El sol volvió a postrarse sobre el horizonte, y su calidez fue suficiente para despertar a Kazuto.

Bostezando adormilado Kazuto abrió los ojos desorientado, brevemente olvidando lo que había sucedido el día anterior. Claro, había sido encerrado en una torre por la reina misma para probar si era digno de Asuna, y para hacerlo tenía que convertir paja en oro o morir si fracasaba.

Repentinamente recobrando los cinco sentidos Kazuto casi perdió el aliento al notar el resplandeciente brillo dorado que lo rodeaba. Se puso de pie asombrado y se acercó a las pilas que antes eran de paja para inspeccionarlas. La paja ya no se sentía suave contra sus manos, era más sólida y pesada.

"Lo logró." Kazuto murmuró sorprendido.

Esa hada no había mentido. Incluso cuando Kazuto se quedó dormido y ya no lo podía vigilar el hada se quedó toda la noche para transformar la paja por completo.

Le hubiera gustado agradecerle.

Kazuto se sobresaltó cuando repentinamente escuchó cómo le quitaban el seguro a la puerta, y al abrirse un destello naranja corrió para tomarlo en sus brazos desesperadamente.

"No dejaré que te haga daño." Asuna le susurró al oído temblorosa. "Voy a protegerte cueste lo que cueste."

Separándose de Kazuto para mirarlo a los ojos Asuna perdió el aliento cuando se dio cuenta de que la paja ya no estaba. Miró estupefacta a su alrededor, pensando que tal vez estaba soñando, pero al ver que su madre permanecía inmóvil en la entrada de la habitación con una expresión incrédula en su rostro Asuna se percató de que ese no era un sueño.

"¿Pero cómo...?" Asuna preguntó estupefacta. "¿Cómo lo hiciste?"

Kazuto frotó su cuello apenado.

"Creo que aunque te explicara no me creerías." Confesó con una sonrisa nerviosa.

Ansioso por el veredicto de la reina Kazuto la miró esperando su respuesta, pero ella parecía estar aún perdida en su trance.

"¿Es esto suficiente prueba su majestad?" Kazuto finalmente le preguntó.

Aunque lo estaba viendo con sus propios ojos Kyouko no podía creerlo. Se supone que eso era imposible, ella se aseguró de que ese fuera el caso, pero de alguna forma consiguió hacerlo de todos modos. ¿Acaso era un truco?

Kyouko frunció el ceño escéptica.

"Me sorprendiste, eso no lo voy a negar." Kyouko admitió honestamente. "Pero para estar segura de que esto no sea un truco o un engaño quiero que lo vuelvas a hacer. De igual manera si fallas serás ejecutado."

"¡¿Madre qué te sucede?!" Asuna intervino molesta. "Kazuto ya hizo lo imposible por mí, ¡¿qué eso no es prueba suficiente?!"

"No te entrometas Asuna." Kyouko le reprimió fríamente. "Si dices otra palabra lo ejecutaré sin si quiera darle la oportunidad."

Las manos de Asuna temblaron en puños mientras la chica miró a su madre con rencor. Estaba furiosa con ella, pero también temía por el bienestar de Kazuto.

Madre e hija se miraron la una a la otra silenciosamente hasta que Asuna giró para estar frente a Kazuto de nuevo. No podía explicarse cómo es que Kazuto logró hacer algo tan increíble en una sola noche, pero si lo pudo hacer una vez podría hacerlo dos veces ¿no?

"¿Estarás bien? ¿Crees poder hacerlo de nuevo?" Asuna le preguntó temerosa.

Kazuto se mordió el labio inferior nervioso. Sin duda esa hada podría lograr tal hazaña de nuevo sin problemas, pero Kazuto no estaba seguro si el hada iría a visitarlo de nuevo. De igual manera no tenía muchas opciones, y lo único que podía hacer era creer.

Kazuto asintió ligeramente con la cabeza.

"Estaré bien." Contestó solemnemente, no del todo seguro.

Tomó la mano de Asuna y la elevó a sus labios para besarla suavemente, en un intento por reconfortarla.

Asuna suspiró tristemente.

"Odio sentirme así. Quisiera poder hacer algo." Asuna murmuró frustrada.

Kazuto acarició los dedos de la chica, sintiendo el frío metal del anillo dorado que ella estaba usando en su dedo índice. El brillo captó su atención, y al verlo Kazuto recordó que si el hada llegaba de nuevo esa noche sin duda alguna le pediría algo a cambio. El collar de plata era lo único que llevaba con él, necesitaba tener algo para ofrecerle.

"¿Crees poder regalarme ese anillo?" Kazuto le preguntó repentinamente.

Asuna parpadeó confundida, no del todo segura por qué Kazuto haría una petición similar, pero al ver cómo sus ojos grises le rogaban que dijera que sí Asuna asintió sin dudarlo.

"Claro." Asuna le dijo mientras le entregó el anillo en sus manos. "Confío en ti. Sé que todo saldrá bien."

La noche volvió a caer, y antes de que la luna saliera por completo Kazuto fue guiado a una torre diferente a la primera. La habitación era ligeramente más grande, pero igual que la vez anterior la única ventana estaba bloqueada por rejas y todo estaba lleno de montañas de paja.

Kazuto intentó recordar si hizo algo en particular para haber invocado el hada, pero al no poder pensar en nada decidió que solo podía esperar por su llegada. Con cada minuto Kazuto se volvía más ansioso y desesperado, pero cuando escuchó una risa burlona detrás de él sintió cómo una ola de alivio lo envolvió.

"¿De nuevo en el mismo percance?" El hada preguntó curioso, mirando a su alrededor y notando que había más paja que la vez pasada. "Bueno, eso no importa. Puedo convertir toda esta paja en oro fácilmente. ¿Tienes algo con qué pagarme?"

Casi inmediatamente Kazuto buscó entre sus bolsillos por el anillo dorado que Asuna le había dado y se lo entregó al hada.

"¿Con eso será suficiente?"

El hada analizó el anillo por un breve momento. Era de oro genuino y tenía el emblema de la familia real, definitivamente era valioso.

"Más que suficiente." El hada dijo satisfecho mientras guardó el anillo entre sus pliegues.

Con un suspiro de alivió Kazuto se sentó y se recostó contra la pared, viendo como el hada comenzó a trabajar con la paja. No tenía idea de dónde había venido, cómo supo que alguien en una torre oscura necesitaba ayuda, cuáles eran sus intenciones o si quiera cuál era su nombre, pero aunque la curiosidad era demasiado tentadora Kazuto no quiso arriesgar distraer al hada de su trabajo.

Podía vivir sin saber esas respuestas, porque después de todo Kazuto iba a continuar viviendo gracias a su ayuda.

En algún momento de la noche Kazuto se quedó completamente dormido.

El abrupto sonido de la puerta abriéndose agresivamente despertó a Kazuto de un salto, y al darse cuenta de que era la reina quién había entrado a observar los resultados Kazuto se puso de pie lo más rápido que pudo.

Tras adentrarse a la habitación la reina cerró la puerta detrás de ella y se acercó a la montaña de paja más cercana.

Todo era oro. El hada había cumplido su palabra y Kazuto se sintió confiado al ver que una vez más logró realizar la petición de la reina.

Fue justo entonces que Kazuto se dio cuenta que Asuna no estaba. Se acercó a la puerta para ver si podía escuchar la voz de su amada del otro lado, pero solo había silencio. Kazuto hizo una mueca molesta; conociendo a la reina seguramente se aseguró de que Asuna no pudiera venir a verlo.

"No sé qué es lo que hiciste." Kyouko empezó a hablar. "Pero ahora estoy convencida de que esto no parece ser un truco."

Kyouko giró para mirar a Kazuto, y aunque estaba impresionada su mirada seguía siendo hostil.

"Sin embargo, aún me es difícil aceptar tan fácilmente que un plebeyo se case con mi única hija."

Kyouko continuó mientras se le acercó a Kazuto.

"Si en serio estás dispuesto a ir tan lejos por mi hija deberás hacer lo mismo una última vez, solo que esta vez si logras hacerlo de nuevo dejaré que te cases con Asuna."

Kazuto sintió como perdió el aliento.

Podría casarse con Asuna. La reina misma aceptaría de su amor y no habría nada que pudiera mantenerlos separados. Parecía demasiado bueno para ser verdad.

"Pero no lo olvides." Kyouko continuó, regresando Kazuto a la realidad. "Si fallas serás ejecutado."

Instintivamente la mano de Kazuto se postró en su cuello temerosamente mientras él asintió débilmente con la cabeza. A este punto ya no había vuelta atrás. O lograba cumplir los requisitos de la reina para vivir el resto de su vida con su amada, o fallaba en el intento y moría a consecuencia de ello.

El resto del día Kazuto no tuvo oportunidad de ver a Asuna, y aunque le hubiera gustado verla para hacerle saber que estaba bien y que su final feliz ya estaba a la vista, solo podía confiar en que la reina le había informado de todo lo ocurrido.

Una vez más encerrado en una torre con montañas de paja a su alrededor Kazuto caminaba ansioso de un extremo de la habitación al otro, conteniendo el aliento y con su corazón latiendo como loco mientras esperaba agonizantemente por que el hada volviera a aparecer.

"Debí imaginarlo, ¿lo mismo de siempre verdad?"

Kazuto se sobresaltó ante el sonido de la repentina voz, pero suspiró aliviado al ver que el hada se encogía de hombros despreocupadamente y se encaminaba a la pila de paja más cercana a él. Sin media palabra de Kazuto el hada se sentó en un lugar cómodo y comenzó a transformar la paja en oro.

Igual que las noches anteriores Kazuto miró maravillado como la transformación ocurría frente a sus ojos, pero sacudió su cabeza para salir de ese estupor al recordar que tenía que pagarle al hada tan grande favor. Rápidamente comenzó a buscar entre su ropa y bolsillos algo que pudiera ser del valor más remoto, pero al no encontrar nada Kazuto comenzó a entrar en pánico.

No tenía nada. Por supuesto que un plebeyo como él no tendría riquezas, ese collar de plata que ofreció en la primera noche fue cosa de una vez, y al no ver a Asuna ese día no pudo pedirle una ofrenda como lo había hecho con el anillo. ¿De dónde iba a sacar algo valioso para pagar?

"Oye…" Kazuto empezó nerviosamente. "No tengo nada con qué pagarte."

Una risa risueña escapó de los labios del hada mientras continuaba trabajando.

"Descuida, pensaré en algo con lo que puedas pagarme después. Por ahora no te preocupes de eso."

Apreciaba el gesto, pero por alguna razón Kazuto no lograba sentirse cómodo con la repentina amabilidad.

"Tal vez deberías detenerte. En serio no tengo nada que pueda ofrecerte." Kazuto insistió, teniendo un mal presentimiento de lo que podría resultar si prometía pagar con algo que no tenía.

"Insisto, no te preocupes." El hada dijo sin dejar de trabajar por un segundo. "Además, sé lo que está en juego. Después de esto podrás casarte con la princesa, ¿no es eso lo que quieres?"

Kazuto titubeó.

Por supuesto que sí, jamás había querido algo más en su vida. Además, si no lograba convertir la paja en oro la reina lo mataría sin dudarlo. Definitivamente no tenía muchas opciones.

Con un suspiro de derrota Kazuto se sentó contra la pared.

"De acuerdo." Kazuto finalmente aceptó a regañadientes.

Con los párpados entre cerrados Kazuto miró silenciosamente como el hada continuaba trabajando, y aunque hubiera querido quedarse dormido para poder descansar de tanta ansiedad por un momento el sueño nunca llegó por él.

Pasaron las horas, y Kazuto observó silenciosamente como el hada transformaba cada montaña de paja en oro, hasta que unos minutos antes de que se vieran los primeros rayos de sol terminó con su trabajo sacudiendo sus manos victorioso.

"Listo." El hada suspiró satisfecho. "No me molestaría ayudarte de nuevo si lo necesitas, pero intenta ya no meterte en problemas extraños."

Kazuto se puso de pie, un tanto temeroso por escuchar cuál sería el costo de sus servicios.

"Entonces, ¿cómo voy a pagarte?" Kazuto preguntó sin rodeos.

El hada llevó un dedo a su mentón pensativamente con una sonrisa pícara.

"Bueno, considerando que es gracias a que vas a casarte con la princesa… como pago quiero que me des tu primer hijo."

Kazuto pudo sentir como su alma casi abandonaba su cuerpo.

¿Había escuchado bien?

Sus manos comenzaron a temblar, y un sudor frío descendía de su frente. ¿Qué clase de broma enfermiza era esa? Hasta ahora el hada había aceptado sin problemas pagos de valor material como collares de plata y anillos de oro, ¿por qué tan repentinamente pediría algo irremplazable como una vida humana?

"No sé a qué estás jugando." Kazuto gruñó furioso. "Pero si crees que voy a entregarte a mi primer hijo voluntariamente estás realmente equivocado."

"Oye, oye." El hada levantó sus manos de manera defensiva. "No tienes por qué ponerte así. Considerando lo mucho que estoy ayudándote pienso que ese es un precio razonable."

"¡Déjate de estupideces!" Kazuto bramó. "¿Qué no siempre estuviste interesado en lo material? Te conseguiré lo que sea."

El hada se cruzó de brazos mientras negaba con la cabeza.

"Ya me cansaron esas cosas." El hada se encogió de hombros despreocupado. "Lo que quiero ahora es tu primer hijo, y no aceptaré nada más."

"Después de que me case con Asuna te puedo conseguir dinero, propiedades, riqueza ¡lo que sea!" Kazuto continuó insistiendo, lentamente entrando en pánico al ver que no podía convencer al hada.

El hada seguía mostrándose desinteresado ante las ofertas y bostezó aburrido.

"No, lo siento, no quiero nada de eso." Dijo con una mueca impaciente. "Pero como claramente sigues en negación dejaré que te calmes y vendré por mi paga cuando llegue el momento."

"¡No! ¡Espera!"

Kazuto intentó sujetar el hada para evitar que se fuera, pero antes de que pudiera siquiera rozarlo ya se había evaporado en una nube de luz.

¿Para qué quería a su primer hijo? ¿Qué pretendía hacer con él?

Derrotado Kazuto se apoyó contra una pared para no perder el equilibrio y sujetó su cabeza desesperadamente.

¿Y ahora qué podía hacer? No sabía de dónde había venido esa hada, así que no tenía manera de buscarlo. ¿Debería decirle a Asuna? ¿Podría ella ser de ayuda para encontrarlo? No… no podía decirle. No tenía el valor para decirle. Le rompería el corazón saber que perdería a su primer hijo, y no solo eso, seguramente también odiaría a Kazuto por haber hecho un trato similar sin considerar las consecuencias.

Dijo que vendría por su paga cuando llegara el momento. ¿Acaso significaba que cuando naciera su primer hijo el hada estaría en puerta para llevárselo?

Kazuto tragó saliva aterrado ante la idea. ¿En serio no había nada que pudiera hacer para evitarlo?

No, no podía rendirse. Definitivamente no dejaría que le arrebataran a su hijo sin intentar pelear. Por el momento era evidente que no podía hacer mucho, pero podía prepararse, y cuando el momento llegara podría pensar en una solución.

"¡Kazuto!"

La puerta se abrió violentamente y justo como ocurrió después de la primera noche Asuna entró corriendo para abrazarlo contra ella.

"Qué alivio que estás bien." Asuna sonrió risueña, besando a Kazuto numerosas veces en el rostro.

Entrando después de Asuna la reina se adentró en la habitación para una vez más inspeccionar la paja. Mientras ella lo revisaba todo meticulosamente Asuna tomó las mejillas de Kazuto entre sus manos para besarlo una vez más.

"Lo lograste." Asuna suspiró maravillada. "Gracias a ti al fin estaremos juntos."

"Sí, al fin." Kazuto respondió con una sonrisa fingida.

Inmediatamente notando la mirada distante y la angustia que mostraba su lenguaje corporal Asuna frunció el ceño preocupada.

"¿Estás bien?"

"Lo siento." Kazuto rio suavemente. "Es que no dormí bien anoche. Pero créeme, nunca había estado más feliz en mi vida."

Aceptando su respuesta Asuna lo volvió a abrazar.

"Felicidades."

Kyouko finalmente habló para llamar la atención de ambos.

"Podrás casarte con mi hija."