Diez minutos habían pasado desde la última vez que alguno pronunció palabras, Dilia hacía gesto de comenzar a hablar, articulaba palabras con los labios pero no emitía sonido. Y Légolas comenzaba a perder la paciencia. Ya estaba vacía la primera taza de té y aún no pasaban de caras y gestos.

-En todos mi años jamás había tenido tantas ganas de estrangular a alguien. ¡Légolas deja de mirarme así! No por apartar tu mirada voy a desaparecer... O quizá sí.

-Lo haré en cuanto me respondas lo que te pregunté. -La cara del elfo no daba lugar a treguas, y ella supo por esa expresión que no se libraría tan fácil de convencerlo de dejarla en paz.

-¿Qué tanto sabes de los espíritus que Iluvatar creó? -dijo ella soltándolo como un suspiro.

-¿Pretendes darme una clase de historia? -Ella negó con la cabeza. -Se me enseñó sobre los Valar, los Ainur, los Maiar y los Istari. Sobre como Melkor corrompió a Sauron. Y yo mismo luché contra la oscuridad frente a la puerta negra. -Los ojos de Dilia se nublaron y el semblante le cambió. -¿Eres un Vala?

-No, no lo soy. -Sonrió melancólica. -Fui un sirviente para uno de ellos, hace mucho... Tanto que a veces no lo recuerdo bien. -Soltó un suspiro. -Légolas, ve en paz, yo no soy un peligro para este mundo.

-¿Entonces por qué te buscaban los espectros? Dilia, dime la verdad. Intentaré ayudarte.

-Información quizás. -mintió. -No tienes porqué preocuparte. Partiré al amanecer hacia mi lugar, del otro lado del mar.

-¿Los puertos grises? Entonces iremos juntos, mi corazón se siente atraído por el mar también. Creo que todo lo que pasamos durante la guerra del anillo ya no me dejó jamás en total tranquilidad. Y antes de que objetes algo, déjame decirte que no tienes opción.

La chica solo respiró profundo resignada a esa repentina compañía, pensando en lo buena que se había vuelto mintiendo sin saber que aquel elfo también lo hacía; no le interesaba partir a Válinor, tan solo quería observarla más de cerca.

-Partiremos mañana mismo.

La joven puso mueca de fastidio por la orden del príncipe y es que ella si deseaba irse a Válinor en vista del peligro que los cercaba, sin embargo, no estaba segura si era el tiempo. No sabía que destino le esperaba del otro lado del mar y mucho menos si sería perdonada por los errores cometidos en el pasado.

El resto del día transcurrió normal, con mucho silencio de ambas partes. De nuevo aquella muralla impenetrable por parte de Légolas y de nuevo el desinterés de Dilia por cambiar eso. Al llegar la noche cenaron, un poco más animados en charlar. La chica le relataba como fue su primera visita a Lorien y él sonreía animado por la interesante historia.

-¿Has visitado el reino de mi padre? -preguntó, ella negó con la cabeza, mentía, pero quería escuchar su relato sin presiones. -Si Lorien te impresionó con los bosques frondosos y los riachuelos cristalinos, mi hogar te dejará con la boca abierta. El Palacio está tallado en la Roca, se funde la naturaleza y la arquitectura Eldar. Es un lugar Magnífico.

Los ojos del elfo chispeaban al relatar con emoción las maravillas de su tierra. Y Ella disfrutaba de tan pasional narración, divertirla por verle así, como un niño pequeño contando lo que le maravillaba tanto. No le había contado toda la verdad sobre su origen y el porqué los sirvientes de la oscuridad la seguían, y debía admitir que sentía culpabilidad en el pecho, pero era mejor que se mantuviera al margen... Nada bueno saldría de una amistad con ella, nadie de alma pura como Légolas merecía enfrentar la oscuridad que Dilia cargaba.
-¿Por qué siempre tienes los ojos tan tristes? -Esa pregunta sacó de sus pensamientos a la chica, quien al tomarla de sorpresa no sabía que responder.
-¿Qué? ¿Por qué lo dices? -Intentó safarse.
-Porque es la verdad, aún cuando estés hablando sobre trivialidades tienes dolor en las pupilas.
-Creo que eres algo exagerado. No todo el mundo oculta cosas como los elfos.
-Se distingue a mucha distancia que algo atormenta tu alma, y creo que si vamos a viajar juntos hasta del otro lado del mar deberíamos saber un poco más el uno del otro. -Ésta vez de verdad le interesaba saber la respuesta, desde la primera vez que cruzaron miradas en la Posada del Poney Pisador le había conquistado mucho esa mirada de arrepentimiento constante. Pero ella no parecía querer responder, así que mejor cambió de tema la conversación.
-¿Cómo es un Vala? -Dilia dirigió la mirada de nuevo hasta el elfo, entendiendo que no había querido incomodarla con la anterior pregunta... Y que deseaba charlar. Ella le dedicó una media sonrisa y comenzó a relatarle aquella vida en Válinor.


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