¡Hola!

¡Sí, estoy viva! Después de casi cuatro años, acá estoy de regreso. Yo sé que se tardó más de lo esperado, pero bueno, primero la vida y después una pandemia hicieron que no tuviera cabeza para nada, ni siquiera para traducir. Lo bueno es que poco a poco me he ido recuperando de todo esto y así como se fueron las ganas de traducir, regresaron.

Espero que disfruten mucho estas nuevas actualizaciones, trataré de que sean semanalmente, aunque no les prometo nada pues mi vida ha cambiado bastante y tengo nuevas responsabilidades (nada de hijos, no se asusten, sigo con mis Michis y una de mis perritas —la otra desafortunadamente cruzó el puente arcoíris :'(.

Sin ser más, espero que les guste este capítulo, si tienen alguna sugerencia o duda respecto a la traducción, como siempre, pueden hacérmelas llegar. Disfruten, ¡and here we go again!


Disclaimer: los personajes, al igual que la historia, no me pertenecen. Tony, Loki y Thor pertenecen a Marvel y los demás personajes a la autora del fic: EndlessStairway, quien muy amablemente me ha dado su permiso para traducir esta historia al español (hace 875 mil años... jajaja).


2. Saltar

Loki despertó, corazón palpitando desbocado. Sintió la suave superficie de la cama, las mantas enrolladas a su alrededor. Estaba oscuro, estaba en la torre de Stark. Se quedó quieto, controló su respiración. Escuchando con esfuerzo si había alguien más en la habitación, pero no oyó nada. Aún estaba solo.

No había reloj en la habitación, pero a juzgar por la oscuridad no había dormido de más. No se vería bien que se quedara en la cama en su primer día en este lugar. Apartó las sábanas y se levantó. La noche en la suave cama parecía haber despertado todos los dolores de su cuerpo. Podía sentirlo todo, desde las magulladuras y los cortes del látigo de Hreidmar, hasta los dolores más profundos en su interior, que le recordaban su propósito. Tenía la esperanza de que Stark lo tratara con más delicadeza, pero no se ganaría ningún trato amable perdiendo el tiempo en esta habitación. Rápidamente, se lavó y se vistió. Si no debía vestirse, esperaría la orden de desnudarse. Mejor eso que degradarse voluntariamente.

Probó la puerta, pero seguía cerrada. No tenía órdenes, ni nada en esta habitación que le ocupara. Ya había limpiado y guardado todo. El vínculo lo presionó, y recorrió de un lado a otro la corta longitud del cuarto. Era inútil aquí, no estaba trabajando ni siguiendo ninguna orden. Se había lavado y dormido, eso era todo lo que Stark le había dicho que hiciera. Sin saber qué más hacer, se arrodilló en la alfombra de cara a la puerta. Si Stark iba a venir a buscarlo, no lo encontraría descansando cómodamente. Ignoró la insistente presión del vínculo, que le decía que debía trabajar, que debía obedecer, que debía ser útil. En su lugar, trató de concentrarse y centrarse. Respiró profundamente, exhalando lentamente. Había intentado conservar algo de sí durante su sometimiento, algún rincón de su mente que aún le perteneciera. La meditación era la única herramienta de la que disponía y que no le había sido arrebatada.

Tomó otra profunda respiración. Manteniendo su postura arrodillada, no ideal pero mucho más aceptada para alguien de su estatus. Hreidmar nunca había sabido sobre sus meditaciones, creyéndolo silencioso y acobardado. En realidad, a veces tenía razón.

Trató de silenciar su mente. Respirando lentamente, desvió sus pensamientos de su situación, del vínculo, de su estrés y preocupación por lo que le esperaría ese día. Si antes llenaba su mente con el conocimiento de su magia, de los caminos entre los reinos, del propio universo; ahora se centraba en sí mismo, en su cuerpo, en su respiración. No era menos cierto, ni menos apoyo. O eso se decía a sí mismo.

El sol estaba ya muy por encima del horizonte cuando la cerradura de la puerta hizo clic y Stark se plantó ante él.

Loki contuvo la respiración y mantuvo la cabeza baja, esperando órdenes. Stark entró en la habitación y se sentó en la cama detrás de él. Loki se quedó quieto. No le gustaba tener a Stark fuera de su vista, pero no sería aceptable darse la vuelta. El vínculo prácticamente jadeaba en espera de una orden por cumplir.

Stark suspiró.

—Esto no es súper conveniente, sabes.

Loki se puso rígido. Este no era un buen comienzo. Stark no estaba contento.

—Thor te dejó aquí y me dijo que ahora eres mi esclavo. Supongo que hay muchos detalles que se le escaparon. —Stark sonaba cansado, resignado. El tono burlón que Loki recordaba de su encuentro en este mismo penthouse cuatro años atrás había desaparecido. Tal vez, en su reducido estado, Loki ya no merecía tal esfuerzo.

—Vale, bueno, no tengo ningún otro sitio al que enviarte, ni francamente nadie en quien confiar que no te convierta en un proyecto de vivisección, así que supongo que te quedarás conmigo. SIGUES órdenes, ¿cierto?

Loki fue incapaz de responder verbalmente. Con suerte su postura sumisa hablaría por él. Sintió un fuerte empujón entre los hombros, comprendió que era el pie de Stark mientras era empujado hacia delante hasta que su rostro quedó en el suelo, pie de Stark en la espalda. Controló su respiración, intentó no mostrar miedo. Si Stark iba a darle una paliza ahora, no había nada que pudiera hacer al respecto. Si Stark quería una muestra de sumisión, se la daría.

Stark lo mantuvo en el suelo sólo unos instantes, y luego dio un paso atrás con un resoplido.

—Vamos entonces. Vamos a ver qué es ese collar.

Stark lo condujo a un gran taller, atestado de mesas, herramientas y tecnología. Loki se quedó sin aliento cuando reconoció una pila de artefactos chitauri esparcidos sobre una mesa. Miró alrededor y vio más. Armas, tecnología chitauri irreconocible combinada con ordenadores midgardianos. Se tambaleó. ¿Qué estaba haciendo Stark? Seguramente no era tan arrogante como para pensar que podía entender los antiguos artefactos chitauri. Ni siquiera los propios chitauri los entendían. Los recuperaban de los templos y santuarios de sus antepasados y los utilizaban en la más absoluta ignorancia.

Stark no parecía dispuesto a explicarle lo que estaba haciendo. Señaló a Loki un espacio despejado entre el desorden, donde el suelo estaba marcado en forma de cuadrícula. Loki fue y se quedó allí. Stark rebuscó en la habitación, encendiendo máquinas y apuntándolas en dirección a Loki.

—Bien, veamos qué tenemos —murmuró Stark para sí mismo. Recogió una banda moldeada con un cuadrado de cristal transparente colocado en el centro. Loki la reconoció como de origen chitauri, pero no sabía qué era. Se le revolvió el estómago cuando Stark se la acercó a la cabeza y la encajó en sus sienes. Stark estaba utilizando tecnología chitauri en su propio cuerpo. Loki sintió náuseas. Había visto de primera mano lo que los chitauri hacían con sus cuerpos, implantados y mejorados con artefactos que sacaban de entierros y templos, convirtiéndolos en drones sin mente. ¿Qué creía que estaba haciendo? Stark se puso una banda más pequeña en una de sus muñecas e hizo un gesto con la mano. Ambos artefactos cobraron vida, arrojando una luz espeluznante sobre su rostro y su mano. La pantalla de cristal de la diadema se iluminó con un texto en rápido movimiento que Loki no pudo leer. La banda que rodeaba la muñeca de Stark proyectaba un panel de control facsímil frente a sus dedos, que inmediatamente comenzó a utilizar. Las máquinas que rodeaban a Loki empezaron a pitar y a parlotear. Stark daba vueltas, mirando a través y alrededor de él, manos levantadas tocando y manipulando cosas que Loki no podía ver. Intentó no apartarse de Stark cuando éste se acercó. El feo metal del dispositivo chitauri contra su carne mortal era repugnante. Se mantuvo quieto por pura fuerza de voluntad, incluso cuando la mano con la muñequera se extendió y rozó el aire cerca de su rostro.

—Salta. —La voz de Stark sonó lejana. ¿Estaba imaginando un ligero eco? Se arriesgó a mirar la cara de Stark. Sus ojos parpadeaban casi demasiado rápido para seguirlos, la pantalla chitauri proyectaba un brillo enfermizo sobre sus facciones.

Demasiado tarde, Loki se dio cuenta de que le habían dado una orden. Intentó obedecer al mismo tiempo que el vínculo trataba de forzarlo a hacerlo. Consiguió levantarse del suelo con una breve sacudida mientras el collar empezaba a brillar y el dolor aparecía. Se mantuvo en pie con esfuerzo y rezó para que Stark le diera otra orden rápidamente, para poder obedecer y evitar el castigo que se avecinaba. Por suerte, así lo hizo.

—Interesante. Otra vez.

Esta vez, Loki saltó de inmediato, sin que el vínculo o el castigo le empujaran a hacerlo. Stark tarareó:

—Eso fue diferente. Repite la misma acción de la primera vez.

Ahora estaba en una situación imposible, Stark le había ordenado desobedecer una orden. Saltara o no, el castigo llegaría. Apretó los dientes y se preparó. Momentos después, el collar se disparó, y esta vez no se detuvo. No había nada que pudiera hacer. Cayó de rodillas y se estremeció mientras las descargas sacudían su cuerpo. Un sudor frío le invadió el rostro, se rodeó con los brazos y trató de recordar que debía respirar.

—¡Woah! ¿Qué es eso? ¿Qué está pasando? ¡Detente! ¿Por qué haces eso? ¡Levántate!

Loki se levantó tambaleándose, sudoroso y pálido. Stark estaba mirándolo, con una expresión mezcla de preocupación y curiosidad. Se había quitado la diadema y la hacía girar en sus manos. La muñequera estaba apagada y sin vida.

—¿Eso era lo que creo que era? ¿Por qué brillan así esas gemas? ¿Te hace daño? Supongo que sí, pregunta estúpida. ¿Qué ES esa cosa? —Stark mantuvo un monólogo de preguntas y comentarios, medio para sí mismo. Loki escuchaba por si le daba más órdenes, pero Stark pareció olvidar que estaba allí. Se volvió hacia una pantalla proyectada en el aire a su lado. En ella fluían datos y gráficos, demasiado pequeños y complejos para que Loki intentara seguirlos, pero Stark parecía asimilarlos todos. Tras unos minutos, dejó de murmurar y miró directamente a Loki.

—¿Puedes hablar? Necesito que hables, esto será mucho más fácil si puedes responder a mis preguntas. ¿Qué te hará hablar?

Loki no podía hablar, no hasta que hubiera cumplido su propósito. Se dio cuenta, con el corazón abatido, de que Stark no tenía ni idea de cuál era ese propósito. Se estremeció. Tendría que dárselo a conocer. No era ajeno a degradarse, después de cuatro años como esclavo sexual de un hombre como Hreidmar. Stark seguía mirándolo, inquisitivo. Loki cerró los ojos y se armó de valor.

Se arrodilló, con toda la elegancia que pudo. Pensó en quitarse la camisa, pero no tenía ni idea de si a Stark le gustaban los hombres, y menos aún si lo encontraba atractivo. Cuatro años de abusos no habían mejorado su aspecto ya demasiado delgado y oscuro. Era demasiado arriesgado, así que siguió con la camisa puesta. En su lugar, se metió dos de sus propios dedos en la boca, sacándolos lentamente, chupándolos y lamiéndolos mientras lo hacía. El mensaje era claro, y Stark lo entendió enseguida.

—¡Oh, no! ¡No! ¡De ninguna manera! ¿Hablas en serio? —Levantó las manos y dio un paso atrás—. Nop. Lo siento. Si crees que voy a meter algo mío entre tus dientes, ¡puedes reconsiderarlo! Contrariamente a la creencia popular, no soy tan estúpido.

Loki no había previsto esa reacción. No había ninguna posibilidad de que pudiera hacerle daño a Stark. El vínculo probablemente lo mataría si lo intentaba. Como mínimo lo dejaría inconsciente y permitiría que Stark lo matara él mismo. No tenía forma de explicarle esto en su estado restringido, así que tomó la única otra opción que se le ocurrió. Se dio la vuelta y se expuso. Aunque estaba completamente vestido, todavía se sonrojaba de vergüenza. Cabeza baja, piernas abiertas y culo levantado. Se alegró del cabello que le caía sobre el rostro, que al menos lo ocultaba de la mirada de Stark. ¿Qué pensaría él, al ver a su antiguo enemigo rebajado a tal estado? No hubo palabras, ni orden de moverse, así que Loki se quedó así. ¿Stark estaba disfrutando del espectáculo? O se horrorizaba ante la idea de ensuciarse con alguien como él. Loki no era virgen. Stark podía permitirse a quien quisiera como compañero sexual, no tenía que conformarse con un esclavo bien instruido. Hombre, además. Lágrimas se acumularon en sus ojos, parpadeó para apartarlas. Si Stark no lo quería, ¿qué sería de él? Saltó de miedo cuando sintió una mano en su hombro, pero el toque fue sorprendentemente suave.

—Levántate, Loki —dijo Stark, y Loki así lo hizo, ocultando su rostro mojado. Stark se agachó junto a él, con los labios fruncidos. Parecía casi enfadado, y Loki se preguntó qué había hecho mal. Tal vez había insultado a su amo al insinuar que querría tener algo que ver con él.

—Vuelve a tu habitación —ordenó Stark. Loki se puso en pie y huyó.


Eso será todo por ahora, nos leemos en un par de días, cuídense mucho y gracias por leer.