Confirmación
No, no, no. Era lo que pensaba Regina. Después de mirar a la caja de tampones fue a la farmacia más cercana y compró un prueba de embarazo, compró más de una, de marcas diferentes. Necesita tener la certeza. Llamó a Tink desesperada, le pidió que fuera a su casa. Regina dejó la puerta abierta, sabía que Tinker llegaría rápido, no vivía muy lejos, solo a cinco manzanas de distancia. Tinker entró en el apartamento gritando
-¡Regina!
-Estoy aquí…- lloriqueó, estaba sentada en la taza del váter con una mano en la cabeza y la otra agarrando el test de embarazo.
-¿Qué ocurre?- Tinker se arrodilló frente a su amiga para mirarla a los ojos. Observó el test en la mano de la morena y enseguida entendió lo que estaba pasando, pero Regina tendría que estar feliz, ¿no era eso lo que quería? Decidió preguntar. Regina no decía una palabra y su mirada estaba distante.
-Estás embarazada…- afirmó, vio el resultado en el test. Regina solo balanceó la cabeza en señal de positivo
-Pero, ¿no era eso lo que querías? Me contaste toda entusiasmada lo de la inseminación- dijo intentando entender la mirada de la amiga
-Sí, Tink…Pero…¡Lo olvidé! ¡LO OLVIDÉ, OK! YO…YO…- gritó desesperada con los ojos llorosos –Conocí a alguien…Una persona maravillosa…Ella me hace sentirme vivía de nuevo…¿Cómo voy a llegar a ella y decirle que estoy embarazada?- ahora lloraba.
-Calma, Gina…Esto es una prueba de farmacia, no es garantía- intentó consolarla. Regina rió entre lágrimas y señaló al lavabo. Ahí había cinco test más, todos positivos.
-¡Wow! Entonces…Creo que de verdad es positivo…- por primera vez no sabía cómo consolar a la amiga.
-¡Ay, Tink!- apoyó la cabeza en el hombro de la rubia, aún lloraba, era una mezcla de alegría y tristeza al mismo tiempo, deseó esto por mucho tiempo, quería un marido para engendrar un hijo, pero nunca le gustó nadie lo suficiente para ello, tardó en entender que no necesitaba un hombre, sería madre soltera. Y entonces aquel día conocía a la torpe rubia en el aparcamiento del hospital, el mismo día en que había concebido a ese niño en su vientre.
-Yo…yo…No pensé que saliera bien a la primera, en la mayoría de los casos no…- seguía llorando
-Calma…Tienes que contárselo…a ver cómo reacciona- intentó una solución.
-¿Co….cómo? Yo…Ah, Tink, estoy enamorada de ella…- confesó –Y ni sé si le gustan los niños, o mejor dicho, no sé nada sobre ese tema, nunca hemos hablado ni de noviazgo, solo estamos conociéndonos…- lloriqueó
-Pues entonces, trata de contárselo rápido, para que no te estés haciendo más daño. Porque ese hijo que estás esperando es tu sueño. Y si a ella le interesas de verdad, compartirá este sueño contigo- señaló la barriga de la amiga
-Es verdad…- sonrió por primera vez acariciando su barriga –No estoy triste por estar embarazada, Tink, estoy preocupada por lo que pueda pasar…o mejor dicho…por lo que NO pueda pasar a causa de esto…
-Bueno, creo que solo lo sabrás si se lo cuentas..¡Y otra cosa más…Si ella no quiere estar contigo por esto es porque no te merece!- fue sincera
-Pero Tink…Ponte en su lugar, apenas nos conocemos, digamos que acepte…Nos saltaremos una fase importante de una relación, si es lo que tenemos…- lágrimas corrían por su rostro –No le puedo exigir que comparta esto conmigo…que sea madre de mi hijo, ¿entiendes?- concluyó pesarosa, no tenía esperanzas.
-¿Entonces? ¿Qué tienes en mente?- preguntó Tink afligida
-Pasaremos este fin de semana en la casa de campo de su familia, me las arreglaré para tocar el tema de niños y familia, saber qué piensa…Ah, no sé…¿Ves lo que digo, Tink? ¡Realmente he perdido la cabeza!- se reprendió en voz alta
-Puede funcionar…- Tinker la alentó
-¿Lo crees? ¿Y si…si…ella no quiere verme más? ¿Y si…ya no quiere estar conmigo?- estaba preocupada.
-Te lo he dicho, Regina…No podemos hacer suposiciones…Tendrás que hablar con ella- insistió en la solución
Regina suspiró con pesar, creyó que nunca más se iba a enamorar de nadie, y cuando finalmente había aceptado su condición de solitaria y decide engendrar un hijo sin padre, encuentra a alguien que hace que su mundo se caiga, y quizás hasta desistir de ser madre soltera. Pero, Regina no quería pensar así. ¡Tenía que poner la cabeza en su sitio, era un hijo! Un hijo muy esperado por ella, jamás renunciaría a su bebé por alguien, aunque eso le rompiera el corazón, siempre creyó que ser madre era algo divino, algo imposible de ser explicado, alegría, era eso lo que sentía. Posó su mano en la barriga, acariciándola. "Mi príncipe", sí, chico, era lo que pensaba, sentía que sería un hombre, el hombre que no ha tenido en su vida, alguien que la amaría como ningún otro, el amor más fuerte que existe, el amor de madre. Sentía su pecho henchirse de amores por esa vida en su vientre, ya lo amaba con todas sus fuerzas. No le importaba si Emma se quedaría con ella o no, sabía que su hijo llenaría su corazón, por lo menos una buena parte de él.
-Se lo voy a decir mañana- dijo decidida. Nunca necesitó a nadie, a ningún hombre, quién diría a una mujer, intentó convencerse de ello.
-Estoy feliz, Reginina…- Tinker sonrió y posó la mano en la barriga de la amiga -¿Supongo que este bebé ya tiene una madrina, no?- preguntó ya sabiendo la respuesta, aún así sus ojos brillaban esperando la contestación.
-¡Pues claro que sí! ¿Quién más sería, Tink? Eres mi mejor amiga…- la abrazó, se levantó y tiró los test- Bien…- se secó el resto de las lágrimas -¿Cenas conmigo? Había perdido el hambre…Pero…parece que ha vuelto…- intentó sonreír a la amiga que la conocía bien, sabía que Regina comenzaría una batalla interior.
Regina aún no se había dado cuenta, pero le gustaba de verdad la rubia, y quería más cosas, además del sexo, quería sí, quizás, un noviazgo, pero, ¿qué estaba pensando? ¿Quería construir una familia con una mujer? Prefirió ignorar y pensar que era algo pasajero, curiosidad tal vez, nada de eso importaba ya, ahora tenía sus pensamientos volcados en el bebé que se estaba formando en su vientre.
-Ya cené, amiga…Pero te hago compañía- fue amable y ayudó a la amiga a preparar la comida.
Regina comió sin ganas, la comida parecía no tener gusto alguno, su preocupación estaba plasmada en su cara. Tinker dijo que ya era tarde y tenía que irse, le dijo que se cuidara y que le contara la verdad a Emma. Escuchó el móvil vibrar, era un mensaje de la rubia, quería saber si podía llamarla, Regina respondió diciéndole que estaba exhausta y que mañana hablarían, en parte era verdad, estaba, de hecho, cansada, sin embargo, el real motivo era su embarazo, ¿cómo le iba a contar algo así? Ya eran la dos de la mañana cuando se durmió pensando en cómo contárselo.
Emma paró frente al apartamento, como de costumbre, pidió que llamarán a Regina, quien bajó enseguida, parecía cansada, pero la rubia no lo mencionó.
Fueron en silencio todo el viaje, Emma intentó sacar conversación varias veces, pero Regina respondía y después volvía a quedarse muda, la rubia dejó de intentarlo y centró su atención en la carretera. Percibió que la morena estaba distante, pero no quería preguntar el motivo, prefirió pensar que era cansancio, le había preparado una sorpresa, y quería que todo saliera perfecto.
Llegaron a la hacienda, Emma, como de costumbre, fue a abrir la puerta a Regina y la agarró por la cintura en un beso hambriento, lleno de nostalgia.
Regina se pasó el viaje entero intentando hablar del embarazo, pero se dio cuenta de que no lo iba a conseguir, pensó en sacar el tema de la familia y los hijos, pero tampoco lo consiguió, cada hora que pasaba era una tortura y las palabras parecían presas en su garganta.
Emma hizo el almuerzo, preparó lasaña, recordó que la morena la había pedido en el restaurante el día que le dio las flores, la rubia amaba cómo Regina devoraba sus platos con tanto gusto. La tarde se fue y Regina no consiguió decir nada, hicieron varias cosas, Emma intentó convencer a Regina para que montara a caballo, la morena no quiso, dijo que había perdido la práctica, la rubia preparó un queso especial y le dio el nombre de Reina, dijo que ella había sido su inspiración, y lo llamó así debido al significado de su nombre, al que hace justo juicio, la morena se mostró feliz por el gesto y se dieron apasionados besos, después, casi ya de noche fueron a la piscina, donde siguieron los besos, achuchones y caricias más íntimas. Emma tocaba a Regina de una forma única, aquello estaba acabando con la morena, no quería solo quedarse en caricias, pero sabía que no podía involucrarse más, eso si ya no estaba metida hasta el cuello.
La noche cayó, y las dos salieron de la piscina, Regina tembló con el viento helado al salir del agua, Emma no perdió tiempo y la abrazó por detrás y fueron caminando hacia el cuarto.
Regina estaba mojada y no de agua, su cuerpo estaba demasiado sensible, no sabía si era a causa de las hormonas del embarazo o era Emma quien conseguía arrebatarle su salud mental. En el fondo, quería olvidar que estaba embarazada y lanzarse en los brazos de la rubia.
Se detuvieron frente a la puerta del cuarto de Emma, la rubia aún agarraba el cuerpo semidesnudo de Regina por atrás, su cuerpo pegado al trasero de la morena, abrió lentamente la puerta. El cuarto estaba igual que la última vez, la diferencia es que ahora tenía cortinas blancas en la ventana y velas perfumadas por todas partes, pétalos de rosas en la cama, un cubo de hielo con una botella de vino dentro y dos copas, ambos encima del escritorio. Regina se paralizó, sintió su cuerpo arder. Necesitaba contárselo ya, antes de dar un paso mayor, del que sabía que sería difícil regresar.
Emma llenó las copas de vino.
-¡Un brindis por nosotras!- Emma extendió la copa para el brindis. Regina brindó y puso la copa de nuevo en el escritorio sin dar un sorbo.
-¿No vas a beber?- la rubia preguntó sin entender
-Hoy no…Quiero sentirte estando completamente sobria- dijo en su tono más sensual, acercándose al oído de la rubia que se estremeció con la voz, ella estaba hermosa con aquel biquini blanco, Regina no quitaba los ojos de ella, ya se había rendido a luchar contra su propio cuerpo, su deseo estaba consumiéndola, llegaba a doler. En parte era verdad, quería sentir a Emma, sobria o no, pero el real motivo para no beber no era ese.
Emma dejó la copa junto a la de Regina y fue conduciendo a la morena entre besos hacia el baño, aún estaban mojadas, y Emma quería comenzar de una manera diferente, toda aquella decoración del cuarto era demasiado tópica, demasiado romántica, ella también quería ser romántica, pero quería mostrase atrevida. Cogió a Regina por la cintura y comenzó un beso lento, sentir sus bocas pegadas era placentero, el aliento que emanaba de la boca de la morena era cítrico, casi le recordaba al gusto de las manzanas. Emma no entendía sus propios sentimientos, lo que sentía cuando estaba en los brazos de ella era especial y único, era diferente, la rubia sentía sus latidos a mil y sus piernas temblaban. ¿Qué es esto, Emma? ¡No es tu primera vez!, pensó mientras su lengua se adentraba en la boca de la morena, sus respiraciones comenzaron a agitarse, Regina se sentía en éxtasis, podía sentir la parte de debajo de su biquini negro caliente, estaba más que mojada, estaba deseando aquellos brazos fuertes agarrándola con firmeza. Incluso le pareció que Emma había escuchado sus pensamientos, la rubia cogió a Regina en brazos y la sentó en la encimera del lavabo, la morena gruñó ante el gesto y entrelazó las piernas a la cintura de la rubia. Sus movimientos eran rápidos y calientes, Emma tiró de los cabellos negros y mordió el lateral del cuello, Regina soltó un quedo gemido, Emma se deleitó con aquello y sus manos pasaron a los pechos, Regina hizo lo mismo y apretaba a Emma contra ella, la morena quería fundirse con la rubia, en un gesto involuntario Regina pegó su vagina al abdomen de la rubia, y sus gemidos ganaron fuerza. Regina arañó la espalda de la rubia mientras gritaba y su cuerpo temblaba. Emma se quedó inmóvil, encarando el par de ojos castaños, aún agarrando a Regina que acababa de alcanzar el orgasmo sin que la rubia la tocara.
-¿Regina?- preguntó Emma con los ojos desorbitados. La morena nada dijo, agarró a Emma por el cuello entre besos hambrientos y la empujó hacia la ducha.
El agua caía templada sobre los cuerpos semidesnudos, Emma continuó besando a Regina en el cuello, mordisqueaba y pasaba la cálida lengua, la morena estaba totalmente entregada, ya había perdido los sentidos, los gemidos bajos eran contantes, Emma estaba deleitándose con la morena entregada de aquella manera, sus manos se deslizaban hacia los pechos de la morena que apretó su espalda con fuerza cuando notó el toque.
-¡Ahhh!- Emma masajeó aquellos pechos voluminosos con ardor, giró a Regina de espaldas y desabrochó el biquini, se quedó así, ahora le tocaba los pechos desnudos de forma tierna, explorándolos, mientras mordía el lóbulo de la oreja, su intimidad se pegaba al trasero de la morena vorazmente, Regina se retorcía en los brazos fuertes de la rubia que giró a la morena de nuevo y la pegó contra la pared, agarró su trasero y la levantó, Regina cruzó las piernas en la cintura de la rubia y comenzó a moverse con deseo. Emma descendió la cabeza para besarle los pechos, comenzó a lamerlos de forma cariñosa con movimientos circulares, Regina gemía enloquecida, parecía desesperada. Emma intensificó el apretón en el pecho izquierdo de la morena y chupó el derecho con fruición.
-Em…Emma…¡Dios! Voy a…¡Ahhh!
Emma paró lo que estaba haciendo y miró asombrada a Regina. ¿Alcanzó el orgasmo así? ¿De nuevo? Emma estaba confusa, pero decidió seguir, Regina no parecía querer parar. No era que la rubia lo hubiera encontrado mal, pero no sabía que causaba ese efecto en la morena. Regina hundió la cabeza en el hombro de la rubia buscando aire. Descruzó las piernas y encaró a la rubia avergonzada.
-No pensé que tuvieras tantas ganas…- dijo Emma y volvió a besarla lentamente –Bueno…Pretendía quedarme aquí más tiempo…Pero…creo que es mejor que nos vayamos a la cama…
No consiguió terminar, Regina la besó con hambre, deseo, sed. Hambrienta, estaba hambrienta. Sus hormonas estaban a flor de piel, nunca había sentido tantas ganas de ser poseída por alguien, mucho menos si ese alguien era Emma, la persona sobre quien Regina se decía a sí misma que no le gustaba tanto.
Sus labios chocaron feroces, sus lenguas luchaban, sus respiraciones eran altas y entrecortadas, las manos de Regina fueron rápidas en quitarle la parte de arriba a Emma, ella también quería probarlos, y fue lo que hizo, pegó a la rubia contra el box de cristal y lamió un pecho, después otro, ora masajeaba, ora chupaba alternando los pechos. Emma respiraba pesadamente y soltaba gemidos, estaba loca por Regina, escucharla llegar al orgasmo dos veces en tan poco tiempo había sido maravilloso, quería más de aquello, quería probar el sabor de la morena, cambiaron de posición de nuevo, estar de pie comenzaba a ser molesto, pero su deseo era mayor, quería sentir su sabor y rápidamente, bajó besando los pechos y la barriga de la morena, le quitó la parte de abajo del biquini y pasó la lengua lentamente.
-¡Swan!- gimió
-Emma…llámame Emma…- miró hacia arriba, Regina apoyaba las dos manos en las puertas de cristal de la ducha.
-¡Ahhh!- gimió más alto, cuando la lengua de la rubia se adentró en su centro caliente y húmedo. Regina sintió un líquido caliente salir de su interior, enseguida la rubia lo succionó todo -¡Ay…ahhh!- volvió a gemir bajito
-Tienes un sabor divino, Regina…¡El mejor que he probado! ¡No quiero otro nunca más!- volvió a llevarse a la boca el clítoris hinchado de la morena que ahora agarraba los cabellos rubios mojados, agarró firmemente, apretando a Emma contra su vagina. La rubia intensificó los movimientos y sintió a Regina derramarse una vez más, su cuerpo temblaba contra el cristal y sus piernas estaban como un flan, Regina hizo amago de deslizarse hasta el suelo.
Emma ya estaba a punto de gozar con Regina entregada de aquella forma, cerró el grifo de la ducha, agarró a la morena en sus brazos y la llevó a la cama, la recostó delicadamente sobre los pétalos y comenzó a besar el cuerpo desnudo, las sábanas se fueron mojando porque no se habían secado, pero eso a Emma ni le importaba, solo quería entregarse a la mujer que estaba en su cama.
Besó el cuerpo de la morena lentamente, estaba haciendo un reconocimiento del escultural cuerpo, descubriendo en qué zonas se excitaba más, con cada gemido que Emma escuchaba sentía su vagina latir. Regina giró a la rubia, y quedó encima de ella, comenzó a besar a Emma de la misma forma que hizo con ella, estaba reconociendo el cuerpo de la rubia, le gustó escuchar los gemidos de ella, nunca imaginó que escuchar un gemido de mujer pudiera ser tan placentero.
Decidió ser atrevida, no sabía muy bien cómo hacer aquello, pero dejó que el deseo la condujera, acarició los pechos y la barriga con sus manos, descendió por los muslos y las piernas, después hizo el camino inverso y le tocó entre las piernas. Emma soltó un gemido alto, lo que hizo a Regina abrir una gran sonrisa de satisfacción, le quitó la parte de abajo a la rubia y masajeó la zona, le gustó lo que encontró ahí, una rubia completamente mojada, al ser mujer entendía que estaba haciéndolo bien, volvió a besarla en la boca, la rubia comenzó a retorcerse en las manos de Regina, al percibir el aumento de la presión y de los movimientos.
-¡Ah, Regina!- su voz falló y se relajó en la cama
Regina sonrió maliciosa y se acostó sobre su pecho. Estaba excitada de nuevo solo con escuchar a la rubia. Emma pasó la mano por la espalda de la morena y la sintió estremecerse.
-Tú…- intentó preguntar lo que ya sabía, Regina necesitaba más
Emma pasó la mano por la cintura de la morena y bajó hasta la mitad de sus piernas, la iba tocando lentamente, Regina gemía bajito y hacía fuerzas contra la mano de la rubia.
-Emma…Quiero sentirte dentro de mí…- susurró Regina enloquecida
-Tus deseos son órdenes…- susurró a su vez devorándole la boca y entró con un dedo en su centro apretado y caliente, Emma notó los músculos internos de Regina contraerse alrededor de su dedo.
-¡Hmm, más…!- pidió
-¿Más? ¿Y si yo no quiero?- provocó maliciosa
-Por favor…¡Venga…Ahhh!-imploró
Emma colocó dos dedos más y comenzó a moverse con intensidad, de la manera que la morena necesitaba.
No pasó mucho tiempo para que Regina alcanzar su cuarto orgasmo. Emma se dio cuenta de que si continuaba así, alcanzaría otro enseguida, y así lo hizo, no paró, continuó de la misma manera, entrando y saliendo con los veloces dedos, Regina ahora gritaba de placer, no eran solo gritos comunes, eran altos, llenaban el cuarto, la casa y quizás hasta llegaran afuera. Menos mal que estaban en mitad de la hacienda. Emma sintió cómo un líquido caliente se deslizaba entre sus dedos por segunda vez, miró a Regina y se llevó los dedos hasta su boca, los chupó uno a uno, lentamente, haciendo que Regina la mirase.
-¡Tu gusto es increíble, Regina Mills! Quiero que sientas cómo me dejas…- agarró la mano de la morena y la llevó a su vagina
-¿Lo notas? Te quiero aquí dentro…- agarró dos dedos de la morena y la ayudó a colocarlos -¡Ahhh! Así…despacio…- Regina aprendía rápido, le gusto esa sensación de sentirse dentro de una mujer, no iba a querer parar. Intensificó los movimientos de vaivén. Escuchar a Emma gemir de aquella manera, dejó a Regina loca de nuevo, no sabía lo que estaba pasando, pero parecía insaciable, pegó su propia intimidad en el muslo de la rubia y por instinto comenzó a moverse junto con los dedos en el interior de la rubia.
-¡Dios, ahhh!- gimió Regina
-Rápido, Regina… ¡No pares! Yo…voy a …¡Ahhh!- Emma sintió los espasmos tomar cuenta de ella. Regina cayó sudada encima del cuerpo de la rubia temblando junto con ella.
Regina encontró aquellos ojos verdes y sonrió, nunca se había sentido tan completa, aquello parecía tan correcto, su corazón estaba trasbordando felicidad, sabía que después de aquello no quería renunciar a la rubia, quería aquello para siempre, pero no podría, no estando embarazada. Se preguntó cómo había dejado que eso pasara, sabía la respuesta, pero no lo iba a admitir a sí misma.
Emma pensaba en lo feliz que se sentía, como nunca antes, por primera vez conseguía imaginarse al lado de una única persona, despertando todos los días juntas. Le gustó la imagen de Regina solo de ella, y no le importaba ser de la morena y de nadie más.
Sus respiraciones ya volvían estar bajo control y fue Emma quien decidió quebrar el silencio, mientras acariciaba los mechones mojados de la morena.
-¡Wow!- dijo Emma tras unos segundos, sacando a Regina de sus pensamientos -¿Cuántos has tenido? ¿Cuatro? ¿Cinco?- preguntó sonriente, estaba encantada de cómo la morena podía llegar a tanto, Emma era buena en la cama, sí, pero hasta para ella había sido una novedad.
-Creo que seis…- Regina se levantó de la cama, no consiguió terminar la frase, fue al baño y se agachó en la taza, echando fuera todo lo que había comido por la tarde.
-¿Regina?- Emma corrió hacia el baño para ayudarla -¿Qué te pasa? ¿Estás enferma? Voy a llamar al médico- dijo todo de una vez, estaba preocupada. Regina nada dijo, tuvo que acercarse de nuevo a la taza. Emma agarró sus cabellos y le acarició su espalda desnuda –Ven…lávate la cara…- dijo ayudando a Regina a levantarse, parecía débil –Toma un baño…Te sentirás mejor…Voy a traer toallas y cogerte algo de tu maleta- fue en dirección al cuarto.
Regina se miró en el espejo, estaba blanca, tenía que contárselo, pero no tenía ni el valor ni las fuerzas, no después de seis orgasmos increíbles, los mejores de su vida. No imaginó que fuera posible, había escuchado hablar de orgasmos múltiples, pero nunca le había pasado con un hombre, como máximo dos, quizás tres, muy raramente, ni se acordaba de con quién, quizás Robin, pensó. No quería renunciar a aquello, pero era necesario, y lo haría. Tomó un baño y se vistió. Emma estaba en la cocina preparando la cena.
-¿Emma?- preguntó tímida
-Hola…¿Estás mejor?- Emma dijo moviendo las sartenes –Vine a preparar algo para que comas…Quizás estés con hambre…Y después de…ya sabes…- se sonrojó
Regina sonrió débilmente
-Tenemos que hablar…- su voz falló. Apenas conseguía encarar a la rubia.
La expresión de Emma cambió de inmediato, imaginó que no sería algo bueno.
-Es mejor que comamos primero…- sentía que si escuchaba lo que Regina tenía que decir perdería el apetito.
-Si no lo digo ahora…no tendré el valor- clavó su mirada en las esmeraldas –Emma…yo…yo…estoy "embarazada", pensó, pero no consiguió terminar, decidió contar una parte de verdad, tomó una bocanada de aire y continuó ….empezando a sentir algo por ti…-confesó, pero no era ese el final de la frase
-No digas más, por favor…- Emma ya tenía los ojos llorosos. Se acercó a la morena y le rozó los labios –A mí también me gustas…solo quiero que seas mía Regina…Mira…Pienso que sientes lo mismo por mí…Sé que aún nos estamos conociendo…Pero…significas mucho para mí, yo…nunca me he sentido así con nadie antes…- confesó tímida, no era buena en expresar sentimientos.
-No puedo…No puedo estar contigo…- dijo con los ojos llorosos
-¿Por qué? ¿Por qué no puedes?- dijo más alto, no estaba entendiendo
-Estoy embarazada, Emma…- dejó caer una lágrima solitaria.
