RECUERDO INMORTAL
Capítulo 3
Debido al tiempo que ocuparon dentro de la musik de Tchaiko varias de las tareas hogareñas tuvieron que ser pospuestas para el día siguiente y por ende se habían retrasado. Kanae recorrdía apresuradamente la casa intentando hacer el quehacer que comúnmente hacía en el transcurso del fin de semana. Estaba tan atareada que mantenía su rostro tenso, en una mano sostenía una escoba y en la otra un plumero.
-Casera ¿cómo es el procedimiento de uso de esto?-Preguntó Schubert con varios productos de limpieza.
-Este es el cloro, es lo que vas a usar para trapear la sala. Este de aquí es la crema para cuidar los muebles y el aerosol para las maderas, únete con Lizst para hacerlo por favor Schu-san. -En cuanto terminó él asintió y se fue a cumplir los mandados.
Apenas estaba por atravesar la cocina cuando un brillo peculiar asaltó sus ojos.
-Mi súper sentido arácnido me está avisando que…
Antes de terminar la oración, interpuso su arma mortal (su escoba) justo en donde comenzaba la cocina. Mozart quien iba patinando salió volando por el obstáculo imprevisto. Después de un gran estruendo solo se escuchaban las quejas de este.
-Moz, te he dicho que no patines dentro de la casa. ¡Menos ahora que estoy limpiando!
El peli rosa continuaba sobándose la parte trasera de su cabeza.
-Kanae, que aburrida eres.-Dijo haciendo un meollo. Infló los cachetes en molestia.
-Así como quieres patinar, deberías tener las ganas de ponerte a trabajar y pagarme la renta. Mira, deja de quejarte y ayuda, todos lo estamos haciendo. Ve y remueve el polvo del segundo piso.-Le extendió un paño color naranja.
-¿Puedo hacerlo mientras patino?-Y extendió sus labios en la sonrisa más grande que podía hacer con un brillo en los ojos.
Kanae dudó por un momento, pero esos pensamientos no ocuparon mucho tiempo su cabeza, necesitaba ocuparse de todo antes de ir mañana a la escuela.
-De acuerdo, ¡pero con extremo cuidado!-Exclamó casi pegando su dedo índice en la nariz del joven quien se echó a reír jovialmente.
-¡Yeeey!-Exclamando se fue y su voz se perdió mientras subía las escaleras.
La castaña soltó un suspiro esperando que la permisividad que le dio al joven no haya sido una mala decisión. Al entrar a la cocina escuchó rápidamente el sonido de las teclas de un celular. Frente a ella en la mesa se encuentra Chopin, comúnmente atendiendo sus redes sociales. Kanae estuvo a punto de gritarle, se suponía que le había encargado el aseo de la vajilla. Antes de emitir cualquier sonido se retractó cuando vio una pila de platos perfectamente pulcros y soltando destellos. No sabía que Chopin era tan eficaz, rápido y silencioso. Ojalá los demás fuesen así. Relajó los músculos y se acercó a él. Varios pensamientos cruzaron en el momento.
"Mi querida gatita, entiende a mi adorado Cho-chan, es muy tímido, pero es un muchacho maravilloso, solo tenle paciencia"
Y vaya que lo intentaba, de cualquiera manera, él y Liszt eran los únicos que pagaban el alquiler debido y a tiempo. Cuando él notó su presencia, dejó en pausa su videojuego, ante los nervios que comenzaba a tener ella solo sonrió lo más calmada posible.
-Chopin-san, muchas gracias. Has sido de mucha ayuda para la vajilla, Beethoven está terminando de tender la ropa y estuvo imperioso en querer hacerse cargo él de la comida.-Ante esta confesión Chopin palideció, no olvidaba las asquerosidades que Beto-san le enviaba a través del muro de su habitación. Kanae pudo darse cuenta de esto.
-No te preocupes, le he dado un libro de cocina y le aplicado un poco de psicología inversa. Le he dicho que si no es capaz de seguir al pie de la letra las instrucciones de un aclamado libro de cocina, no puede seguir considerándose un artista de los gyozas y demás. Estoy segura que sabrá cocinar lo mejor para nosotros.
Un pequeño retortijón acudió a su estómago. En pequeña medida, se sintió ansiosa y por otro lado acalorada, como si algo subiese hasta su cabeza. ¿Qué era eso? ¿Había sido por hablar de Beto? Casualmente la imagen de él en la flamante postura de cocinero le atraía… No, espera ¿qué?
Volvió la vista a Chopin.
-Bueno, aparte de eso.-Dijo moviendo nerviosamente las manos. Mientras el muchacho del ancho flequillo comenzaba a estar en calma finalmente y tentado en dejar hablando a la chica para continuar con su videojuego.
-Quería pedirte el favor de que me ayudases a buscar por internet, servicio de lavado de tapices ¡ah! Y algunos productos de limpieza.
¿Buscar? ¿Internet?
En ese momento, los ojos dorados de él brillaron en emoción, pocas veces dejaba su rostro tan al descubierto. Su mirada se volvió más seria y rápidamente accedió al navegador de su celular. Miro de nuevo a Kanae esperando exactamente lo que quería.
-Amm bueno…
Tras una larga lista de objetos, Chopin se metió en sus nuevas ocupaciones e ignoró a la chica por completo. Estaba por ocuparse del jardín cuando unos pasos estridentes se oyeron bajar por las escaleras.
-¡He terminado!-Exclamó Beto alzando las manos en el aire y soltando una carcajada.
-¿Y eso qué? Mi gatita, pronto te pondrá otra tarea.-Decía Liszt algo molesta por la emoción del hombre.
Enseguida se escuchó el timbre.
-¿Ara? ¿Quién podría ser en un bello sábado por la mañana?-Cambió de tono la mujer de rubios cabellos.
Kanae que estaba muy atareada, solo alcanzó a ver por la mirilla de la puerta.
-¡Oh, es el cartero!-Sin dejar de sacudir las cortinas.
Miro de reojo a los demás, ninguno se movía. Que fastidio.
-¡Beto, ve a recibir la correspondencia!
-No muchacha, tengo que cocinar y dije que empezaría exactamente a las diez y treinta minutos de la mañana.
-¡BETO, VE A RECIBIR LA CORRESPONDENCIA!
Y toda la casa tembló enseguida.
-Senpai, mejor vaya.-Susurró el hombre de lentes.
-Tch…
Cerca de la puerta había una pequeña mesita con un único cajón, el cual la chica abrió y sacó un pequeño objeto negro cilíndrico, se trataba del sello para dar por entregado la correspondencia, lo mojó un poco en tinta roja y se lo extendió a Beto.
-Ve, pones esto en la cartilla que te va a dar, te fijas que diga Otowa.
Al momento en que se lo entregó, por un segundo sus miradas se encontraron, sus ojos cafés con los verdes del hombre. No fue un contacto de más de cinco segundos.
Beto hizo un pequeño ruido y giró la cabeza en otra dirección mientras la muchacha regresaba a sacudir cortinas en un intento de huida. Sin decir nada, cada quien se dirigió a sus deberes.
La única que notó esto fue Liszt y un Chopin bastante chismoso desde la cocina.
-Tch, esta chica no entiende la importancia de la puntualidad en los oficios de unos grandes artistas. ¡NO! ¡NUNCA LO ENTENDERÁ! Siempre anda por allí gritando y dándonos órdenes. ¡JAMÁS!
-¡Pero estas yendo a recibir el correo por mandato de ella!-Dijo Mozart desde la ventana del segundo piso en un tono burlón.
Beto se sonrojó enseguida y se giró para gritarle al joven quien enseguida se introdujo de nuevo con una risilla tras de sí. Rechinó los dientes y con los hombros alzados caminó hacía la puerta principal. Un muchacho joven y sonriente lo esperaba.
-Buenos días, señor.- Beto apenas e hizo un bufido y el chico sin resentirse le entregó un pequeño paquete de cuatro cartas.
- Tenga usted, el correo del 6 de julio, una bella mañana ¿no cree?
Justo en ese momento inconscientemente Beto apretujó el paquete de papeles en sus manos. Algo dentro de su pecho se removió y un dolor acudió a él en una mínima medida. Aún de pie y sin desfallecer, una parte de su cerebro se apagó y una zona de su corazón, se abrió.
Cansado y con ojeras, despertó un hombre a medio vestir en una acomodada habitación en Teplitz, República Checa. Aunque su deplorable imagen dejaba mucho que desear, una tenue sonrisa se mostraba en su demacrado rostro. Se dejó caer pesadamente en la silla más cercana a la mesa de estar, tomó un papel en blanco de los muchos que allí había y enseguida entintó la pluma.
Sin embargo, se sintió realmente frustrado, todo a su alrededor parecía ser una ilusión…
Cada paso que daba, la silla al recorrerla, el borboteo de la tinta en su pluma, no existían más que susurros.
Agachó el rostro mientras su mano libre la llevaba a su oreja. Suplicándole en pensamientos que volviese el sonido a su vida, poco a poco casi con una mueca burlona veía como el sonido, la música y cualquier recuerdo de su existencia como compositor se iban desvaneciendo.
Apretó más el lado de su cabeza.
-"Beto…"
-"Gracias, Beto… Es un gesto muy lindo de usted."
La tierna mirada y la sonrisa de porcelana se colaron tras sus llorosos ojos. Cierto, ahora tenía la ilusión anidada en su corazón, la búsqueda imposible de reencontrarse con ella, nuevamente. A pesar de las adversidades. Más reanimado, tomó con un poco más de decisión la pluma y comenzó.
6 de Julio por la mañana:
Mi ángel, mi todo, mi mismo yo. Solo unas pocas palabras el día de hoy, en efecto con lápiz…
Como caída libre, recobró el aliento de golpe y abrió sus ojos de manera extrema, solo la presencia delante de él fue lo que lo distrajo.
-…y también excelente para irse a un balneario con este calor.
Pudo apenas regresar cuando se dio cuenta de que el muchacho seguía hablando.
-¿Señor? ¿Puede ponerme su sello aquí?-Extendió una forma y apenas Beto reaccionó completamente, leyendo rápidamente ubico el apellido Otowa, sin decir nada más, el muchacho agitó su mano en el aire y se fue.
Beto se quedó en el umbral de la reja, tratando de recobrar la compostura mental. ¿Qué había sido eso? Un deplorable Beethoven en la estancia de una habitación en República Checa. ¿Quién? ¿De quién era la voz que escuchó?
-Beto.
Casi salta del susto cuando vio a Kanae tras de él.
-Beto ¿estas bien? Te ves muy pálido.-Ella se apresuró a verlo más de cerca.
Beto, vaya manera de llamarme. Recuerdo haber hecho mucho revuelo debido a ello, pero la realidad es que… En los labios de ella, Beto o cualquier nombre soso, sonaba como un cántico de ángeles.
¿Quién? ¿Quién era ella?
-Ahora estas todo rojo. ¿Tienes fiebre?-Antes de poder decir algo más sintió la delicada mano de la muchacha en su frente.
-¡N-no! ¡E-estoy bien!-Rapidamente se hizo hacía atrás evitando el contacto físico. Estrujó un poco más las cartas.
-¡Espera, vas a maltratar los recibos!-Dijo rápidamente.
-¡L-lo siento!-Exclamó y se los entregó. Kanae volvió a mirarlo directamente a los ojos. Ese par de lagunas verdes estaban realmente ansiosas y asustadas. Sintió nervios, ¿qué era está sensación?
-¡No me mires!-gritó él y se echo a correr dentro de la casa. Otra huida fortuita.
