Un viaje largo sólo logra dos cosas para quienes lo recorren juntos; o los une o los separa.

Siete días habían pasado desde que Légolas y Dilia abandonaron a pie Bree. El frío era prácticamente insoportable para cualquier simple mortal, menos mal que ninguno de los dos lo era realmente.

El primer día fue difícil, ambos intentaban ser muy corteses con el otro, al grado de que se volvió casi hipócrita. En el segundo día eliminaron esa barrera, ahora se mantenían al margen. Para cuando el tercero y cuarto llegaron ambos se sentían asfixiados por la presencia del otro. Y para el sexto, parecía que ni siquiera se habían visto antes, evitaban hasta el cruce de miradas.

La noche del séptimo fue la más fría de desde comenzaron el viaje, tanto así que se vieron en la necesidad de buscar un refugio para ambos. Legolas la guió hasta un escondrijo entre las rocas, un recoveco donde apenas cabían ambos con las piernas encogidas, en otra circunstancia Dilia se hubiese quejado a más no poder, pero el frío era tal que la posición le pareció perfecta... Inclusive la nula distancia que existía entre ella y el cuerpo de Légolas.

—De verdad hace frío —comentó el elfo, rompiendo el silencio que había reinado durante casi dos días entre ellos.

—Se supone que los elfos son resistentes al frío ¿no? Creo que el príncipe es algo llorón. —Dilia aprovechaba cada oportunidad de molestarlo con el fin de que en algún momento desistiera en su afán de acompañarla.

—Lo dice la que tiembla hasta las entrañas —le respondió con picardía. —Puedo tolerar este frío muy bien, pero debo reconocer está más crudo de lo normal.

Ella sólo se concentraba en calentarse las manos lo más posible. Desde "ese incidente" su resistencia al frío había menguado demasiado. Era como si aquella herida la tuviera expuesta, como si la hiciera demasiado frágil contra la hipotermia.

Las horas de la noche transcurrían y con ellas la temperatura de Dilia disminuía considerablemente. Se hizo la fuerte todo lo que pudo, cubrió su cuerpo completamente, incluida su cabeza, pero no lograba mantener su calor. El frío en su cuerpo era tal que comenzaba a desesperarse. Estuvo a punto de rogar la ayuda del elfo, pero cuando estaba por hacerlo él se fue de su escondrijo para "hacer guardia". Eso dijo antes de dejarla sola.

—Maldita sea, Légolas. Buen momento eliges para hacer el tonto en tus rondines nocturnos. —murmuró debajo de su capa. Tocó sus piernas por debajo de la ropa encontrando que se encontraba helada y prácticamente adormecida hasta los muslos. Debía apresurarse a encontrar calor, ya que si el frío alcanzaba la cicatriz de su costado sería difícil soportar lo que le dolería. Buscó dentro del pequeño equipaje viajero alguna otra prenda que le ayudara o lo que fuera para cubrirse más. Parecía una oruga en capullo, cubierta hasta de la cabeza. Se enrolló en lo último que quedaba y oró a Manwë para que el frío desapareciera pronto. Minutos después el sueño la alcanzó...

...


Okay, soy un asco de persona por dejar tirado este fanfic. Pero entre las cosas que quiero hacer por puro reto personal es llevar a lo grande las ideas que me hicieron comenzarlo.

Este pequeño fragmento es el preludio para que los nudos de la historia se desenvuelvan. No quise hacerlo más grande para que pudieran imaginar qué es realmente Dilia.

Espero de verdad que quienes en su tiempo leyeron la historia vuelvan a hacerlo. Tengo acabado el siguiente capítulo. Sólo lo revisaré y el viernes estará publicado.

Muchas gracias por leer.

Besos.