Capítulo 9
Secreto de Estado
Vol. 1 — La cruda realidad
Casa de habitación de los Nara- Yamanaka
Son las 7:00 am y al reloj despertador sobre el buró de mi esposa comienza su escandaloso aviso, me remuevo entre las sábanas situación que ella iguala, separando su cabeza de mi pecho para girar su angelical rostro y mirarme, sonriendo cálidamente, luego se despereza antes de levantarse tal cual la trajo dios al mundo, dándome el deleite visual y sin obstáculo alguno de su pálido trasero al aire libre.
—¡Apúrate o llegarás tarde a la oficina. —La escucho regañarme, pero me hago el de oídos sordos. Sus pies se mueven de acá para allá, buscando ropa interior entre sus cajones.
—Demonios, ¿Dónde estará la braga que hace juego con este sostén? —Balbucea para sí misma, pero logro escuchar.
—No sé cuál es la manía de las mujeres de siempre intentar lucir perfectas. Nadie verá tus interiores; a parte de tú y yo, y en lo que a mí respecta, me es irrelevante que lleves puesto una pieza roja y otra naranja. — acoto haciendo amago de salir de la cama, zafando la goma de mi muñeca para amarrarme el cabello.
—Lo dices porque…
La frase queda sin terminar, sigo su mirada para entender el porqué. Rasco mi mejilla derecha un tanto sonrojado a pesar de mi edad y lo común que es para los hombres esta problemática situación. —Deja de ser tan glotona, mujer. Ya tuviste lo tuyo buena parte de la madrugada, permíteme al menos recuperarme.
―¿Seguro que eso es lo que quieres? —inquiere pícaramente mi señora con su añil mirada aún más profunda.
Siento mi saliva espesa y costosa de tragar, y si a eso le añadimos el espantoso calambre que me acaba de dar en la entrepierna, resistirse a la oferta brindada, resulta imposible de declinar.
—¡Ven..! —susurra, moviendo delicadamente sus falanges a modo de atraerme hacia ella, y como fiel sabueso, la sigo sin rechistar, analizando una excusa que sirva para justificar mi llegada tardía.
Después de la ducha cargada de sexo, nos apuramos a vestir y salir a nuestros respectivos trabajos. Me subo al auto, enciendo el estéreo, trato de sintonizar mi estación favorita cuando el estómago me empieza a rugir, recordándome que debo pasar urgentemente al supermercado más cercano y comprar algunos snack que ayuden a calmarme el hambre. Salimos de casa sin desayunar, preferimos gastar ese tiempo haciendo el amor que ingiriendo calorías. Llevamos nuestros coches a la salida, dirigiéndonos a rumbos opuestos, presiono el botón para cerrar automáticamente la cochera, y por un minuto, ambos volvemos nuestros rostros a las ventanillas para despedirnos. Ella lanza un beso al vacío. -Soy incapaz de devolver el gesto, solamente sonrío en respuesta. No es por orgullo o porque no la ame, simplemente la melosidad no es lo mío.
.
.
.
.
Por increíble que parezca, el ser día feriado ayudó a que llegara al edificio del Hokage minutos antes de la hora de entrada, me adentro en él con rosquilla y expreso en mano, exhalando el humo del cigarro que instantes antes acabé. Saludo al personal, apresuro el paso para alcanzar el elevador, me bajo en el piso donde se ubica mi ahora oficina compartida. Noto que soy el primero en llegar así que aprovecho el escaso tiempo a solas para sentarme sobre mi escritorio y contemplar la hermosa mañana que comienza a dar bríos. Sorbo un poco del humeante líquido y en mi mente aterriza aquel pensamiento que lleva robándome la paz desde hace semanas.
El peso del silencio se me hace imposible de sobrellevar. Saber tanto, poder hacer tanto, pero reconocer que si lo haces la magnitud del escándalo puede acarrear un sinfín de interrogantes, investigaciones, prisioneros, ¿y por qué no?, mi divorcio, resulta ser una decisión difícil de tomar. ―Maldito sea el día en que hallaron esos documentos y llegaron justamente a mi poder.—maldigo mientras mis ojos divagan en el horizonte.
—¿Hubo un conato de incendio o qué? ¡Apesta a humo! ―la,para nada, melodiosa voz femenina retumba en las paredes. La puerta se abre y la extranjera hace acto de presencia. Lo sé aún sin girar a verla, el exquisito perfume que rocía sobre su cuerpo habla por ella.—¡Con razón el tufo a tabaco! Su majestad, el señor consejero, se ha dignado presentarse a tiempo. Ahora sí creo en los milagros. —acota, quedando la habitación en silencio.
Me abstengo de hacer comentario alguno...
—Recibo bienvenidas más calurosas de las muros que de usted, Nara.—interrumpe la rubia, sin embargo, omito hacer réplica y continuó con mi mirada perdida en la nada. —¡Ya sé! Sigues machacándote la cabeza con los documentos encontrados, ¿verdad?—dice, dando justo en el blanco.
Doy un respingo y a la vez, la acidez estomacal hace estragos con mi digestión. —Le recuerdo que las normas de decoro dictan que, al es ser usted quién arriba estimada embajadora, su obligación es saludar a los presentes. —respondo sin levantarme del mueble de madera.
—Así que estás en tus días, ¿eh? Si necesitas un tampon puedo darte uno extra que siempre llevo en mi bolsa.
Su voraz comentario más que ofenderme desbarata por completo mi frustración y me atrae a la realidad, sonrío ladinamente antes de volverme y darle cara. Jamás sabrá cuánto agradezco su llegada, al menos tengo con quién discutir de temas tanto relevantes como efímeros y poder escapar de mi propio martirio. —¡Deja de pelear, mujer! y manos a la obra que nos toca lidiar con mucha tramitología.
—Dilo por ti que tienes todo en un completo desorden, por la llana razón de que te da pereza mantener la documentación al día, luego tienes que andar en carreras buscando y rebuscando en todo el caos que tienes ahí. ¡Por cierto! ¿Ya firmaste el acta que te di antier?
―No.
—¿Lo ves? Necesito entregar ese documento cuanto antes a la embajada.
Me levanto, volviendo mi cuerpo hacia el frente, quedando pasmado ante lo radiante que luce la oriunda de Suna, notando que ya no lleva botín ortopédico.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?... tuve que fijarme en tan insoportable ser, además de no cumplir con mis expectativas. Amo a Ino. Amo a Ino… me repito una y mil veces cada día y cada hora, pero por mis ancestros, que me encantaría hundirme entre las piernas de esa bruja.
Ese aire de todopoderosa. Su facilidad de palabra, ya sea, para alabar, contradecir o cerrarte la boca, me atrae en sobremanera; ni que decir, del escultural envase en que al diablo se le ocurrió enviarla a tentar a los mortales.
—Sabaku no Temari, debería ir tras las rejas por cometer tal delito. —canturrea Naruto desde la puerta.
—¿Por? ―replica la mencionada con prepotencia y con los brazos cruzados bajo sus senos.
—¿Cómo que por? Estás cubriendo tu mejor atributo. Ese par de piernas que emboba a más de uno por donde quiera que pases, ¿o me equivoco,Shikamaru?
El muy zoquete pregunta como si tal cosa. Ha sabiendas que la embajadora despierta mi más bajos instintos. —Admito que la embajadora tiene sus atributos, pero te recuerdo Uzumaki que como buen hombre casado que soy, debo abstenerme de galanterías. Ino es una mujer muy bella así que no tengo nada que envidiar. ¡Sin ofender, embajadora!
La mujer arquea una ceja y sonríe burlonamente antes de hacer juicio alguno. —Es usted un hombre realmente enamorado. De los que están casi en extinción. Le aplaudo por ello y, cómo se lo dije hace tiempo ya, a mí no me ofende quién no me supera.
Siempre tan ágil y educada para enviarte directo a la mierda sin notarlo si eres escaso de perspicacia. Ese jodido y bizarro No flirteo entre los dos me invita a desearla con insensatez, con apremio e indomable deseo.
El fallido intento del rubio por contener la risa, hizo eco en el salón. —¡Lo siento! —musita.— Por algo Temi tiene dando vueltas al escorpión. —acotó Naruto, dándome una maliciosa sonrisa. —A todo esto, ¿veo que no llevas muletas?
—Sabes que no me gusta hablar de mi vida privada con personas ajenas a mi círculo de confianza. ¡Sin ofender, señor consejero!—¿Lo ven? la mujer sabe devolver los golpes con sutileza.— Por fin me deshice de ese tormento y ya puedo ponerme estas linduras. —dice mientras pavonea su calzado que a leguas refleja su costoso precio y tan altos que le añaden al menos diez centímetros a su, de por sí, nada pequeña estatura.
—Nunca entenderé por qué las mujeres adoran torturarse con esas abominaciones. —añade Naruto mirándome a lo que respondo únicamente levantando los hombros.
—Te haré una analogía para que entiendas —: Los tacones son a las mujeres como los videojuegos a los hombres, ¿comprendes?
La rubia y yo nos miramos por un instante al notar cómo a nuestro amigo por poco le estalla la cabeza de tanto pensar sin llegar a conclusión alguna. —No, no entendí, pero no vengo a eso sino a llevarte junto Kakashi.
―Sí, algo me comentó ayer de que le interesa implementar plantas eólicas en Konoha y desea mi punto de vista puesto que Suna ha sido la primer ciudad en poner en práctica las energías limpias.
—¿Qué opinas al respecto? ¿Creés que serán efectivas en nuestra aldea? —le interrogo.
—¡Por supuesto! No solo ayudan al ecosistema, también a ahorrar en gastos innecesarios y el abuso del consumo energético.
—Sería una implementación bastante provechosa sobre todo en las zonas limítrofes. -añado.
―Sería una excelente locación para tales efectos. Ahora, si me permiten caballeros, iré al tocador antes de reunirme con el sexto. ¡con permiso!― solicita y con ello la vemos desaparecer por la puerta derecha.
— Como buen hombre casado que soy, debo abstenerme de galanterías. Ino es una mujer muy bella bla bla bla… ¡A otro perro con ese hueso, Shikamaru! Deja a Temi tranquila. Ella más que una aliada política y comercial, es mi amiga y la hermana de mi mejor amigo. Así que no permitiré que sigas maltratándola.
—¿Tratándola mal? ¿Yo? ¿A ella? ¡Por favor, Naruto!
—¡Mira, Nara! quizás no comprenda una ana… ana…
—¡Analogía!
―¡Eso!, pero sí tus verdaderas intenciones. Esa mujer ahí donde la ves, tan ruda e inquebrantable ha pasado por mucho.
―¿Pero qué le he hecho? ¿No has visto cómo me trata ella a mí? ¡Mendokusai, Naruto! A esa mujer hasta lucifer le teme.
―Todas esas discrepancias. Esas ganas de objetar cuanta cosa salga de su boca y siempre restregarle lo bella que es Ino es porque simplemente quieres huir de tu propia realidad. Ella te gusta más de lo normal, más allá que un simple revolcón. ¿verdad?
Y por primera vez en todo lo que llevo de conocer al hijo del cuarto Hokage, me dejó sin palabras. Ino me había advertido de lo sensitivos que son los homosexuales, no quise creerle en su momento, no obstante, comienzo a no tener dudas al respecto. ―¡Estás demente! —es lo único que alcanzo murmurar antes de que la puerta del tocador se abra.
—¡Listo! ya podemos irnos, Naruto. —exclama la rubia mientras rebota sus verdes orbes en ambos. —¿Sucede algo?
—¡Para nada! Este aburrido del Nara que no tiene otra cosa más que quejarse por todo.
—¿Lo ve señor consejero? No soy la única que opina sobre su desencanto por la vida. —dice con sus brazos en jarra. Lo que me provoca una inmensas ganas de tomarla por la cintura y presionarla fuertemente a mí para borrarle esa cínica sonrisa a punta de besos y lamidas.
—Tsk ―chillo entre dientes.
A lo que ella responde con su habitual sonrisa sardónica mientras toma del brazo al cabeza hueca de Naruto para irse a la junta con Hatake.
—Con respecto a su agobio, señor Nara. Si me acepta un consejo, lo mejor es salir de dudas, desenmascarar a quién tenga que hacer, sea familia o no y que caigan las piezas que deban caer de una sola vez o la espiral de corruptela nunca se detendrá y usted podría quedar atrapado en ella. Recuerde que el silencio también es cómplice.
―Es fácil decirlo, más no aplicarlo.
―¡Lo sé! —musitó brindándome una sonrisa pacífica. Fue su acallada forma de decirme—: ¡Te apoyo! o al menos es lo que mi tonto corazón se atreve a interpretar.
Ok. Sí.. lo sé, lo sé… capítulo de transición, pero es que en el siguiente se descubre la decisión de Shikamaru de llevar o no a la máximas consecuencias las evidencias ocultas en los documentos encontrados. Respecto a este capítulo (relleno) se me vino a la cabeza así sin más y decidí plasmarlo antes de que olvidara todo y me arrepienta después.
Agradezco la amabilidad de tomarse un tiempo para leer mis ocurrencias. Asimismo me atrevo de antemano agradecerles sus comentarios. Mención aparte para—: Karitnis-san, Lirio Shikatema, ANABELITA, Nara Paulina, Anita Nara, Ari Susano y Caftrees, por siempre apoyarme. Les prometo que en cuanto tenga suficiente tiempo libre, me dedicaré a leer sus nuevas historias y actualizaciones, pero es que la U, sus respectivos proyectos y el trabajo absorbe mucha parte de mi vida.
Como siempre les deseo un maravilloso fin de semana y que la luz de todo lo divino ilumine sus vidas.
Nota: ¿No les parece tierna la forma en que Naruto defiende a su Temi?
