Halo jóvenes ninjas. Bueno, sí. Por fín está. Otro capítulo de esta historia. Y sí, sé que tardé un poco (mucho) en subirla. Pero tengo una explicación llamada...ESCUELA! No creáis que no publico por simple gusto o que estoy todo el día tumbada sin dar un palo al agua, es que tuve muchas cosas que hacer, desde exámenes, trabajos y tareas. Lo siento dw verdad, pero quiero aprobar todas para así en verano actualizar seguido. Siento mucho la espera, pero ahora sí, a darle!

Las TMNT no me pertenecen, solo mi personaje Yukî, el resto son propiedad dw sus creadores y se Nickelodeon.

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En la sala del portal las cosas no iban para nada bien con nuestros héroes (soy la única a la que le ha sonado mucho a pokémon? Si? Ok). Las tortugas y sus amigos se encontraban rodeados de guardias, Yukî se encontraba tirado en el suelo junto a la pared con el cuerpo totalmente adolorido, y Mikey estaba delante del mismísimo rey rojo, el cuál se encontraba sujetando el brazo del chico.

-Por fin te he encontrado.- dijo Shredder sujetando el brazo de Mikey.

-Ay no...- el miedo era lo que reflejaba el rostro de Mikey, viendo a esa figura enorme delante suya.

-Oh, genial...- se quejó Chesire, viendo la escena con fastidio.

Uno de los guardias cogió a un adolorido Yukî del brazo, haciendo que el conejito soltase un quejido.

-¡Yukî!- gritaron Leo y Usagi preocupados. Estaban a punto de ir corriendo para socorrerlo pero...

-Si dais un paso más, no dudaré en romperle la muñeca.- el rey rojo empezó a apretar la muñeca de Mikey con fuerza. Los chicos veían impotentes la escena, con una mirada de puro odio hacia el rey. Pero a pesar de la advertencia, Leo no dudó en ir corriendo hacia Yukî.

-¡Leonardo, para!- le gritó el mensajero, pero el nombrado hizo oídos sordos y siguió su camino, al tiempo que sacaba una de sus katanas y le daba al guardia que sujetaba a Yukî, haciendo que lo dejara caer al suelo.

El rey rojo apretó la muñeca de Mikey, pero un golpazo del boo de Donatello hizo que la soltara, haciendo que Mikey cayera al suelo.

-¡Michelangelo, vamos!- Mikey se levantó de inmediato al lado de Donatello, y entre los dieron una patada lateral a unos guardias que había.

-Yukí- Leo se acercó al conejito-, ¿estás bien?- apoyó una mano en su hombro, mientras el pequeño se levantaba poco a poco.

-Si...estoy bien- se puso de pie-. Gracias.- le sonrió.

-Leonardo, tenemos que irnos.- dijo Usagi a lo lejos, bloqueando con su katana una espada de piedra de uno de los guardias.

-¿Pero a dónde?- preguntó.

-Chicos, por aquí.- Chesire les señaló una pequeña puerta de metal, que estaba casi al lado de las escaleras por las que habían entrado.

-¡Vamos!- Raphael, seguido por Donatello y Mikey, fueron corriendo hacia la puerta al lado de Chesire, seguidos de Leo y el resto.

April abrio la puerta, dejando entrar a todos primero, para despues entrar ella. La habitación en la que estaban era normal, totalmente vacía sin contar con la puerta que estaba en una de las esquinas, del tamaño para que pasase un niño.

-Bueno, creo que aquí estamos a salvo.- dijo April después de asegurarse de que la puerta estaba totalmente cerrada.

Los chicos suspiraron aliviados, pero Donnie fue a donde Mikey.

-Mikey, déjame ver tu muñeca.- pidió el sabio a la tortuga. Mikey asintió con la cabeza y extendió su brazo. El sabio sujetó la muñeca con sus manos, haciendo que Mikey soltara un pequeño quejido por el toque con su muñeca rota. La empezó a examinar cuidadosamente, teniendo cuidado de no hacerle mucho daño. Todo eso era observado por la mirada de Raphael, que se convirtió en una de enfado cuando se dirigió hacia el sombrerero.

-¡¿PERO EN QUÉ ESTABAS PENSANDO?!- le gritó Raphael. Leonardo le miró sin comprender.

-¿A qué te refieres?- preguntó mientras se acercaba a un furioso mensajero.

-Me refiero a que por poco dejan a Michelangelo sin mano.- dijo totalmente furioso. Usagi sabía que ellos dos eran amigos, todos los que estaban en la sala se llevaban bien, incluso April, pero cuando Raphael se enfadaba sabía que era mejor dejarle, sobre todo cuando Leonardo también estaba en peligro de enfadarse. Por eso, sujetando a Yukî poniendo su brazo delante suyo, retrocedió unos metros atrás para dejarles espacio.

-No lo iba a hacer. Además, tenían a Yukî, no podía dejarle que le hicieran daño.- explicó Leo.

-Ah, entonces al conejito no pueden hacerle daño, pero a él sí- señaló a Mikey, el cuál miraba la escena-. Claro claro, ahora sí que se nota que eres el sombrerero LOCO.- esto a Leonardo le enfadó.

-¿Perdona?- dijo Leo acercándose. La cosa no pintaba bien.

-Chicos, parad.- advirtió el sabio al ver el rumbo de las cosas. Mikey esperó un poco más.

-Dije que hiciste una estupidez- le espetó Raphael-. El "loco sombrerero de Habilon" por poco deja sin mano a la persona que nos puede salvar de ese tirano.

-Por que había otra persona en peligro- le replicó Leo enfadado-. Al menos yo no me quedé quieto como cierto mensajero.- eso enfadó aún más a Raphael.

-¿Qué acabas de decir?

-Chicos, por favor parad.- dijo Mikey acercándose, olvidándose por completo de su muñeca lesionada. Pero los chicos no le escucharon.

-Al menos yo hice algo. Tú te quedaste quieto sin hacer nada.

-Por que no podía. Dijo claramente una amenaza, y yo no iba a ponerle en peligro. No como tú.

-Raph, Leo, parad ya.- dijo Mikey serio. Empezaba a agotarse la paciencia.

-Hice lo que creía mejor.

-Pues creiste mal. Lo hiciste mal. Casi consigues que lo maten.

-Estás exagerando.

-¿Que estoy exagerando? ¡¿QUE ESTOY EXAGERANDO?! ¡CREO QUE ARRIESGAR LA VIDA DE ALGUIEN NO ES EXAGERAR!- gritó Raphael.

-¡NO ESTABA EN PELIGRO!

-¡Pues claro que-

-¡¿PODÉIS CALLAROS LOS DOS DE UNA VEZ?!- gritó ya harto Mikey- ¡¿ES QUE NO PODÉIS ESTAR NI UN SOLO DÍA SIN PELEAROS?!- gritó desde lo más profundo de su alma.

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Ese grito de Mikey tomó por sorpresa a los chicos, dejándoles desconcertados.

-¿Pero a qué se refiere Mikey?- preguntó Raphael sorprendido.

-Creo que vamos a entenderlo ahora.- dijo April, y no se equivocaba en absoluto.

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Todos se encontraban mirando a un furioso Mikey, el cual miraba enfadado a los dos peleadores de antes, apretando con fuerza sus manos a sus costados.

-¿Es que no podéis para de pelear nunca? ¿Ni siquiera en este universo?- Mikey no iba a aguantarse más- Siempre andáis peleando todo el rato, sea en una misión o en casa o en donde sea, siempre peleando- Mikey empezó a mirar al suelo y luego a mirerles sucesivamente, señal de que estaba nervioso-. Así siempre, sin importar nada más. ¿No os importa cómo me siento cuando os veo pelear así? ¿O Donnie o April o quién sea? ¿No os importa cuando os pido que pareis pero no me hacéis caso, como hacéis siempre? No, claro que no, nunca os importa cuando digo algo o tengo una idea. Una idea que se le ocurrió al tonto de Mikey. Una idea totalmente estúpida y sin sentido, como yo. Para qué hacerme caso, ¿verdad?- las lágrimas de sus ojos estaban empezando a brillar-. Nunca me tomais en serio, me dejáis a un lado y hacéis lo que queréis. Al menos Donnie me escucha, aunque sea para luego decirme que es una bobada y una tontería pero al menos me escucha. Y seguramente estéis así siempre. ¿Es que sólo os daréis cuenta cuando pasemos de ser cuatro a tres? ¿Como casi pasa con Garra de Tigre? ¿O Shredder? ¿O Slash cuando aún era malo? En esas situaciones siempre os peleabais, y luego pasaba esas cosas. Claro, siempre vais a estar asi. Nunca vais a cambiar. Nunca, hasta que uno de nosotros pase al otro mundo. Y seguro que aún así seguireis peleando.- las primeras lágrimas empezaron a salir- ¡¿POR QUÉ NO PODÉIS PARAR?! ¡¿POR QUÉ NO OS IMPORTA CÓMO ME SIENTO?!- grito a pleno pulmón.

Los chicos se quedaron viendo asombrados a Mikey, el cuál derramaba pequeñas lagrimas por sus ojos azul cielo. Y no solo los de la sala, también estaban igual de impresionados las tortugas de la dimensión de Mikey. El de bandana naranja miró al suelo mientras daba un suspiro.

-Mikey, ¿estas...?

-Dejarlo, no lo entendéis.- dijo secamente al tiempo que se dirigía a una de las esquinas de la habitación. El resto se quedó quieto, sin decir palabra alguna o incluso moverse, mirándose los unos a los otros.

Pero hubo uno que no se quedó quieto. Yukî empezó a caminar con paso seguro hacia Mikey, el cuál miraba al suelo un poco molesto.

-Mikey...- llamó el conejo. Mikey giró la cabeza hacia él, viendo como su mirada se clavaba en el suelo con la cabeza gacha.

-¿Qué pasa?- le preguntó suavemente.

-Lo siento- dijo a sorpresa de la tortuga-. Ha sido mi culpa.

-Yukî, claro que no ha sido tu...

-Claro que sí. Todos me dicen que me quede quieto, que me quede en casa, en un lugar seguro mientras el resto ayuda. Al fin y al cabo soy un niño. Y tienen razón. No debería haber venido aquí, como me dijo April. Pero quise venir, quise ayudaros pero lo estropee. Si me hubiera quedado en el castillo no hubiera pasado esto. No me habría distraído y no me hubieran golpeado, y esta discusión no habría pasado. Es mi culpa. Lo siento.- Mikey se agachó a su altura y le sujetó de los hombros.

-Yukî, no fue tu culpa. Incluso hubiera ido a peor sin ti- le miró a los ojos-. Nos ayudaste en muchas cosas, y esto de ahora sólo fue una pequeña discusión. Todo el mundo tiene discusiones. ¿Acaso Leo y Usagi no se pelean a veces?

-Sí. Algunas veces.- sonrió Yukî.

-Pues eso. En mi casa me suelen echar la bronca y regañarme continuamente, pero sé que ellos me quieren y siempre me cuidaran, y eso es algo que sé que nunca va a cambiar. Pero hay veces que nos enfadamos y tenemos que decirlo. Eso es lo que ha pasado. Pero no fue culpa tuya. En realidad no fue culpa de nadie, ¿entiendes?- Yukî asintió.

-¿Echas de menos a tus hermanos?- preguntó Yukî.

-Sí, mucho- miró al suelo nostálgico-. Me quiero ir a casa cuanto antes para poder verlos.- Yukî le sonrió.

-Tranquilo Mikey, encontraremos la salida y estarás en casa cuanto antes.- dijo el conejito con ánimo. Mikey rió y se puso de pie.

-Si, tienes razón. No nos rindamos.- los chicos vieron con alegría que Mikey se había puesto mejor, y se acercaron.

-Bien, está claro que no podemos salir por donde entramos- dijo April-. Así que probaremos por ahí.- señaló la pequeña puerta que había en la esquina.

-Voy primero.- dijo Mikey levantando la mano. Se adelantó y se puso enfrente de la puerta. Empujó con fuerza con ambas manos, y se fue abriendo poco a poco junto con un chirrido.

-Bien hecho, Mikey.- le felicitó Raph, pero unos golpes fuertes procedentes de la puerta grande les apresuró.

-Venga entremos.- todos fueron entrando en fila india y en cuclillas, hasta que el último cerró la puerta justo cuando los soldados del rey rojo rompieron la puerta dejando pasar a su rey.

-¡DISPERSAROS! ¡RECORRER TODO EL CASTILLO Y ENCONTRARLOS!- gritó.

-¡SÍ, MAJESTAD!- dijeron todos y se fueron, dejando al rey rojo solo en la sala.

-Me estás dando más problemas de los que esperaba.

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El pequeño Mikey del espacio negro se encontraba tumbado en el aire mientras flotaba, con los brazos cruzados y debajo de su cabeza observando la escena del reino por el pequeño portal que tenía.

-Esto se pone interesante- giró su cabeza un poco hacia su derecha-,¿no crees?- su mirada observó una sombra que estaba a unos cuantos metros del niño. No se movió ni dijo nada-. Je, nunca has sido muy habladora.- la sombra se acercó un poco.

-Sabes que no puedo estar aquí por mucho tiempo- dijo una voz femenina-. Y veo que están en una situación muy seria.

-Pues sí. Pero no te preocupes, acabará bien- volvió a mirar a la pantalla-. Lo sé.

-Claro, el guardián lo sabe todo.- dijo divertida.

-Sí, lo se todo. Y creo que deberías ir yendo. Te lo aconsejo.

-Vale vale. Me marcho- empezó a retroceder-. Pero me da que algo malo va a pasar.- dicho eso se esfumó sin dejar rastro. El pequeño rio.

-No sabes cuánta razón tienes. Por eso es tan entretenido.

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-Majestad.- Slash apareció en la habitación del rey negro, que se encontraba delante de un pequeño armario de pequeña altura.

-¿Qué sucede?- preguntó mirando al recién entrado.

-Las tropas ya están listas- avisó al rey-. Podemos partir cuando deseé.

-Muy bien, ir preparando la salida. Salimos de inmediato- Slash hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey dio un suspiro y dejó una pequeña foto que hasta hace nada sostenía-. Ojalá aún sigáis aquí. Podríamos tener nuestro final felíz.- dejó la foto en la mesita y se dirigió hacia la puerta, no sin antes cerrar la puerta de su dormitorio, dejando la foto de su familia atrás.

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Pues nada, comentar si os ha gustado la historia y os envío un gran booyakasha!

Pd: yo que vosotros me prepararia, haré algo drástico más adelante. Preparad pañuelos por si acaso.