RECUERDO INMORTAL
Capítulo 4
La figura ansiosa, el rostro enrojecido, sus ojos exaltados. Una imagen digan de preocupación pero que tuvo un cierto encanto.
Kanae se llevó la mano al pecho.
Probablemente, solo estaba imaginándose cosas. Sacudió la cabeza y volvió a entrar a la mansión. En ningún momento se dio cuenta de los ojos azul cian que habían visto toda la escena.
-Que interesante, Lud-Kun.-Dijo para sí mismo mientras dejaba salir una risilla.
-Beto, no tienes por qué salir corriendo de esa mane—
¡SLAM! Antes de poder siquiera terminar observó las puertas de la cocina siendo casi azotadas.
-Parecía como si estuviese huyendo ¿qué le ha hecho a mi senpai?
Kanae solo sonrió nerviosamente.
En eso la puerta se volvió a abrir y como si de un paquete se tratase solo vieron como el brazo de Beto se extendía dejando caer fuera de la cocina a Chopin en su común posición fetal. El mismo azote de la puerta se repitió.
-Que miedo… Que miedo… Mucho miedo…-Susurraba Chopin.
Dentro de la cocina, se encontraba Beethoven apoyando ambas manos en la tarja de platos. Había enjugado su rostro con un poco de agua.
-¿Qué está pasándome?-Se dijo mientras cerraba los ojos.
Un revoloteo incontenible se estaba generando en su estómago ¿era hambre?
De nuevo la imagen de una mujer ataviada elegantemente vino hasta él.
-¿Ha compuesto una melodía para mí?-Dijo asombrada mientras sus mejillas se encendían. No hubo una respuesta, solo un par de brazos, que según la perspectiva debía de tratarse del mismo Beto, solo que el Beto de hace mucho, mucho tiempo.
En sus manos extendía una carpeta de cuero sujetada por un listón rojo.
Ella sujeto el paquete y lo abrió, dándose cuenta de que en su interior había partituras.
Soltó una risilla.
-Veo que incluso ha escrito las notas de manera más legible, comúnmente sus bocetos son difíciles de leer para alguien que no sea usted.-Comentó ella sonriente.
Sacudió la cabeza agresivamente.
-No, ese hombre, ya no soy yo.-Musitó.
Se llevó la palma de su mano derecha a su oído del mismo lado.
Guardó silencio y se dejó envolver por todo aquello que hace mucho tiempo, había perdido y que esta vez tenía la oportunidad de volver a tener.
El viento aullando en la copa de los árboles, los pájaros matutinos recorriendo el paisaje en busca de un paraje donde descansar, donde comer. Aún más lejos, el sonido de los vehículos que transitaban por la tranquila colonia, los diálogos de fastidio entre Schubert y Lizst, la risa sonora de Mozart en el segundo piso.
Sonrió anchamente.
-Puedo volver a oír.-Susurró complacido. Era extraño escucharse susurrar. En tiempos pasados, debido a su pérdida auditiva había comenzado (aunque inconscientemente) a levantar la voz cuando hablaba, intento siquiera escuchar su propia voz. A veces temía bajar la voz, porque le recordaba a ese camino oscuro donde el bello sonido fue perdiéndose en susurros, ahora más que nunca parecía querer gritar, gritar a los cuatro vientos que nada iba a detenerlo, que nada sería suficiente para volver a apabullarlo.
Porque el hombre que vivió hace más de 200 años fue derrotado, pero murió de pie, mientras esperaba siempre que hubiese una solución al implacable destino. Fielmente cuando despertó en el laboratorio su concepto no había cambiado, seguiría de pie, no importa qué o quién.
Extendió sus labios y se dio media vuelta para comenzar su tarea preferida: cocinar. Vio colocadas en la mesa, una serie de revistas de cocina. Las tomó entre sus manos.
Pastas, carnes, cremas, comida china, comida…alemana.
Esta última la contempló un poco más y abrió para descubrir su interior. Después de unos segundos de hojearla, soltó una sonora carcajada y prontamente se puso manos a la obra.
-Ne, ne Kanae. ¿Cuándo podremos desayunar algo?-Decía Mozart con bastante fastidio.
-Déjalo que termine, sabes cómo se pone si lo interrumpes.-Le contestó la chica sin mirarlo.
Finalmente Kanae estaba terminando la última de las ocupaciones del mantenimiento de la casa, así que los demás estaban más relajados, pronto se escuchaban los suspiros de cansancio y satisfacción de los miembros de la casa. Cansadamente comenzó a descender los instrumentos de limpieza junto con Mozart.
-Teresa.-Susurró Chopin.
-¿Qué sucede Cho-chan?-Preguntó Liszt acercándose al chico que estaba sentado mientras sostenía su celular frente a él. Miró la pantalla.
-Ah, estas leyendo biografías del amargado de Beethoven-san.-Dijo animadamente con una sonrisa.
-¿¡Cual amargado!? Beethoven-senpai simplemente era muy selectivo con sus relaciones.-Explicó Schubert sosteniendo sus lentes para que no se cayesen de la impresión.
-No seas rídiculo Schu, ¿cómo puedes tu saberlo? Jamás te acercaste a él, eras demasiado tímido.-Continuó Liszt.
Prontamente se deprimió con el comentario acertivo.
-Le escuché decir varios nombres de mujeres cuando entro a la cocina.-Habló con voz baja.
-¡Ah! Que triste fue su vida, no hubo ningún amor, ¡cuanta falta de amor tuvo!-Decía Liszt consolándose así misma. Casi corriendo apareció Mozart que había escucho lo previamente dicho.
-¿Están hablando de…?-Se giró para ver como Kanae se alejaba así que alzó la voz.
-¿Están hablando de Lud-kun?
La muchacha se detuvo un momento y giró su cabeza para darse cuenta como todos evitaban mirarla y se centraban en el celular del joven más tímido de todos.
Frunció el ceño.
-¿Qué diablos les pasa? Dejen la vida de los demás en paz.-Protestó.
-Imposible, toda nuestra vida está en la red.-Dijo Chopin.
¿Qué obsesión tenían ahora por sus vidas pasadas? Es decir, poco a poco gracias a los recuerdos fue como consumaban el uso de su Musik, pero nunca parecían estar realmente decididos en la búsqueda musical como en tiempos pasados hicieron, se les veía más tranquilos realizando actividades de vida cotidiana que como músicos consagrados.
Pero… ¿Teresa? ¿Quién era ella? ¿Quiénes eran ellas? Más bien. Sacudió esas ideas.
-Teresa, Josephine, familia Bretanon.-Continuó Chopin.
Mozart se llevó los brazos tras la cabeza con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Ja! Recuerdo que era un muchacho muy introvertido, aunque nunca tuve realmente la oportunidad de conocerle. Se le veía muy temeroso cuando tocó para mí. Increíble pensar que tenía tantas mujeres en la mente.-Decía.
-¿I-introvertido?-Susurró Schubert.
-Claro, técnicamente soy el mayor de todos nosotros. Aunque claro, el papá de Kanae prefirió darle un aire más estoico y maduro a Lud.-Decía como si de un chiste se tratase, al parecer nadie en la mansión se había puesto a pensar en la línea temporal que los classicaloids compartían.
-¿Cómo es que recuerdas tantas cosas?-Se decía Liszt con un dedo en la mejilla.
Los ojos cian se abrieron en una extraña mueca.
-No lo sé, supongo que es por haber convivido con él desde que nos despertaron en Arkhe.-Se tumbó en el sillón y parecía decidido en tomar una siesta.
Un poco más interesada se acercó la dueña del lugar.
-De cualquiera manera, ambos son los más latosos del grupo.-Dijo con un dejo de molestia.
-¡Pero así nos amas!-Exclamó de nuevo el jovial chico.
-¡Ah, desgraciado amor! Siempre colándose donde nadie lo llama pero… pero aun así… tan bello de vivir, tan necesario como el aire mismo. ¡Amor! ¡Amor!-Revoloteaban sus dorados cabellos.
-Parece ser que fue el único que no mantuvo una relación.- Sentenció de nuevo Friederich.
El silencio se hizo en medio de la sala. Los ojos de todos se posaron de repente en Chopin quien comenzó a ponerse nervioso, el contacto entre ellos a veces resultaba aún complicado.
-¡Pobre Lud! ¡Murió virgen seguramente! ¡Es tu oportunidad Kanae!-Exclamó el imprudente muchacho mientras le daba una palmada en la espalda a la chica colorada.
-¿¡Qué diablos te pasa!?
El alboroto de ambos fue acallado enseguida.
-¡EL GRAN BANQUETE MATUTINO! ¡ESTA LISTO!-Beto apareció en la escena con ambas manos en el aire, su cabello estaba más alborotado, manchas en el rostro y la ropa.
Kanae palideció ¿había sido una buena idea cederle la tarea de cocinar? Tragó ruidosamente preparándose mentalmente para ver cualquier desastre tras las puertas de su cocina.
Beto esperó algo, una palabra, un ademán. Pero nada, se vio rodeado por la mirada seria de todos.
-¿Qué les pasa? ¡No se atrevan a despreciar mi comida!-Terminó molesto.
Más rápido que nada, vio a todos caminar hacia el comedor.
-Juju.-Se escuchó por lo bajo a Chopin.
-Pobrecito.-Musitó Liszt junto con Schubert.
El duro hombre arqueó la ceja.
-¡Lud-kun! ¡No te preocupes! Ya tienes una segunda oportunidad para finalmente ser un hombre el sentido físico.-Mozart pasaba su brazo tras su nuca y lo acercaba a él.
-¿A qué viene ese comentario Wolf?-Preguntó molesto. No entendía la sarta de comentarios de los demás y esas miradas inquisitivas.
El chico no dijo nada y se alejó.
Quedó en silencio todavía perturbado por el extraño comportamiento de sus compañeros. Tras unos instantes se sintió observado y dirigió la mirada hacia atrás.
Se topó con los ocres ojos de la muchacha.
-Jovencita ¿qué no piensas probar mis delicias culinarias?-Dijo absorto en el orgullo que se anidaba en su hondo pecho.
Aún estaba temerosa de lo que podría ser su cocina, hasta que se le vino a la mente los comentarios de los demás. Al parecer Beto en su vida primera había estado falto de relaciones amorosas, probablemente por su carácter o por su creciente sordera, pero eso no significaba que no tuviese intereses amorosos. ¿Qué podría significar para ella este nuevo descubrimiento?
Beto no escuchó respuesta alguna, así que se irguió y miró más detenidamente a la chica. Quien le miraba directamente a los ojos de un modo distinto, como si buscase inspeccionarlo. Más abiertos que nunca y más profundos que antes, una creciente ola de nervios se apoderó prontamente.
Sintió un escalofrío en su espalda.
-¿Q-qué te pasa?-Preguntó.
Finalmente Kanae reaccionó y se avergonzó por haber estado contemplando a Beto tan descaradamente, apartó el rostro.
-P-perdóname Beto, es solo que.-Se detuvo en la última frase. Por un segundo pudieron sentirse más tranquilos y ella volvió a mirarlo.
-Sabes, creo que a pesar de que has vivido aquí ya bastante, poco te conozco.-Sentenció. Una cierta mueca de indiferencia o tristeza revistió el rostro del moreno.
Quiso enmendar la influencia de esa oración.
-P-pero, creo que me gustaría conocer más de ti Beto. Hasta cierto punto, creo que tú y Chopin-san son los más reservados. Él por timidez y tú tal vez porque no muestras el interés de darte a conocer ¿es algo así?
Un ligero asombro tomó el rostro de él. Suspiró mientras se llevaba un brazo tras la nuca. Llevó la mirada otro lado.
-Jovencita, mi vida siempre ha sido solo mía, lejos de los excesos, lejos de la falsa amistad y el falso amor, con todos esos canones en mi cabeza no puedes pensar que soy una persona abierta a cualquier tipo de relación.
¿Eso era, una declinación de su propuesta?
Kanae se desalentó un poco, esto lo notó Beto y quiso reacomodar el sentido de su discurso.
-¿Qué tal si vamos a desayunar? Eso podría saciar no solo tu estómago sino también tu curiosidad sobre mí, algo habrás de aprender sobre mí si pruebas mis creaciones no solamente musicales.
Con una sonrisa orgullosa se abrió paso para dejarla pasar a ella, ante el gesto caballaresco Kanae se adelantó algo aturdida, aunque casi se le cae la mandíbula cuando vio cuatro pares de ojos que los observaban desde el marco de la puerta.
-¿Qué?-Se apresuró a preguntar Beto.
-N-no, nada.- Respondió apresuradamente y ambos llegaron hasta el comedor. Justo al entrar un falso y tonto intento de pretender estar en medio de una conversación estaba llevándose a cabo.
-No es un pay ¡es mi esposa!-Dijo Chopin intentando alzar la voz.
-¡Jajajaja! ¡Que gracioso eres Cho-chan!-Dijo Lizst riendo escandalosamente mientras que Mozart intentaba parecer que la risa le ocasionaba un dolor de estómago.
-¿Por qué nos reím-?- Apenas iba a terminar de decir algo cuando Mozart le dio un codazo a Schu en el estómago y este soltó todo el aire pareciendo que también estaba en onda con la broma insulsa de Chopin.
La mustia mueca de Kanae tomó lugar en la cabecera de la mesa. Beethoven se apresuró a servir en la vajilla sencilla de la casa. Con excelente modo, sirvió a todos el plato frente a ellos. Un "¡ah!" se escuchó de todos. Increíblemente para Kanae la cocina se encontraba en un estado óptimo, sin ningún extraño percance si acaso sucia, finalmente observó la comida frente a ella.
-¡Ah! ¡Beto-san! ¿Tú hiciste esto?-Preguntó ingenua.
El mencionado se contoneaba orgulloso mientras pasaba a servirse él mismo.
-¡Jo! ¿Impresionada? Lo encontré en esas extrañas revistas de comida. Se llama Schnitzel Holstein*.
Kanae admiró realmente impresionada, un filete de carne empanizada con un huevo estrellado arriba, junto a este una guarnición de patatas con hierbas finas y un poco de pescado en la orilla. No quiso ser grosera pero dudó por un momento, en situaciones pasadas, Beto era capaz de cocinar gyozas sin que se le quemasen y tenían buen aspecto, pero no buen sabor. Se regañó por esos pensamientos y se decidió a probarlo al mismo tiempo que los demás.
Fue un segundo de silencio.
-…
Nada.
De repente.
-¡Oishi!-Dijeron todos al unísono mientras en sus rostros se dibujaba la genuina silueta de la admiración.
-¡Lud-kun te has lucido! ¡Ya te puedes casar!-Exclamó Mozart con la boca llena.
-Esto… es la gloria… la gloriosa comida de Beethoven-senpai.-Regordetas lágrimas cruzaban el rostro feliz de Schubert. Aún no acababa un bocado cuando ya estaba preparando el siguiente.
-Con este estilo de comida, no me importaría romper la dieta. ¡El amor entra también por el estómago! ¡Un acto de amor divino Beto!-Dijo Liszt sonrojada.
-Le doy un diez.-Susurró Chopin.
Con el pecho hinchado de orgullo Beto ocupó su lugar en la mesa junto con su taza de café de ¡EXACTAMENTE 60 GRANOS! ¡NI MÁS… NI MENOS! ¡SESENTAAAAA!
Kanae lo miró de reojo. Parecía distinto, no solo por la comida casi gourmet, sino por el ahínco sin que buscara ser un experimento, por lo regular él se hubiese salido de la receta buscando 'un plus' pero finalmente logró hacerlo al pie de la letra. No era malo, solo nuevo en él. Esta vez parecía hacer las cosas simplemente por el gusto de hacerlas, no para calcularlas o analizarlas.
Tras una exhaustiva contemplación, Beto se dio cuenta de los ojos que se posaban en él. La miró algo consternado.
-¿Qué pasa jovencita? ¿No te ha gustado?-Esto último lo dijo con cierta tristeza, examinó el plato de ella, no parecía distinto al de los demás.
-¡No, no! ¡No es eso!-Se excusó con una sonrisa nerviosa.
-Realmente todo te ha quedado delicioso.-Añadió finalmente con una leve vergüenza y un peculiar brillo en sus ojos.
Aunque sus ojos no lo viesen directamente, podía ver clara como el agua, las sinceras palabras de ella. Se sintió un poco apenado, abrió sus verdes ojos en exaltación y un pequeño suspiro casi se escapa de sus labios. Se acongojo en su asiento mientras intentaba esconder el rostro…
Otra vez ese dolor en su pecho.
Si estuvieran nuestros corazones siempre juntos y unidos, yo por supuesto, no tendría nada que decir. Pero mi corazón está lleno de tanto para decirte. ¡Oh! Hay todavía momentos cuando encuentro que la palabra no es nada en absoluto. Alégrate, permanece fiel a mí, mi único tesoro, mi todo, como yo para ti el resto de los dioses deben comunicarnos lo que deba ser para nosotros.
Tu fiel, Ludwig.
Se llevó una mano al pecho intentando calmar esas oleadas de recuerdos, de momentos perpetuos en su memoria, pero tan viejos que incluso pudieron pudrirse, no deseba tenerlos, pero, algo le sugería que debía recordarlos. Nadie lo había dicho hasta ahora, pero no todo lo que los classicaloids recuerdan tiene su efecto en una gloriosa Musik. No hay que olvidar la terrible penumbra y frustración que envolvió a Mozart cuando reaccionó con su Réquiem. A veces, ellos; Mozart, Beethoven, Schubert, Liszt y Chopin (y probablemente las idols y Bach) podían recordar su vida pasada, sucesos insulsos pero también, podían recordar su propia muerte, la desolación que imponía los estándares de vida de aquella época. La falta de libertad y el mecenazgo impuesto hacia Bach, el interés y falta de amor de Mozart que lo llevó a la censura social, la terrible crueldad de su padre y su aberrante condición de sordera en Beethoven, la búsqueda de identidad e independencia de Schubert, así podríamos irnos con todos. Tal vez el más trágico podría ser Tchaikovsky, la niña radiante de belleza y alegría (y también bastante enojona) probablemente se recuerda como el anciano derrotado y humillado por su decisión de amar a los de su mismo sexo, esa misma humillación que lo llevó a beber el desgraciado veneno que acabó con su vida. Todos ellos tenían amargas historias por contar, tal vez por ello eran tan desprovistos de sentido común. Finalmente la vida les daba una segunda oportunidad, en un entorno donde existía la libertad, el amor y fuera de las imposiciones extremistas.
Poco a poco, Beto habrá de encontrar el equilibrio entre sus recuerdos dolorosos y los alegres.
-Lud-kun ¿estas bie—,?-Mozart todavía no terminaba la oración cuando el mencionado apareció a escasos centímetros de su rostro con una bandeja de pan.
-¡Come y cállate Wolf! ¡Come! ¡Come!-Rápidamente los bollos entraban en la boca del pobre muchacho que intentaba gritar sin resultado alguno.
Un intento bastante sorpresivo y ruidoso para el cara de tomate de Beto. Este miró por el rabillo del ojo a Kanae, notó que lo estaba mirando y tomó rápidamente su plato de comida, se lo llevó lejos de allí.
-¡Comeré en mi habitación! ¡Provecho!-Fue lo único que se escuchó antes de las sonoras pisadas del hombre y su carrera que con la distancia se perdió.
Todos se quedaron en silencio.
-¿Qué ha sido eso?-Dijo Liszt aun aturdida.
-El lienzo blanco de la vida, comienza a entintarse del rosa, el amor ha llegado.-Dijo Chopin en susurro y todos permanecieron callados hasta el final del desayuno.
