El cuerpo del príncipe se quedó inmóvil unos segundos mientras su cabeza procesaba la información recibida. "No te equivocaste" dijo con aquella tenue voz. Y con cejas alzadas y caminar desesperado avanzó hasta la puerta de la casa, la cual abrió de tajo, haciendo rechinar con brusquedad las oxidadas bisagras. EL elfo dio un paso atrás al notarse solo dentro del frió hogar. ¿Dónde estaba la chica? Reviso debajo de la cama, bajo el pequeño escritorio, lo que debía ser la cocina. No pudo haberse ido, solo eran instantes los que Légolas tardó en entrar tras ella. Revisó de nuevo cada lugar en la casa, incrédulo de que alguien pudiera hacer tal cosa... debía ser un truco, o magia o algo así.
"No te equivocaste"... esa era la respuesta. Ella no era normal de eso estaba seguro.
Una vuelta más buscando rastro de la joven por el jardín y de vuelta al interior de la casa. Pero nada, ni una señal de que hubiese huido. Légolas se sentó sobre la cama de la chica y apoyando codos en rodillas y la cara en manos, cerró los ojos deseando entender que era lo que pasaba. Tenía que encontrarla.
—¿Gustas un poco de té o algo así? el té verde es bueno para calmar los nervios— el príncipe dio un salto de su lugar... por primera vez en muchísimo tiempo Légolas brincaba de un susto. ¿Cómo había entrado sin ser escuchada? Y peor ¿cómo pudo traer una silla del pequeño comedor con ella y sentarse a un metro justo en frente de él sin que lo notara? Simplemente era imposible.
Y ahí estaba el hijo de Thranduil, con los ojos muy abiertos sin parpadear intentando comprender lo incomprensible.
— ¿Quién eres?—preguntó el rubio con la mandíbula tensa.
—Llámame Dilia, ¿Y tú eres? —preguntó haciendo ademan con la mano invitándolo a responder.
—Légolas—contesto con simpleza.
—Bien Légolas, lo del té sigue en pie, acompáñame a la cocina —Levantándose y caminando hasta el joven—después de ti, ya conoces el lugar—afirmó tajante.
Minutos mas tarde, frente a frente y en silencio ambos sorbían el liquido caliente de poco en poco.
—¿Por qué te perseguían los Nazgul? —rompió el silencio el príncipe.
—Termina tu té —dijo la chica evadiendo la pregunta, mientras sentía la mirada fría del muchacho atravesarle hasta el tuétano
—No necesito el té, necesito respuestas —levantó un poco la voz el rubio. Pero en ningún momento ella pareció inmutarse por el cambio en el tono del joven
—Hay preguntas de las que no es conveniente oír las respuestas... si eres sabio, sabrás alejarte de lo que no te corresponde y que solo te traerá desgracia.
—Me corresponde, porque lo que está pasando pone en peligro a todos, incluyéndome a mí y a mi reino.
—El reino de tu padre estará a salvo Légolas, ni Thranduil ni tú tienen algo de que preocuparse.
—¿Tú como sabes que soy hijo de Thranduil? estoy seguro que yo no te lo dije.
—He vivido el tiempo suficiente para saber quién eres. —Légolas permaneció inmóvil meditando sus palabras, y decidió que había sido muy blando con la chica. Necesitaba saber que estaba pasando. La joven al ver su semblante convertido en una piedra, se levantó de su asiento dispuesta a salir al patio por un poco de agua para preparar más té. EL elfo movió su pupila por reflejo al notar el movimiento de la chica y de un salto llegó hasta la puerta casi al mismo tiempo que ella, bloqueando su salida.
—No te dejaré ir hasta que me respondas —afirmó con tono de autoridad y tomándola del antebrazo derecho con fuerza, ella sonrió con malicia.
—Mira elfo... contestaré tus dudas por dos razones; primero porque me dejes en paz y segundo porque esos ojos color del mar tan determinados son simplemente encantadores —soltó en un susurro a la vez que recorría con su indice izquierdo la mejilla de Légolas.
—¿Segura Dilia? Porque yo pienso que tienes miedo —le respondió siguiéndole el juego. No le volvería a dar el gusto de verlo desencajado
—Si quisiera escaparme de ti lo haría, seria como engañar a un niño. —Y de un jalón se soltó de su agarre y con la palma de la mano le propino un empujón al rubio que lo hizo tambalear. —Trae más agua para el té... muero de frió. —Le ordenó entregándole el jarrón en las manos y con una sonrisa en los labios.
