Esa mañana tan pronto salió el sol Kazuto envió a la mayor cantidad de guardias posible que no trajera sospechas a recorrer el reino, con la tarea de buscar todos los nombres existentes que pudieran encontrar. Considerando que el reino era grande Kazuto sabía que no los volvería a ver hasta en la noche, por lo que estaba un poco nervioso por la segunda visita que sabía tendría ese día.
Sin poder hacer más que esperar Kazuto decidió que sería un buen momento para ver a Asuna y su hija, quiénes aún necesitaban reposar del nacimiento. Las sirvientas le habían dicho que las dos se encontraban bien, pero se sentiría más tranquilo si las visitaba él mismo.
Entrando a la habitación Kazuto sonrió al ver que Asuna estaba despierta, sosteniendo a la bebé en sus brazos mientras la alimentaba.
"¿Cómo te sientes?" Kazuto preguntó al sentarse a su lado.
Asuna volteó a mirarlo.
"Ya me siento con más energía." Asuna le aseguró con una sonrisa. "Y de hecho comencé a pensar en un nombre para ella."
"¿En serio?"
Como no sabían si tendrían un hijo o una hija Kazuto y Asuna nunca se tomaron el tiempo para pensar en nombres, y con las preocupaciones que tenía Kazuto recientemente honestamente no había recordado que necesitaban un nombre.
Kazuto miró curioso a su hija, esperando que al ver su rostro un nombre le llegara a la mente, pero hasta ese momento no se le había ocurrido nada.
Asuna asintió orgullosa, regresando su mirada a la bebé.
"Tengo varios, pero el que me gusta más es Aiko."
"Aiko…" Kazuto repitió intrigado para ver cómo se sentía pronunciarlo. "Princesa Aiko."
Se escuchaba bien. Se sentía bien decirlo.
Satisfecho Kazuto sonrió.
"Sí, se oye bien."
Asuna recostó su cabeza contra el hombro de Kazuto, suspirando anhelante.
"Ya quiero que todos la conozcan."
Kazuto rio y acarició suavemente la cabeza de Asuna. Él también quería que el reino la conociera, estaba seguro de que todos la amarían, pero tenían que esperar un par de meses más antes de presentarla.
"Igual yo, pero todavía es muy pronto. Además, tu ni siquiera has terminado de recuperarte." Kazuto explicó mientras oprimió la mejilla de Asuna con su dedo índice juguetonamente, causando que Asuna le respondiera con un puchero.
"Pues yo me siento bien."
Kazuto sacó su lengua de manera burlona en respuesta, y los dos rieron antes de darse un beso.
Todo todavía se sentía como un sueño. Desde que conoció a Asuna deseaba casarse con ella y formar una familia, era solo un sueño de un joven enamorado, pero en ese momento con Asuna y a su hija frente a él Kazuto no podía evitar sentirse inundado de felicidad. Ese sueño se había vuelto realidad, y aún no lo podía creer.
Kazuto acarició con cuidado la cabeza de su hija y postró un beso en la frente de Asuna.
"Descansa todo lo que necesites, te lo mereces."
Asuna se sonrojó abochornada, en ligero conflicto de que aunque ya no estaba tan exhausta como ayer quería seguir descansando y Kazuto logró darse cuenta de ello. No quería que la cuidaran tanto, pero igual disfrutaba la actitud tierna de su esposo cuando estaba preocupado.
"Gracias, lo haré." Asuna dijo mientras veía como Kazuto se levantó de la cama camino a la puerta.
Mirando a Asuna una última vez antes de irse Kazuto cerró la puerta detrás de él.
De haber sido por él se hubiera quedado con Asuna más tiempo, pero no quería arriesgar que el hada apareciera con ella presente. Sus visitas anteriores no mostraban algún patrón de horario que estuviera siguiendo así que era difícil de adivinar cuándo llegaría.
Dando la vuelta en el pasillo para ir a la biblioteca en busca de más nombres Kazuto se detuvo en seco para evitar chocar con el hada frente a él.
"Sabe majestad tal vez no sea tan buena idea que le ponga nombre a su hija." El hada dijo flotando ligeramente en el aire mientras contemplaba sus manos despreocupadamente. "Después de todo me la llevaré pronto."
Kazuto frunció el ceño molesto. Era sorprendente lo rápido que se enfurecía cada vez que lo escuchaba hablar.
"No te precipites. Aún tengo dos oportunidades."
"Es verdad, pero dudo que logre adivinarlo." El hada rio pícaro. "Así que adelante majestad, esta es su segunda oportunidad. Le deseo suerte."
El hada descendió y dejó que sus pies aterrizaran elegantemente, cruzando sus brazos en frente de su pecho curiosamente.
Aunque Kazuto sabía que no volvería a ver a sus guardias hasta en la noche investigó un poco más en la biblioteca buscando nombres que no hubiera mencionado el día anterior, y en efecto logró encontrar varios, pero algo en su interior le decía que ninguno era correcto.
Con los brazos temblando a su lado ansiosamente Kazuto comenzó a recitar todos los nombres que podía recordar, todo el tiempo mirando el rostro del hada por alguna señal de que estuvo cerca de adivinar, pero esa sonrisa tan molesta y burlona no titubeó ni una sola vez.
Cuando Kazuto no pudo pensar en más nombres que no hubiera mencionado antes recurrió a inventarlos ahí mismo, pero la inspiración para hacerlo no era mucha bajo tanta presión, y eventualmente no pudo continuar. Suspiró derrotado y se detuvo, increíblemente frustrado por la impotencia que lo invadía.
El hada se mantuvo en silencio por si Kazuto decidía continuar, pero sonrió triunfante al ver la mirada de decepción en sus ojos.
"Fue un buen intento, pero no estuvo ni cerca majestad." El hada rio jovialmente.
Kazuto entrecerró sus ojos enfurecido, luchando arduamente consigo mismo por no golpearlo en la cara.
"Pero aún tiene una oportunidad, así que no pierda la esperanza." El hada guiñó malicioso e hizo una reverencia. "Esperaré con ansias nuestro próximo encuentro."
En un destello blanco el hada se evaporó en el aire.
"Desgraciado…" Kazuto murmuró entre dientes.
Definitivamente no iba dejarlo salirse con la suya. No importara lo que fuera a costar Kazuto protegería a su hija de ese degenerado, y si tenía que morir para lograrlo lo haría.
Hace ya varias horas que había oscurecido, pero Kazuto seguía sentado en su trono esperando pacientemente por el regreso de sus guardias. Asuna le pidió múltiples veces que fuera a dormir, pero Kazuto no tuvo más opción que mentirle diciendo que tenía mucho trabajo que hacer. Él iba a quedarse despierto toda la noche si era necesario, pero no iba a tolerar que Asuna se desvelara con él, ella aún necesitaba recuperarse y estar al lado de su hija.
La puerta al fin se abrió y Kazuto se sobresaltó en su asiento, sonriendo aliviado al ver cada uno de los guardias que se fueron esa misma mañana entrar a la habitación. Una vez que se formaron frente a él, Kazuto se levantó del trono y se dirigió al primer guardia.
El guardia sacó un pergamino con varios nombres escritos y recalcó cuáles eran los más poco comunes que logró encontrar y de dónde los encontró. Kazuto escuchó atento, leyó la lista brevemente y la tomó para sí mismo dando las gracias.
Repitió lo mismo con cada uno de los guardias, mentalmente tomando nota de los nombres que veía repetidos para tacharlos más tarde, hasta que al llegar a casi la mitad Kazuto notó que el siguiente guardia parecía estar ligeramente desconcertado.
"Aquí están los nombres que encontré majestad." El guardia pelirrojo dijo mientras le entregó la lista a Kazuto. "Y de hecho escuché un nombre bastante extraño… lo escuché de una especie de hada en el bosque."
Kazuto sintió cómo su corazón se aceleró. ¿Podría ser él?
"¿Cómo era esa hada?"
El guardia frotó su cabeza intentando recordar.
"Estaba atardeciendo así que no lo pude ver con claridad, pero distinguí que tenía cabello rubio que le llegaba a los hombros y usaba una túnica verde."
¡Era él! Definitivamente era él. Ahora más que nunca Kazuto se sentía lleno de esperanzas.
"Dime, ¿qué fue lo que escuchaste?" Kazuto preguntó acelerado, intentando no mostrarse tan desesperado.
Originalmente la búsqueda por los nombres iba a realizarse solo en el reino, pero las órdenes de Kazuto fueron buscar nombres con todas las personas del reino, y varios guardias recordaron que había una pequeña cantidad de familias viviendo en el bosque. Fue por eso que antes de que se metiera el sol por completo unos pocos guardias se encaminaron al bosque.
Ryoutarou venía de regreso de visitar la familia de un leñador, atravesando el bosque para regresar al castillo con toda la información que consiguió. Intentando recobrar el aliento de tanto caminar tomó un momento para recargarse contra un árbol y descansar.
"¡Estoy tan cerca!"
Ryoutarou alzó la cabeza sorprendido al escuchar a alguien reír cerca de él, y asustado de que fuera alguien hostil rápidamente se escondió detrás del árbol.
"Después de esperar tantos años al fin lo conseguiré." La voz continuó celebrando triunfante.
Discretamente asomando la cabeza por el tronco Ryoutarou miró intrigado la figura de lo que parecía ser un hada revolotear y brincar victorioso.
"Qué felicidad la que siento hoy, pues mañana su hija mía será ¡qué listo soy!" El hada comenzó a cantar mientras giraba en el aire. "El pobre rey nunca lo podrá adivinar, ¡que Oberon es como me han de llamar!"
"Oberon." Kazuto repitió asombrado. Jamás se le hubiera ocurrido un nombre así ni en los más locos de su sueños. Con razón el desgraciado estaba tan confiado.
"Majestad, no entiendo por completo lo que está pasando, pero esa hada no estaba hablando de usted ¿o sí?" Ryoutarou preguntó preocupado, consciente de que la hija de Kazuto recién había nacido y de que no había otros reyes de reinos cercanos que hubieran tenido hijas últimamente.
Kazuto sonrió confiado. Ahora que sabía su nombre no tenía nada más de que preocuparse.
"Por supuesto que no." Kazuto le aseguró sonriente. "Puedes estar seguro de que él no nos causará problemas."
Ignorando que aun faltaban guardias por entregar sus listas Kazuto se encaminó de regreso a su trono para hablar directamente con todos.
"Les agradezco inmensamente a todos su trabajo, y sobre todo aprecio que esto no llegara a oídos de Asuna." Kazuto comenzó a hablar, portando una evidente mirada de alivio. "Me aseguraré de que sean bien recompensados."
Los guardias celebraron entre sí, riendo y abrazándose amistosamente los unos a los otros.
"En especial tú." Kazuto agregó, apuntando directamente a Ryoutarou.
Ryoutarou sonrió orgulloso e hizo una reverencia.
"Muchas gracias majestad."
Con esas últimas palabras Kazuto dio permiso a los guardias de que se retiraran, y una vez que lo hicieron él mismo se dirigió a su habitación para ir a dormir.
Asuna ya estaba completamente dormida al igual que Aiko que yacía en la cuna que estaba al lado de su cama, las dos completamente ignorando el sonido de la puerta abriéndose. Sonriendo plácidamente Kazuto se acostó al lado de Asuna, acercándola a su cuerpo para abrazarla contra su pecho.
Nunca había dormido tan tranquilo como lo hizo esa noche.
Emocionado con la idea de al fin deshacerse de Oberon Kazuto no pudo evitar levantarse temprano al día siguiente. Alivio, confianza, triunfo, y hasta un poco de arrogancia, todas esas emociones lo envolvían en una especie de aura positiva que no podía evitar hacerlo sonreír.
Pero tenía que ser paciente y esperar, por lo que Kazuto se aseguró de permanecer solo toda la mañana. Aún no estaba seguro de cómo Oberon sabía cuándo visitar, pero esperaba que de alguna manera supiera que Kazuto se encontraba solo para ir a verlo. Así que tratando de esconder su evidente buen humor decidió esperar sobre su trono, donde sabía nadie iría a molestarlo sin previo aviso.
Para su alivio Kazuto no tuvo que esperar mucho tiempo cuando tan solo a los treinta minutos de estar por su cuenta Oberon se manifestó frente a él.
"No tiene idea del gusto que me da verlo majestad." Oberon dijo con una reverencia. "¿Está listo para intentar adivinar mi nombre por última vez?"
Kazuto se reclinó sobre el trono, apoyando su mentón en su mano.
"Estoy listo." Kazuto respondió seriamente, internamente luchando consigo mismo por no parecer sospechoso.
"Le recuerdo que si en esta ocasión no logra adivinar mi nombre me llevaré a su hija, sea por las buenas o por los malas." Oberon rio maliciosamente mientras se encogió de hombros casualmente.
Kazuto entrecerró sus ojos, molesto por la actitud de Oberon a pesar de que ya sabía que iba a ganar. Algo en ese rostro le resultaba muy irritante.
"Estoy consciente." Kazuto murmuró.
"¡Entonces adelante! Mucha suerte majestad."
Kazuto tomó un momento para respirar y mantener su compostura.
"¿Acaso tu nombre es Klein?" Kazuto preguntó ingenuamente, decidiendo que si Oberon pudo jugar con su corazón de manera tan atroz él también podía darle falsas esperanzas.
"Me temo que no." Oberon respondió mientras sacudió su cabeza.
"Hmm, ¿qué tal Heathcliff?"
Oberon rio entretenido y empezó a flotar en el aire despreocupado, postrando sus manos detrás de su cabeza.
"Tampoco."
"¿Agil?"
"Definitivamente no."
Kazuto sonrió pícaro una vez que se dio cuenta de que Oberon ya consideraba tener la victoria en el bolsillo. Ese era el momento que estaba esperando.
"¿Podrá ser entonces que tu nombre es Oberon?"
Abruptamente aterrizando en el suelo Oberon volteó a ver a Kazuto incrédulo.
"¿Pero qué?" Oberon miró a Kazuto horrorizado, y al ver esa sonrisa victoriosa que portaba en su rostro inmediatamente supo que obtuvo ayuda de alguna parte. "¡¿Cómo lo hizo?!"
"¿Entonces acerté?" Kazuto preguntó burlón, sintiendo una increíble satisfacción al ver a Oberon genuinamente molesto.
"Maldición… ¡Estuve tan cerca!" Oberon gritó furioso a sí mismo, completamente opuesto a su actitud usualmente confiada y serena. "¡Ya casi era mía!"
"Parece que sí lo hice." Kazuto concluyó victorioso. "Debes cumplir tu parte del trato."
En serio no contaba con que Kazuto lograra adivinar su nombre. Oberon estaba seguro de que iba a ganar sin duda alguna, pero no podía negar que un trato era un trato. Tantos años de espera e increíble paciencia desperdiciados.
Con una última mirada de odio dirigida a Kazuto Oberon desapareció.
Al fin se había ido.
Abrumando por una ola de alivio Kazuto se dejó caer en su trono, mirando al techo de la habitación incrédulo intentando procesar que en efecto todo había terminado de una buena vez por todas.
"Lo logré." Kazuto murmuró sorprendido, seguido por una suave risa. "¡Lo logré!"
Repentinamente levantándose Kazuto corrió lo más rápido que sus piernas pudieron llevarlo afuera de la habitación. Varios sirvientes y guardias lo miraron intrigados al verlo correr tan velozmente por los pasillos, pero Kazuto no dejó que nada lo detuviera hasta llegar a su destino.
Tan pronto vio esas familiares puertas el corazón de Kazuto se aceleró emocionado y entró a su habitación para ver a Asuna colocando a Aiko en la cuna para su siesta.
Asuna no pudo reaccionar a tiempo y gimió sorprendida al sentir las manos de Kazuto sujetar su cintura y elevarla para girar junto a él.
"¿K-Kazuto?" Asuna preguntó confundida una vez que sus pies regresaron a la tierra y Kazuto la abrazó fuertemente contra su pecho.
"Muchas gracias Asuna. Gracias por traer nuestra hija al mundo." Kazuto suspiró contra su oído felizmente. "Prometo siempre protegerlas a las dos."
Asuna se sonrojó ante las repentinas palabras tan cariñosas, pero pudo sentir que Kazuto hablaba con el corazón. Asuna sonrió y se dejó envolver por la tibieza que venía del cuerpo de Kazuto.
"Sé que lo harás." Asuna dijo confiadamente y se alejó de él para darle un beso.
Se sonrieron el uno al otro antes de fijar sus miradas en Aiko mientras ella dormía en su cuna tranquilamente.
Notas finales
Y vivieron felices para siempre ^^
Aunque el proceso de escritura fue tardado me divertí mucho modificando la historia original de Rumpelstinski para que quedara con los personajes de SAO. Espero lo hayan disfrutado y muchas gracias por leer!
