Soledad
Emma no esbozó ninguna expresión, su rostro estaba impasible, miraba a Regina con cara de asco. ¿Cómo podía jugar con la rubia de esa manera? Más ancha que larga, y soltar la bomba: estoy embarazada. ¿Quién se cree Regina que es para usar a la rubia?
Rabia. La expresión de Emma cambió a rabia. Rabia, porque le estaba gustando la maldita morena, porque fue el mejor polvo que había tenido en la vida, porque se sentía traicionada. ¿Traicionada? Sí, Emma se sentía el segundo plato. Imaginó al padre de la criatura, ¿qué gusano deja embarazada a alguien y la deja libre para salir con quien quisiera? Espera. Regina nunca ha dicho que tuviera a nadie, todo lo contrario, siempre ha dejado claro que estaba soltera y que no tenía relaciones serias. Entonces…¿sería del cuñado? ¿Del cuñado del que Regina contó que había sido su novio antes de casarse con la traidora de su hermana?
-¿CÓMO? ¿POR QUÉ HAS HECHO ESTO? ¿POR QUÉ VINISTE A FOLLAR CONMIGO?- Emma gritaba de rabia. Regina no imaginó que sería esa la reacción de la rubia, sintió miedo y dio un paso hacia atrás -¿QUIÉN ES EL PADRE?-escupió la pregunta.
-Yo soy la madre, y es eso lo que importa…- susurró, no sabía qué pensar. Su mirada encaraba el suelo.
-¿ES AQUEL CUÑADO TUYO? ¿AQUEL DESGRACIADO TE TRAICIONÓ, TE DEJÓ EMBARAZADA Y AÚN LE QUIERES? ¡VAS A TENER UN HIJO CON ÉL!- sacó sus propias conclusiones, los celos cegaron a Emma completamente, no estaba nerviosa porque Regina estuviera embarazada, sentía rabia de que hubiera alguien más importante que ella en la vida de Regina, el padre de aquella criatura, y la rubia no estaba dispuesta a compartir el sentimiento con un ex por el que la morena sintió algo, o siente aún.
-¿Qué? ¡No! ¡HAS ENTENDIDO MAL!- habló alto, la rubia no dejó a Regina hablar
-¡NO QUIERO SABERLO! ¡NO QUIERO SABER DE QUIÉN ES HIJO ESE BASTARDO! ¡SIENTO ASCO DE TI, REGINA!- golpeó la mesa, sus ojos eran pura rabia –Querías saber cómo era el sexo con una mujer…Felicidades…Ya sabes…Sé que he sido una más en tu cama…- se acercó a Regina para hablar, se sentía usada, era paradójico ese sentimiento, ella que usaba y tiraba como un pañuelo desechable, nunca había probado de su propia medicina, se sentía una basura –Come algo…No quiero que te sientas mal, no hay hospital por aquí cerca. Mañana temprano te llevaré a casa- dijo saliendo de la cocina.
Regina soltó la respiración que ni sabía que estaba aguantando. Emma había entendido todo equivocadamente, pero si ella pensaba que Regina era una puta, no tenía sentido continuar aquella conversación. No tenía hambre, sabía que tenía que comer, pero no lo hizo. Se sentó a la mesa y lloró en silencio. ¿Cómo una tarde tan maravillosa se había vuelto una pesadilla?
Pasaron algunas horas y Regina seguía sentada en la cocina, ya no lloraba, pero el dolor de cabeza le molestaba, estaba con nauseas, pero lo ignoró, al final se levantó y fue a tomar agua. Escuchó pasos en su dirección, no se giró, permaneció de cara al fregadero tomando el agua.
-He cambiado las sábanas de mi cuarto…Duerme allí. Yo voy al cuarto de invitados- dijo Emma seca, y después se dirigió al otro cuarto.
Sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente, pero no iría a llorar. Ya había tomado su decisión, aquello había sido una gran locura, Regina nunca había sido así, no se permitía envolverse, y ahora no sería diferente. Había planeado ese hijo y lo criaría de la mejor forma posible, sola, como siempre supo que lo haría. ¡Qué ingenuidad por su parte pensar que la rubia iba a formar parte de aquello! Se acarició la barriga.
-Solo somos tú y yo, hijo…- susurró. Y se fue al cuarto. Ya no había velas, ni rastro de pétalos, las sábanas estaban secas y bien puestas en la cama. Regina se echó y sintió el olor del amor que habían hecho horas antes de toda esa confusión. ¿Amor? "Yo no hice el amor con ella", pensó irónicamente, pero en el fondo sabía que no había sido solo sexo.
Intentó dormir, pero pasaron dos horas desde que se había acostado, y el hambre la hacía retorcerse de dolor. Decidió levantarse e ir a ver qué había en las sartenes.
-¿Emma?- Regina preguntó sorprendida, aparentemente la rubia tampoco podía dormir y estaba de pie, pegada a la encimera comiendo una manzana.
-¿Quieres? Allí hay…Sé que te gustan- ofreció y señaló
-Sí…Gracias- Regina amaba aquella fruta, y se sintió feliz de que Emma recordara las conversaciones mantenidas hasta tarde por teléfono.
-Le pedí a los caseros que recogieran esta mañana para ti…- se encogió de hombros
-Gracias…No sabía que aquí había manzanos- dio una mordida algo tímida
-Porque no te llevé hasta allí…Era para otro momento…- desvió la mirada, estaba enfadada.
Regina permaneció en silencio, ¿qué sería lo que Emma había planeado para ese otro momento? Y si Regina no le hubiera contado lo del embarazo, ¿qué estaría a punto de suceder? Prefirió apartar los pensamientos, no podría esconder el embarazo para siempre, así es mejor, cortar el mal de raíz.
-No has cenado…Es mejor que comas…Aunque sea un poco- terminó la manzana y tiró el hueso. Salió sin decir nada.
Regina sintió que una parte de su corazón se marchaba con ella. ¿Qué era aquello? Regina estaba sufriendo, sufriendo a causa de la rubia estúpida que no dejó que la morena se explicara. Decidió comer un poco de la fría cena, no quiso calentarla, comió un poco solo para que aquella incomodidad pasara.
Se acostó y se quedó dormida rápidamente, fue vencida por el cansancio. Se despertó con Emma acariciando su rostro. Abrió los ojos sin entender, ¿Emma no estaba enfadada? Un atisbo de esperanza planeó en el aire, quería tener la oportunidad de explicarse y aclarar las cosas.
-Emma…- susurró con la voz ronca, abriendo los ojos y encontrándose con los verdes.
-Disculpa por entrar…Llamé varias veces a la puerta y no respondías, pensé que podrías estar desmayada…Es un alivio ver que no…- fue sincera, por más que quisiera negarlo, estaba encantada por la morena, se quedó algunos minutos allí admirando a la morena dormir antes de despertarla. Imaginó dormir al lado de ella todos los días y ver su barriga creciendo, pero, ¿en qué estaba pensando? A ella ni le gustaban los niños, los detestaba en realidad, nunca había querido tener hijos, su padre siempre le estaba pidiendo nietos, pero la rubia siempre había sido firme diciendo que nunca se quedaría embarazada, pero, ¿ahora? ¿Por qué su corazón latió más fuerte al pensar en esa posibilidad? Apartó ese pensamiento, aquella criatura tenía un padre, podría no ser Robin, pero era alguien que, con certeza, iba a querer formar parte de la vida de Regina y del hijo.
-Yo… ¿qué hora es? He dormido mucho- estaba confusa, el sol ya parecía bastante alto, dedujo que ya podría ser la hora del almuerzo.
-Sí…No quise despertarte porque…- se detuvo, hizo un gesto hacia la barriga de la morena- Instintivamente Regina tocó su barriga como si recordarse lo que había pasado –Como ya he preparado el almuerzo, creo que es importante que comas antes de marcharnos- entonces era eso, Emma no había ido a conversar, solo quería marcharse de allí, Regina sintió un pinchazo en el estómago, sintió nauseas, pero no por el embarazo.
-Está bien, no es necesario que te quedes…Me cambió y ya voy a la cocina para que podamos irnos- fue borde, se levantó de la cama y cerró la puerta del baño con un portazo. Emma no entendió el cambio repentino de humor, pero no contestó, se fue derecha a la cocina a terminar los detalles del almuerzo.
Almorzaron en silencio, Regina apenas tocó la comida, Emma insistió en que comiera más, pero la morena fue ruda, diciendo que a ella ni le importaba su hijo, y que no necesitaba preocuparse porque ellos ya se iban.
Emma resopló ante la testarudez de la morena, pero decidió ignorarlo, preparó un sándwich de reserva y lo metió en el bolso por si Regina sentía hambre durante el viaje.
Ya estaban a mitad de camino, las dos mujeres nada decían, Regina estaba inquieta en el asiento, parecía sudar frío y sus pies batían en el suelo del coche.
-¡Para el coche!- gritó. Emma se salió al arcén e hizo lo que morena había pedido. Regina abrió la puerta rápidamente y corrió hacia un árbol cercano y vomitó.
-¡Joder!- rezongó mientras echaba fuera lo poco que había almorzado.
Emma llegó con una botella de agua y se la ofreció extendiendo la mano.
-¡Sal! ¡No tienes que ver esto!- se quejó
-Calma…Tampoco soy una insensible, y últimamente he acompañado a mi madre en esa fase…Coge el agua, y deja de ser orgullosa- habló con calma acercándose.
Regina cogió el agua a desgana y se enjuagó la boca, y después tomó un sorbo.
-Se te da esto- observó refiriéndose al agua
-Como dije… es por mi madre. Te he traído un sándwich, por si tenías hambre, pero ahora te lo vas a tener que comer tanto como si quieres como si no
-¡Genial!- dijo poniendo las manos en la cintura -¡No necesitas fingir que estás cómoda con esto! ¡Porque sabemos que no lo estás! ¡Solo lléveme a casa lo más rápido posible, señorita Swan! – fue borde como de costumbre, ordenó y volvió a ser formal.
-Está bien…- resopló, entró en el coche y dejó el sándwich sobre el salpicadero, frente a Regina –Haz el favor de comer porque no me apetece tener que parar de nuevo por la madame- usó el mismo tono de la morena arrogante.
Regina decidió comer aunque sin ganas, no quería tener que parar y estar un minuto más al lado de aquella irritante rubia.
Finalmente llegaron, Emma descendió del coche solo para ayudar a Regina a coger la bosa del maletero. No se despidió y arrancó, marchándose de allí.
Regina entró en su apartamento y fue derecho al teléfono a comprobar el contestador.
"Un mensaje de voz: ¡Reginina! En cuanto llegues, llámame para contarme cómo fue tu fin de semana con la rubia
Resopló dejándose caer en el sofá, escribió un mensaje corto diciéndole a la amiga que había sido un fiasco.
Emma llegó a la casa de pésimo humor golpeando todas las puertas por donde pasaba.
-Emma, ¿hija? ¿Está todo bien?- preguntó Mary Margaret dándose cuenta del estado de la hija -¡Tus primas están aquí! Elsa y Anna…han venido a pasar unos quince días- gritó Mary desde abajo
-¡Voy al baño, mamá! Ya bajo- gritó a su vez, a pesar del mal humor, sus primas eran una buena compañía, incluso Anna parloteando el tiempo entero. Descendió las escaleras y fue abriendo los brazos en dirección a Elsa.
-¡Cómo te he echado de menos, Emma! Tu madre dijo que hoy llegarías tarde…- dijo Elsa abrazando a la prima
-Sí…Tu padre ha dicho que finalmente has presentado una mujer a la familia, y sin tu famosa etiqueta de "amiga". Lo que me parece muy bien…sobre todo porque ya no eres tan joven como yo. ¡No es que seas vieja, Emma! Lo que quiero decir es que…¡Déjalo! ¿Se llama Regina Mills, no? Tu padre dice que es guapa. ¡No eres tonta tú, ni nada, eh! ¿No es dueña de aquella empresa…¿cómo se llama? ¿Mills Company? ¡Sí, lo es! ¡Wow! Estás saliendo con una ricachona…- dijo Anna todo de una vez sin respirar
-¡Ya basta Anna!- la reprendió Elsa avergonzada –Deja que Emma abra la boca. Y no saques conclusiones precipitadas- susurró la hermana
-¿Y entonces hija? ¿Cómo fue? No pareces feliz- observó -¿No le ibas a pedir que fuera tu novia? Pensé que llegaría contigo…
-Ah, mamá…No quiero hablar de eso ahora…-miró a Anna -¡Y ella no es mi novia!- dijo sentándose en el sofá y poniendo los pies en la mesa de centro
-¡Quita los pies de la mesa, Emma! ¡Tenemos visita!- la reprendió Mary acariciando la barriga que ya estaba siendo visible.
Emma resopló, pero obedeció
-¿Quieres conversar, Emma?-se ofreció Elsa, conocía muy bien a la prima, siempre habían sido confidentes la una de la otra.
-No sé si quiero hablar de eso ahora…Tengo que procesar todo primero. Están pasando muchas cosas aquí- señaló con el índice su cabeza.
-Está bien…Más tarde entonces…- le guiñó, cómplice, el ojo
La noche cayó y todos se fueron a sus respectivos cuartos. Elsa entró en el de la prima para charlar en mitad de la noche como cuando eran pequeñas, con la diferencia de que antes bromeaban, y ahora conversaban de cosas serias.
-¿Elsa?- susurró -¡Vaya tardanza! ¡Pensé que ya no venías!- se sentó en la cama, dejando espacio para la prima. Las luces seguían apagadas.
-¿Emma? Tuve que esperar a que Anna se durmiera, ya sabes, siempre viene a espiar tras la puerta…¿Qué ha ocurrido?- susurró a su vez, sentándose en la cama al lado de la prima
-Ah, Elsa…es una larga historia…- continuó hablando de cómo conoció a Regina en el aparcamiento del hospital el día en que Mary descubrió que estaba embarazada, que chocó con su coche y que ella fue extremadamente maleducada, le contó lo del día de la feria, después las flores y el colgante, que después de aquello se habían acercado más, que tuvieron una cita, que llevó a la morena a la casa de campo a conocer a los padres y que finalmente ese fin de semana había sido un desastre, porque la hermosa morena estaba embarazada y Emma ni sabía de quién.
-¡Vaya! Creo que las cosas fueron muy rápido entre vosotras…¿MENOS DE DOS MESES?- dijo la última frase muy alto.
-¡Shhh! ¿Quieres despertar a todos?- susurró llamándole la atención
-¡Qué mal…!- volvió a hablar bajo -¿Y qué estaba haciendo ella en el hospital?
-¿Y yo qué sé Elsa? ¿Te he contado todo y te centras en eso? ¡No importa! Te conté esa parte solo para que supieras cómo nos habíamos conocido- dijo algo irritada. Quería un consejo, una solución, y Elsa parecía no haber prestado atención a la parte principal: ¡Regina estaba embarazada!
-Hum…- se colocó la mano en la barbilla
-¡Habla Elsa! ¿Qué estás pensando?- Emma estaba que se subía por las paredes, quería saber ya lo que la prima estaba tramando, porque conocía aquella cara, y no sería un consejo
-Mira prima…Creo que te has precipitado…
-¿Cómo? ¡Está esperando un bebé!- escupió indignada con la reacción de la prima
-Calma…¿Me dejas continuar?- Emma dijo que sí con la cabeza
-Veamos…Has dicho que ella confirmó que no es de aquel tipo. Y no dijo quién era el padre. Que ella era la madre y eso es lo que importaba. También te dijo que tú le gustas, y siempre ha recalcado que es soltera. Tú me has dicho que ella no ha salido con nadie después de conocerte a ti…
-¿Y? ¡Puede muy bien haberse quedado embarazada antes!- dijo impaciente -¡Di ya lo que estás pensando!
-Bueno…Creo que quizás…solo quizás, Emma…no hay un padre de verdad- concluyó
-¿Qué dices? ¿Te has vuelto loca?- dijo sin entender a dónde quería ir a parar la prima
-Quiero decir que no hay un padre conocido, estoy hablando de que puede haberse sometido a una inseminación artificial
-¿Por qué alguien haría eso?- para Emma eso era un sinsentido
-¿Pero será posible, Emma? ¿De verdad eres tan ciega? Tú misma me has dicho que ella es dueña de la empresa esa… he olvidado el nombre…Y que salía con quien quería por diversión o sexo…da igual…¿Crees que alguien rica como ella va a quedarse embarazada por accidente de un padre que podría querer arruinarla? Convengamos que esa Mills es muy inteligente. Por lo menos es lo que tú me has contado, y super responsable con su empresa, así que… yo concluyo eso- dijo como si descubriera un misterio, tenía una gran sonrisa en la cara.
Emma tenía un signo de interrogación gigantesco en su mente.
-Pero…Nunca hemos hablado de eso…sobre ella querer ser madre. ¿Y por qué no me lo contó antes?- se dijo a sí misma en un susurro casi inaudible
-No sabes desde cuándo lo está intentando, esas cosas suelen tardar, a lo mejor se olvidó- Elsa parecía conocer a Regina, había deducido todo con precisión –Ahora la pregunta que hay que contestar…si mi suposición es cierta es…¿qué vas a hacer al respecto?- señaló a la prima con el dedo
Emma no sabía, era mucha información, no quería ser madre, nunca pensó en esa posibilidad, pero tampoco quería estar lejos de la morena, ¿qué haría? No. No lo sabía. Ser madre era demasiado para ella. Decidió dejarlo estar. Podría vivir sin Regina de nuevo, nunca se había apegado a nadie antes, ahora no sería diferente, volvería a sus juergas nocturnas, una mujer en su cama cada día. Estaba decidida, no iría a buscar a Regina nunca más. Definitivamente ser madre no era lo suyo, Regina solo ha sido una más en mi cama, solo una vez, como todas las demás, pensó
-¿Yo? Lo voy a dejar estar, Elsa…Definitivamente no he nacido para ser madre, tampoco para criar hijos de otra. ¡Ni me gustan los niños!-intentó reír con la última frase. Elsa no lo encontró gracioso.
-Pues creo que estás siendo egoísta con ella y contigo misma. ¿No has pensado que ella puede ser tu oportunidad de formar la familia que tu padre quiere?- Elsa era sensata
-¿También tú con esa historia de formar una familia?- se irritó
-No, Emma…Lo digo por ti, pero creo que tu padre tiene razón en cierto punto. Te quedarás sola…¿Quién va a envejecer a tu lado?- fue firme, tenía que hacer que su prima despertara a la vida
Emma recordó el deseo que sintió de mirar aquel hermoso rostro todos los días, pero ahogó ese deseo, no era eso lo que quería, quería su libertad, y criar un hijo significaba estar presa a él.
-Ya lo he dicho, Elsa…Lo dejaré estar, tampoco ella me gusta tanto. Como tú misma has dicho, nos conocemos apenas de hace dos meses. Pasará…- intentó creerse sus propias palabras.
-Bien…Tú sabrás, Em- llamó a la prima por el apelativo-Espero que, al menos, pienses en ello…Ibas a pedirle que fuera tu novia, nunca llegaste a tanto con nadie…Piensa en eso…Buenas noches- Elsa salió de puntillas, dejando a una rubia pensativa en el cuarto.
El otro día comenzó agitado, Regina fue a trabajar y para su sorpresa, Zelena estaba allí. La ayudó con el papeleo en el despacho del marido, lo que dejó a Regina aliviada, pues había marcado una consulta con su médico particular a la hora del almuerzo, quería hacerse los exámenes y confirmar, de hecho, el embarazo, a pesar de que tenía la certeza, y saber que todo estaba bien, y además quería desesperadamente un remedio para las nauseas, no se podía trabajar de aquella manera. Decidió contarle la noticia a la hermana a la vuelta del hospital.
El doctor confirmó el embarazo, le dijo que estaba de siete semanas y que las nauseas eran normales, le pasó un remedio, pero le dijo que no abusará, solo en caso de que se encontrara muy mal, así que Regina prefirió no comprarlo, ya que podría perjudicar al bebé de alguna manera, y aunque el médico le dijera que no, mientras no abusara, ya se sabe cómo son las madres primerizas.
Le contó, preocupada, que había injerido alcohol las primeras semanas y se sintió pésima, si eso perjudicaría de alguna manera al bebé, el obstetra le dio una pequeña bronca, recordándole que había hablado sobre eso con ella antes de llevar a cabo el procedimiento de la inseminación, le dijo que no se podía saber si había afectado al embrión, pero que, a partir de ahora, no metiera por su boca nada de alcohol. Recalcó que si soñarlo, porque en muchas casos el bebé podría tener muchas probabilidades de nacer antes de tiempo. Regina desorbitó los ojos sintiéndose culpable e imprudente. El médico le pasó la dieta que tendría que seguir y marcó la próxima consulta. Salió de la consulta del doctor Whale con una sonrisa de oreja a oreja y se encontró de frente con Mary Margaret.
-Regina, ¿qué haces aquí? ¿En la consulta del obstetra?- preguntó sorprendida y curiosa
-Ahmm…Hola- solo respondió eso
-No me digas que…¡Ay, Dios mío! Emma…- Mary pensó en la hija y dedujo todo, el porqué la hija había llegado desanimada y no había pronunciado el nombre de la morena.
Regina tembló al escuchar el nombre de la rubia. Quería salir rápido de allí.
-Tengo algo de prisa, señora Swan…con permiso- salió de allí a paso largo. ¡Qué pequeño es el mundo! Pensó en cambiar de hospital, pero aquel era el mejor y confiaba en el doctor Whale, era el mejor obstetra de la ciudad, Zelena era su paciente, y Roland vino al mundo de las manos del doctor. No iba huir, Regina no era mujer de huir, todo lo contrario, las personas son las que se apartaban de su camino.
Volvió a la empresa decidida a contárselo a la hermana, pero ya no estaba allí, le mandó un mensaje invitándolos a almorzar el domingo.
Pasó la tarde pensando en la rubia, intentó ignorar en vano los fuertes latidos de su corazón. Quería que fuera diferente, quería que ella formase parte de aquel momento especial. ¿Cómo era eso posible? Pensó muchas veces en ser madre soltera, ¿y ahora estaba flaqueando? Ahora que lo había conseguido, ¿quería a alguien para compartir ese momento? No solo alguien, quería a Emma, solo a Emma. Pensó en llamarla y pedirle una oportunidad para explicarse, pero desistió cuando recordó que la rubia había llamado a su hijo bastardo. Déjalo estar, Regina…olvida…Solo fue un maravilloso polvo. Sintió que se mojaba solo de recordarlo ¡Por Dios! ¿Qué es eso, Regina? ¿Ahora te vas a excitar en el trabajo?, centró sus pensamientos en la pila de papeles que había en su mesa.
La noche llegó y Tinker fue a buscar a la amiga al trabajo, irían a cenar juntas a un restaurante que a Regina le gustaba, tenía que ponerla al día, y la rubia bajita estaba más que curiosa por saber qué había pasado.
-Entonces…¿me cuentas?- la rubia ya estaba impaciente, Regina habló un mogollón del bebé y de lo que quería comprar, habló de las nauseas y de los doloridos pechos, cosas que Tink no tenías muchas ganas de saber, pero no iba a ignorar a la amiga.
-Ay, Tink…fue como lo imaginé, quiero decir…Peor…ella reaccionó mucho peor de lo que pensé…-suspiró pesarosa
-¡Joder! ¿Quieres decir que no pasó nada entre vosotras?- Tink preguntó después de que Regina le contara los detalles de la discusión.
-Sí que pasó, Tink…Y fue genial…el mejo sexo de mi vida…- contó enfadada
-¡Hum… Sabía que aquella rubia desvergonzada era buena en la cama!- concluyó victoriosa llevándose un trozo de pescado a la boca -¿Cuántos?- preguntó curiosa
-¿Cuántos qué?- preguntó sin entender
-¡Ay, Regina! ¡Estás muy lerda últimamente, debe ser el embarazo! ¿Cuántos orgasmos, tonta?- dijo con la intimidad que solo tenía con ella
-Ah, seis…- se sonrojó y se llevó el jugo a la boca para ocultarlo
-¿SEIS ORGASMOS?- gritó en mitad del restaurante. Algunas personas se giraron hacia la mesa de ellas
-¡Tink! ¡Por Dios! ¿Quieres que todos se enteren?- la reprendió mientras seguía comiendo
-Perdón…Es que eso nunca me ha pasado a mí…¡Qué envidia! Creo que quiero una noche con ella- sonrió maliciosa mientras bebía su vino. A Regina no le gustó nada el comentario tonto de la amiga y le lanzó una de aquellas miradas maquiavélicas con la ceja alzada -¡Vale! ¡Perdón! ¡Ya no bromeo más!- levantó las manos en señal de rendición. Y se rió traviesa. Regina no resistió y se permitió sonreír con la amiga.
-Ya…Ahora sé porque estás enfadada…Lo siento mucho, amiga- agarró su mano intentando consolarla, sabía que no era solo por el sexo, Tinker conocía bien a Regina para saber que la rubia le había calado hondo, sabía que Regina estaba permitiéndose amar otra vez, claro era que ella misma no lo sabía, pero Tink tenía la certeza, aquel corazón de hielo se estaba derritiendo.
-He decidió dejarlo estar, ¿sabes?...Tomé esta decisión sola, y sola la voy a encarar- estaba determinada
-Bueno…Yo estaré contigo, y agarraré tu mano cuando llegue la hora- dijo apretando más la mano de la amiga
-Gra…gracias Tink…¡No sé qué haría sin ti!- sonrió con los ojos húmedos.
