Capítulo 6
Brumas
En las paredes de un dormitorio se reflejaban las sombras de dos figuras entrelazadas. Sobre la cama se encontraba una pareja haciendo el amor, el seco eco de sus cuerpos al chocar, los gemidos que salían de sus cuerdas vocales morían en la boca del otro rompiendo la quietud nocturna. La fémina estaba encima del varón con sus brazos y piernas entrecruzadas, cubriéndolo; y él estaba sentado en la cama, acariciando la blanca espalda de la mujer mientras movía sus caderas lentamente, ayudándola a penetrarse su tumefacto miembro.
¯ Así… ¡sí!... así, Shika…
La rubia gemía sin parar, sintiendo en su interior pequeños espasmos corretearle desde los pies hasta la cabeza. Había llegado a la cima de la Montaña del éxtasis. Se había corrido.
Llevó su frente hasta chocar con la de él, respiraba con la boca entre abierta debido al esfuerzo físico al que expuso su delgado cuerpo ya que la posición requería de mucho movimiento pélvico. Él, pacientemente esperó a que ella recobrara el aliento, pero al cabo de unos instantes retomó el vaivén de caderas.
Una, dos, tres estocadas… y sintió tocar el cielo con sus propias manos, cerró sus ojos fuertemente en placer. Se había corrido dentro de su mujer. Tal y como ella lo esperaba.
Sus cuerpos rodaron sobre la cama aún agitados, pero pasado un tiempo, su esposa yacía entre sus brazos, descansaba la cabeza sobre su pecho. Shikamaru peinaba suavemente los rubios cabellos de Ino; y ella hacia círculos con sus dedos por el entrepecho del moreno.
– ¡Me hiciste falta, Shika!
– ¡Mujer, no fui a ninguna parte!
– ¡Baka!, hablo de que me hizo falta hacer el amor contigo.
– ¡Serás ninfómana!, no lo hemos hecho en una semana… mujer insaciable– Dijo en broma el Nara, recibiendo como respuesta un codazo de su esposa; por lo que él la contraatacó haciéndole cosquillas.
– ¡BASTA!, gritó Ino en rendición. – Ese fue tu castigo por portarte como un berrinchudo en la cena donde tus padres.
– «Suspira» ¡No soy un berrinchudo!– espeté.
– ¿No? –preguntó Ino en ironía.
– ¡Mendokusai!, no quiero hablar de eso ahora, ni de esa mujer.
– ¿No será que te gusta?
Por poco y me ahogo con mi propia saliva, mientras ella me mira con expectativa, esperando una respuesta.
– ¿Qué ocurrencias, mujer?, dije de forma tajante, tragándome los nervios.
– Ninguna ocurrencia, Shika. Últimamente no tienes un tema donde no menciones a la embajadora.
– Pues por lo mismo. Porque no la soporto.
– ¿Sabes?, te comportas como los niños de primaria que pasan todo el santo día molestando a una niña y es porque sienten algo por ella.
– ¿Es en serio?, ¿Celosa?, ¿De ella?
– ¿Debería estarlo?
– ¡Por Kami, mujer!... estuvimos una semana hablándonos únicamente lo necesario y ya quieres volver al ring.
La giré hasta apoyarla sobre el colchón, me coloqué arriba de ella, tapándole la boca con mi mano.
– ¿De veras quieres esto?, ¿Otra discusión?
– ¿Tu dime?
– ¡No, cariño!… fuiste tú la que comenzaste con celos tontos. Imaginándote cosas donde no las hay.
– Por extraño que te parezca y aunque no tengo una capacidad mental tan elevada como la tuya, no soy tonta… ¿Qué te tienes con la embajadora de Suna?
– ¿Quieres traer a un tercero a la cama?, justamente después de hacer el amor. Pues bien… ¿quieres la verdad?, ¿Estás preparada para oírla?
Me encanta
Me fascina
Me excita
«Grité mentalmente» contando hasta cien en segundos. Conteniéndome para no expresarlo oralmente. « ¡Ya está!, al menos se lo revelé a mi subconsciente»
Vi como se quedó sin habla con sus ojos azules bien abiertos, esperando la estocada.
– Nada… No me pasa absolutamente nada con esa insoportable mujer. Deja tus malditas inseguridades de lado que estás haciendo una tormenta en un vaso con agua, sacando conjeturas de tu imaginación.
Tomé su rostro entre mis manos, besándola con rabia, con desespero. Tratando de acallarla para evitar un engorroso problema resultante de un absurdo.
Más que silenciarla a ella, pretendo silenciar a mis propios fantasmas.
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Lo bueno de tener una pelea, es la reconciliación. Volvimos hacer el amor, esta vez con más ímpetu, luego de satisfacer nuestros bajos instintos, nos acurrucarnos como si nada hubiese pasado escasos treinta minutos antes.
– ¿Shika?
– ¡Mmmm!
– ¿Estás dormido?
– ¡No!
– ¿Crees que esta vez sí lo hemos logrado?, interrumpió, Ino.
– ¿El qué?
– No te hagas el bobo. ¿El quedarme embarazada?
– Lo sabremos hasta el próximo mes.
– ¿Y si no lo estoy?
Me enderecé apoyando mi espalda en el respaldar de la cama.
– Lo volveremos a intentar y si no podemos probar otras alternativas. Incluso la adopción.
– ¡No!, La adopción no. Quiero un hijo tuyo.
– Lo que debes que hacer es no preocuparte ni estresarte, he escuchado y leído en artículos sobre medicina que cuando una mujer desea desesperadamente embarazarse; ese mismo anhelo impide que quede en cinta.
– ¿Será eso lo que me sucede?
– ¡No lo sé!, la enfermera aquí eres tú. ¡Duérmete!, recuerda que tienes turno de día.
– ¡Cierto!, Buenas noches, amor y perdón por la escenita anterior.
– ¿Cuál?, le dije.
– A veces me encanta que te tomes todo a la ligera y aguantes mis rabietas.
– ¡Duerme, hermosa!.
Fue lo único que me atreví a decir. No quería soltar una joyita que repercutiera en una nueva discusión.
Sería la segunda y ya era demasiado.
– ¡Te amo!, acotó Ino.
Le sonreí, moví mi boca articulando un "yo también". Sentí como se acurra al lado derecho de la cama para dormirse no sin antes darme un pico.
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Me levanté sin hacer ruido alguno y encaminándome a la cocina, bebí un poco de agua mientras las palabras de mi mujer revoloteaban por mi cabeza.
– ¿Un hijo?, fruto de Ino y mío. Nuestro. – Dialogaba con el silencio.
Luego de las dos pérdidas que tuvo Ino, abandonamos la idea de tener familia; ahora ella desea un bebé, tal vez sentía que llegó su momento para ser mamá o al menos eso dice mi madre. Quizás, al igual que yo, creía que ese pequeño podría llenar el vació que no lográbamos suplir ni con sexo ni con evadir esa realidad oculta que rehusábamos enfrentar. Además, mes a mes tenía que consolarla debido al resultado negativo que recibía con cada prueba que se hacía.
Llevábamos un buen tiempo teniendo relaciones sin usar contra concepción alguna, al principio me pareció una idea genial, pero ahora… dudaba.
Desde que era un niño quise formar una familia. Les fanfarroneaba a mis amigos que tendría una niña y un niño.
La ironía del destino es que cabe la posibilidad de no tener ninguno.
No lo negaré cuando Ino me dijo de su primer fallido embarazo que me llevó a tomar la decisión de casarme, mi impresión fue de susto, luego sentí como el orgullo y la felicidad albergaba todo mi ser.
Me imaginaba cumpliéndole todos sus caprichos y lo hice…. ¡Lo hago!
La ilusión de tener a mi retoño entre mis brazos, llevarlo al parque, su primer día de escuela… todo eso me parece un fantasía que no sé si ahora me gustaría cumplir.
¿Lo estaré haciendo por ella?, ¿Por mí?, ¿Por ambas familias?, ¿Por amor?
– ¿Sería ese niño la solución a nuestros problemas?– Sacudí mi cabeza ante tal pensamiento. ¡Maldita sea, Shikamaru! … estamos hablando de un ser inocente. Tu hijo. No de un puto tratado de paz.
Solo son tres años los que llevamos casados, pueda que sea una transición; algo normal entre parejas más aún en las que tuvieron un noviazgo prolongado, como es nuestro caso sin mencionar que nos conocemos desde niños. Me gusta estar a su lado, rió con ella y charlamos, sin embargo, en tan solo 1095 días todos aquellos sueños de una vejez a su lado ya no me parece tan llamativos.
A veces, cuando comenta peyorativamente sobre el adulterio de algún conocido, me muerdo la lengua para no desenmascararla; está segura de su sagacidad, cree fielmente en su astucia y que no sé nada de sus antiguas infidelidades. Lo cierto es que en su momento me dolió, sufrí como el tonto enamorado que era, lloré como el llorón que siempre he sido, huí de la realidad «negación total» ; acepté con orgullo el par de cuernos que me colocaron en la cabeza.
Cualquier cosa por no perderla.
No me gusta juzgarla, al fin y al cabo también le he pagado con la misma moneda.
En ocasiones me quedo ensimismado viendo mi sortija.
La siento pesada.
Como si quemase la piel de mi dedo anular.
Ahora estoy en medio de la cocina de mi casa, cuestionándome a mí mismo… ¿La amas?, la respuesta es simple… ¡Sí!, ¡No!, ¡No lo sé!... tal vez no como antes, pero en definitiva la amaba.
Sin omitir el pequeño gran detalle de cuerpo escultural, ojos verdes como el pasto, que me hace perder la cabeza y que por más que lo niegue, en estos últimos días ha sido mi fuente de inspiración para levantarme e irme a trabajar. Es insoportablemente terca, llevándome la contraria en todo, pero emana una prepotencia y energía de la cual yo carezco desde siempre, y que sin temor a equivocarme más que repelerme, me atrae como la maldita gravedad.
Soy intolerante a ella. Al mismo tiempo codependiente de su sola presencia y eso está mal... jodidamente mal... prometí darme una segunda oportunidad en el amor y la dueña de ese afecto se encuentra en la segunda planta de este edificio, no en un lujoso hotel citadino pagado por el gobierno de Suna.
Coloco el vaso sobre el mesón, me quedé un rato observando la nada desde la ventana, escuchando la ligera lluvia caer; vi como poco a poco las brumas tomaban posesión de la media noche. ¡Brumas!, siempre tan misteriosas y tenebrosas, capaces de ocultar la realidad de las cosas a simple vista… ¡Brumas!... las mismas que inquietaban mi alma.
Hola! Acá les traigo un capítulo de esta apasionada historia, espero les agrade, lo hago por mi propio placer y por lo bien que me hace sentir que personas de distintas latitudes del mundo se toman el tiempo para leer mis ocurrencias. A todos… ¡mil gracias!
Los personajes no me pertenecen son invención de Masashi Kishimoto. Esta historia es escrita sin fin de lucro y se reservan los derechos de autor.
Sí, mil disculpas por hacer este capítulo de relleno, aunque he de admitir dos cosas: La primera, que me es difícil hacer lemon de Shikaino, pero en la historia ellos están casados y pues ni modo que no "cuchiplanchen" y dos que este capítulo me encantó por el simple hecho de que trae a colisión toda la zozobra que lleva Shikamaru en su corazón. Karitnis- san, este capítulo va en tu honor. También se lo dedico a mí amada gata que lleva por nombre… "Bruma" XD
Gracias por leer mis historias y sus comentarios; son realmente inspiradores.
P.D. La narración inicial fue en tercera persona.
