La última semana de agosto había sido un caos en esta casa. Originalmente por si sola esta semana ya era un caos y no necesitábamos más ayuda para volverla del todo caótica. La última semana de agosto marcaba el inicio de las clases a Hogwarts y con eso el estrés de las familias, las cuáles muchas de ellas tenían mortifagos entre las filas del señor tenebroso, cuyos niños empezarían Hogwarts ya sea de nuevo ingreso o que comenzaban un nuevo curso como era el caso de Draco. Pero con el inicio de las clases en Hogwarts también empezaba la puesta en marcha del plan de nuestro señor para destruir la reputación de Dumbledore y Harry Potter en la sociedad mágica.
Las reuniones con nuestro señor acaban de volverse monótonas y monotemáticas. Todo giraba en torno a una persona cuyo nombre no me acuerdo pero que nunca se me olvidará, solo podía describirla como un gran sapo rosa con una voz chillona. Sentía cierta lastima por los niños que fuera a educar esa mujer, ella misma era cruel pero no pensaba que unos pobres niños merecieran la tortura de aguantar a un sopo rosa amante de los gatos con voz chillona que lo que sabía de las artes oscuras era nulo. Casi estaban mejor aprendiendo magia de un asqueroso squib que cuidaba de la escuela. Pero nunca pondría en duda las elecciones de su señor, ella solo estaba para servir, al menos por la cuenta que le tenía.
Lo único positivo de esa semana era que había logrado hablar con Sirius. La situación no había acabado todo lo bien que ella preveía que iba a acabar, pero después de todo resulto de una forma correcta, aunque para ella era desfavorable. Si alguien se enteraba de lo que hacía estaba muerta. Ella misma había cavado su tumba y estaba dispuesta a enterrarse viva si con eso Draco estaba a salvo.
Escabullirse de una mansión llena de magos había sido más complicado de lo que inicialmente había previsto. Muchos de los mortifagos habían tomado la mansión Malfoy como residencia permanente debido a que durante los juicios casi todas sus pertenencias habían acabado o en manos del ministerio o en manos de terceros lo que les dejaba a muchos sin un lugar donde vivir momentáneamente, aunque ella sabía que pocos, por no decir ninguno, se irían de esa casa. Se vivía muy bien rodeados de lujos y comodidades como para abandonarlas.
A pesar de todo había conseguido escabullirse sin levantar muchas sospechas. No podía irse por mucho tiempo ya que su hermana, y algún tonto más como su marido, se preguntarían donde se había metido y no quería llamar la atención más de lo estrictamente necesario. Bastante era con arriesgarse a que la atraparan los aurors si la veían caminando por Londres. Por eso había tomado la precaución de caminar por el Londres muggle donde nadie la buscaría, pero aun así camino por las cales más pequeñas y oscuras dando un rodeo hasta donde he quedado con Sirius. Cuando estuviera lo suficientemente cerca tomaría la poción multijugos que había robado de Snape junto al cabello de una muggle con la que se había topado lo que le daría unas horas para poder llegar de vuelta a Malfoy's Mannor sin dar mucha sospecha. Al llegar al punto acordado, la casa de los gritos de Hogsmeade, entro antes de que cualquiera que pasará por allí la viera.
Todo seguía igual que en sus años en Hogwarts. Todavía recordaba como se escabullía a ese lugar en su último año hasta que se topo con un pequeño niño Gryffindor. El niño le causo ternura, una emoción muy rara para ella, cuándo le pidió que se fuera. Años más tarde ella misma descubriría que ese niño que tanta ternura le causaba no era otro que uno de los mejores amigos de su primo, Remus Lupin el licántropo.
Busco por todas las habitaciones de la casa hasta que dio con Sirius, pero para su sorpresa no estaba solo, Dumbledore lo acompañaba. Estaba dispuesta a darse la vuelta, pero el carraspeo de la garganta de alguno de ellos se lo impidió.
Señorita Black, no debe temerme – rompió el silencio la voz del director – no quiero entregarla señorita Black. Solo busco ayudarla – acordó el hombre
Esas palabras hicieron titubear a la mujer. Necesitaba toda la ayuda posible para salvar a Draco y que mejor que el más poderoso mago de nuestros tiempos. Ingreso con cuidado, no quería ninguna sorpresa más.
No tengo mucho tiempo – murmuro – Para mi ya no hay solución posible, estoy atada de pies y manos. Se que cuándo caiga, porque se que caerá, yo solo tendré una vía posible: la muerte. Pero él todavía no ha hecho nada. – le pedí angustiada. Yo tenía mi destino firmado y sentenciado, pero todavía tenía esperanza de que Draco viviera
¿Qué me darás a cambio de ayudarte, Bella? – pregunto. Siempre supe que ese hombre no daba nada sin algo a cambio.
Metí la mano en el bolsillo escondido de mi túnica. Dentro había seis viales que guardaban algunas de mis memorias. Unas pocas recientes y otras más antiguas. Todas ellas referidas a la noche que murieron los Potter.
Esto de aquí son mis recuerdos – dije colocándolos sobre una mesa cercana – Tres de ellos conciernen a la noche que murieron los Potter, demuestran que Pettigrew estaba desde el principio con el que no debe ser nombrado. Los otros tres son recuerdos actuales para demostrar que esta vivo y no muerto. Esto servirá para limpiar el nombre de Sirius y que sea un hombre libre de nuevo – dije lo más segura posible, aunque sabía que eso no sería suficiente
Eso esta muy bien, querida Bella. Pero no es suficiente si quieres que ayude a Draco deberás darme algo más – hablo calmadamente el director mientras se acercaba a recoger los viales.
Sabía a que se refería y sabía también que ese era la única solución si quería mantener a Draco seguro
Seré su doble agente – dije – Además me comprometo a no dañar a ningún allego de Potter – añadí
El director sonrió y asintió con la cabeza
Aun puedes salvarte, Bella – hablo Sirius – puedo ayudarte a escapar de allí – murmuro acercándose a mí.
Yo me alejé y negué con la cabeza. Si me iba nadie podría mantener a Draco seguro, yo debía sacrificarme como siempre había hecho
Subí las escaleras buscando alejarme un poco de todo el barullo de la planta baja. Decidí acercarme a ver a Draco. Mis interacciones con él seguían siendo en el mejor de los casos tensas. Sabía que eso era por su padre que había metido su gran nariz en los asuntos que no le concernían.
Al asomarme lo pude ver viendo una foto abstraído. Me acerqué despacio y miré sobre su hombro. En ella había una chica bastante guapa con el pelo liso, vestido azul largo y ligeramente maquilla en lo que parecía ser un salón de Hogwarts.
Es guapa – murmure asustándolo - ¿Es la nacida de muggles de la que tu padre tanto habla? – pregunte dulcemente
Draco asintió y guardo la foto en lo que parecía ser un diario. Me daba mucha tristeza verlo así.
No es malo amarla, Draco – le dije - ¿Ella también te quiere? – pregunté
Solo cree que soy un patán que no tiene sentimientos. Es mejor así, si la traigo a mi mundo solo la corromperán – me dijo sin mirarme
Me moví de mi posición y me coloqué delante de él. Supongo que el siguiente movimiento no se lo esperaba porque note como se tenso cuando lo abrace y lo acune. El primer amor era el más fuerte y que no fuera correspondido solo lo hacia peor.
