Desahogo
Y ahí estaba Emma siendo agarrada por la morena frente a todos. ¿Desde cuándo Regina era así de posesiva? Ella misma no lo recuerda, quizás porque nunca lo fue, pero con Emma era diferente, todo era novedad, incluso ese sentimiento de posesión, ¿serían celos? Ella creía que no. Nunca actuaba por impulso o sin pensar, aquella rubia estaba sacando a Regina de su zona de confort.
Emma apartó lentamente a Regina y le lanzó una mirada de ¿qué ha pasado? La morena nada dijo, se dio cuenta de la locura que había acabado de cometer. Bajó la cabeza y se dirigió a la salida sin decir nada.
Aunque no entendía nada, Emma corrió tras ella y la agarró por el brazo.
-¿Regina? ¿Qué ocurre?- quería saber lo que pasaba por la cabeza de la morena, no sabía qué estaba sucediendo.
-¡No sé lo que está pasando, ok! ¡No quiero sentir estas cosas! ¡No quiero nada de esto!- habló aturdida
-¿De qué estás hablando?- preguntó mirándola a los ojos
-¡Tú…y esa camarera!- escupió las palabras
-¿Ruby? ¿Te dio un ataque de celos?- comenzaba a entender
-¡No tengo celos por usted, señorita Swan! Perdóneme
Volvió a ser formal como de costumbre, solo así conseguía mantener un poco de cordura, volviendo a ponerse su armadura.
-Deja ver si entendí…¿Estás enfadada por creer que viste a Ruby tirándome los tejos?- Emma aún intentaba entender, para ella la forma en que Ruby actuó era su forma normal de actuar, se conocían desde la adolescencia y se descubrieron juntas, nunca han tenido nada serio, en realidad eran muy amigas, compartían la cama con cierta frecuencia, pero eso nunca se interpuso en la buena relación que tenían, cuando una salía en serio con alguien, ellas se respetaban, pero si acababan, rápidamente buscaban un modo de volver a compartir cama. Emma no permanecía con sus "novias" mucho tiempo, en realidad, nunca ha tenido una.
Regina no dijo nada, miraba a la rubia con odio. Parecía querer una explicación.
-Mira Regina…No tengo nada con Ruby…Quiero decir…Es mi amiga, ¿entiendes?
-¿Es lesbiana?- preguntó en tono de acusación
-Sí…Pero…Ya no tenemos nada. Nunca lo hemos tenido…
En parte era verdad, pero, ninguna de las dos estaba saliendo con nadie, lo que les dejaba vía libre para noches de placer. Hacía algún tiempo que Emma no la buscaba.
-¿Quieres decir que habéis tenido algo?- arqueó la ceja, su tono era de dolor
-Lo tuvimos, hace algún tiempo…- intentó minimizar, decidió no contarle que se habían descubierto juntas –Ella solo es mi amiga, Regina…No tienes que estar así…Estoy contigo…
-¿Estás?- preguntó sorprendida
-Nos estamos conociendo, ¿no?- sonrió, percibió que la morena estaba más calmada
-Sí...-no consiguió mirar a la rubia, ahora estaba avergonzada
Emma se acercó más y le acarició el rostro. Regina tembló con el toque, ¡qué bueno lo encontraba, aquella sensación que la rubia le causaba! Sintió su corazón henchirse y cerró los ojos para disfrutar el toque. Emma depositó un leve beso en el rostro de la morena, que se sonrojó con el gesto.
-¿Vamos a almorzar? Debes tener hambre…¿Qué restaurante sugieres?- Emma imaginó que la morena no iba a querer comer allí, y acertó. Regina estaba aliviada, fue como si Emma hubiera leído sus pensamientos.
El día acabó de forma tranquila, Emma volvió a casa de sus padres, estaba pensativa, Regina sintió celos, quizás significara que la morena estaba empezando a sentir algo por ella, sonrió ante la idea. Regina se le había metido a Emma dentro de forma única, la rubia estaba asustada, todo ha pasado tan deprisa, sentía como si conociera a Regina desde hacía años, y solo hacía un mes. Decidió que iba a invertir en ese sentimiento, al final, ya había cambiado por la morena, aunque inconscientemente, desde que conociera a Regina estaba siendo fiel, no se había ido a la cama con nadie y no quiso tener sexo en la primera cita, eso jamás le había pasado. A Emma ni le importaba si era la primera cita o no, le gustaba terminar en la cama, pero con Regina…¡Ah! Con Regina quería que fuera especial. A fin de cuentas, sabía que la morena nunca había estado con otra mujer anteriormente.
Finalmente llegó el fin de semana. Como Emma vivía apartada del centro, no se veían todos los días, además, Emma trabajaba en ferias ambulantes, eventos que no eran fijos, lo que entorpecía que se vieran en el almuerzo. Por culpa de eso, las dos mujeres intercambiaban mensajes diarios, a toda hora, no conseguían estar una sin la otra, conversaban por teléfono todos los días, hasta altas horas de la madrugada.
La ansiedad de encontrarse el fin de semana era enorme. Emma invitó a Regina a pasar la tarde en la casa de campo de sus padres, ellos también estarían y la rubia lo vio como una buena oportunidad para presentarles a la morena. A Regina no le entusiasmó la idea de conocer a los padres de la rubia, pero Emma la convenció diciéndole que ella ya conocía a su padre, y que su madre también quería conocerla, ya que al estar en el hospital no tuvo la oportunidad, así que Regina fue obligada a aceptar.
Al ser una casa de campo, Regina optó por una ropa más ligera, se puso una camiseta blanca con unos short, que le llegaban a mitad del muslo, era suelto y botas de caño bajo negras, un maquillaje leve y un lápiz labial rojo, se recogió el cabello en un moño flojo. Emma quedó en recogerla por la mañana. El portero avisó de que había alguien esperándola en recepción, Regina bajó las escaleras ansiosa, hacía cuatro días que no veía a la rubia, y parecían meses, no sabía cómo, pero las cosas habían sucedido deprisa.
-¡Emma!- abrazó a la rubia. La intimidad entre ellas había crecido mucho en esos días, los mensajes mandados les dio cierta seguridad para que Regina se sintiera cómoda.
-Regina…- acarició sus cabellos -¡Cómo he echado de menos tu olor…- tocó sus labios –Y tu beso…
El corazón de Regina casi paró ante la voz y el toque de la rubia, su respiración se aceleró inmediatamente, sus respiraciones se mezclaban y el deseo de sentir la boca rosada en la suya era irresistible, pero Regina recordó que estaba en el hall de su edificio y se apartó.
-¿Vamos?- su respiración era pesada. Emma asintió y caminó hacia el coche
-¿Estás de broma, no? ¡No voy a entrar en esa chatarra vieja!- dijo ríspida
-¡Ah, Regina! ¡No empieces! Ven- Emma habló impaciente. La morena resopló, pero entró a disgusto.
Regina se fue quejando el viaje entero, habló del ruido del motor, de la falta de espacio entre los asientos, del color, de la falta de aire acondicionado y de ventanillas eléctricas. Emma ni se inmutó, encontraba graciosas las "observaciones" de la morena, estaba muy feliz para encontrar ruin ningún comentario.
Llegaron antes que los padres de la rubia, Emma se preocupó y llamó a la madre para saber si estaba todo bien, Mary le contó que sí, pero que se atrasarían un poco, pues necesitaban comprar algunas cosas en el mercado. Emma se quedó más calmada y llevó a Regina a conocer la hacienda.
Le enseñó los animales, las plantas, donde producían las uvas y los quesos, y finalmente llevó a Regina a su lugar favorito, donde se sentía libre y en paz. La morena observó todo con atención y con una gran sonrisa en el rostro, pero al entrar en los establos su semblante cambió por completo, parecía triste.
-¿Qué ocurre? ¿No te gustan los caballos?- agarró el mentón de Regina y la miró a sus ojos almendrados. Percibió el cambió de expresión en la morena.
-Me gustan…- suspiró
-Entonces, ¿por qué esa cara?- ahora acariciaba su rostro
-No tengo recuerdos agradables de este sitio…- dijo cabizbaja
-Cuéntame…- la alentó, su mirada era tierna, de pura pasión
-Yo…hace algunos años…quiero decir…en mi juventud, era novia de un muchacho al que amaba mucho, él practicaba hípica como nadie…- sus ojos se humedecieron. Regina tomó aire y continuó –Sufrió un accidente en una competición…Daniel…se llamaba…- una lágrima deslizó por su rostro y Emma la secó con el pulgar.
-Lo siento mucho…- no sabía qué decir, no era muy buena consolando a la gente
-Se dio un golpe en la cabeza contra uno de los obstáculos y entró en coma… Estuve dos años esperando que despertara...infelizmente no resistió.
Emma no supo qué decir, Regina acababa de contarle su dolor más profundo, estaba procesándolo. Decidió abrazar a la morena y darle apoyo. Regina la abrazó fuertemente, no había superado la muerte de su ex novio en todos esos años, no montaba a caballo desde el accidente, evitaba tocar el tema con nadie, incluso con su hermana o su mejor amiga, Tinker, pero Emma, con Emma era diferente y lo sabía, confiaba en la rubia, aunque se conocieran hacía tan poco tiempo. Lloró, un lloro contenido sobre el hombro de la rubia. Regina se desahogó, echó fuera un dolor que llevaba guardado durante muchos años, aquello que la alejaba del amor, y sin darse cuenta abrió una nueva puerta a su propio corazón. Bastaba que se lo permitiera a sí misma.
Emma esperó a que el llanto cesara, no quería que estuviera triste, así que decidió sacar a la morena de allí y le fue a enseñar la casa. Regina encontró todo muy bonito y acogedor, la mayoría de los muebles eran de madera, dejaba el sitio con ese ambiente rústico, sin embargo tenía un toque delicado, que lo hacía más sutil.
Regina ya parecía estar mejor, su mirada volvió a tener brillo, parecía encantada con todo lo que Emma le enseñaba.
-Bueno…Y este en mi cuarto…- mostró ansiosa
Regina desorbitó los ojos, el cuarto era sencillo, sin embargo, bonito, había una cama de matrimonio alta y grande en el centro, dos mesitas de noche, una a cada lado de la cama, un armario pequeño al lado izquierdo y una escritorio cerca de la ventana, todo era de madera.
Fue inevitable que Regina no pensara en cuántas mujeres ya habían estado en ese cuarto.
-¿Te ha gustado?- Emma parecía nerviosa
-Sí…Es bonito- estaba con la respiración pesada
Emma se acercó a Regina pegando sus cuerpos, el aire le faltó, la rubia fue acercándose más y sus narices chocaron, el olor de la morena ponía patas arriba los pensamientos de la rubia, le dio a Regina un beso profundo, intenso, delicado y calmado, cargado de deseo.
Regina correspondió al beso de forma plena, sus labios se tocaban suavemente, sus lenguas danzaban una música hecha por ellas, sus ritmos estaban cargados de sentimientos, los corazones de ambas latían acelerados, el tiempo pareció detenerse, Regina deseó que aquel momento no terminase nunca. Las manos de Emma deslizaban por la espalda de la morena con deseo, su toque era firme y suave, ella pasó sus manos por su cintura, por el lateral de su cuerpo, volvió a la espalda y bajó hacia la cadera, Regina sintió que se inflamaba con ese toque, su respiración se volvió más pesada y sus manos, hasta entonces contenidas en la espalda de la rubia, tomaron vida propia y tocó los pechos de la rubia, que gimió ante la sorpresa. Regina no sabía de dónde le venía aquel deseo, nunca se había interesado por una mujer, pero Emma tenía el poder increíble de alborotar su cabeza, sus bocas se apartaron durante unos instantes, Emma le lanzó una mirada de quien pedía permiso para hacer algo, con la misma mirada Regina respondió afirmativamente. Sus bocas se encontraron de nuevo, pero esta vez con hambre, deseo, sus cuerpos pegados les causaban placer a ambas, gemidos bajos comenzaron a brotar de sus gargantas. Emma no esperó más, apretó la fina cintura y la condujo hasta la cama, recostó a Regina sobre las sábanas y profundizó el beso, sus manos recorrían el cuerpo de la morena con destreza, levantó a Regina suavemente y le quitó la blusa, dejándola en sujetador, Regina no se resistió e hizo lo mismo con la rubia, observando aquel volumen dentro del apretado sujetador. Las manos de Emma fueron ágiles, ella no quería esperar más para sentir a Regina, bajó la cremallera del short de la morena y metió la mano bajo las finas bragas, estaba mojada, muy mojada, Emma se deleitó con aquello, se puso feliz al saber que sus toques eran los causantes de eso.
-¡Ahh!- Regina gimió. Su respiración era irregular
De repente escucharon la puerta de la cocina abrirse.
-¡Emma, hija! ¡Llegamos!- era la voz de Mary Margaret que cargaba bolsas de la compra y las dejaba en la mesa.
-¡Joder! Mis padres…- se apartaron rápidamente una de la otra, sus respiraciones estaban jadeantes y altas, Emma, frustrada, se puso la camiseta. Regina, aún jadeaba en la cama, parecía perdida, estaba excitada, muy excitada y no le gustaba quedarse a la mitad.
Cogió su blusa y se vistió, se subió la cremallera del short, tomó una bocanada de aire y miró a la rubia, no quería parar.
-Vamos…- Emma la cogió de la mano y la condujo hasta la cocina
-¡Hola mamá! Esta es Regina- aún estaba recuperando el aliento, su voz salió entrecortada
-Hola. Un placer conocerte por fin, Emma siempre habla de ti…- saludó simpática –Espero no haber interrumpido nada…- dijo percibiendo que las mujeres parecían asustadas.
-¡Hola Regina! ¡Qué bueno verte de nuevo! Emma nunca trae a las amigas aquí…- David entró con más bolsas
Pasarían el fin de semana ahí, Emma non podría quedarse con ellos, tenía una feria el domingo.
-Papá…- lo reprendió con la mirada. Regina pareció sorprendida con el comentario del padre de la rubia.
-Genial verlo de nuevo, señor Nolan. Es un placer conocer a su esposa- intentó ocultar la alegría que sintió al saber que era la primera en estar ahí
Conversaron y bromearon aún en la cocina, Regina ayudó a Mary a guardar las comprar y a dejar fuera lo que iban a almorzar ese día. Aquello estaba maravilloso, hacía tiempo que Regina no tenía una tarde tan agradable en familia, sí, familia, fue lo que pensó, se estaba sintiendo entera.
Regina entró en el baño a comprobar su estado, no estaba totalmente recuperada de los calientes besos en el cuarto de la rubia. Emma vio a Regina entrar en el baño, agarró la puerta y entró con ella.
-¿Qué haces?- desorbitó los ojos
-¡Shhh!- calló la boca de la morena con un beso. Regina no se resistió, se entregó al cálido beso, Emma la pegó a la puerta, las manos fueron osadas yendo derechas al punto –Tenemos que terminar lo que comenzamos…Me estoy volviendo loca viéndote caminar por la casa con este short- dijo entre besos
-Em…Emma…¡Ah!- tocó a Regina de nuevo, esta vez, por encima del short -¡Para!- se apartó jadeante. Emma la miró preocupada, pensó que había ofendido a la morena –N…no…Así no…tus padres…No puedo…¡Por más deseosa que esté, y créelo, lo estoy!- hablaba intentando contener la excitación que ya dominaba su cuerpo.
-Disculpa…Perdí la cabeza, tampoco quiero que sea así…No quiero que recuerdes la primera vez con una mujer en un baño…
Se sonrojó, en realidad tenía otra cosa en mente, y no sería aquella tarde. Le dio un piquito para despedirse y dejó a la morena, jadeante, en el baño.
David y Emma decidieron jugar a la consola en la sala, parecían dos niños, a Regina les gustaba verlos, las carcajadas resonaban por el ambiente. Mary Margaret se juntó a ellos, rezando para que el marido ganara, el olor a comida que venía de la cocina estaba volviendo loca a Regina, su estomago dolía, su boca salivó de apetito. Mary le pidió a Regina que apagara el fuego, que ella ya iba a servir los platos, solo esperaría a que aquella partida acabara, parecía entusiasmada queriendo que la hija perdiera, ya que por lo que parecía siempre ganaba la rubia. El olor era delicioso, no se resistió y tuvo que abrir la tapa, era una carne mechada en salsa, aún estaba hirviendo. Regina enloqueció, buscó pan en la despensa, tenía que probar. Cogió un cuchillo grande, cortó el pan por la mitad y echó carne sobre él, dio una primera mordida, cerró los ojos, ¡aquello estaba genial! Llenó otra cucharada y puso más, el caldo se deslizaba por sus dedos, se pegó a la encimera para no manchar el suelo, sus labios estaban sucios de salsa, cuando escuchó que alguien entraba.
-¡Gané de nuevo!- Emma se quedó parada, viendo a una Regina toda pringada, enrojecida
-¡Vaya! No sabía que te gustara tanto la carne en salsa…- cogió una servilleta de papel y se acercó
-Per…perdona…Yo…yo…- se sonrojó aún más, Emma le limpió la boca con la servilleta, aún tenía la boca llena.
-Todo bien…¡Me encanta que te guste!- dijo intentando calmar a la morena que estaba muy avergonzada.
-¡Ya sé de quién heredaste el talento culinario!- intentó cambiar de tema. La rubia rió.
Enseguida estuvieron todos en la mesa, comieron, conversando aún sobre la partida a la consola, David provocaba a la hija todo el rato, diciendo que ella hacía trampas, que no sabía jugar limpiamente, Mary se reía de los dos, porque eran como dos niños pequeños. Regina encontró todo aquello muy gracioso, pero estaba prestando más atención a la comida, ¿desde cuándo comía tanto? Repitió plato y fue la última en acabar.
-Veo que te ha gustado…- Mary sonrió
-¡Divino! Tiene una mano maravillosa, de verdad, muy bueno- se limpió la boca y tomo un sorbo de jugo
-Receta de mi madre Eva, pasada de generación en generación, Emma hace este plato como nadie- comentó orgullosa de la hija
-Abuela era una cocinera estupenda…¡Cómo la echo de menos!- comentó Emma con una sonrisa en su rostro, el recuerdo de su abuela materna estaba bien vivo en su mente, adoraba a su abuela, escogió seguir el camino de la gastronomía para honrarla a ella. Todo lo que a Emma le gustaba hacer era porque su abuela se lo había enseñado.
El día siguió tranquilo, Regina quiso ir a ver los caballos al final de la tarde, se sentía mejor con la situación, no cabalgó, pero pudo observar a Emma, fue inevitable no acordarse de Daniel, lo que se parecía Emma a él, en muchos sentidos, él también tenía aquella sonrisa alegre, la mirada inocente, por primera vez Regina se acordó de él con alegría, de los momentos alegres vividos juntos, nunca imaginó encontrar alguna característica de Daniel en otra persona, mucho menos en una mujer, sin embargo, después de tantos años, se sintió bien, viva, entera como años atrás, se sentía apasionada.
La noche caía y ya se estaba haciendo tarde, Emma tenía que trabajar temprano al otro día y el viaje de vuelta a la ciudad llevaba casi una hora. Se despidieron del matrimonio que pasaría la noche allí y se encaminaron a la ciudad. Mientras conducía, Emma apoyó la mano en la rodilla de Regina, a quien le gusto el gesto, su alma estaba liviana.
-Estás en casa…- Emma descendió del escarabajo para abrirle la puerta del coche
-¡Qué gesto caballeresco!- bromeó
-Tú eres una dama…- Pegó a Regina en el coche y le dio un largo beso.
-Ya dije que aquí no…- pegó sus cabezas, Regina ya estaba jadeante.
-Está bien…- suspiró algo decepcionada, pero lo ocultó-Adoré nuestro día…- completó.
-Amé a tus padres. Son maravillosos. Tienes suerte…- encaró los ojos verdes.
-Sí, la tengo…son fantásticos. Pero…También tengo suerte por otro motivo…- le apretó más la cintura
-¿Y cuál sería?- sonrió deduciendo la respuesta
-Tú…- le dio otro apasionado beso. Y se apartó –Ya sé, ya sé…"aquí no"-imitó la voz de la morena que soltó una carcajada alta.
-¡Estás muy listilla!- provocó –Buenas noches, Emma
-Buenas noches, Regina…- se quedó observando a la morena mientras entraba en el edificio, y después se marchó.
Regina tomó su baño y se fue a acostar. Recordó los intensos besos dados en el cuarto, sonrió, recordó también cómo fue sentir la mano de la rubia en su intimidad, sintió que se mojaba solo con el recuerdo, necesitaba contener aquel deseo, su vagina palpitaba de deseo. Cerró los ojos, rodeó su boca con los dedos, se mordió el labio inferior, estaba excitada, y no le gustaba quedarse con las ganas, deslizó la mano por su cuerpo, imaginó que era Emma tocándola. Apretó uno de los pechos, gimió con esa sensación de placer, descendió la mano hacia su intimidad acariciando la zona, recordó los dedos de Emma ahí, intensificó los movimientos, su respiración ya estaba irregular, entreabrió las piernas y se introdujo un dedo. "Emma" continuó, ahora con las dos manos, una estimulaba su clítoris con movimientos precisos. No tardó y pronto gimió. "Ah", se corrió, y enseguida se durmió relajada.
La semana pasó lentamente, Regina se encontró que tuvo que cancelar algunos contratos y algunos socios que renunciaron. Estuvo enferma todos los días, nauseas y mareos, y para completar Robin cogió vacaciones y Zelena nunca fue a trabajar, estaba ocupándose de todo sola, Belle estaba sobrecargada con tantos papeles para revisar, Regina ignoró su malestar por toda la semana y no fue al médico, no tenía tiempo, muchas cosas que resolver, apenas tenía tiempo para mandar algún mensaje a Emma, solo conversaban por la noche, y aún así solo unos minutos, Regina estaba exhausta todos los días y acababa durmiéndose temprano.
Finalmente era viernes, Emma llamó a Regina para ir de nuevo a la casa de campo, esta vez las dos solas, y podrían pasar el fin de semana entero. Regina ya imaginaba lo que pasaría, estaba ansiosa por el cuerpo de la rubia, su deseo era enorme.
Llegó del trabajo con hambre, corrió a la cocina para prepararse la cena, mientras cortaba algunas verduras, se cortó un dedo, echó pestes mentalmente y fue al baño a coger una tirita del cajón, entonces se quedó parada.
Miraba una caja que tenía delante, como si aquello la despertara de un trance. Recordó sus nauseas y mareos durante toda la semana, el hambre exagerada, sus pechos mayores y doloridos, todos esos pensamientos la llevaron a uno solo…su período estaba atrasado.
