Cita
Charlaron de varios asuntos mientras el taxi se movía por las calles iluminadas de Nueva York, estaban, por primera vez, conociéndose, sin intercambiar zarpazos una contra la otra, la conversación estaba agradable.
Llegaron a una calle menos transitada, tenía algunas casas y tiendas de lujo, no había muchos comercios, y por supuesto ningún restaurante. Pararon frente a un sitio que más parecía una casa abandonada, Regina se asustó cuando vio que Emma abría un portón algo herrumbroso. Emma hizo una señal para que entrase. Caminó hasta la caja de luz, empujó una palanca y todas las luces del sitio se encendieron.
-Así que…¿me ha traído a una calle desierta, a una casa bastante antigua, señorita Swan? ¿Debo preocuparme? Porque este lugar parece algo abandonado…- dijo desconfiada.
-Puede estar tranquila, madame, no haré nada que usted no quiera- sonrió maliciosa. Regina no entendió aquella mirada.
-¿Qué quiere decir exactamente con eso?- aún seguía desconfiada
-Que no voy a besarla, si usted no quiere…- dijo seria. Regina comenzó a reírse, Emma seguía seria, mirándola.
-No está hablando en serio, ¿verdad?- preguntó la morena cuando consiguió dejar de reír-¿Usted? ¡Ay Dios mío, usted es…! ¡Cómo no me di cuenta antes!- exclamó, ahora estaba roja, no sabía en qué agujero meterse –¿Us…Usted…no estará cortejándome, no? Porque…a mí me gustan los hombres- aún no conseguía mirar a la rubia a la cara.
-Bueno, espero que el que la considere linda y quiera ser su amiga, no cuente como estar cortejándola, ¿no?- era casi verdad, casi. Emma quería la amistad, sí, pero también quería más, sin embargo esa conversación de amiga solía dar en la diana.
-Ehmm…Entonces vale…¿A dónde vamos?
Regina intentó ocultar la sorpresa. No imaginó que a la rubia le gustaran las mujeres, llegó a pensar en ello cuando la pilló mirándole el escote, pero desechó la idea, era una mujer muy hermosa a ojos de Regina y podría tener a cualquier hombre a sus pies, quizás a cualquier mujer, pensó. Siguieron un camino lleno de ramas y árboles y en el fondo, detrás de la casa había una mesa iluminada con lamparitas y algunos jarrones de flores en el suelo. Encima de la mesa había platos, cubiertos y un vino en una cubo de hielo.
-¿Esto es una cita, señorita Swan?
Regina estaba encantada con la belleza del sitio, los detalles, todo estaba perfecto. Sintió un frío en la barriga cuando preguntó, tenía miedo, miedo porque le estaba gustando aquello, miedo porque era una mujer, una mujer que conocía hace poco más de dos semanas. Pensaba en ella desde el día en que se habían conocido, y algunos sentimientos creídos perdidos estaban volviendo a la superficie.
-Si usted quiere que así sea…- agarró la mano de Regina y besó su dorso, aquel sencillo toque hizo estremecer a la morena –Así será…
Condujo a la morena hasta la mesa y le retiró la silla.
-Swan…-No haga eso, era lo que quería decir, pero se quedó callada. Le gustaba ser cortejada, y no le importó que fuera por una mujer, en realidad, en aquel momento eso no era importante para Regina, se asustó consigo misma, aquello parecía tan natural, tan correcto…
-Quédese ahí, voy a buscar nuestra cena…-Emma entró en la casa -¡Eh! Ni pregunté, ¿tiene hambre? ¿Quiere beber algo primero?- la rubia habló desde la puerta. Regina rió
-Creo que tengo hambre…- dijo tímidamente la morena
-¡Qué bien! ¡Porque yo me estoy MURIENDO!- se rió. Y se dirigió a la cocina, y enseguida estuvo de vuelta con una bandeja redonda cubierta. El aroma era maravilloso y Regina también tenía mucha hambre. Emma se inclinó, abrió la tapa y sirvió a Regina.
-Bueno, no la conozco muy bien…aún…pero he hecho uno de mis platos preferidos, espero que le guste.
Emma sirvió también su plato y se sentó
-¿Taquitos? Curioso…-Regina pincho un poco, lo mojó en la salsa y lo masticó, cerró los ojos para saborear mejor -¡Vaya! ¡Está divino, Emma!
Pronunció su nombre por primera vez, y ni se dio cuenta, la rubia abrió una sonrisa enorme al escuchar aquello, fue extremadamente placentero escucharlo salir de la boca de Regina.
-Hace años que no como…me ha llevado de vuelta a mi país. Espero que haya más, porque no quiero comerlos solo en los entrantes…- bromeó
-¿No es americana?- Emma quedó asombrada
-Soy latina…-devoró todos los taquitos
-Eso explica muchas cosas de usted…-dijo Emma en un susurro, más para ella misma
-¿Am?- estaba con la boca llena, se pasó la servilleta por los labios
-Nada…- Emma la admiraba comer
-¿Lo ha hecho usted? Quiero decir…¿Además de hacer quesos, cocina?- sentía curiosidad
-Sí, quiero montar un restaurante en este sitio, reformarlo primero, claro está…y ser chef- sirvió más vino en ambas copas
-Tiene talento…¿Este vino es de su vinícola? Es fantástico, no lo había probado- Emma sonrió ante el comentario sobre el vino de su familia –Entonces…¿Tiene estudios de gastronomía?- continuó y se llevó la copa a los labios
-Bueno…En realidad, paré…Me falta un semestre, pero tuve que dejarlo, me tuve que dedicar a otras cosas más urgentes.
-Hum…qué pena…Espero que todo se resuelva y consiga terminar y realizar su sueño- dijo sincera, tocando la mano de la rubia, Emma miró la mano reposada en la suya. Enseguida, Regina la retiró dándose cuenta de lo que había hecho, Emma hizo como si nada.
-Voy a traer el plato principal.
Después, Emma sirvió un rodaballo, del que Regina elogió su sabor, la textura, el color, el punto de cocción, ella entendía del tema. Conversaron sonriendo y bromeando, el clima estaba ameno entre ellas. Regina la provocó algunas veces diciéndole que comía mucha comida basura, y aunque Emma era consciente de ello, dijo que no le importaba, le gustaba apreciar todo tipo de comida, desde una hamburguesa hasta caviar, de las más grasientas a las más saludables. Emma trajo el postre sonriendo.
-Espero que le guste, es champan con frutas rojas y helado casero, no tarde mucho en comerlo, si no, se derrite…y pierde el sabor…- Emma daba las instrucciones mientras servía.
Terminaron el postre y el vino se había acabado. Se instaló un silencio en el sitio, solo se escuchaba el sonido de las hojas moviéndose en los árboles, de vez cuando se oía un coche pasando por la calle. El clima estaba maravilloso. Se quedaron mirándose un tiempo, sus miradas se decían tantas cosas, que ambas juzgaban muy pronto para sentir, pero lo sentían, y era algo fuerte.
-¿Baila conmigo?- Emma quebró el silencio, pero no el contacto visual. Regina rió, estaba algo alterada por el vino.
-¡Realmente estoy en una cita! ¡Y con una mujer!- se echó a reír.
-Parece que sí, señorita Mills- Emma extendió la mano hacia la morena y la condujo hacia una esquina donde solo había flores.
-¿Y la música?- Regina preguntó
-¿Para qué? Si podemos bailar al sonido de los árboles, y bajo la luz de la luna…- la rubia entrometida la agarró firmemente por la cintura, y cerró totalmente el espacio entre ambas.
Regina bajó la cabeza y se mordió los labios. Sus ojos se detuvieron sobre la boca rosada de la rubia. Emma llevó su mano hasta el rostro de la otra, lo acarició, observaba cada detalle, sus ojos, la forma del rostro, la nariz, y por fin su boca. Pasó el pulgar por la cicatriz en la esquina superior de la boca. Regina cerró los ojos, deseaba experimentar más aquella placentera sensación, quería que Emma la besara.
La rubia se acercó lentamente, sus respiraciones estaban próximas, Regina mantenía los ojos cerrados, sabía que si los abría iba a desistir, aquello era una locura, era lo que se decía interiormente, pero lo quería, quería besar aquella boca, sintió los labios de la rubia apoyarse en los suyos, causando un temblor en todo su cuerpo, su respiración estaba desacompasada y el corazón le latía fuertemente, la misma sensación que la rubia sentía. Emma se sentía quemar, sentía la sangre hirviendo en sus venas, aquello Emma jamás lo había experimentado, no con esa intensidad.
Sus labios se pegaron, sus suaves bocas se iban conociendo de forma lenta, cada rincón era explorado por ambas partes, Emma pasó su lengua por el contorno del labio superior de Regina pidiendo paso, sintió a la morena estremecerse en sus brazos, enseguida las lenguas danzaban lentamente, aún conociéndose, después de un rato sabían exactamente cómo provocarse una a otra, luchaban por dominar, lenguas nerviosas queriendo poder, queriendo más, el beso ya no era calmado y lento, ahora estaban jadeantes y cada cierto tiempo paraban para buscar aire. Emma agarró la nuca de Regina con fuerza, apartó su boca para besarla en la zona del cuello. Regina gimió bajito, la rubia lo notó, la morena estaba entregada. Emma sintió cómo se mojaban sus bragas, estaba perdiendo el control, pasó sus manos por la espalda de la morena, acarició sus curvas. Regina pasaba las manos por la espalda de Emma de la misma manera. Sintió su vagina contraerse de excitación, estaba mojada. El beso fue otra vez haciéndose lento, y cesó. Pegaron sus cabezas y se quedaron un tiempo recuperando la respiración.
-No en la primera cita… - Emma quebró el silencio de ojos cerrados aún con la respiración pesada. Regina nada dijo, estaba intentando contener la excitación –Ha sido…maravilloso…- continuó la rubia- Acarició el rostro de ella de nuevo y depositó otro beso lento –Adoraría quedarme la noche entera contigo, Regina…Pero no vivo cerca del centro y ya es tarde…
-¿Qué hora es?- Regina volvió a la realidad
-Ya es casi medianoche- respondió haciendo una mueca
-¡Dios! No vi el tiempo pasar. Realmente, ya es bien tarde…¿Vamos?- dijo apartándose de la rubia, estaba confusa, ¿qué había acabado de hacer? ¿Había besado a una mujer? Y le había gustado. Mucho. ¿Y todas aquellas sensaciones? Quería más, quería sentir a la rubia tocando su cuerpo más profundamente. ¡No, Regina, esto es falta de sexo, necesidades fisiológicas, tú nunca te has interesado por una mujer!, se reprendió.
-Voy a llamar al taxi- Emma cogió el móvil y se apartó
Regina la observaba con deseo, nunca se había fijado en una mujer antes, pero después de esos besos, miró su cuerpo de arriba abajo, reparó en los brazos esculpidos en la chaqueta, en la fina cintura, y en el trasero de la rubia, por un instante deseó tocarlo. Pero fue arrancada de sus pensamientos cuando la rubia cogió su abrigo y la ayudó a ponérselo, Emma besó su nunca antes, y Regina se estremeció.
Llegaron al apartamento de la morena, Emma descendió del taxi para despedirse, le fue a dar un beso, pero Regina recusó
-Aquí no…- susurró, y le dio un beso en la mejilla –Adoré nuestra cena…Me he divertido mucho, gracias.
-Estoy feliz de que te haya gustado, en la próxima te llevo a un restaurante de esos caros que van más contigo- prometió
-¿Quién dice que habrá una próxima, Swan?- Regina encaró los ojos verdes, quería saber cuál sería la reacción de la rubia.
-Lo digo yo, aún más sabiendo que te gustó, y además, nos estamos conociendo, ¿no?- le guiñó un ojo y entró en el taxi de nuevo, Emma sabía desconcertar a una mujer. Dejó el edificio de Regina con una sonrisa de oreja a oreja en su cara.
Regina se dio un baño, se puso su pijama y se echó, se llevó los dedos a los labios, sonrió al recordar aquella sabrosa sensación, quería más.
Regina llegó temprano a la empresa, estaba de buen humor, pasó saludando a todos, incluido Robin, al que le extrañó ese buen humor, pero, nada dijo.
-¡Buenos días, Belle!- dijo sonriendo
-Buenos días, señora Mills. Hoy tiene reunión con el señor Gold a las 11:25- devolvió la sonrisa con alegría y pasó la correspondencia a su jefa
-Ok, Belle, gracias.
Trabajó durante toda la mañana, tuvo la reunión con el señor Gold y volvió a su despacho. Quería llamar a la rubia, pero no quería parecer desesperada. Fue a almorzar, pensó en mandarle un mensaje. No. Esperaría a que ella llamara. El día pasó y ni señal de la irritante rubia, se sintió una boba, ¿en qué estaba pensando? ¿Solo porque se dieron unos besos, la rubia iba a correr tras ella? Suspiró, estaba frustrada, quería tanto escuchar aquella voz.
Pasó una semana desde la cita y nada, Regina no había olvidado aquellos besos, la piel, la sensación de los cuerpos pegados. El resto de la semana fue un aburrimiento, solo renovación de contratos antiguos. Quería sacarse a Emma de la cabeza, trabajó hasta tarde todos los días de la semana, ¿qué estaba pasando? ¿Regina estaba enamorándose de la rubia? Ella se decía a sí misma todos los días que no, pero en el fondo lo sabía…se había enamorado de una mujer que la irritaba profundamente.
Aunque quería saber si le había pasado algo a Emma, no llamó, no mandó mensaje, para ella la rubia no quería dar noticias, quizás consideró un error aquella cita con una desconocida, Regina estaba enloqueciendo. Decidió llamar a Tink, quería salir a un bar, beber…Aclarar la mente, y claro, intentar olvidar a la rubia.
-¡Reginina!- Tinker gritó desde el otro lado de la acera, saludando. Regina sonrió ante el escándalo de la amiga que atravesaba la calle dando saltitos.
-Hola, rubita- abrazó a la amiga y entraron en el bar.
-¿Qué te dio para llamarme en mitad de la semana y venir a un bar?-preguntó la amiga sentándose en un taburete cerca de la barra
-Dos whisky, por favor- pidió Regina
-¿Vas a empezar con whisky? La cosa es más seria de lo que parece Gina…¿Qué ha ocurrido?- la amiga la encaró preocupada
-Salí con una persona, y no me ha vuelto a llamar, ya hace una semana- fue sincera
-¿Y desde cuándo te importan esas cosas? ¿No fuiste tú la que dijo que yo tenía que irme a la cama con alguien sin quebraderos de cabeza? Y después dejarlo estar…
-Sí, pero con esta persona fue diferente, no nos fuimos a la cama…- susurró la última frase
-¡Espera un momento, Regina! ¡Te está gustando ese tipo! ¿Quién es? ¿Lo conozco?
-¡No! No lo conoces…Es…Nos besamos, fue una cita fantástica, quiero decir…hace mucho tiempo que no me sentía así, ¿sabes?...Estoy perdida, Tink…- suspiró colocando la mano en el rostro
-¡Sus bebidas, señoritas!- el barman colocó los dos vasos sobre la barra. Regina dio un sorbo generoso.
-Eh! ¡Con calma, chica! Por lo que sé, tu médico te dijo que evitaras el alcohol…- dijo preocupada con la amiga, hacía años que no la veía de esa manera, la última vez fue por Robin.
-¡Qué se joda el médico! No ha resultado- tomó otro sorbo
-¡Está bien! ¿Ya lo llamaste? Mensaje, qué sé yo, puede haber pasado algo- Regina rió irónica, ÉL, no era un hombre quien le estaba quitando el sosiego.
-No llamé…Ni voy a hacerlo…- otro sorbo de la bebida
-Pero, si estás aquí toda cabizbaja por él, ¿por qué sigues siendo tan orgullosa? Llámalo y marca otra cita
Para Tink era todo muy sencillo, Regina era quien lo complicaba con esas manías de grandeza.
-Quizás…¿Sabes? Lo pensé…Pero, ¿y el valor? ¿Qué voy a decir?- se tomó todo el líquido del vaso y le señaló al barman que quería otro
-Que deseas verlo de nuevo, almorzar quizás…Preguntar si todo está bien. Cosas de ese tipo, cosas de gente normal, ¿no?- reviró los ojos
-Tink…
-¿Qué?- Tink miró a Regina mientras daba un pequeño sorbo a su whisky
-Es una mujer…- soltó
Tink escupió la bebida, atragantándose
-¿CÓMO?- desorbitó los ojos –¡Lo sabía! Es aquella mujer del puesto de quesos. Emma era su nombre, ¿no? ¡Lo sabía Regina!- celebraba como si su equipo de baloncesto hubiera ganado por vigésima vez consecutiva. Regina sintió el corazón disparársele solo al escuchar el nombre de la rubia en voz alta.
-Sí, Tink… El problema es que nos conocemos hace apenas un mes, y estoy así, en esta agonía. Sé que no debería precipitarme, pero creo que estoy…que me está gustando ella.
-Eso ya se ve…Realmente parece pronto, pero te voy a decir una cosa…Killian me pidió salir con él ayer, ¡y he aceptado!- contó entusiasmada
-¿Cómo? ¿El hombre del puesto? ¡Apenas os conocéis!- Regina la reprendió, estaba incrédula
-Justamente por eso te lo he contado, también nos estamos conociendo, y hace menos tiempo que tú y tu rubia del escarabajo.
-¡Ella no es nada mío!- se asustó con las palabras "tu rubia", pero le gustó escucharlo.
-Lo que quiero decir, Gina…es que abras ese corazoncito de piedra y dejes a la tal Emma entrar…- señaló hacia el pecho de la amiga, y bebió otro sorbo de su bebida.
-Apenas la conozco…- dijo cabizbaja
-Pues ve a conocerla entonces, ya que visiblemente te ha tocado profundamente- aconsejó
-¡Ni sé si me gustan las mujeres, Tink!- lloriqueó
-Eso no importa, Regina, si fuera un hombre, te diría lo mismo, es cosa de sentimientos, sucede, es simple, no hay misterio. Llama a esa muchacha y dile lo que estás sintiendo- tocó la mano de la amiga para consolarla. Regina estaba con la cabeza baja.
-Puede que tengas razón…Debo conocerla primero, intentar descubrir que son estos sentimientos que insisten en nacer…
-¡Siempre tengo razón cuando se trata de ti. Regina!- habló convencida
-Tinker…¡Gracias!- colocó un billete en la barra y se fue hacia la puerta
-¿A dónde vas?- Tinker gritó, ella ya estaba casi en la puerta
-¡A hacer algo que debería haber hecho a comienzos de la semana! Te veo después- gritó a su vez
Miró el reloj, aún no eran las ocho de la tarde, decidió llamar allí mismo, en la calle, dentro del bar la música estaba alta.
-¿Diga?- una voz llorosa cogió el teléfono
-¿Swan? Soy Regina. ¿Está todo bien?- preguntó al darse cuenta de la voz ronca
-Más o menos, qué bien que llamaste, ¡te echaba de menos!
El corazón de la morena disparó al escuchar aquello.
-¿Ha pasado algo? ¿Necesitas ayuda? Tu voz parece triste…- preguntó verdaderamente preocupada.
-Mi madre está en el hospital, está embarazada, pero su embarazo es de riesgo debido a la edad, estoy aquí desde la noche de nuestra cita- explicó
-Siento mucho lo de tu madre, que se mejore, y tu hermanito- deseó sincera
-Gracias…por llamar…- su voz era de vergüenza –Querría haberte llamado, pero ha ido todo tan rápido esta semana que no he tenido tiempo ni para respirar, discúlpame…- dijo con sentimiento
Regina se sintió mal por pensar que la rubia no quería hablar con ella.
-Y…yo…soy yo quien pide disculpas, Emma, fui una tonta al no haberte llamado…- sintió sus ojos llorosos, si no fuera tan orgullosa podría estar ayudándola en ese momento difícil, abrazando a la rubia, protegiendo. Se sintió arrepentida por pensar en todas aquellas cosas.
-No me debías nada…- suspiró al otro lado de la línea
-¿En qué hospital estás? Voy a verte…- Regina habló decidida
-¿De verdad?- se sorprendió ante el gesto de la morena, su voz sonó un poco más alegre. Le pasó la dirección y Regina se fue allí derecha, conocía el hospital, era el sitio de un recuerdo ahora gracioso, el mismo sitio donde habían chocado sus coches y se conocieron.
Regina entró en el hospital y se dirigió al ala este, Emma quedó en coger el próximo ascensor, el sitio era grande y así sería más fácil, fue lo que dijo la rubia, en realidad estaba muriendo de ansiedad por ver a la morena.
-¡Hola!- saludó la rubia con una sonrisa tímida, sus ojos brillaban solo con mirar a la morena. Le dio un abrazo que Regina no se esperaba en ese momento, fue un abrazo intenso, como si Emma buscara algún tipo de refugio en los brazos de la morena. Apretado, la rubia no quería soltarla nunca más, hundió la nariz en el cuello de Regina y pudo sentir el rico aroma que de ella emanaba, ¡cómo había echado de menos aquel olor!
Regina sostuvo el abrazo, apretó más a la rubia contra ella, acarició los cabellos rubios y besó la parte alta de su cabeza, ella también había echado de menos el olor, el toque, su corazón pareció derretirse en aquel abrazo.
-Hola, Swan…- susurró, no dejó esa manía irritante de ser formal –Todo saldrá bien…- intentó consolarla, apartó sus cuerpos y miró en el interior de esos ojos verdes.
-Gracias por estar aquí…Significa mucho para mí…- agradeció y agarró la mano de Regina llevándola hacia el pasillo donde estaba su madre.
Regina sintió todo su cuerpo estremecerse ante el toque repentino, estaba agarrando la mano de una mujer, en público, estaba feliz con el gesto, pero avergonzada, algunas personas que pasaban por el pasillo las miraron, Emma no parecía darle importancia a esas miradas sobre ellas, así que decidió relajarse y sentir la mano que agarraba la suya con delicadeza, aquel sencillo gesto hizo vacilar al corazón de Regina, su boca estaba seca, y podía sentir las piernas temblorosas, estaba sudando frío.
-Papá. Esta es Regina…Ella es nuestra inversora en la vinícola- presentó soltando la mano de la morena
-Un placer, ¿señora…?- extendió la mano
-Mills…Un placer- estaba nerviosa, estaba conociendo al padre de la mujer que había besado una semana atrás.
-David Nolan, a sus órdenes…- fue amable, pero no se le había escapado que habían entrado dadas de la mano
-¿Alguna mejora papá?- preguntó Emma aún preocupada
-En realidad, el médico acaba de salir de aquí y dijo que los dos están estables, quizá mañana puedan darle el alta- continuó contento
-¡Eso es MARAVILLOSO!- Emma casi saltó de alegría y se sentó al lado el padre, hizo una señal para que Regina se sentara a su lado, y le agarró de nuevo la mano.
-¿Tu familia sabe? Quiero decir…sobre tu…- susurró al oído de la rubia, estaba preocupada por estar dadas de la mano
-Sí…- susurró a su vez y sonrió, apoyó la cabeza en el hombro de la otra.
Pasaron unas horas y David se había ido a casa a descansar, Emma pasaría la noche con la madre. Regina tenía hambre e invitó a Emma a ir a la cafetería del hospital.
-No tienes por qué quedarte…Pareces cansada- dijo Emma mientras miraba la carta.
Regina no quería irse, estaba feliz de estar con la rubia, pero no podía negar que estaba cansada y ya tenía sueño.
-Quiero quedarme…- sonrió e hizo su pedido, se sentaron en la mesa, charlaron mientras comían. Regina sintió nauseas cuando terminó de comer, probablemente por culpa del whisky que había tomado con anterioridad, pero lo ocultó bien, la rubia no se dio cuenta. Al levantarse, la morena sintió un mareo y casi se cayó.
-Eh…¿Todo bien? Estás pálida. Voy a llamar a un médico- Emma la apoyó en sus brazos, se preocupó
-No. Estoy bien…Solo ha sido un malestar, bebí antes de venir para acá y he estado muchas horas sin comer…- explicó intentando recuperarse.
-Voy a llamar a un taxi, tienes que descansar, trabajas demasiado, y encima te has quedado aquí conmigo…Vamos…- agarró a Regina por el brazo y se dirigieron a la salida del hospital. Regina no se negó, sentía que su cuerpo de verdad necesitaba descanso y siguió a la rubia callada. Emma llamó al taxi que estaba cerca.
-¿Quieres que vaya contigo?- se ofreció
-No es necesario…Quédate con tu madre…Me sé cuidar… -ya estaba algo mejor
-Gracias por quedarte conmigo…Ha significado mucho para mí…- se despidió con un beso rápido-Buenas noches…
Regina asintió sin responder, estaba algo mareada, no sabía si por el malestar o por el beso.
Regina se echó en su cama, estaba ligera, se sentía bien, a pesar del malestar de horas atrás, se sentía viva, estaba feliz, y se durmió pensando en la rubia.
El despertador sonó, marcaba las 8:30
¡Joder!, pensó Regina, había llegado a casa de madrugada, había dormido poco y aún estaba cansada. Se levantó a disgusto y fue a trabajar.
Miró el móvil cuando entró en el coche. Dos mensajes. Los abrió
7:36: ¡Buenos días! ¿Has dormido bien? ¿Estás mejor?
7:52: Mi madre ya está fuera. ¿Quieres almorzar conmigo?
Regina abrió la mayor de las sonrisas que podría tener en aquella mañana y respondió a los mensajes
09:37: Hola, sí, sí y sí. Ja, ja. ¡Estoy contenta por lo de tu madre!
Arrancó el coche y se dirigió a la empresa. Conoció a algunos socios, revisó algunos contratos, miraba el reloj a cada minuto, trabajó la mañana entera ansiosa por la hora del almuerzo.
El corazón de la morena disparaba solo de pensar en la rubia, estaba de verdad muy enganchada en tan poco tiempo, no sabía cómo había dejado que eso pasara, pero sencillamente pasó.
Habían quedado en almorzar en GRanny's, ya que quedaba cerca de la empresa. Al final solo era un almuerzo rápido. Emma ya estaba allí cuando Regina entró, a la morena no le gustó nada lo que vio, la camarera llevaba unos shorts muy cortos y apretados, los pechos parecían querer saltar fuera de la camiseta super ajustada, y para completar, la morena más alta estaba echándose encima de la rubia de forma descarada.
Regina sintió asco ante la escena, quería dar media vuelta y dejar a Emma babeando sobre la camarera, pero no fue lo que hizo, ella es mía, fue lo que pensó, caminó a paso largo y besó a la rubia con violencia frente a la camarera abusada y todos los clientes del restaurante.
