Negocio cerrado

-¿Usted? Parece que se ha cogido el día para molestarme, señorita Swan ¿Cómo me ha encontrado?

-¿Am? No la estaba buscando…Eh…Regina- leyó el nombre en la placa de su mesa

-¡Mills! Para usted es señora Mills

-Está bien, Regina, mire…Sé que no hemos empezado con buen pie, pero estoy aquí por negocios, no pensé que sería usted, pero, en fin…

-¡Robin! ¡Te mato!- habló para sí misma –Pues bien, siéntese, señorita Swan. Vamos a los negocios.

Regina explicaba cómo iba a funcionar todo si ella aceptase, habló de todos los beneficios y de las posibles eventualidades de las que no tenía por qué preocuparse, pues estaban acostumbrados a los reveses del mercado, que todo saldría bien y ambas partes saldrían ganando. Ella notó que la rubia se mordía las uñas mientras ella hablaba, aquello sacaba a Regina de quicio, Emma parecía nerviosa con la presencia de la morena que clavaba su mirada en los ojos verdes, era intimidador.

-Resumiendo, señorita Swan, compro una parte de su pequeño negocio, vosotros crecéis en el mercado y todos salimos ganando. No tiene nada que perder, solo tiene que ganar conmigo, entro con el capital y usted entrar con la mano de obra. Tenemos que estar de acuerdo en que no tenéis mucho…-Regina fue seca y ruda -¿No me va a hacer esperar más, verdad? Sinceramente, no dispongo de mucho tiempo, y si no quiere, habrá otros más inteligentes que usted que aceptarán la propuesta.

-Eh…- Emma se lo pensó un poco más, la propuesta era excelente, pero su orgullo martilleaba en su interior. ¡Justo esta mujer! ¡Esta persona arrogante y despreciable!

Además, Regina la miraba como si fuera a fusilarla, era irritante, sin embargo sexy, es lo que Emma pensaba: ¡Me cago en Dios, qué buena está esta mujer! No tenía mucho en que pensar, sus padres confiaron en ella, y no iba a decepcionarlos.

-Está correcto. Cerraremos el negocio- dijo sin ganas. Su mirada descendió hacia el escote de la presidenta, a Regina no le pasó desapercibido el gesto, lo vio extraño, pero prosiguió con una sonrisa malvada y amplia, gloriosa.

-¡Optima elección, señorita Swan! ¡No se arrepentirá!- se levantó, abrió la puerta y extendió la mano hacia fuera para que Emma saliera -¿Belle?- llamó a su asistente –Lleva a la señorita Swan al despacho de Robin. Va a firmar algunos contratos.

-¡Sí, señora Mills!- Belle se levantó y le mostró el pasillo que conducía al despacho de Robin.

Finalmente el día acabó y Regina se fue a su apartamento, un día completo, pero bueno para los negocios, estaba feliz por cómo avanzaba su vida personal, todo iba según lo planeado. Se preparó la cena, se sentó a la mesa como hacía todas las noches, sola. Tomó su baño, se puso un camisón y se echó. Se puso a pensar en la mirada de la rubia hacia su escote, ¿acaso la estaba mirando? Es bonita. ¿Eh? ¿Regina? ¿Qué te está pasando? ¡A ti no te gustan las mujeres!, se reprendió y enseguida cayó dormida mientras intentaba entender sus pensamientos.

Lejos de allí, en otro punto de la ciudad, Emma estaba inquieta en un bar.

-Otra cerveza, por favor- le pidió al camarero

-¡Emma! ¿Eres tú? ¡Cuánto tiempo!

-¡Hola, Ruby! ¡Qué bueno verte! ¿Cómo estás?- se levantó para saludar a la amiga

-Bien, echándote de menos, rubia…Nunca me llamaste…- dijo tirándose a los brazos de Emma

-Eh…ya sabes…mucho trabajo. Y te dije que me iba a tomar un descanso de esa vida de granuja, ¿sabes?

-¡Ah! Pero no sirves para eso, rubia, ven conmigo hoy…Estoy tan sola…- dijo deslizando la mano entre las piernas de la rubia.

-¡Su bebida, muchacha!- el camarero colocó otro vaso en la barra y la cerveza en el hielo.

-No hagas eso, Rubs, sabes que me gustas mucho, pero hoy no- le quitó la mano de su muslo

-¿Estás saliendo con alguien? ¿Es por eso? ¿Es Lily, verdad?

-¿Qué? ¡No! ¡Lily y yo solo somos amigas!

-¡Ya, igual que todas las demás, eres una sinvergüenza, Emma!- se levantó de su regazo y se sentó en la banqueta de al lado y pidió un whisky.

-Puede ser…- respondió tomando su cerveza

-¿Estás detrás de alguien, Ems?- preguntó preocupada por la amiga, nunca se ponía así

-No. Es solo…Déjalo, Rubs, ya me voy. ¡Hasta luego!- le dio un beso en la mejilla a la amiga y dejó un billete debajo del vaso.

Paró un taxi y se fue a casa de sus padres. Emma no dejaba de pensar en Regina, en lo hermosa e intrigante que era, ojos misteriosos, no pudo dejar de fijarse en la boca de la morena, qué labios carnosos, pensó en haber visto una cicatriz en el labio superior de la morena, pero no estaba segura, hizo una nota mental de fijarse mejor la próxima vez, pero, ¿qué próxima vez? Regina era la presidenta de la empresa, solo hablaba con los contratados el primer día, y después sus trabajadores se encargaban del resto. Se puso triste, pensó que quizás la morena la llamase para ver lo del arreglo del coche.

¡Deja eso, Emma! No va a llamar, la señora es asquerosamente rica

Emma quería verla otra vez, no sabía por qué, pero lo deseaba, lo necesitaba. Sintió el corazón latirle más fuerte en el pecho.

¿Qué te está pasando, Emma? ¡La has conocido hoy!

Llegó a casa, sus padres estaban durmiendo, intentó hacer el menor ruido posible, entró en su cuarto, se cambió de ropa, aún pensaba en la arrogante morena, intentó apartar esos pensamientos y se durmió.


Llegó el fin de semana y Regina tenía que ir a una feria de gastronomía, le gustaba ir a esos eventos para descubrir posibles negocios que valieran la pena. Pensó en llamar a su hermana, pero se lo pensó mejor y desistió, seguramente Zelena iría con Robin y Regina no tenía ganas, llamó a Tinkerbell, que aceptó la invitación rápidamente. Regina podía contar con ella, era su única amiga desde la universidad, siempre la defendía, la apoyaba y le daba consejos aunque a la morena no le gustaran, pero sabía que Tink siempre había estado con ella, en los buenos y en los malos momentos.

Regina estaba impecable como siempre, vestía un vestido de asillas finas, largo y floreado, un escote generoso, zapatos altos. Era verano en Nueva York, había mucha gente en las calles, el ambiente era alegre.

-¡Regina!- Tink salió del taxi gritando su nombre y dando saltitos, prendió a Regina en un apretado abrazo.

-Hola Tink- dijo aún apretada en el abrazo de la amiga.

-¡Qué linda estás! Como siempre, ¿no? Hace tiempo que no me llamabas, pensé que te habías olvidado de tu amiga- dijo entusiasmada agarrando a Regina por la mano, hizo a la morena girar para comprobar su buen estado.

-¡Pues claro que no! Solo es falta de tiempo, perdóname…

Regina solía ser borde con todos, pero Tink era la única con quien conseguía ser educada.

-No tienes de qué disculparte, sin embargo me tendrás que contar las novedades- agarró a la amiga por el brazo y echaron a andar hacia la feria.

-Te echo de menos, Tink

Regina puso al día a la amiga, le dijo que iba a tener una sobrina, que Robin continuaba en las mismas, siempre provocando y fingiendo que nada había sucedido entre ellos en el pasado, le contó lo del choque del Mercedes y que la misma muchacha que le había dado a su coche había cerrado un negocio con ella esa semana, y por fin, le contó su plan y lo que había hecho. Tink desorbitó los ojos.

-¡No me puedo creer que hayas hecho eso! ¡Amiga, felicidades! Yo no tendría valor, de verdad- concluyó

-Bueno, creo que ya es hora, pero no sé si ha salido bien…Tenemos que esperar, y si sucede, puedes estar segura de que serás la primera en saberlo.

-Así lo espero, Reginina…- la rubia señaló a un puesto y arrastró a Regina hacia allí por la mano- ¡Mira! ¡Un puesto de quesos! Vamos, hay degustación. ¡Me encanta comer gratis!

Regina reviró los ojos y rio, Tink aún aparentaba ser una cría.

-¡Hola señoritas! ¿Vais a probar algunos?-dijo un muchacho moreno y alto, con pintas de roquero.

-¡Claro! Para eso hemos venido, ¿señor…?

-Killian, señorita- extendió la mano hacia Tink. Ella sonrió y enseguida se sonrojó, Regina conocía aquella mirada de la amiga. Algo había pasado ahí. Enseguida Tink estaba charlando animadamente con el muchacho de los quesos.

Regina no fue presentada al muchacho, sin embargo él extendió una cesta pequeña con varios quesos para que degustara, Regina cogió uno, le gustó mucho, cogió otro, después otros trozos más y fue comienzo mientras observaba los demás puestos.

-¡Eh! ¿Ya estás charlando de nuevo con los clientes, Killian? ¡A trabajar!- dijo una voz alegre

Regina se giró hacia la voz que la había despertado de su trance, había acabado con la cesta de quesos, y solo se dio cuenta cuando una mano suave se apoyó en su brazo.

-¿Quiere más?- la dueña de la voz era la misma persona que la estaba agarrando del brazo. Ella poseía la sonrisa más hermosa de todas, sus ojos brillaban, tal era la alegría de encontrar de nuevo a la morena que no salía de sus pensamientos.

-Y…yo…Perdona…¿Swan?- desorbitó los ojos, estaba avergonzada y sorprendida al mismo tiempo, sin embargo feliz en ver a la torpe rubia.

-¡Emma! Llámeme Emma…¡Pensé que no la volvería a ver, Mills! ¡Qué bueno saber que aún recuerda mi nombre!- la alegría era evidente en su mirada

-Eh…- no sabía qué decir, eso nunca pasaba

-¡Veo que le gustan los quesos! ¡A mí también me encantan! ¿Quiere probar más? ¡Para usted es por cuenta de la casa! A fin de cuentas, somos socias- dijo entusiasmada, la morena no reaccionó, estaba muy avergonzada por haberse comido toda la selección, ¡qué vergüenza!, pensó.

-Sí, me gusta el queso, pero creo que ya estoy satisfecha, señorita Swan…- Idiota, ¿por qué has dicho eso?, se reprendió. Intentó arreglarlo –Quiero decir, ¡están muy buenos! ¡Felicidades!

-¡Los he hecho yo misma!- dijo entusiasmada, Regina se sorprendió

-¡Oh! No imaginé que tenía talento para algo, Swan!- dijo con su tono más sarcástico

-¡Pues lo tengo!- fingió indiferencia, pero aquello la hirió por dentro.

-Veo que sí- ignoró -¿Tink? ¿Vamos?- cambió de tema, quería salir de allí lo más rápido posible

-Claro, Regina, vamos- vio a Killian dejarle una tarjeta a la amiga, "llamame", le dijo susurrando a Tink.

-Tome- abrió la cartera y le extendió cien dólares a Emma- Por los quesos que me he comido, no quiero perjudicarla- se giró y salió caminando.

-¡Espere!- Emma salió corriendo detrás de la morena, y la agarró por el brazo. Regina la miró incrédula, con una ceja arqueada –No quiero su dinero, tome – hizo el gesto de devolvérselo

-No voy a aceptar, señorita Swan- fue seca, como de costumbre

-¡Ah! ¡Sí, sí lo hará! ¡Porque yo no quiero su dinero! ¡Tome!- el orgullo era mayor

-¡Ya se lo he dicho, Swan! Apártese. ¡No me debe nada!- su tono era de superioridad, era una orden

Emma se acercó a Regina sin hablar, estaba irritada.

-Mire, señora, ¡yo no necesito limosna de su parte!- estaba enfadada

Regina se acercó más, cerrando el espacio entre ellas, sus bocas estaban a menos de un palmo de distancia.

-Deje de ser petulante y vuelva a su puesto. ¡Deje de importunar!- gritó

-¡Eh, vosotras dos! ¿No vais a parar? ¡Regina, coge ese dinero y vamos!- Tink intentó calmar las aguas

-No cogeré nada, Tink, vamos…- se apartó y fue a llamar un taxi

-Disculpe por esto, ella es así, cuando se la conoce mejor, descubres que hay una mujer amable debajo de esa armadura- Tink hablaba calmada, se podía ver la frustración en el rostro de la joven rubia -¿Quiere saber? Quédese con ese dinero y cómprese algo. Regina no lo necesita, créalo- le guiñó un ojo a la rubia más alta y corrió hacia el taxi que Regina ya estaba esperando impaciente.

Emma se quedó parada, una vez más, mirando a la morena marcharse, y tuvo una idea de qué hacer con el dinero. No se rendiría, aquella morena la intrigaba y ponía patas arriba sus sentimientos. Tenía que hacer algo, no sabía por qué, pero quería estar cerca de la altiva morena.

En el taxi, Regina seguía callada. Tink la observaba, estaba con la mirada distante.

-Una cesta de manzanas por tus pensamientos…-Tink encaró a la amiga

-¿Qué? ¿Qué has dicho?- despertó Regina de sus pensamientos

-¿En qué estás pensando?-preguntó mirándola a los ojos

-¡Ah! ¡Nada! ¿Por qué crees que estoy pensando en algo?- despistó

-En realidad, creó que estás pensando en alguien…Aquella rubia de los quesos de la feria, ¿qué fue aquello Regina?- Tinker conocía a la amiga muy bien

-¡Nada! ¡No fue nada!- dijo nerviosa

-¿Nada? ¿Has olvidado que te conozco desde hace casi dos décadas? Para con eso, Reginina. ¿Es la mujer del escarabajo amarillo? ¡Parece que le has caído bien! ¡Y a ti los quesos de ella!- rio

-Sí, ¿y?- respondió seca, aquella conversación la estaba irritando.

-¡Vaya! ¡Cuánta agresividad!- fingió sentirse herida –Si no te conociera bien, diría que hubo allí una tensión sexual muy fuerte…

-¡Ya basta, Tink! ¡Qué conversación de locos! ¡Es una mujer!

-¿Y?

-¿Cómo que "y"? Me gustan los HOMBRES. Pensé que lo sabías- Regina estaba aún más irritada

-Lo sé. Pero te conozco lo suficiente para saber que aquello- apuntó hacia afuera-fue algo muy extraño

-¡Ok, Tink! ¿Cambiamos de tema? ¿Y aquel tipo del puesto? Killian, ¿no? Te pasó el teléfono…

-Sí…- dijo avergonzada

-¡Déjate de esas, tonta! Llámalo, sé que hace un tiempo que estás…¡Ah, ya sabes!

-Regina, no soy igual que tú, no sé salir solo para tener una noche de sexo.

-Pues deberías- Regina ya no estaba tan irritada

-¿Y tú? ¿Te estás acostando con alguien? ¿Aún sales con aquel chofer tuyo?

-¿Graham? Sí…Pero ya hace un tiempo, no tengo muchas ganas…Creo que me estoy haciendo vieja, o no sé, me he cansado de él, haciendo siempre lo mismo, al principio fue como wow, pero ahora…

-Hum, ¡necesitas carne nueva, Regina!


La semana comenzó agitada, Regina estaba con doble de trabajo, su hermana casi no aparecía, le daba la disculpa de no encontrarse bien debido al embarazo, sabía que eran melindres, pero lo dejaba estar, incluso prefería hacer todo sola.

-Con permiso, señora Mills- Belle entró con un ramo de flores –Para usted

Regina desorbitó los ojos, nunca había recibido flores desde que Daniel había muerto. Belle lo colocó en la mesa de la esquina y se retiró.

Regina se levantó de su asiento y fue a coger la tarjeta.

Espero que no haya almorzado, encuéntreme en Granny's

Al leer la tarjeta, Regina tuvo la seguridad de que era una equivocación. Miró la hora, eran las 12:45. Tenía hambre, más de lo normal, y Granny's no estaba del todo mal, cogió su bolso y las flores y se dirigió a la cafetería/restaurante. Imaginó que la persona que había mandado las flores estaría esperando ahí y reconocería el ramo.

Entró y se sentó en una mesa, en una esquina, colocó las flores al otro lado y le hizo una seña a la camarera.

-Lasaña y té negro, frío, por favor

-¡Enseguida!- la camarera anotó el pedido y entró en la cocina

-Vaya, ¿ya ha pedido? ¿Ni esperó?- era aquella voz, Regina se estremeció, sintió una corriente eléctrica recorrerle su cuerpo de la cabeza a los pies.

-¿Usted de nuevo? ¿Me está persiguiendo, señorita Swan?- dijo, incrédula

-Si es eso lo que piensa, por mí bien- se sentó frente a ella -¿Le gustaron las flores?

-No recuerdo haberla invitado a sentarse, señorita Swan, y no son mías, alguien las ha mandado por error, estoy aquí para devolverlas.

-¿Y por qué piensa que no son para usted?- encaró los ojos color avellana

-No soy de las que reciben flores, Swan…- respondió sustentando la mirada, la rubia parecía querer desvendar algún misterio en sus ojos.

-¡Se equivoca! Sí, son suyas, las he mandado yo- dijo sonriendo, con una alegría que hacía brillar aquellos ojos verdes.

-Aquí está su lasaña y el té- lo puso en la mesa -¿Emma? ¿Qué haces aquí? ¡Hace tiempo que no venías! ¿Quieres algo?

-Hola, Ruby. Sí, una hamburguesa con…

-¡Papás y refresco! ¡Enseguida!- Ruby completó la frase de la rubia, y salió, estaba feliz de verla ahí

-¿Ese es su almuerzo? ¡Come como un niño!- Regina se llevó el tenedor a la boca, indignada con el pedido de la rubia. Le estaba gustando su presencia, no estaba sola, aquello hizo dispararse a su corazón -¿Puedo saber por qué me ha mandado flores?

Emma la observaba masticar, estaba encantada con la elegancia de la morena en comer. No dejaba de mirarle el rostro, la boca, los ojos, y la cicatriz, sí, esta vez se había fijado.

-Es un pedido de disculpas por aquel día en la feria…

-Hum…- fingió indiferencia, pero por dentro estaba feliz ante el gesto.

El pedido de Emma llegó y ahora las dos comían en silencio, no era pesado, todo lo contrario, Regina estaba amando aquella compañía ilustre en su tarde.

-¿Cómo sucedió?- Emma que se lamía la punta de los dedos y bebía un sorbo de refresco, rompió el silencio

-¿Am? ¿El qué?- no entendió

-Esa cicatriz- señaló

-¡Ah! Fue cuando era una niña, salvé a mi hermana de un perro…- se encogió de hombros, terminó su té

-Es bella…

-¿El qué?

-Su cicatriz…Le da…un encanto especial- la rubia no dejaba de mirar su boca, Regina se dio cuenta y quedó algo incómoda.

-Las cicatrices no son "bellas", señorita Swan…- dijo algo irritada, se pasó años odiando aquella marca

-¿Nadie te lo ha dicho antes? ¿Con qué tipo de personas sale usted?

-¡No es de su incumbencia!- ahora estaba realmente irritada, ¿quién se creía esa rubia entrometida que era para hablarle de las personas con las que salía? Ni la conoce. Se levantó y fue a pagar la cuenta.

-¡Eh! ¡Espere! ¿Qué ha pasado? ¿Qué he hecho esta vez?- tocó la mano de la morena, Emma la miró con cara del gato con botas -¿Podemos, por casualidad, conversar sin que se marche ignorándome? ¿Como personas civilizadas?

Regina sintió un escalofrío ante el toque de la rubia. Retiró la mano rápidamente, evitando el toque.

-¿Qué quiere?

-Conversar…Vamos a dar un paseo por el Central Park…

-Está bien, señorita Swan, vamos…- volvió y cogió sus flores, Emma le abrió la puerta y a Regina le gustó ese gesto. No sabía por qué había aceptado la invitación, pero la verdad era que le estaba gustando la compañía de la rubia.

Se sentaron en un banco frente al lago, el día estaba hermoso, el sol brillaba en el cielo, corría una ligera brisa que movía las hojas en los árboles. Regina cerró los ojos y respiró el aire fresco, Emma no dejó de reparar en su belleza, vio una sonrisa contenida en aquellos carnosos labios. Deseó probarlos.

Emma sacó una cajita de terciopelo negro del bolsillo y la colocó en la mano de Regina que enseguida abrió los ojos.

-¿Qué es esto?- preguntó Regina curiosa

-Abra y descúbralo- la rubia sonrió traviesa.

Regina abrió la cajita y vio una fina cadena de oro con un colgante en forma de corona. Era delicado, hermoso. Se quedó sin reacción, hacía tiempo que nadie le regalaba nada, a no ser en sus cumpleaños, Navidad, y aún así era de parte de Zelena, Tink, y también Robin, pero no se los quedaba, los regalos de él los volvía a regalar a alguien, a su madre no le importaban las fechas, prefería su vida de lujuria en Miami, coches, bebidas, hombres y su mansión.

Regina aún pasaba la punta de los dedos por el colgante, le había encantado el regalo, pero no podía aceptar, pensó en decir algo, pero Emma fue más rápida.

-Deje que se lo coloque…- cogió la cadena, apartó el cabello de la nuca de la morena, que sintió su vello erizarse, el corazón se le disparó y su garganta se secó –Listo, quiero ver…- tocó el mentón de la morena, que desvió la mirada, estaba sintiendo nuevas y extrañas sensaciones con aquella irritante rubia, su respiración ya no estaba regular. Emma miró la boca enrojecida de Regina, aún sujetándole el mentón, ¡cómo quería besarla!, pero no quería asustar a la morena, se apartó- ¡Perfecto! Sabía que pegaba con usted, tiene la elegancia digna de una reina…- comentó

Regina se acordó de Robin al escuchar esa frase, salió de sus devaneos.

-¡No puedo aceptar! Disculpe-dijo quitándosela del cuello

-¡Ah! Por favor…¡No sea tan orgullosa! Sé que la ha gustado

-Yo…

-Además, lo he comprado con su dinero…- sonrió traviesa y agarró las dos manos de la morena –Quédeselo, venga- su tono era de ronroneo.

Regina sonrió ante las maneras de la rubia de decirlo y admiró su petulancia.

-Ok. Me quedaré con los "regalos"- se refirió también a las flores –Y gracias… Esta tarde ha sido agradable. Pero, tengo que irme, tengo una empresa que administrar- fue simpática

-¡Claro! Soy yo la que le agradezco por aceptar mi invitación…- estaba radiante, al final la morena había aceptado sus regalos.

Regina asintió como si le diera de nuevo las gracias y caminó hacia un taxi, ya que habían caminado mucho hasta allí.

-¡Eh!- Emma gritó -¡Va a haber una próxima vez!

Regina escuchó aquello y lo consideró gracioso, sonrió e hizo un gesto con la cabeza hacia la rubia que tenía una expresión de quien había ganado el mejor regalo del mundo. Y lo había ganado, no existía nada más que quisiera, a no ser aquella sonrisa más veces. ¿Se estaba enamorando? No. Emma no se enamoraba, pero las cosas podrían cambiar.


Volvió a casa de sus padres, ya era de noche, tenía una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Hola mamá!- le dio un beso en su rostro –Papá…- saludó y se fue a su cuarto. Algunos minutos después, su madre la llamó

-¡Emma! A cenar, hija…- gritó Mary

Se sentaron en la mesa, como de costumbre, sirvieron la comida y charlaron.

-Pareces feliz, hija…- comentó Mary

-Lo estoy, mamá…

-¡Espero que no sea por causa de otra mujer, Emma! ¿Cuándo va a parar eso?- A David no le gustaba nada aquello, decía que aceptaba a la hija, pero en el fondo creía que se casaría con un hombre y que tendría hijos, quería que su hija viviera una vida "normal", para él todo eso no era más que una fase.

-Ya hemos hablado de eso, David…¡Nuestra hija está feliz!- lo reprendió Mary

-¿Feliz? ¿Llamas a esto felicidad? ¡Emma se pasa las noches fuera, se acuesta con una mujer diferente cada día!- David hablaba más alto

-¡Ya basta, papá! Tienes que aceptarlo, soy así

-Eso no es vida, hija mía…- dijo en un tono más bajo, parecía enfadado –Quiero nietos, una familia para ti…

-¡Vosotros sois mi familia, papá!- dijo impaciente revirando los ojos

-¿Cuándo va a parar esto, Emma? ¡Ya vas a cumplir 30 años! Necesitas un rumbo en tu vida. No puedes estar sola para siempre…- David insistía en el tema

-He perdido el apetito, mamá, me voy a echar- Emma ignoró al padre y se fue a su cuarto

-¿Qué ha sido eso, David? Ya hemos hablado y dijiste que comprendías…Emma está bien, lleva esforzándose todos estos años para mantener nuestro negocio en pie, para que te sientas orgulloso. ¿Y solo ves su orientación sexual, David? Emma es una gran hija…- tocó la mano del marido que tenía su mirada fija en el plato de comida.

-Ah…Mary Margaret, ¿qué hicimos mal?- suspiró decepcionado

-No hicimos nada mal, querido…Emma es así…Tiene derecho a elegir con quien relacionarse…hombre o mujer

-Entonces, por lo menos, podría conseguirse una novia y presentárnosla, nunca ha traído a nadie que no fuera más que su "amiga", lo que más quiero es que Emma construya su familia, no estaremos siempre aquí…

-¡Vaya, David! ¡No somos tan viejos!- se rió –Y además, está este pequeño de camino…

Se pasó la mano por la barriga, aún no era visible. David le dio un beso y sonrió.

-Sí…quién lo diría, después de años intentándolo, te quedas embarazada a los 50. ¡Juro que no me lo esperaba!- bromeó

-¡48, David! ¡No metas prisa a las cosas! Mi cumpleaños es a fin de año- fingió sentirse herida

La pareja pasó años intentando tener otro hijo, pero en vano, habían tenido a Emma en la juventud, y cuidaron de la pequeña lo mejor que pudieron, se casaron y entraron en la universidad, Mary paró un tiempo para cuidar del bebé, David se licenció y abrió su pequeña empresa, fabricaba quesos de varios tipos, adoraba la hacienda y los animales.

Mary terminó la carrera cuando Emma tenía cinco años y se juntó al marido, abriendo una vinícola. Mary ama los vinos, ama producirlos, los vinos de la familia Swan son los mejores del mercado, sin embargo, pocos conocidos, ella heredó el negocio del padre, Leopold, que cultivaba diversos tipos de uvas. Con el negocio del vino cayendo, Emma se las apañó para encontrar un inversor, enorgulleciendo enormemente a la madre. David también estaba orgulloso, pero no lo dejaba ver.

Emma sabía cultivar uvas, ordeñar, hacer quesos como nadie, además de cabalgar, practicaba hípica como hobby. Su sueño era sencillo, quería convertirse en chef, tener su propio restaurante, pero no había acabado la universidad, estaba trancada, le faltaba un semestre, pero tuvo que apartarse para levantar los negocios de los padres. Sabía administrar muy bien, pero no le gustaba aquella vida ajetreada, lo que de verdad le gustaba era quedarse en la tierra, plantando, sembrando, recogiendo y cocinando. Eso hacía a Emma feliz.


Ya había pasado una semana desde la última vez que Emma y Regina se habían encontrado. La morena estaba inquiera en su despacho, agarraba la cadena en su cuello, ¿quería ver a la rubia irritante? Sí. Sabía que sí, pero ¿cómo? Había soñado con la rubia diversas veces en esa semana, no dejaba de pensar en ella, en su toque en su nuca cuando le fue a poner la cadena, los ojos verdes fijos en los suyos, y su sonrisa, aquella sonrisa de niña. No tenía idea de por qué pensaba tanto en ella, ¿quería una amiga? De verdad, no lo sabía, pero se sentía bien a su lado. Decidió coger aquel papel de "Emma del escarabajo amarillo" que estaba en su cajón y llamar.

-Hola, Emma al habla- una voz alegre atendió al otro lado de la línea

-Eh…- no consiguió decir nada, su boca se secó y sus manos temblaban, el corazón estaba disparado.

-¿Diga? ¿Hay alguien?- preguntó sin obtener respuesta

Colgó. Pero, ¿qué es esto, Regina? Pareces una adolescente enamorada.

¿Enamorada? Fue eso lo que pensó y se asustó con tal pensamiento. Dejó el móvil en la mesa, aquello era una locura. Decidió dejarlo estar, y se encaminó hacia la puerta para ir a almorzar. Escuchó el móvil vibrar.

¡Dios! Es ella, pensó y atendió, reluctante

-Regina Mills

-¡Ah, es usted Regina! ¡Qué bueno escuchar su voz!

-¿Y quién es usted?- dijo fingiendo no reconocerla, no daría su brazo a torcer

-¡Soy Emma! ¿No reconoce mi voz?- su voz era de pura elegancia

-¿Qué desea, señorita Swan?- usó su tono más cínico

-Eso pregunto yo, he recibido una llamada de este número, ¿quería hablar conmigo?

-¡Claro que no! ¿Por qué iba a querer?

-Ah, no sé…¡Quizás ha echado de menos mi grata compañía!- bromeó. Era justamente aquello, Regina quería verla de nuevo

-¡Pues claro que no, Swan!- mintió

-Está bien, entonces. ¿Qué desea? ¿Algo sobre la vinícola?- su voz ahora era triste. A Regina no le pasó desapercibido.

-¡Nada! ¡No era nada! Debo haber apretado sin querer en la agenda- dijo exasperada

-¡Wow! ¿Tiene mi número en su móvil?- su voz era de entusiasmo

-¡No!- gritó –Quiero decir, sí. Pero era para arreglar lo del coche. ¡Joder, Regina! No tenías que haber dicho eso, pensó

-¿Cuánto fue? Pagaré…- su voz era de decepción

-No costó nada, Swan…- dijo arrepentida-Realmente llamé por equivocación, perdone la molestia. Ciao.

-¡Espere!- Emma gritó al otro lado de la línea -¿Va a hacer algo esta noche?

-No- respuesta seca

-Entonces, vamos a salir a cenar, o tomar una copa, no sé…¿Qué le gusta hacer?

-No sé…Creo que cenar está bien

-¡Genial! ¿Dónde la recojo?- su voz era de puro entusiasmo

-Amm. ¿Puede ser en mi casa? ¡No, Regina! ¿En tu casa? Nadie nunca va a tu casa. ¿Y has aceptado? Pensó, pero ya era tarde.

-¡Por mí bien! ¡Mándeme la dirección por mensaje! ¿Le viene bien a las siete?

-¡Ok! Puede ser- Regina intentó parecer indiferente, pero su corazón estaba dando brincos y las mariposas revoleteaban en su estómago.

¿Aquella era una cita? No, no podía ser, era una mujer…Colgó, estaba feliz de que Emma la hubiera invitado a salir.


18:45 y Regina estaba ya impecable, llevaba un vestido azul oscuro por encima de las rodillas, un escote en V en la espalda, cerrado por delante, pero que ponía en alza su cintura y su busto, se puso unos zapatos altos de color negro. Escogió un maquillaje más suave y un color natural en los labios. Sus zarcillos hacían juego con la cadena de oro que Emma le había dado, quiso ponérsela para enseñarle que estaba contenta con el regalo. 18:55, el interfono suena y el portero le dice que alguien está esperándola abajo. Regina se da otra visualizada en el espejo, se pasa las manos por los sueltos cabellos que estaban perfectamente peinados sobre sus hombros, y baja. Cuando llega al final de las escaleras, ve a Emma de espaldas andando de un lado a otro, su deseo es de darse la vuelta y volver al apartamento y cambiarse de ropa, Emma estaba con vaqueros, una camiseta negra y encima una chaqueta de cuero roja, la misa del día en que se habían conocido al chocar los coches, y unas botas de tacón y caño alto del mismo color de la chaqueta.

No sabía a dónde irían, y tampoco se había preocupado en preguntar, estaba tan feliz por salir con la rubia de nuevo que se había olvidado. Regina da media vuelta y sube un escalón. Demasiado tarde.

-¡Regina! ¿A dónde va?- Regina descendió los últimos escalones, parecía avergonzada, no miró directamente a los ojos a la rubia, menos mal, porque Emma la miró de arriba abajo, babeando. Sus ojos comenzaron por las piernas de la morena, ¡qué piernas y qué muslos!, después subió por su fina cintura y busto, ¡qué maravillosos pechos!, pensó y por fin, su rostro, aquella boca…¡Y qué boca…! Paró la mirada en los ojos castaños, aún con la boca abierta.

-¿Emma? ¿Todo bien?- preguntó Regina preocupada, Emma estaba pálida, parecía que hubiera visto un fantasma

-Eh…Hmm…- Regina la miró con el ceño fruncido -¿A dónde piensa que va?- consiguió pronunciar algo, aún estaba con la boca abierta.

-¿Estoy mal, verdad? Lo sé, ya vuelvo- hizo amago de volver a subir para cambiarse, pero Emma fue más rápida y la agarró por el brazo.

-¡Está bellísima! Soy yo la que me preocupo por si el lugar que he pensado está a su altura- rió

-¿Qué pasa? ¿Por qué se ríe? ¿Ahora soy una payasa?- Regina dijo seria

-No. No me río de usted, me río de mí, que siempre me equivoco ¿Cómo voy a salir con usted así?- sonreía boba

-¿A qué se refiere? ¿Me va a llevar a algún barrio de Nueva York? Puedo cambiarme…- hizo de nuevo amago de subir. Emma la agarró

-Calma, no es nada de eso, es que…no sé si quiero escuchar y ver a hombres y mujer mirándola…-confesó

Regina no entendió e ignoró el comentario.

-¿Vamos?- Emma entrelazó el brazo en el de Regina y llamó al taxi.