La fiesta llegó a su fin, y Kurapika se dirigió a la alcoba que ahora compartiría con Kuroro. Kuroro estaba terminando de hablar con algunos conocidos, pero no tardaría en llegar.

Kurapika observó la gran habitación, a pesar que la suya era una habitación grande, está lo era mucho más. De un lado de la habitación, se encontraba un tocador que estaba designado para "la reina" a lado de un par de puertas, al abrirlas, Kurapika se encontró con que era un vestidor, dentro del cual habían cientos de vestidos, joyas y zapatos. Miro al otro lado de la habitación y estaba seguro que las otras dos puertas conducirán al vestidor del pelinegro. Además de eso, se encontraba el baño; había una ducha dentro de una especie de caja de cristal, en el centro un jacuzzi, y además por su puesto el lavado e inodoro. El solo imaginarse tomar una ducha ahí mientras Kuroro le observaba desde el enorme jacuzzi, hizo que su vello se erizára, aunque no estaba seguro si era en desagrado o excitación.

Kurapika se avergonzó ante este último pensamiento, cerrando rápidamente la puerta. Camino de aquí para allá, esperando a Kuroro. Lo que lo ponía todavía más nervioso. Era la primera noche que compartirían juntos, y era una oportunidad para comenzar a ganar control sobre él. Tenía que tomar la ventaja sobre éste asunto.

Kuroro se sentía molesto por la interrupción repentina, había deseado volver a la habitación acompañando a kurapika, lamentablemente sus planes fueron interrumpidos cuando uno de los reyes de un territorio vecino, le había llamado para felicitarlo. No podía simplemente ignorarlo así que tuvo que acercarse, pero el hombre en verdad que no sabía cómo cerrar la boca.

Kuroro se dirigió a la habitación tan pronto como pudo, esperando que el rubio no estuviera molesto, o dormido.

Pero no esperaba encontrarse con aquella hermosa y sensual vista.

Kurapika lo esperaba sobre la cama, rodeado de las traslúcidas cortinas que cubrían su lecho.

El vestido que había traído puesto, yacía en el suelo, junto con sus tacones.

Su cabello brillaba casi mágicamente enmarcando su hermoso rostro, Kuroro podía notar el nerviosismo en sus ojos turquesa pero había una máscara de seguridad en su rostro. Su pecho subía y bajaba bajo el el encaje blanco de la lencería que llevaba puesta, seda, encaje, el rey podía distinguirlas aún mejor a medida que se acercaba a su lecho. Las cortinas entreabiertas aumentaban el misterio, y cuando por fin estuvo cerca pudo apreciar por completo a su pareja. Llevaba una pieza muy fina, y delicada, el liguero se apegaba a sus muslos de manera provocativa y las medias de encaje llegaban a sus muslos, sus guantes blancos le llegaban hasta por encima del codo y el bordado de rosas en el encaje le daba un toque seductor. Su pecho estaba expuesto, por debajo de sus pezones estaba un corset, lo que había ayudado a tener una cintura aún más pequeña para simular las curvas femeninas, pero Kurapika no necesitaba eso, de por si las curvas de su cuerpo eran pronunciadas y elegantes.

-Kurapika eres es tan hermoso...- Kuroro acarició su rostro y el rubio apego su mejilla al tacto.

-Te estaba esperando- el rubio casi se obligó a sonreír, el miedo lo inundada pero sabía que podía controlarlo. Elevó una mano y acarició el rostro de Kuroro.

Su rey aún llevaba encima el traje de la boda, se veía apuesto de pies a cabeza, su piel blanca brillaba con la luz de la chimenea, sus labios finos y esos ojos oscuros como la noche hacían que Kurapika se sintiera absorbido por ellos.

-Si mi rey lo desea, le ayudaré a quitarse el traje- dijo y se acercó provocativamente hacia Kuroro.

El quería decirle que no era necesario, pero al ver la disposición de su "Reina" se quedó mudo, hipnotizado. Kurapika desabotonaba su traje, sin prisa y sin ir demasiado lento. La capa del rey había quedado atrás desde el principio, junto al vestido de novia.

Kurapika trataba de actuar de la forma más sensual posible, aún así Kuroro pudo notar el temblor en sus manos mientras seguía desabotonándolo. Kuroro en un acto reflejo, tomó sus manos entre las suyas, tratando de darle seguridad a Kurapika.

-No tienes que hacerlo, si no quieres- le dijo.

Kurapika se sorprendió con la amabilidad con la que le habló Kuroro, y por un momento estuvo tentado a detenerse. Hizo a un lado esos sentimientos, no podía dar marcha atrás ahora, ya era muy tarde.

-Esta bien, solo estoy nervioso. Es la primera vez y quiero que sea perfecto.

Kuroro se acercó besó los labios del rubio, contrario a lo que creía Kurapika de él, había sido un beso muy suave y tierno. Dándole seguridad y confianza. El que estuviese siendo tan amable con él estaba haciendo las cosas más difíciles para Kurapika. Siempre se imagino que cuando llegara este momento, el pelinegro sería duro con él. Incluso doloroso, pero el pelinegro le estaba permitiendo a Kurapika ir a su ritmo.

Kurapika puso sus brazos alrededor del cuello de Kuroro, y poco a poco le ayudó a quitarse la camisa, la cual se reunió con las demás prendas en el suelo. Kurapika observó los fuertes y firmes pectorales del pelinegro. Tocandolos con curiosidad, poco a poco bajo sus manos hasta los pantalones de Kuroro.

Los desabrochó, y estos cayeron a sus pies. Solamente su ropa interior quedaba aferrándose a su cuerpo, y ya podía notar la muy evidente erección del mayor. Kuroro acercó una vez más a Kurapika a sí mismo dándole esta vez un beso más pasional que el joven no negó.

-Acuéstate- le ordenó Kuroro y así lo hizo Kurapika.

Kuroro se dirigió al baño, y al regresar, ya estaba completamente desnudo y traía una botella de lubricante en su mano.

Kurapika no pudo evitar notar lo grande que era su miembro, y comenzó a preocuparle si éste le causaría daño o dolor.

Kuroro dejó la botella de lubricante sobre la mesa de noche, cerca de su alcance.

-No te preocupes, seré suave- le consoló al notar la mirada de preocupación del rubio. Se acercó y lo besó nuevamente en los labios. Kuroro se estaba volviendo adicto a ellos, eran tan suaves y la forma en que se movían solo lo invitaban a querer ir más lejos. Pero debía retenerse, tenía que ir paso a paso para no lastimarlo, al menos para su primera vez. Kuroro soltó los labios del rubio, y se dirigió a besar su cuello, haciendo gemir al rubio en sorpresa. Kurapika no sabía que en ese lugar, pudiera sentirse tan bien los besos del pelinegro.

Mientras tanto las manos de Kuroro guiaron a kurapika, invitándolo a tocarlo, su pecho sus brazos, lo que él quisiera. Kurapika lo siguió torpemente. Cuando kuroro mordió su cuello, el joven no pudo hacer otra cosa que aferrarse a su cuello. Le clavó las uñas, pero no le importó, esto apenas comenzaba.

Con sus manos tocó el cuerpo de Kurapika, desde sus muslos, pasando por su cadera, hasta su espalda. Sintió el corsé estorbando su camino contra el contacto con la piel del rubio. Así que dejó de besar al rubio un segundo.

-Date la vuelta- le pidió, y así lo hizo Kurapika dándole acceso a los cordones que sostenían firmemente la prenda. Kuroro deshizo los nudos, aunque lentamente, postergando el momento y admirando cada una de las reacciones del chico bajo su merced.

Retiro el corsé y lo dejó caer al piso, al lado de la cama. Kurapika lo tomó como una señal, así que se volvió a recostar con la espalda contra el colchón.

Observó a Kuroro, y tenerlo así de cerca, solo le hizo darse cuenta de lo realmente apuesto que era. Su piel pálida y esos ojos oscuros, era tan hermoso como un ángel, y al mismo tiempo sabía que era tan pecaminoso como un demonio.

Los ojos obsidiana se tomaron su momento para apreciarlo. Kurapika resistió el impulso de cubrirse con sus manos, sabiendo que esto podría enfadar al pelinegro. Pero con su pecho completamente descubierto y su miembro palpitante, lo hizo sentir más vulnerable.

El mayor siguió con su trabajo, recorriendo su cuerpo con sus manos y sus labios. Hasta que coincidieron en un mismo punto, los pezones de Kurapika.

El rubio no pudo controlarse, gimió fuertemente cegado por el placer. Antes de esto, se había convencido de que podría encerrar sus emociones, pero kuroro le estaba haciendo perder la calma. Mientras más lo tocaba y besaba, más deseaba que lo hiciera.

Con su boca besó, lamió y chupó uno de sus pezones, mientras que el otro era atendido por su mano. Kurapika no dejaba de gemir y jadear, todos esos sonidos eran tan agradables a los oídos de Kuroro.

Nunca espero que el rubio fuera tan sensual detrás de la máscara seria y conservadora que mostraba los días anteriores a este.

Su rostro se sonrojo al escuchar sus propios gemidos, provocados por el rey. Se cubrió la boca con sus manos intuitivamente.

Kuroro estaba a punto de pedirle que no lo hiciera, pero tal vez ya le estaba exigiendo demasiado, así que dejó que el rubio hiciera lo que creía conveniente.

Kurapika podía sentir su miembro completamente duro, quería sentir el tacto del mayor rodeándolo, pero siempre que su alteza parecía acercarse, se volvía a alejar dando marcha atrás.

Kurapika no podía aguantar más tiempo, necesitaba liberación. La siguiente vez que la boca de Kuroro siguió con su rastro de besos hasta la parte baja de su ombligo, Kurapika guió sus manos hasta su cabeza, indicándole que bajara más en un pedido silencioso pero desesperado.

-Por favor, Kuroro- pidió entre gemidos, esta vez olvidando momentáneamente su vergüenza.

El aliento caliente de Kuroro contra su miembro envio un ola de corriente por su columna, la cavidad húmeda rodeaba su miembro, el rey aceptaba su pedido. La sensación mermaba en la voluntad de Kurapika, iba de arriba a abajo ejerciendo presión y cuando se retiraba la lengua del mayor acariciaba la sensible punta, el rubio se arqueaba con cada lamida mientras sus manos atraían la cabeza de Kuroro contra sí.

Los ojos obsidiana lo veían de frente, mientras cabeza de Kuroro iba y venía, esto hizo que a Kurapika le temblaban los muslos, estaba cerca. Separó sus piernas con el afán de conseguír cada vez más y más de esto, sentía que estaba llegando al límite.

Por las reacciones del rubio y sus espasmos podía deducir que estaba cerca del clímax, y justo cuando Kurapika creía que se vendría en la boca del mayor, éste se alejó.

Kurapika dejó escapar un gemido frustrado, podía sentir su corazón latiendo rápidamente, su rostro se sentía caliente y lágrimas de placer escapaban de sus ojos.

Kuroro por su parte se detuvo un momento, dándole un respiro, aún no quería que Kurapika llegará al clímax, al menos no tan pronto y se asombró al ver los hermosos ojos de éste. Estaba seguro que sus ojos turquesas, se habían vuelto rojos como el fuego.

-Tus ojos- señaló Kuroro maravillado.

-Ah…- Kurapika tomó un respiro, - es una cualidad única, se vuelven rojos cuando experimento emociones fuertes como enojó o…

-Excitación- señaló el pelinegro, maravillado por ellos.

-Eso parece.

-Bien, pasemos al acto principal- dijo Kuroro mientras tomaba la botella de lubricante.

Kurapika tragó, preparándose para lo que estaba por venir.

Kuroro cubrió sus dedos con el lubricante, y comenzó a formar círculos con un dedo alrededor de la entrada del joven príncipe.

Poniendo atención a sus reacciones, metió el primer dedo, lentamente. Kurapika gimió, gracias a que se encontraba excitado, fue fácil introducir el primer y segundo dedo.

El rey movió sus dedos, dentro y fuera, y moviéndolos de un lado a otro. Kurapika se retorcía contra el tacto, se sentía extraño al principio, pero poco a poco comenzó a sentirse placentero. Abrió más sus piernas para que Kuroro pudiera tener un mejor y más fácil acceso y fue una buena decisión, cuando metió el tercer dedo; fue un poco doloroso, aunque pudo soportarlo.

Una vez que Kuroro sintió que Kurapika estaba completamente relajado y preparado, humecto su miembro con el lubricante y se acercó a la entrada del rubio.

-¿listo?

Kurapika asintió, y cerró los ojos, preparándose. Kuroro empujó, lentamente y Kurapika mordió el dorso de su brazo. A pesar de que Kuroro lo había preparado, seguía siendo bastante grande. Sintió dolor, no podía mentir. Así que kuroro aguardo a que el joven se acostumbrara a su tamaño.

-Sigue- le insistió - puedo con esto.

Kuroro sonrió, en verdad era un chico increíble. Comenzó a moverse, al principio lento. Sacando su miembro hasta que solo la punta quedaba dentro, y después, hacia dentro. Podía notar el dolor en las expresiones del rubio, era un dolor que podía soportar. Poco a poco el dolor comenzó a convertirse en placer.

La siguiente vez que kuroro empujó, su miembro llegó hasta el fondo. Kurapika grito sorprendido, asustando a Kuroro, pensando que lo había lastimado.

-¿Estás bien?- preguntó preocupado.

-Estoy bien- le respondió- solo me sorprendiste. Sigue moviéndote.

Kuroro sonrió ante la petición de su inexperto príncipe. Comenzó a moverse, más rápido y más profundo, arrancando un gemido de placer cada que entraba.

-Nunca tendré suficiente de esto- dijo Kuroro mientras sentía su miembro siendo presionado deliciosamente y veía al rubio hundir su cabeza contra la cama, sus ojos entrecerrados tenían un brillo carmesí y su pecho subía y bajaba.

-Aaaah!- Kurapika estaba desorientado, perdido en el placer que Kuroro le estaba brindando, inconscientemente su piel se apegaba al calor de las manos que rodeaban su cintura.

En cada embestida las caderas de Kurapika empezaban a buscar las de Kuroro, ambos se movían al mismo tiempo. El rubio lo rodeo con sus piernas atrayéndolo aún más y el rey elevó sus manos entrelazadas con las del rubio por encima de su cabeza y siguió besándolo sin dejar de embestirlo. Kurapika gimió contra su boca, su miembro estaba duro y golpeando su propio vientre repetidas veces por la velocidad del acto.

Kuroro sintió que su miembro era apretado con más fuerza, ambos estaban cerca de culminar.

Kurapika se aferró fuertemente a la espalda del mayor mientras sentía que cada vez estaba más cerca del orgasmo. Pudo sentir la mano de Kuroro acariciando su miembro, moviéndose al ritmo de sus caderas.

Ambos gritaron de placer cuando finalmente llegaron al clímax. Kuroro vaciando su semilla en el interior del rubio, mientras su mano terminaba bañada con la semilla de su amante.

Kurapika respiraba agitadamente. Nunca había sentido un placer como este, ni siquiera cuando una vez se había tocado, queriendo experimentar y saber lo que era un orgasmo. No sé compraba en nada con el orgasmo que le había provocado Kuroro.

Kurapika estaba tan agotado, que terminó por quedarse dormido. Kuroro sonrió satisfecho, en verdad el chico estaba lleno de gratas sorpresas.