-Esto que estoy sintiendo, estos pensamientos, estos estúpidos celos… ¡Todo es culpa tuya!- gritó Yuzu

La intensidad con la que la lluvia golpeaba aumentó como si quisiera aportar más tensión a la escena que habían armado, Yuzu seguía agitada tras ese arranque de sentimientos y Matsuri aunque haya disfrutado aquello le era complicado realizar acción alguna.

-Entonces ¿Serás mi novia?

Fue una pregunta rápida, descabellada y con todas las intenciones de alterar los nervios de la rubia.

Yuzu soltó una carcajada, no sabe si por los nervios, o porque en sí era vergonzosa la situación como para reírse de sí misma al actuar como adolescente enamorada.

-¿Ah qué viene esa pregunta?

-Acabas de besarme.

-Buen punto.

Ni siquiera sabía el porqué de esas torpes respuestas, quizá en el fondo ella también quería esto.

-¿Me quieres?

-Por supuesto, eres mi prima, casi una hermana.

Sabía muy bien que esa no era la respuesta que tenía que haber salido de su boca.

-Eres consciente de que no me refería a eso.

-Sé muy bien lo que siento, lo que no sé es si quiero aceptarlo.

Silencio nuevamente, solo las gotas de agua golpeando el suelo parecían acompañar aquella escena con su serena melodía.

-¿Me darás una respuesta?

En teoría eso había sido una confesión de amor, rara y para nada romántica, era lógico que Matsuri pidiera eso.

-Yo…Matsuri, quisiera ordenar mis sentimientos antes que nada, ambas debemos hacerlo, no creo que este sea un buen momento.

-De acuerdo.

Yuzu sacó un paraguas de su bolso y lo abrió, Matsuri sin perder tiempo corrió y se colocó debajo del objeto junto a Yuzu.

-Le preste el mío a mamá, no creo que quieras dejarme caminando sola bajo este clima.

La gyaru suspiró.

-No, no quiero pasar mi fin de semana cuidando a una enferma.

Matsuri rió por lo bajo.

-En el fondo me quieres.

"Más de lo que debería"

Era raro, a pesar de todo el suceso anterior, actuaban con total naturalidad, o al menos Yuzu fingía hacerlo ¿Por qué no podían quererse como hermanas? ¿Por qué debían verse con ojos ajenos a lo fraterno?


Al llegar a su hogar se dieron con la sorpresa de que la señora Okogi ya se encontraba allí, por lo que fue imposible que trataran el tema una vez más, y pasar toda la tarde encerradas en habitación no era una opción muy viable.

O aceptaba lo que sentía y se envolvía en esa locura o ignoraba por completo sus emociones para sumirse en la más profunda depresión. Cualquiera de esas dos opciones terminaba en desastre.

Después de cenar, la madre de Yuzu propuso que las tres vieran una película, puesto que era poco el tiempo que pasaban como familia debidos a las actividades diarias. En media hora, las tres mujeres se encontraban sentadas en el sofá frente a la Tv observando la cinta escogida por la rubia, una comedia romántica, como si la situación que vivía con su casi hermana no fuera de por sí para reírse, o al menos así lo veía Yuzu.

De vez en cuando la gyaru lanzaba miradas fugaces a la pelirosa que parecía estar muy concentrada en el filme; su madre era otra historia, ni bien transcurrieron treinta minutos de la película ya se había quedado profundamente dormida. Al menos por este momento podían tener un tiempo en paz, actuando y divirtiéndose como lo que eran; una familia, aunque solo estuviera disimulándolo.

"¿Por qué no pueden ser las cosas así?

"¿Por qué no podía sentir lo que una hermana normal para ella?

"¿Por qué se dejó arrastrar en esa locura?"

Finalmente la película culminó, Matsuri fue la primera en levantarse, proponiendo que llevaran a la señora Okogi a su cuarto, sin embargo Yuzu quiso quedarse un poco más.

-Me gusta la canción de los créditos- fue su excusa.

Quería que esa escena "familiar" durara para siempre, hasta convencerse de que era real o una de las dos muriera.

Después de unos minutos la pantalla se tornó negra dando por terminada la cinta, la rubia se levantó de su lugar mientras Matsuri se acercaba al aparato para sacar el Cd y ponerlo en su sitio.

-Matsuri, ayúdame a llevar a mamá a su habitación.

La menor atendió el llamado, con cuidado de no despertarla subieron a la señora Okogi por las escaleras hasta llevarla a su cuarto y dejarla en su cama.

-Iré a la cocina por un vaso de agua, mientras tanto asegúrate de ordenar bien sus cosas- dijo Yuzu.

Bajó hasta la cocina, tomó un vaso y comenzó a beber, solía darle mucha sed cuando se mostraba angustiada o preocupada por algo.

-"¿Por qué tenías que ser tú?"

Dejó el vaso en su lugar y cuando se disponía a salir, Matsuri ya se encontraba detrás de ella espantándola en el acto.

-¡¿Que mier…

-Necesitamos hablar.

¿Hablar? No, lo que necesitaban era una terapia psicológica intensa o un exorcismo, esos sentimientos no eran nada normales.

-Matsuri, ya es tarde, dejémoslo para otro día ¿Si?

-No es fácil ¿Sabes? Como tú, la angustia me está consumiendo ¿Hasta cuándo fingiremos que no pasa nada? ¿Hasta cuándo ocultarás lo que sientes?

Podía sentir la sinceridad y el dolor en sus palabras.

-Matsuri, lo que tenemos no es correcto.

-¡¿E ignorarlo lo es?!- Su voz se quebró un poco esta vez- Duele ¿Sabes? Yo no elegí enamorarme de ti, cuando me di cuenta te empecé a ver como mujer, me asustó un poco al inicio, sabía que no era correcto, por eso trate de evitarte por un tiempo, pero sufrir nuevamente por estas emociones me aterró aún más, es por eso que lo intenté, sin ninguna esperanza en un inicio, pero parece que mis sentimientos lograron llegar a ti.

Matsuri se acercó lentamente a Yuzu con una sonrisa algo maliciosa pero una mirada sincera.

-"Demonios se ve hermosa"

Fue ella misma quien terminó con la distancia entre sus labios, no debía mentir, jamás se había sentido tan viva y emocionada por un beso, solo Matsuri tenía la facultad de despertar esa chispa en ella.

Se separaron finalmente, cada una perdiéndose en la mirada de la otra.

-No dejaste de mirarme durante toda la película, tú también me deseas no es así-le susurró a Yuzu al oído.

Comenzó a desabotonar parte de la blusa que llevaba puesta, revelando gran parte de su cuello y escote frente a la rubia.

-Acepta lo que sientes, mi cuerpo y alma los entregaré a ti.

Sabía que si daba un solo paso, si llegaba a poner solo un dedo sobre aquella piel no habría marcha atrás

-No hay nadie que quiera ademe de ti, soy toda tuya… Yuzu Onee chan.

Nuevamente acortó la distancia y la besó ferozmente, había perdido, sus impulsos y emociones le habían vencido nuevamente entregándose completamente a la pasión que sentía por su prima, explorando con las manos más lugares que sentir por debajo de la ropa, sus besos descendieron de los labios al cuello, del cuello a los hombros desnudos de la menor, repitiendo el ciclo vez tras otra.

-Yu…ah…Yuzu.

Cada acción, cada gemido que Matsuri lanzaba solo la hacían desear más, quería saborear más la blanca piel, oír más aquellos suspiros que se convertían en una dulce melodía al llegar a sus oídos.

Ya no había retorno, que pasara lo que tenga que pasar, no podía seguir viviendo en esa farsa, ya nada volvería a ser como antes para ellas, ambas se habían metido en eso y juntas se perderían en esos enfermizos deseos.

Pero entonces regresa a ella aquel miedo, eso que hace que se detenga y le ponga un freno a la barbarie que estaban por cometer.

-¿Yuzu?

-Matsuri esto es incorrecto.

Se voltea y sale de la cocina rápidamente.

-Cobarde- susurra la otra sin que la rubia la escuchara.


Está en la habitación ahora, ahogando gritos y lágrimas en una almohada, como si de una quinceañera se tratase, busca entre su bolso su teléfono, pensando tal vez algo de música la calme, es entonces que divisa un extraño papel.

-Es cierto, Mei me pidió pegar esto al mural.

Lo observa con más detalle y comienza a leer.

-"Tal vez, sea lo mejor"

No sabe en qué momento se quedó dormida.

"Convocatoria:

Concurso de becas al extranjero

Facultad: Comunicación.

Atte: La directiva"


He tenido un enorme trabajo al escribir este capítulo, lo corregí más de tres veces y no estoy muy orgulloso que digamos, pero quiero culminar esto antes de entrar nuevamente a clases y mi tiempo libre se vea reducido.

Nos leemos en el próximo capítulo.