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¡Feliz mes del amor y la amistad!
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El pecado de una diosa
Por Liluel Azul
Capítulo 3
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El amor de Atena,
siempre nos da esperanza
a todos
-Sísifo en The lost canvast-
Llueve con violencia sobre el Santuario de Atena, los rayos iluminan el cielo y la tierra en medio de sonoros tronidos que dejarían sordo a cualquiera. En esta noche tormentosa todo ser vivo busca refugio seguro donde esconderse de la tempestad.
Pero no así un Pegaso herido, le han cortado las alas y ahora clama a la bóveda celeste que escuchen sus oraciones y acaben con su sufrimiento, fulminándolo con todas sus fuerzas. Quiere que el rayo de Zeus lo purifique con su fuego porque se ha convertido en un sucio pecador.
Atena, la diosa virgen, su amor es la recompensa para todos aquellos que están a su servicio, pues ella los ama a todos, no importan como sean o si transitan caminos torcidos o si son débiles, Atena los ama a todos por igual. Eso es lo que se dicen cada día, es su credo y lo que les da fuerzas para continuar a pesar de la adversidad.
Pero eso también tiene otra cara y esa es que nadie debe aspirar a que Atena le ame más que a los demás, porque el amor de Atena debe de ser igual para todos. Aquel que tiente a la diosa pidiendo ser el que reciba más amor comete un pecado inmenso e imperdonable contra todos sus hermanos de orden.
No se debe pedir más amor, no se debe recibir más amor que los demás. Amar como él ama a la diosa es la mayor de las herejías. Y ahora Seiya entiende el por qué. Si ella amara a otro, si se enterara que ella yació con otro, su corazón se llenaría de espinas, no soportaría ese dolor, porque la ama. Todos en este santuario la aman y los ha traicionado.
Han pasado varios meses desde que la diosa lo expulsó de sus habitaciones y lo primero que hizo fue mandar a quemar aquellas níveas sabanas sobre las que hicieron el amor. Qué mayor prueba que esa, para demostrar que fue mancillada por el sucio barro de uno de sus caballeros.
Por eso Seiya está en esta parte del santuario, conformado por tierras pantanosas. Siendo él sucio lodo, bien podría desaparecer sumergido en este légamo y nadie lo distinguiría. Pues ahora mismo no se sabe cual es el caballero y cual es el fango.
Está arrodillado en medio del pantano, completamente cubierto de lodo, la sien se hunde en el fango y los cabellos se ensucian al mezclarse con el limo. Se abraza a si mismo en medio de su dolor, pues por ser un paria no merece el consuelo de nadie.
Una resplandeciente centella de luz cae muy cerca, pero no es el tan ansiado rayo de Zeus que por fin escuchó sus ruegos y viene a acabar con su dolorosa existencia; es un hermoso ángel de nieve, cuyos celestes ojos lo miran con afecto.
Seiya se sorprende por la presencia caída del cielo, no lo había visto en mucho tiempo y sigue tan imponente como lo es en sus recuerdos, los rubios cabellos se mecen mientras las alas del cisne se baten y se acomodan. No son las inmensas y gloriosas alas del cosmos elevado al máximo convirtiendo la armadura en divina, son las normales y bellas alas del cisne. Esas que lo ayudaron a llegar al Eliseo.
Seiya aún recuerda aquellos días antes de que lo nombraran patriarca, cuando se divertía surcando el cielo ayudado por las alas de Pegaso mientras el rubio lo perseguía en divertida carrera tratando de alcanzarlo. Shiryu nombró a Shun "cazador de ángeles" pues cuando menos se daban cuenta, la cadena de Andrómeda aparecía de la nada enredándose a su alrededor y arrastrándolos a tierra.
Shun tenía que atraparlos para obligarlos a volver, ya que ambos eran capaces de seguir volando hasta morir, pues en el cielo se olvidaban hasta de comer y dormir. Fueron tiempos tan felices pues parecían niños jugando con sus poderes, como si les hubieran dado esos dones para divertirse y no para asesinar.
Shiryu no se equivocó al ponerle a Shun el sobrenombre de cazador de ángeles, pues generalmente atrapaba a Hyoga primero y desde tierra debió parecer como si Shun realmente hubiera atrapado un ángel, pues sus cadenas regresaban del cielo con un hermoso y resplandeciente chico rubio, de ojos azules, vestido de blanca armadura y con alas. Todo un ángel como los retratan en los cuadros.
Ahora ese caballero de blancas alas ha descendido a esta tierra llena de fango y por poco no reconoce a su compañero del cielo.
¿Dónde está ese Pegaso que no era capaz de alcanzar? Con sus alas se elevaba hasta lo más alto para dejarse caer cual centella justo como su nombre lo dice, Seiya, la flecha de estrella o el meteoro. Cuando volaban, de pronto en su ímpetu digno de su constelación, Seiya se elevaba por encima de las nubes y descendía a velocidad sorprendente, como un Pegaso llevando el rayo de Zeus y justo antes de tocar tierra podría jurar que daba un relincho, como un verdadero caballo salvaje que desbocado de nuevo remontaba al cielo.
Los ojos azules quieren llorar al ver a ese Pegaso que antes era glorioso en el cielo, sumergido en este fango. La última vez que cruzaron el firmamento juntos Seiya no quería volver a tocar el piso, como si presintiera que ya no volvería a volar. No había bajado a comer y se negaba a volver para ir a dormir. Las cadenas de Andrómeda sólo por ser igual de tercas que su dueño insistían en pescarlo. Entonces, meteorico como siempre, descendió con violencia hacia Shun, que de pronto vio venir a ese potro travieso que dio vueltas a su alrededor aún perseguido por sus cadenas, para luego tirar de ellas y dejar a Andrómeda encadenado y todo en menos de un parpadeo. Shun no pudo ni siquiera pensar en lo que pretendía atrapado en la ventolera de las alas de Pegaso y en sus propias cadenas. Pegaso intentó, entonces, volver al cielo, pero no contó con Shiryu que veloz y fuerte como un Dragón, le cortó el paso pescándolo entre sus brazos. Relinchó, pataleó, luchó, todo en medio de carcajadas hasta que finalmente la voluntad del Dragón se impuso y ese Pegaso tuvo que aceptar que el día había terminado y que tenían que volver a casa.
Al día siguiente Atena sorprendió a todos nombrando a Seiya como su nuevo patriarca y los días en que ambos volaban por el cielo se acabaron. De eso ya casi tres años.
En el presente, Hyoga aún sigue siendo ese bello ángel que surca los cielos, y Seiya es lodo y fango. Ver que el otro es puro lo molesta y le grita que se largue, blasfema contra si mismo y se asegura de hacerle saber que él ahora es un paria para la orden de Atena. No merece su lástima y no la quiere, no quiere nada que venga de un sirviente de la diosa.
Hyoga resplandece y la armadura lo abandona. Piensa meterse en este pantano, por lo que Seiya aún de rodillas reacciona y lanza sus meteoros, pero Hyoga ni se molesta en evitarlos, pues Seiya los lanzó a la nada. Pegaso iba a lanzarlos de nuevo pero se detiene al ver como Hyoga se quita su cruz mientras camina adentrándose en el fango.
Seiya deja de respirar cuando Hyoga le pone su rosario. Y el cisne habló muy quedo, como si le confiara un secreto inconfesable.
-Sabes, de niño me bautizaron, me confirmaron, asistí al catecismo y hasta hice mi primera comunión. Desfile todo vestido de blanco con los demás niños del pueblo con mi Biblia y mi rosario en una mano y una vela en la otra. Era el mas pequeño de la clase pues a mi mamá le preocupaba que cumpliera con ese sacramento antes de viajar a Japón, así que realmente debajo de la armadura soy católico ortodoxo.
Paralizado por esa confesión, Seiya no prestó resistencia cuando lo abrazó.
Siente que no merece la piedad de ningún compañero, no merece si quiera ser visto. Pero Hyoga ha descendido del cielo, no como un caballero de Atena, sino como un verdadero ángel. Y está abrazándolo, poniendo al dios de su madre como su bandera. Entonces a él no lo ha traicionado, no es un paria ante sus ojos.
Y las lágrimas comienzan a brotar sin control de los ojos castaños. Allí bajo la lluvia se quedaron un buen rato, en lo que Seiya desahogaba todas sus emociones contenidas.
Horas después, en la casa de acuario, Hyoga le daba un baño a ese hermanito que tanto quiere y que está debajo de varios kilos de lodo.
Seiya no quiere hablar, en este momento está tan perdido que se deja guiar como un corderito.
No puede ver a nadie de la orden de Atena y sobretodo a sus hermanos, siente una gran vergüenza de verlos a los ojos, pues los ha traicionado, es por eso que no ha dicho nada, que cuando les escribe a sus hermanos les miente; les dice que está bien, feliz y contento. Por eso tenía la esperanza de que no se enterarían de lo que pasa aquí, que no se pararían por este sitio, que no tendría que enfrentarlos y que ellos, los que realmente teme que sepan lo que paso, por temor a que lo rechacen; no se enterarían de que se volvió vergüenza en este santuario.
Suplicaba por el fin de su existencia antes de que supieran que lo expulsaron del templo de Atena y que le quitaron el titulo de patriarca. No tiene cara para enfrentarlos ni para aguantar interrogatorios, ¿Cómo decirles a ellos su crimen?
Y mientras le seca el cabello, Seiya agradece que Hyoga apareciera como su ángel de la guarda, que no le hace preguntas de por qué estaba llorando en ese pantano, o por qué ya no es patriarca. Como si ignorara completamente lo que sucede, como si no se diera cuenta de las lagrimas que aún insisten en caer de los ojos castaños, ni que está extremadamente delgado, ni que tiene gacha la cabeza para no mirarlo mientras lo ayuda vestirse con ropas del ruso que le quedan grandes, pero que están bien, pues le van a servir de pijama.
Tener a Hyoga a su lado, tiene a Seiya en un transe y por primera vez en muchos días el peso de su crimen no lo asfixia, no se percata de ello hasta que el ruso lo arropa en la cama. No quiere que se acabe el encanto, que tal si al cerrar los ojos Hyoga desaparece y vuelve a quedarse solo.
-¡No te vayas! –Le suplica de repente.
-Tranquilo, me quedare a tu lado, seré un guardián igual que Talo*, te lo juro.- Le dice sonriente y comienza a entonar una nana rusa.
Y Seiya se desliza a los sueños, quiere dejar de pensar, apartar de su mente aunque sea por un rato, la imagen de su diosa que en estos momentos está enclaustrada en sus habitaciones, elevando su cosmos mientras reza y se purifica del pecado de haber sucumbido a la tentación y haber tenido sexo con un caballero.
Está sucia y manchada, por eso se purifica, para poder volver al Olimpo y dejar atrás a ese caballero.
Las lágrimas siguen cayendo y Seiya se ordena concentrarse en Hyoga que sigue arrullándolo y su voz le da un poco de paz.
A la mañana siguiente, Seiya se despierta confundido por estar en la casa de Acuario. Se sienta y se talla los ojos tratando de recordar como llego aquí. La cruz del norte que cuelga de su cuello rápidamente lo hizo recordar que había pasado.
Miró a su alrededor buscando al rubio pero no está, se puso a buscarlo por toda la casa y al no encontrarlo la hiriente soledad nuevamente hizo presa del corazón del castaño. Estaba por caer en la angustia, por sentirse abandonado, cuando recordó que Hyoga le prometió que igual que en la mitología, lo iba a proteger como el guardián de bronce Talo, custodiaba la isla de Creta. Por eso, sólo una persona lo haría irse, sólo en un sitio puede estar. Sin pensar más, salió corriendo hacia allá, necesita verlo para no caer en la desesperación y confirmar que no ha sido abandonado por ser tan poca cosa.
Así que corrió a toda velocidad, atravesó el templo de Piscis y la larga escalinata que lleva al templo de Atena, pero, se queda parado en los últimos escalones, hasta allí puede llegar, pisar la explanada y los jardines del templo son algo que le ha sido prohibido por la propia diosa Atena.
-¿ ¡Que haces aquí! ? –Le gritó Jabu lleno de furia. -¡Sabes bien que tienes prohibido ensuciar este lugar con tu presencia!
Oficialmente Jabu ya se ha convertido en el patriarca del Santuario. Desde que ocupa el puesto, abiertamente ha tratado a Seiya como la peor de las escorias.
Sabe lo que paso entre la diosa Atena y el Pegaso, y que por ello, la diosa está en un proceso de purificación. Con dolor, Jabu sabe que ha quemado todo lo que podía significar algo que la ate a este mundo, incluidas las fotografías de ella cuando era niña y jugaba con los huérfanos reunidos en la mansión.
Ella no tendría que decirle adiós a esos hermosos recuerdos de los que Jabu forma una parte importante, si no fuera por Seiya, que traicionando a toda la orden, mancilló la pureza de la diosa.
Y es por eso que Jabu tiene la furia metida en las entrañas y quisiera gritar a los cuatro vientos el pecado y la traición que Seiya ha cometido, para que toda la orden lo persiga y le de muerte como el miserable perro sarnoso que es. Pero no lo hace, por amor a su diosa. Porque ella no tiene la culpa de lo que paso.
TODA LA CULPA ES DEL MALDITO DE SEIYA.
-¡Lárgate de aquí Seiya!
Es por el trato que Jabu le da, la razón por la cual Seiya se ha convertido en un apestoso en el santuario. La orden sabe que paso algo, que cometió un crimen imperdonable y que por eso no puede pisar el templo de Atena. A sus ojos, que mayor prueba que el desprecio del Patriarca, para asegurar que Seiya, el que había sido el honorable caballero de Pegaso, es una sucia alimaña que se merece los insultos de todos.
-… Yo … yo sólo estaba …
-¿ ¡Que no me escuchaste! ? ¿ ¡Es que acaso voy a tener que pedirle a los guardias que te saquen de aquí a patadas! ?
Jabu acababa de pronunciar esas palabras, cuando un poderoso cosmos se incendió.
La nieve característica del cosmos de Hyoga, comenzó a caer con suavidad y gracia, algo que contrastaba ampliamente con el sentimiento que predomina, pues el bello cosmos de Hyoga está lleno de furia y es tan poderoso que ya está cubriendo absolutamente a todo el santuario.
Se siente el cosmos demasiado intimidante, tanto que muchos entendieron porque en vida, el caballero del cisne está lleno de gloria, pues sólo alguien con un cosmos así de poderoso y magnifico, pudo haberle hecho frente a dioses como Poseidón y Hades.
El santuario en pleno tembló de miedo por ese cosmos tan gigantesco y es que se podía jurar que no se trata de un hombre, sino de un demonio que venía a llevarse a sus almas a la fosa más oscura y tenebrosa del infierno.
El rubio caballero caminó hacia Seiya, quien lo mira con temor, pensando que por fin había llegado el castigo divino, que Hyoga ya sabe el crimen tan grande que cometió y que si su cosmos ardía así, era por que lo haría pagar por su traición.
Seiya cerró los ojos esperando la muerte, y se estremeció al sentir que, mientras el rubio lo atraía al regazo, el cosmos cambiaba totalmente. Ya no era un demonio sino un ángel. El cosmos de Hyoga se transformó y se llenó de un profundo amor. Un amor tan intenso, que creó nudos en las gargantas de todos y que a muchos hizo llorar.
Y es que el cosmos del ruso seguía envolviendo al santuario, haciéndoles sentir a todos que su amor por Seiya, es tan grande e infinito como el universo.
Seiya comenzó a llorar, pues sin palabras, Hyoga le está gritando a todo el santuario que es su hermano, que lo ama y sobretodo que lo protegerá de cualquiera que intente hacerle daño.
El cosmos de Hyoga se apagó. Jabu cayó de rodillas abrumado por lo intenso que fue todo y no fue el único que se sintió así.
El ruso dejó de abrazar a Seiya y con una sonrisa dijo –Tengo hambre Seiya. ¿Qué te parece si vamos a almorzar al pueblo? –Actuó como si nada hubiera pasado. Ni siquiera volteó a ver a Jabu.
Hyoga se quitó la chamarra de mezclilla que traía y se la puso a Seiya. Ladeo la cabeza mientras lo contempla analizando el look, y es que Seiya seguía vistiendo las ropas que le prestó y que le quedan muy grandes. Acarició el castaño cabello queriendo quitar la marca de la almohada e ignoró las lagrimas que suelta Seiya. –Bueno, pareces un vagabundo, pero no te ves tan mal. -Dijo risueño al tiempo que lo toma de la mano para marcharse. –Te juro que con el hambre que traigo soy capaz de comerme un caballo.
Y así atravesaron el santuario, Hyoga camina ligeramente delante de Seiya pero sin soltarlo de la mano. Seiya no podía creer lo grande que Hyoga se veía, y aunque evidentemente Hyoga siempre ha sido más alto que Seiya, en esos momentos, en que el cisne hizo sentir su cosmos a todos, realmente se había convertido en el poderoso hombre de bronce Talo.
Seiya no pasa por alto como varios los ven atravesar el santuario, algunos incluso les sonríen y los saludan y en otros reina la incertidumbre y se preguntan: ¿Cómo puede ser el Pegaso un ser maldito si hay alguien que lo ama con tal intensidad?
Para muchos, el cosmos de Hyoga y el inmenso amor que siente por Seiya y que les hizo sentir a todos, había borrado cualquier crimen que Seiya hubiera cometido. Y si quedara alguien con corazón de roca y que no se hubiera conmovido, tendrá que morderse la lengua y callar todo su veneno, porque de no hacerlo, ese cosmos tan inmenso y que se sintió como el de un ser celestial, se convertirá en el cosmos de ese demonio que por un momento hizo temblar a todo el santuario y que no perdonará injuria proferida, pues está dispuesto a hacerle sentir el infierno en cada poro de la piel a aquel que lastime así sea con la mirada, a su amado hermanito Seiya.
-Seiya, -Dijo de repente. –cuando termine mis asuntos en el santuario ¿qué te parecería irte conmigo a Siberia?
Pegaso no respondió, pero ya no pudo dar otro paso. Hyoga ya sabe su pecado.
-Ya lo sabes ¿verdad?
Hyoga lo miró un instante y bajó la mirada. Eso fue lo peor que le pudo pasar a Seiya, Hyoga ya sabe de su crimen, ante sus ojos ya no es digno de confianza porque aspiró a que la diosa lo amara más que a los demás, porque fue egoísta y se antepuso traicionando a todos.
-Voy a llorar. –Dijo Hyoga.
Seiya siente que no merece la compañía del cisne, no merece ese cosmos nevado, que lo hizo estremecerse hasta las lágrimas por el profundo cariño que le expresó. No cuando es un maldito traidor.
-De verdad voy a llorar. -Continúo el cisne.- Cuando Atena regrese al Olimpo voy a llorar, pero sé que si a mí me duele a ti te ha de doler más.
-Hyoga… yo… ella …
-Ya no hablemos de eso, vamos a comer, bien dicen que las penas con pan menos. –Dijo y siguió su camino.
Seiya no pudo hablar, no sabía que pensar, hay cosas que no escapan a la aguda vista de Hyoga, y que de seguro la actitud de Jabu y los otros debieron ponerlo sobre aviso acerca de lo que pasó, o de verdad cree que todo se debe a que Atena se va.
Sea como sea, por el momento no puede hablar con él, pues un nudo se le forma en la garganta.
Así pasaron varios días, Seiya prácticamente se había mudado a la casa de Acuario y pasaba casi todo el tiempo con el ruso. Seiya no entendía que vino hacer Hyoga en el santuario, aunque da gracias a los dioses por su presencia. Al principio pensó que llegó por la partida de Atena y que pronto vendrían Shiryu y Shun por lo mismo, pero tal parece que la diosa no les ha avisado de su decisión. Y también Hyoga ha estado actuando raro, pues se comporta como si se estuviera despidiendo del templo de acuario, de la armadura dorada y hasta de su propia armadura del cisne. Encima entrena como si se fuera a enfrentar a un poderoso enemigo, Hyoga se sienta en las escaleras del onceavo templo, cierra los ojos y entra en meditación profunda elevando su cosmoenergía a todo lo que da rodeando completamente el santuario. Dejando asombrado no sólo a Seiya, sino a todos en el lugar, pues llega a pasar horas enteras así.
Ahora mismo el rubio está sentado en la escalinata, en total contemplación de una pequeña imagen, una muy vieja estampa.
-¿Puedo? – Pregunta Seiya y el rubio se la entrega.
Se trata de una mujer que levanta los brazos en vueltos de cadenas y que esta rodeada de fuego.
-¿Es una santa? –Pregunta el castaño.
-No, es un ánima sola. -Al ver que Seiya no entiende continúa.- Los católicos rezan por las almas de los difuntos, pero a veces hay gente que no tiene a nadie que resé por ellos, por eso son animas solas. Por eso en la oración se pide por esa alma. Mamá solía rezarles mucho pues necesitan de oraciones.
-Es porqué está en el infierno, ¿verdad? Por ser pecadora, por eso esta rodeada del fuego del castigo.
Hyoga se rascó la cabeza, no sabía como explicarle pues el mismo no lo sabe bien por no ser practicante, lo que sabe se lo contaron cuando el era muy niño.
-El fuego del infierno es distinto, sólo caen allí los verdaderamente malvados y nunca podrán salir. El ánima sola está en el purgatorio, es un alma pecadora pero no hizo nada tan grave como para merecer ir al infierno, por eso va al purgatorio, el fuego no es de castigo sino de purificación. Los rezos de los vivos los ayudan a purificarse y alcanzar la gloria.
-¿por eso rezas tanto por tu mamá, Isaac, Crystal y Camus?
-Yo rezo por ellos por que es muy triste ser olvidados, sobretodo considerando la posibilidad de que uno se convierta en un ánima sola. No quiero que estén solos, quiero que estén en el paraíso. Que alcancen el descanso. Sólo puedo tener fe en lo que decía mamá y rezar para que así sea. Confiar en que todas las oraciones son escuchadas sin importar de quien venga.
Seiya por largo rato estuvo pensando.
-Entonces si se comete un pecado tan grave se va al infierno y nunca se sale de allí … no hay perdón, hay cosas que no tienen perdón.
-Todos los pecados se perdonan, no importa lo graves que sean, cuando se siente un verdadero arrepentimiento por ellos se alcanza el perdón. Los únicos que van al infierno son aquellos que no se arrepienten, que no sienten ningún pesar por sus actos pecaminosos.
-Pero si el pecado es tan grande, tan inmenso, por ser la peor de las blasfemias, se va al infierno ¿verdad? No importa que uno se arrepienta, como Judas que entrego al señor, el se llenó de tanto dolor y arrepentimiento que se ahorcó. Él está en el infierno por traicionar a todos sus compañeros y entregar a Dios. Si él que se arrepintió se está quemando en el infierno, que esperanza puede haber para alguien que no se arrepiente. Se quemara en el infierno, será condenado por todos.
-Seiya.
-¡TÚ LO SABES! ¡FINGES QUE NO PASA NADA PERO SABES LO QUE HICE! ¡SOY UN PECADOR Y UN BLASFEMO POR HABER MANCILLADO A ATENA! ¡LOS TRAICIONE A TODOS Y NO ME ARREPIENTO! ¡PENSÉ EN MÍ Y EN MI FELICIDAD NADA MÁS! ¡SOY UN VIL TRAIDOR QUE A OJOS DE TODOS MERECE ARDER EN LA HOGUERA DEL INFIERNO!
-Sólo van al infierno aquellos que no sienten dolor y arrepentimiento por su crimen.
-¡PUES YO NO ME ARREPIENTO ASÍ QUE IRÉ AL INFIERNO!
-Y si no te arrepientes ¿por qué estás llorando?
Seiya se sorprendió pues no se dio cuenta de cuando las lágrimas se le empezaron a escapar. –No me arrepiento. –Volvió a decir.
-En cuanto al destino de Judas, está en el infierno más por suicida que por traidor.
-¿eh?
-Dios no perdona a los suicidas, la vida es el bien más preciado que entregó, por eso aborrece a los que se quitan la vida.
-¡ERES UN MALDITO!
Le gritó y salió corriendo, no paró hasta llegar a las afueras del santuario. Cayó de rodillas vencido y es que desde que Atena le anunció su partida ha estado pensando en el suicidio. Es tanto el dolor que siente, por haber traicionado a todos y haber corrompido a la diosa, que ya no quiere vivir. Sólo estaba esperando a que Saori se marchara para acabar con su vida y el cisne se lo ha echado a perder. Tiene razón, dios no perdona el suicidio y ha visto a Saori llorar tantas veces por lo que paso con Saga.
¿Qué pensaría ella si se suicidara? ¿Lloraría como lloró con Saga? Saga tenía motivos, siempre atrapado en sus dos personalidades, tenía que acabar con su vida para tener a salvo a Atena.
Pero en su caso sí sería un pecado, pues se quitaría la vida para escapar del dolor. La vida que ella le regalo, la vida por la que lloro cuando creyó que se extinguía por la espada de Hades. Posiblemente ella lo detestaría por quitársela, porque su deseo siempre ha sido que viva feliz.
Ahora Seiya cae en cuenta que hay algo peor que el olvido de la diosa, su odio. ¿Y si ella lo llegará a odiar por cometer el infame acto del suicidio? No lo soportaría.
Entonces ¿Cómo continuar viviendo si se ha vuelto pecado? ¿Cómo vivir si ya no tiene motivos? ¿Cómo encontrar un poco de paz si se es sucio a ojos de los demás?
El castaño contempla su mano, sin darse cuenta aplastó la estampa de Hyoga. Se molesta, sobretodo porque el ruso está allí, salió corriendo tras él y se quedó a varios pasos de distancia en lo que se calmaba.
-Entonces pese al pecado se puede volver a ser puro porque uno se siente dolor y otros rezan por uno.
-Sí.
-¿Rezarías por mí? -Hyoga abrió los ojos sorprendido por esa petición. –¿Rezarías por mi perdón?
-Siempre estás en mis oraciones Seiya. –Dijo acercándose al castaño.
-Ojala me consumiera en el fuego de la purificación. De verdad quisiera convertirme en cenizas. –Dijo el castaño, por toda respuesta Hyoga le dio un coscorrón y ambos se dispusieron a volver a casa.
Seiya se seca las lágrimas que se le escaparon, de verdad desea desaparecer en el fuego, que su crimen sea purificado. Anhela estar envuelto en esas llamas de perdón justo como la imagen que tiene en manos.
Tiempo después…
Hacía una noche sin luna, por lo que las estrellas brillan con intensidad. Un latido surgido de lo más profundo del corazón despertó a Seiya y es que sentía miedo y angustia. Una gran angustia le apretaba el pecho. La sensación se hizo más y más grande así que encendió la lámpara.
Tenía miedo y se levantó de puntitas para no hacer algún ruido que pudiera despertar a Hyoga. El rubio dormía sobre una colchoneta a unos cuantos pasos, así que sigiloso se acercó. Se sentía culpable de que el rubio durmiera en el piso por cederle la cama, pero la verdad es que no podía estar lejos Hyoga, pues inmediatamente el miedo a la hiriente soledad hacía presa de él y el ruso se entercó en que sólo lo dejaría quedarse si dormía en la cama.
Aun así, cuando Seiya sentía el corazón hecho nudo y las lagrimas insistían en caer, dejaba la cama para dormir a lado del rubio, porque realmente la soledad lo estaba matando y si Hyoga no hubiera aparecido ya habría muerto por la pena.
Se quedo contemplando al cisne, pensando que eso calmaría el temor de su corazón pero no fue así. De nuevo sintió ese latido lleno de angustia.
Últimamente Seiya andaba muy meditativo, pues tenía el corazón roto en muchos pedazos por todo lo que pasó con Saori, y todo indicaba que Zeus no iba a fulminarlo con su rayo, así que igual que Anquises iba a tener una vida larga. La sola idea de ya nunca ver a Saori lo hacia desear la muerte y para su desgracia ya no puede ser un suicida.
Era una realidad, ya no podía seguir siendo caballero, su armadura ya no reacciona a su presencia, está convencido que la armadura lo rechaza por su crimen o es él, el que se siente tan indigno que ya no puede conectarse con ella. Por otro lado ya no podía seguir viviendo en el santuario, aunque la llegada de Hyoga apaciguo las aguas, para muchos ya no era digno de vivir allí, pues por algún motivo se le estaba prohibida la entrada al templo de Atena, así que era claro que algún crimen debió cometer. Y por otro, el mismo sentía vergüenza de verlos.
No tiene fuerzas para volar por si solo, si fuera por él se tiraría a morir, debería de irse con alguno de sus hermanos pero no puede correr hacia Shiryu, pues Shiryu no puede seguir con su vida si no comprende las cosas, aunque esperaría paciente el momento en él que quiera hablar, podría ver en sus ojos la pregunta del por qué y aún no se siente listo para hablar, de hecho eso es lo que menos quiere. Y Shun lo miraría con infinita dulzura y perdón; y eso lo enloquecería, pues no se arrepiente del pecado cometido, aunque si de haberlos traicionado, cometió la más grande de las traiciones al aspirar a ser el más amado. No quiere ser visto por Shun, con su mirada tan pura y sus sentimientos tan nobles, se sentiría peor. Hyoga es el único con el que puede encontrar algo de paz, es mudo y no le interesa escuchar a menos que eso los ayude a desahogarse. Hyoga simplemente hace acto de presencia, para que uno sepa que está allí, siempre incondicional y sin preguntas ni puntos de vista.
Debería de tomarle la palabra e irse con él a Siberia, después de todo allí estará Hyoga y su silencio, y sobretodo un sitio tranquilo y alejado de todo, para pensar.
Otro angustiante latido, Seiya no entiende que es lo que esta noche tiene a su corazón tan preocupado.
Sale de la casa de Acuario instintivamente y ve las estrellas. Cada que las ve piensa en Saori y en todo lo que le enseñó. Y sobretodo recuerda esa noche, antes de la lucha por las doce casas, cuando ella le explicó que el destino esta marcado por las estrellas y que los humanos se la pasan buscando su destino.
Hasta esa última noche que paso a su lado, Seiya se sentía lo suficientemente fuerte, no sólo para encarar al destino, sino para forjarse uno.
Que iluso, él es un mortal y ella una diosa. Él es una hoja que lleva el viento y ella es el viento mismo. El viento seguirá corriendo libre por todos lados, mientras la hoja se seca, se marchita y se vuelve polvo.
El tiempo que la hoja pasó danzando en el viento es ínfimo, tan súbitamente como lo levantó, caerá abandonada por el viento que sigue su marcha y no importa lo que la hoja quiera, luche o insista, hay cosas que simplemente no pueden ser.
El corazón de Seiya sigue latiendo con angustia, cada vez más intensamente. La sensación de que algo le sucede a la diosa lo invade y corriendo atraviesa Piscis y la escalinata, pero se detiene pues el templo le está prohibido.
Pero el corazón le sigue gritando, la angustia se ha vuelto la misma que sintió cuando ella tomó la daga y se atravesó la garganta para buscar a Hades en su reino.
Ese sentimiento lo hace desobedecer el mandato de Atena y entra al templo desesperado por hallarla. Llega a la habitación de la diosa y se asusta que el piso esté manchado de sangre.
De hecho, toda la cama esta llena de sangre, pero, Atena no esta en su cuarto, por el rojo líquido supone que salió y desesperado va siguiendo los charcos escarlata. Hasta que llega a la parte más sagrada del templo, ni cuando fue patriarca tenia permitido entrar, pero la sangre lo lleva allí y el recinto está abierto, así que sin importarle nada entra.
El grosor de las paredes es sorprendente, son un grueso pasillo para llegar a una cámara extrañamente carente de techo, pero por fin, Seiya encuentra a su diosa.
-No te acerques.- Le ordena ella con voz queda.
Atena está en el centro, luce muy agotada y hasta adolorida. Sus ojos resplandecen más que de costumbre. La blanca falda esta roja por la sangre que escurre de sus piernas.
-¡Saori! –Dice asustado por la sangre, estaba a punto de dar un paso, pero ella lo mira fijamente y le sonríe con infinito amor, cosa que lo deja paralizado.
-Siempre me llamas Saori cuando tus emociones son muy intensas.- Dice con dulzura.- Seiya yo te amo, nunca tengas duda de que mi amor por ti es verdad. Soy una diosa, vivo eternamente y por la eternidad te amare. Pero también soy el eje de este santuario y les estoy pagando mal a mis caballeros. Yo no debería amar a uno más que los demás, porque todos se sacrifican por mí, y amar a uno es hacer menos a los otros que valientemente me han dado sus vidas. Yo debo de amar a todos por igual.
El amor de Atena debe de ser igual para todos. Mis caballeros y amazonas se saben amados por mí y eso es lo que les da la fuerza para enfrentar incluso a los dioses. Es por eso que somos tan fuertes, es por eso que nunca hemos sido derrotados. Yo les di este destino de guerra; es un contrato entre mis caballeros y yo, a cambio de su sacrificio yo los debo de amar por la eternidad.
Yo los amo, pues el camino por el que transitan está lleno de espinas; se quedaron huérfanos, sufrieron hambres, fueron heridos por los dioses, vieron a sus amigos morir, atacaron a sus hermanos, sintieron rabia y odio, se sintieron indignos, se arrepintieron de sus pecados o se fueron de esta vida maldiciéndome; eso no importa, porque yo los amo.
Esta es mi función y mi deber, brindarles amor, es la razón de mi existencia. Nunca me ha pesado pues es tan fácil amarlos. En sus grandezas y sus pequeñeces, cuando aprenden y cuando erran, cuando aman y cuando odian. Yo los amo y mi amor es verdadero, mi amor por todos los que conforman la orden es inmenso y cuando mi cosmos brilla ustedes pueden sentirlo.
Y el amor que cada miembro siente por mí también es intenso. Yo sé que me perdonarían mi debilidad de amar a uno más que a los demás, sé que muchos se tragarían su dolor y sonriendo me dirían que está bien, pero no es justo que sólo una de las partes se sacrifique, así que yo también debo de sacrificarme. Ya no puedo seguir amándote a ti más que a los demás, pues todo el dolor de mis caballeros debe de ser recompensado con absolutamente todo mi amor.
Así que este es el adiós Seiya, pues ha llegado la hora en que debo pagar mi pecado. Aunque te amo mas allá de la razón, sellare mis labios y nunca más volveré a decirte lo mucho que te quiero y que te amo.
Seiya ya no hay modo de volver atrás, quedas expulsado de la orden, ya no puedes ser un caballero en esta vida. –Finalizó la diosa y el castaño asintió.
La diosa está en su hora final, el cosmos se eleva y toda ella resplandece. Su ardiente cosmos lleno de amor esta envolviendo no sólo el santuario sino también a la tierra misma.
La diosa va a dejar esa envoltura que es su cuerpo humano, cuando su ser celestial se libere la onda de calor será tan intensa y tan brillante que incluso los huesos se volverán cenizas y polvo.
Y Seiya sonríe pues la diosa escuchó sus ruegos, lo dejara estar aquí y desaparecer en su luz.
El calor ya empieza a quemarlo, pero una centésima de segundo antes de que la diosa haga explosión, y su ser divino atraviese el espacio y el tiempo para volver al olimpo, unas blancas alas se atraviesan y unos brazos lo atraen a la seguridad del regazo del cisne.
La poderosa flama se extiende quemando todo y Seiya siente a Hyoga retorcerse por el dolor antes de perder la conciencia.
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Notas de la autora
Los caballeros de bronce pueden volar sin necesidad de alas, recuerden que llegaron volando al castillo de Hades. Así que aunque las armaduras de Andrómeda y Dragón carezcan de alas ellos vuelan con sus cosmos. El único espacio por donde Shun y Shiryu no podrían volar a falta de alas en sus armaduras es la superdimensión, ese camino donde solo los dioses pueden cruzar.
En el tomo 26, Seiya dice que desde siempre la armadura de Pegaso ha tenido alas, supongo que alguna vez Marín se lo comentó. En ese tomo Seiya piensa que fue gracias a la sangre de Atena que se desarrollaron las alas, yo en cambio, creo que como nunca había tenido la necesidad de volar con las alas de la armadura dado que puede hacerlo con su propio cosmos, pues nunca se habían desplegado las alas, pero no me crean, Kurumada tiene la última palabra.
Las armaduras del Cisne, Pegaso, Andrómeda, Dragón y Fénix siempre han sido prodigiosas, desde la era del mito, al menos eso leí una vez, y es por eso que los caballeros negros insistieron tanto en copiarlas.
Sabemos que Seiya nace para derrotar a Hades, en cada enfrentamiento con él convierte su armadura en divina. Es posible que en una vida pasada enfrentara a Hades en compañía del Cisne, Andrómeda y el Dragón, dado que cósmicamente están juntos. Como lo saben todos aquellos que han leído "en mis horas más oscuras" –sí estoy promocionando mi otro fic.- esas constelaciones están juntas, de hecho Andrómeda está pegada a Pegaso, del otro lado Pegaso tiene al Cisne y a un lado del Cisne está el Dragón. Es posible que por ir siguiendo a Pegaso esas armaduras se hayan vuelto excepcionales lo que hizo a los caballeros negros intentar copiarlas pese a que son de bronce. En el caso de la armadura Fénix, la capacidad de resurrección es lo que obsesionó a los caballeros negros. Pero para tener esa capacidad se necesita que el caballero tenga una cantidad extraordinaria de cosmos. Siempre es el caballero no la armadura por muy portentosa y milagrosa que esta sea.
En fin, todo eso son conjeturas mías, pero si Seiya ha renacido una y otra vez, me hace muy feliz pensar que en otra vida él y mi amado Hyoga junto a Shiryu, Shun e Ikki fueron amigos. Que una y otra vez están destinados a encontrarse. Por eso Seiya lo dice en el capítulo anterior.
Téngale paciencia a Jabu, no es malo, sólo humano, es Cain viendo que a dios le gustó más la ofrenda de Abel.
Entrando en temas mitológicos, en el capítulo anterior lo quite de las notas pues ya estaba muy larga, por eso aquí les va la creación de hombres en donde interviene a Atena:
En el libro de "las metamorfosis" hay una parte donde el héroe Cadmo mata a un dragón propiedad del dios Marte (Ares) que había devorado a sus compañeros, se le aparece Palas y le ordena que entierre los dientes del Dragón, y surgiendo de la tierra como margaritas –sí, otra vez me vuelo un chiste de Disney-, los dientes se transformaron en guerreros con armaduras. Se apodera de ellos un furor asesino y se empiezan a matar entre ellos hasta que finalmente quedaron 5 que por orden de Atena se quedan como compañeros de Cadmo y con su ayuda funda Tebas.
Bien pude haber acomodado allí la creación de los caballeros, dado que eran hombres fratricidas pues todos eran hijos de los dientes del dragón y que en cuanto nacieron se dedicaron a matarse los unos a los otros, como caballeros de Atena en revuelta, uno se puede alocar con ese mito.
Como sea, el dragón o serpiente gigante desde un principio era de Marte, por lo que Cadmo tuvo que servirle al dios por un año. Cadmo gobierna en Tebas, casado con una hija de Marte y Venus.
Talo, pues es un hombre hecho de bronce, Zeus lo creó como un regalo para su amante Europa que es hermana de Cadmo, de su unión con ella nacieron Minos, Radamanto y Sarpedon. Talo es el guardián de la isla de Creta pues Europa se caso con el rey Asterio gobernante de dicha isla, quien adoptó a los hijos de Zeus como suyos, de allí que después Minos sea rey. Talo según recuerdo sale en la viejísima película de Jason y los Argonautas y es algo así como una estatua de metal viviente. Y como Hyoga dijo es un guardián y de bronce (*¬*) como el poderosísimo Talo, Hyoga protegerá a Seiya.
En el próximo capítulo veremos a Shun, meter su cuchara en esta historia, hasta junio, sí junio ya era justo que les tocara esperar un montón, no se quejen en algunos fics me esperan más de seis meses –tengo uno detenido desde hace un año ¡que vergüenza!
Otra razón por la que me tardare tanto es que mi computadora hizo ¡pum! Así que le doy las gracias a mi hermano que me rescató mis fics del disco duro porque ya no puedo abrir los archivos. Por él es que pude publicar este fic en este mes. Todo mi vicio se Saint Seiya se perdió (TToTT) –como es hobby nunca respalde los archivos de música, imágenes, video, ni mis cuentos (TToTT)9 ¡maldita sea! Perdí cientos de horas de búsqueda de información en la web para los cuentos. Fichas de personajes, paginas especializadas en mitología, en astronomía, imágenes de paso por paso de movimientos de artes marciales, mucha información de física y mitología japonesa. Todo se fue y tengo que volver a empezar a recabar.
Como siempre gracias por leer y gracias por hacer de esta mi historia más popular, nunca creí tener tantos seguidores (^_^) en estos momentos de dolor por mi computadora ustedes son los que me dan fuerza.
