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Las estrellas de Pegaso lloran

y mi alma llora con ellas,

pues un sonido de mi infancia se ha ido.

A ti que despertaste a la fuerza,

que elevaste tu cosmos más allá de los siete sentidos,

que fuiste galleta de jengibre, emperador Inca, dinosaurio y hasta hormiga,

a ti te doy las gracias.

Querido Jesús Barrero

tú serás por siempre mi amado Seiya de Pegaso,

la voz que me llevó a descubrir el cosmos.

Vuela alto con el ímpetu de tu constelación,

vuela directo al paraíso.

Aunque te has ido

tu eco resonara por siempre en mi corazón

y allí seguirá defendiendo a Atena.

Jesús Barrero,

voz y espíritu de Saint Seiya

Descansa en paz.

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Krasavitsa: Forma rusa para llamar a una mujer "hermosa".

Lyubimaya: Forma rusa para llamar a una mujer "amada".

Solnyshka: En ruso "Solecito" "Pequeño sol" Funciona tanto para hombre como para mujer.

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El pecado de una diosa

Por Liluel Azul

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Lyubimaya (amada) Atena,

te doy gracias por poder estar a tu servicio,

por el honor que me has concedido al aceptarme como tu caballero,

por la dicha de poder estar a tu lado y contemplarte.

Sé nunca terminare de darte gracias por poner a Seiya, Shun, Shiryu e Ikki en mí camino,

gracias por haber sido tan misericordiosa conmigo.

No te olvides de tu promesa

y permíteme ser lo que tú necesitas que sea,

para poder protegerte a ti y a mis hermanos caballeros.

En tu brillante cosmos concede descansar el alma del maestro Camus

y permítele ayudarme y guiarme en mi camino como caballero.

Lyubimaya Atena, escucha mis plegarias.

Te ruego, te suplico, Lyubimaya Atena

por las almas de mi madre y de mi amigo Isaac,

intercede por ellas para que lleguen al Eliseo.

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Tiempo atrás…

Siente frío, su cuerpo tiembla y está tan mareado que le parece como si estuviera en un bote cuyo vaivén lo atosiga, además la cabeza le molesta bastante. Lentamente abre los ojos y la luz se convierte en otro pequeño tormento.

Mientras los sentidos se aclaran descubre la silueta de un joven de cabellos castaños, bastante desordenados. Está contemplando el cielo con melancolía, como si su ser inconscientemente supiera que pertenece a la bóveda celeste y no a esta tierra.

De pronto el castaño voltea a verlo, debió sentir el peso de su mirada, pero es que se quedó como hipnotizado por él. Seiya le sonríe al descubrirse tan intensamente observado y poco a poco Hyoga se va dando cuenta de su situación, está recostado en el pasto, bajo la sombra de un árbol, una chamarra le sirve de cobija y su almohada es la pierna de su amigo.

-Te desmayaste. -Le informa.

-¿...me desmaye?

-Hyoga, si casi no duermes, prácticamente no comes y encima te pones a entrenar como si tú sólo te fueras a enfrentar al dios más maligno y poderoso de la historia, por lógica te desmayas.

Hyoga ladeo el rostro y cerró sus ojos fastidiado, sabe que Seiya va a regañarlo y la verdad no está de humor para aguantarlo. Sin embargo tras una larga pausa en la que nada dijo el castaño, Hyoga se dignó a mirarlo, para su sorpresa, nuevamente la atención de Pegaso está en el cielo lleno de nubes blancas.

-¿No me vas a sermonear?

-No quieres escuchar, pero está bien, he esperado pacientemente a que estés tan débil que ya no tengas fuerzas para luchar y puedo seguir esperando. Total, no creo que falte mucho, eso se sabe con sólo verte. -Y lo miró con altanería, sabiéndose ganador.

Seiya se empezó a carcajear cuando Hyoga le lanzó una mirada homicida, Hyoga molesto intentó irse pero, al enderezarse el mareo se volvió tan intenso que torpemente se fue de lado quedando de nuevo en el pasto. Ni siquiera logró alejarse a un pasó de Seiya.

-Vaya, vaya... que tenemos aquí, un cisne que ni siquiera es capaz de levantar la cabeza. -Seiya se inclinó para ayudarlo y aunque el rubio se resistió nada pudo hacer para evitar ser levantado y dejado recargado en él árbol. -Hyoga no sé qué fue lo que te pasó en el santuario marino, pero sabes amigo, cuando las penas abruman te deberías de dar permiso de recoger tus alitas y dejar que los que te amamos te cuidemos.

-¡No necesito tu lástima!

Al escucharlo Seiya se enfadó. -Si vuelves a insinuar semejante tontería te daré un puñetazo tan fuerte que jamás se te va a olvidar. Nunca sentiría lastima por ti, pero eres mi amigo y es natural que me preocupe.

Ante esas palabras Hyoga le devolvió una mirada llena de frialdad, mas el castaño no se intimido nada ante ella, al contrario le sonrió lleno de ternura.

-No lo puedo creer, aun piensas que me puedes alejar de ti. Que con tus ojos indiferentes me vas a engañar. -Y sonriente se apoderó de la nariz del ruso. –Bien dicen que "No puedes tomar los cachorros del tigre sin entrar en su madriguera" pero a mi nada me intimida cuando decido algo. Aguantare tus feas miradas, tu insolencia, groserías, mal carácter, ironías, incluso el que me ignores totalmente y todo zarpazo que me arrojes, nada te servirá mi feroz tigre, gruñe y ruje todo lo que quieras, si no lograste alejarme de ti cuando éramos niños, ahora menos. Ya verás cómo me saldré con la mía. -Por su parte Hyoga luchaba por recuperar su nariz por lo que Seiya lo soltó y lo contemplo fijamente, la mirada del rubio no había cambiado nada. -Sigues mirándome con esos ojos asesinos, para que te desgastas, me lanzaste esa fea mirada cuando tenías ocho años y de nada te sirvió, me miraste así cuando te encontré en el torneo galáctico y no lograste ni inquietarme y aun ahora intentas alejarme viéndome tan feamente. Ya deberías de haber aprendido que eso no te funciona conmigo, porque veo perfectamente a través ti. Hyoga, a mí no me engañas, sigues siendo el mismo chiquillo que intenta ser fuerte aunque la situación te aplaste. Así que tus ojos insolentes no logran ocultarme el gran dolor que cargas.

El ruso desvió la mirada. Tras una pausa Seiya le ofreció la espalda.

-Anda sube, volvamos a casa para que comas algo. Aunque si no quieres, con gusto puedo cargarte en brazos y llevarte cual damisela en desgracia. –Dijo con algo de burla.

De mala gana el ruso acepto ir en la espalda de Seiya. Sabía que no estaba en condiciones para negarse.

Durante el camino, Seiya habló y habló, de Saori, de que en casa los espera una gran rebanada de pastel, de que revisó la correspondencia de Shiryu pero no pudo leerla porque estaba en chino, aun así piensa que Shunrey tiene bonita letra, lo que no puede decir de Shiryu. Y a pesar de que Seiya de vez en cuando le preguntaba a Hyoga su opinión el cisne nada contestaba.

-Sigues sin querer hablar... vaya que eres infantil. Definitivamente eres un cisne curioso, será por eso que no puedo dejar de cuidarte.

Fue entonces cuando Seiya sonrió victorioso, y es que tras esas palabras sintió a Hyoga recargar la cabeza y relajarse.

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Krasavitsa (Hermosa) Atena, los humanos somos seres de contrastes y oposiciones. Nos gusta la idea de tener un destino porque nos hace sentir especiales y al mismo tiempo lo odiamos porque sentimos que corta nuestra libertad. Y aunque pasamos toda la vida luchando contra las adversidades, oponiéndonos a destinos funestos, al final cuando miramos atrás y vemos el conjunto de casualidades que contribuyeron para nuestra buena o mala fortuna, lo único que nos queda es aceptar que somos juguetes del destino.

Krasavitsa tú sabes que no dejaba de pensar en ese momento que selló el destino de Isaac y mío. En esa corriente marina que me atrapó, pero que no fue capaz de llevarme con ella. No entendía cómo logre llegar al barco para sujetarme en las cuerdas. Ni como Isaac llegó a tiempo para salvarme. Ni por qué la corriente se volvió tan intensa cuando estábamos por salir.

Todo eso me llenaba de dudas e incertidumbre, me hacía creer que yo no debía ser el caballero del cisne. Los conflictos que tuve a lo largo del camino me confirmaban que yo era un error, una mala suerte con la que tuvo que cargar el maestro Camus, pues nunca fui el alumno que deseó. Por más que se esforzó en crear en mi a ese caballero que no se deja dominar por las emociones y que cumple con su deber, más y más notaba que mi corazón era débil y manejable. Cuando me daba cuenta de todas las angustias que yo le provocaba, tenía entonces la plena seguridad de que había corrompido al destino.

Siempre que me encontrabas meditabundo, sabías que pensaba que el mar debió llevarme a mí en lugar de Isaac. Que en mi interior me sentía un usurpador por haberle robado a Isaac su destino de ser tu caballero del cisne.

En medio de mis pesares y culpas me sonreías Krasavitsa, tus brazos me rodeaban y me perdía en tu dulce aroma que me consuela.

Te aprovechabas de mi debilidad, te reías descaradamente de mí porque me ponía rojo como un jitomate cuando me llamabas "Solnyshka" (solecito). Así me sacabas de mis pensamientos y me obligabas a tener otros, pues más tardaba en formarse la nube negra en mi mente que tú en decir "Mi Solnyshka quiere oírme decir cuanto lo necesito". Y la cara se me calentaba a más no poder para vergüenza mía.

Nada podía oponerse a nuestro destino de estar juntos, me decías, yo volví a tu lado porque mi destino es ser tuyo, ser tu caballero, tu guardián. Yo era tuyo desde niño, incluso desde antes de nacer.

Y era verdad, llegue destrozado a Japón, había perdido a mamá y por primera vez tenía que valerme yo solo. Sin un intermedio pase de un ambiente de protección y cariño a uno de acoso y odio. Entre adultos malvados y niños que descargaban la presión atormentando a otros, el ser ruso me hizo ser blanco de ambos. Estaba tan presionado que no podía dormir ni comer por lo nervioso que estaba. Y ese día, tras tratar de defenderme de la golpiza que me pusieron mis compañeros de cuarto, cuando Tatsumi me jaloneaba del brazo casi arrancándomelo, por ser "alborotador" y "problemático", viste la escena y ordenaste que me cambiaran a la habitación de Seiya. Tatsumi se opuso, de todos era conocido que Seiya solía defenderme, mas tú te enfadaste tanto que en menos de cinco minutos, ya me habían cambiado de habitación.

Fueron tales las amenazas que proferiste, que nadie del personal dijo nada cuando Seiya se fue a dormir junto a mí y no en su propia cama. Esa fue la primera noche, desde que había llegado a Japón, en la que dormí profundamente, sabiendo que Seiya estaba allí.

Hasta la fecha no paro de dar gracias por tu decisión.

Así que desde que era niño tú cuidabas de mí.

Y sin embargo, cuando mi corazón necesitaba pruebas de que yo te pertenecía, jamás me recordabas ese hecho, en el que era claro que yo ya estaba protegido por ti, mi lyubimaya (amada) diosa Atena, al contrario, me recordabas otro suceso de nuestra infancia.

Antes de que me mandaran a entrenar Siberia, esos niños se vengaron de ti arrojándote a un pequeño foso oculto en el jardín. Durante el día vi al personal de la fundación buscarte por todos lados. Por mucho que estuviera agradecido contigo en ese entonces me resultabas una pesadilla andante, y sinceramente pensé que tu desaparición era otro berrinche tuyo para atormentar al personal de tu abuelo, lo cual hacías seguido. Y a pesar de estar convencido, la angustia por lo que te había pasado no me dejaba descansar. Salí a buscarte y no fui de mucha ayuda dado que termine cayendo en el hoyo.

Tenías el rostro cubierto de lágrimas de lo asustada que estabas, porque que no podíamos salir por nuestros propios medios, además temblabas por el frío. Pase largo rato calmándote hasta que te quedaste dormida.

Me sentía tan tranquilo, tan en paz con el universo como nunca antes y eso era porque estabas en mis brazos, durmiendo serena, porque yo te estaba cuidando.

Así pasamos esa noche juntos esperando a que nos encontraran. *

Entonces, cómo podía tener dudas con respecto a mi destino como caballero, si la ansiedad me hizo salir a buscarte y te encontré más por instinto natural que por astucia. Esa noche te acomode entre mis brazos para protegerte del frío y quiero creer que no te diste cuenta de que me sonroje.

Lyubimaya (amada) Atena tenías razón, yo soy tuyo, porque tú así lo quisiste y te doy gracias por ello.

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-Entonces, ¿Por qué tus llamas son del color de la tristeza?

En esta guerra he perdido a la mayoría de mis compañeros,

pero yo no me olvido de ellos,

ni de toda la gente de la tierra,

ni de los espectros que han muerto.

¡Yo no me desharé de nada!

¡Si tú abandonas tus sentimientos yo los recogeré!

¡Lo recogeré todo!

Incluso eso que quedó sepultado.

Atena en The Lost Canvast

Lentamente abre sus pesados parpados, frente a sus ojos se encuentra una gran puerta metálica la cual esta manchada con sangre.

El caballero del cisne sonríe con ternura.

Siempre que piensa en Seiya recuerda esa puerta que golpeó sin importarle que se estuviera lastimando. Recuerda el resuello de su respiración cuando de niños dormían juntos.

-Sí que eres todo un sentimental.

Hyoga volteó buscando el origen de esa voz pero no logró encontrar a nadie ni identificarla.

-¿Quién eres? –Preguntó Hyoga, buscando inútilmente al dueño de esa voz.

El rubio se encontraba en un oscuro y desértico valle, lo único que rompe la oscuridad en la que se encuentra son las fulgurantes estrellas de la constelación del cisne.

-Seiya, Seiya, Seiya… no haces más que pensar en Seiya y en sacrificarte por él. ¡Eres patético! –Dijo sin aun mostrarse.

-¡Sal de una vez! –Le gritó Hyoga -¡Deja de esconderte entre las sombras! ¡Eres tú al que vengo a enfrentar!

-Dices que has venido por mí pero me tienes miedo, usas tus recuerdos para tener fuerzas. Para parar de temblar, esa gran puerta tras de ti es la prueba.

-¡Y que si hago eso! ¡Al menos estoy aquí, enfrentándote! ¡Tengo más valor que tú que gritas desesperado entre las sombras! ¡Tú eres el maldito cobarde! ¡Eres el que tiene miedo de verme a los ojos!

El caballero divino del cisne vio como frente a él se levantaba el amasijo de ese monstruo gigantesco de mil rostros. Formado del polvo de las estrellas y amalgamado con el sudor, lágrimas y sangre de todo caballero, amazona, guardia, doncella, sirviente, aprendiz y de todo aquel que nació para la Diosa.

Brotó en las profundidades más oscuras del corazón. En los profundos abismos de la desesperanza. Su madre es la envidia y su padre los celos, todo lo que anhela es poseer. Sólo conoce la muerte y la decepción.

No tiene piel, ni forma, es carne maloliente y putrefacta. Aquella creatura llena de rostros lo mira con odio. La cosmoenergia que despide se siente pesada y asfixiante, pero tan inmensa como él. Es un cosmos que no tiene principio ni fin, justo como el de los dioses. Capaz de controlar corazones puros y desviarlos por senderos oscuros, de hacer llover hasta hacer desaparecer la tierra bajo el agua, de mover los planetas y sentenciar a la tierra a una oscuridad eterna. Esa es la diferencia entre un cosmos humano y uno divino. La voluntad de un Dios transforma todo el entorno y lo afecta a tal punto que puede matar la tierra y todo lo que vive en ella con su pura y simple voluntad. Y si Hades y Poseidón no lo lograron con su primer pensamiento fue porque siempre chocaron con la férrea voluntad de Atena.

Y si esta horripilante creatura está aquí encerrada, es porque la voluntad de Atena no le permite salir a la superficie.

Es odio y dolor puro, un cumulo formado por generaciones de caballeros que han celado a Atena, detestando todo sobre lo que ella posa su mirada, se detestan a sí mismos por no haber sido elegidos por ella.

-¿¡POR QUÉ NOSOTROS NO PODEMOS SER AMADOS!? –Le gritó aquella criatura a Hyoga de un modo tan fuerte que por poco lo deja sordo, pero por su estoicidad nata el rubio nada demostró, sólo se limitó a mirarlo fijamente. -Tú no eres como nosotros, tú no la amas como nosotros. No conoces nuestro dolor. ¡JAMÁS PODRÍAS ENTENDER NUESTRO DOLOR!

Grandes llamaras surgieron alrededor del cisne. La creatura empezó a desesperarse al ver que el fuego nada le hacía. El calor se hizo más intenso, pero Hyoga, con un firme y fuerte gesto de su mano libero su cosmos el cual obligo a retroceder al fuego.

-¿¡POR QUÉ NO TE QUEMAS EN ESTE INFIERNO COMO NOSOTROS!?

-Porque no soy tan débil como tú para dejarme consumir por estas llamas.

-¡ERES UN MENTIROSO! ¡TÚ NO LA AMAS!

Hyoga dio un par de pasos al frente.

-Mi amor por ella no es una farsa. Yo la amo. Si ella no estuviera por encima de todo no habría tenido fuerzas para encarar a mi maestro y a mi amigo. Renuncie a ellos e incluso renuncie a un amor distinto al que ella me ofrecía porque de no hacerlo la habría lastimado. Habría convertido mi existencia como caballero en algo inútil y me habría llenado de desesperación como están ahora todos ustedes. ¡Mírense en lo que se han transformado! ¡Hasta donde los ha llevado esta obsesión por ella!

-Me estás pidiendo que renunciemos al amor que sentimos por ella.

-No, eso es imposible para un caballero; les estoy pidiendo que renuncien a su egoísmo y acepten el amor que ella les da sin ambicionar más.

Aquella creatura se retorció sobre si misma tras escuchar al cisne, retrocedió temblando mientras meditaba las palabras escuchadas. Sin embargo pronto recobró valor y el fuego volvió a avivarse.

-¡NO EXISTE NADIE TAN FUERTE PARA ACEPTAR ESO! ¡QUIEN PODRÍA ACEPTAR VIVIR SIN NUNCA PODER OBTENER LA FELICIDAD! ¡COMO PODRÍA ACEPTAR ESTE DOLOR!

Las llamas se levantaron por encima de Hyoga y cual remolino lo rodearon con toda intención de quemarlo. Reaccionando, el cosmos del cisne se incendió a toda su potencia extendiendo enérgicamente sus brazos para liberar el viento helado Hyoga, nuevamente obligó al fuego a retroceder.

-¡Mi amor por ella me ha hecho fuerte, más fuerte que cualquiera, más fuerte que todo este dolor! –les gritó. -¡Yo soy un caballero de Atena y vivo mi vida como tal! ¡Miro a mi diosa a los ojos y soy lo que ella necesita! ¡Amo a mi diosa con plenitud, todo lo que ella es, amo su humanidad que me hace desearla como mujer, amo su divinidad aunque la vuelva un ser inalcanzable, amo las debilidades de su ser material, amo su poderoso cosmos que me reconforta, amo su sabiduría que me guía y sus silencios que me desconciertan! ¡Jamás permitiré que mi amor se convierta en el oscuro deseo de posesión! ¡En algo que la lastime y atormente! ¡Que le robe su libertad! ¡Es por eso que soy fuerte y digno del título de caballero! ¡El caballero que se permite dominar por sentimientos oscuros no es digno de serlo, ni es digno de Atena! ¡Así que vuelvan a ser dignos de su mirada!

Nuevamente el monstruo retrocedió, está vez como si lo hubieran herido de gravedad, por lo que Hyoga avanzo hacia él.

-¡Compórtense como caballeros! –Les exigió el rubio. -¡Un caballero no se deja dominar así por sus emociones!

-Con que un caballero debe de ser frío…

Hyoga frunció el ceño confundido por la voz que le respondió. De aquel amasijo uno se empezó a alzar sobre los demás. Su cabello es rubio y sus ojos claros y profundos.

-Nos llamas cobardes, cuando aquí el único cobarde eres tú.

Hyoga apretó los puños, es ahora cuando empieza lo difícil, he iba a encarar a ese que tiene su mismo rostro cuando un dolor quemante le atraviesa el pecho.

-No te quemas en nuestro infierno, porque te quemas en el tuyo propio.

Aunque Hyoga se esforzó por mantenerse de pie, le resultó imposible, realmente se estaba quemando por dentro. Con dificultad alzó la mirada encarando a ese y sólo pudo hacerlo porque desde que Saori le encomendó esta misión, pasó el tiempo entrenándose y preparándose psicológicamente para encarar a su propio demonio.

-Aquí el único cobarde eres tú. No te mientas, no estás orgulloso de tus renuncias. Si has renunciado a algo es porque no tienes el valor de tomarlo. Nunca has tenido el valor suficiente de luchar por aquello que amas. Simplemente dejas que se vaya porque nunca te has sentido digno.

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Krasavitsa (Hermosa) Atena, respóndeme ¿acaso él tiene razón? ¿Simplemente acepto que ames a Seiya por qué a diferencia de los demás, yo no tengo el valor para luchar por tu amor?

¿Sólo he renunciado sin luchar?

Sí, sí lo hice, vi en tus ojos el amor por Seiya y me convencí a mí mismo que estaba bien, porque yo nunca podría ser digno de ti.

Krasavitsa, no sé cuándo empecé a sentir amor por ti, a veces creo que desde que era niño pero tu forma de ser y el mundo tan hostil en el que vivía no me dejaban espacio para pensar en ti, ya que el sobrevivir por otro día se llevaba todo de mí. Sin embargo no puedo negar que aquella noche en el que nos quedamos atrapados en aquel foso, cuando pronunciaste mi nombre me sonroje.

Cuando volví a ti convertido en caballero mi ser era un lio, nunca quise el portador de la armadura del cisne, lo acepte sólo porque por mi culpa Isaac se había perdido en el mar. Quería reponer en mí, la vida que le había quitado. Ya no era mi vida la que estaba viviendo.

Así que aunque me di cuenta que mi corazón latía por ti, no hice nada, pues, cómo pararme frente a ti cargando tales culpas. Yo no era digno de que tú posaras tus ojos en mí, así que fingí que este sentimiento no existía.

Yo no tenía ningún aprecio por mí.

Fue por eso que sucumbí tan fácilmente en la casa de Libra, ya que no tenía deseos de luchar por mí vida, al contrario, en cuanto me vi en el umbral de la muerte corrí hacia él; hasta que me tomaste de la mano.

Shiryu dice que cuando Mascara de la Muerte lo transportó al Yomotsu me vio en la procesión de los muertos. Yo no recuerdo eso. Mi único recuerdo es que yo iba corriendo hacia mamá pese a que ella me pedía que me detuviera. Y no me habría detenido sino me hubieras tomado de la mano. Krasavitsa (Hermosa), de pronto sentí que me sujetaste y voltee a verte. Me perdí en tus ojos.

Tuve la certeza en ese instante, tú eres lo que más amo Diosa mía, era un sentimiento que en la torpeza de mi vida había relegado a un rincón.

Y tú me veías a mí, no a la persona que había montado como una farsa, ese que vivía pagando sobre si la vida de Isaac. Reclamaste a Hyoga, tu Hyoga. Ese era el que querías, el que te era necesario.

Me sentí infinitamente dichoso por eso.

Yo volví a nacer en la casa de Libra; tú, Shun, Shiryu y Seiya trajeron a la vida a ese Hyoga que se perdió en el mar junto a Isaac.

Mi vida ya era mía de nuevo, el sacrificio de todos ustedes me la había devuelto. Ya era yo capaz de amarte libremente… pero tu corazón pertenecía a otro. Créeme Krasavitsa eso no me atormentó, ese día en Libra, cuando al borde de la muerte me perdí en tus ojos, cuando Shun se desgastaba por salvarme, me prometí que convertiría en un hombre digno de su sacrificio. Lyubimaya (Amada) Saori, me prometí convertirme en un hombre extraordinario, alguien totalmente digno de tu amor.

Amas a otro, eso es cierto, pero sé que en tu corazón yo no soy menor que ese. Tu mirada llena de amor por mí me lo dijo. No seré Seiya pero yo te voy a demostrar que soy un hombre extraordinario.

El amor que me has profesado me ha convertido en un hombre que no se rinde jamás.

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Mi deber como caballero dorado es ayudarlos,

porque cuando uno jura proteger algo valioso

devela la fuerza que yace en su interior.

Camus de Acuario en Episodio G

Con gran dificultad Hyoga se levanta y mira fijamente aquel que es su doble.

-Que patético era en ese entonces. –Le dice a su doble con una sonrisa. –Porque si eres yo, solamente puedes ser el perdedor que antes era y como bien dices, no tenía valor para luchar y cambiar las cosas, pero ¡Ya no soy así!

Tambaleante por el dolor en su pecho, Hyoga camina un par de pasos encarándolo.

-No puedes vencerme. Me volví más fuerte que esta pena y este dolor. Yo no me conformo a no a ser amado por ella, porque lo soy. ¡Yo soy digno de su amor y ella me ama! Y aunque la forma en la que me ama sea distinto a la forma en la que ama a Seiya, yo no envidio ese amor y no me interesa lo que ella le da a otros. El que ella ame a otro no me va hundir en el infierno. Voy hacer lo que todos ustedes no pudieron, voy a demostrarle que soy un hombre extraordinario.

Ante esas palabras el Hyoga que tenía en frente se volvió polvo.

La creatura nuevamente se retorció sobre sí misma, sabía que el cisne había venido a este lugar para acabar con ella y no sabía cómo defenderse, cientos de miradas se posaron sobre el rubio; unas con odio, otras avergonzadas, otras dolientes y otras llenas de rabia.

Mientras, Hyoga elevaba su cosmos para atacar, pero justo cuando juntaba sus manos, unos afligidos ojos esmeraldas lo detuvieron.

Hyoga bajo los brazos derrotado, esas orbes esmeralda siempre pueden más que él.

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Krasavitsa (Hermosa) Atena, por mis rubios cabellos sueles llamarme Solnyshka (Solecito) cuando más triste me siento. Siempre lo notas, pues aunque me esfuerce por ocultártelo, tu mirada me atraviesa y nada puede esconderte mi corazón.

Cada sentimiento que experimento tú lo sabes antes de que yo mismo lo descifre. Y así como yo trato de ocultarte sin éxito mi tristeza, cuando tú intentas esconder la tuya, también te descubro.

En aquellos días, cuando Seiya estaba grave en el hospital tras haber luchado contra Hades, Krasavitsa, ibas a mi cuarto a dormir junto a mí, te ponías a llorar para sacar toda tu tristeza, preocupación y hasta culpa; pues no podías mostrar esos sentimientos a los demás. Tu orgullo de diosa no te dejaba, y no por vanidad, sino porque sabías que si veíamos tus lagrimas nos derrumbaríamos también, pues habíamos perdido a muchos de nuestros hermanos, y tu siendo nuestra Diosa tienes la obligación de sostenernos. Además, tampoco querías herir a alguien mostrando el inmenso amor que sentías por Seiya.

Aún recuerdo ese momento, estabas contemplando el paisaje a través de la ventana del hospital, por lo que la luz naranja del atardecer iluminaba tu faz. En la expresión de tu rostro no había ninguna emoción y sin embargo sentía que te estabas rompiendo porque los doctores no nos daban esperanza alguna de que Seiya se recuperara, al contrario, nos dijeron que nos resignáramos y que ya no harían nada por él más que mantenerlo cómodo mientras esperaban su fin.

Por eso estabas mirando el horizonte cual estatua imperturbable, enterrando todo tu dolor dentro de ti.

Todos se habían ido buscado un lugar privado donde llorar lejos de las miradas de los doctores y enfermeros, de extraños que nos mirarían con compasión sin entender verdaderamente nuestro dolor. Sólo yo me quede porque era mi turno de cuidarlo.

Aun sabiéndolo, mire alrededor para comprobar que no había nadie, pero tenía que estar seguro, quería conservar este recuerdo sólo para mí, pues se volvería el momento más sagrado de mí vida, mi secreto más guardado, ya que ni siquiera con Shun lo compartiría.

Te tome en mis brazos, ni tiempo te di de reaccionar y te dije lo mucho que te amaba. Me confesé ante ti como un hombre enamorado que sabía que nunca sería correspondido porque amabas a otro, pero estaba bien, ya que a ese otro yo también lo amaba.

Así es, el que dos de las personas que más amo en el mundo anhelen estar juntos me hace feliz. Aunque me seduzca el perfume de tu cuerpo y tus labios me hipnoticen, aunque codicie el brillo de tu mirada y me pierda en tu perfecta silueta; no abrigo celos del amor que sientes por Seiya, porque muchas veces me has demostrado tu amor y porque desde que era niño Seiya me arrebató el corazón con la sinceridad de su amistad totalmente desinteresada. Nada ganaba cuidando de mí, al contrario, sólo obtuvo golpes, pleitos e insultos, y muchos malos ratos. Ha estado conmigo en todos mis pesares. Así, cómo podría codiciar algo suyo si lo que quiero es que la vida le pague como yo no he podido hacerlo.

Krasavitsa tu sabías que yo quería cuidarlo y protegerlo como él hizo conmigo siendo niños. Aunque yo no te lo revelara tú siempre has escuchado mis oraciones, constantemente te elevo mis plegarias porque desde que era pequeño has sido misericordiosa conmigo, pero en ese momento no podías concedérmelo porque aunque eres una diosa no eres absoluta.

Por eso rompiste a llorar en mis brazos, mis constantes oraciones hacia ti te han descubierto mi corazón y sabías que en mí podías llorar segura de que no me lastimarías y que me darías el consuelo de ser lo que necesitas, como tantas veces te lo he pedido en mis rezos.

Todo ese peso era demasiado para ti, no sólo lloraste esa tarde, sino que cada noche ibas a mi cuarto a llorar en mis brazos hasta quedarte dormida.

E Igual que cuando éramos niños, el contemplarte dormir segura entre mis brazos, me llenaba de paz.

Sé que hubieras querido que ese fuera nuestro secreto. Pero parte del peso que cargas es la de ser siempre observada, siempre codiciada, siempre prisionera del amor de tus caballeros.

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El joven rubio se encontraba desarmando el motor de su motocicleta, se sentía feliz, Seiya había presentado una leve mejoría, pues sus signos vitales no sólo estaban estables, sino que se iban fortaleciendo poco a poco.

La alegría huyó del rubio en cuanto percibió a Shun entrando al garaje. Lo recibió con enfado y repasó mentalmente a los habitantes de la mansión, a esta hora no debería de haber nadie y Shun lo sabe. De seguro antes de venir aquí se cercioró de ello.

Al menos no tendrían testigos.

Siempre supo que Saori causaba celo entre sus compañeros, pero nunca pensó que el que le reprobaría, el que lo miraría con ojos acusadores sería Shun. Y a eso vino, esperó un momento propicio para aparecerse como inquisidor sintiéndose con el derecho a juzgarlo. Y aunque a cualquiera que lo interrogara podría contestarle con su indiferencia indescifrable, Shun descubría sus pensamientos y sobre todo siempre encontraba las exactas palabras para sacarlo de su centro.

Así que decidió no gastar energías en ocultar sus emociones, apretó los puños y molesto lo miró a los ojos. Todo había cambiado entre ellos desde ese día en que Shun percibió el aroma de Saori en su cama, pues a partir de allí el peliverde empezó a comportarse hosco y hasta hostil con él.

-¿No vas a decir nada? –Le espetó Andrómeda secamente.

Pero Hyoga calló y lo encaró con la soberbia y la dignidad de su constelación, pues no daría un paso atrás ni daría explicación alguna. Era cierto que Saori dormía en su cama, pero nada más y el hecho de que le exigieran aclararlo lo consideraba una ofensa grave, no hacia él, sino para ella.

-¡No sueltas una maldita palabra! ¡Tú bien sabes que Seiya la ama!

-Entonces que sea él el que me reclame. –Ante esas palabras una chispa de furia brillo en los ojos de Shun.

-¡Ella ama a Seiya!

-Eso siempre lo he tenido claro.

-Espero que no tengas el descaro de decirme que no la amas, que no la deseas como mujer; porque a la vista salta que no es así. –Le soltó con todo el veneno que pudo.

Las mejillas del rubio ardieron llenas de vergüenza y esquivó su mirada por un momento ¿Por qué nunca le puede esconder nada a Shun? Así no podía negar lo que siente, además, tampoco quería decir mentiras.

-Estás en lo cierto, la deseo como mujer. –Le dijo viéndolo fijamente con unos ojos en los que brillaba la valentía. –No es un simple deseo, yo la amo y aun así quiero que ella y Seiya estén juntos.

Shun bajó la mirada, por lo que la expresión de su cara quedo oculta tras los mechones de su flequillo, aun así, Hyoga vio como apretó los puños.

-¿¡Por qué tú si puedes renunciar a ella con tranquilidad!? ¿¡Por qué tu amor no la cela como yo!? Dime Hyoga, ¿¡Por qué si ella sabe que la amas, no huye de ti, como hace con todos, como hace conmigo, que tiene que esconderse de mí para poder llorar!?

Hyoga se asombró, toda esa hostilidad de Shun no era porque estuviera enfadado con él, sino porque realmente está furioso consigo mismo.

Shun levantó la mirada y Hyoga se topó con los ojos más desesperados que había visto en su vida, tan llenos de lágrimas de dolor y tan avergonzados de sí mismo.

-Es evidente que yo no puedo Hyoga, aunque mi boca diga que ella debe ser feliz con quien le plazca, aunque le jure que puede llorar por Seiya sin lastimarme, ella sabe que cada lagrima que derrama por él me carcome. Pero eso no pasa contigo. ¿Por qué? ¿Cómo hago para arrojar lejos de mí este dolor que la entristece al punto que evita verme?

-…Shun…

-¡Dime! ¿¡Que tengo que hacer para dejar de angustiarla con mi amor!? Ya no sé qué hacer, he pensado en irme lejos de ella, pero no puedo vivir sin su mirada. ¿¡Por qué esto que siento se ha convertido en un tormento para ambos y lo que tú sientes le da paz!? ¡Dime!

Hyoga se quedó en silencio. No lograba encontrar una respuesta.

-Shun, yo no sé… -El rubio se perdió contemplando los grandes lagrimones que escurrían por las mejillas de su amigo, no podía dejarlo sin una respuesta que lo calmara aunque sea un poco. –No somos iguales Shun, tú no amas a Seiya como yo.

-¡Seiya es muy importante para mí! ¡Es mi amigo!

-Pero para ti, Seiya no te es tan importante como lo es Ikki.

-¿¡Eso que tiene que ver!?

-Tiene que ver con todo, Shun. Si descubrieras en los ojos de Ikki amor por Saori y en los de Saori amor por Ikki, tú te harías a un lado con tranquilidad porque lo que más anhelas en la vida es ver a Ikki feliz. Tu amor por Ikki te daría fuerzas y no estarías como lo estás aquí hoy.

-Yo no podría asegurar eso.

-Pues yo sí. Tú harías hasta lo imposible porque ellos dos estuvieran juntos.

Shun esquivó la mirada de Hyoga, no está tan seguro de la pureza de su corazón, como estarlo si los celos lo carcomen en estos momentos. Si está hasta celoso de Hyoga, el sólo pensar que Saori duerme en su cuarto ha hecho que la rabia se le escape en todos los gestos ásperos que ha tenido para con el rubio.

Las lágrimas nuevamente se le escaparon al peliverde, se siente indigno de la mirada de Atena, e indigno de la amistad de cualquiera, por causa de estos sentimientos.

-Yo no soy una persona tan noble Hyoga.

-No te mientas, por Ikki y su felicidad te enfrentarías al mismo Zeus.

Shun movió la cara de lado a lado.

-En todo caso, Shun, tú sabes que si sobreviví de niño fue gracias a Seiya. No hubo día en el que no me protegiera. El siempre quiso ser mi amigo aunque yo no me merecía su amistad. Siempre ha cargado conmigo y ha dado luchas que yo debí dar. No ha habido día en el que no me haya demostrado cariño y genuina preocupación por mí. Por todo eso Seiya desde hace mucho se ha quedado con mi corazón. Preguntas por qué amando a Saori ella no huye de mí, porque ve en mis ojos el amor que siento por Seiya. Tú lo quieres y mucho, pero no lo amas como yo.

Hyoga contempló como molesto Shun se talló la cara con el brazo, queriéndose limpiar esas infames lagrimas que insistían en caer por más que se ordenaba parar.

-Shun, "el corazón es un niño espera lo que desea".

-¿Qué?

-Que por más que intentes razonar con él no querrá entender. Tus sentimientos te seguirán traicionando. Así que no deberías de avergonzarte por ellos.

-Lo dice el caballero que debe ser frío.

-Tómalo como experiencia personal, por más que lo he intentado siempre me terminan dominando las emociones.

-¡Eso dices porque lo que tú sientes no la atormenta como yo! ¡Ella no quiere verme!

-¡Ay noble Shunny! Me cuesta trabajo creer que pienses eso. Ella nunca apartaría su mirada de ti, más bien eres tú, el que, avergonzado por lo que sientes andas huyendo de su mirada. Esto te es un dolor tan grande que no lo puedes cargar tu sólo amigo mío, entonces, déjame cargarlo contigo.

-¿eh?

-Las emociones no pueden contenerse Shun, tiene uno que dejarlas fluir para que se desahoguen y se calmen. Si no estuviera contigo ahora que necesitas de alguien, no sería digno de tu amistad. Tú siempre has estado allí para mí. Cuando más perdido me sentía me trajiste de nuevo a la vida. Si estoy aquí es porque tú me diste fuerzas ese día, en Libra, y no sólo eso, en cada pérdida tú has estado a mi lado para sostenerme, por eso déjame cargarlo contigo.

El silencio reino por un momento, Shun entendió perfectamente lo que Hyoga había querido decir con sus palabras, después de todo, en esas ocasiones lo vieron penando su dolor, aceptar todas esas pérdidas nunca le fueron fácil al rubio.

Hyoga siempre le confesó todo lo que sentía, desde la culpabilidad por lo que pasó con Isaac, hasta el dolor que sintió al ver a su maestro Camus investido con esa Sapuris negra. Cada palabra que soltó en su desahogo lo compartió con él.

-¡Ash! ¡Me siento molesto, por no poder hacer más! –exclamó de pronto el rubio. –Esto es una de esas cosas que los hombres sólo pueden resolver de una manera, vienes o te quedas aquí como el nene que eres.

Shun lo miró molesto, pues Hyoga lo llamó nene para retarlo. Sabe perfectamente que el rubio se va a ir a buscar alcohol. -¿Acaso los rusos no saben hacer otra cosa?

-Mira niño es al calor de las copas cuando los hombres se confiesan. Si tú no quieres contarme tus problemas yo no te puedo obligar.

Shun parpadeó confundido por no entender como todo había dado ese giro, cuando Hyoga dio el primer paso para volver a su moto, instintivamente lo tomó del brazo. Hyoga tiene razón, necesita hablar con alguien y no puede hacerlo en este lugar, tan lleno de ella. El ruso le devolvió una sonrisa como respuesta.

-No puedo creerlo, -Siguió hablando el ruso mientras se iban. –bebo té* como un adicto y a nadie le importa, pero en cuanto insinuó el ir a tomarnos unos tragos me quieres mandar a AA.

Esa tarde, Hyoga contempló el correr de las lágrimas de Andrómeda. El chico de cabellos verdes prácticamente no habló, su dolor no lo dejó, pero al menos se sintió un poco aliviado por haberlas dejado caer sin sentirse culpable o avergonzado por ellas. Sería la primera de muchas, en la que Shun junto a él, penaba su dolor.

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Esos ojos llenos de sufrimiento son el castigo de todo aquel que aspira a ser el objeto de tu amor.

¿Quién puede ser tan fuerte como para soportarlo?

Ahora sé amigo Seiya cuanto sufriste. Por este dolor te encontré en el fango ese día. Tus ojos antes vivos y alegres, ahora cargan una pena muy grande que los eclipsa. Siempre fuiste orgulloso y mirabas de frente, pero cuando te encontré tu vergüenza era tan grande que no te atrevías a mirarme a la cara. Me gritaste que eras indigno, que eras un paria para cualquiera de la orden. Estabas sumergido en el lodo porque allí en el sucio fango querías desaparecer.

Tú, que te aferraste a la vida con tal voluntad que ni la espada de Hades pudo arrancarte de ella, esa noche tormentosa en la que te encontré rezabas con toda tu fe porque tu vida te fuera arrebatada pues no podías vivir con tanto dolor por el crimen que cometiste.

Sé que no te arrepientes de haber amado a Saori como lo hiciste, al contrario, plenamente consiente aceptaste el peso de tus actos. Echaste sobre tus hombros todo este dolor.

Dejaste de ser como los demás y te quedaste sólo. Te apartaste de todos esos compañeros que tanto amabas y por lo que darías la vida, enclaustrándote en tu soledad, pues con ¿quién podrías hablar y contarle algo? Peor aún, ya no volverías a verlos a la cara, pues aunque no te avergüenzas de tus actos, si te avergüenzas del dolor que les infringiste.

Te convertiste en un maldito traidor, pues sin importarte el dolor y el sufrimiento que infringirías a tus compañeros actuaste egoístamente para obtener tu felicidad.

Conoces el dolor de sus ojos porque tú mismo lo has sentido en carne propia; la desesperación por no poder expresar ese intenso amor, el tener que enclaustrarlo en tu corazón sin nunca poder dejarlo salir, contemplar a Saori con sumo cuidado y a escondidas para no despertar la furia de todos esos que al igual que tú la codician, vivir en eternos celos de que ella mire a alguien más y maldecirte por esos sentimientos, decirte cada día que eres un egoísta por quererla para ti solo, y cada día matar cualquier esperanza de que ella te amé de un modo distinto a los demás.

Cada día Seiya, sentías el amor emerger con tal fuerza que llenaba todo tu ser y cada día tenías que encerrar ese sentimiento en lo más profundo de tu corazón, amordazarlo y encadenarlo para que no llegara a la superficie, llenándote de dolor y desesperación. Quemándote en el intenso amor que sentías y que se convertía en un infierno.

Y sabes que como tú hay muchos consumiéndose en su propio infierno de frustración.

Sí amigo Seiya, conocías perfectamente el dolor en el que sumergirías a todos los que aman a la diosa como tú. Por eso te sientes como un gran pecador, el mayor de los traidores.

Si ella amara a alguien distinto a ti, morirías de dolor y celos. No habría día en el que tus ojos no lloraran ni en el que maldijeras al destino. Tu corazón se llenaría de espinas.

Por eso agachabas la mirada avergonzado de ti mismo, por haber sido egoísta con tus compañeros y haberles infringido este dolor que es un tormento.

Vine aquí a enfrentar a este monstruo en tú lugar, amigo Seiya. Atena lloró mucho cuando me lo pidió. Se sintió infinitamente egoísta por lanzarme a mí al sacrificio en lugar tuyo. Pero ambos sabíamos que en esta batalla no ibas a salir victorioso.

Vine a pelear en tu lugar, únicamente por ti, pero como siempre los ojos de Shun me hacen descubrir que el universo es más grande de lo que pienso. Me equivoque, no es sólo por ti, es por todos.

Amigo Seiya alguien tiene que pagar por este pecado que has cometido, con las emociones no se puede razonar, sólo se pueden dejarlas fluir para que se calmen.

Todas las veces en las que he sido débil mis compañeros han estado allí para mantenerme de pie y darme fuerzas. Mis compañeros me han sostenido infinidad de veces. Si soy fuerte es por ellos. Así como una vez me sostuvieron ahora me toca a mí.

Hyoga se arrodilló y se despojó de su armadura divina.

Yo voy a cargar con todo este dolor, así como ustedes han cargado con los míos.

Confundida aquella creatura se acercó al rubio en medio de una gran llamarada y por primera vez Hyoga no hizo nada por evitar se quemado.

Lyubimaya (amada) Atena, tu corazón es infinitamente grande, aun estos sentimientos de tus caballeros los guardas aquí.

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El estómago le dolía al niño rubio, pues últimamente no lograba retener alimento alguno y terminaba vomitando a causa del gran estrés en el que vivía y que lo tenía convertido en un verdadero manojo de nervios, al punto en que para todos era visible lo mal que estaba. Llevaba noches sin poder dormir por lo que ya tenía unas muy notorias ojeras. Su cuerpo estaba lleno de moretones, pues todos los días recibía golpizas, por parte de los adultos y por parte de los niños por el pecado de ser extranjero y desconocer el idioma local, lo que le impedía entender a cabalidad que hablaban, por no poder seguir las instrucciones, no poder contestar cuando lo interrogaban o por su marcado acento en las pocas frases que lograba hilar.

En el comedor alguien le metió el pie, el niño rubio y su comida terminaron en el suelo. Entonces empezaron las carcajadas. Cerró los parpados con fuerza, esforzándose por no llorar, trataba de darse fuerzas diciéndose que no les daría el gusto que vieran sus lágrimas, pero lo cierto es que día a día lo estaban quebrando y estaba llegando a un punto en el que no podía más.

Apretó los puños cuando vio la cara engreída de aquel niño, no entendía que le decía pero sabía perfectamente que eran burlas.

Una voz salió en su defensa, un niño castaño que de inmediato se le lanzó a golpes al que le metió el pie. Pronto varios niños gritaban exigiendo pelea, animando a aquellos dos. Mientras Seiya ya tenía a ese en el suelo golpeándolo una y otra vez.

Y el niño rubio sólo veía lo que sucedía, su mente se sentía bloqueada, no lograba entender porque ese niño de nombre Seiya se enfrascaba en peleas por él.

Pronto la voz de varios adultos paró el escándalo. La rígida espada de bambú de Tatsumi se encargó de castigar al rubio, al castaño, al que le metió el pie y a varios más que estuvieron gritando.

Seiya quien fue el más golpeado por Tatsumi, fue lanzado al cuarto de castigo por los golpes que le propinó al otro, sin derecho a comida. Hyoga tuvo que fregar todo el piso que ensució en su "malcriado acto de desperdiciar la comida" por lo que no probaría bocado hasta la tarde del día siguiente. A los otros los pusieron a correr hasta que a Tatsumi le diera la gana de retirarles el castigo.

Esa noche, caminando por el largo corredor lleno de puertas de cada lado que conectaban a las habitaciones de los niños, Hyoga tenía la mente en el cuarto de castigo, cuya puerta le daba término al pasillo. Fue creado como bodega, por lo que no tiene ventanas, aunque tiene un foco que no sirve, por lo que se está encerrado en la oscuridad. Sin muebles ni alfombras, se tiene que descansar en el frío piso.

La puerta es metálica por lo que también es fría y ostenta un gran seguro con candado.

-No te preocupes, -Le dijo un niño de cabello largo y negro, amigo de Seiya, al cual Hyoga sólo conocía de vista. –le gusta estar allí. Dice que es mejor que estar viendo las caras de los demás estúpidos que viven aquí.

-¡Ahora resulta que somos estúpidos! –Le gritaron dos niños, compañeros de cuarto de Seiya y Shiryu.

-Si les queda el saco. –Les contestó Shiryu con ironía mientras entraba a su habitación.

Hyoga caminó un poco más, su habitación estaba justo al lado del cuarto de castigo. Hacía frío y eso le preocupaba, sobretodo porque la mayoría de las veces que Seiya terminaba allí encerrado eran por haberlo defendido.

Le agradaba ese niño por su aire de subversivo justiciero, siempre salía en defensa del más débil y le había declarado la guerra a todos esos niños que le lamían las botas a Tatsumi.

Pero también era de los pocos que no lo molestaban. Al contrario, por alguna extraña razón quiere ser su amigo. Nada comparado con los niños con los que comparte cuarto, esos lo odiaban y eran la razón por la que no podía dormir por las noches, su fortuna no podía ser peor pues le tocó con los niños más revoltosos y violentos del lugar.

Sería una tierra sin ley, pues los adultos poco les interesaba corregirlos, si no fuera por Seiya y cierto niño peliazul al que le temían a muerte, pues sólo bastaba con que este alzara la vista y los mirara fijamente para que dejaran de amedrentar a los demás. Sin ellos, esos cuatro niños y sus amiguitos hubieran convertido este lugar de por si malo, en la antesala del infierno.

Por eso detestaba las noches, sin adultos, sin Seiya, sin el peliazul, sin absolutamente otro niño que tuviera alguna compasión de él, esa habitación era un cuarto de torturas.

Apretó los puños, se dio valor y de inmediato se metió bajo las cobijas.

Tatsumi hizo una inspección y cerró las puertas. Pasaron un par de horas y escuchó ruidos, apretó los parpados y elevó una súplica rogando protección. Sabía que no sería una noche tranquila. No pasó mucho sin sentir que alguien lo jalaba del pie mientras otro encendía la luz.

El niño que le metió el pie en la tarde es amigo de estos cuatro quienes dicen que lo harán pagar por haberlo metido en problemas.

Aunque pataleó y luchó, lo tumbaron de la cama y en el suelo lo agarraron a patadas y a puñetazos. Aquella agresión se estaba tornando demasiada y empezó a gritar, las lágrimas se le escaparon por sus ojos celestes. Los otros tres niños con los que comparte habitación se encogieron bajo las cobijas. No querían problemas con ellos. Mientras que en los demás cuartos los niños escuchaban atentos, no podían hacer más, Tatsumi había cerrado todas las puertas, por lo que no podían salir de sus cuartos.

Seiya que podía escuchar todo, empezó a golpear la puerta metálica que lo tenía confinado.

-¡Ya déjenlo en paz! ¡Lo van a matar a golpes! –Grito alguien en el cuarto, pero de inmediato calló en cuanto aquellos abusivos lo voltearon a ver.

Se hizo un gran alboroto, pues varios niños comenzaron a golpear las puertas de sus habitaciones, en un desesperado intento de llamar la atención de alguien. Pero sobretodos los ruidos se levantaban los sonoros golpes que Seiya le daba a la puerta metálica, parecía que estaba deshaciendo sus puños en su intento de derrumbarla.

Ante ese escándalo, Tatsumi en pijama y con vara de bambú en mano, abrió la puerta del cuarto del rubio, pues se guió por el sonido de llantos y gritos.

-¡USTEDES, SIEMPRE USTEDES! –Les gritó al descubrirlos en pleno pleito.

Aquellos niños corrieron a sus camas en cuanto vieron la furia de Tatsumi, todos salvo Hyoga que no pudo levantarse por los golpes que había recibido, así que fue el primero sobre el que Tatsumi se abalanzó.

Sin misericordia alguna tomó a Hyoga del brazo y levantó en el aire, aquello fue tan brusco que el niño grito de dolor.

-¡LES VOY A ENSEÑAR A COMPORTARSE! –Les gritó el hombre. -¡SON UNOS SALVAJES, PERO A GOLPES SE LOS VOY A QUITAR! ¡ESTO ES LO QUE LE PASA A LOS ALBOROTADORES Y PROBLEMÁTICOS!

Hyoga vio con temor como levantó la espada de madera para golpearlo, iba a empezar con él sin importarle lo maltrecho que estaba.

Todos guardaron silencio, sólo Seiya seguía maldiciendo, golpeando su puerta, pero poco le interesaba a Tatsumi los gritos y advertencias del castaño, hasta que una vocecilla se hizo escuchar justo antes de que Tatsumi soltara el primer golpe.

-¿¡Qué creen que están haciendo!?

Tanto Tatsumi como Hyoga se asombraron al ver a la nieta de Mitsumasa Kido, parada en el umbral.

Y ella miró fijamente al niño rubio, cuyo rostro estaba lleno de lágrimas.

-¡Suéltalo!

-Mi señora, usted no debería de estar aquí.

-¡TE ORDENE QUE LO SOLTARAS!

Sin ninguna cortesía Tatsumi lo soltó por lo que Hyoga se golpeó contra el suelo. Estaba tan lastimado que se no se levantó, sino que se hizo ovillo.

-¡Cómo es posible que no respeten mi casa! –Les gritó Saori a los niños. –¡Los recogimos por caridad y así nos pagan!

Ninguno de esos niños se atrevió a soltar palabra alguna, sabían que cuando se trataba de ella Tatsumi si era capaz de matarlos a golpes.

-¿Quién está encerrado en el otro cuarto? –Pregunto fastidiada por los sonoros golpes de Seiya, quien no paraba de gritar exigiendo que lo sacaran.

-Es Seiya, mi señora.

-Con que Seiya. –Y soltó una sonrisa que atemorizó a Hyoga, porque así sonreía antes de hacerles maldades. –Dame la llave.

Tatsumi se la entregó y Saori salió, quitó el candado más no quitó el seguro. Al escucharlo Seiya dejó de golpear la puerta.

-¿Quieres que te deje salir? –Le dijo la niña en tono burlón.

-¡Ábreme! –Le demando el castaño.

-Tienes que pedírmelo por favor.

Ante esas palabras Seiya respingó. Esa quiere que le suplique y nunca le ha dado el gusto por más golpes que le propinen, sin embargo necesitaba ver a Hyoga. Tragándose su orgullo y apretando los puños tuvo que pedirlo.

-Déjame salir por favor.

-Se te olvido decir mi señora.

Seiya sintió como se le calentaba la cabeza por la furia, nunca la llamaría así, no sería como ese lame botas de Jabu y Tatsumi.

-Veo que no quieres salir. –Dijo ella al no escucharlo.

Si hace un momento no hubiera escuchado gritar a Hyoga de dolor, se quedaría encerrado de por vida, pero con esa preocupación no había lugar para el orgullo.

-Me deja salir, mi señora.

Y la pequeña Saori corrió el seguro y abrió, pero se topó con un niño que la miraba con la furia en sus ojos castaños.

-Dilo más fuerte, que todos te oigan.

Seiya temblaba del coraje. Así que llenó sus pulmones.

-¡ME DEJA SALIR, MI SEÑORA!

Le gritó con todas sus fuerzas, con toda la intención de dejarla sorda, pero Saori ni se inmuto.

Saori se hizo a un lado y Seiya pasó corriendo buscando al rubio, quien ya había logrado sentarse recargado en la pared. El castaño se asustó de sólo verlo ya que estaba muy golpeado. Entonces miró con furia a los agresores del rubio.

-Tatsumi, cambia a Hyoga a la habitación de Seiya. –Pidió la niña.

-Pero señora…

-¡Te di una orden Tatsumi, o es que tengo que llamar a alguien más del personal!

-Por supuesto que no, se hará como usted ordene mi señora.

Ni Seiya ni Hyoga podían creer este gesto.

-Y llévalos a la enfermería. A Seiya levántale el castigo. A los otros disciplínalos por atacar a Hyoga.

Con trabajos Seiya ayudó a Hyoga a levantarse, fue cuando el rubio se dio cuenta que Seiya tenía los puños desechos. Al salir miró la puerta metálica que ahora se encontraba abierta, estaba llena de sangre porque Seiya se hirió al golpearla.

Hyoga ya no volvió a su antigua habitación, cuando vio sus cosas en el cuarto de Seiya se sintió liberado.

No pasó mucho sin que Seiya se metiera en su cama, incluso el personal los vio y alguien iba a decir algo, pero Saori había exigido que no los molestaran.

Estando en otra habitación, con Seiya a su lado, el rubio se deslizó al sueño con una tranquilidad que no había experimentado desde que su madre murió.

Por varias noches Seiya durmió junto a él, lo hizo hasta que sintió que el pequeño rubio había recuperado sus fuerzas y podía valerse sólo.

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El sonido de un llanto atravesó el espacio, como era costumbre a ese niño de cabellos verdes siempre lo molestan los bravucones. Hyoga volteó buscándolo pero no se movió de su lugar, ya que como un rayo, un chiquillo peliazul paso a su lado. El chillido ceso rápido como siempre. Al ver al hermano, aquellos huyeron a pesar de ser seis.

En este orfanato gobierna el más fuerte, y si alguien había demostrado ser merecedor de tal título, era ese otro niño de cabellos azules.

Ikki le secó las lágrimas a su pequeño hermano para después encaminarse al otro lado del gran jardín, por lo que Shun se levantó y fue tras él. Hyoga los contempló al irse, ese par era afortunado por tenerse el uno al otro. Pues aunque Ikki se metía en muchos problemas por defender a su hermano, a su modo, Shun también gastaba muchas energías en cuidar a Ikki.

Hyoga empezó a caminar, este orfanato es un lugar cruel, se tiene que ser fuerte para sobrevivir en él.

Había avanzado bastante cuando vio a aquellos seis que molestaron a Shun. Desde que llegó, el ser extranjero y su acento le ganaron el ser blanco de absolutamente todos los niños abusivos del lugar. Ha recibido insultos, burlas, malos tratos y sobretodo golpes. Así que apretó los puños, nuevamente tendrá que pelear para defenderse.

Aunque pelea con todo aun no es capaz de luchar contra seis. Por lo que no tarda en estar en el suelo protegiéndose de las patadas.

-¡Déjenlo en paz! –Fue el grito de un niño castaño que corre hacia ellos dispuestos a defender al rubio.

-¡Es Seiya! –Gritó asustado uno de los niños.

-¡Somos seis, esta vez no nos va a ganar el muy maldito!

-¡Pero no viene solo, Shiryu también viene hacia acá!

-¡No importa somos seis!

Esos niños no pensaron que con Hyoga iban a ser tres contra seis y que además nunca habían logrado vencer a Seiya, pues necesitaban ser al menos cuatro para meterlo en problemas. Seiya se les fue encima a los golpes, Shiryu también peleaba muy bien y con trabajos Hyoga se levantó y continúo en la lucha. Aquella guerra de puños y patadas no duro mucho, pues realmente aquellos seis estaban en desventaja, en cuanto pudo el más cobarde hecho a correr, al verlo otro lo imitó, un tercero entendió que ya habían perdido y también corrió.

Ante eso el líder de la banda no tuvo de otra más que aceptar la derrota y también pretendió huir, pero Seiya no estaba decidido a parar la guerra, se fue corriendo tras él. En tanto los que peleaban con Hyoga y Shiryu también optaron por aprovechar el momento, sabían que Hyoga y Shiryu no los iban a perseguir y lo mejor era esconderse de Seiya, pues en cuanto terminara con el otro seguirían en su lista. Seiya no iba a parar hasta darle una tunda a cada uno de los atacantes de Hyoga, así le tomara días, pero no se iba a quedar sin vengar al rubio.

Un rato después, Hyoga y Shiryu se encontraban junto a la llave del jardín limpiando sus heridas, el rubio estaba muy sucio, por las patadas que le dieron, además de que tenía moretones por todos lados. Hyoga alzó la vista al ver venir a Seiya riéndose de su victoria.

-Tardaste mucho en volver. –Dijo Shiryu sin voltear a verlo, trataba de quitar de su pantalón la marca de tierra que le dejo una patada.

-Me faltan cuatro. –le contestó a Shiryu, luego volteó a ver al rubio -Pero quise venir y ver como estabas gai-jin.

-¡Ah! Ya estás ajusticiando a cada uno de ellos. –Comprendió Shiryu.

-Los muy cobardes se ponen a chillar y a decir que ya no volverán a molestar al gai-jin.

No es la primera vez que Seiya declara la guerra a quien molesta al rubio, ha molido a puños a tantos que ya casi no lo molestan. Si no fuera por su protección no podría caminar por el jardín sin recibir una golpiza diaria pues hay demasiados brabucones en este lugar.

-¿Rubio, te sientes mal? Andas muy callado.

-Ya deberías de saber que este no sabe hablar. –Dice Shiryu al ver que Hyoga como de costumbre sigue encerrado en sus pensamientos, porque su poco japonés no le alcanza.

-¡Sí sabe hablar! … algo… yo lo he escuchado… una vez. –Fue diciendo bajando el tono de su voz, por no estar muy seguro de lo que decía. -Como sea, tengo que buscar a los que me faltan.

-…Dejarlo así… -Dijo el rubio.

-¿Eh?

-Ya… dejarlo así… nadie ser para que me defender.

-Rubio, -Dijo Shiryu sonriendo. –lamento decirte que tu japonés no mejora nada. Se dice "Nadie soy para que me defiendan".

-¡Ah! Eso dijo. Pero ¿Cómo que eres nadie? Hyoga eres alguien, eres mi amigo.

Y luego de esto Seiya echó a correr, todavía le faltaban cuatro bravucones que a puño limpio les iba a enseñar no meterse con el rubio.

Hyoga lo siguió con la mirada, era la primera vez que Seiya lo llamaba por su nombre.

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–¡MALDITO SEAS! ¡MIL VECES MALDITO!

Esa voz …

–¡ERES UN MALDITO DEBILUCHO! ¡UN FRACASADO! ¡TODO TÚ ERES UNA MENTIRA! ¡TODO TÚ DA ASCO! ¡TE OSTENTABAS COMO EL ÁNGEL BUENO MIENTRAS ME HACÍAS SENTIR COMO EL DEMONIO!

–¡Cálmate Jabu!

Esas voces suenan tan lejanas y distorsionadas…

–¡NO ME VOY A CALMAR! ¡ESE BASTARDO ESTÁ MUERTO! ¡VOY A ESCUPIRLE COMO SE MERECE! ¡VOY A PISOTEARLO COMO EL GUSANO QUE ES!

Algo está pasando…

–¡PERO QUÉ, ESA FUE LA ORDEN QUE LES DI! ESE MALDITO MESTIZO YA NO ESTÁ PARA CONTRADECIRME, O ES QUE ¿ACASO VAS A DESOBEDECERME? ¿TE VAS A DECLARAR UN TRAIDOR A LA ORDEN DE ATENA?

¿Qué fue lo que pasó?...

–Shiryu, toma a Seiya y márchate.

–Pero Ikki…

–Si no sacas a Seiya de aquí el sacrificio de Hyoga será en vano ¡Así que lárgate de una buena vez!

Esas voces deben ser de Ikki y Shiryu, pero ¿por qué sus voces carecen de esperanza?

-¡ESPERA! ¡NO TE DEJARE QUE LE HAGAS DAÑO!

-¡MÁS QUE EL PATRIARCA ES NUESTRO AMIGO! ¡NO CREAS QUE NOS RENDIREMOS TAN FÁCILMENTE!

Están peleando, ¿por qué?...

Recuerdo el fuego que me consumió…

Atena había guardado el dolor de sus caballeros en su corazón…

Pero ahora yo estoy cargando con ese dolor…

Entonces ¿Por qué siguen peleando?...

Por que no importa donde esté el dolor sigue existiendo…

-¡MORDIDA DE LEÓN!

-¡ABRAZO DEL OSO!

-¡GOLPE DEL AVE FÉNIX!

No puedes quedártelo Hyoga, tienes que romperlo…

...Recuerda Hyoga, recuerda tus palabras, si tu amor por mí no te alcanza, usaras tu amor por Seiya y yo agregaría, que aun eso no te alcanza, pero, aun tienes el amor que sientes por todos tus hermanos…

Tu puedes Hyoga…

Siempre has sido lo que yo necesito…

Tienes que romperlo Hyoga…

Tu Diosa le ha roto su corazón a sus caballeros, justo es que un caballero le rompa su corazón a Atena…

–¿Qué esperas? Crees que vas a ver miedo en mis ojos, ¿arrepentimiento acaso? No me arrepiento.

Esta es la razón por la que Seiya nunca habría podido hacer esto.

-Odiare a Seiya hasta más allá de la muerte. Y ese cisnecito, fue un estúpido debilucho, si Ban no me hubiera detenido lo habría pateado hasta deshacerlo en mis botas.

Tiene que romper el corazón de Atena. Por lo que Hyoga asesta el primer golpe.

-No pediré perdón. No sabes el placer que me invadió cuando sentí su dolor al ser quemado vivo. Lo disfrute tanto. ¿QUÉ ESPERAS? Eres un maldito cobarde. Eres igual miserable que Hyoga.

De otro modo el infierno en el que todos viven jamás terminará.

Este veneno en el alma que lo consumió y que ahora carga es lo único lo suficientemente fuerte coma para partir en pedazos el corazón de la diosa.

Por lo que Hyoga golpea una y otra vez.

Hace un momento se perdió en sus recuerdos buscando fuerzas para aguantar tanto dolor. Para que ya no haya un solo caballero sin esperanzas. Para tener en sus manos la fuerza para crear un mundo mejor.

Un mundo donde Seiya se sienta perdonado por haber lastimado el corazón de sus compañeros.

Un mundo donde Shiryu e Ikki no tengan que contemplar el dolor de sus hermanos sin poder hacer nada para consolarlos.

Un mundo donde todos los que la aman como Shun se sientan amados intensamente por su Diosa.

-Estuviste luchando con el fuego ¿verdad? intentaste llegar y salvarlo y no pudiste. Eres patético… ¿QUÉ ESPERAS? ¡HAZLO YA!

Y el corazón de Atena se rompe en millares de estrellas y nuevamente el fuego comienza a rodear al cisne y su espíritu comienza a cantar.

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El mito dice que en la agonía de la muerte los cisnes cantan llenos de dicha, porque sus ojos dejan de ver el presente pues, teniendo el don de la videncia, los cisnes se pierden ante la visión de un futuro glorioso, lleno de paz y de dicha.

Su espíritu entra en éxtasis ante lo que vaticinan e inmediatamente empiezan a cantar. En ese momento no es que el cisne muera a causa de lo que le rodea, sino que su ser completo se consume en el ansía de esa vida futura.

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A ti Hyoga,

que por mi nombre has tenido que luchar contra los que amaste

y que con fe me has pedido ser lo que yo necesite,

te daré la fuerza para proteger a los que llamas familia.

Por mi sagrado nombre te juro, mi fiel caballero

que yo te bendigo con la luz de mi cosmos,

de ahora en adelante tu voz será mi voz, y tu puño será mi puño.

Así como yo domino en la tierra,

desde ahora tú dominaras en mi nombre.

Pues te revestiré con mi escudo y mi victoria.

Ya no serás caballero, serás mi guardián de bronce en la tierra,

serás imponente e indomable,

serás un poderoso Talos

y nada podrá derrotarte.

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Notas de la autora

1.- "No puedes tomar los cachorros del tigre sin entrar en su madriguera" es un proverbio japonés.

2.- La historia de Hyoga sobre ese día en que Saori fue arrojada a un foso la tome de otro fic mío titulado "El elegido para ser el caballero del cisne" iba a ponerla en algún recuerdo pero no lo sentí armonizado con el fic así que Hyoga sólo hace una pequeña semblanza. Si la quieren leer bien pues es el capítulo 1.

¿Por qué fui floja y no me invente otra historia?

Simple, esa es la historia que escribí para probar que Hyoga es el elegido como caballero del cisne, es mi canon de cómo ocurrieron las cosas por lo que me resulta difícil cambiarlas para crear nuevas.

Un día voy hacer una antología con todas las historias de Hyoga niño y que tengo dispersas por tantos fics, pues narran una historia muy bonita entre Hyoga y Seiya.

3.- Meditando sobre la diferencia del cosmos entre un Dios y un humano, la única diferencia es que ellos afectan todo el entorno con su voluntad. Es verdad que no parecen tan sorprendentes en batalla pues hemos visto a Seiya y compañía luchar con ellos (con muchos problemas y aplicando la de "no somos machos pero si somos muchos" XD) y aunque es Saori quien generalmente da el golpe vencedor, lo hace combinando su cosmos con el de sus caballeros. ¿Entonces, qué hace especial el cosmos divino? Bueno no hemos visto que el cosmos de un caballero inunde la tierra o mueva planetas o construya templos completos de la nada. Y aunque no hemos visto a Saori transformar el entorno con su cosmos, parece que en Next Dimention ahora si está afectando a la tierra. El capítulo 74 realmente me ha dejado intrigada.

4.- "El corazón es un niño, espera lo que desea" es un proverbio ruso.

5.- Según leí en el internet, la bebida más popular en Rusia es el té, para un ruso cualquier excusa es buena para echarse una taza de té. Pero no me crean, como les dije lo leí en el internet un día que andaba buscando costumbres rusas.

6.- Gai-jin: significa extranjero en japonés.

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