Deseo
Regina no fue a trabajar por la mañana, prefirió quedarse con Emma, la añoranza era mucho más grande, sin embargo, a pesar del deseo, se quedaron solamente echadas, sintiendo el cuerpo de la otra, recuperándose de toda esa falta que se hicieron durante esos siete días que más habían parecido siete años. Regina estaba muy envuelta, ya no podría salir de aquel barco, se hundiría junto con él si fuera preciso, y a pesar de que la inseguridad de Emma le había hecho pasar por ello de nuevo, se permitió darle otra oportunidad, quizás un error, pero Regina sabía que tampoco podría vivir ya sin su novia por mucho tiempo, Emma era más que una novia, era la otra madre de su hijo.
Hora del almuerzo. Sala del obstetra.
-Bueno, mamá Mills. Decimoctava semana de gestación. ¿Cómo se siente?-el doctor Whale preguntó mientras ya extendía el gel.
-¡Pesada!- Regina reviró los ojos
-Es normal, de aquí en adelante ganará peso en mayores proporciones. Veo que el bebé está quietito. Y de piernas cruzadas…- habló mientras intentaba ver el sexo del bebé.
-¡Ah, no chico! Venga, despierta, te mueves toda la noche, ¡ayuda a tu mamá rubia, va!- Emma charlaba con la barriga como si hablara con un adulto. Regina se reía.
-Es verdad, doctor, se mueve durante toda la noche, ya no me deja dormir, de día se queda quieto. Ya no sé qué hacer- Regina quería una solución.
-Creo que de noche se agita por algún motivo…- sonrió lascivo
-Hum…- Regina se sonrojó, y le lanzó una mirada traviesa a Emma
-¿Queréis quedaros un momento a solas para intentar despertar al bebé? Eso si saber el sexo del bebé es muy importante- el obstetra ofreció una solución, las mujeres parecían ansiosas.
-¡Sí!- respondieron las dos a la vez, estaban más que ansiosas
-Está bien…Voy a tomarme un café…- les guiñó un ojo. Y dejó a las dos mujeres solas en la sala.
-¿Y ahora?- preguntó Emma, mirando a la novia, no sabía qué hacer.
-Bueno…No sé…Siempre consigues agitarlo cuando…- se sonrojó, tenía vergüenza de decirlo.
-¡Ah!- Emma pareció entender -¿Cómo lo hago? ¡Tu barriga está llena de ese gel asqueroso!- se quejó
-¡Ay, Emma, solo bájame los pantalones, son holgados…!- hizo un movimiento para quitárselos.
-¡Espera! ¿De verdad quieres hacer esto? Quiero decir…¡Estamos en un hospital!- dijo Emma preocupada
-No tenemos mucho tiempo, el doctor fue solo a tomarse un café. ¿Quieres o no quieres saber?- preguntó impaciente
-¡Claro! ¡Lo deseo mucho!- dijo aunque vacilante
-¡Vamos! ¡Hazlo!- Regina ordenó
Emma bajó los pantalones de la novia y comenzó a hacer el "servicio"
-Hum…Esto está bien en cualquier lugar…- dijo Regina con los ojos cerrados agarrando la cabeza de la rubia.
-¿Está funcionando? ¿Se ha movido?- Emma levantó la cabeza para encarar a la novia
-Ay Em…¡No! No pares…- dijo quejumbrosa
-Está bien…- suspiró y volvió con los movimientos circulares de su lengua
-Ahhh Em…Hum…- Regina gimió
-¡Creo que esto no va a dar resultados!- la rubia salió de la posición de nuevo
-¡Por Dios, Emma! ¿Cuál es el problema?- la morena se irritó
Toc, toc, toc. El obstetra anunció su llegada. Emma rápidamente salió de su posición, se sentó en la silla cercana a Regina, quien se subía los pantalones con rapidez.
-¿Y, mamá Mills? ¿Se ha movido ese dormilón?- el doctor entró en la sala, volvió a pasar el aparato y miró a la pantalla- Ningún movimiento, debe estar cansado…¡Infelizmente no será hoy Regina!
"Joder", era lo que pensaban las dos madres, querían saber de verdad, ahora la próxima ecografía era en el séptimo mes.
Volvieron a casa en silencio, Regina estaba frustrada, de verdad quería mucho saber si era el muchachito que ella pensaba. Emma tenía la mirada distante.
-¿En qué estás pensando, Em?- preguntó Regina entrando en el aparcamiento del edificio
-Tengo que cuidarte mejor…- respondió la rubia aún con la mirada distante
-Ya cuidas de mí, Em…Nos cuidas muy bien…- pasó la mano por la barriga.
-¡No! ¡No os cuido! Te dejé por segunda vez…No soy igual a ti, Regina, no tengo una casa mía para vivir…No tengo ahorros para su universidad…Necesito formarme en algo…- se desahogó. Regina pasó su mano por el rostro de su novia.
-¿Es por eso por lo que estás preocupada? Yo tengo dinero…Y tú no te marcharás más, ¿verdad?- dijo en su tono más amable
-Esa es precisamente la cuestión, tú lo tienes todo…¿Qué te puedo dar yo? ¿Qué le puedo dar a nuestro hijo?- miró a la novia con cierto desespero
-Amor. Solo quiero que te quedes…No te pido nada más, Emma…Solo que no te marches…- dijo acercando sus cabezas
-Ya te doy todo mi amor…Pero, querría poder darte más, más a ti y a nuestro hijo…- le acarició la cicatriz del labio superior
-Ya me lo das todo, Em…solo por formar parte de mi vida…- besó a su novia con ternura -¡Ay!- gimió Regina, y se acarició la barriga, algo dolorida. -¿Eso quiere decir que ahora has decidido despertarte, hijo? ¿Ahora?- las dos mujeres se echan a reír.
-Sí, chico…No sabes lo que he tenido que hacer hoy…Y dentro de un hospital ¡Por tu culpa!- conversaba con la barriga, salieron del coche y se dirigieron al ascensor.
-Hablando de eso…- Regina agarró a Emma dentro del ascensor, le dio un beso abrupto, sus lenguas se tocaban con deseo, la morena quería más de la rubia, le quitó la chaqueta y le tocó los pechos- Quiero que me aprietes con esos fuertes brazos…- le pidió al oído, acariciando los definidos brazos de la rubia. Emma apretó a Regina contra la pared y direccionó su mano hacia dentro de los holgados pantalones.
-Hummm…Como siempre, estás preparada para mí…- susurró entrando con su lengua en la boca de su novia una vez más, le mordió el labio inferior a la morena y tiró ligeramente de él, Regina soltó un gemido. Los dedos de Emma permanecieron masajeando la intimidad húmeda de su enamorada.
Llegaron al piso, aún agarradas, quitándose ya la ropa la una a la otra. Emma prendió a Regina contra la puerta y le levantó los dos brazos, asegurándola firmemente mientras la besaba con voluptuosidad, metió su muslo entre las piernas de la morena que gimió alto.
-E…Emma…- Regina sentía todo su cuerpo palpitar, pero la presión entre sus piernas era mucho mayor, sintió que se mojaba aún más, estaba encharcada, sus músculos internos se contraían con cada nuevo movimiento que la rubia hacia en su centro. Aún se besaban vorazmente cuando un vecino salió del apartamento de enfrente y desorbitó los ojos ante la escena, ¡y qué escena! Dos mujeres agarrándose en mitad del pasillo, una embarazada. Carraspeó.
Rápidamente se soltaron.
-Buenas tardes…- Regina intentó disimular lo imposible, estaba jadeante. Emma nada dijo, fingió que allí no había nadie, abrió la puerta y condujo a la morena al cuarto.
-¡Sienta!- Emma ordenó. Regina hizo exactamente lo que la novia le pidió, se sentó en el borde de la cama.
La rubia sonrió lascivamente. Sus ojos se oscurecieron, tenía hambre de aquel cuerpo.
-Voy a mostrarte lo que puedo hacer fuera de un hospital- se arrodilló, le quitó los pantalones a la morena velozmente -¡Abre las piernas!- mandó y lentamente le pasó su lengua
-¡Ahhhh!- Regina gimió mordiéndose el labio
-¿Bueno? Quiero sentir a este bebé dando vueltas- volvió a llevar su boca a la intimidad hinchada y húmeda de la morena.
Regina se retorcía de placer, se tocaba los pechos, necesitaba contener aquella excitación, gimió más alto cuando Emma introdujo despacio dos dedos, la rubia comenzó lentamente, dejando a Regina en puro éxtasis.
-Más rápido, Em…-pidió, estaba loca de tensión
Emma obedeció e intensificó los movimientos de vaivén, mientras succionaba el hinchado clítoris de su novia. Escuchó a Regina gemir alto, y notó un líquido caliente en sus dedos. Llevó sus dedos a la boca de la morena para que degustase su propio sabor. Regina chupó los dos dedos de Emma, después chupó dos de los suyos, se arrastró hasta en medio de la cama, llevándose con ella a su novia, desabotonó los vaqueros de la rubia y enfiló sus dedos dentro de ella, que gritó enloquecida. Emma ya se encontraba dolorida, su excitación era tanta que pensó que podía estallar.
-¡Ahhhh, Reginaaa…me vuelves loca cuando haces estas cosas!
La morena se sentó para embestir a la rubia de la mejor manera posible, le quitó completamente los pantalones y succionó el clítoris de la rubia de forma rápida, solo para dejarle ese regusto en la boca de quiero más. Emma se retorcía en la cama, movía en círculos su pelvis contra los dedos que entraban y salían de su interior de forma voraz, no tardó en gemir alto, echándose en la cama mientras se vaciaba en un delicioso orgasmo.
Ambas se encontraban solo vestidas de cintura para arriba, Regina no quería parar, nunca quería, siempre estaba dispuesta para más. Gateó sobre la novia con los pelos revueltos y le quitó la blusa, agarró aquel volumen por debajo del sostén, deslizó las manos por los músculos de la rubia, ¡cómo amaba aquellos fuertes brazos! Se mordió el labio y entrecerró los ojos, una sonrisa maquiavélica brotó en sus labios, le quitó el sujetador a su novia mientras le arañaba la blanca espalda, se sentó sobre la intimidad de la rubia y llevó sus carnosos labios hasta las aureolas rosadas y duras de la novia que soltó un gemido cuando su lengua caliente rodeó el endurecido pezón. Chupó con fuerza aquellos pechos voluminosos, se cambiaba de uno a otro, tenía sed de ellos, automáticamente comenzó a rozar su propia intimidad sobre la vulva de su novia, volvió a quedar sentada sobre su intimidad, mientras seguía masajeando los pechos con sus dos manos. Emma hizo lo mismo, tras desabotonar la blusa y arrancarle el sujetador a la morena, comenzó a apretarlos con fuerza, Regina cabalgaba sobre Emma, podía sentir cómo se deslizaba sobre ella, su excitación le proporcionaba la humedad necesaria para sentir más placer, se dio cuenta que pronto llegaría a su límite, mientras seguía apretando el pecho izquierdo de su novia. Llevó la mano derecha hacia atrás para entrar en Emma. Pudo sentir lo mojada que estaba la rubia, ambas sudaban y sus respiraciones eran altas, y los roncos gemidos llenaban la habitación. Regina siguió cabalgando intensamente mientras también acentuaba el ritmo de su dedo dentro de la rubia, sintió su clímax acercarse, casi incontrolable.
-E…Emma…- intentó hablar, su voz fallaba –Córrete…córrete conmigo…Yo…Yo…¡Ahhh!- cerró los ojos, sintió su intimidad contraerse en varios espasmos que se arrastraron por todo su cuerpo -¡Ahhh!- gritó más alto, fue un orgasmo muy fuerte, quizás fueran las muchas ganas que tenía. Dicen que el sexo de reconciliación es el mejor, quizás sí, pero el hecho era que con Emma siempre era bueno.
-¡Ahhh!- sintió cómo Emma apretaba su dedo dentro de ella, arqueó la espalda y se sentó abrazando a Regina, sus respiraciones se mezclaban, sus cabezas estaban pegadas, cabellos desordenados, algunos mechones sudados pegados a sus rostros enrojecidos.
Después de que sus corazones se calmaran, Emma besó a Regina con calma, ternura y añoranza.
-Nunca más voy a dejaros…Lo prometo- dijo aún con los ojos cerrados, agarrándose al cuerpo entrelazado al suyo. Regina solo sonrió ante la afirmación, deseaba en lo más profundo de su corazón que Emma cumpliera esa promesa.
Tras algunos minutos.
-Tengo que ir a trabajar
Recuerda Regina sentada en la cama, Emma estirada en sus piernas, tocándole la barriga y sintiendo aquella pequeña vida moverse.
-Se agita…siempre que…- comentó Emma acariciando esa zona que tan feliz la hacía
-Pues claro que sí…¡Porque yo estoy feliz!- dijo moviendo los enredados cabellos -¿Vamos a almorzar fuera? De verdad tengo que ir a trabajar…Y creo que tú también…Esta noche tienes una prueba- recordó
-¡Ay Dios! ¡Es verdad! Ni me acordaba Con toda esta confusión…- se refería a la semana que habían pasado separadas - Y hablando de eso…¿Por qué has reformado el apartamento?- recordó preguntar
-Porque no quería acordarme de ti…- dijo mientras caminaba hacia el baño a darse una ducha
Emma no respondió, se sintió muy culpable por haber sido tan estúpida.
-¿Vamos? ¿Quieres que te lleve? ¿O vas a ir en tu lata amarilla?- Regina se ofreció en cuanto terminó de vestirse
-Creo que voy a ir en mi coche…- dijo Emma pensativa, Regina notó algo
-¿Emma? Estás muy distante…Necesito que compartas las cosas conmigo si quieres que esta relación salga adelante…- la morena fue sincera, se acercó a su novia.
-Si quisiera…- intentó hablar, tenía vergüenza de pedir aquello
-¿Qué? Me puedes decir cualquier cosa…- la incentivó, acariciándole el rostro
-Quiero amamantar a nuestro hijo…- dijo tímidamente. Regina desorbitó los ojos, no se esperaba eso. Una alegría fuera de lo común la invadió. Emma quería acercarse más al hijo que tendrían juntas, eso era una prueba de amor para la morena. Sus ojos se humedecieron.
-Claro Em…Eso es hermoso…Vamos a hablar con el doctor Whale en la próxima consulta- abrazó a la novia, estaba orgullosa, eso había sido un gran paso.
-Gracias mi amor…Te amo tanto…- besó románticamente los labios rojos. Estaba emocionada.
Finalmente Emma se estaba permitiendo ser madre, se sentía completa, aquella inseguridad de hasta hacía poco se estaba yendo lentamente. Alegría era lo que sentía, la ansiedad por ver aquel pequeño rostro era enorme, quería sentirlo en sus brazos.
-¡Regina tiene razón en llamarte inútil! ¿Ella sigue todavía con aquella buena para nada?- Cora dijo enfada al otro lado de la línea
-¡No, suegra! ¡Ya no estaban juntas, no sé lo que habrá pasado!- Robin decía la verdad
-¡Pues lo están! ¡Resuelve eso pronto, Robin! ¿O acaso tendré que ir yo misma para allá?
-No será necesario. Yo lo arreglo- afirmó
Llamó a un detective.
¿Hola? ¿Sidney Glass? Necesito sus servicios.
Pasaban de las dos de la mañana, Regina se levantó para ir al baño como de costumbre, ahora tenía que ir al baño con más frecuencia. Emma estaba estirada en la cama como una niña pequeña, un brazo por encima de la cabeza, la boca abierta, la morena la encontraba muy graciosa, ni se movía, dormía como una marmota.
Regina tenía hambre, fue a la cocina a buscar algo, había muchas cosas que Emma compraba y dejaba allí en caso de que Regina tuviera ganas, pero esa noche la morena no quería nada de aquello. Tenía un antojo. Decidió ir a vestirse para ir a comprar algo, Emma se despertó con la luz encendida.
-¿Amor? ¿Qué ocurre?- Emma encendió la lamparita de la mesilla de noche y vio a Regina vestida y con la llave del coche en las manos
-¡Tengo que ir a comprar melocotones!- dijo saliendo del cuarto
-¡Eh!- Emma se levantó con rapidez -¡Tú no vas a salir de casa estas horas!
-Lo necesito, Emma, tengo muchas ganas de comer melocotones- dijo ya cogiendo el bolso
-¡No! ¡Voy yo! ¡Quédate aquí!- Emma dijo mientras se ponía algo- Ya vengo- cogió la llave del escarabajo y salió, la morena no tuvo tiempo de impedírselo.
Pasaron 40 minutos, la rubia entró en el apartamento, Regina estaba sentada con las piernas encima del sofá haciendo zapping.
-¡Joder Emma! Estaba a punto de llamarte. ¿Fuiste a plantar el melocotonero?- dijo Regina indignada
-¡Eh! No hay muchos lugares abiertos a esta hora, ¿sabías? Pero lo encontré, aquí están. Te los voy a cortar…- dijo caminando hacia la cocina
-¡No Emma! Los quiero empanados. Con tomillo…- dijo con cierta vergüenza
-¿Cómo? ¿Quieres melocotón a la milanesa?- dijo sin creérselo
-¡Sí! Me apetece mucho…- dijo salivando
-¡Ok! Voy a preparártelo- Emma puso cara de asco, pero fue a hacerlo. Hay cada cosa que las embarazadas quieren comer…
-¡Dios! No deja de moverse…¡Voy a tener que estar de pie!- Regina caminaba de un lado a otro
-¿Ya has intentado escuchar música? Dicen que tranquiliza…- intentó ayudar, mientras metía el melocotón en el aceite caliente
-Puede funcionar- fue a encender la radio mientras se pasaba la mano por la barriga –Mis pechos están raros…- suspiró
-Están hermosos, mi amor…- sacó el melocotón del aceite y lo puso en papel absorbente.
-¿Está listo? ¡El olor es maravilloso!- decía mientras cogía un poco y se lo ponía en la boca
-¡Cuidado! ¡Está caliente!- Emma intentó avisar, pero ya fue tarde.
-¡Joder! Me he quemado la lengua- dijo soplando y dando otro mordisco
-¡Vaya! Parece que estás comiendo lo mejor del mundo- exclamó Emma
-¡Hum! ¡Prueba! ¡Muy bueno! ¡Puedes meterlo en la carta del restaurante como plato de la casa!- Regina la incentivó, sabía muy bien
-Voy a probar un poco…- Regina se acercó y le dio un trozo dejándole después un beso en los rosados labios
-¿Y? ¿No está bueno?- preguntó la morena entusiasmada. La rubia puso cara de duda
-Hum…No está del todo mal…Puedo usarlo en mi trabajo de fin de curso. Claro que voy a añadirle algunas cosas y quitar otras…¡Pero voy a crear un postre único! ¡Gracias, muchacho!- besó la barriga de la novia que rió ante la reacción de la rubia.
-¿Viste? ¡Nuestro hijo tiene buen gusto!- Regina rio victoriosa –Volviendo al tema de mis pechos…¿Estás satisfecha con ellos? Quiero decir…Están enormes…¿Estaré ya produciendo leche?- preguntó realmente preocupada
-¿Y yo qué voy a saber? Para mí están cada vez más apetitosos. ¡Será duro tener que compartirlos!- rió
-¡Emma!- la reprendió
-¿Qué? ¡Es verdad!- sonrió lasciva. Regina sonrió con ella mientras seguía comiendo su melocotón frito.
Antes de que el despertador sonara, Regina se despertó inquieta.
-¿Amor?- preguntó Emma somnolienta, mirando el reloj de la mesita. -¿Ya te has despertado? Aún son las 07:15…Puedes dormir un poco más, vuelve a la cama…- dijo con voz adormilada, haciendo un señal a la novia para que volviera, tenía sueño, pasaban de las cuatro de la mañana cuando se metieron otra vez en la cama.
-Estoy revuelta, Emma…- se pasaba la mano por la barriga mientras caminaba de un lado a otro
-¡Lo sabia! Fue la fritura…Te voy a hacer un jugo verde…- Emma se fue levantando
-No…Ve a descansar…Está semana tienes exámenes, siempre haces lo que pido, fuiste a comprar el meloco…- no terminó, corrió hacia el baño.
Emma se levantó rápidamente y fue a ayudar a su novia.
-Ay, Em…Perdóname por esto…- Regina dijo tímida y volvió a encarar el retrete. La rubia masajeaba la espalda de su enamorada
-No te disculpes…Está todo bien…¿Estás mejor?- la rubia ayudó a su novia a levantarse y caminar hacia el lavabo. La morena se lavó el rostro y se enjuagó la boca mientras buscaba la pasta de dientes.
-Sí, me disculpo, tienes unas ojeras terribles por mi culpa- Regina se echó a llorar –Te estoy dando mucho trabajo…
Sus hormonas estaban descontroladas. Emma la abrazó y le besó la cabeza mientras acariciaba sus cabellos negros
-No tienes tiempo para ti, pero…yo te lo robo todo…- lloriqueaba
-No me estoy quejando, mi amor…Adoro cuidaros…- fue sincera, ahora pasaba la mano por los labios de la morena
-Lo sé…Puedo notarlo…Pero, de verdad necesitas salir más…Te estoy sofocando…- hablaba sintiéndose culpable. Emma ya no era la misma persona, se había vuelto alguien hogareño, le gustaba mimar a su novia, pero en el fondo, echaba de menos salir de vez en cuando.
-Para ser sincera, hoy tengo una reunión con la gente de otros cursos…Dije que no iría, pero, pensándolo bien…- recordó
-Ve…Ve a divertirte un poco…- Regina la alentó, de verdad estaba preocupada por estar sofocando a la novia. Abrazó fuertemente a la rubia.
Regina no fue a trabajar, se pasó todo el día en casa, arregló algunos detalles del cuarto del bebé, pensó en darle una sorpresa a Emma, a fin de cuentas, aún no había visto cómo había quedado el cambio allí. La rubia salió temprano a trabajar, tenía un evento importante y por la noche iba a salir con los amigos después de la prueba, llegaría tarde, así que la morena decidió irse a dormir pronto.
-¡Eh, Emma!- gritó August, acompañado de Jefferson, Lily venía detrás
-¡Hola escritor!- saludó al amigo -¡Jeff! ¡Cuánto tiempo! ¡Pensé que ya no vivías aquí! ¿No estabas en Brasil?
-¡Sí, rubia! Pero he vuelto…He recibido una propuesta de trabajo aquí- le guiñó un ojo
-¡Oportunista! ¡Sigues haciendo trabajo sucio!- golpeó al colega en el hombro
-¡Lily! ¿Tú también por aquí?- estaba sorprendida, no sabía que ella iría
-Ah, Emma…Ya sabes, ¿no?...Me gustas… se acercó demasiado a la rubia, que intentó, en vano, retroceder, Lily le dio un beso. Jefferson sacó una foto.
Este fic es largo, tiene unos 56 capítulos, y no todo va a ser color de rosa. Ya hemos visto las inseguridades de Emma, y veremos cómo a nuestra pareja el mundo exterior se las a hacer pasar canutas, pero el amor todo lo puede. Así que, no, no será una comedia romántica al uso, habrá mentiras, juego sucio, separaciones, celos, encuentros, pero también habrá amor, alegrías y sobre todo, familia. Creo que la última palabra resume este fic. Y si lo acabáis conmigo, os daréis cuenta. Lo digo porque puede que no nos haya gustado la actitud de Emma, es verdad, se portado como un idiota, pero también hay que entender que de la noche a la mañana se vio con un hijo, y eso abruma a cualquiera. Pero los que lleváis tiempo leyéndome, sabéis que todos mis fics terminan bien, ellas pueden pasar por muchas cosas, y ellas mismas tener actitudes y reacciones que a nosotras nos hacen enfadar, pero la vida es así, las relaciones no son perfectas ni lo somos nadie. Pero si no os gusta el rumbo del fic, sois libres para dejarlo, hay muchos fic para leer, y yo no me sentiré mal por eso.
