molestaba porque ella sentía que la condición de la rubia era su culpa, pero aun así, no podía acostumbrarse a depender de alguien más, sobre todo no de Regina. Se sentía vulnerable, inútil y de alguna manera cobarde. Emma siempre había sido la valiente, la que hacia todo por sí sola, la que había salvado a la morena y la había ayudado y ahora que los papeles se invertían simplemente la hacía sentir como si hubiera perdido su esencia.

Regina se recostó del otro lado de la cama y se acomodó su cabeza en el hombro de la rubia. Emma estiro el brazo para rodear a la morena y esta dejo escapar un suspiro.

—No creo que pueda dormir. — Susurró ella.

—Tengo una mejor idea. — Le respondió Emma.

Regina levantó un poco la cabeza para mirar a la rubia de ojos lindos quien sonreía de medio lado. La chica sonrió sabiendo lo que tenía en mente y se inclinó para besarla. Ambas sonreían entre besos y Regina había colocado su cuerpo boca abajo y las manos en el rostro de Emma para besarla a su antojo. Se sentía tan bien estar entre sus brazos y saborear aquellos labios que pensó que jamás volvería a probar. Emma deslizaba sus manos por la espalda de la morena apretándola contra su cuerpo; quería sentirla cerca, tan cerca que se sentía frustrada por no poder colocarse sobre ella y arrancarle la ropa.

Los besos habían subido de nivel y Regina deslizó sus manos debajo de la blusa de la rubia haciendo que su piel se erizara. Emma suspiró cuando sintió los carnosos labios de la chica recorrerle el cuello y apretó los labios cuando sintió la lengua de Regina recorrer su oreja.

Ambas chicas se exaltaron al escuchar un golpeteo insistente en la puerta y con la respiración agitada se miraron.

—La cena esta lista chicas. — Habló Mary Margaret del otro lado de la puerta y volvió a golpear.

—Necesitamos regresar a tu departamento. — Susurró Regina.

Emma asintió con una pequeña sonrisa y ambas rieron por lo bajo.


Emma y Regina salieron de la habitación dispuestas a enfrentar a Mary Margaret con la decisión que habían tomado la noche anterior sobre regresar al departamento de Emma. Ahora que la rubia no estaría sola, no había motivo alguno por el que no pudiera regresar.

La rubia carraspeo para atraer la atención de sus padres quienes hablaban entre ellos con una taza de café en las manos, sentados en el sofá. Mary Margaret y David giraron la cabeza para observar a las chicas por encima de su hombro.

—Que bien, por fin despertaron. — Las saludó Mary levantándose del sofá — El desayuno está en la estufa por si tienen hambre.

—De hecho, queremos hablar con ustedes. — Respondió Emma mirando de reojo a Regina quien estaba a su lado.

—¿Sobre qué? — Mary arqueo las cejas y desvió la vista hacia su esposo que aún estaba en el sofá.

—Quiero regresar a mi departamento. — La rubia habló con firmeza, lo que hizo que sus padres intercambiaran miradas — Sé que no creen que sea lo más adecuado porque piensan que tienen que tenerme vigilada…

—Está bien. — Respondió su madre.

—¿Qué?

Emma estaba realmente sorprendida ante la apresurada y positiva respuesta de su madre.

—No veo porque no puedas regresar a tu departamento ahora que Regina está contigo. — Continuó Mary — Sabemos que ella cuidara de ti.

Regina sonrió al ver que Mary le sonreía y en ese momento se sintió realmente parte de algo. Sabía que los padres de Emma estaban haciendo su mejor esfuerzo al aceptarla de vuelta después de todo lo que había pasado, pero en ese momento se había dado cuenta de que no solo eran intentos.

—Prometo que la cuidare con mi propia vida. — Habló la chica.

—Lo sabemos.

—Bueno, supongo que comenzaré a empacar. — Emma se encogió de hombros — Tal vez después puedas ir a casa de tu hermana a recoger tus cosas. — Habló dirigiéndose a la morena.

Regina asintió y ambas se dedicaron una pequeña sonrisa para después comenzar a caminar hacia la cocina.

—Regina. — La llamó David haciendo que la chica se detuviera para mirarlo — Tengo noticias de Graham. Ayer en la noche recibí una llamada, era muy tarde y no quise despertarlas.

—¿Qué pasa con mi hermano? — Preguntó ella con la preocupación haciéndose presente en su rostro.

—Parece que Graham actuó en defensa propia. — Él se encogió de hombros — La policía y el juez creen que no es motivo para alargar la condena de Graham. Y debido a la ayuda que él presto, está bajo consideración disminuir su condena. — El rostro de la morena comenzó a relajarse poco a poco con las palabras de David — Tendremos que esperar un poco más de tiempo para obtener su libertad condicional, pero es una posibilidad aun.

Regina dejo escapar una pequeña sonrisa y sintió su respiración relajarse. Sabía que David había ayudado en el caso de su hermano porque todos ellos sabían que Graham había matado a Gold a sangre fría todo por el chantaje de Cora. Y ahora, saber que su hermano estaba libre de todo eso porque David había movido algunos hilos, la hacia querer tirarse en sus brazos y agradecerle como una loca. David notó la mirada humeda de Regina y solo asintió con la cabeza haciéndole saber que todo estaba bien, que no tenía que preocuparse de nada.

—Gracias. — Susurró ella. — Enserio, muchas gracias.