—Carne—repitió Foxy empujando el carrito mientras se dirigía hacia donde los productos de ese tipo se encontraban.

Bonnie se asqueaba cada vez más al entrar por el pasillo en donde la carne congelada se encontraba a la vista de cualquiera.

—Corre, apresúrate—rogó casi chillando el menor, tapándose los ojos sintiendo que en cualquier momento podría vomitar.

—Claro, conejito—Foxy rió para después tomar un paquete de carne embutida y colocarlo en el carrito, apartado de Bonnie.

Salió del pasillo y se acercó al oído del pelimorado.

»Ya no hay peligro—se burló un poco—¿qué más?

Bonnie abrió los ojos y fulminó al pelirrojo con la mirada para después ver la lista y sonreír.

—Zanahorias—pausó para ver la cara de Foxy—brócoli, lechuga, tomates, champiñones, calabazas y papas.

El de orbes amarillas hizo un puchero para después cambiar su cara al escuchar la risa de Bonnie.

»Vamos, los vegetales no son ningún "peligro", marinero cobarde—se vengó bajando del carrito para caminar junto al mayor y poder escoger bien los vegetales.

Foxy aceptó su venganza con una risa sonora y fuerte pero no molesta. Una risa verdadera. Lo que hizo que Bonnie se sonrojase un poco.

Al llegar a la zona de los vegetales, Foxy se limitó a ver cómo el pelimorado avanzaba con sabiduría y rapidez por los pasillos tomando las mejores verduras y yendo ocasionalmente al carrito para dejarlas.

Cuando finalizó eso, Bonnie habló.

—Vamos a los lácteos, Chica quiere leche.

El oji-ámbar asintió y comenzó a empujar el carrito al tiempo que caminaba junto a Bonnie, quien iba observando todos los pasillos para encontrar el del producto solicitado.

—Ahí está, conejito—. Foxy señaló el pasillo a su derecha y Bonnie pareció reaccionar y en seguida se dirigió al pasillo tomando unas cuántas cajas de leche entre sus brazos. Volvió al carrito y dejó la leche dentro de éste.

Foxy sonrió un poco al ver la concentración que Bonnie tenía a la hora de hacer cualquier actividad. En estos momentos, el pelimorado se encontraba leyendo la lista.

—Bien, falta mantequilla, yogurt, tres paquetes de bebidas energizantes, jugo, refresco y unos dos kilos de café—mencionó para después guardar la lista en sus bolsillos—. ¿Crees acordarte?

Foxy asintió sin haber escuchado tan siquiera qué había dicho.

»Vamos primero por las bebidas, está más cerca—. Bonnie comenzó a caminar y Foxy comenzó a empujar el carrito hasta el siguiente pasillo.

Se llevaron unos cuarenta y cinco minutos haciendo las compras y ya se encontraban en la calle, caminando hacia la casa mientras cargaban las bolsas.

—Oye, Bonnie—llamó el pelirrojo.

—¿Qué ocurre?—preguntó volteando a ver al mayor.

—Pequeña duda.

—Sí, dime.

—¿No te duele nada?—soltó sin más a lo que Bonnie se sonrojó—. Me refiero a que hasta donde yo sabía eres virgen, ¿no? Debió doler, aunque sea un poco.

—Foxy, ¿alguna vez te han dicho que eres muy directo?—preguntó incómodo el menor, viendo cómo el pelirrojo asentía.

—Sí, varias veces en realidad, también que no tengo delicadeza y no soy sutil.

—Pues deberías mejorar eso—mencionó—. En cuanto a tu pregunta, prefiero quedarme callado.

Foxy se extrañó de sobre manera. ¿Había dicho algo malo?

—Oh, está bien entonces—. Y fue lo último que se dijo en la plática.

Llegaron a la casa y encontraron a Chica leyendo una revista, acostada en el sillón.

—Llegamos, Chica. He aquí todo lo que querías—. Bonnie se acercó a la mesa y dejó todas las bolsas que él llevaba sobre esta—. Si me disculpan, iré a hacer mi tarea.

El pelimorado subió sin esperar alguna respuesta, tomó la mochila que estaba junto a su puerta, abrió ésta y entró a la habitación para después cerrar de un portazo.

Sintió un nudo en su garganta mientras se recargaba en la puerta y lentamente se deslizó hacia el piso, quedando sentado, abrazando sus piernas mientras varias lágrimas descendían rápido por sus mejillas. Ese tema ya lo había dejado atrás. Era más fácil que nadie supiera de lo que pasó en años anteriores, sin embargo, la pregunta de Foxy le hizo recordar absolutamente todo.

Escuchó unos pasos acercarse y trató de callarse. Reprimió sus sollozos lo más que pudo hasta que el ruido desapareció después del sonido de una puerta cerrarse. Se sintió libre de llorar de nuevo.

Todos los recuerdos le atormentaban horriblemente. Pasó una mano por su abdomen; de pronto un sentimiento de debilidad e impotencia lo invadió. Sintió de nuevo el dolor que se apoderó de él años antes.

No sabe cuánto tiempo pasó después de haber comenzado a llorar, pero reaccionó al escuchar unos leves golpes en la puerta.

—Eh, Bonnie—. Era su queridísimo pelirrojo—. Dice Chica que ya está la cena; baja, por favor.

Se secó las lágrimas rápido y carraspeó.

—Sí, ya voy—. Su voz salió tan tranquila y alegre como siempre. No era malo fingiendo—. Gracias por decirme.

Se levantó del suelo y se dirigió a un pequeño espejo que tenía colgado en una de las paredes. Sus ojos se veían muy rojos, se notaba a kilómetros en cada facción del chico que había llorado por mucho tiempo. Había un cambio al rededor de sus ojos, se veía un poco más oscuro. En sus mejillas había un rastro de lágrimas. Simplemente no podría pasar desapercibido, a menos que...

Bonnie se dirigió a su buró y del último cajón, escondido en una esquina sacó su maquillaje. No lo había usado en mucho tiempo. Desde que los moretones ya no eran visibles. Era un profesional en esto de ocultar cualquier cosa, por lo tanto no se llevó más de un minuto arreglándose un poco. Lo de los ojos rojos... Decir que se había quedado dormido iba a convencer seguro a Chica, que era la más insistente y perspicaz de sus amigos.

Salió de su habitación con una sonrisa tranquila y bajó las escaleras. Justo cuando estuvo en el último escalón sintió una mirada sobre él. Se volteó hacia el comedor y vió cómo Foxy, Chica y Freddy le observaban muy atentos.

—¿Chicos?—preguntó incómodo—. ¿Todo bien? ¿Tengo algo en la cara?—. "A parte de maquillaje, evidentemente" pensó.

La rubia reaccionó a lo que dijo con una sonrisa y un movimiento de cabeza.

—Oh, no, nada. Ven, vamos a cenar—pidió golpeando la silla al lado de su lugar, dando a entender que quería que el pelimorado se sentase. Él obedeció.

Notó que frente a él había una ensalada que se veía realmente apetitosa y sonrió sincero. Tomó unos cubiertos y comenzó a comer. Todos, con un poco de sospecha, imitaron la acción del oji-carmín, tratando de no causarle incomodidad.

Cuando Bonnie subió las escaleras después de haber llegado con las compras, Chica se acercó a Foxy.

—Lo conozco—susurró en el oído del más alto—. Tiene algo.

Foxy se desconcertó, pero entendió qué quiso decir la rubia al escuchar un portazo en la planta alta.

Esperó unos minutos y se decidió a subir. Ya estaba a punto de pasar por el pequeño pasillo cuando escuchó unos sollozos del cuarto de Bonnie. Siguió caminando y abrió la puerta de su habitación para segundos después cerrarla y sentarse junto a la puerta del pelimorado, tratando de descubrir algo, lo que sea, lo más mínimo.

Estuvo así un buen rato, escuchando los sollozos de su amigo, tratando de entender lo que balbuceaba a veces. Pudo comprender algunas cosas como "idiota" y más insultos leves para él.

Se volteó hacia las escaleras al escuchar unos delicados pasos. Intercambió unas señas con Chica y después le dijo a Bonnie que bajara a cenar.

Se marchó y le contó todo a Chica y Freddy, ellos se miraron entre sí e hicieron unas muecas preocupados.

—¿Qué será?—preguntó Freddy, tratando de encontrar algún patrón de comportamiento en Bonnie.

—¿Algo que tengas que contar, Foxy?—. Chica aprovechó su oportunidad para sacarle información—. ¿Nada nuevo que hayas notado en Bonnie?—. El tono que Chica usaba era tan obvio que Foxy rodó los ojos y le enseñó el dedo medio con una mueca seria y enojada.

—No—respondió seco.

—¿Seguro?—. Freddy se unió al ver la manera en que Foxy reaccionó.

—Bueno, simplemente tenemos un trato—dijo molesto—. Solo eso, ¿entendido?—. Sus amigos asintieron—. Y hasta donde yo sé, él aceptó el trato voluntariamente y no se vió afectado de manera negativa.

Chica refunfuñó enojada.

—¿Qué clase de trato?—volvió a preguntar la rubia.

—No quiero ni tengo porqué decirte—. Y entonces el pelirrojo se fue a su silla con la mirada en alto.

Los otros dos imitaron su acción y poco tiempo después Bonnie bajó por las escaleras. Cenaron prácticamente en silencio.

Al acabar, Bonnie tomó su plato y se dirigió a la cocina para después lavarlo y guardarlo con tranquilidad. Se dirigió a las escaleras y antes de subir el pelirrojo le detuvo.

—Eh, Bonnie—mencionó con una sonrisa un poco forzada—. ¿No quieres quedarte a hablar?

—Oh, no, gracias—respondió tranquilo en oji-carmín comenzando a subir las escaleras—. Estoy cansado, ya quiero dormir.

Habiendo dicho esa mentira prosiguió su camino y llegó a su cuarto. Suspiró al tiempo que se sacaba la camisa y los pantalones de una buena vez. Quería estar cómodo, al menos físicamente.

Se dirigió a su cómoda y sacó un suéter rojo que se veía ya muy desgastado y pálido. Se lo colocó con tranquilidad y cuidado, sabiendo que tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo. El suéter le quedaba inmenso, tomando en cuenta que le llegaba abajo de los muslos, cubría por completo sus manos y se podían notar levemente sus hombros por la abertura del cuello de la prenda.

Si algo le fascinaba a Bonnie era usar ropa de talla más grande que la suya, más aún cuando de dormir se trataba. No se molestó en buscar alguna prenda inferior ya que con el suéter y los boxers era suficiente para él.

Se subió a su cama y segundos después se hizo un ovillo entre las sábanas, con la pura intención de dormir. Cerró los ojos fuertemente, tratando de alejar todos esos recuerdos que le atormentaban. Era imposible.

Él sabía que eso nunca podría superarlo. Él sabía que cualquier pequeña cosa, cualquier pequeña y mísera cosa que tuviera que ver con su pasado haría que su inestabilidad emocional y un poco mental saliera a flote. Todo lo razonable se iba al carajo mientras el pelimorado se volvía un manojo de nervios, depresión y desesperación capaz de matarse. Ya lo había intentado antes. No funcionó nada.

Las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos sin darse cuenta. Sintió un impulso por pasar algo filoso por su cuerpo. No estaría de ese modo si Foxy, implícitamente, no le hubiera recordado su manera de ser de antes.

Al no poder dormir ya que era demasiado temprano, tomando en cuenta que solía desvelarse junto a sus amigos, comenzó a golpear su cabeza en la almohada con brusquedad. A veces soltaba un pequeño jadeo de cansancio o sollozos un poco fuertes. Tenía la esperanza de que en algún punto se diera un golpe tan fuerte que quedara inconsciente. Era imposible ya que se trataba de una mullida y suave almohada. Cayó en la cuenta de que necesitaría una superficie más dura.

Se volteó hacia la pared con desesperación, viendo ésta con detenimiento. Era... perfecta. Sus lágrimas seguían cayendo rápidamente. Sus sollozos eran más fuertes. Se había dado la libertad de llorar tan fuerte como quería, había olvidado que vivía con otros tres chicos, al parecer.

Recargó su cabeza en la pared sin mucho cuidado y colocó sus manos a cada costado, ocasionalmente golpeando la pared con éstas mientras reunía coraje y valor para golpearse.

—Vaya—susurró Chica escuchando a Bonnie arriba—. Foxy deberías ir.

—Chica tiene razón—secundó Freddy—. Te tiene más confianza a ti.

—¿Qué tendrá?—. Foxy se dirigió a las escaleras y las subió—. Jamás había visto a Bonnie así—balbuceó para sí mismo.

El pelimorado ya se sentía preparado para poder olvidarse del mundo. Si tenía suerte el golpe acabaría con su vida. La desesperación había llegado a su extremo, como solía pasar al sacar el tema de su adolescencia a flote. Era una parte de Bonnie que él prefería no mostrar porque no traía nada bueno.

Alejó su cabeza de la pared balanceándose un poco hacia atrás. Suspiró unos segundos y, justo antes de soltar todo su peso hacia delante alguien tocó su puerta.

—Uhm, Bonnie—llamó Foxy tocando levemente—. ¿Todo bien? ¿Estás bien?

Bonnie se volteó hacia la puerta un poco sorprendido, se quedó hincado en la cama. Carraspeó levemente.

—Claro, todo está bien—respondió con voz tranquila—. ¿Por qué no habría de estarlo?

Mientras hablaba se secaba las lágrimas con las mangas del suéter y trataba de arreglar su aspecto un poco.

—¿Puedo pasar?—preguntó.

—Oh, sí—. Bonnie se levantó de su cama y con paso lento se colocó frente a la puerta. Tomó la perilla entre sus dedos y recargó su cabeza en la puerta por unos segundos mientras suspiraba—. Pasa—. Abrió tan pronto como se sintió listo, sonriéndole al pelirrojo forzadamente.

Foxy notó la falsa sonrisa, puesto que el pelimorado solía sonreír mostrando sus blancos y grandes dientes. Esta sonrisa había consistido en levantar las comisuras de sus labios levemente.

El pelirrojo se sentó en la orilla de la cama y esperó a Bonnie, quien cerró la puerta y prendió la luz de su habitación para después sentarse junto a Foxy.

—Bonnie, ¿seguro que estás bien?—. Foxy le miró directo a los ojos, logrando apreciar súplica en ellos, pudo jurar que Bonnie le pedía ayuda a gritos con esa simple mirada.