Semanas después.
—¿Puedo pasar? — Preguntó Killian dando unos pequeños golpes a la puerta.
Emma levantó la vista del libro que tenía entre las manos y miro a su amigo de pie en el marco de la puerta.
He vuelto y les traigo otro capítulo de esta historia que se esta alargando más de lo que tenía planeado jajaja, espero no les moleste. Como siempre me encanta leer sus comentarios y me hace muy feliz saber que les gusta esta historia. Sin más por el momento les dejo el capitulo que espero y les guste y espero leer sus reviews. Ya saben que sus opiniones y comentarios siempre son bienvenidos.
Gracias por leer.
—Hey, ¿Qué haces aquí? Pensé que vendrías más tarde. — Saludó la rubia poniendo el libro de lado.
—Traje un poco de comida para antes de llevarte a tu terapia. — Él se encogió de hombros mientras caminaba hasta la cama. — Supuse que podía salvarte un poco de la comida de Regina.
—Ella no cocina tan mal. — Killian le dedico una mirada mientras se sentaba al lado de su amiga. — Esta bien, pero no se lo digas… Ella en verdad lo intenta.
Ambos rieron por lo bajo. Regina no era un haz en la cocina pero por lo menos podía manejar los huevos revueltos y el pan tostado.
—Tengo que hablar contigo sobre unas cosas, Swan.
—¿Está todo bien? — Preguntó Emma frunciendo el ceño.
—Sí, sí, todo está bien. — Respondió él con rapidez — Pero he tomado algunas decisiones.
—Está bien, continúa.
—Voy a renunciar a la estación.
—¿Por qué? — La rubia estaba sorprendida ante aquella noticia y ante el demasiado apacible rostro de Killian.
—El FBI me ofreció un puesto… Les agradó mi desempeño y colaboración con el caso de Regina. — Él se encogió de hombros — Es un buen trato y sobre todo un buen sueldo.
—Tu amas tu trabajo… ¿Por qué renunciar a el?
—Belle está embarazada. — Killian sonrió y Emma hizo lo mismo — Y quiero estar con ella más tiempo y el dinero va a ayudar mucho. Ahí tendré horarios establecidos y más beneficios para Belle y el bebé.
—Me alegra mucho por ustedes. — Emma tomó la mano de su amigo — Pero extrañare verte por la estación cuando regrese… bueno, si regreso.
—Bueno, esa es otra buena noticia… El jefe quiere que regreses de inmediato. Claro, será en su mayoría trabajo de escritorio hasta que te recuperes por completo… Así que si ya terminaste de holgazanear Swan, tu trabajo te espera.
Dos meses después.
Regina entro al departamento deseando quitarse el uniforme y darse un baño. Había recuperado su empleo al minuto siguiente de poner un pie en la cafetería; Lorna la había abrazado tan fuerte que la dejo sin aliento y después de atravesar toda la complicada historia, la mujer le había dicho a Regina que su empleo esperaba por ella. La chica sabía que se volvería loca en el departamento sin hacer nada ahora que Emma había vuelto al trabajo, así que no había dudado ni dos segundos en aceptar.
La morena resopló mientras aventaba su chaqueta al sofá y soltaba su cabello de la coleta que lo contenía. Caminó arrastrando los pies hacia el pasillo que la llevaría al baño y se detuvo al encontrar a Emma afuera de la habitación en donde al principio Regina solía dormir. La rubia tenía la cabeza recargada sobre la pared y la vista perdida en algún lado de la habitación.
—Llegaste temprano a casa. — Habló la morena colocándose frente a ella.
—Movieron mi terapia para mañana. — Respondió Emma aun mirando hacia dentro de la habitación.
—¿Todo está bien? — Regina frunció el ceño y se recargo en la pared cruzándose de brazos — ¿Tuviste un buen día en el trabajo?
—Estoy cansada de trabajo de escritorio… Pero es lo único que puedo hacer, ¿Cierto?
—Emma. — La chica se acercó a la rubia y se puso en cuclillas para quedar a su altura — ¿Qué pasa?
La rubia giro lentamente su cabeza y miro a Regina por unos segundos apreciando la belleza de la chica a pesar de su rostro preocupado.
—Tenemos una habitación vacía. — Respondió ella.
—¿Y…?
—Tenemos espacio para alguien.
—¿Para quién?
—Hay un caso en la estación en el que he estado trabajando. — Emma enderezó su postura y se relamió los labios — Es acerca de un niño con algunos problemas en sus hogares adoptivos y están a punto de llevarlo a una casa hogar…
—¿En qué estás pensando? — Cuestionó Regina con una mirada algo confundida.
—Tenemos una habitación. — Respondió la rubia con una pequeña sonrisa — Y el niño no tiene a nadie…
—¿Quieres adoptar a un niño? — La chica se levantó rápidamente mirando a Emma.
—Quiero darle un hogar en lo que él encuentra a una familia que se haga cargo… Regina, se la clase de vida que tienen estos niños y el apenas tiene 5 años y ya ha pasado por más de 10 hogares…
—Emma, es un niño del que estamos hablando.
—Lo sé, pero debes entender que no puedo hacerme la desentendida ante un niño de cinco años que está en suficientes problemas como para pasar su adolescencia en un reformatorio. Es un niño y si no recibe la orientación adecuada puede terminar mal…
—¿Y crees que nosotros somos la orientación adecuada? — Regina se pasó las manos por el cabello — Emma, soy la hija de un narcotraficante muerto, mi hermano está en la cárcel, mi madre tuvo una hija a la que dio en adopción y tu estas en una silla de ruedas porque aparecí en tu vida… Tal vez tú seas el mejor ejemplo para ese niño porque eres valiente y tienes una familia que te apoya y tienes un buen corazón pero no estoy segura de que yo lo sea.
Emma resopló rodando los ojos y puso las manos en las ruedas de su silla para comenzar a moverla.
—Solo piénsalo… Es un niño que necesita un hogar, no a la mujer maravilla.
—¿Disfrutando de los casos de servicio social, Swan?
Emma levanto la vista y observó a Killian caminando hacia ella con una pequeña sonrisa en los labios.
—Hey, ¿Ya te aburriste del FBI y quieres regresar? Porqué están a punto de darme tu oficina y no creo que la puedas recuperar.
—Eso debe tenerte saltando de la emoción — Killian se sentó frente al escritorio de su amiga y ambos rieron.
—Pues si pudiera saltar, no dudes que lo haría. — Emma puso los codos sobre su escritorio — ¿Qué te trae por aquí? ¿Todo bien con Belle?
—Todo está bien con Belle… Pero, recibí una llamada de tu madre, bastante preocupada porque tú y Regina parecen distanciadas.
—No puede ser. — Emma rodó los ojos.
—¿Puedes decirme que es lo que está pasando? — Él levanto las cejas y se cruzó de brazos tratando de contener una sonrisa divertida.
—Regina y yo… Digamos que hubo un pequeño desacuerdo.
—Continua.
—Para hacer la historia corta… Yo quiero darle un hogar temporal a un niño de uno de los casos en los que estoy trabajando y ella no cree que sea una buena idea. — Killian asintió frunciendo el ceño — Di algo.
—Creo que estaba vez, Regina tiene razón… Sabes que no debes involucrarte en los casos, Swan.
—No es solo un caso, es un niño que necesita ayuda… Tú mejor que nadie debes saber sobre eso…
—Y también sé que no es nada sencillo cuidar a un niño que ha pasado toda su vida sintiéndose no deseado… Tienes que pensar bien en lo que quieres hacer.
—Lo pensé bien, Killian. Antes de hablar con Regina, el asuntó había estado en mi mente por días. — Emma negó con la cabeza — El niño necesita alguien que cuide de él, alguien que se preocupe, que le muestre que la vida no apesta.
—Y tú quieres ser esa persona.
—Quiero ser quien le haga ver que aún tiene una oportunidad. Él es pequeño, puede encontrar una familia aun, pero necesita alguien que pueda enseñarle eso.
—No estoy en contra de todo este asunto de hogar de acogida. — Él se inclinó hacia el frente poniendo sus codos sobre sus rodillas — Pero tienes que entender que no va a ser fácil, Emma.
—Lo sé… Pero en verdad quiero esto.
—Creo que estás exagerando — Zelena recargo los codos en la barra mientras miraba a su hermana rellenar los azucareros.
—¿Estoy exagerando? — Repitió Regina arqueando una ceja — Quiere que prácticamente seamos madres de un niño. Digo, no sé si me has visto pero muy apenas puedo manejar mi vida...
—Estoy muy consciente de eso.
—Y de pronto ella solo quiere traer a un niño a casa para que juguemos a la familia feliz...
—No creo que ese sea su objetivo.
—¿Que se supone que debo hacer? Renunciar al trabajo para quedarme con el niño en casa y esperar a que Emma vuelva del trabajo mientras preparo la cena.
—Repito, creo que estas exagerando — Regina fulmino con la mirada a su hermana —Ella solo quiere ayudar a un niño que necesita un hogar. Además no va a ser permanente, solo será mientras el encuentra un hogar. Lo que Emma quiere hacer por él es algo verdaderamente considerado.
—Y yo soy el monstruo que quiere que ese niño no tenga un hogar — Respondió la morena con la voz apagada y dejando el tarro con azúcar de lado.
—No eres un monstruo... Pero creo que deberías tratar de ver la situación desde otra perspectiva.
—Sigue trabajando chica. No te pago para que tengan una conversación a corazón abierto aquí. — Interrumpió Lorna pasando por detrás de la morena.
Regina asintió y Zelena rio por lo bajo tomando un sorbo de su taza de café.
Emma entro al departamento con su madre empujando su silla de ruedas y Regina levanto la vista de la tarja de la cocina.
—¿Cómo te fue? — Preguntó la chica
—Bien. — Respondió la rubia secamente.
Regina asintió y regreso su atención al plato que sostenía entre sus jabonosas manos.
—Paso por ti mañana — Informó Mary dirigiéndose a su hija.
—No tienes que hacer eso, puedo tomar un taxi...
—No está a discusión. Si no quieres que contratemos a un chofer, entonces estas atrapada conmigo.
Emma sonrió de medio lado y su madre le dio un beso en la mejilla antes de salir del departamento. La rubia colocó sus manos en las ruedas de su silla y empezó a avanzar con dirección a su habitación.
—Necesitamos hablar. — Dijo Regina dejando el plato en la tarja.
Emma se detuvo antes de alcanzar el pasillo que llevaba a las habitaciones y exhaló con fuerza.
—Estoy cansada, Regina.
—Ok, entonces no tienes que hacer nada — La morena se acercó a Emma mientras se secaba las manos en la ropa — Solo escúchame. — La rubia rodó los ojos y le dio vuelta a la silla para mirar a Regina — Sé que no he sido muy condescendiente con el asunto del niño.
—Su nombre es Henry — Interrumpió Emma con un tono molesto.
—¿Que? — Regina arrugo la frente.
—El nombre del niño es Henry.
—Seguiste con eso, ¿Cierto? Aunque yo no estuviera de acuerdo. — La morena sintió una presión en el pecho producto de la decepción.
—No voy a dejar a un niño sin hogar solo porque tú no estés de acuerdo... No es tu decisión.
—Somos una pareja Emma, se supone que tomemos esa clase de decisiones juntas.
—Mira, no quiero pelear, no tengo la energía para hacerlo.
—No quiero pelear. — Exclamó la chica exasperada — Solo quiero que hables conmigo, solo... Habla conmigo. — Regina se hincó frente a la rubia y la miro con los ojos vidriosos. Emma desvió la mirada apretando los labios. — Solo quiero que me digas, ¿Por qué esto es tan importante? — Ella colocó las manos sobre las rodillas de Emma.
—No lo entiendes, ¿Cierto? — Los ojos verdes de la rubia se concentraron en los ojos de Regina — Perdí a Neal y a mi bebé y luego llegas tú haciéndome creer que tengo otra oportunidad para en realidad continuar con mi vida y ser feliz, y después casi te pierdo a ti también. — Emma observo como un par de lágrimas resbalaron por las mejillas de la morena — Estoy en una silla de ruedas, Regina. Si algo he aprendido en este último año es que todo puede cambiar en un parpadeo, y quiero hacer algo bueno con mi vida, quiero ayudar a alguien que lo necesita, a alguien que ha tenido una corta pero difícil vida... Creí que de alguna manera lo entenderías.
—Estoy asustada Emma — Susurró la chica — Yo te puse en esta silla de ruedas. — La morena comenzó a llorar inclinando su cabeza en las piernas de Emma — Tengo miedo de echarlo todo a perder — hablo ella entre sollozos — No quiero que nada pase...
—Hey. — Susurró la rubia tomando el rostro de Regina entre sus manos — No vas a echar nada a perder. Todo va a estar bien, cariño. Necesitamos dejar ese temor a un lado porque ya no hay nadie que pueda lastimarnos. Hemos estado bien los últimos meses y lo estaremos los siguientes. — Emma limpió las lágrimas de la morena con sus pulgares — Además, ya lo hemos hablado, esta silla no es tu culpa, por favor entiéndelo.
—¿Confías en mi lo suficiente como para cuidar a un pequeño? — susurró Regina tomando las manos de Emma.
—Lo vamos a hacer bien, estoy segura — La rubia sonrió de medio lado — Además será solo por un tiempo.
—Aun no creo que sea una buena idea, pero — Regina suspiró — Esta bien, hagámoslo.
—Hola Emma. — Saludó la doctora Torres con entusiasmo.
—Doctora Torres. — Respondió la rubia con una pequeña sonrisa.
—Puedes llamarme Callie, te lo he dicho. — La vista de la doctora se desvió hacia la mujer que caminaba detrás de la silla de ruedas y le sonrió — Tu debes ser Regina, he escuchado sobre ti.
—Espero que cosas buenas — Respondió la morena con una sonrisa — Es un gusto conocerla.
—Esta chica no para de hablar de ti — Respondió Callie — Ciento como si ya te conociera. — Ambas morenas rieron.
—Creo que deberíamos cambiar de tema — sugirió Emma con sus mejillas enrojecidas.
—Vamos Emma, no seas tímida. Yo habló de mi esposa todo el tiempo. — Callie miro a Regina — Es la rubia más hermosa que hayas visto en tu vida.
—Creo que tengo que discernir en eso — Regina miro a Emma con una pequeña sonrisa y la rubia se sonrojo aún más.
—Buenos días chicas. — Las saludo el doctor Shepard entrando a la habitación.
—Doctor Shepard — Saludo Emma con un poco de sorpresa.
—¿Cómo estás? Emma. ¿Todo bien?
—Todo bien. — afirmó ella
—Hay algo que nos gustaría hablar contigo. — Dijo él mirando a Torres de reojo.
—¿Son malas noticias? — Pregunto Regina sintiendo un nudo en la boca del estómago.
—¿Por qué no nos ponemos más cómodos? — Habló Callie señalando los sofás al fondo de la habitación.
Los cuatro caminaron hacia los sofás y Emma acomodo su silla al lado del sofá individual en el que Regina iba a sentarse. Los doctores se sentados frente a ellas y antes de mirarlas se dedicaron una mirada y Shepard se dispuso a hablar
—Emma, tus últimos escaneos muestran un poco d inflamación en tu columna vertebral lo que está haciendo que tus nervios transmitan los impulsos eléctricos de tus neuronas. Después del tiempo que ha pasado, era de esperarse que esta inflamación desapareciera por completo, pero no lo ha hecho.
—¿Qué quiere decir eso? — Preguntó Regina frunciendo el ceño
—Que no volveré a caminar.
