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El pecado de una diosa
Por Liluel Azul
Capítulo 8
Agonía
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Días después de la batalla de las doce casas, la diosa Atena camina presurosa, por lo que la tela de su vaporoso vestido blanco ondula con gracia a cada paso que da. Ella atraviesa el santuario buscando al cisne. Había ido a la fuente donde los caballeros heridos se recuperan, pensando que estaría con Seiya y los demás, pero el rubio no se encontraba allí.
Sus divinos ojos profundos recorren uno de los hermosos jardines en búsqueda de su caballero. Una pequeña sonrisa de satisfacción escapa de sus labios al encontrarlo, sabía que estaría aquí, Hyoga tiende a sentarse a la sombra de los árboles para esconderse del calor del mediodía. Este jardín en particular cuenta con varios árboles de olivo por lo que no perdió el tiempo buscándolo por todo el santuario. Sabía que aquí estaría y el hallarlo le da cierta sensación de victoria, pues día a día va conociendo las costumbres y descifrando los corazones de cada caballero.
Aunque el rubio es bastante hermético, sabe que tiene una profunda pena. No hay modo de que su corazón este tranquilo después de haber luchado contra su maestro.
Así que la diosa se arrodilló frente a él y lo miró con ternura.
-¿Hyoga, hay algo que tu corazón quiera pedir?
Esas palabras sobrecogieron al caballero de los hielos. Siempre luce imperturbable, ajeno a este mundo, y sin embargo, está temeroso y aunque quiere hablar le cuesta mucho trabajo.
-Señorita Saori…no, Diosa Atena… yo… yo… quisiera confesar mis pecados. Jamás quise la armadura del cisne, entrené por intereses propios, nunca fue mi intención convertirme en un caballero que la protegiera a usted. Quería el poder de los caballeros para poder romper el hielo y llegar al barco donde reposa mi madre, y a pesar de que el maestro Camus me regañó varias veces haciéndome ver que mi deseo era egoísta y nada digno de un caballero, me negué a renunciar a mi objetivo. Me era tan necesario verla, ella me daba fuerzas para seguir en este mundo. Así que ignore totalmente a mi maestro, ni sus consejos ni sus regaños me hicieron cambiar de idea y al final quien pagó las consecuencias de mis actos irresponsables fue mi amigo Isaac, él era quien realmente merecía la armadura del cisne, pero murió por salvarme. A pesar de la desgracia que había provocado, no cambie de modo de pensar. Seguí siendo un egoísta incapaz de separarme de ese barco. Por más que el maestro Camus intentó mostrarme el camino correcto, me negué a seguirlo, ahora él ha sacrificado su vida para enseñarme lo que siempre me negué a aprender. Verdades que nunca quise aceptar. Diosa Atena, he pecado contra usted y la orden. Cometí la falta grave de buscar poder para fines propios. El deber de un caballero es protegerla y esa tampoco fue mi prioridad, sólo me deje arrastrar por las situaciones. Si yo hubiera peleado por usted y sus ideales desde el principio, alejándome de mis sentimentalismos; mis manos no estarían manchadas por la sangre de aquellos a quien tanto quise. Soy indigno de mi armadura, no merezco ser su caballero del cisne.
Las ramas de los árboles se mecían con el viento, por lo que la luz y la sombra bailaban sobre el caballero y la diosa. Ella lo contempló y el rubio sintió como si aquellos orbes que emitían un brillo fuera de este mundo penetraran en las profundidades de su alma.
-Hyoga, si hay alguien que sea capaz de decidir si se es digno de poseer una armadura, ¿no crees que ese alguien debería ser yo? –Y la diosa le sonrió. –Tú nunca le mentiste a tu maestro, pudiste hacerlo, pudiste decirle lo que quería oír y no lo hiciste. Has avanzado siguiendo lo que crees que es correcto, aun cuando eso se oponga a tu corazón, porque sabes que el corazón muchas veces es egoísta y debe ser callado. Pero, no se puede vivir sin corazón, por eso no juzgas a los demás por sus debilidades porque en carne propia sabes lo difíciles que son de vencer. Cuando te veo, veo la obra maestra en la que Camus tanto se esmeró y no es sólo que tu cosmos sea capaz de llegar al cero absoluto, Hyoga, eres alguien capaz de renunciar a todo, incluso a lo que amas, por defender ideales justos. Tu maestro Camus pulió esa fortaleza y entereza que ya tenías y lo elevó a lo sublime. Es verdad que te dejas manipular fácilmente por tus emociones y que eso te ha llevado a cometer errores que han tenido un gran costo, pero te has levantado cada que caes, y en ese proceso has crecido extraordinariamente. Camus sabía que eres digno de su sacrificio y mis ojos lo comprueban. Le estoy inmensamente agradecida por legarme a un caballero tan extraordinario como tú. Es un honor y un privilegio ser la diosa que te guie en el cosmos.
Los ojos de Hyoga, se hacían agua por esas palabras escuchadas y es que las necesitaba tanto.
Ella se inclinó hacia él, retiró un mechón de dorados cabellos y depositó un dulce beso en la frente del caballero, cuyo rostro se volvió carmesí.
Sonriente lo contemplaba, mientras él caballero cabizbajo se llevó una mano al flequillo revolviendo sus cabellos en un pobre y totalmente infructuoso intento de calmarse y ocultar su sonrojo.
Y la diosa deseaba ser digna de sus extraordinarios caballeros. Digna de sus alegrías, digna de sus penas, digna de sus corazones.
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El bronce no es un elemento, es decir no es un metal puro como lo son la plata y el oro, para obtenerlo es necesaria una aleación de cobre con estaño. No es de extrañar que la creación del bronce marcara el final del neolítico pues para obtenerlo se requirió que el hombre dominara el fuego a temperaturas gigantescas. Aunque el estaño se derrite a 232 grados, el cobre se funde a hasta los 1780 grados.
El cuerpo humano, siendo tan frágil, con muy poco se quema. Con que un objeto supere los 40 grados ya lo estamos sintiendo caliente. Si un metal se calienta, no a punto de fundición, sino simplemente hasta que adquiera un tono rojizo y es puesto sobre la piel, dejara una cicatriz de por vida.
Y justo ahora sus orbes cafés contemplan un incendio de llamas tan incandescentes, que el duro metal fácilmente cambia a su estado líquido. En un fuego tan potente el cuerpo humano simplemente se convierte en combustible. Las ropas y el cabello son lo primero en arder, luego la piel y la carne. Los tejidos adiposos facilitan la combustión y el cuerpo se consume hasta quedar reducido a cenizas.
Por eso las lágrimas escurren mientras observa como ese chico rubio de ojos tristes lentamente se calcina, porque en su alma tiene un presentimiento, que más bien es una acusación y que le reclama que Hyoga está en la hoguera por Saori y por él.
Y si no grita completamente aterrorizado, si no salta al fuego en un desesperado intento de sacarlo de las llamas, es por una suave y dulce tonada que está inundando su mente.
-Seiya…
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¿Qué significa este cosmos tan grande?
Es la primera vez que siento un cosmos tan majestuoso
… este es el cosmos de un dios.
(…)
Sentí como si me hubiese caído un rayo,
sin embargo también sentí como
si hubiese sido envuelto por un gran amor.
No… no hay duda usted es Atena nuestra diosa.
Shijima de Virgo en Next Dimention
Una chispa ilumina los ojos del Fenix, que está apunto de reducir a cenizas al patriarca, mas la luz que los alumbró no provenía de su cosmos.
Jabu cayó torpemente de rodillas cuando Ikki lo soltó. Y es que el Fenix está impactado, un gigantesco y poderoso cosmos está surgiendo de los restos calcinados de Hyoga.
-…Atena… -Dice Jabu llenó de asombro al reconocer su cosmos.
-No es sólo el cosmos de Atena.
Apenas es perceptible pues está muy débil, pero el cosmos de Hyoga también se está encendiendo y no sólo eso…
-¿Está cantando? El cosmos de Hyoga está cantando… -Dice Ikki tratando de entender lo que está pasando.
Y el confundido Ikki caminó un poco hacia aquello, queriéndolo mirar con detenimiento.
No había duda, el cosmos provenía de los restos de Hyoga, y eso los tenía confusos, pues la diosa no se había ido, sino que estaba en el cisne.
Y el propio cisne estaba elevando también su cosmos, débil y muy pequeño en comparación al de ella, pero no paraba de cantar. Apenas era un susurro que poco a poco sin subir de volumen fue llegando a los oídos de todos y cada uno de los caballeros y sirvientes de la diosa.
-¿Qué es ese sonido? -Preguntó Geki, que nada más recuperó la conciencia y fue a reunirse con Jabu. -Siento que me conmueve el alma.
-Se siente como si estuviéramos en el paraíso. –Agregó Ban.
-Hyoga es digno de su constelación hasta en estos momentos. –Contestó Jabu, meditabundo. –Está cantando como hacen los cisnes, está en el éxtasis que viven cuando están ante las fronteras del reino de la muerte. Nunca creí que lo escucharía cantar, realmente es sublime.
Ikki sabe que lo que dice Jabu es cierto, en tantas batallas que ha sostenido y que lo han llevado al borde de la muerte jamás ha escuchado a su cosmos cantar, este privilegio sólo lo ha tenido otra persona en el mundo. En ese crucial momento en la casa de libra, cuando elevaba su cosmos para salvar a Hyoga, fue cuando Shun pudo oírlo.
Sin embargo, el relato de Shun se queda totalmente corto ante lo que está presenciando, el no escuchó este canto con sus oídos, sino que fue algo que percibió a través del cosmos cuando después de elevarlo más allá de lo que su cuerpo era capaz de soportar, su cosmos entró en comunión con el del cisne. Y sí, Shun le contó que la canción del cisne conmueve el alma, pero que era algo que nunca jamás quisiera volver a experimentar, pues para que el cosmos del cisne cante, necesita forzosamente estar en agonía.
En aquella ocasión Shun percibió este cantar mediante su cosmos, y ahora, Ikki está sorprendido por escucharlo con claridad por sus oídos.
El cosmos, que le da la fuerza sobrehumana y poder a los caballeros, se manifiesta siempre como luz, es una energía que no emite sonido alguno hasta que afecta al ambiente, en su caso por ejemplo, el chasquido del fuego que llega a producir no surge propiamente del cosmos sino del acto de friccionar los átomos del aire para crear fuego. Y lo que sucede en estos momentos es totalmente distinto, pues no está interactuando con el medio ambiente para crear este sonido, sino que realmente tiene su origen en la raíz del cosmos de Hyoga.
Y como si lo sublime de este cantar no fuera suficiente para conmoverlos, Ikki y los demás observaron como en aquellos restos calcinados, una chispa fue surgiendo, y se fue haciendo más y más grande hasta envolver todo el cuerpo de Hyoga en luz. No había duda de que se trataba del cosmos de la diosa Atena, pues sus caballeros sentían una presión en el pecho; esa agitación por estar ante el amor más puro e intenso que pudiera existir. Porque eso siempre ha sido lo que el cosmos de ella les ha transmitido, amor, un sublime amor hacia cada uno de ellos.
No hay caballero que no se conmueva ante el cosmos de su diosa, aun aquellos con mentes malignas caen ante este hechizo de amor y se arrepienten de sus pecados desde el fondo de sus corazones. Ante este cosmos supremo por ser divino, los débiles se vuelven fuertes y los que tienen dudas adquieren certezas. Por esta sensación es que los caballeros arriesgan sus vidas en nombre de la diosa Atena.
¿Quién no daría su vida para salvar a quien ama? ¿Quién podría tener dudas del amor de Atena hacia ellos, cuando son capaces de sentirlo tan claramente?
Porque fuera lo que fuera lo que estaba sucediendo, de algo podían estar seguros… se trataba de un milagro de amor.
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En los humanos también existe la tristeza de no poder ver a alguien querido,
por resistir eso pueden volverse fuertes
¿no es así?
No importa que tan duro sea
es porque pueden creer en algo que se vuelven cada vez más fuertes
Marín de Águila en La obertura
-Seiya…
Escucha voces discutiendo, cosmos encendiéndose prestos para el combate. Los parpados le pesan tanto que abrirlos le es una lucha, pero si algo ha caracterizado a Seiya es su persistencia así que insiste en despertar.
Al abrir los ojos se descubre en un mundo suave, tibio y de aroma embriagante. Está en una cama de suaves y finas sabanas, confundido recorre con la vista el lugar, reconociéndolo de inmediato, está en la habitación de Saori en la mansión Kido.
-Ya despertaste dormilón. –Le dice su dulce voz.
Saori frente al espejo se está abotonando una camisa de mangas cortas. En cuanto termina voltea a verlo y le sonríe. Por su parte el castaño se encuentra confundido, no entiende cómo es que están aquí.
Saori continua vistiéndose, se pone una falda rosa pálido que le llega a las rodillas, se maquilla, selecciona sus aretes y calzado todo bajo la vigilancia del castaño.
Pues verla le es una vista maravillosa, Saori siempre es tan femenina y elegante, hasta el abrocharse los zapatos lo hace con finura. Cuando termina se da una inspección general frente al espejo sonriéndose contenta por el resultado.
Presenciar estos momentos de su intimidad siempre lo ha hecho sentirse afortunado, porque la preocupación por su imagen la hace tan humana como cualquiera, y al mismo tiempo es divinidad por esa belleza y distinción que destila en cada uno de sus actos.
Realmente es una diosa hecha humana.
-Andas muy pensativo. –Le dice acercándose.
Ella se inclina buscando sus labios y Seiya constata que no está en un sueño, pues es un beso tan cálido y tan demandante de amor como los que siempre se han dado, pero sobretodo fue un beso real.
-Te deje ropa en la silla.
-¿eh?
Hasta ese momento se percata que está completamente desnudo bajo las sabanas y el carmín de inmediato invade sus mejillas. Esto le provoca risa a la diosa.
-Apúrate o te dejaran sin desayuno. –Le dice antes de salir.
Seiya confundido se frota los cabellos con las manos. ¿Qué fue lo que paso? ¿Por qué no puede recordar?
Se viste presuroso, necesita respuestas, iba a abrir la puerta pero se congela frente a la manija, no puede girarla y simplemente salir, que tal si alguien lo ve. Sus ojos pierden brillo, no es la primera vez que tiene este sentimiento. Es un criminal que ha cometido el más infame de los actos, pues ha traicionado a sus hermanos al tomar lo que es de todos para sí mismo. Su amor es un pecado, por mucho que sea amor. Es algo que tiene que esconderse y eso lo asfixia.
Quisiera salir sin que le importara nada, qué más da que lo señalen y le reclamen, siempre ha sido una persona arrojada al peligro y con la vida en contra, es más, ha visto a los ojos al mismo dios de los muertos, qué más habría de temer.
Que lo desprecien, que lo maldigan, que quieran tomar su vida, todas esas opciones son mejor que este sentimiento que lo atosiga.
Pero, aunque esto que lo ahoga desaparecería si enfrentará a todos, no puede hacerlo, sería muy egoísta si se antepusiera a las necesidades de ella, porque no la quiere meter en problemas. Atena es la diosa que ha jurado darles como recompensa todo su amor y cualquier estima que ella tenga de uno sobre los demás la hace faltar a su juramento.
Aprieta los puños, se da media vuelta y contrariado se sale por la ventana, total están en el segundo piso, bien puede caminar por la cornisa y después encaminarse al techo, ya estando allá decidirá qué hacer, y en eso estaba, pero cuando apenas iba dando la zancada fuera del cuarto de Saori, lo sorprende una voz que lo acusa de su pecado.
-Huyendo de la escena del crimen, Seiya.
Seiya se asusta al grado que se tropieza consigo mismo y si no es porque se sujeta del marco de la ventana, se hubiera caído. Y es que al verse descubierto el alma se le escapó del cuerpo.
Recobrando el equilibrio el temeroso castaño se encuentra con que Shiryu está en el techo, leyendo.
-¿Qué…qué haces allí? –Le pregunta Seiya.
-Lo mismo te podría preguntar yo a ti. Por mi parte, –le muestra el libro. –todos en esta casa son unos escandalosos y más antes del desayuno, sólo aquí se puede leer en paz.
-Ah…
El dragón lo mira y Seiya se siente avergonzado. Siempre quiso decirle lo que pasaba entre él y Saori, después de todo Shiryu es su mejor amigo y ha sido su confidente, es la primera persona que busca cuando tiene algo que contar.
Y necesita decirlo para ya no sentir que se ahoga. Además, de que sirve negarlo cuando ha sido descubierto saliendo del cuarto de Saori.
-Shiryu… yo… –Le cuesta tanto dejar salir aquello. Nunca le había sido difícil decirle algo, por más íntimo, absurdo o problemático que fuera, hablar con sinceridad con Shiryu siempre le había sido algo fácil y natural, en cambio ahora no lo es. -…la amo. Amo a Saori.
El dragón ladea el rostro meditando aquellas palabras. Los segundos que tarda le son una agonía al castaño que espera que lo maldiga, lo regañe o cuando menos lo golpee.
-Eso es noticia vieja a nadie sorprende.
Esas palabras petrifican a Seiya, como puede tomarlo como si nada pasara.
-¡Ella y yo pasamos la noche juntos!
-Y que tiene eso de extraordinario, ella es una mujer, tú un hombre.
-¡Que ella es la diosa Atena!
-Tú lo has dicho, es una diosa yo no tengo calidad morar para juzgar las decisiones que ella toma.
Esas palabras lo desarmaron, Shiryu volvió a su libro y Seiya camino hasta él.
-¿Estás enfadado conmigo? –Le preguntó temeroso.
-¿Por qué habría de estarlo?
-Si ella hubiera pasado la noche contigo te estaría asesinando a golpes.
Y de nuevo silencio, Shiryu reflexionaba sus palabras.
-Muy probablemente, eres un tipo demasiado celoso. Pero a diferencia de ti, yo la amo como mi diosa no como mujer. Tú conoces bien que mi corazón le pertenece a Shunrey. Por ello no siento nada al verte salir de su habitación.
Seiya se sentó junto a Shiryu, nuevamente ha sido derrotado por la sabiduría dragonaria, tiene razón, por qué Shiryu habría de enfadarse con él si su amor le pertenece a Shunrey. Ahora piensa que fue muy estúpido al no hablar con Shiryu antes. No se habría sentido tan mal ni habría derramado tantas lágrimas. Cuando todo a su alrededor se empezó a caer a pedazos debió confiar en su amistad.
Quizás esto no habría acabado tan mal.
Entonces un chispazo de memorias lo invadió, Hyoga envuelto en llamas. Se levantó de un brinco, tenía que encontrarlo.
-¿¡Donde está Hyoga!?
-Cualquier hora antes del medio día es muy temprano para él, así que supongo que está durmiendo en su cuarto.
Antes de que Shiryu terminara de hablar, Seiya ya estaba buscando cual era la ventana del cuarto del rubio, afortunadamente la había dejado abierta o Seiya la habrá atravesado en su desesperación de entrar. Y en cuanto vio al rubio de inmediato se lanzó sobre él. Hyoga despertándose confundido, alterado por el ruido y los gritos, sintiéndose sujetado de inmediato forcejeó y ambos cayeron de la cama golpeándose bruscamente contra el suelo.
-¿¡Estás bien!? ¡Dime que estás bien! –Gritaba Seiya.
-¿¡Cómo voy a estarlo idiota, si tu cabeza de piedra chocó contra mi nariz!? –Le gritó llevándose ambas manos al rostro. -¿¡Que rayos quieres!? ¿¡Por qué me despiertas así!? ¡Mas te vale que tengas una explicación porque si no te hare papilla Seiya!
El rubio lo miró con furia y un par de lágrimas se le escaparon a Seiya. Pero como no dejarlas correr después de haberlo visto sufriendo en el fuego y ahora está frente a él sin daño alguno.
-¿Qué pasa? – Preguntó Shun entrando en la habitación atraído por el escándalo. -¿Qué le hiciste, Hyoga? –Las lágrimas de Seiya acusaban a Hyoga de culpable, aunque fuera el rubio quien se estuviera sobando el rostro con gesto adolorido.
-¡Yo no hice nada, este que me casi me mata de un susto! –Se defendió el ruso.
Shiryu por su parte entraba por la ventana.
-Seiya entró desesperado como si Hyoga estuviera en peligro. –Explicó el dragón.
-¿Estás bien? –Preguntó Seiya a Hyoga visiblemente preocupado. Eso apagó el enojo del rubio.
-Sí… tu cabeza no es tan dura.
-Yo recuerdo que te estabas quemando. –Continúo Seiya confundido. –Había fuego y tú te quemabas.
-Debiste estar soñando. –Sentencio Shiryu.
-Quemarme yo… Seiya eso sería lo último que me podría pasar, si Ikki que lo intenta a menudo no puede, qué fuego podría quemarme entonces.
-Hasta cuando dejaran de pelearse ustedes dos. –Y Shun zapea a Hyoga por su comentario. -Tuviste una pesadilla muy vivida Seiya. –Le dice colocando la mano en el hombro del castaño para confortarlo. –Horrible y fea pero que se desvanece al despertar. Mira Hyoga está en perfecto estado.
Hyoga que sólo traía sus bóxer se levantó buscando sus pantalones, por lo visto la reunión en su cuarto iba a ser larga. -¿Pues cómo fue ese sueño que tanto te asustó?
Ante esa pregunta, Seiya intentó recordar pero no lo lograba, tenía en su mente el fuego pero no el origen, ni donde estaba o que había pasado antes. Se dio un par de manotazos en la cabeza, totalmente frustrado.
-Ya se te olvido, es lo único bueno de los malos sueños. –Le comenta el sonriente Shiryu.
Seiya se rindió. -Debió ser una pesadilla pero me causo tal angustia que tenía que comprobar que estás bien.
-Lo estoy.
-Bueno aclarado el punto, yo creo que lo mejor es que nos encaminemos al comedor o Geki y Ban nos dejaran sin desayuno. –Finalizó Shiryu.
Con un Hyoga ya arreglado y presentable, pero sobretodo sano y salvo bajaron al comedor. Ya estaban allí, Ikki, Jabu, Nachi, Ichi, Geki y Ban acabando con los suministros de leche y cereal. Por lo que la puntualidad en la mesa era necesaria si se deseaba alcanzar algo. Y mientras todos devoraban, Seiya seguía perdido en sus pensamientos, pues se sentía como fuera de lugar.
-Seiya. –Lo llamó Hyoga y justo cuando volteó le clavó el dedo entre ceja y ceja; y encendió su cosmos.
-¡Ah! –Chilló, pues le heló la frente, aquello se sentía exactamente igual al dolor que te da cuando se come helado a gran velocidad.
-Ya despierta Seiya. Nada malo ha pasado.
Seiya comenzó a sobarse.
-¿Qué tiene Seiya? -Pregunto Nachi. -Trae tal preocupación que no ha probado bocado.
-Considerando donde pasó la noche uno esperaría una cara desbordada de felicidad. –Comentó Ichi con tono mordaz y burlón.
-¡Quieres callarte! –Lo reprendió Jabu, visiblemente enojado.
Toda esa conversación intimido a Seiya, que no sabía cómo reaccionar. Miró a Jabu, era más que obvio que estaba furioso con él. Quiso decir algo pero las palabras se le murieron.
Los recorrió con la mirada, así supo que todos en esa mesa sabían que había pasado la noche con Atena. Geki y Nachi evitaban verlo, Shun se quedó contemplativo, el comentario no le hizo gracia, Ikki por su parte se llevaba la cuchara a la boca como si nada pasara, pero había pasado y si alguien comentaba de más y le arruinaba el desayuno a Shun, ese sería convertido en carbón. Ichi por su parte miraba a Jabu, notando que su comentario lo exaltó mucho, y Ban tenía una mirada cargada de frustración. Sólo Hyoga y Shiryu estaban tranquilos, como si el hecho no los perturbara en lo más mínimo.
Seiya apretó los puños. –Si tienen algo que reclamarme díganmelo de una vez.
Jabu lleno de furia iba a hablar, pero se detuvo cuando sintió una suave caricia en sus cabellos, volteó sólo para toparse con los ojos de Saori.
-Estás enfadado conmigo. –Le dijo con voz dulce.
-Eso nunca.
-Está bien que lo estés. Te falle. Nací para consolar tu corazón pero me he convertido en la causa de tus dolores. Por eso está bien que te enfades y te sientas frustrado. Deja caer sobre mi todo eso que llevas dentro.
Jabu movió la cabeza en negación.
-Si no me puedes entregar tus pesares, entonces no me consideras una diosa digna de ti.
-Soy yo quien no es digno de usted.
-Quien es digno de mí, lo decido yo. Tú eres mi caballero porque así lo quiero, porque eres digno de tal honor. Y como tu diosa todas tus emociones me pertenecen y más aún todas aquellas que tiene su origen en mí. Porque todo lo tuyo es mío, tus suspiros, tus sueños, felicidad, victoria, tus dolores, enojos y hasta tus fracasos son míos y yo los atesoro todos porque son la prueba de tu amor por mí. Entonces, ¿cómo no podría encontrar maravillosas las lágrimas que han nacido de las profundidades de tu corazón? El amor está hecho de cariño y ternuras también está hecho de frustración, obsesión e incluso la ira. Dame pues todos esos sentimientos que llevas dentro, incluso esos que consideras despreciables que quiero cubrirlas de besos porque son mías y los encuentro tan hermosas y resplandecientes como las estrellas.
Los ojos se le inundaron a Jabu. Y no era el único en la mesa que sentía que sus ojos se les hacían agua. Saori se lo llevó al regazo y comenzó a besarle los cabellos.
-Sé que mis acciones no tienen perdón, pero por favor, a pesar de mis debilidades nunca dudes del amor que siento por ti, pues desde antes que abrieras los ojos en este mundo yo ya te estaba esperando con ansias.
Lo soltó y Jabu bajó la mirada completamente abochornado.
-No se enfaden con Seiya que si alguien tiene la culpa soy yo. Seiya jamás aceptaría quitarles algo a sus hermanos, siempre fue consciente de que el amor de Atena le pertenece a todos, y si aceptó que a él lo amara de esta manera fue por mis propias debilidades, me estaba muriendo de soledad. Sé que les he faltado, ya que no tengo derecho a sentirme tan sola si los tengo a todos ustedes que se desviven de amor por mí. Pero en estos momentos soy una diosa de barro, yo misma me convertí en esto al mudarme a un cuerpo humano, pues ¿cómo iba a consolar el corazón de mis caballeros sin conocer lo que se siente ser vulnerable? Ahora también soy frágil y me puedo romper fácilmente. Por eso, mis amados caballeros, no deben de avergonzarse por sus emociones, si sintieron miedo y ganas de huir del campo de batalla, yo también lo he sentido. Si sintieron envidias hacia un compañero, yo también lo he sentido. Si han cometido pecados imperdonables y han traicionado a la orden, yo también los he cometido. Por eso entréguenme todas sus penas, alegrías y esperanzas, que todas las guardare en mi corazón.
Aquellas palabras retumbaron en el corazón de todos, pues era verdad, ella es la diosa Atena, aquella en quien los caballeros depositan sus pasiones. Ella es la que sostuvo en brazos a Saga mientras lloraba vencido por el peso de sus pecados, ella fue quien purifico el alma de Kanon al otorgarle el perdón. Ella quien con sus rezos cubre a la tierra con su ardiente cosmos ha secado las lágrimas de cada caballero. Entonces ¿Cómo podrían dudar de su amor?
Y Seiya que por fin se sentía libre, dejó rodar un par de lágrimas por el discurso de su diosa, pero no fue muy notorio porque varios también estaban llorando. La verdad toda esta situación los había lastimado mucho, pues varios sentían vergüenza de sus sentimientos, habían odiado a Seiya, se habían menospreciado a sí mismos por no ser el elegido y lo peor habían dudado del amor que Atena les tiene.
Atena contempló a sus caballeros, todos se sentían serenos, seguros en el amor que la diosa siente por ellos.
Por su parte, los sagrados caballeros de Atena, la contemplaron sonrientes y felices. En cada oportunidad que tenía, Atena, siempre trataba de compensarlos por las duras pruebas que habían pasado. Lo tomaba como un deber sagrado el buscar la manera de hacerlos felices. Su continúo y genuino esfuerzo confortaba sus corazones, porque su amor no era algo que sólo sintieran por el cosmos, sino que se volvía tangible en sus acciones.
Seiya reflexiona en que anhelaba estos días de todos viviendo felices en la mansión. Aquí seguían siendo diosa y caballero pero eso no lo oprimía como en el santuario. Y aunque siempre fue consciente de que el amor de Atena le pertenecía a todos, aquí, sentía que podía abrazar libremente la parte que le tocaba de ese amor.
Por eso, cada día que pasó en el santuario a lado de Saori, escondiendo su amor; no hizo más que anhelar este lugar, porque siempre supo que aquí ambos podían ser libres y decirles a todos lo que pasaba, aquí, lejos del peso asfixiante del santuario podía clamar lo que siente por Saori y ser entendido por sus hermanos.
Entonces, la felicidad que sentía se le desvaneció pues le invadió la pregunta, ¿por qué están en la mansión y no en el santuario? él recordaba que estaban en el santuario, ¿cuándo fue que todos se trasladaron aquí? ¿Por qué no es capaz de recordar?
Y los mira, todos felices, desayunando junto a Saori. Ichi está molestando a Ban, parece que Nachi le ha hecho una pregunta difícil a Shun pues la cara de duda lo delata, además del codazo que le está dando a Shiryu para que lo rescate y Jabu está profundamente pensativo, apenas si ha probado bocado.
No entendía nada, recuerda que antes de despertar sintió los cosmos de todos, encendidos por el combate. ¿Acaso fue un sueño? Y miró a Saori que sonriente escuchaba de Hyoga la historia de cómo entró gritando a su cuarto por ese sueño donde lo vio quemarse.
Todo estaba en paz y en calma, sin embargo Seiya sentía que algo importante pasaba pero no podía decir qué. Quizás aquella sensación de cosmos peleando también fue un sueño, pero una parte de él no lo deja creerlo.
Y tras terminar de desayunar Seiya se alejó de los demás, la explicación de que todo había sido un sueño no lo convencía. Por más que recapacitaba que eso era lo lógico, no podía aceptarlo. Buscaba respuestas y comenzó a recorrer los rincones de la mansión, todo es tan exacto, la suavidad de los muebles, el frio de las losetas, las pinturas que decoran las estancias. Y a pesar de lo idéntico sentía que no estaba en la mansión.
Hyoga parecía ser la respuesta para su enigma, pues está seguro de que se quemó. Nuevamente busca al rubio, lo encuentra junto a Shun en el gimnasio de la mansión.
Así que se recarga en el marco de la puerta mientras lo contempla, parece que Hyoga estaba golpeando el costal de arena hasta que Shun vino a contarle algo, su cansancio y su sudor le descubren que estaba entrenando arduo, pero, fiel a sus costumbres detiene todo para prestarle atención al peliverde cuando este la pide.
Así que Hyoga está tan normal como siempre. Tal y como dijo Shiryu aquella visión de Hyoga en el fuego debió ser un sueño. Pero no puede quitarse de la cabeza que algo no cuadra en este lugar.
Salió al jardín molesto y vio a Saori sentada en el pasto, cortando unas florecitas, acomodándolas en un ramillete. Estaba abstraída completamente en su labor. Siempre hace eso cuando está muy triste. Ese es su modo de escaparse cuando no quiere afrontar las perdidas por lo doloroso que le resultan.
Hizo eso muchas veces después de la batalla de las doce casas, triste por tantos caballeros que murieron, culpándose por lo que pasó. Hizo lo mismo después de la batalla contra Poseidón, por no haber tenido suficiente poder para evitar que tantas personas murieran tragadas por el mar.
Es la diosa de la tierra y proteger toda la vida que hay en ella es su deber, por eso carga con una gran responsabilidad en sus hombros.
Seiya se sentó frente a ella, cortó una flor y con delicadeza la acomodó en la oreja de Saori, y en todo ese proceso ella jamás desvió la mirada de las flores de sus manos. Así supo que él era la causa de su tristeza.
Eso lo hizo sentirse mal, pues se ha jurado protegerla de todo, incluso la tristeza y el dolor, pero por más que eso deseé, sus fuerzas, como simple mortal que es, no le alcanzan.
-Perdóname Seiya, por lo que lo que pasó con Jabu en la mañana, pero tú no hiciste nada malo. Aquí la que ha faltado a sus juramentos soy yo.
Seiya soltó un bufido, a pesar de lo que dijo en el comedor, ella se está regañando como siempre.
-Entiendo a Jabu, yo me habría sentido igual si tú hubieras preferido a otro. Me enfadaría igual y actuaria igual. Habría llorado igual. Yo sabía perfectamente que consecuencias provocarían mis actos, mis sentimientos. Fui egoísta y los lastime seriamente a todos ellos.
Al oírlo Saori sonrió con ternura. -No has cambiado, sigues igual que cuando éramos niños. –Seiya la miró con duda. –Recuerdas aquella vez que Tatsumi los castigó y no les permitió comer durante todo el día. Te ofrecí un sándwich y no lo quisiste a pesar de que te estabas muriendo de hambre. No he olvidado que te enfadaste y me reclamaste que sólo a ti te diera de comer, cuando todos los demás también tenían hambre. Me preguntaste con furia "¿Por qué sólo yo?" –Atena sonrió un poco. –Te llamé idiota, te arroje el sándwich y salí corriendo. Que infantil es el amor, tuve que salir corriendo porque no te podía contestar que sólo tú me gustabas. Ya desde entonces sentía amor por ti. –Y dejó escapar un suspiro melancólico. –Ya desde entonces le faltaba a mis caballeros. Tenías razón "¿por qué sólo tú?" cuando todos los demás también estaban sufriendo. No era justo que yo tuviera preferencia por ti.
Y Seiya vio como escondía la mirada apenada. Cada noche que han pasado juntos, la ha contemplado culpándose por haber sido tan débil y haber sucumbido. Y pese a que ella tiene razón, pues aunque sea la diosa Atena, en estos momentos es de barro y se rompe; ella no deja de culparse. Y él no se enamoró de lo poderosa de Atena, sino de lo frágil que es.
-He causado un gran sufrimiento a mis caballeros. No soy digna de ellos.
-No crees que si alguien puede decidir si eres digna de tus caballeros, esos serían tus propios caballeros. –Le dijo sonriente.
Los ojos de Saori se entristecieron. –Yo les he dado está vida de sufrimientos y guerras. Compensarlos con todo mi amor es el único pago que les puedo dar. Mis caballeros han cumplido con su parte y yo no. Si ellos me miran llenos de amor e insisten que soy digna a pesar de que les he faltado, mi orgullo divino se quebrara. –Atena sacudió la cabeza en negativa, la sola idea le desagrada mucho.
Y ahora fue Seiya quien sonrió con ternura. –Y dices que no he cambiado desde que era niño, cuando eres tú la que no ha cambiado nada. Aun eres esa niña llena de orgullo. Esa Saori no ha desaparecido por mucho que luches por controlar tu carácter voluntarioso.
Seiya esperaba obtener una pequeña sonrisa de parte de Saori pero en lugar de eso la diosa apartó la mirada.
No es la primera vez que le trata de esconder sus pensamientos, muchas veces la ha contemplado cuando se regaña así misma. Un dios no puede cometer faltas ni tener culpas. No es sólo por su orgullo divino, es porque sus palabras son ley. Las sagradas leyes de Atena se basan en que su calidad de diosa la hace infalible, ella no comete error o fallo alguno.
La prohibición del uso de la armadura para gloria personal, cuando un caballero puede usar armas, la prohibición de la exclamación de Atena, el uso de máscaras por las amazonas, la obediencia al patriarca, todas esas leyes tienen su soporte en la infinita sabiduría de Atena.
Por eso ella no puede perdonarse por haber flaqueado.
Y ahora es Seiya quien baja la cara avergonzado. Toda la culpa es suya, se ha aprovechado de las debilidades del cuerpo terrenal de la diosa. Ya no es aquel honorable caballero, es escoria, un despreciable, la más ruin de las personas. La vida no le alcanzara para pedir perdón por sus pecados, pues es la causa de las amarguras de Atena.
-Seiya… ¿no te he dado las gracias, verdad? Toda la orden debería de agradecerte.
-¿eh?
-Sabes, tome la decisión de ser humana porque no me sentía con derecho a arrojarlos a la guerra sin antes conocer yo el dolor, pues siendo espíritu no era capaz de experimentarlo. Siendo diosa no puedo sentir como un humano. Aunque soy la diosa de la sabiduría desconozco muchas cosas, por eso me es tan imperioso hacerme humana, porque sólo así puedo aprender y en cada vida que he compartido con ustedes he aprendido mucho. Pero algo me faltaba y ese algo eres tú. –Y las mejillas de Seiya se pintaron de carmín. –Yo siento amor por todos mis caballeros, pero nunca sentí amor hasta la desesperación por una sola persona. Antes de ti era injusta con mis caballeros pues ellos me aman en ese grado a mí. Sin esto que siento por ti yo no sería capaz de comprender el gran dolor que les causo con mi partida al Olimpo. El estar contigo, amándote, puede que en estos momentos sea una falta grave, pero cuando me marche y me lleve este dolor de ya no poder verte jamás, seré más digna de mis caballeros que antes de cometer este pecado. Ahora tú y yo somos vergüenza, pero cuando nos separemos seremos los más nobles de toda la orden. Tú por haberme enseñado amar con esta intensidad y yo por renunciar a ti.
Grandes lagrimones cayeron de los ojos de ambos, Seiya tomó del brazo a Saori y con brusquedad la atrajo a su regazo. Realmente no entendía lo difícil que es ser Atena. Todo el peso que ella tiene que llevar.
Atena tiene razón, si hay un castigo para el crimen que cometieron ese es la de la separación. El que ella se vaya al Olimpo le es el peor de los dolores y va a tener que aprender a vivir con ello. Ahora se siente un cerdo egoísta por haber deseado la muerte. Fantaseó tantas veces con que con el suicidio desaparecería este inmenso dolor que siente que nunca se puso a recapacitar que ella también estaba cargando con sus propios dolores. El que Saori lleve esta carga con valentía y resignación le está mostrando lo gran cobarde que es, pero principalmente su conciencia le reclama el dejarla sola. Y como caballero, como hombre y por el inmenso amor que siente por ella, jamás la dejara cargar con semejante pena a ella sola. Si el destino de ambos es la separación, lo soportara con valentía y seguirá viviendo por ella. Cargara con la parte que le corresponde.
Así se quedaron, abrazados, sintiendo las lágrimas del otro y tratando de consolarse mutuamente.
Después de un rato Saori rompió el abrazo y tomando a Seiya de la mano se dirigió a la mansión.
-No tengo tiempo de llorar. –Dijo ella. –Tengo muchas cosas que hacer antes de marcharme.
-¿A dónde vamos?
-A mi alcoba.
-¿Para qué?
-Cómo que para qué Seiya bobito, allá hay privacidad y mi cama. No creo que tenga que explicarte más. Mi tiempo es limitado y no lo voy a perder. –Le dijo con las mejillas ardiéndole.
-Así nada más porque sí, ¿crees que me puedes llevar a tu cama tan fácilmente? –Dijo Seiya con una sonrisa traviesa. La verdad es que siempre quiso hacerse el difícil, es decir, eso que sea siempre cuando ella quiere y manda nunca le ha parecido justo.
Saori lo soltó. -Sí, se bien que llevarte a la cama me es muy fácil.
Seiya se indignó se cruzó de brazos. -Así menos me convences.
-Bien, ahora soy yo la que no tiene ganas. –Y tras decirlo avanzó presurosa a la mansión, Seiya se congelo unos instantes. No se esperaba esta respuesta.
-Espera, -La tomó del brazo. –yo sí quiero.
-Bueno, pero entonces que conste que es sólo porque tú quieres. –Le dice complaciéndolo.
-Sí. –Dijo sonriendo con orgullo, desde el principio esto era lo que quería.
-¡Hombres! –Exclamó ella viéndolo contento.
Y en aquella habitación diosa y caballero se entregaron el uno al otro, se cubrieron de besos y caricias, jurándose amor eterno. Que importaba si tenían que separarse después, cuando en este momento podían estar juntos, piel con piel, expresándose todo su amor.
Y lo hicieron sabiendo que no habría mañana. Todo tenía que ser dicho en ese momento por lo que nada se guardó.
Lo hicieron sin remordimientos ni tabús, sin importarles que fuera un pecado o quizás precisamente por eso, se aferraron con más fuerza al cuerpo del otro, si iban hacer condenados por su amor pagarán la condena con gusto, porque estos momentos nadie podía quitárselos.
Porque no necesitaban nada más, dado que están tocando el cielo, y aunque el futuro parezca tortuoso la felicidad de estos momentos les durara para siempre.
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Quizás, ante los ojos de un dios,
los humanos sean seres insignificantes,
pero todo ser humano tiene la capacidad de amar.
Los humanos pueden llegar hasta donde sea por ese amor…
Pueden ser tan fuertes como lo deseen.
Atena en la Saga de Hades
Siente calor, está ante una inmensa llama, lleva las manos frente a su rostro en un intento de protegerse y tratar de ver dentro del fuego.
Porque Hyoga está allí, quemándose, sus dorados cabellos se carbonizan y la piel chamuscada desaparece dejando ver la roja carne. El fuego es tal que ya lo está desfigurando. Así que verlo le corta la respiración y en medio de un fuerte sobresalto se despierta.
Seiya mira a su alrededor, no hay llamas, de nuevo está en el cuarto de Saori, es más, ella duerme tranquila entre sus brazos. Duerme tan profundo que está totalmente ajena a su sobresalto.
Y es que el corazón late agitado y el sudor frío empapa su frente. Poco le falto para gritar completamente aterrado ante la visión de sus pesadillas.
Porque eso es, una pesadilla igual a la que tuvo en la mañana y salió corriendo buscando al rubio. Lo contempló, lo abrazó, lo hizo enojar. Claro que fue a Hyoga a quien tuvo entre sus brazos, con sus cabellos revueltos y su mal carácter de las mañanas. No tendría por qué ser diferente ahora.
Sin embargo el corazón le grita que este es el sueño y el fuego la realidad. Ese sólo pensamiento lo hace estremecerse hasta los huesos.
Y reflexiona, este mundo, no es un mundo de sueños perfectos. Siempre quiso volver a vivir en la mansión y poder decirles a todos del amor que estaban viviendo. No para presumir, sino, para no sentirse tan rastrero. Y eso por fin lo ha obtenido, por ello pensó que estaba atrapado en un sueño que le mostraba lo que siempre quiso para retenerlo en él. Pero no es así, aquí también Atena se marchará, y ve en Jabu el dolor que les ha causado al tomar el amor de Atena. Por lo que las penas y sufrimientos de los que ha querido huir también están presentes.
Además, Saori está aquí, ella no es un sueño ni una ilusión. Claramente percibe su cosmoenergia por todo el lugar, como siempre, como en el santuario, como en la mansión.
Esta debe ser la realidad pero no puede recordar como regresaron a la mansión, ni lo que ha pasado en los últimos días.
¿Cómo puede entonces decir que esto es la realidad?
Se levanta y se viste con sumo cuidado para no despertar a Saori, pero necesita encontrar a Hyoga.
Y sale por la puerta, olvidando completamente los tabús que en la mañana le impidieron abrirla, poco le importaba si lo descubrían o si alguien le reclamaba algo, todo su ser está angustiado por Hyoga.
La puerta del cuarto de Shun está abierta, y escucha su voz hablando emocionado, por lo que de inmediato se dirige para allá, encontrando a Shun y a Ikki sentados en el suelo pero recargados en la cama leyendo unas revistas.
Esto lo frustra, esperaba que fuera Hyoga quien estuviera con Shun, pero no es así, ahora no sabe dónde buscarlo, porque al rubio le da por desaparecerse. Aunque quizás no todo este perdido.
-¿Shun, sabes dónde está Hyoga?
-Sí, está en su cuarto rezando.
-Está haciendo sus oraciones como el niño bueno que es. –Dice Ikki con burla por lo que recibe un zape de su hermano.
Seiya de inmediato sale a buscarlo, ni siquiera llama a la puerta del rubio, simplemente abre y entra.
Y efectivamente allí está Hyoga rezando, hincado a un lado de su cama, y lo mira con sus claros ojos azules, invadidos por cierto tono de pregunta por el modo tan intempestivo en el que entró.
Seiya estira la mano y acaricia la mejilla de Hyoga, es tan cálido como siempre.
-¿Seiya, pasa algo?
Pero no le contesta, se arrodilla a su lado y lo jala al regazo. Claramente puede sentir el respirar del rubio. El latir de su corazón. ¿Cómo puede esto no ser real? Si hasta percibe el perfume del jabón con el que se bañó después de tanto entrenar.
-Estás temblando. ¿Otra vez tuviste la pesadilla?
Definitivamente está temblando porque Hyoga lo abraza también tratando de calmarlo, pero no lo logra, las lágrimas empiezan a escapársele.
-No estoy dispuesto a pagar el precio Hyoga, si eres tú lo que me cuesta el estar un poco más de tiempo junto a Saori. Me niego a pagarlo.
Justo había dicho eso cuando lo que tenía en sus brazos dejó de ser Hyoga.
Ya no olía a jabón sino a algo chamuscado, ya no sentía su respiración ni el latir de su corazón, y la razón era porque ya no tenía en brazos a su querido amigo, en su lugar, ahora tenía un muñeco de carbón que se fue rompiendo y desbaratándose; desmoronándose hasta que cayó hecho pedazos al suelo.
Seiya se perdió mirando lo que quedo de eso, que antes fuera Hyoga, y que se volvió carbón y cenizas. Miró que sus manos, sus brazos y sus ropas quedaron todas manchadas de tizne.
Ya no tuvo fuerzas para seguir reprimiendo el grito de dolor y es que por su culpa Hyoga ha terminado así. Grandes lagrimones se deslizaban lentamente por sus mejillas. Ya no estaba en la mansión Kido, pues todo había desaparecido, como si todo hubiese sido con arenisca que el viento se llevó. Dejando en su lugar un oscuro desierto iluminado apenas por las estrellas de la constelación del cisne.
Las mira, a todas y a cada una y siente como si le reclamarán lo sucedido con su protegido.
Allí en la desesperación vio a Atena con su luminoso cosmos acercarse.
-¡Yo no quería esto! –Le chilló.
Atena se arrodilló frente a él y con delicadeza paso su mano por los restos calcinados, contemplándolos con dulzura.
-Recuerdas Seiya, que siempre me pedías que te regalara a Hyoga. Nunca querías verlo partir a Siberia. Sentías que se iba a enterrar en vida, en la soledad de esa cabaña perdida en la estepa, porque Hyoga no se perdona lo que había pasado con Camus y con Isaac. Y le discutías su terquedad de irse de la mansión. Le decías que la alberca bien le podía servir de estanque y que tú siempre estarías al pendiente de darle sus migajas de pan. –Saori comenzó a sonreír tiernamente. -Hyoga siempre se enfadaba y te gritaba que no era una mascota de la que podías disponer. Claro que su enojo no le duraba porque entendía que querías cuidarlo, que te dolía su tristeza.
-Nunca me regalaste a Hyoga, si lo hubieras hecho se hubiera quedado conmigo en la mansión. Si tú lo hubieras mandado, él te habría obedecido. Pero nunca quisiste y yo tenía que verlo partir. Siempre me decías que Hyoga era un cisne salvaje y que si quería que se quedara conmigo tenía que domesticarlo. Como si eso fuera posible, ni siquiera Shun lo logró. –Aún seguía llorando. Las lágrimas son tantas que apenas lograba ver los restos de Hyoga. –¡Por protegerme se quemó! ¡Porque soy un estúpido que sólo deseaba la muerte para ya no sufrir más!
Saori le sonrió con tristeza. -No fue tu culpa Seiya, fue mía, porque quería ser diferente a esa niña que sin pensar en los demás te iba a dar ese sándwich sólo a ti.
Saori se puso de pie, tomó la mano de Seiya y la puso en su vientre; y Seiya sintió lo que había allí, quedándose asombrado.
-Te mentí. –Le dijo la diosa.
Por lo que Seiya alzó la mirada lleno de duda por no entender sus palabras.
-Esto quiero que sea para ti y sólo para ti, para que en ella veas todo este amor que siento. Pero entendí, por aquella ocasión, en la que me reclamaste el que sólo tú fueras a recibir algo cuando todos tus hermanos también están sufriendo igual, que no podía entregártela simplemente así. Porque no serías feliz teniendo algo que te consuele mientras los demás seguirán sufriendo.
Por eso te mentí, cuando te corrí de las estancias patriarcales. No fue por el proceso de purificación, fue porque no quería que te dieras cuenta de lo que planeaba hacer con Hyoga. De que él se había ofrecido en sacrificio para que tú y todos pudieran estar en paz con mi partida. Sé que de ningún modo lo hubieras aceptado y mucho menos permitido.
Al escucharla Seiya empezó a atar cabos, la repentina llegada de Hyoga al santuario, el que se quedara cuidándolo, todo lo que entrenaba y su extraña forma de comportarse. Todo era por esto.
-Hyoga surgió en este mundo como un caballero, pero eso ya no me es suficiente, por eso tenía que volverlo cenizas. Está noche se ha consumido en el fuego de mi cosmos para convertirse en un guardián de bronce perfecto para este bebe.
Atena sopló sobre las cenizas y estas se levantaron llevadas por su viento. Fueron cambiando su color, dejaron su negrura y se volvieron blancas y frías como la nieve. Incluso irradiaban luz. Seiya contempló aquellas partículas de estrellas flotar y dejó ir grandes lagrimones, recordando como percibió el dolor de Hyoga en el fuego.
Totalmente frustrado apretó los dientes y cerró sus puños con tanta fuerza que le sangraron. Realmente estaba furioso.
-¡Me niego al sacrificio de Hyoga, no lo quiero! ¿¡Cómo pudiste hacer esto sin decirme nada!?
-Seiya
-¡Si necesitabas sacrificar a alguien ese debí ser yo! ¡Deshaz lo que hiciste! ¡Deshazlo!
-No puedo.
-¿¡Por qué no!?
-Porque un acto de amor no debe ser detenido. Impedir o interferir en un sacrificio de amor aun siendo un dios sería sacrílego. Además Hyoga lo hizo por mí, pero sobretodo por ti.
Seiya la tomó por los hombros y la sacudió desesperado. –Devuélveme a Hyoga. No permitiré que se sacrifique por mí.
-Quizás tú no quieras, pero yo no puedo negarle el que se sacrifique por mí.
Seiya contempló a Saori completamente aterrorizado por sus palabras.
-Hyoga se ofreció porque me ama, no sólo como su diosa, sino también como mujer. Me lo confesó hace tiempo. –La expresión de Seiya cambio por una completamente confundida. –Él siempre ha sabido que no puedo corresponderle porque mi corazón te pertenece. Y aun así, lo que siento por ti y lo que tú sientes por mí, lo hacen feliz. Nunca le enfado que tuviera preferencia por ti, porque antes de que su corazón empezara a sentir algo por mí, él ya te amaba. –Saori sonrió con tristeza. –Me dijo que el que dos personas que ama se amen, hacen de su mundo un lugar maravilloso. Me sentí tan aliviada y tan perdonada cuando me lo dijo. Realmente yo no habría tenido el valor de estar contigo si no se la hubiera pasado alentándome.
Seiya se sorprendió por esa confesión, a decir verdad, sin palabras, Hyoga siempre le expresó lo feliz que se sentía viéndolo junto a Saori. Por eso en el santuario, cada que tenía necesidad de hablar con ella, para guardar las apariencias, le pedía a Hyoga que lo acompañara.
-Cuando Hyoga supo que estaba embarazada me dijo "Haz de mí lo que necesites para poder irte en paz". No es la primera vez que me pide que haga de él mi soporte ¿Lo recuerdas, Seiya? Ya antes me lo había pedido y yo le jure que siempre será lo que yo necesite. Hyoga ya sacrificó a su maestro y a su amigo por mí y lo único que me ha pedido en compensación es esto. Así que no puedo negarme.
-Pero Saori…
-Seiya, me has pedido que te regale a Hyoga, ahora él quiere ser tuyo. No puedes negarte. Así que recíbelo y cuídalo mucho.
Seiya aceptó con un leve movimiento de la cabeza para después bajar la mirada apenado. Un sonido invadió el espacio. Un llanto lejano, agudo, débil pero sobretodo demandante.
-Seiya, ya es hora, ya tengo que irme.
Ante esas palabras Seiya la abrazó muy fuerte pues no quería dejarla ir.
-Me voy tranquila sabiendo que ahora estarás bien. Yo sé Seiya, que sufrías mucho pensando que iba a ser de ti cuando yo me fuera, que tenías miedo a quedarte sólo y sé bien lo dolorosa que es la soledad, porque la he experimentado en carne propia. Prométeme Seiya que no dejaras que nuestra niña la conozca. Prométeme que nunca sabrá que su madre es la diosa Atena, prométeme que no permitirás que sienta esa carga.
-Te lo prometo, siempre la voy a proteger de todo.
-¿Igual que me protegías a mí?
-Te lo juro, igual.
-Entonces me puedo ir tranquila. Te amo Seiya.
-Te amo Saori. Te amo mi diosa Atena.
Saori se acunó en los brazos de Seiya y respiró profundamente su aroma como queriéndoselo grabar en la memoria por la eternidad.
Saori se convirtió en millones de cálidas chispitas de luz. Seiya las contempló un instante, antes de que todo se volviera oscuridad.
Aquel llanto era todo lo que escuchaba. Le costó mucho trabajo abrir los ojos pues los parpados le pesan mucho, también siente adormilado el cuerpo. Le tomó un tiempo enfocar bien. Se enderezo lentamente, no reconoce el lugar pero parece estar en una habitación de una cabaña.
Hay otra cama a un par de metros. Los verdes cabellos le revelan que se trata de Shun, tiene una venda en la cabeza y varios rasguños en los brazos. Esta bastante pálido, parece que perdió mucha sangre, pero respira bien, su ritmo y fuerza le confirman que se está recuperando.
Así que lo deja descansar, pues ese llanto le recuerda que tiene que buscar a ese bebe, que es la última bendición que Saori le dejó. Sale del cuarto apoyándose con las paredes y llega a la sala. En la mesa de centro hay un moisés y dentro una niña que llora y llora. Tatsumi cargando un peluche se lo enseña para calmarla, pero los ojos del hombre calvo parecen cascadas ya que no puede dejar de llorar, mientras, Shiryu le reclama que está asustando a la bebe.
-¿Puedo cargarla?
-¡Seiya! ¡Al fin despertaste! –Exclama el Dragón aliviado. Entonces sus ojos se deslizan sobre la nena, por lo que se quedó callado, meditando por dónde empezar.
-No te preocupes Shiryu. –Se adelanta Seiya. –Saori me explico todo… bueno casi todo.
Seiya la saca de moisés y se sienta en el sofá, acunándola en sus brazos. No puede evitar que un par de lágrimas se le escurran. Así que se queda largo rato contemplándola, analizando cada milímetro de su rostro. Por su parte la nena ha dejado de llorar para dedicarse también a la contemplación de su padre.
Seiya pasó una mano por los pocos cabellos, aunque estos se negaron acomodarse. –Parece que va a tener cabellera pelirroja. –Le dice al dragón, lleno de asombro.
-Así es, sacó el cabello de tu familia, la rebeldía del tuyo y el mismo color de rojo de su tía Seika.
-Y sacó los ojos de su madre. –Casi se le quiebra la voz al decirlo, pero se obliga a recobrar la compostura.
Así que dejó de contemplarla para interrogar al dragón. -¿Cómo llegamos aquí? ¿Qué le paso a Shun?
Shiryu suspiró. –Atena nos mandó llamar, apenas ayer llegamos al santuario y se nos explicó pocas cosas. A Shun se le ordenó sacar a la niña del santuario apenas naciera, pero no sé a ciencia cierta que le sucedió, supongo que luchó contra alguien para poder salir. A mí me tocó sacarte, me tenías muy preocupado porque no despertabas.
-Saori tuvo que ver con eso.
-Nuestro patriarca Jabu dio órdenes de matarte, así que tuve que sacarte por la fuerza del santuario ya que Shaina no me la dejó fácil.
-¿Qué? –Dice Seiya impactado, notando en Shiryu los raspones y moretones, que le comprueban su lucha contra la amazona de la cobra.
-Al final tú maestra fingió haberte matado… lo hizo bastante bien, nos engañó a todos. Me habías dicho que ella podía hacer ilusiones muy básicas, pero lo que hizo fue sorprendente. Y bueno… casi la lastimó seriamente creyendo que te había asesinado.
-¿Cómo que casi la lastimas seriamente?
-Pues me engaño totalmente. No fue hasta que te cargue cuando me di cuenta que estabas vivo y que todo había sido una ilusión hábilmente montada por ella.
-Ella tiene sus trucos, no será como Shaka cuyas ilusiones te crean todo un universo alrededor, pero distorsiona la realidad lo suficiente para engañar al rival. Recuerda que te conté que una vez hizo lo mismo para tratar de salvarme del caballero de plata Misty.
-Con todos creyendo que Marín te había liquidado ya no tuve problemas para abandonar el santuario. Pensé que caminaba sin rumbo pero llegue a esta cabaña donde Tatsumi nos estaba esperando con todo lo necesario para recibir a la bebe. No cabe duda que me guió Atena pues no sabía nada de este lugar y supongo que lo mismo le paso a Shun, llegó aquí guiado por Atena. Este lugar está suficientemente abastecido para que podamos escondernos aquí los próximos meses.
-¿Nos esconderemos aquí?
-La niña es muy pequeña para viajar Seiya, esperemos un tiempo prudencial y luego viajaremos a Japón, Tatsumi me informó que Saori compró una propiedad allá y supongo que fue para que tú y la niña tuvieran un lugar seguro.
Seiya contempló a su nena que se había quedado profundamente dormida. La idea de quedarse tan cerca del santuario no le agrada mucho pero Shiryu tiene razón, aún es muy pequeña para hacer un viaje tan largo.
-¿Qué pasó con Hyoga? –La voz de Shun lo sacó de sus cavilaciones. El peliverde está recargado en la pared, pues aun no es capaz de sostenerse sólo y llegó hasta ellos haciendo gala de su fuerza de voluntad, pues físicamente aún no debería ser capaz de ponerse de pie y caminar.
-¿¡Shun que haces levantado!? ¡Estás herido! –Habló Shiryu.
-¡Responde! ¿¡Qué pasó con Hyoga!?- Insistió
-Es verdad ¿Dónde está?
Shiryu guarda silencio. No sabe cómo dar la noticia. En toda la explicación que le dio a Seiya había evitado deliberadamente mencionar al ruso, pero ya no puede seguir evadiéndolo. Así que toma a la bebe de los brazos de Seiya para entregársela a Tatsumi para que se la lleve. Este gesto de inmediato los alertó
-¿¡Que pasó!? –Preguntó Seiya alarmado.
-¡Está muerto! –Le grita Shun hecho un manojo de nervios. –¡Hyoga se quemó! ¡Se consumió en las llamas!
Shiryu no es capaz de hablar, sólo baja la cabeza afirmando. Recordando ese lamentable momento en que tuvo lo que quedaba de Hyoga entre sus brazos.
Seiya no podía entender lo que pasaba. En tanto, las fuerzas abandonaron a Shun que se derrumbó sobre sus rodillas llorando totalmente arrepentido por las estúpidas palabras que le dijo en un momento de furia "tú realmente mereces quemarte en las llamas del infierno". Esa frase ahora era su sentencia de culpable y el recuerdo de los ojos asustados de Hyoga su condena.
Shun estaba desechó, por lo que Seiya lo tomó en brazos para llevarlo al sofá. Siempre ha sabido que si algo le pasa a Hyoga, Shun sería el que sufriría más, que es una de esas cosas que no es capaz de enfrentar.
-Calma Shun, Hyoga estará bien, volverá con nosotros.
Pero Shun no es capaz de levantar cabeza.
-Seiya, no le des falsas esperanzas.
-No es falso lo que digo.
-Seiya, Hyoga está muerto, no hay duda de eso.
-También creíste que Marín me había matado.
-Es vano guardar esperanzas de que Hyoga esté vivo. Lo vi y lo comprobé. Quedo calcinado, no hay modo alguno que regrese.
-Shiryu.
-¡Acuné lo que quedaba de él entre mis brazos! ¡No hay lugar a dudas, Seiya! Así que aceptemos que lo perdimos. –Las lágrimas ya escurrían por los ojos de Shiryu.
-Saori me dijo que cuidara de Hyoga… que me lo regalaba. Ella no me quitaría lo que me acaba de dar. Ya verás Shiryu, Hyoga regresará.
-Sólo que Ikki nos traiga su cadáver. Porque sé que no regresará con vida.
-Dragón obstinado ¿Ikki se quedó con él?
-Sí.
-Pues más a mi favor, -Seiya levantó la carita llorosa del peliverde. –Shun tú conoces mejor a Ikki que nosotros, ¿verdad que él no te dejaría sufrir así? Si Hyoga es lo que quieres eso te traerá. Así lo tenga que sacar de los mismos infiernos, él te lo traerá.
Entonces se calmó un poco el llanto de Shun.
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Notas de la autora.
1.- "El bronce se obtiene a partir de una mezcla de cobre con un ocho por ciento de estaño. La transformación se produce a temperaturas elevadas, El cobre se funde a 1078 grados centígrados y el estaño a 232 grados centígrados, pero a partir de los 800 grados se obtiene una disolución metálica liquida con una temperatura optima de colada cercana a los 1200 grados."
XD lo saque de internet, pero no sé cómo se llama la página, sólo puse como se obtiene el bronce y salió.
2.-"El cisne era un ave consagrada a Apolo, como Dios de la música, porque se creía que el cisne poco antes de morir, cantaba melodiosamente. Por eso dijo Pitágoras, que esta ave se asemejaba a un alma que jamás muere y que su canto antes de morir viene de la alegría que experimenta porque va a ser liberada de su cuerpo mortal. Platón parece ser de la misma opinión y algunos otros dicen que está consagrada a Apolo, porque goza del don de prever bienes de la otra vida de los cuales goza después de su muerte."
Texto tomado de Wikipedia.
3.- En el manga Kurumada sólo expone los cosmos de fuego y de hielo. Cuando Hyoga pelea con Babel de Centauro, el caballero de plata explica que al friccionar los átomos crea el fuego. A su vez recordamos perfectamente cuando Camus (o Crystal) le enseña a Hyoga que para congelar tiene que detener los movimientos atómicos. En next dimention Suikyô forma un escudo de agua, pero explica claramente que manipuló el agua de la atmosfera. Así que cualquier ataque con elementos que aparecieran en la serie era justificado a través de la manipulación de los átomos del ambiente, que el caballero aprende a manipular con la fuerza de su cosmos
4.- La historia del sándwich que el pequeño Seiya no le aceptó a Saori la tome del side history "El gran amor de Atena" que leí en la página de la guía Saint Seiya. Dicho side history ha sido de gran inspiración para este fic.
5.- Creo que Shiryu fue lo mejor de la "leyenda del santuario", es decir, gracias a él distinguimos perfectamente la diferencia que hay entre la devoción y amor que siente un caballero por su diosa y el totalmente diferente amor y devoción que siente Seiya por ella. XD Me encanto eso.
Ya van dos veces en este fic que hago que lo llamen "Dragón obstinado" La verdad no es idea mía, se la copie a Alberich y es que cuando lo llama así me encantó. Está entre mis momentos favoritos del doblaje, le da un tono el actor que me enamoró la frase.
6.-Las leyes se sostienen sobre quien las impone, por eso por ser Atena su origen se consideran perfectas y por ende inviolables, para sus caballeros, recuerden el dilema que sufrieron Saga y los demás cuando decidieron usar la exclamación de Atena. Lo doloroso que fue para ellos.
Por eso Seiya entiende la presión que recae en Atena pues es ella quien establece todas las leyes bajo las que viven sus caballeros. Se supone que ella es lo más sublime, la aspiración máxima, la perfección y ya no lo es pues ha sucumbido a la tentación y ya no es capaz de retribuirles.
7.- Como algunos sabrán, soy católica, y bueno, muchas de las ideas de este fic, se han nutrido de lo que he estudiado de la religión que practico. De hecho en el grupo parroquial me tocó exponer el primer mandamiento, la verdad me cayó como como sartenazo en la cabeza… bueno más bien como olla exprés, de esas gruesas y pesadas. Porque eso de "amaras a dios sobre todas las cosas" lo estuve analizando desde hace mucho y ahora caigo en que no lo había entendido, uno no sabe nada de religión, entre más se lee más se descubre que se es un ignorante. Ese amaras a Dios sobre todas las cosas no lo había entendido, el cristianismo tiene como fin el amor, y un amor libre de perjuicios como es guapo, rico, pobre, noble, justo, malvado, ha hecho tanto por mi o me ha hecho tanto mal. Si los humanos fueron creados a semejanza de Dios, el primer mandamiento te lleva a amar al prójimo, ya sea que estés al principio del camino, buscaras el bien de los demás por amor a Dios y si estás al final ya se llegó al punto en que lo amas porque puedes ver en el prójimo a Dios.
8.-Este capítulo es el único que ha tenido título, la verdad si algo ha inspirado este fic, es el ending del anime que creo que se llama Kannasuki no Miko. La canción es Agonía y es interpretada por una tal Kotoko. Escúchenla y verán que de allí me inspire para Seiya, Hyoga y Shun y un tris para Ikki y Shiryu.
La versión en español la pueden encontrar en YouTobe
'Agony' by Kotoko Versión en español por Olinca Hidalgo (Kannazuki No Miko OST) Spanish Fandub
A ver si pueden encontrar la versión de duración 4:24 que es la completa y cuyo texto aquí presento:
Lo que yo quise soñar
desapareció como un susurro,
en medio de la luz azul del anochecer,
se quedó perdido,
pero sé que se abrirán tus ojos por fin
y el destino que me alcanzará
sólo tu podrás ver.
Yo me decepcione
porque no paso lo que yo espere
y oculte mi llanto,
lágrimas de luna gris
quieren escapar del viento nocturno
¿qué es lo que quieres de mí?
es lo que le preguntó a la oscuridad.
…
Desde ese día en que te encontré
tu sonrisa me atravesó
y ahora soy tu guardián
mi amor
te defenderé entre tanto dolor,
es una promesa que hasta hoy
yo quiero abrazar.
…
Sólo por estar cerca de ti,
sólo para estar aquí
por el tiempo que me des,
recuerdos
lejanos que dan dolor y desamor,
pero contigo quiero compartir,
en esta marea de pensamientos de ayer,
nos volvamos a encontrar
un feliz siempre jamás
es la pregunta que me iluminó
me deja en paz
y al cielo llegará
para convertirse en luz.
…
Todo es sólo una ilusión
que se esfuma tan pronto como empieza
pero mi mala vista
contenida por la cadena invisible
que la soledad puso sobre mí
y aunque trato no me puedo zafar.
El viento nos congela al pasar
sé que es porque yo estoy aquí
pero no me iré
mi amor
hasta que puedas liberar
a las palabras
que quieres ocultar con tu mirada cruel.
Solamente quiero respirar
compartir ese dolor
y volver felicidad
que va juntándose
poco a poco tu cuenta te darás
de que eso es lo que forma el amor
porque ahora me doy cuenta que te quiero a ti
mi respuesta es tu mirar
yo te voy a proteger
y las astillas del arrepentimiento que siento yo,
cuando aparezca el sol
van a convertirse en luz.
…
…
Hay que hacernos el amor
y ponernos a pensar
en nuestra felicidad
que va juntándose dentro de
mi formando un lazo
que ya nunca más se esfumara.
…
Tan solo por estar cerca de ti,
sólo para estar aquí
por el tiempo que me des,
recuerdos lejanos que dan dolor y desamor,
pero contigo quiero compartir
y si nos equivocamos y termina mal,
este símbolo te doy
que a ti me unirá
y en el momento en que yo te vuelva a ver
las memorias de mil años de dolor
se convertirán en luz.
…
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Capítulo de respuestas ¿Marín realmente mató a Seiya? ¿Shun murió siguiendo el destino de Aioros? ¿Quién era la persona que recogió al bebe? ¿Ikki matará a Jabu? ¿Si Hyoga está muerto como es que su cosmos canta? Todo esto y más en este capítulo que además trata del amor Seiya y Saori.
