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El pecado de una diosa

Por Liluel Azul

Capítulo 6

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Como huérfano, no tenía nada salvo un orgullo que forjaba día a día, al no quejarme de mi suerte, ni llorar cuando algo me dolía, al luchar contra brabucones y enfrentándome a adultos que disfrutaban con maltratar a niños que sabían que no tenían a nadie que los defendiera. Desafié al mundo con lo único que tenía, mis puños y mi fuerza. Cada día era una batalla.

Así que desde temprana edad le grite al mundo que yo soy el gran Jabu, por lo tanto nunca me iba a vencer. Por mi carácter siempre fui un niño con problemas con la autoridad, pero que inspiraba respeto a los demás infantes.

Hasta ese día, que rebelándome contra el adulto que me arrastraba por jardín de aquella inmensa mansión, fui arrojado a tus pies, así fue como me presentaron a la poderosa familia Kido quienes se iban hacer cargo de mí.

No le preste atención al hombre calvo, ni me interesaba quien era el viejo, ya que en cuanto estuve frente a ti quede atrapado en el hechizo de tus ojos. No cabe duda que nací para ser el caballero del Unicornio, como lo indica el mito, ante la pureza de la doncella virgen me quede inmóvil y ya no fui capaz de luchar pues me convertí en un ser domesticado. Quizás menos de medio segundo me bastó para saber que tú serías lo más sagrado en mi vida, aquello que más amaría en el mundo.

Por ti renuncie a mi orgullo pese a que era lo único que tenía, pues mi corazón se sentía alegre con sólo tenerte cerca, así que no me importaban las humillaciones que tuviese que pasar, ni cuantas veces tuviera que agachar la cabeza, todo valía la pena por tener unos minutos a tu lado.

Te recuerdo en ese gran patio tan lleno de niños, exigiéndole a Seiya que fuera tu caballo, y a este negándose. No le importaba tu voz ordenándole, ni los fuetazos que le propinaste. Te miró con furia mientras te gritaba que no lo haría. Mis entrañas ardían porque él se negaba a hacerte feliz. Y siempre lo escogías a él pese a que yo estaba dispuesto. Él ya era el Pegaso, el caballo indómito y yo ya era tu Unicornio, el caballo que baja la cabeza y ansia ser montado por su doncella.

No me importaba que me golpearas con ese fuete, no me importaba el dolor que me provocaban tus manos tirando de mi cabello, ni me importaba que me raspaba hasta sangrar las manos y las rodillas. Las lágrimas se me salían aunque quería reprimirlas, pero nunca las mirabas y eso tampoco me importaba.

No sabes cuantas veces tuve que escuchar las palabras de Seiya, burlándose de mí, por haber sido tu caballo aunque siempre sería tu perro. El miserable sabía cómo lastimarme, pues esas palabras me herían en lo más profundo de mi orgullo. Tampoco sabes cuantas peleas sostuve con él por defenderte de sus groseras palabras. Ni sabes que llore durante todo el viaje a Argelia, pues me habían separado de ti. Si cada día di mi máximo, no fue para sobrevivir, ni para obtener la armadura, sino para poder volver a tu lado. Porque te amo más que a la vida misma.

Y aunque volví convertido en el caballero de unicornio… de nuevo tuve que escuchar a Seiya decirme que siempre sería tu perro. No sabes cómo lo odiaba en esos momentos. Porque tenía toda la razón. Soy un perro que mueve la cola ante su dueño, y sé que todos me ven así.

La vida se volvió complicada y peligrosa, el que resultaras ser la diosa Atena no me sorprendió en lo absoluto, porque siempre te sentí como algo sagrado y por ello te trataba como tal. Estaba siempre a tu lado, para servirte con todos las ímpetus de mi ser.

Pero Seiya tenía razón, más que un unicornio, soy un perro, uno que tiene que meter el rabo entre las patas al ver el peligro que te acechaba y no por falta de valor, sino por falta de fuerzas. Aunque viera al enemigo a los ojos, fácilmente sería vencido. La diferencia entre Seiya y yo cada día era más inmensa, como si él no tuviera límites. Siempre digno de Pegaso, Seiya le hace honor a su constelación. Se dice que el monte Helicón comenzó a crecer desmesuradamente, crecía y crecía amenazando con llegar al cielo, pero bastó con que Pegaso se posara en él para que recobrara su tamaño normal, y lo mismo pasa ahora, cada que una fuerza maligna crece con intención de dañar a Atena, Seiya se encarga de que esa fuerza no logre su objetivo. Pareciera que nadie es capaz de vencerlo.

Aceptar que no tenía el poder de protegerte me hizo sentir rabia contra mí, mi orgullo está herido por ser tan inútil. Me duele no tener fuerzas suficientes para ser yo quien te salve. No importa lo mucho que endurecí mis entrenamientos, no logre que mi cosmos ardiera con la potencia con la que arde el de Seiya.

Siendo un unicornio, solo podía contemplar al Pegaso volar majestuoso por lo cielos. Y eso me frustraba.

Aun así, no podía rendirme, pese a mi inutilidad seguí esforzándome para estar a tu lado, mientras ellos se iban, yo me quedaba para cuidar de ti, prácticamente me convertí en tu guardaespaldas, iba contigo a las empresas o a cualquier evento que te reclamara por ser la heredera del magnate Kido, si era el santuario el que te necesitaba, para allá iba yo, lo que me es una alegría porque acá siento que te soy más útil, dirijo guardias, rápido dispongo para remediar lo que se necesite y así tengas menos preocupaciones.

Tú misma me has dicho que cuando no estoy, no te hayas, pues sientes que algo falta. No importa que tengas todo bajo control y que todo opere correctamente en el santuario o en las empresas, estás acostumbrada a que sea tu sombra, a que no te tengas que preocupar por el clima, porque siempre me adelanto, antes de que haga frío ya tengo tu suéter y antes de que llueva, ya te tengo cubierta bajo el paraguas. Cosas que hago, porque te amo.

Y sin embargo, no me sentía feliz.

Recuerdo esos días, después de la guerra contra Poseidón, regresamos a la mansión acompañados de Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun. Le pediste al cisne que no regresara a Siberia, pues algo le había pasado. Nunca sabré que enfrentó en el fondo del mar, pero siempre creí que Hyoga era imperturbable, y sin embargo algo lo trastornó pese a lo fuerte que es. Igual que un cisne, se paseaba tranquilo por la mansión dejando una sensación de melancolía a quien lo observara. Era claro que cargaba con alguna clase de pena. Seiya parecía su sombra, a donde él rubio iba, él estaba detrás, igual que como hacía de niño; Shun en cambio, esperaba pacientemente a que el cisne decidiera ir a él, comprendiendo que Hyoga es un alma solitaria el cual no habla hasta haber puesto sus emociones en orden; por su parte Shiryu con su presencia, estando a su lado en silencio le hacía saber al cisne que estaba allí para lo que necesite; y tú mi bella diosa, sólo lo contemplabas, aunque lo que querías era abrazarlo y secarle sus lágrimas.

Sin embargo, tenías que partir de regreso al santuario, estabas despidiéndote de ellos mientras que yo, fiel a mi naturaleza ya estaba abriendo la puerta de la limosina para ti, mas a punto de entrar, regresaste sobre tus pasos, y por un momento viste fijamente al cisne.

Perdóname, si hay algo que pueda hacer para compensarte por el destino aciago que te he dado al hacerte pelear con aquellos que más amaste por favor dímelo.

Hyoga se sorprendió por esas palabras y cual héroe de leyenda, el más mítico que me pudiera imaginar, se arrodilló frente a ti en reverencia.

Mi diosa Atena, me ha visto rezar muchas veces pero ¿Sabe qué pido?

Siempre estás pidiendo por el eterno descanso de tu madre y tu maestro.

Es verdad, pero también pido ser lo que usted necesite. No hay día que no ore por eso, pues era deseo de mi maestro Camus, el que yo le sirviera con lealtad y honor. Y en esa batalla que sostuve, ese deseo cambió, pues ya no es por mi maestro por el que yo desee servirle, ahora es por mí, ser lo que usted necesite es mi único anhelo.

Ante esas palabras dichas con el corazón, sonreíste y tus ojos se inundaron pues las lágrimas se te querían escapar. –Hyoga, siempre has sido, eres y te juro que serás lo que yo necesite.

Diciendo esto, por fin pudiste marchar tranquila.

Por mi parte, durante todo el trayecto al santuario no hice más que pensar en la soberbia dignidad del caballero del cisne. El recuerdo de haberlo visto arrodillado frente a ti, diciendo esas palabras; inundaba mi corazón con el deseo de ser igual. Me prometí a mí mismo que me esforzaría por ser lo que necesites, de servirte con lealtad y honor, pese a no ser capaz de volar como el Pegaso.

La guerra contra Hades se nos presentó y de nuevo no fui de mucha ayuda para ti. Lo peor fue que Seiya regresó gravemente herido y por mucho tiempo estuvo entre la vida y la muerte, internado en el hospital de la fundación, cosa que nos afligía a todos, mas, fuiste un roble, todo el tiempo estuviste serena, sosteniéndonos con tu seguridad.

Pero yo te conozco mejor que tú misma. Y sabía lo que hacías en las noches. Nada escapa a mi vigilancia. Tus silenciosos pasos nunca me pasaron desapercibidos.

Tenía tantas ganas de comprobarlo, pero sabía que se me rompería el corazón en pedazos si obtenía una prueba, fue el destino cruel quien me dio la bofetada. Justo pasaba frente a la habitación del ruso, la puerta estaba abierta, Hyoga y Shun platicaban cuando el peliverde se dejó caer en la cama del rubio y de inmediato se levantó, apartándose de esta viéndola confuso.

Me seguí de largo con el corazón destrozado. Sé que nada hablaron en ese momento, que Shun buscó un pretexto para salir corriendo de allí. Por un tiempo incluso se portó adusto con Hyoga, pues claramente percibió tu aroma en su cama.

Tan ciego que es, su amor por ti lo hace temer siempre. No se daba cuenta que lo que pasaba en esa cama era mil veces peor de lo que se había imaginado. Porque cada noche que escuchaba tus pasos, en tu peregrinaje a la alcoba de ese, me sentía miserable y más inútil que nunca, por saber con seguridad que llorabas en silencio entre sus brazos hasta quedarte dormida, para cada mañana levantarte y enfrentarnos con mentiras, mostrándote tranquila, cuando realmente tenías un inmenso miedo a que Seiya muriera, así que te la pasabas fingiendo esperanza cuando no la tenías.

No llorabas frente a nosotros, nos mentías cada mañana, ¿qué es realmente lo que te significamos tus caballeros, o al menos nosotros que somos los más cercanos? ¿Una carga acaso?

En esos días usabas una máscara frente a nosotros, porque Atena no se derrumba frente a sus caballeros.

Sin embargo, yo era el que más tiempo pasaba a tu lado, el que atesoraba tus palabras y comprendía cada uno de tus gestos. Y aun así, te ibas a dormir en brazos de otro, a llorar tu desconsuelo y a contarle todo tu miedo a él y no a mí.

Y todo por esas palabras, por su deseo de ser lo que tú necesites. Las envidie, habría dado todo porque él no las hubiera dicho, porque quizás, si nunca las hubieras escuchado de sus labios, no habrías ido a él buscando el consuelo al miedo que sentías de perder a Seiya. Pues todo el tiempo que me he dedicado a cuidarte, no significa nada, si corres a otros brazos a llorar.

Me era agonía por partida doble, porque era evidente que tú no podías perder a Seiya. Tras cada guerra perdías caballeros, caballeros que amas, pero no tanto, como lo amas a él. ¿Mi diosa, como puedes preferirlo al resto? ¿Crees que es justo que todos te amemos con desespero y tú solo ames así a uno?

La cara que le muestras a tus caballeros es una máscara. Porque tú eres Atena la poderosa, la que tiene en su mano a la victoria, la que está por encima de 88 caballeros. Así que no te derrumbas, ni sufres por uno que ha caído.

Tu puesto como guía y el sacrificio de nuestras vidas en tu nombre, es lo que ha hecho que reprimas tu personalidad indómita, porque tu orgullo divino te exige ser la digna depositaria de nuestras paciones. El peso que tienes en el corazón de cada uno de tus caballeros, aun los que te traicionan, es lo que te ha conseguido la victoria en cada batalla, pese a enfrentar a dioses más poderosos que tú. El amor que cada caballero siente por ti es más fuerte que cualquier cosa, al grado que somos capaces de explotar nuestro cosmos aun a costa de nuestras vidas con tal de protegerte.

Y por ello, tienes que ser perfecta e inalcanzable. Tener cuerpo de carne y aun así ser etérea.

Has tenido que soportar vivir como una diosa en cuerpo humano y ser tratada de acuerdo al protocolo que tu rango divino te exige y nos exige. Porque cada acto tuyo tiene consecuencias que escapan a tu imaginación y un momento de felicidad puede costar caro.

Pues incluso esos momentos, en los que buscabas un respiro, te costaban el que me quemara en mi infierno.

Porque he sido un inútil, un lastre que sólo te causa penurias, que no te ha servido en el campo de batalla. Me he consagrado a cuidarte y hasta eso me ha salido mal.

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Jabu abrió los ojos, no entiende como pudo quedarse dormido, se dio cuenta que la diosa estaba por dar a luz, y había permanecido en guardia, y pese a eso, ese extraño sueño lo dominó. Pronto entiende que fue el cosmos de la diosa quien lo durmió, por lo que sobresaltado corre a la habitación de ella. Percibe a Shun saliendo del templo a toda velocidad pero poco le importaba el caballero de Andrómeda comparado con ella.

La amazona que la atendió lo corre de la habitación y aun así el patriarca se da cuenta que la bebe no está. Por lo que sale corriendo, maldiciéndose por su estupidez, debió detener a Shun cuando lo vio. Tiene que mandar que lo traigan de regreso. No importa la vida de ese peliverde en comparación con la bebe, pues es lo más sagrado del templo después de Atena y debe de ser devuelto a él. Esa niña tiene la sangre divina de Atena corriendo por sus venas y si algún enemigo se percata de eso correrá grave peligro. El único lugar en donde puede estar segura es en el templo.

Va corriendo buscando a Nachi, él será capaz de rastrearlo. Además si Atena ha dado a luz, ella dejara este mundo. La conoce a la perfección, no esperara a recuperarse, ella de inmediato se levantara con intención de volver al Olimpo.

Y tiene razón, en esos momentos en que está fuera del templo, dándole órdenes a Nachi, de que aunque sea necesario matar a Shun, recupere a ese bebe; y a Shaina y a Kiki, de que den aviso a todos en el santuario de que deben matar a Seiya; la diosa ya se ha puesto de pie y se está despidiendo del castaño.

El patriarca Jabu vuelve al templo, es seguido por Geki y Ban que lo cuestionan por dar semejantes órdenes y que en todo caso, deben de avisarle a Hyoga, porque es el rubio a quien Atena le entregó la última palabra de todo cuanto se disponga en el santuario.

Y en eso estaban, cuando el suelo comenzó a vibrar, parecía un temblor y Ban no pudo sostenerse en pie por lo que cayó de rodillas.

Una gran explosión sacudió el santuario de Atena, la transformación de humano a divinidad produjo una onda tan caliente como el sol y que hubiera calcinado todo de no ser porque el cosmos de un humano contuvo la fuerza divina que se marcha.

Y al final el santuario luce blanco, cubierto por la escarcha que atestigua que fue el caballero del cisne quien contuvo el cosmos de Atena. Siendo su mayor milagro que el templo de la diosa, ese al que sólo se accede atravesando los otros doce y que fue el centro de la explosión, aun siga de pie.

En la sala del trono, Jabu siente como se posan sobre el las asustadas miradas de Ban y Geki, que no entienden que acaba de suceder. Como todos en el santuario, acaban de sentir que la diosa que aman se ha marchado de este mundo y eso los inunda de pena. No hay caballero que no sienta el corazón lleno de soledad y de incertidumbre.

La única diferencia que hay con las demás personas que conforman el santuario es que Ban y Geki están frente al patriarca, y Jabu sabe, que en este momento de inseguridad es su deber confortarlos. Así que toma la mano de Ban que es el más asustado.

–Jabu. –Lo llama, su voz sí que esta aterrada. No sólo es que ella se fuera, fue sentir que Hyoga se consumía en el fuego divino de la diosa.

Muchos en el santuario deben de estar confundidos, sin entender que fue lo que sintieron, es posible que la pena que los está llenando, por la partida de ella, oculte completamente ese dolor que transmitió Hyoga al ser quemado vivo. Quizás sólo los caballeros más experimentados lo comprendan. Y esos, son contados con los dedos de una mano.

Quisiera no llorar pues se prometió ser fuerte, mas, las lágrimas no obedecen a Jabu. La garganta se le ha hecho nudo, y aunque quiere decir algo, no puede. Así que suelta a Ban y hecha a correr, como si su vida de pendiera de ello y al verlo Geki y Ban corren tras él.

Jabu recorre el templo a toda velocidad, antes que cualquier cosa necesita confirmar que ella se ha marchado al Olimpo y que ya nunca más volverá a verla.

Ni siquiera le importa que esa zona está prohibida, que son recintos en lo que sólo la diosa puede entrar. Tiene que llegar al lugar y es cuando ve, junto a la fuerte puerta que da al pasillo, al maltrecho Shiryu quien trata de levantarse.

Poco le importa el mal estado del Dragón, sigue avanzando y Ban tras él. El que se detiene para ayudar al pelilargo es Geki, que no entiende que le pasó.

En el inmenso pasillo Jabu y Ban se detienen, pues les impide el paso una columna de fuego que al irse apagando lentamente les permite ver que se trata de Ikki, con su armadura puesta. Realmente parece el ave fénix en toda su gloria. Pues su armadura y todo él irradian un poderoso y hermoso fulgor.

Parece que se incendió en el fuego divino de la diosa, pero ¿Qué es el fuego para el fénix? La llamarada quizás lo hizo renacer de nuevo y más poderoso que antes.

Mas, Ikki no se mueve, parece estatua. Quizás no tiene el valor de dar el paso y confirmar lo que ya sabe. No quiere ver que ella ya no está.

El calor que despide Ikki no es suficiente para amedrentar a Jabu que pasó sin pensar en el fuego, no le importa que sea un fénix ni que el calor que despide queme parte de su túnica. Él tiene que llegar.

Ban por su parte, pasa a lado de Ikki con precaución. Tiene miedo, pero si no avanza y no es testigo de lo que pasó tendrá miedo toda su vida. Así que obliga a sus piernas a que se muevan y sigan a Jabu.

Todo en el lugar está quemado, las rocas que estuvieron a punto de fundirse despiden tal calor que quema la piel.

Jabu y Ban son los únicos testigos, ven que hay alguien en el suelo, viste una armadura blanca de largas alas. De pronto, está resplandece desprendiéndose del portador quien está intacto gracias a la resguardo que le brindó. Es Seiya. Al parecer Hyoga se despojó de su armadura para protegerlo.

Ban casi deja escapar un grito, se tuvo que llevar las manos a la boca para callarlo, y es que a unos cuantos metros ha visto los restos quemados de alguien quien no puede ser otro más que Hyoga.

Está en posición fetal, por lo quemado no se puede apreciar quien es. Jabu avanza para contemplarlo, es Hyoga, lo que queda del chamuscado cabello, y parte del rostro que no se quemó no deja lugar a dudas. Debe de estar muerto, no hay humano, aun siendo caballero, que resista tanto daño. Lo que hace un momento fuera un joven lleno de vida, ahora no es más que una masa de carne chamuscada y sanguinolenta que apesta.

Y una gran furia comienza a invadir a Jabu.

–¡MALDITO SEAS! ¡MIL VECES MALDITO! –Grita antes de patearlo con tal fuerza que lo arroja un par de metros.

Ban impresionado por tal acto, de inmediato lo sujeta tratando de calmarlo, pero Jabu está como poseído, lucha por soltarse pues lo quiere seguir golpeando hasta destrozarlo.

–¡ERES UN MALDITO DEBILUCHO! ¡UN FRACASADO! ¡TODO TÚ ERES UNA MENTIRA! ¡TODO TÚ DA ASCO! ¡TE OSTENTABAS COMO EL ÁNGEL BUENO MIENTRAS ME HACÍAS SENTIR COMO EL DEMONIO!

–¡Cálmate Jabu!

–¡NO ME VOY A CALMAR! ¡ESE BASTARDO ESTÁ MUERTO! ¡VOY A ESCUPIRLE COMO SE MERECE! ¡VOY A PISOTEARLO COMO EL GUSANO QUE ES!

Y mientras tanto Ikki seguía en el pasillo, pareciera no quiere enfrentar lo que sucedió. Desde allí escucha los reclamos y maldiciones que Jabu deja ir contra el rubio. Pero no reacciona, sólo voltea un poco, cuando siente a Shiryu pasar a su lado.

El dragón sigue su camino sin prestarle atención a los gritos de Jabu, contempla un momento a Seiya, lo suficiente para darse cuenta que está bien. Y entonces centra su atención en lo que queda de Hyoga.

Pareciera que el dragón quiere llorar y rasgarse las vestiduras, pues es notable su dolor por encontrar deshecho a su amigo. Pero no escurren lágrimas de sus ojos, ni emite algún sonido. Se arrodilla, con total entereza lo contempla, después lo toma y lo acuna con delicadeza entre sus brazos. La mayor parte de su cuerpo se calcinó, sólo parte del lado derecho del rostro se salvó, parte de la frente, el parpado y la mejilla, lo demás quedo desfigurado por el fuego.

"Dragón obstinado." Aun tiene el recuerdo de su voz.

Apenas hace unas horas, Hyoga le sonrió al despedirse y ahora lo tiene muerto entre sus brazos.

"Atena ya me explicó todo y me he preparado para ello."

Eso le dijo cuándo le expresó su preocupación por ser quien iba ayudar a Atena a marcharse.

"además Atena entrega un don cuando se va así que estoy de suerte"

¿Qué salió mal? ¿Por qué este resultado tan desastroso? Se pregunta Shiryu con el dolor escapándose por sus ojos. Además, como entender que fue el cosmos de Atena el que lo dejó en ese estado tan lamentable. Ella nunca le haría daño.

Y sin embargo, lo tiene muerto entre sus brazos.

–Hay que matar a Seiya. –Dijo Jabu en un susurro, aunque a Shiryu lo escuchó fuerte y claro. Después de eso, el patriarca se perdió en su risa.

–¿¡Que!? –Lo cuestiona Ban, viéndolo reír y creyendo que ya perdió totalmente la razón.

–Esa fue la orden que di.

–¡Pero Jabu!

–¡PERO QUÉ, ESA FUE LA ORDEN QUE LES DI! –Dice entre risas y con tono burlón. –ESE MALDITO MESTIZO YA NO ESTÁ PARA CONTRADECIRME, O ES QUE ¿ACASO VAS A DESOBEDECERME? ¿TE VAS A DECLARAR UN TRAIDOR A LA ORDEN DE ATENA?

–Shiryu. –Dijo Ikki entrando lentamente al recinto. –Toma a Seiya y márchate.

–Pero Ikki…

–Si no sacas a Seiya de aquí el sacrificio de Hyoga será en vano ¡Así que lárgate de una buena vez!

Shiryu ya no protestó, soltó a Hyoga y de inmediato tomó a Seiya dispuesto a huir del santuario.

Mientras el dragón salía corriendo, Jabu soltó una última carcajada. –No tiene caso, hace rato que di la orden de matarlo.

El fénix no dijo nada, sólo caminaba lentamente hacia el patriarca.

–¿Qué pretendes hacer Ikki? –Lo interrogó Geki interponiéndose en su camino.

El asustado Ban, soltó a Jabu para ponerse frente a este y es que Ikki avanzaba amenazante, por su parte, al patriarca ya nada le importaba, se perdió en sus pensamientos al tiempo que contempla las estrellas del cisne flotando en la densa la oscuridad del cielo a minutos antes del amanecer.

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El mito cuenta que Atena, queriendo ver los prodigios de Pegaso fue al monte Helicón buscando la fuente Hipocrene, pues cuando el mítico caballo alado clavo su pata al suelo, inmediatamente brotó el agua. Al llegar la diosa quedo maravillada por la hermosura del lugar y se quedó un tiempo allí conviviendo con las musas, pues estas encontraron el lugar tan maravilloso que allí hicieron su hogar y si Atena no se quedó también, fue por estar asignada a tareas más elevadas.

Tan maravillosas son sus aguas, que los poetas iban buscando inspiración. Sólo de allí podrían surgir versos dignos de una diosa.

Se me estruja el corazón al pensar que desde el mito, el Pegaso crea fuentes cristalinas en donde puedes descansar. Si busco en mis memorias, tus ojos sólo brillan cuando se posan en él y a pesar del mundo caótico que amenaza con devorarte, Seiya siempre logra crearte un santuario donde puedes sonreír.

Muchas veces te vi contemplándolo, mientras Seiya jugaba con las alas que le habían surgido a su armadura, era un Pegaso que surcaba los cielos del santuario. Subía y bajaba, daba piruetas emocionado por sus alas. Realmente parecía un potro salvaje, que jamás habría vuelto a tocar el suelo, de no ser por ti. La única que domesticó a Pegaso.

Siempre a tu lado como guardián, estaba contigo en el templo, cuando vi a Hyoga descender a tu balcón. Con sus alas y esa elegancia de cisne que carga, por un momento no creí que fuera humano, pero un segundo después apareció otro ser alado que llegó como la tempestad, provocando una fuerte ventolera y con bastante ruido, por lo que de inmediato reconocí a Seiya, que en definitiva era un Pegaso que al tocar la tierra se deja caer tan sonoro como un rayo.

Tus hermosos cabellos morados volaron revueltos mientras sonreías y tratabas de acomodarlo. Seiya se sentó en el barandal, sonriendo como niño travieso, mientras que Hyoga caminó por el borde hasta llegar a la pared y allí se recargó con los brazos cruzados contemplando el horizonte.

Te sentaste en el suelo y comenzaron a platicar. Reías mi diosa, reías mucho y por tus ojos se te escapaba la felicidad de que ese, haya abandonado el cielo para venir a verte. Pues con sólo pisar el suelo ya te estaba creando una fuente de felicidad como en el mito. Aun así, en nuestro mundo, el que tú estuvieras a solas con otro de tus caballeros se hubiera visto muy mal y cualquiera se habría visto con derecho de llamarle la atención a Seiya, y lo habría hecho, pero Hyoga estaba allí, testigo de que hablaban como diosa y caballero.

Seiya siempre ha sido muy consiente de tu posición y la suya, y sé que la mayor felicidad a la que aspiró fue a esas platicas de cosas triviales. Y aun así entendía que no estaba bien. Pero el amor es más fuerte que la razón y quien ama busca cualquier oportunidad, todas las veces que el corazón lo hacía a ir a buscarte, siempre llevaba a Hyoga en un intento de guardar las apariencias.

Me sentía muy celoso mi diosa, Seiya siempre llegaba tan glorioso por esas alas, y sé que para ti era una visión como de ensueño.

Sabía que si nombraste a Seiya patriarca fue porque ya no podías reprimir lo que sentías. Aquello era más fuerte que tú. Era inminente que cayeras y cometieras el pecado de traicionarnos a todos, por amar a Seiya.

Llore cuando nombraste a Seiya patriarca, porque sabía que al fin consumarías tu amor con él, y también llore cuando supe que tomaste la decisión de darle a Seiya la mayor prueba de tu amor al embarazarte. Porque a todos nosotros nos abandonarías, pero él tendría algo tuyo para consolarse, mientras los demás nos quedaremos con las manos vacías.

Seiya ha sido tu caballo de batalla, es natural pensar que si algún día faltas alguien se aprovechara para lastimarlo, en venganza por las guerras perdidas. Pero si tú no estás, queda toda esta orden de la cual es hermano. Es verdad que lo has marcado como el más amado y lo has separado del resto, pero aun así, tus caballeros daríamos la vida por protegerlo.

Mas, con tu partida a Seiya no has querido dejarlo solo, te has embarazado y quieres una vida feliz para él y para tu hija.

Esa criatura que le das, nunca será libre en este santuario, su sangre divina le será un estigma y encerrada aquí crecería ansiando la libertad. Pero afuera, corre el peligro de que alguien la note y le haga daño, porque carga el pecado de haber nacido de tus entrañas. La angustia que eso te genera te ha hecho cometer el crimen de mandar al cadalso a uno de tus caballeros.

Te perdono. –Esas fueron las palabras que dijo Hyoga en cuanto te vio. Sólo las dijo porque necesitabas oírlas y no porque se sintiera con derecho a perdonarte.

En cuanto me nombraste patriarca lo primero que me pediste fue que lo trajera, con instrucciones precisas de que nadie se enterara y que nadie supiera que estaba en el santuario. Y así lo hice de inmediato partí a Siberia para traértelo.

E hiciste de ese rubio tu soporte una vez más.

Tú que conoces lo que hay en el corazón de cada uno de tus caballeros, sabías las palabras que de su boca saldrían. Que el aceptaría el suplicio del fuego, por amor a ti y a él.

Mientras llorabas por lo que le ibas a pedir, pues como diosa no podías perdonarte que tus acciones egoístas llevaran al tormento a uno de tus caballeros. Hyoga nuevamente se arrodillo frente a ti.

Has de mí lo que necesites para que puedas irte en paz.

Jamás vi tanto dolor en tus ojos, como lo tenías en ese momento y aquellas palabras de Hyoga fueron un bálsamo para tu alma atormentada.

De nuevo Hyoga era lo que necesitabas, lo que te daría tranquilidad.

Y de nuevo, yo no te servía de nada.

Hyoga y tú salieron de viaje a Japón, para poner todo lo de los Kido a su nombre. Y yo pensaba una y otra vez, en Hyoga, en sus palabras "ser lo que necesites es mi único anhelo" "Has de mí lo que necesites para que puedas irte en paz"

Quieres que tú bebe crezca libre del destino de tener la sangre de Atena corriendo por sus venas, y eso solo sucederá si crece lejos de este santuario, Por eso Seiya y tu hija tienen que alejarse de aquí, perder todo contacto y eso los deja sin la protección de tus caballeros. Así que lo único que pudiste idear es que Seiya se volviera deshonra, si el pierde su puesto y deja de ser el caballero que tiene la gloria de ser el más valiente en el campo de batalla; siendo marcado como un proscrito, un paria, alguien abandonado por la diosa, ningún sirviente de tus enemigos pensara en vengarse a través de él.

Por eso informaste a todos tus caballeros que lo desterrabas y le quitabas su cargo de caballero. Por eso lo expulsaste de tu templo, para que sea visto como escoria.

Pero, muchos quieren a Seiya, por lo que nunca lograría separarse por completo de la orden. Se necesita más para que la fachada sea creíble, y por eso hice lo único que no me había permitido, quemarme en el fuego de mi odio. Siempre me prohibí odiar a Seiya por lo que sientes por él, por lo que él es y yo no; pero ahora, para ser lo que necesites me dejaría poseer por el odio, después de todo, uno de los kanjis que componen mi nombre significa maldad, pues bien puedo ser el villano.

Tenía que hacer nacer en mí un odio tan grande que contagiara a todos los que viven en el santuario, tan grande que no diera lugar a dudas que Seiya es el peor de los traidores, tan grande que incluso engañara a los dioses. Un odio verdadero y legítimo.

Día tras día pensé en maneras de odiarlo. Buscando en mis memorias de niño, en la frustración que me hacía sentir no poder encender mi cosmos como él, en los celos que me consumían cada que me daba cuenta que tus ojos no podían ocultar su amor por él. Llegue al extremo de darme castigos severos si no lograba hacer crecer mi odio, como quemar mis brazos en el fuego de las velas. Me clave gruesas espinas, e idee toda clase de tormento doloroso, para alimentar mi odio.

Mi diosa, para cuando Hyoga y tú volvieron ya me estaba consumiendo en este sentimiento, hablaste conmigo sintiéndote culpable por haberme hecho odiar al extremo y me pedías perdón por haberme traicionado al entregarle tu amor a Seiya. En esa discusión fui cruel contigo, burlón e irónico como nunca jamás creí que pudiera ser. Tus ojos que en otro tiempo bastaban para domarme, habían perdido su hechizo, irónicamente ya no podías gobernarme, quizás porque ya no eras la doncella virgen. Así que lance todas mis maldiciones contra Seiya y eso te hizo llorar.

Al ver tus lágrimas quise detenerme, decirte que sólo era una mentira. Me sentí un traidor, un ser vil y miserable que merece la peor condena del infierno, pero aun así seguí, porque mereces irte en paz.

Escuchamos el sonido de un vaso estrellándose y haciéndose pedazos contra el suelo, Hyoga lo tiró para llamar nuestra atención. Sin ni siquiera mirarnos se puso a recoger los pedazos para ponerlos en la mesa. Así que terminamos la discusión. Te fuiste pero antes de salir, tomaste del brazo a Hyoga y con la mirada le pedías que no peleara conmigo y el ruso por toda respuesta te sonrió.

Rodé los ojos, me fastidió su aire siempre principesco, claro que Hyoga quería gritarme y hasta golpearme por proferir esos insultos contra Seiya y sobretodo por hacerte llorar, y si no lo hizo en ese preciso momento fue por respeto a ti diosa Atena.

¿Por qué la lastimas? –Me preguntó en voz baja, por lo que me sorprendí, esperaba que me diera un puñetazo en la cara, pero no fue así. Lo mire fijamente y me di cuenta que realmente estaba furioso y los hombres ante la furia o gritamos o bajamos la voz. Educado siempre para controlar sus emociones era lógico que Hyoga fuera de los segundos, sin embargo siempre es posible ver la ira que lo carcome en la presión de los puños.

Acaso dije algo que no fuera cierto. –Le respondí en tono retador.

Había dicho que Seiya era un maldito traidor, que se había aprovechado de la ingenuidad de Atena, que era un bastardo por haberse metido en su cama, que le ganaron sus ganas a la lealtad a la orden, y habría dicho más pero deshonraría la dignidad de Atena.

Sé que cada palabra dicha contra Seiya, Hyoga lo toma como insultos personales, pues le es fiel al castaño y no sólo porque se esforzaron para salvarlo en la casa de libra, sino que Shun, Shiryu y Seiya, siempre lo consienten, sobretodo Seiya. Saben que es una persona solitaria y melancólica y se esfuerzan por hacerlo sonreír, así han sido desde que eran niños, por lo que Hyoga siempre da gracias a la vida por haberlos puesto en su camino. No los quiere, los ama con todo su corazón.

A eso tenía que agregar que hice llorar a Atena, y sé que Hyoga la ama como todos en la orden. Por todo eso no es de extrañar que esté haciendo gala de todo su autocontrol aunque sus puños estén tan apretados que incluso sangren un poco. Pero eso no me iba achicar, lo mire con lleno de altanería dispuesto a defender mis palabras.

Siempre creí que tu amor por ella era sincero y puro, hoy me doy cuenta que sólo es el oscuro deseo de poseerla.

¿¡Cómo te atreves a proferir tales palabras!? ¿¡Qué sabes tú de lo que siento, de cómo la amo!?

No mientas, no la amas, nunca lo has hecho. Todos tus actos siempre han sido movidos por la codicia.

¿¡Codicia!?

De su persona, de su tiempo, de sus pensamientos y hasta de su corazón. Siempre has ambicionado todo eso pues nunca estás satisfecho con el cariño que ella te da. Codicias cada vez más. Lo tuyo no es amor. Es un ego enfermizo a tu persona. Hambre de poseer, de querer ser reconocido.

Y entonces no aguante, me le lance a golpes, grite como fiera herida y quería hacerlo pedazos. Porque tenía razón, nunca he podido ser reconocido a tus ojos, al menos no como yo quiero. La pelea no duro mucho, pues Hyoga no me tiró un sólo golpe, pese a que recibió muchos míos.

Me sentía frustrado y lo arroje lejos de mí.

Hyoga me miró fijamente, y me achique, como siempre la mirada del cisne rebosaba de dignidad y orgullo, por ese maldito aire de héroe de leyenda que se carga. Rápidamente supe que si no me golpeó fue porque no me considera un hombre digno.

Quería salir huyendo, pues no le iba a dar el gusto de que viera mis lágrimas, por lo inferior que me sentía. Pero Hyoga no podía parar allí.

Deja de ensuciar la pureza de tus sentimientos Jabu, si llevas al amor por caminos torcidos lo convertirás en un sentimiento falso y Atena no quiere eso de ti. Además, hacerla llorar debe sentirse como el peor pecado que uno pueda cometer.

Los sentimientos siempre son puros Hyoga, aun el odio nace en las entrañas del corazón herido.

Sabes bien que no eres el único que la ama hasta el desespero. Hay quien languidece por ella y aun así se conforma con el cariño que ella le da por ser su caballero.

Tenía que hablarme del siempre ejemplar Shun. Su naturaleza es tan transparente, que cualquiera lo podía ver en sus ojos esmeraldas sus sentimientos y era obvio que la amaba como también lo era su tristeza por ser Seiya el elegido.

No todos somos tan puros como Shun, Hyoga. Y creo que hasta a Shun el amor lo llevaría por senderos oscuros. Pero eso no lo puedes entender pues no la amas como nosotros.

¿Qué te hace pensar que yo no la amo así?

Me pasmó su declaración, tuve que voltear a verlo, pero de nuevo, la dignidad de su mirada me impedía escudriñar en sus sentimientos. Sin embargo tenía que ser cierto, pues Hyoga enfrentaría una prueba dolorosa al aceptar el tormento de ser quemado.

¡TU AMOR POR ELLA NO ES MÁS GRANDE QUE EL MÍO! ¡NO LO VAS A LOGRAR! ¡LAS FUERZAS NO TE VAN ALCANZAR! ¡TE QUEMARAS Y FLAQUEARAS PORQUE TU AMOR NO ES TAN GRANDE!

Si mi amor por ella no alcanza, usare entonces el amor que siento por Seiya.

Allí mi odio en verdad se hizo autentico, no sólo por Seiya sino también por este cisne infame. Me menospreció, creyendo que es el único capaz de convertirse en lo que necesitas para poder partir en paz. Claro que no, yo ya me estaba quemando en mi odio por amor a ti.

Ese estúpido no puede pensar que el amor es cruel y traicionero, que aprisiona al tiempo que hiere con sus espinas. Considera que mi amor por ti es falso porque te he hecho llorar y te he herido profundamente. Te he llevado al punto de sentirte tan mal contigo misma que has pedido mi perdón, pero él no se da cuenta que tus ojos me alientan en este camino, pues aunque sufrías por mí, podía ver el alivio que sentías porque eso ponía a salvó Seiya.

Y hasta eso use para fortalecer mi odio.

Sí, merezco los infiernos por hacerte llorar y llenarte de angustia, así que a ese maldito cisne más le vale que su amor sea autentico y pase la prueba que ha aceptado, pues se ha puesto como el ángel bueno y yo como el mismo demonio y si flaquea esta gran ola de furia que hice nacer en mí terminara devorando a Seiya y todos sus discursos habrán sido basura.

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Sus pies ya no tocan el suelo, su garganta es presionada por las manos del fénix. Ikki fácilmente pasó sobre Ban y Geki que lucharon con todo para proteger al patriarca pero nada pudieron hacer ante su fuerza.

Jabu deja de ver el azul oscuro del cielo para perderse en las orbes celestes de Ikki y sonrió con burla.

Los ojos furiosos del fénix le han dado una esperanza. Ikki quiere quemarlo en su cosmos para muera igual que murió Hyoga. Es el más rudo y al mismo tiempo el más sentimental, está dolido porque Hyoga murió como un mártir ante sus ojos sin que pudiera ayudarlo, pero sobretodo el que lo haya pateado y blasfemado tanto en su contra lo han sacado de sus casillas. La sonrisa de Jabu en parte es de asombro, constantemente vio al cisne y al fénix discutir por lo que siempre creyó que no eran cercanos ¿Quién lo diría? realmente aprecia al Hyoga y el dolor que siente por todo, por la partida de ella y por la muerte de Hyoga, lo hacen fantasear con torturarlo.

–¿Qué esperas? –Dijo con dificultad por la presión que ejerce en su cuello y porque Ikki no libera la llamarada de su cosmos.

Los ojos llorosos de Ikki lo miran con furia pero no le hace daño.

–¿Qué esperas? Crees que vas a ver miedo en mis ojos, ¿arrepentimiento acaso? No me arrepiento. Odiare a Seiya hasta más allá de la muerte. Y ese cisnecito, fue un estúpido debilucho, si Ban no me hubiera detenido lo habría pateado hasta deshacerlo en mis botas. No pediré perdón. No sabes el placer que me invadió cuando sentí su dolor al ser quemado vivo. Lo disfrute tanto. ¿QUÉ ESPERAS? Eres un maldito cobarde. Eres igual miserable que Hyoga. Estuviste luchando con el fuego ¿verdad? intentaste llegar y salvarlo y no pudiste. Eres patético… ¿QUÉ ESPERAS? ¡HAZLO YA!

Y Jabu sonríe cuando ve la chispa en los ojos del Fenix.

Mi amada Atena me quiero ir contigo, sin ti este mundo ya no me interesa.

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Notas de la autora

XD Perdónenme la tardanza es que me di cuenta que no me había planeado a Jabu, por eso no es el glorioso capítulo de Ikki, además el primer borrador de este capítulo me quedó horrible. Decir que Jabu se volvió malvado sólo porque su corazón se sintió herido es rebajarlo a ser un personaje hueco. Así que mi primer escrito me dejaba con una sensación de querer meterlo al triturador de basura. Tuve que reescribir este capítulo muchas veces y pensar y repensar en como plantear a Jabu.

Además quería que tuvieran peso sus acciones. Atena no pondría a Jabu en el puesto de patriarca si no esperara más de él. Después de todo ella es la diosa y sabe lo que hace por su mente divina. Por lo que me ha resultado un capítulo particularmente difícil.

Incluso esa parte en donde Atena llora con Hyoga mientras Seiya está en el hospital me costó mucho trabajo, me quede con él porque un dios siempre cumple sus juramentos y ella le juró a Hyoga que él siempre será lo que ella necesite, así sea un paño para sus lágrimas. Ella ya se lo juró y no puede faltar a eso. Aun así por poco no entra en el fic, porque me he planteado a Saori como la diosa que es. La divinidad de Atena me ha costado muchas neuronas y me ha quitado ideas que no podían entrar en este fic. Aunque quien sabe quizás en uno futuro.

Escuchando los openings 3, 4 y 8 de Naruto Shipuden del fandub en español es que pude sacar este capítulo a flote. De hecho creo que Diver, la versión completa, (el opening 8) a parte de este me va a sacar adelante varios fics como "en mis horas más oscuras" porque esa canción me enloquece, así que aquí van dos cachitos

"Voy a escupir de mi este dolor, probablemente sea lo mejor y tan solo tratar de seguir aunque sea incapaz de avanzar. Incluso si mis enemigos me quieren lastimar, con fuerza me aferro a esta luz aunque es tenue. Sé que algún día lograre escapar"

"En mi mente llevo escrito un destino el cual seguir, pero temo el arriesgarme y perder aquello que es infaltable. Siempre creí que nadie más podía ser mejor que yo, incluso pensé que no existía nadie más fuerte que yo. En medio de esta densa oscuridad veo un cisne que flotando entre las estrellas del cielo nocturno, buscaba un consuelo al llover, pero al parecer me es imposible hacer algo así, pues como las estrellas son sólo estrellas yo solo soy yo y nada más."

Es increíble pero Jabu reclamó su propia canción, pues para este fic he usado otra para inspirarme en las partes de Hyoga, Shun, Shiryu, Ikki y Seiya, pero Jabu no quiso unirse y se adueñó de "Diver" para sacar a flote todos sus sentimientos.

Y ya entrando en materia de mitos, los unicornios tienen debilidad por la pureza de las doncellas vírgenes, pues ante ellas se quedan quietos y son las únicas que los pueden montar. Se dice que por eso se usaban doncellas para cazarlos y darles muerte, para así obtener su cuerno y venderlo. Muchos aseguraban vender cuernos de unicornio pero lo tenían era en realidad colmillos de narval.

Los Kanjis que componen el nombre de Jabu son los de maldad y guerrero, así que el significado es "aquel que combate la maldad". La información la tome de la página de la guía saint seiya

En las metamorfosis de Ovidio, libro V Palas va a la fuente Hipocrene, donde viven las musas y allí empiezan a contar los mitos que componen esa parte. Atena llega siguiendo a Pegaso pues ella estuvo presente en su nacimiento y quería de ver de que era capaz. La fuente se encuentra en el monte Helicon, ese que crecía desmesuradamente y que Pegaso al pararse en ella la hizo volver a la normalidad. Como la fuente es hogar de las musas los poetas iban allí buscando inspiración.