Yo: konichiwa jóvenes ninjas!

Donnie: veo que pusiste atención a las clases de japonés de Leo.

Yo: sí, son mejores que las de inglés. Bueno primero debo deciros PERDÓN. Es que esta semana estuve haciendo deberes trabajos de E.F y Química y no tuve tiempo de escribir. Pero ya estoy de vuelta a las andadas.

Donnie: por desgracia.

Yo: estás haciendo el papel de Raph o que?- me cruzo de brazos.

Donnie: je.

Yo: vale. Como habréis notado los chicos no están a excepción de Donnie por temas desconocidos.

Donnie: los castigó el maestro Splinter.- susurró.

Yo: así que hoy estaré con mi nerd favorito Donatello- lo abrazo por los hombros-. Y tranquilo, se que tu corazón pertenece a April así que no pasa nada.- se sonroja.

Donnie: b-bueno, y-yo...

Yo: como siempre nos leemos abajo y que empiece el show.

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Leatherhead saltó directo a Mikey y a Yukî. Mikey cogió a Yukî y dio una voltereta a la derecha. Leatherhead los miró y soltó un gruñido. Mikey miró a todos lados y su vista posó en un tronco hueco. Con Yukî en su brazo lo llevo allí y lo puso dentro.

-Yukî, escondete aquí hasta que te diga, ok?

-Si. No tengo ninguna queja.

Mikey le sonrió y fue hasta donde estaba Leatherhead. Con sus nunchakus en mano y haciéndolos girar se abalanzó contra Leatherhead.

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-Muy bien, por favor que alguien me explique lo que está pasando.- ahora mismo Casey se encontraba confundido al ver a Mikey peleando contra el lagarto.

-Al parecer en esa dimensión Leatherhead no es un mutante ni bueno ni malo, sino que es como si fuera un animal salvaje. Como cuando le conocimos- vio cómo Mikey evitaba con un agachamiento de cabeza un zarpazo del caimán y le daba un golpe de su arma. Quedó desorientado unos segundos pero al recuperarse miró a Mikey con esos ojos grises y fue a por él con una ira incontrolable -. Eso sí tiene el mismo problema de autocontrol que tenía el nuestro.

-No me digas genio, no me había dado cuenta.- dijo Raph con su característico sarcasmo.

-Tío podías parar? Me pones nervioso.- le pidió Casey.

-Pues entonces...

-¿¡Podéis parar vosotros tres por favor?!- les interrumpió Leo observando a su hermano luchar. Raph y Casey asintieron y se sentaron en el sofá.

-Yo técnicamente no estaba haciendo nada.- replicó Donatello.

-¡CÁLLATE DONNIE!- le gritaron Leo y Raph a la vez.

-Vale.- se sentó de brazos cruzados. Ante esto April rió ligeramente.

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-How- Mikey acababa de esquivar un mordisco que iba dirigido a su pierna. Dio un salto hacia atrás y golpeó el hocico del lagarto con una patada lateral izquierda, pero el lagarto le cogió con las manos y empezó a girar con Mikey colgando- AAAAAAHHHHH.- Leatherhead lo soltó y Mikey se golpeó en un árbol.

-¡Mikey! ¿Estás bien?- preguntó Yukî desde su escondite.

-Si wow-wow, solo que el lago no para de giraaaaaaar.- Mikey tenía los circulitos en los ojos y estrellas encima de su cabeza mientras se tambaleaba. Leatherhead se acercó a él y puso una mano en su cuello.

-¿Qué hacéis aquí?- a Mikey se le acababa el aire.

-Si me dejas respirar te lo digo encantado.- susurró Mikey.

-Espera- Yukî salió del tronco y se acercó a Leatherhead-, no queremos hacerte daño. Bueno y no podíamos aunque quisiéramos ya que eres mucho más fuerte y grande y...

-¡YUKÎ!- le gritó Mikey con prisa.

-A si si perdón. Lo único que queríamos es saber por qué te llevas el oro de Pueblo Azúcar.- Leatherhead miró la cara del conejo y vio que decía la verdad. Con un gruñido soltó a Mikey y se alejó un poco. Mikey cogió una gran bocanada de aire.

-Gracias.- le dijo Mikey.

-No deberíais estar aquí.- dijo el lagarto.

-Y tú no deberías robar las cosas a la gente.

-No las robé, las guardé.- se giró para verles a los dos.

-Espera, ¿qué?- preguntaron los dos a la vez. Leatherhead soltó un suspiro y se sentó.

-Hace muchos años yo era un ayudante del rey de corazones negro. Iba por los pueblos y las ciudades capturando a los ladrones y maleantes. Pero hace seis años eso cambió.

-¿Cómo?- Mikey estaba sentado en el suelo con las rodillas cruzadas y a su lado estaba Yukî.

-Por alguna razón el rey de corazones rojo echó al rey de su trono y le echó de Habilon. Destrozó todo que tuviera que ver con él y desde entonces se convirtió en un tirano. Hizo que los soldados fueran malvados y mezquinos, pero yo me negué y me escondo aquí. Envía a sus guardias a coger prácticamente todo el oro de la gente y se lo queda. Lo que yo hago es guardar el oro de la gente cuando los guardias viene a recogerlo y luego lo dejo en un lugar donde un aldeano lo "encuentra" accidentalmente.

Mikey y Yukî se quedaron en silencio al escuchar los motivos del lagarto.

-Yo no le veo ninguna lógica.- dijo Mikey y en la vida real también Donnie.

-Puede que no la veas, pero la tiene.- le replicó el lagarto.

-No la tiene.- dijo Yukî decidido.

-¿Y porqué estás tan seguro?- le preguntó el lagarto.

-Muy simple, por que es la típica idea que se les ocurre a Leo y a Usagi, y si se les ocurre a ellos no tiene lógica.

Ante la respuesta de Yukî los hermanos y amigos de Mikey (y Mikey) se empezaron a reír. Leatherhead soltó un gruñido amenazante e hizo que todos dejaran de reir en el acto.

-¿A qué te refieres?

-Creo que lo que quiere decir mi amigo- le empezó a decir la tortuga- es que no sirve de nada quitarle el oro cada dos por tres a la gente y luego devolverselo. Además si no pagan al rey seguro que se enfadara y hará algo malo con la gente.

-¿Y cómo sabes éso?

-Digamos que me recuerda levemente a alguien que conozco.

-Bueno, da igual porque...- Leatherhead estaba a punto de hablar pero las orejas de Yukî captaron un ruido.

-SSSHHHH, escucho algo.

-¿El qué Yukî?- le preguntó Mikey.

-Suena a...gritos.- dijo con miedo.

-Tienen que provenir de Pueblo Azúcar.- el lagarto se levantó y salió corriendo al pueblo.

-Vamos Yukî.- los dos empezaron a correr.

-Pero qué...- Mikey y Yukî se encontraron con un pueblo bastante mal. Algunas de las casas estaban con fuego y las personas del pueblo corrían a esconderse. Mikey pudo ver a una persona siendo sujetada por un guardia de armadura negra con una carta de corazones al frente y atrás de la armadura.

-Yukî quédate aquí.

-Pero quiero ayudar, no quedarme aquí plantado como un árbol.- se quejó el conejo.

-Vale, necesito que te quedes aquí y me vayas diciendo la gente que veas que necesite ayuda. Desde aquí puedes ver mejor.

-Vale.- Yukî hizo una pose militar y Mikey fue a donde el guardia.

-Dame el tesoro, son órdenes del rey.- amenazó el guardia.

-Le estoy diciendo que no lo tengo. El monstruo del lago se a llevado todo el oro del pueblo.

-Pues entonces lo pagará.- el guardia levantó su espada y justo cuando la víctima cerraba los ojos y la espada estaba por atravesarla, una cadena de una kusarigama impidió esa acción. El guardia pudo ver a una tortuga de bandana naranja que le dio una patada en todo el tórax. El guardia cayó al suelo inconsciente. La mujer miró a Mikey.

-Muchas gracias.- Mikey sonrió.

-No hay de que.- escuchó a Yukî.

-¡Mikey, en el centro hay tres guardias!- Mikey se giró en donde le dijo.

-Ya voy.

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-Vah, tampoco son tan duros.- Casey observaba a Mikey pelear contra los guardias del rey rojo o, bueno, el que peleaba era Mikey.

-Sí, lo único que hacen es alzar la espada y saltar. Eso no es pelear, hasta Casey lucha mejor que esos.- dijo Raph.

-Eehh!

-Chicos, parad.- ordenó Leo mirando severamente a los dos.

-Aguafiestas.- replicó Casey volviendo a ver la pantalla.

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-¿Y ya está?- Mikey se encontraba en el centro del pueblo con diez guardias tirados en el suelo. En menos de dos minutos ya los había derrotado. Giró sus nunchakus y los guardó en su cinturón. Se giró y caminó hasta donde Yukî- Venga, vámonos.

-¿Seguro? ¿Y Leatherhead?

-Pues...- miró al lagarto que estaba rompiendo una carreta de madera de los guardias- estará bien.

-Vale.- los dos empezaron a caminar en dirección al molino. Por desgracia Mikey no vio una figura con la armadura del rey observandolo.

-El rey estará muy interesado cuando le cuente esto.- caminó en dirección contraria a Mikey y Yukî.

-Mikey estuviste genial- Yukî da un salto y se pone enfrente suyo y emocionado imita unos movimientos de lucha-. Empezaste a girar y luego diste una patada a unos y-y luego un puñetazo a otro y entonces ¡bum! sacas esos palos con metal y le das en toda la cara.- le mira cara a cara-. Fue increíble.

-Je, gracias.- se rasca la nuca con una mano y se sonroja.

-Sí, eres el mejor y super rápido y hábil.

-Bueno, para, que me sonrojas. No estoy acostumbrado a que me hagan esos alagos.

-¡Qué! Pero mírate estuviste...

-Ya, basta, se acabó.- dijo con cara seria.

-Pero...

-No.- Yukî le dio la espalda.

-Puedes llegar a ser tan cascarrabias como el mensajero.- Mikey abrió los ojos.

-Espera- se le adelanta- lo conoces?

-Sí cuando pasa por al bosque suelo hablar con él. Bueno, más bien a molestarle.

-Vaya.- Mikey decidió no preguntarle el nombre ya que sospecharia y le llenaria de preguntas.

-Mira ya llegamos.

-¿Eh?- se encontró delante del molino azul- Cada vez los viajes se me hacen más cortos.

-¡LEO, USAGI. OS TENGO QUE CONTAR UNA COSA!- fue directo hacia esos dos.

-Hey espera.- fue corriendo hacia él para evitar que dijera nada.

-Hola chicos- saludó Leo con una taza de té en la mano- ¿os comió el monstruo?

-No, si nos hubiera comido no estaríamos vivos ni delante vuestra.- le contestó Mikey. Leo puso su mano libre en su barbilla y miró a la hierba. Mikey se le quedó mirando.

-Usagi ahora el monstruo del lago es nuestro amigo.

-No se llama así, se llama Leatherhead.- dijo enfadado Mikey.

-¿Qué mas da cómo le llamemos?- preguntó Usagi.

-Que si lo llamáis así creerá que de verdad es un monstruo, y no lo es.-

-Vale- dijo feliz el conejo-. ¿Pan?- le ofreció un trozo.

-"Este es muy bipolar."- pensó Mikey.

-Mikey adónde irás mañana?- preguntó Leo.

-Mañana iré a la cueva que me dijo Donnie. Ya es hora de que me vaya yendo.- al decir eso el cielo cambió a la oscura manta de la noche y con una luna lleno preciosa.

-A dormir!- exclamó Yukî.

-Sí, tú en el pajar.- le dijo Usagi.

-No! Pica mucho.

-Quien llegue último al sitio

se aguanta el castigo- canturreo Usagi y salió corriendo. Yukî le siguió con rapidez.

-Siempre igual.- dijo Leo. Mikey rio.

-Gracias por ser tan buenos conmigo.- agradeció Mikey.

-No pasa nada, nos encanta tener compañía.

-Jeje, bueno, buenas noches.- subió las escaleras hacia su cuarto.

-Buenas noches- cuando escuchó la puerta cerrarse puso cara seria-. Sabio, por qué la ruta roja. Sabes que es muy peligroso.

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-Vaya con Mikey, hoy a sido el protagonista.- dijo Casey.

-Hoy y ayer y desde que está ahí.- dijo Leo.

-Si pero visteis como peleó, fue genial.- dijo con orgullo Raph.

-Será mejor que nos vayamos a dormir chicos.- propuso April.

-Vale, buenas noches chicos.

-Leo no es bueno que durmais siempre en el sofá.

-Preferimos estar aquí viendo a Mikey.

-Calma Raph ni que un asesino de los dulces vaya a trepar por la ventana y con un cuchillo de turrón mate a Mikey a cuchilladas.- Raph se levantó y lo miró con rabia.

-¡No digas eso ni en broma Casey!- todos se le quedaron mirando sorprendidos- Perdón.- se fue a la cocina.

-Pero...

-Casey vete arriba antes de que Raph se comporte como el Leatherhead del portal.- le echó Donnie.

-Hasta mañana.- les deseó April y se fue a dormir seguido de Casey. Los dos se quedaron en silencio.

-No le pasará nada, ¿verdad?- preguntó Donnie mirando al suelo.

-Claro que no Donnie, Mikey sabe defenderse- le consoló Leo-. Además dudo mucho que la gente de allí le den problemas.- dijo refiriéndose a la pelea de antes.

-Espero que tengas razón.

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-Señor, tengo noticias que pueden interesarte.

-¿De qué se trata general?

Dos sombras se encontraban en una sala amplia y con poca luz. Al final de la habitación una sombra estaba sentada sobre un trono rojo y amarillo de terciopelo. Delante suya estaba ese hombre de la armadura.

-Verá mi señor, cuando fuimos a recaudar las monedas de la gente de Pueblo Azúcar tuvimos un pequeño problema. Pero uno muy interesante que seguro que le gustará.- la sombra junta sus manos.

-Te escucho.

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Yo: y hasta aquí el episodio.

Donnie: esa sombra no hará daño a Mikey, verdad?

Yo: noooooo, claro que no.- me alejo despacito y con pasos laterales.

Donnie: mejor te mantengo lejos de mi hermano.

Yo: de eso nada, monada. Te prometo que por ahora estará a salvo.

Donnie: como que por a-?

Yo: y bueno nos vemos en la siguiente escritura y os mando un gran Booyakasha! - susurro- la que me espera cuando se enteren de la verdad.

Donnie: te he oido.